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K A T S U K I (7 A Ñ O S)
Katsuki no era tonto, sabía lo que hacían los demás niños al aislar a Izuku, no es que le importara, sólo le molestaba el patético rostro del niño de grandes ojos verdes.
Deku, ese era su nuevo nombre, porque era un inutil, uno que sólo sabe sonreír. Así que, ¿por qué el idiota no sonreía?
—El papá del pequeño Izuku se fue, Katsuki —él la miró con duda un momento hasta que algo cobró sentido en sus palabras.
—¿Se murió? —Mitsuki rió.
—Ya quisiera —ella acarició el cabello de su hijo un momento. —Se fue y los dejó para irse a vivir a otro lado, está vivo, pero ya no quiso estar con ellos.
Hay un rastro de simpatía en la voz de su madre que le molesta, pero no indaga más.
Al día siguiente, Izuku no va a la escuela, ni la siguiente semana.
A Katsuki le molestó. ¿Por qué hacía tanto alboroto? Su padre fue un estúpido por irse, Izuku debería demostrarle lo que se estaba perdiendo, ¿cierto?
Pero cuando al día siguiente Izuku sigue sin asistir a la escuela Katsuki se molesta todavía más.
Era el último día de clases hasta después de año nuevo, debía poder hacer algo.
La inspiración se presentó en la forma de un peluche de su héroe favorito: All Might.
Izuku y él lo amaban, así que si Izuku tenía un All Might, se alegraría, ¿verdad?
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Esperar a que la madre de Izuku abriera la puerta fue más estresante que el haber regresado a casa por el dinero para el regalo y escaparse de su madre para ir a la casa de los Midoriya.
Si Izuku abría, el plan estaba arruinado, por eso, Katsuki estaba apostando toda su suerte en que Inko fuera la que respondiera.
Y grande fue su alivio cuando fue la mujer la que lo recibió con una mirada de sorpresa.
— Katsuki, tesoro, no me avisó tu madre que venías —él negó levemente, ella le sonrió aunque un tanto confundida.
—¿Puede darle a Izuku esto? —extendió la gran bolsa de regalo hacia la mujer, sentía las orejas arder y sus manos sudar, en cualquier momento sus manos comenzarían a generar pequeñas explosiones.
Ella lo observó por un momento.
—¿Por qué no pasas y se lo entregas tú?, seguro se alegrará — él negó con vehemencia.
—No le diga que es de mi parte, diga que… —su cabeza daba vueltas, no quería que Izuku supiera, no quería tener nada que ver con él, pero la imagen de esos ojos sin vida y apagados lo atormenta, entonces recordó en qué fecha estaban. —Dígale que se lo trajo Santa, por favor no le diga que fui yo.
Inko guardó silencio un momento y luego tomó el regalo en sus manos.
—Está bien, serás su santa secreto, Katsuki —la sonrisa de Inko era idéntica a la de Izuku y algo en el pecho de Katsuki se apretó. Inclinó la cabeza y salió corriendo antes de poder decir algo más.
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La sonrisa que Izuku tenía ese día después de año nuevo fue algo que Katsuki nunca olvidará.
K A T S U K I (9 A Ñ O S)
Un día antes de noche buena, Katsuki siempre llamaba a Inko para entregarle el regalo de Izuku.
—…está bien, Katsuki, puedes venir a dejarlo, está entretenido en su habitación — fue todo lo que escuchó antes de tomar el pequeño paquete y correr hasta el apartamento de los Midoriya. Desde esa primera navidad, aunque Katsuki se había prometido era un ocasión única, no cumplió su promesa y al año siguiente que se presentó con un regalo nuevamente Inko sólo le sonrió y ofreció un pequeño paquete en cambio.
Katsuki asintió respetuosamente y salió corriendo de ahí.
Días después de navidad, su madre le había dado el número de Inko. "Dice que si harás tus travesuras el año que viene, puedes llamarla" la sonrisa de su madre al decirlo lo puso a la defensiva, pero lo aceptó.
Ahora hacía uso de ello y caminaba hacía la residencia con un paquete envuelto en brillante papel verde metálico y moño rojo. Había pedido a su madre que le ayudara a envolverlo, no le decía para quién, lo más probable es que lo supiera, pero siempre que no señalara al elefante en la habitación, todo estaba en orden.
Inko lo recibió al primer timbre y le dio un abrazo que Katsuki correspondió tímidamente.
Ella aceptó el regalo al tiempo que le entrega el suyo, no la cuestiona, sólo acepta y se despidió con la mano.
—Deberías decírselo —él no responde nada.
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La sonrisa de Izuku no es tan brillante como hace dos años, pero hay un destello en su mirada que delata su alegría y Katsuki siente que el nudo en su estómago se afloja sólo un poco.
K A T S U K I (1 1 A Ñ O S)
Izuku no está en casa. Inko tampoco, pero es una vecina la que lo ha visto.
—¿Eres amigo del pequeño Izu? —la mujer es una anciana y Katsuki realmente no quiere hablar.
Toma su celular (su madre dijo que si iba a empezar la secundaria, lo mejor era que empezara a llevar uno) y marca el teléfono de Inko, pero no contesta.
Opta por dejar el regalo en la puerta y se marcha, pero cuando alcanza las escaleras, lo ve.
Izuku venía con una bolsa de compras, solo. Katsuki se esconde, detrás de un muro y espera a que pase.
Suspira cuando el chico lo ignora. Sin embargo, no sale de su escondite y espera.
Escucha que suelta la bolsa. Se asoma por un momento y ve que el chico sostiene el regalo con suma reverencia, sus ojos brillantes anegados en lágrimas y abre el paquete ahí mismo.
