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El bosque se extiende frente a él, sin fin, los árboles proyectan largas sombras gracias a la pálida luz de la luna, sus ramas se extienden como dedos esqueléticos que intentan atraparlo.
La nieve bajo sus pies se hunde con cada paso apresurado mientras avanza por el bosque, cada pisada deja detrás de él una huella profunda en la blancura intacta de la nieve.
Sus movimientos son torpes, sus piernas se sienten débiles y entumecidas. El aire frío quema sus pulmones, congelándolo de adentro hacia afuera. Cada respiración es una lucha, cada una es aguda y dolorosa. Su visión está borrosa, su pulso es como un tambor frenético en sus oídos. Pero él sigue corriendo.
¿Por qué está corriendo?
Tanjirou no lo recuerda. Es como si una espesa niebla se hubiera asentado sobre su mente. Sus pensamientos están dispersos, deslizándose entre sus dedos como granos de arena.
Todo lo que sabe es que no puede detenerse.
No debe detenerse.
Tiene que seguir moviéndose. Incluso si todo su cuerpo le duele por el cansancio, incluso si tropieza, incluso si cae en la nieve él se levantará de nuevo, Tanjirou sabe que solo tiene que seguir avanzando.
Sus pisadas crujen contra el suelo helado, cada paso se hunde en la nieve. El sonido es amortiguado por su respiración agitada. El viento lo azota sin piedad, tirando de su cabello y ropa, su piel esta enrojecida debido al viento frio.
Pero Tanjirou todavía sigue hacia adelante, hacia algo. No está seguro de qué es, pero hay en su pecho cierta presión que lo oprime si piensa, aunque sea por un segundo, en detenerse. Sea lo que sea, lo necesita. Entonces tiene que seguir adelante. Incluso si siente que ha estado corriendo durante una eternidad.
Hay una sensación de urgencia que le desgarra la piel, que lo carcome hasta que siente como si todo su interior se estuviera desgarrando. Tanjirou solo puede esperar que esta sensación desaparezca pronto.
Porque esta comenzando a volverse difícil respirar, pensar, correr, avanzar. Los brazos le pesan, las piernas le tiemblan. El corazón le late muy fuerte, no solo por el cansancio de correr, sino por algo más: un miedo que no puede identificar ni comprender, que le aprieta la garganta cada vez que intenta pensar. Una sensación de pavor que le llena de escalofríos gélidos. Ansiedad. Miedo.
¿Pero por qué? Tanjirou no lo sabe.
No sabe de dónde viene, pero la incertidumbre solo hace que el peso en su pecho sea más pesado, hace que su respiración sea aún más dificultosa.
Y no importa cuánto intente reprimirlo, no importa cuánto intente alejar esa sensación de inquietud, sigue ahí, arañándolo, desgarrándole las entrañas como un animal desesperado por escapar, desesperado por liberarse.
Su corazón late cada vez más rápido hasta que cree que podría estallarle en el pecho. Su garganta se contrae dolorosamente y necesita cada fibra de su fuerza para contener el nudo que se le forma en la garganta.
La nieve cae con mas fuerza mientras mas avanza, los árboles que lo rodean se difuminan en formas oscuras, un túnel sombrío que parece cerrarse sobre él. Un escalofrío recorre su columna vertebral, se le pone la piel de gallina. El mundo está en silencio, salvo por el ritmo de sus pasos y el inquietante aullido del viento. La nieve se acumula bajo sus pies y se arremolina alrededor de sus tobillos como un mar blanco.
Sin embargo, hay algo en el terreno que le resulta familiar. Conoce este bosque.
De alguna manera, se encuentra parado en un sendero familiar.
Y de repente, allí está.
Tanjirou mira fijamente hacia adelante, tratando desesperadamente de darle sentido a la escena ante él. La cabaña se encuentra ante él, tal como la recuerda, parece que nada ha cambiado desde la última vez que estuvo aquí. Como si fuera solo otra noche, igual a cualquier otra. Excepto que ahora es diferente. Ahora está todo en silencio.
Demasiado silencio.
Su mente está confusa, pero la visión de la casa de su familia hace que su corazón se llene de una tristeza familiar y dolorosa. Le tiemblan las piernas, pero se obliga a moverse más rápido, tropezando con la espesa nieve.
