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Missio Salvatoris

Summary:

Viendo que la situación es peor de la que esperaban, los dioses griegos deciden pedir ayuda al olvidado panteón Valyrio, una vez conocidos por sus descendientes fieros, fuertes y mágicos. Dejando que manden a su propio campeón bajo sus propias reglas y aceptando la salvación de los Targaryen.

Notes:

Gracias a todos por su apoyo.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Prólogo: El plan de los dioses.

Chapter Text

These ephemeral moments 

Oh will be stuck in my mind 

Don’t think anymore 

I said goodbye, but i never find a way

Oh and now you’re gone.

 

Prólogo: El plan de los dioses.

 

Lucerys

 

Estaba muerto.

No podía pensar en nada más, no después de que la dragona de su tío Aemond se lo tragara.

Fue rápido y aun así podía recordar cómo se sentía el dolor de ser cortado por los grandes colmillos, aún más sintiendo la pena, angustia, tristeza y desesperación de saber que Arrax compartía el mismo destino.

Después no sentía nada más que ansiedad pura porque no podía ver nada, ni a su querido dragón.

 

Sinceramente el que su tío lo quisiera matar no le era indiferente, sabía que en algún momento iba a pagar las consecuencias de sus acciones, estaba en paz con eso, pero el pensar en que jamás iba a poder ver a sus hermanos de nuevo, no estar en sus vidas le era doloroso. 

 

Quería estar en su cama y, al abrir sus ojos, vería a Jacaerys apenas atravesando el marco para ir a despertarlo.

Quería ver a Joffrey detrás de su hermano mayor, corriendo y subiendose su cama para empezar a saltar y verlo reírse.

Quería que, al seguir a sus dos hermanos al comedor y pasar las puertas estuvieran sentadas Baela, Rhaena, Egg y Viserys quienes estarían empezando a romper el ayuno.

Quería sentarse en una de las sillas para saludar a Daemon.

Pero, lo que en realidad quería, era ver a su madre, hacerle ver que estaba bien. Que estaba ahí, con ella. Que le acariciara el pelo, la mejilla solo como ella lo podía hacer. 

Quería estar con su familia, no quería verlos tristes, sin ningún peligro acechandolos. 

No quería ver cuervos ni buitres a lo largo de Rocadragón augurando las siguientes muertes.

Quería ver a Arrax volando, quería volar con él. Libre. Seguro. Sin la amenaza de su tío.

 

Deseaba desde el fondo de su corazón que todo fuese una pesadilla.

 

Cada que pensaba más en su familia sentía una gran angustia y desesperación amenazando con no dejarlo respirar, no podía dejar de pasar saliva, parecía que en cualquier momento iba a desfallecer en sollozos, sentir su corazón romperse a cada segundo que pasaba era horrible.

 

Hasta que una neblina lo sacó de sus pensamientos, pensando que veía mal por las lágrimas que habían llenado sus ojos. Confundido mientras seguía lamentando el futuro de su familia, subió la mirada encontrándose con catorce figuras con ropa tradicional valyria todos con rasgos valyrios, pálidos y con pelo blanco, pestañas y cejas blancas con ojos violetas con un color casi rojo en el centro de este. Todos con cosas que los diferenciaban.

 

Uno de ellos dio un paso adelante y espero a que se calmara un poco antes de hablar. -Tenemos un trato para ti, Lucerys Velaryon.- Mirándolo con completa seriedad una de las diosas no se acercó, pero habló desde su lugar. -El hijo de un dios diferente necesita todo el apoyo que se le pueda dar y, esto, es de vida o muerte tanto para tu mundo como para el suyo- Estaba tan confundido y aún estaba su cuerpo sacudiéndose de los sollozos y algunas lágrimas habían caído para ese entonces. -¿Qué…? Esperen, ¿Y mi familia?- Dijo poniéndose recto, o al menos lo más que podía ya que no parecía estar en una superficie, simplemente estaba flotando. -Ellos están bien por ahora- Esa voz le había tomado por sorpresa porque era demasiado grave y pudo ver que venía del más alto de todos con una presencia aplastante y ojos hipnotizantes. Tenía ropa completamente negra y los dientes algo afilados, con una espada negra en su cinturón y su pelo a media coleta. Balerion. Lo supo inmediatamente mientras los escalofríos subían por su espalda. -La amenaza sigue con esos chicos verdes- Le dijo Balerion viéndolo a los ojos. 

