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Red Lies

Summary:

Últimamente, se han reportado casos de asesinatos brutales en la ciudad, pero el culpable no deja pistas detrás así que es casi imposible localizarlo. Jean se hace cargo del caso, y en una coincidencia inesperada encuentra al asesino con las manos en la masa. Pero algo no le cuadra... ¿por qué tiene colmillos?

o

En donde Jean es policía y tiene que arrestar al asesino, pero resulta ser que ese no es nada más y nada menos que Kaeya.

Notes:

MMM OK este es un fic que me lo he tenido bien guardado pero dejaré que salga a la luz JAJAJ
realmente solo surgió porque quería dibujar a Kaeya vampiro c:
disfrutennnnn

Chapter 1: La sombra en el callejón

Summary:

Jean es una oficial con sueños de grandeza, y cuando tiene la oportunidad de demostrar su valía, no la deja pasar. Aunque no es como esperaba.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Jean está sentada detrás de un escritorio de oficina.
Hay más gente alrededor: sus compañeros de trabajo, que al igual que ella se encuentran haciendo el típico papeleo diario. Expedientes de casos pasados, información sobre arrestos recientes, personas desaparecidas… cosas que suelen pasar en las ciudades grandes, donde la noche es lugar para los hechos más terribles. 

Se reclinó sobre su silla, moviéndose un poco de lado a lado, con la vista fija en el monitor. La luz de la computadora comenzaba a calarle los ojos, y su vista se desenfocaba de vez en cuando. Llevaba demasiadas horas sentada frente al escritorio, tecleando sin parar, llenando informes y atendiendo llamadas, y ya estaba comenzando a sentir como una leve jaqueca se abría paso hacia su cabeza. Suspiró, con frustración. Estaba harta de aquel trabajo mediocre, y de estar sentada horas y horas sin hacer nada más que eso. Era incluso vergonzoso. ¿Para eso había estudiado en la academia de policía? ¿Para un trabajo aburrido que apenas le satisfacía?

Las letras en el monitor resaltaban en su vista, desenfocada, pero a la vez concentrada. El negro y el blanco de la pantalla le hacían daño a sus ojos, pero no apartaba la mirada, como si quisiera ver más allá de la pantalla de cristal. 

Jean quería algo más. Quería salir de ese sitio y recorrer las calles, hacer el trabajo sucio, arrestar criminales y ayudar a la gente. Era su sueño desde que tenía conciencia, y la razón principal por la que se había esforzado tanto para poder este trabajo. Sabía que recién entrando no la iban a dejar ir al campo, pero…

Ya habían pasado 5 años, y todavía se encontraba en el mismo lugar en el que había comenzado.

Y no es porque no se hubiera empeñado en su trabajo— todos los días daba lo mejor de sí, y trataba de hablar con sus superiores sutilmente acerca de alguna oportunidad, pero aun así todo era en vano. Solo le decían “sí, lo pensaré”, “tal vez en otra ocasión”, “no estás lista todavía”, “no eres apta para este trabajo”, y muchas cosas más. Jean se limitaba a asentir, y a esperar a que esa ocasión llegara. Si esperaba lo suficiente, tal vez la oportunidad se presentaría como por arte de magia.

Pero esa oportunidad no había llegado, y Jean estaba comenzando a perder la paciencia. 

Se estiró un poco y resumió lo que estaba haciendo, dejando sus pensamientos de lado. No podía perder mucho tiempo, pues había muchos documentos pendientes de revisar. 

De repente, una sombra apareció frente a ella, golpeando su escritorio y dejando un expediente casi vacío encima. Jean levantó la mirada, encontrándose con un señor barbudo, de pelo desmarañado color café, que le ofrecía una sonrisa llena de emoción. Jean levantó una ceja.

— ¿Oficial Varka? ¿Hay algo en lo que pueda ayudarle?

— Jean, hoy es tu día. La oportunidad que habías estado esperando está justo aquí, en este expediente —dijo Varka, dándole unas palmadas a la carpeta.

— ¿Cómo?

— Toma, échale una leída.

El oficial se veía muy emocionado, incluso un poco más que la propia Jean. La rubia acercó su mano para tomar la carpeta, que tenía unas cuantas hojas dentro, y la abrió cuidadosamente, fijándose que nadie más estuviera viendo en esa dirección.

Dentro del documento estaban unas cuantas fotos en blanco y negro de escenas criminales, todas con una característica peculiar. Las víctimas presentaban contusiones en la cabeza y un sangrado prominente, además de una expresión llena de horror. También estaban adjuntadas las ubicaciones de los asesinatos, y al parecer todas estaban dispersas por toda la ciudad, sin ninguna relación entre sí.

Quiso dar vuelta a la hoja para seguir leyendo, pero no había nada más dentro de la carpeta. Solo se trataban de dos hojas llenas de información, mientras que las otras funcionaban de relleno para que no se viera tan vacío. 

— Jefe… este expediente está vacío —dijo, cerrándolo y devolviéndolo a la mesa.