Porqué algo esta mal.
Su respiración se entrecorta mientras tropieza, las extremidades se mueven por instinto, y el miedo se enrosca cada vez más fuerte en su pecho con cada paso.
No se detiene a pesar de que su mente le ruega que lo haga, que deje de correr, que se de la vuelta porque él conoce esa escena, la ha visto antes.
Pero su cuerpo se niega a escuchar y él corre, corre, corre, cada vez más cerca de la casa de su infancia.
Sus pasos vacilan a medida que avanza, el olor metálico e inconfundible de la sangre comienza a hacerse mas notable cuanto mas avanza. Se le cierra la garganta, las náuseas le suben al pecho mientras los recuerdos, terribles recuerdos, pasan ante él. La inquietud que lo había carcomido antes ahora se convierte en pánico total. Sabe lo que se encontrará mas adelante.
El estómago de Tanjirou se retuerce violentamente, una sensación de terror florece en su interior. Su corazón late con fuerza en sus oídos mientras sus ojos siguen el rastro de sangre que mancha la pureza del paisaje invernal, temiendo lo que está a punto de ver.
Excepto que esta vez es diferente.
El mundo parece distante, como si se moviera a través del agua. Todo se ralentiza y su visión se estrecha hasta la figura que yace en la nieve.
No es Nezuko, no es su hermana. No es su cuerpo tratando de proteger a su hermano pequeño, como aquella vez.
En cambio, es él.
—¿Zenitsu?
Tanjirou no puede ver su rostro, pero lo sabe.
Su corazón da un vuelco y se rompe en un millón de pedazos. La adrenalina corre por sus venas, pero su boca se abre de par en par en un grito silencioso.
No puede ser.
Tanjirou no puede apartar la mirada, no puede dejar de mirar al joven que yace boca abajo en la nieve. Un charco de color carmesí extendiéndose debajo de él.
Esto no puede estar pasando.
Su cabello, una vez tan brillante y lleno de vida, está enmarañado con sangre. El amarillo de su haori, que antes era vibrante, ahora parece pálido, descolorido bajo las salpicaduras de sangre que lo manchan de rojo, marcado y horrible contra los copos blancos que siguen cayendo suavemente a su alrededor. Su cuerpo yace retorcido en la nieve, con los brazos extendidos, inquietamente inmóvil.
Esto no es real, esto no es real, esto no es real, se repite a sí mismo como un mantra.
Tanjirou traga saliva con fuerza, el sabor de la bilis le quema la garganta. Un sonido estrangulado escapa de la garganta de Tanjirou, ahogando sus palabras, su corazón, todo lo que queda en su interior. Se tambalea hacia adelante mientras sus piernas ceden. Cae de rodillas, la nieve empapa su ropa, pero no siente el frío. No siente nada.
Las lágrimas que brotan de sus ojos amenazan con desbordarse, su cabeza da vueltas tan rápido que apenas puede entender lo que está sucediendo. Sacude la cabeza, incapaz de creer lo que está viendo.
—No... —La palabra es apenas un susurro, su voz se quiebra. Su respiración se convierte en jadeos superficiales, las lágrimas le escuecen en las comisuras de los ojos, pero no puede parpadear. No puede apartar la mirada —Zenitsu...
Lo único que puede hacer es mirar, con los ojos muy abiertos, al chico que había luchado a su lado tantas veces, que había reído y llorado con él. El chico al que Tanjirou había amado tan profundamente y que ahora yacía inmóvil en la nieve.
—Por favor… —La voz de Tanjirou se quiebra, un sonido extraño para sus propios oídos, sus manos agarrando el suelo helado debajo de él, sus uñas clavándose en la nieve—. Por favor, no… —Las lágrimas corren libremente por su rostro —. No me dejes solo. Por favor… por favor… —Se ahoga en un sollozo, enterrando su cabeza en sus manos temblorosas.
Pero Zenitsu no se mueve. No responde.
El mundo está en silencio, salvo por la nieve que cae suavemente a su alrededor, y los sollozos de Tanjirou. Sus lágrimas se congelan contra sus mejillas, pero no puede detenerlas, no puede detener la oleada de desesperación que se estrella contra su alma.