 

El primer dios volvió a hablar y quitó su mirada de este. Caraxes. Pensó. -No tenemos mucho tiempo, solo te diré que te apoyaremos en lo que podamos, y te reconoceremos como uno de los nuestros- Digiriendo toda la información dada negó con la cabeza. -A que se refieren con reconocer- Mientras trataba de mirar a los ojos a Caraxes. -El mundo al que vas, los dioses tienen hijos con mortales, no podrás completarla misión exitosamente y volver a tu mundo para corregir todo si no te reclamamos como hijo nuestro.-

 

Quería decir que no, pero eran dioses. El solo un humano. -Si acepto esto, me regresaran con el poder suficiente y evitar todo lo que le pase a la dinastía Targaryen ¿Verdad?- Una mujer se empezó a reír. Vhagar. No, ella no. -El niño tiene agallas, el ser el campeón de los antiguos dioses valyrios ya es mucho- Respiro profundamente y dijo -Quiero que mi familia esté bien, no quiero a ninguno muerto, me asegurare de que la misión termine exitosamente, pero quiero que mi familia esté sin ningún peligro y a mi madre con su corona.- Todos se quedaron en silencio, porque sabían que no debían meter su mano en el destino, pero esto era algo más. No solo tendrán un campeón de su panteón, sino que los recordarán en otros mundos. Se miraron entre ellos, pensando en que el tener un pequeño castigo valía el reconocimiento y el seguir teniendo vida, fuerza y poderes.

 

Por que contrario a lo que muchos pensaban los dioses no eran inmortales, habían dos cosas que podían matarlos, las armas hechas especialmente para eso y el olvido. Siendo este último el peor de todas las cosas, se terminan pudriendo, sin poderes, sin nada hasta que al final solo quedan cenizas. Era la muerte más dolorosa y lenta que alguien podría darle a ellos.

 

-Bien, todos lo juramos.- Al mismo tiempo agarraron sus propias dagas y atravesaron sus manos. Se acercaron con una copa en donde había agua y pusieron una gota de sangre de cada uno. -La magia de sangre es peligrosa, Lucerys. Pero si se utiliza bien y en los momentos correctos con las personas correctas entonces alcanzarás la cima.- Uno de ellos agarró su mano y le cortó la palma de la mano, para después dejar caer un total de catorce gotas. -Tomalo, Lucerys Velaryon-

 

Estaba tan dudoso, pero un trato era un trato. Y, al empezar a tomarlo se dio la vuelta mientras miraba a cada uno, hasta que vio a alguien más. Solo conocía a uno de ellos.

Viserys Targaryen. 

Muchos targaryen más estaban ahí, viéndolo tomar de la copa. Viéndolo orgulloso, de que los dioses escogieron a alguien de su linaje para salvar su mundo.

Una mujer, que se parecía a su madre, se acercó y le sonrió mientras acariciaba su cabello. -Tu puedes con lo que se venga en el futuro, lamentamos ponerte esta carga en tus hombros, pero los dioses te eligieron porque vieron en tu alma algo puro y fuerte que decidieron llamarte.- Cuando terminó bajo la copa de sus labios, la miro a los ojos y dijo -¿Abuela Aemma?- Esta sonrió y asintió. -¿Y mi papá? ¿Donde esta Laenor?- Todos lo veían preocupado y entonces ella dijo. -Él no está aquí Luce.- 

 

¿No su padre había muerto en el funeral de su hermana?

 

-Bien, no tenemos más tiempo, necesitamos que se vaya.- Caraxes habló tratando de que no se demorara más tiempo. -Ellos estarán bien si es que haces la misión con éxito, confío en que no nos decepcionarás, nuestros hijos jamás nos decepcionaron, hasta que llegaron a esa basura de Westeros y se mezclaron con esos ándalos.- Dijo Balerion mientras que al final hizo una mueca haciendo más terrorífica su cara. -Basta, Balerion necesitamos que vaya con confianza y ánimos, no lo necesitamos asustado y amenazado- Dijo Meraxes para sacudir negativamente su cabeza y mirar mal al dios. -Como sea, queremos que vayas listo y ahora no tenemos más tiempo, pero recuerda que siempre estaremos al pendiente de ti.-

 

Un dios que hasta ahora no había hablado se acercó a él y le dio un beso en su frente. -Todos te hemos dado nuestra bendición, no te hemos explicado pero con nuestra sangre te hemos dado permiso de usar algunos de nuestros poderes, los que sabemos que más te ayudaran. Ten cuidado y regresa a tu hogar sano y salvo.-

 

Colocó su frente en contra de Lucerys y susurro algo que no pudo entender del todo. para despues sentir como lo jalaban y ver todo disperso, miles de puntos brillando en un plano negro, y entonces sintio como atravesaba algo, hasta que la luz del sol le dio de lleno en la cara.