— Así es, mi estimada Jean. Eso es porque tú serás la responsable de llenarlo.

« ¿Qué? »

— Espere, me… ¿Me está dejando a cargo de un caso? —Jean trató de esconder su felicidad, pero falló horriblemente.

— Claro. Ya es hora de que puedas sacar todo tu potencial en un trabajo de campo. Sé que lo resolverás, confío en ti.

— Wow, eh… Muchas gracias, señor.

— Mucha suerte, oficial.

Jean observó a Varka marcharse, y luego miró abajo, donde estaba el expediente incompleto. No podía creerlo, de un momento a otro su sueño empezaba a cumplirse, ¡por fin estaba a cargo de un caso! ¡Y de uno importante! Se sentía tan feliz y capaz de hacer cualquier cosa, que hasta podía salir corriendo y dar 5 vueltas a la ciudad si se lo proponía. 

« No lo voy a decepcionar. Haré que se sienta orgulloso de mí, señor, y le mostraré que soy más capaz de lo que todos piensan », se dijo a sí misma.

Jean se acomodó de nuevo en su silla, y puso manos a la obra.





°





Ya había pasado un tiempo desde que le habían asignado el caso, pero por más que buscara, no hallaba ninguna pista. El culpable no dejaba rastro alguno, ni siquiera huellas dactilares o algo que pudiera delatarlo. Jean estaba estancada siguiendo el rastro de un fantasma.

La rubia se encontraba en su escritorio, rodeada de varios papeles, carpetas y apuntes que había hecho ella misma. Todo estaba oscuro a excepción del pequeño espacio que ocupaba en ese momento, iluminado tenuemente por una lámpara de mesa. Tomó su teléfono y dirigió una mirada al reloj. Ya eran pasadas las 11 y no había nadie más en la oficina. 

Se recostó sobre sus brazos, dejando ir un suspiro lleno de frustración. Las cosas no estaban yendo a cómo las había imaginado, y su primer caso ya se encontraba en un punto muerto, sin respuestas. Su sueño se le estaba escapando de las manos y solo podía sentarse y mirar como todo se iba al caño. No sabía qué más hacer. No quería admitirlo, pero temía que si no lograba obtener pistas importantes pronto, Varka le daría el caso a alguien más. Alguien que fuera más… apto para el trabajo. 

El sonido de una llamada entrante la sacó de sus pensamientos. Era el teléfono de emergencias, que estaba a unos cuantos cubículos más adentro del pasillo. La luz que lograba pasar por las ventanas de la oficina caía sobre el teléfono, iluminándolo directamente como si de un reflector se tratase, acentuando su existencia en ese muro. Jean se levantó de su asiento, caminando hacia el teléfono. Había algo extraño sobre todo eso, pero tenía una corazonada. Tragó saliva y tomó la llamada.

— Departamento de Policía, ¿cuál es su emergencia?

Hola, eh… quisiera reportar un sonido extraño… Ah, no sé cómo explicarlo, pero escuchamos a alguien gritar cerca de aquí, parecía que alguien lo iba persiguiendo.

— ¿En dónde dice que escuchó el grito?

En la calle Waymore, cerca del parque. ¿Podrían mandar a alguien a revisar? Creo que esa persona podría estar en peligro…

— No se preocupe, señora, mandaremos a alguien enseguida.

Muchas gracias.

Bip. Bip. Bip. Al otro lado de la línea ya no había nadie, y la oficina volvió a estar en silencio.

Dejó el teléfono en su sitio y volvió a su escritorio.

No estaba autorizada para ir a patrullar esa noche. Pero la emergencia en cuestión era algo muy leve, además solo estaba ella en la oficina. No haría daño si iba a investigar por su cuenta, total, ¿quién podría enterarse? Solo tomaría las llaves prestadas por un momento. 

Decidida, guardó todos los archivos que tenía en los cajones a un lado del escritorio, cerrando todo con llave. Bajó las escaleras y llegó al estacionamiento con las llaves en mano, presionando el botón para encontrar donde estaba el auto. En una esquina algo alejada, un par de luces delanteras brillaron. Bingo.

Encendió el auto y pisó el acelerador, adentrándose en la ciudad.





°





Es de noche en la ciudad, y una persona va corriendo desesperadamente por los callejones. Respirando erráticamente, apenas puede mantener el paso, volteando hacia atrás cada que puede. No supo cuándo, ni por qué, pero sentía una presencia que estaba siguiéndole, el peligro respirándole en la nuca. Sentía una urgencia de perderle el rastro, distraerle o esconderse, estando consciente de lo que significaba dejar que le encontrara. Continuó corriendo por caminos oscuros, pisando charcos y evitando basura tirada en el suelo. El aliento no le daba para seguir corriendo, sus pulmones le estaban quemando y las piernas le temblaban. Dirigió su mirada hacia atrás una vez más, antes de toparse con una reja, que le tumbó al suelo. Trató de estabilizar su respiración, y se puso de pie, maldiciendo la reja que se interponía en su camino. 