¿Por qué? ¿Por qué Zenitsu? ¿Por qué ahora?
Su pecho se aprieta, su pulso resuena en sus oídos. Quiere llorar, gritar en negación, rogar que esto sea un error.
Quiere agarrar a Zenitsu y sacudirlo para despertarlo, decirle que todo estará bien y prometerle que nunca más lo soltará. Quiere besarle la cara y secarle las lágrimas. Quiere abrazarlo fuerte y decirle cuánto lo ama, que nunca lo dejará, que siempre volverá a él.
Pero su cuerpo no se mueve. Está paralizado, congelado en el lugar, como si el frío se hubiera infiltrado en su alma, en sus huesos, volviéndolo incapaces de moverse.
Todo lo que puede hacer es mirar la figura sin vida de Zenitsu, la imagen grabada en sus párpados, en su memoria. Todo lo que puede hacer es sentarse allí, llorando, su respiración temblorosa y superficial, mientras su mundo se desmorona.
Llegó demasiado tarde. No fue lo suficientemente rápido. No pudo protegerlo.
La culpa lo carcome, desgarrando su corazón con garras feroces. Si tan solo hubiera sido más rápido, más fuerte, más inteligente. Zenitsu le pidió que lo protegiera y él prometió que lo haría.
Pero falló.
—Lo siento... —susurra Tanjirou, con la voz ronca y rota mientras finalmente levanta la cabeza de entre sus manos.
Extiende su mano en un intento de tocar a Zenitsu, pero no tiene la fuerza para hacerlo, se siente inútil, indigno de tocarlo, indigno de estar cerca de él después de todo.
En cambio, su mano se aferra a la tela del haori amarillo que cubre el cuerpo de Zenitsu, apretando lo suficientemente fuerte como para lastimar, hasta que sus nudillos se vuelven blancos.
—¡Lo siento mucho! —Grita, incapaz de controlar las emociones que están arañando su interior. No puede detener las lágrimas que se deslizan por sus mejillas, sin importar cuánto lo desee.
—Lo siento mucho, lamento no haber llegado antes, lamento haber llegado demasiado tarde. —Sus palabras se vuelven más débiles con cada lágrima que cae, su agarre en la tela se hace más fuerte. —Lamento no haber estado allí cuando más me necesitabas.
Tanjirou no cumplió su promesa.
—¿Tanjirou...?
De repente, se oye una voz.
El corazón de Tanjirou da un vuelco. El viento frío que lo rodea se detiene de repente y la nieve que cae disminuye su velocidad hasta que parece detenerse por completo.
¿Se lo ha imaginado? Su visión comienza a nublarse y el mareo lo invade, como si hubiera dejado de respirar. Intenta concentrarse, pero todo lo que ve es la silueta borrosa de una persona de pie a unos metros de distancia que no deja de llamarlo.
Un leve zumbido llena sus oídos, lo que le dificulta escuchar la voz o reconocer a la persona. Ese zumbido pronto se convierte en voces agudas y desagradables, todas hablando al mismo tiempo, todas gritando las palabras que Tanjirou desearía no creer.
Todo es tu culpa.
Le fallaste.
No pudiste protegerlo. No eres lo suficientemente fuerte.
No eres suficiente. Para nadie.
La voz sigue llamándolo, Tanjirou se da cuenta. Se vuelve más fuerte, más urgente, desesperado por ser escuchado, desesperado por ser comprendido.
Y Tanjirou lucha un poco más para mantenerse a flote, solo un poco más, aunque sea para no decepcionar a esta persona que sigue llamando a su nombre.
—¡Tanjirou! ¡Despierta!
Entonces la oscuridad se apodera de sus sentidos.
Tanjirou jadea, abre los ojos de golpe y su cuerpo se sacude hacia delante. Todo su cuerpo tiembla, sus manos agarran con fuerza la tela de su manta, los nudillos blancos, los dedos cerrados en puños. Un dolor agudo recorre su brazo, irradiando hasta su hombro donde se extiende a todo su cuerpo. Hace una mueca, aprieta los dientes y todo su cuerpo se tensa cuando un gemido bajo lo abandona.