 

¿Esperen sol? Pero si él estaba en un lugar oscuro. 

 

Y sentía como iba cayendo hacia un mar, por lo que empezó a gritar, escucho gritos a un costado pero no pudo voltear a verlos, en lo único en que pensaba es que se iba a ahogar si no hacía algo. Hasta que escucho algo aletear y miró. 

 

Arrax. 

 

Estaba vivo. Estaba bien.

 

Este voló hacia Lucerys y trató de agarrarlo de la manera más suave que podía para soportar la caída y que él no se lastimara. Al final tocaron el agua y, aunque Arrax se llevó el golpe contra el agua, terminaron sumergidos, su dragón se volteo hasta que Lucerys quedó completamente en su espalda y nado hasta la playa.

 

Cuando tocaron tierra firme lo dejo caer suavemente, entonces empezó a toser y vomitar tanta agua como había tragado en ese pequeño lapso de tiempo, no fue hasta que su dragón llegó hasta él y frotó su gran nariz contra el, se dio cuenta de que había personas viéndolo y lo estaban apuntando con arcos y flechas, espadas y muchas otras cosas. Arrax lo cubrió totalmente con su cola y cuerpo para poner su cara frente a todos ellos y empezó a gruñir tratando de que se alejaran.

 

-Esperen, bajen todos las armas.- Hablo un hombre, pero Lucerys no pudo ver quién ya que Arrax estaba enroscado alrededor suyo. -Está loco Señor D, ya creo que lo está debe ser por la edad.- Dijo otra voz, esta vez de alguien más joven, cercano a su edad. -De hecho mocoso, este es un invitado de sus padres.- Después de esas palabras se escuchó un silencio muy tenso y entonces muchos murmullos. 

 

Arrax empezó a gruñir más fuerte y escucho. -Oye, niño necesito que tengas calmado a tu mascota.-

Toco con una mano a Arrax y este se desplazó lentamente hasta que estuvo detrás de él, siempre viendo a los chicos que vestían de forma rara, con pantalones cortos y una especie de Kilt* naranja sin mangas. 

 Los miro a todos serio mientras seguía escurriendo agua hasta que se topó con la mirada de un rubio con azules, hipnotizantes, pero no como para dejar de estar en guardia. 

 

Se aclaró la garganta y miró al señor que se había acercado y por el cual Arrax estaba tenso. -Arrax no es una mascota, ni una bestia, ni un monstruo, es un dragón y es mi mejor amigo.- Este sonrió y miró al gran dragón para empezar a reírse. -Ellos no se equivocaron contigo, muchacho.- Lucerys lo miró confundido y ladeo la cabeza de tal forma que a un rubio le pareció lo más tierno que había visto. -Dime quien eres.- Lucerys frunció el ceño para decir su nombre. -No, escucha bien, te pedí que me dijeras quien eres. También quiero que me digas de donde eres y de que año eres.- Todos fruncieron el ceño en cuanto escucharon lo del final y entrecerraron los ojos con clara sospecha viendo a Lucerys.

 

-Mi nombre es Lucerys Velaryon Targaryen, segundo hijo de la reina legítima al trono de hierro Rhaenyra Targaryen y de Laenor Velaryon, soy el próximo Señor de las Mareas, Heredero al trono de Driftwood, vengo de Westeros, del 129 después de la conquista.- El señor lo miró con una sonrisa, mientras que todos los demás lo veían como si estuviera loco. -Eso es lo que quería escuchar, al parecer mandaron un príncipe, tengo entendido que tu familia puede comunicarse con los dragones y ser jinetes de estos.- 

 

Dionisio

 

Dionisio miró como Lucerys lo miraba detenidamente y asentía, los ojos de este chico eran violetas, ciertamente este chico era verdaderamente hermoso y suspiro por los problemas que eso le acarrearía con los dioses.