No escucha lo que dice, aunque sus labios esbozan una sonrisa temblorosa y acaricia con adoración la bola de cristal que le ha dado de regalo, una que tiene una edición navideña de All Might.
Sus ojos brillan y Katsuki hace lo posible por recuperar el aliento e ignorar la molestia en su pecho.
Durante unos minutos no puede hacer más que contemplar el rostro del chico, incluso después de que este tomara sus cosas de vuelta e ingresara al apartamento, Katsuki se queda ahí, estático y sin entender qué le sucede.
K A T S U K I (1 5 A Ñ O S)
No debería seguir haciendo esto. Siente muchas emociones conflictivas en cuanto a Izuku.
El idiota no debería querer ser héroe sin tener un don, era tonto. Además no debería querer superar a Katsuki y aun así se siente impotente, los recuerdos de ese día en que el villano de lodo lo atacó lo atormentan, no sólo lo que pasó en el ataque, lo de horas antes. La culpa lo corroe, ¿por qué dijo eso?
¿Y si Izuku le hubiera hecho caso?
Han sido meses extenuantes, el examen a la U.A. era pronto, no debería estar pensando en otra cosa que en aprobar y prepararse.
Es la imagen de Izuku ese día lo que lo obliga a ir, esa valentía que se niega a reconocer, porque no le debe nada y aun así envuelve con cuidado el regalo de este año y por primera vez agrega una nota.
"Lo siento y gracias."
Escribirla no es lo difícil, sino entregarla, no espera para que Inko abra la puerta, lo deja frente a la puerta y huye de ahí, no puede verla, no quiere verla, así que cual cobarde, corre a su habitación y se oculta bajo sus sábanas con la respiración entrecortada y sensación de vértigo.
Esta sería la última vez.
Estaba seguro.
K A T S U K I (1 6 A Ñ O S)
No debería haberlo comprado, fue un impulso, el año pasado había sido la última vez, pero que aquí estaba, rompiendo su promesa y envolviendo el maldito regalo con cuidado.
Escribe en la tarjeta el nombre de Izuku y lo deja en su escritorio.
No puede darle el maldito regalo a Inko, no puede dejárselo a Deku. Entonces espera. Es 24 de diciembre, todos se han ido a dormir y acordaron dejar los regalos hasta la mañana del 25. Cuando el reloj marca la una de la mañana, sale de su habitación y camina con calma hasta el elevador. Los pasillos están vacíos y es extraño andar por el dormitorio a esta hora. El regalo se siente como un peso enorme en su mano y se apresura, con el corazón latiendo ruidosamente.
Las luces de la sala común están apagadas y apenas distingue el árbol de navidad cerca de una de las ventanas. Cuando oculta el regalo hasta atrás de los demás es que puede respirar de nuevo. Siente que se ha quitado un peso de encima.
No tiene que pensar en eso, no quiere hacerlo, sólo quiere dormir.
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—Ya todos abrieron sus regalos —Katsuki observa con fastidio la agenda de cuero y la chaqueta que le enviaron ignorando lo que decía el delegado, intentando que su mirada no choque con la de Deku.
Entonces…
—¡Hey, aquí hay un regalo más! —menciona Kirishima y Katsuki nunca había querido explotar a alguien tanto como a él.
Todos voltean a ver al pelirrojo expectantes y él lee la tarjeta.
—¡Midoriya! ¡Es para ti! — Deku se pone de pie y va al frente a recoger el regalo de Katsuki. El rubio siente el pecho contraerse y observa con recelo cómo Izuku lee la tarjeta y hay algo en su mirada, un reconocimiento, pero Katsuki no sabe de qué. Vuelve a su lugar y retira el papel con reverencia.
Hay un gemido ahogado y Katsuki se niega a alzar la mirada por sobre sus compañeros.
Toma sus cosas, sale en silencio, sólo robando un vistazo de la sonrisa brillante de Izuku y el nudo en su corazón cede un poco más.
K A T S U K I (1 7 A Ñ O S)
Lo entiende ahora.
Tal vez lo ha entendido por mucho tiempo, pero se negaba a reconocerlo. Sigue los mismo pasos que todos los años desde que tiene 7 años. Envuelve con cuidado el paquete, en esta ocasión es una historieta, la primera que leyeron hace mucho tiempo. Sabe que dándole esto a Izuku no hay marcha atrás, así que no tenía caso ocultarse.
No agrega ninguna nota.
Toma un respiro y marcha hacia el elevador. Izuku dijo que estaría en su habitación, Katsuki desearía que sus manos no sudaran tanto, pero nada puede hacer.
Toca la puerta sin pensarlo demasiado y siente que se corta su respiración cuando Izuku abre.
El chico lo observa con sorpresa al inicio, luego con curiosidad y cuando ve el paquete en sus manos, reconocimiento.
Lo invita a pasar y es de las pocas veces en Katsuki observa la habitación con detenimiento.
—Sabía que eras tú —Katsuki distingue la sonrisa en su voz. —Fuiste tú todo este tiempo, ¿no es así?
Katsuki voltea y lo encara, no hay prejuicio, la calidez con la que lo mira hace que sus ojos ardan.
Cuando sonríe algo en él se derrite y quiere acercarse, pero se resiste, no puede, no debería.
Es Izuku quien decide por él cuando lo abraza.
Katsuki se aferra a su cuerpo, como si todo este tiempo este abrazo fuera lo que había estado necesitando.
Siempre quiso verlo reír y estar cerca, lo quería.
Tonto fue él por no haberse dado cuenta, pero ahora en su abrazo sabía que no quería dejarlo ir.
Por fin podía respirar.