Con el sudor pegado a su piel a pesar del aire frío de la noche, se lleva una mano a la frente, apartando su flequillo húmedo del camino. Su corazón todavía late rápidamente como si hubiera corrido cientos de kilómetros, su respiración sale en jadeos cortos y ásperos.
Le toma un tiempo vergonzosamente largo darse cuenta de que ya no está en el bosque. No está frente a la pequeña cabaña donde pasó sus días de infancia.
No está de rodillas en la nieve, viendo a Zenitsu desangrarse.
Está en la Mansión Mariposa, en su cama.
Su respiración es temblorosa, superficial, y por un momento no puede quitarse de encima la sensación de la nieve fría debajo de él, y del cuerpo sin vida de Zenitsu frente a él.
Se lleva las manos a los ojos y los frota con fuerza, tratando desesperadamente de bloquear las imágenes que se aferran a él como si estuvieran pegadas a sus párpados.
—Oye, oye. Tanjirou —dice alguien en voz baja, apartando sus manos de sus ojos y ahuecándolas suavemente entre sus cálidas palmas, obligándolo a concentrarse—. Está bien. Estás bien.
Al principio, no reacciona, su cerebro lucha por procesar lo que está pasando, tratando de darle sentido a lo que está sucediendo. Pero lentamente, lentamente, las cosas comienzan a encajar.
Abre los ojos y mira hacia arriba, reconociendo el rostro de inmediato, aunque su cerebro aún no es capaz de unir dos y dos. Tanjirou parpadea, todavía tratando de escapar de la niebla de pánico que amenaza con abrumarlo.
Zenitsu se sienta a su lado, su hermoso rostro está lleno de preocupación pero hay una suave sonrisa tirando de sus labios. Sus ojos dorados están muy abiertos, pero están llenos de vida, llenos de nada más que amor y cuidado. Sus manos son suaves y reconfortantes mientras sostienen las suyas, ayudándolo a aliviar algo de la tensión y el miedo que se habían apoderado de su corazón. El haori amarillo que usa es brillante, sin sangre.
—Tonto, tienes que calmarte antes de que te hagas más daño —dice Zenitsu suavemente. A pesar del insulto, su voz es cálida y suave, tranquilizadora a pesar de estar llena de preocupación. Sus ojos aún contienen tanta calidez y afecto, algo en lo que Tanjirou probablemente podría perderse para siempre.
Cierto. Tanjirou se había lastimado durante su última misión. Al principio no había sido nada grave, pero el corte en su brazo había sido demasiado largo y, por alguna razón, había sido descuidado durante la pelea, lo que hizo que la herida empeorara.
Pero su mente no estaba realmente concentrada en las heridas, el dolor punzante en sus músculos ni siquiera era algo que le importara, lo único en lo que puede concentrarse es en el hombre sentado a su lado, sus pensamientos consumidos por esos hermosos ojos dorados que brillaban como estrellas en el cielo.
—¿Tanjirou? —pregunta Zenitsu, la preocupación era evidente en su voz. —Oye, ¿estás bien?
Tanjirou ahoga un sollozo, incapaz de evitar que las lágrimas se derramen. Parece que no puede forzar ningún otro sonido a salir de sus labios.
—Zenitsu...
Está vivo. Zenitsu está vivo.
Zenitsu está vivo y bien y mira a Tanjirou con preocupación en su expresión, pero amor brillando intensamente en su ojos. Está vivo y está aquí, a salvo y vivo.
Las lágrimas caen, y Tanjirou puede sentir que su garganta se aprieta cada vez más hasta que piensa que podría asfixiarse si sigue conteniéndose. La presa dentro de él se rompe, y cada pensamiento y emoción que había reprimido sale corriendo y lo ahoga. Deja escapar otro fuerte sollozo, aferrándose a las manos de Zenitsu tan fuerte como puede.
Zenitsu lo mira, parece aun mas preocupado que antes, frota sus pulgares sobre las palmas de las manos de Tanjirou, tratando de consolarlo, y Tanjirou deja escapar otro sollozo, lágrimas cayendo de sus ojos sin control porqué, por un momento, creyó que nunca mas volvería sentir el toque de Zenitsu.