 

Y ya se imaginaba los problemas y dolores de cabeza que tendría con este chico, para empezar, por mandarlo por un círculo mágico que había aparecido en el cielo, donde salió primero su dragón y el cual aterrorizó a todos los del campamento. Pero que solo orbitaba alrededor del círculo inquieto. 

 

A pesar de ser un dios, nunca había visto un dragón, otros dioses de otras culturas si los tenían como figuras importantes, pero ningún humano jamás había dado por sentado su existencia y menos un linaje podía comunicarse y montarlos. 

 

Hasta que Lucerys Velaryon salió del círculo supo que, si no lo salvaba todo iba a ser para nada. Hasta que el dragón lo agarró y pudo salir ileso. 

 

Este dios escuchó claramente como los semidioses empezaban a hablar entre susurros de el chico enfrente de ellos, tenía una mirada llena de bondad e ingenuidad, había hecho que Lucerys se presentará frente a todos con su nombre, título y origen porque los dioses valyrios, siempre orgullosos, no dejarían que un hijo de la antigua valyria fuera tratado como bastardo, a pesar de que en su familia siempre hubieron de ese tipo de rumores. 

 

Claro que sabía quien era Lucerys, los dioses valyrios les habían dicho a los Olímpicos como se llamaba y por que lo habían elegido, era un príncipe de apenas 14 años, pero con tan solo 5 años este le había quitado el ojo a su propio tío por lastimar a su hermano y hermanas. Siempre defendiendo a su familia, iba a morir por el mismo tío al que lastimó, siendo este suceso el comienzo de la guerra llamada la danza de dragones, donde empezaría la caída de la casa Targaryen. Pero ¿Cual de todos los dioses valyrios lo reclamaria? ¿Cual de todos reclamarian al campeón?

 

Podía ver como en su frente tenía la bendición de las 14 llamas, por lo que le confundía de sobremanera todo. Quería saber cuales eran los planes de estos dioses para llevar a cabo la salvación no solo de ese mundo, sino el de Lucerys y, de paso, la casa Targaryen.

Claro que no tuvo que esperar demasiado para poder saberlo ya que inmediatamente se vio un símbolo que le correspondía a Aegarax, entonces varias palabras en valyrio rodearon a Lucerys junto a el escudo de tres cabezas de dragón en un solo cuerpo. 

 

Todos se arrodillaron aunque no sabían que dios era. No fue hasta que él mismo dijo. -Salve Lucerys Velaryon Targaryen, hijo de Aegarax, Dios de todas las criaturas existentes, dios creador y creador del primer dragón. y, bendecido de los Catorce dioses valyrios, campeón de las Catorce llamas.- Todos se quedaron de piedra para mirar a Lucerys aun arrodillados y, ante el  halo de la luz del sol, vieron al campeón del panteón antiguo parecer un verdadero rey, mientras esas extrañas letras lo rodeaban.

 

Entonces, las letras se separaron de Lucerys para ir hacia el campamento, y donde estaban todas las cabañas se hicieron un torbellino negro, no se podia ver nada hasta que se separaron y dejaron ver una cabaña completamente negra con los estandartes de la casa Targaryen y la casa Velaryon en lo alto el escudo de los Targaryen con espadas hechas de acero valyrio a los lados. Y junto a las escaleras que llevaban a la entrada estaban dos antorchas prendidas por fuego valyrio. Detrás de la cabaña se podía ver como los dioses habían creado un espacio para el dragón siendo esto una cueva enorme que estaba conectado a una especie de mini montaña, 

 

Empezó a reírse y todos lo vieron con cara de espanto. -¿Qué sucede, Dionisio?- Quirón le preguntó tratando de que le explicara algo de lo que estaba pasando. -¿Es que no lo ves, Quirón? Estos dioses hicieron este espectáculo para hacer saber que este chico tiene su total apoyo y bendición. Le darán lo mejor a este chico.- Quiron lo volvió a ver con desconcierto. -Y qué tiene eso de malo.- Él sonrió sin mostrar los dientes. -Están dando una advertencia a el traicionero, los semidioses, las criaturas que ya sienten el poder de Lucerys y por sobretodo a nosotros los dioses, no podemos tocarlo.-

 

 

 


Tuve que editar por esta razon:

1. Cambie las comillas para indicar los diálogos, no me sentía tan cómoda y mejor lo cambie a guion.