Después, sintió un sudor frío recorrer su frente. Un miedo paralizador. La presencia del ente que había estado persiguiéndole.

¿A dónde crees que vas? 

La persona volteó lentamente hacia donde provenía la voz. El ente estaba ahí, y por la oscuridad no podía distinguirle bien, solo resaltaban sus colmillos y ojos, que emitían un brillo dorado. Temblando, dió pasos hacia atrás, quedando contra la reja.

— P-por favor… por favor te lo ruego, déjame ir…

El ente se acercó a la persona, el sonido de los latidos aumentando. Sentía que le iba a explotar la cabeza, tal vez del miedo o que se forzó de más al tratar de escapar de lo inevitable. Las lágrimas no dejaban de caer sobre su rostro, rápidamente convirtiéndole en un desastre andante, con desesperación por vivir.

Lo siento, pero… estoy hambriento.

Todo se volvió negro. 

En ese callejón, un cuerpo cae al suelo, pero nadie lo nota. El ruido de la ciudad enmascara todo tipo de tragedias, y la penumbra era confidente de ellas. El ente solo se limita a mirar el cadáver y después los muros, que están manchados con sangre.

Qué desastre… 




°





Jean está atascada en el tráfico. Dentro de su adrenalina por salir e investigar, había olvidado que las vialidades de la ciudad eran terribles. Tenía ambas manos sobre el volante, tensándolas lo suficiente como para que sus manos estuvieran rojas. Estaba ansiosa, y los sonidos de claxon a su alrededor no ayudaban.

« Diablos, ¿por qué no avanzan? »

De repente, la radio suena. Jean ajusta la estación para escuchar con más claridad.

Oficial Jean, ¿qué está haciendo? —Suspiró. Era su compañero, que andaba patrullando por la zona. 

— Ah… hola, Albedo. Buenas noches para ti, también. 

Jean, ¿qué haces patrullando a esta hora? Hoy no estabas asignada para este turno.

 

Atrapada…

 

— Llegó una llamada a la oficina. Una señora quería que fuéramos a examinar la zona de la calle Waymore.

¿Por qué no nos avisaste? Sabes que Rosaria y yo estamos patrullando casi siempre —La voz de la radio tenía un tinte de preocupación—. Puedes meterte en problemas por esto.

— Lo sé, lo sé… Mira, no es un asunto tan importante, y no quería molestarlos. Seguramente están haciendo cosas más interesantes que atender una llamada para inspeccionar el barrio.

Después de eso hubo un breve silencio.

 

Ah… de verdad… —Se puede escuchar un leve suspiro de derrota del otro lado de la línea— Está bien, ve. Pero si algo ocurre avísanos. 

— Entendido, no se preocupen.

La radio deja de sonar, y a lo lejos el semáforo se torna verde. Por fin comenzaban a moverse.

— Ya era hora.

Avanzó por unas cuantas cuadras más, hasta llegar a la ubicación. Encontró un lugar donde estacionarse cerca de ahí y bajó del auto, con una linterna en la mano izquierda, y en la derecha su walkie-talkie . Frente a ella estaba un callejón algo tétrico, pero nada fuera del otro mundo. 

— He llegado a la ubicación sospechosa. Cambio.

Nadie respondió, seguro estaban ocupados. Caminó hacia el callejón, ajustando sus ojos a la oscuridad hasta que no pudo más y prendió la linterna. El olor ahí era pútrido y denso, tal vez por las bolsas de basura desperdigadas o los charcos de agua estancada. Se limitó a ver cómo una rata salió de una bolsa, corriendo hasta un rincón oscuro. Jean trató de mantenerse serena y siguió avanzando por ese pasillo. No escuchaba nada más que sus propios pasos y el ocasional auto que pasaba por la calle principal. Resopló y apagó la linterna. Seguramente se trataba de alguna tontería. No había nada peligroso en ese callejón.

O eso creyó. 

Un sonido que venía de más adelante captó su atención. Era un sonido animalístico, de carne separándose del hueso, la sangre fresca cayendo al suelo. Frunció el ceño, esperando que fuera algún animal callejero devorando su cena en la seguridad de la penumbra. 

— ¿Quién anda ahí? —El sonido se detuvo en seco. 

Jean apuntó su linterna hacia enfrente, y por un momento todo se detuvo. Un hombre estaba de espaldas, con las manos manchadas de sangre, frente a un cadáver que tenía el rostro deformado en horror. Jean se quedó mirando por un instante, en shock. «Estoy alucinando, ¿verdad?» 

El hombre volteó a verla a los ojos, con una mezcla de sorpresa y enojo en su mirada. Después, solo dijo lo primero que le vino a la mente.

Mierda.

Notes:

GRAX POR LEEEEER, próximamente el capitulo 2 y 3 que ya casi están terminados <33 no sé quien vaya a leer esto porque solo somos como 3 en el fandom kaejean hispanohablante...