—Oye, tranquilo. Está bien —susurra Zenitsu, con voz temblorosa, pero aún suave. Es como un bálsamo calmante para los nervios de Tanjirou, aliviando la apretada bola de ansiedad que parece haberse quedado atrapada en su pecho desde que la imagen de su novio tirado inmóvil en el suelo apareció en su cabeza —. Estabas teniendo una pesadilla, solo respira, ¿de acuerdo?
Tanjirou asiente y logra tomar aire con dificultad, sintiéndose todavía medio atrapado entre el horror que estaba comenzando a desvanecerse muy lentamente y la realidad. Tiene la garganta seca, el pecho todavía apretado, pero la vista de Zenitsu, vivo, respirando y completo, lo calma un poco.
La luz que ofrece la pequeña lámpara en la habitación apenas lo ayuda a ver algo con claridad, pero puede distinguir la silueta de Zenitsu en las sombras, sus rasgos resaltados por el resplandor parpadeante. Su cabello brilla a la luz de la lámpara cuando se inclina más cerca, extendiendo la mano para apartar un mechón de cabello del rostro de Tanjirou.
Toma la mano de Zenitsu de nuevo y la aprieta con fuerza, como para asegurarse de que es real. Que Zenitsu está ahí, cálido y firme. El Zenitsu real, no la versión ensangrentada y sin vida de su sueño.
—Zenitsu...
Es como si todo lo que Tanjirou pudiera hacer ahora fuera repetir el nombre de Zenitsu, repitiéndolo como una oración, como si decirlo lo suficiente permitiera que todo lo que acaba de pasar desapareciera de su memoria.
—¿Qué pasa? — Tanjirou escucha la preocupación en la voz de Zenitsu cada vez más fuerte, incluso si está tratando de ocultarla.
—Yo... —Tanjirou quiere decir algo, pero su voz se quiebra, dejándolo sintiéndose frustrado.
Se siente tan débil y patético en este momento. Cierra la boca y se obliga a respirar profundamente, obligando a su corazón a latir más lento, tratando de calmar sus pensamientos acelerados.
Hay silencio en la habitación durante varios minutos mientras Tanjirou lucha por encontrar las palabras adecuadas.
Antes de que pueda pensar en algo, Tanjirou se lanza hacia adelante y envuelve a Zenitsu con sus brazos, acercándolo a él, abrazándolo con fuerza. Su corazón está martillando en su pecho, la sensación de Zenitsu contra él enviando escalofríos por su columna vertebral.
Zenitsu se congela al principio, sorprendido por la acción repentina. Después de todo, aunque Tanjirou es bastante cariñoso con él, Zenitsu es generalmente el que busca primero las muestras de afecto. Pero se derrite en el abrazo casi de inmediato, dejando escapar un suspiro silencioso y envolviendo sus brazos alrededor de los hombros de Tanjirou, devolviendo el abrazo lenta y cuidadosamente.
Mientras Tanjirou entierra su rostro en el cuello de Zenitsu, todo su cuerpo tiembla mientras finalmente deja caer las lágrimas. Terror, dolor, alivio abrumador, todo se apodera de él a la vez. Sus dedos se aferran a la tela del haori de Zenitsu, como si necesitara sentir el calor para creer que es real.
Tiembla cuando las manos de Zenitsu se envuelven alrededor de su cintura, sosteniéndolo cerca. Sus propias manos se aferran al haori de Zenitsu, agarrándolo como si su vida dependiera de ello. Siente que su cuerpo tiembla, su respiración se entrecorta mientras intenta desesperadamente mantener la compostura.
Pero Zenitsu conoce a Tanjirou mejor que nadie. Su respiración se entrecorta y su corazón duele cuando siente que Tanjirou tiembla, el sonido de sollozos pesados y dolorosos tratando de ser contenidos llena la habitación. El sonido de Tanjirou, ese que Zenitsu está acostumbrado a escuchar, ese que adora, ahora es diferente, más roto, mas desesperado.
Tanjirou estaba asustado, extremadamente asustado, Zenitsu puede oírlo. Así que no intentó disuadirlo de llorar, simplemente se quedó allí, permitiéndole llorar, permitiéndole llorar liberar esa carga que lo atormenta.
