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El laboratorio bullía con actividad, aunque los únicos sonidos provenían de las máquinas zumbando y del ocasional chasquido de herramientas. Jayce estaba inclinado sobre un conjunto de circuitos hextech, intentando ajustarlos, mientras Viktor trabajaba a pocos metros, rodeado de esquemas y notas.
Jayce soltó un suspiro frustrado al escuchar un leve chisporroteo y notar que el soporte de energía del dispositivo volvía a ser inestable. —¡Maldita sea! ¿Por qué esto no funciona?
—Probablemente porque la ultima runa que pusiste en la ecuacion esta mal, por consiguiente lo estas haciendo mal en tu trabajo —comentó Viktor sin mirar, con un tono que no era ni condescendiente ni alentador.
—¿Y tú cómo lo sabes si ni siquiera lo estás viendo? —replicó Jayce, cruzando los brazos y mirándolo.
Viktor finalmente levantó la vista, sus ojos dorados brillando con algo que podría ser diversión. —Porque puedo escuchar la falta de simetría en flujo de energía. Además, siempre olvidas ajustar las polaridades antes de probarlo.
Jayce abrió la boca para protestar, pero se detuvo al darse cuenta de que Viktor tenía razón. Gruñendo por lo bajo, volvió a inclinarse sobre el prototipo. Ahora con los errores corregidos volvio a probarlo.
—Bueno, parece que ahora funciona. No se que haria sin ti Viktor.
Viktor asintió, volviendo a centrarse en su propio trabajo. —Probablemente te tomaría más tiempo, pero lo conseguirías al final.
Jayce sacudió la cabeza con una sonrisa y decidió tomar un breve descanso. Se dirigió hacia la cafetera en la esquina del laboratorio, tarareando una melodía. Lo menos que podia hacer por Viktor era prepararle su tercera taza de medicina del dia... Bueno, no es que pudiera quejarse, tomaba la misma cantidad de cafe que Viktor, si no mas. Cuando estuvo listo, le puso una cucharada de azucar al suyo. Le añadió leche dulce, un poco de anis y tres cucharadas de azúcar al cafe de Viktor y luego dudó, añadiendo una más por si acaso.
Cuando regresó, puso una taza frente a Viktor, quien la aceptó sin apartar los ojos de su trabajo. Viktor dio un sorbo, y su rostro relajado se iluminó por un momento.
—Esto está exactamente como me gusta —dijo, y luego añadió con un leve sarcasmo—, por primera vez. Estoy impresionado.
—No entiendo como te lo puedes tomar asi, es una bomba de azucar—Jayce acerco mas a Viktor y apoyo el brazo en la mesa. —Aunque tengo que pagarte de algun modo por arreglar mis errores ¿no?. Es lo menos que podia hacer.
—Es un hito en tu desarrollo como científico, Jayce. Felicidades.
Ambos se rieron, y el sonido resonó en el silencioso laboratorio. Jayce volvió a su estación, aunque su mente estaba muy lejos del prototipo frente a él.
Sus ojos se desviaron hacia Viktor, algo que sucedía con más frecuencia de lo que le gustaría admitir. Había algo fascinante en la forma en que trabajaba: como sus manos largas y sus dedos delgados se movian por sus notas y manipulaba los pequeños detalles de los trabajos, siempre haciendo todo preciso.
Jayce no pudo evitar notar cómo sostenía la taza de café con ambas manos, tomándola con una gracia sutil. Como se llevaba la taza a sus labios y su nuez de adan se movia cuando tragaba. Como su piel brillaba debajo de las luces del laboratorio y como sus cejas se juntaban cuando se consentraba. Viktor se veía increíblemente bien, incluso después de tantas horas de trabajo. Su cabello despeinado de manera perfecta, la luz que se reflejaba en sus ojos dorados, su figura esbelta...
Había algo tan elegante en él, incluso en los gestos más simples. Viktor era imponente, pero de una forma que no era intimidante, sino intrigante, como un enigma sin resolver. Por eso no se extrañaba que Viktor tuviera un club de fan, era atractivo, inteligente, seguro de si mismo
Jayce sintió un calor en las mejillas y rápidamente desvió la mirada hacia su mesa, intentando recuperar la compostura. Se habia dado cuenta que llevaba varios minutos mirando a Viktor, asi que trato de concentrarse en lo que habia estado haciendo. Sin embargo, la imagen de Viktor seguía flotando en su mente, tan clara y vívida que era difícil ignorarla. Solo esperaba que Viktor no se hubiera dado cuenta, y que no le incomodara si lo hubiese hecho.