—Shh, está bien. Te tengo. Solo... solo respira lenta y profundamente. —Zenitsu abraza a Tanjirou con fuerza, susurrándole suavemente al oído, tratando de calmar su respiración, con la esperanza de aliviar el estrés que debe estar acumulándose en su pecho.
—Parecía tan real… —susurra Tanjirou, con la voz temblorosa y si el sentido del oído de Zenitsu no fuera sensible, no lo habría escuchado. —Pensé… pensé que te había perdido… pensé que nunca te volvería a ver…
Su corazón se encoge ante las palabras. Entonces, Tanjirou había estado soñando con él. ¿Qué tipo de sueño habia estado teniendo que lo hizo reaccionar de esta manera? Zenitsu no está seguro de querer saber en qué consisten esos sueños, pero el miedo que sintió Tanjirou, el miedo en su voz cuando habló… Zenitsu no quiere ni imaginar lo que eso podria significar.
El agarre de Zenitsu sobre él se hace aún más fuerte, su mano acaricia la cabeza de Tanjirou con dulzura, con la esperanza de brindarle algo de consuelo y tranquilidad, aunque no sabe cuánto ayudará, pero quiere que Tanjirou sepa que no está solo en esto.
Siente que las lágrimas comienzan a correr por sus mejillas, pero no se molesta en limpiarlas. No importan, no en comparación con lo que está pasando por la mente de Tanjirou en este momento.
—Pero no fue real, Tanjirou —Zenitsu habla suavemente, esperando que sus palabras lleguen de alguna manera a los oídos de Tanjirou, que crucen a través del miedo que esta sintiendo —. Estoy aquí, estoy justo aquí. Fue solo una pesadilla.
Es difícil saber si Tanjirou puede oírlo o no, ya que su respiración es entrecortada, rápida, y continua temblando mientras se aferra a Zenitsu.
Pero incluso cuando las palabras de Zenitsu resuenan en la habitación, y Tanjirou puede escuchar claramente cada una de ellas, no puede deshacerse del miedo persistente; la imagen del cuerpo pálido de Zenitsu tirado en la nieve todavía está grabada a fuego en su mente y probablemente lo perseguirá por siempre.
Puede haber sido una pesadilla, pero el dolor en su corazón es demasiado real. Tanjirou sabe que no podrá olvidar esa escena en un futuro cercano.
—Lo siento. —susurra Tanjirou después de lo que parecen horas, su voz amortiguada contra el hombro de Zenitsu.
—¿Por qué? —pregunta Zenitsu en voz baja, todavía acariciando el cabello de Tanjirou suavemente, tratando de aliviar su angustia.
Tanjirou realmente no sabe por qué se está disculpando. ¿Por despertarlo en mitad de la noche? ¿Por preocuparlo por ser demasiado débil para enfrentarse a algo tan simple como una pesadilla? No está seguro.
—Te desperté —murmura Tanjirou, todavía sin atreverse a levantar la cabeza. Tiene miedo de que si lo hace, podría perder el coraje para hablar. —Lo siento.
Siente a Zenitsu apretarlo y acercarlo aún más a él, dándole un suave beso en la parte superior de la cabeza. Tanjirou se relaja un poco, dejando que el familiar aroma a melocotón llegue a su nariz mientras entierra su rostro más profundamente en el hombro de Zenitsu, tratando de calmarse.
—Oye, no tienes nada de qué disculparte —murmura Zenitsu, apoyando la barbilla en la cabeza de Tanjirou. Sigue acariciando su espalda con dulzura. —Te prometí que cuidaría de ti mientras te recuperabas, ¿recuerdas?
Tanjirou cierra los ojos mientras escucha el ritmo de los latidos del corazón de Zenitsu. El sonido constante de su respiración reconforta a Tanjirou, lo tranquiliza y le recuerda que sigue ahí.
Incluso si piensa que solo está molestando a Zenitsu por algo tan estúpido como una pesadilla. Espera que Zenitsu no considere que sus acciones son egoístas y ridículas.
—Esa promesa incluye permanecer despierto por la noche si tu también lo estas, sin importar la razon. —Zenitsu continúa ante su falta de respuesta, como si supiera lo que Tanjirou está pensando.
Tanjirou agarra a Zenitsu con más fuerza, como si temiera que al soltarlo, se sumergirá nuevamente en ese mundo oscuro y frío. Zenitsu no dice nada más, solo lo abraza y frota círculos en su espalda, con la esperanza de calmarlo.
Tanjirou puede sentir los brazos de Zenitsu apretar su agarre sobre él, como si se aferraran a él para mantenerlo cerca, para asegurarle que todavía está allí.
El mundo está en silencio nuevamente, pero esta vez es un silencio pacífico, ninguno de los dos quiere romperlo. Ninguno de los dos quiere arriesgarse a que el momento se rompa en pedazos.
Permanecen así durante varios minutos, hasta que Tanjirou logra dejar de temblar, hasta que las lágrimas se detienen y su corazón se calma. Finalmente, su respiración también comienza a normalizarse, aunque aun es ligeramente inestable, y afloja su agarre, pero sin soltar al otro, solo lo suficiente para inclinarse ligeramente hacia atrás para mirar el rostro de Zenitsu.
Y Zenitsu no puede ocultar la preocupación en su expresión, está claro para Tanjirou que Zenitsu se preocupa profundamente por él.
—¿Te sientes mejor? —pregunta Zenitsu suavemente, sus ojos mirando tiernamente a Tanjirou. Él asiente vacilante. —¿Quieres hablar de ello?
Tanjirou niega con la cabeza. No quiere revivir esos horribles momentos de nuevo. Al menos, no ahora. No mientras todo esta tan fresco en su mente.
—Está bien. Pero deberías volver a dormir entonces —murmura Zenitsu, pasando su mano por el cabello de Tanjirou nuevamente, intentando quitar algunos de los nudos. —Te ves exhausto.
—No creo que pueda dormir ahora —admite Tanjirou en voz baja, su voz está ronca, y su garganta se siente dolorida por el llanto.
Y, por si fuera poco, se siente agotado. Como si su alma hubiera sido exprimida y drenada de todo su cuerpo.
—Al menos deberías intentarlo —dice Zenitsu—. No puedes permanecer despierto toda la noche. Necesitas descansar.
Y Zenitsu tiene razón. Ser un cazador de demonios significa que no tienen tiempo suficiente para dormir. Cada hora que pueden usar para dormir es un privilegio y no se puede desperdiciar.
—Me quedaré aquí hasta que te duermas —promete Zenitsu —. Me quedaré aquí, tanto tiempo como lo necesites.
Zenitsu sonríe cálidamente a Tanjirou, haciendo que parezca que no tiene intención de dejar el lado de Tanjirou en un futuro cercano
—No voy a ir a ningún lado —le asegura Zenitsu cuando nota la expresión vacilante en el rostro de Tanjirou.
Finalmente, Tanjirou asiente débilmente, su respiración por fin ha vuelto a la normalidad. La mirada que le da Zenitsu está llena de comprensión, sus manos se mueven desde la espalda de Tanjirou hasta sus mejillas, limpiando los restos de lágrimas de su rostro.
Tanjirou no puede evitar sonreír un poco cuando ve a Zenitsu tratándolo con tanto cuidado y gentileza, como asegurándole que nada nunca podrá lastimarlo.
Todavía está un poco abrumado, pero aquí, en el abrazo de Zenitsu, el miedo no se siente tan aplastante. La presencia de Zenitsu es suficiente para tranquilizarlo.
Y mientras la nieve cae suavemente fuera de la mansión, Tanjirou cierra los ojos y se deja envolver por la calidez de Zenitsu.
Sabe que Zenitsu le está dando espacio para procesar sus emociones, sabe que el chico es demasiado amable y no lo presionara para hablar. Pero también sabe que no podrá evitar tener una conversación seria sobre esta noche.
Y eso está bien, incluso si no le gusta la idea, incluso si no quiere preocuparlo, Tanjirou confía en Zenitsu.
Pero, por ahora, se permite descansar en los brazos de Zenitsu, deleitándose el latido constante de su corazón y la dulce melodía que Zenitsu tararea para él.
Y, en este momento, eso es suficiente.