Las horas pasaron en el laboratorio, y para cuando terminaron con las pruebas preliminares, la noche ya se había instalado sobre Piltover. Jayce estiró los brazos, dejando escapar un suspiro al mirar el reloj.
—Hemos estado aquí todo el día. Creo que necesitamos un descanso.
Viktor, que seguia concencentrado, levantó la vista, ladeando la cabeza. —¿Qué tienes en mente?
Jayce sonrió ampliamente. —Te invito a cenar. Algo rápido. Prometo que no es una trampa para convencerte de no trabajar más tarde.
Viktor lo miró por un momento, como evaluándolo, antes de asentir y dedicarle una pequeña sonrisa. —Esta bien, acepto
Los dos caminaron juntos por las calles iluminadas de Piltover, en dirección a un pequeño restaurante que Jayce frecuentaba. A medida que avanzaban, Jayce no pudo evitar notar cómo la luz de las farolas resaltaba los rasgos afilados de Viktor, haciéndolo parecer aún más enigmatico. Habia dias que su belleza parecia sobrenatural.
—¿Por qué sonríes? —preguntó Viktor, sacándolo abruptamente de su ensoñación.
—¿Qué? Yo no estoy sonriendo. —Jayce apretó los labios, nervioso.
Viktor levantó una ceja, su mirada inquisitiva clavándose en él. —Lo estabas. Algo divertido, supongo.
—Solo pensaba en... lo emocionantes que serán las pruebas de mañana —improvisó Jayce, rascándose la nuca.
—¿Emocionante? Esa no es la palabra que usaría. Pero si disfrutas quemar prototipos una y otra vez, supongo que lo es para ti —replicó Viktor con un dejo de ironía.
Jayce soltó una carcajada nerviosa. —No lo quemaré esta vez. Lo prometo.
Viktor bufó suavemente, pero no dijo nada más mientras continuaban su camino. Finalmente, llegaron a un pequeño restaurante cerca de su laboratorio. Era acogedor, con mesas de madera pulida y una tenue iluminación que le daba al lugar un aire relajante. Durante la cena, la conversación fluyó con naturalidad. Hablaron sobre las ecuaciones que estaban desarrollando, las pruebas que realizarían al día siguiente, y hasta compartieron anécdotas personales.
Cuando terminaron, Jayce se adelantó para pagar la cuenta. Viktor lo observó con su característico ceño levemente fruncido y comentó con sequedad:
—Si crees que con esto compensas haberme sacado de mi trabajo, estás muy equivocado.
Jayce soltó una carcajada y levantó las manos en señal de rendición. —Tómalo como un gesto de amistad, ¿te parece?
—Amistad costosa —respondió Viktor, aunque sus labios se curvaron en una sonrisa apenas perceptible.
Mientras caminaban de regreso, Jayce, aún riendo, ofreció acompañar a Viktor hasta su apartamento.
—Es tarde, y no sería responsable dejarte ir solo —dijo, tratando de sonar despreocupado.
—¿Tarde? —Viktor miró el cielo, donde la luna ni siquiera estaba en su punto más alto —Podrías ser más convincente si no intentaras tanto, Jayce.
—¡Es solo por cortesía! —replicó Jayce, aunque el leve rubor en sus mejillas lo delataba.
El trayecto fue tranquilo hasta donde vivia Viktor, pero no incómodo; Viktor no era alguien de muchas palabras, pero Jayce había aprendido a apreciar su compañía asi.
Cuando llegaron a la puerta del apartamento, Viktor se detuvo y lo miró con una expresión indescifrable. Una sonrisa apenas notable asomó en sus labios. —Solo faltaron las flores para que fuera una cita Jayce
El comentario fue como un rayo. Jayce sintió que su corazón se detenía, luego aceleró a un ritmo alarmante. —¿Q-qué? ¡No, claro que no! Solo... quería asegurarme de que llegaras bien.
Viktor arqueó una ceja, evidentemente disfrutando de la reacción de Jayce. —Por supuesto. Eso explica tu insistencia.
Jayce abrió la boca para replicar, pero las palabras se atascaron en su garganta. Viktor soltó una suave risa, que a Jayce le pareció más burlona de lo normal, y finalmente dijo:
—Buenas noches, Jayce. Que descanses.
Antes de que pudiera responder, Viktor entró a su apartamento, cerrando la puerta tras él. Jayce se quedó allí, inmóvil en el pasillo, con el corazón martillándole el pecho y las palabras de Viktor resonando en su cabeza. "Casi parece una cita". ¿Por qué lo había dicho? ¿Y por qué había reaccionado de esa manera?
Cuando llegó a casa, dejó caer su abrigo sobre una silla y se dejó caer pesadamente en el sofá, mirando el techo. Su mente no dejaba de repasar el tono burlón de Viktor, la mirada que le había lanzado justo antes de desaparecer detrás de la puerta.
—Eso no puedo ser una cita... ¿o sí? —murmuró para sí mismo, pasando una mano por su cabello.
La pregunta quedó flotando en el aire. Jayce cerró los ojos, intentando poner en orden sus pensamientos. Tenia que preguntarle a alguien sobre lo raro que se sentia al ver a Viktor.
—¿Jayce? —preguntó Caitlyn al verlo al frente de su casa . Estaba viendo por la ventana hasta que vio a Jayce con la cara pegada al porton. Lo invito a pasar y se fueron a su cuarto —Pareces preocupado. ¿Qué ocurre?
Jayce se sento con Caitlyn en su cama, pasando una mano por su cabello. —No estoy seguro. Es... complicado.
—Complicado como en "necesito ayuda con un prototipo" o complicado como en "necesito consejo personal"?
Jayce sonrió débilmente. —Definitivamente lo segundo.
Caitlyn asintió, inclinándose hacia adelante con interés. —Bien, soy toda oídos.
—Mira, hay alguien... alguien a quien admiro mucho. Pero últimamente he estado... pensando demasiado en esa persona, y no sé por qué. Es como si no pudiera sacarlo de mi cabeza.
Caitlyn arqueó una ceja, su expresión pasando rápidamente de la curiosidad a la sospecha. —¿"Lo"?
Jayce se puso rígido por un momento
Caitlyn dejó escapar una pequeña sonrisa. —Jayce, ¿estás seguro de que lo que sientes es solo admiración?
—¡Eso es lo que estoy tratando de averiguar! —exclamó, apoyándose en el borde del colchon —Nunca me había pasado algo así antes. Es... confuso.
Caitlyn cruzó los brazos, mirándolo con una mezcla de comprensión y picardía. —De acuerdo. Entonces, dime: ¿es Mel o Viktor?
Jayce se atragantó con el aire, tosiendo mientras Caitlyn lo miraba con una ceja alzada. —¿Qué? ¿Por qué asumes que es alguno de ellos?
—Porque son las dos personas con las que pasas más tiempo, aparte de mí. Y, honestamente, no creo que yo sea la razón de tu confusión.
Jayce se rió nerviosamente, mirando sus manos. —No es Mel.
—Entonces te gusta Viktor —afirmó Caitlyn, su tono más suave. —Jayce, no hay nada de malo en lo que estás sintiendo. Pero quizás deberías hablarlo con alguien que pueda ayudarte a aclarar tus pensamientos.
—¿Como quién? —preguntó Jayce, levantando la mirada.
Caitlyn sonrió con ternura. —Bueno, tal vez yo no sea la mejor consejera en asuntos del corazón, pero puedo escucharte siempre que lo necesites. Solo recuerda que lo más importante es ser honesto contigo mismo. Y con quien deberias hablar de eso es con Viktor
Jayce asintió lentamente, sintiendo una extraña mezcla de alivio y nerviosismo. — No creo que lo hable con èl de eso en los proximos dìas, pero gracias por el apoyo Cait
—Para eso están los amigos. Ahora, ¿quieres un consejo? —Caitlyn se inclinó hacia adelante, con una chispa traviesa en los ojos.
—Claro.
—No intentes impresionar a Viktor con solo café, se que ustedes toman como si fuera su fuente de vida. Si lo vas a conquistar, hazlo con algo más inteligente.
Jayce se rió, aunque el comentario lo dejó más pensativo de lo que esperaba. Mientras salía de la oficina de Caitlyn, no pudo evitar preguntarse si alguna vez tendría el valor de enfrentar esos sentimientos y, más importante aún, si Viktor los correspondería.
