Chapter Text
" No, eso no se toca. "
Una madre preocupada se acercó a su hijo, de apenas un año, para sacarle el frasco de pastillas que sostenía e intentaba abrir con sus pequeñas manos.
Era un pequeño tan curioso.
" Malo, eso es malo. " Dijo la mujer, dejando el frasco en un cajón y haciéndole upa al bebé.
El pequeño la miraba curioso. Todo en este mundo parecía interesarle, mucho más que a sus pares. Siempre que agarraba algo lo examinaba, lo desarmaba, lo mordía o lo rompía. No dejaba objeto del hogar sin examinar.
Ella no podía negar que le enorgullecía, su pequeño era tan consciente del mundo. Seguro sería muy exitoso cuando crezca.
" ¡Llegué! " Llamó el padre, entrando por la puerta " Oh, pero si están mis dos ángeles juntos. " Comentó con alegría, besando la mejilla de su mujer y la frente de su hijo.
Su familia era pequeña, pero estaba orgulloso de haber podido formar una. Le hubiese gustado tener más hijos, pero el parto fue muy complicado para su esposa y sabía que no resistiría otro, por lo que iban a dedicarse completamente a su pequeño Cioccolata.
Un pequeño que con los años creció, uno que pasó de examinar todo meticulosamente a investigar a fondo.
Más cuando sus padres le regalaron una cámara, ¡Oh, estaba obsesionado! ¡Grababa todo!
La llevaba a todos lados; cuando salía con sus amigos, cuando paseaba por el patio de la casa, incluso al colegio. Más tarde, cuando se anotó para el voluntariado, también la llevaba, incluso si apenas podía usarla por la cantidad de trabajo.
Era un chico tan bueno. Sociable, estudioso, curioso, noble, ¿Qué más podían pedir?
" Tranquilo hijo, no fue tu culpa. " Abrazó a su hijo mientras lloraba, cubriendo su rostro con ambas manos mientras temblaba.
Una ambulancia se llevaba el cuerpo de un anciano que había acabado con su vida cortándose las venas, dejando una escena grotesca que el joven tuvo la desdicha de descubrir. Sangre mezclada con agua llenaba la bañadera, incluso llegando a manchar el suelo.
" Ve a jugar con tu cámara si quieres, nosotros nos encargamos de esto. " Dijo, limpiando sus lágrimas y ofreciéndole una cálida sonrisa.
Pobre su hijo, teniendo que presenciar una escena tan gráfica a tan corta edad. Solo podía preguntarse qué le había pasado en la cabeza a aquel viejo, probablemente estaba loco por la edad.
Lamentablemente, no fue la única vez que pasó.
Durante los meses y años siguientes, muchos ancianos sucumbieron a la locura y decidieron acabar con sus vidas. Otros parecían decaer física y mentalmente a gran velocidad, los medicamentos no parecían ayudarlos en absoluto. Simplemente fallecían, completamente deteriorados. No había nada que ellos pudieran hacer.
Inocente, ni ella ni su esposo o los demás notaron los patrones.
" No te quiero cerca mío. "
Un hombre ya mayor miraba a su nieto, que sostenía una cámara última generación entre sus manos. El adolescente se había ofrecido para ayudarlo con su nuevo andador, pero este se negaba rotundamente. Ese chico tenía algo malo, en su mirada lo único que veía era un alma retorcida y siniestra.
Ocultaba cosas, muchas cosas.
Y él sabía que lo que había visto era solo una fracción de lo que esa mente enferma ocultaba. Aquella cámara, grabaciones de ancianos llorando en desesperación mientras acababan con sus vidas o eran intoxicados. Grabaciones que el chico repetía y repetía estando en soledad, jugando con su mano libre entre su pantalón y su ropa interior, evidentemente estimulado. Pero todos se descuidan, todos cometen errores.
El suyo fue desestimar la vista su abuelo.
" ¡Rajá de acá, degenerado! " Gritó enojado, viendo como el rostro del joven seguía igual de tranquilo.
" ¡No le grites a mí hijo! " Lo defendió su padre " Te vienen a ayudar y no cooperás, que malagradecido. " Se quejó molesto, poniendo sus manos en los hombros del adolescente.
" Está bien papá, mejor que no necesite de ayuda. " Dijo con calma, observando a su padre algo apenado por el rechazo de su abuelo " me voy a jugar afuera o a leer algo. "
" Claro hijo, si te encontrás con algún amigo pueden salir, solo volvé antes del anochecer, ¿Bien? " Propuso, a lo que el chico aceptó y salió de la habitación.
El anciano lo vió irse, manteniendo la expresión de disgusto. Todos eran tan ciegos en aquella ciudad, toda Roma estaba dormida ante el accionar del pequeño mounstro que su familia había engendrado.
Su padre por otro lado, suspiró molesto, mirando a su progenitor decepcionado.
El tiempo volvió a pasar, esfumandose como el vapor que sale cuando se destapa una olla. El pequeño mounstro creció, aumentando cada vez más su nivel de violencia, pero también la simpatía que le tenía la gente.
Ahora era nada más y nada menos que un doctor. Sus padres estaban encantados.
Tendría sus propios pacientes, ya no tendría que limitarse a atacar su salud mental, ahora podría ensuciar sus manos con sangre inocente, sangre de aquellos que acudieran a él en busca de respuestas y salvación de sus padecimientos. Gente ingenua que, buscando aliviar el dolor, solo encontraría más.
Podría admirarlos en una sala de operaciones, jugar como se le plazca con los instrumentos quirúrgicos y sus cuerpos.
Incontables fueron las muertes que causó, todas cuidadosamente grabadas por la nueva cámara que se dió el gusto de comprar. Ya no podía conformarse con aquel aparato de los 80s, necesitaba algo más potente y moderno.
" ¡Cioccolata! " Exclamó alegre su padre, viéndolo desde la sala del hospital " ¡Estás hecho todo un doctor! " Dijo alegre cuando este se acercó alegre, no podía creer que el niño que hace años sostuvo en sus brazos ahora portaba una bata blanca y trabajaba en tal lugar.
Velaba por la vida de la gente, nada más y nada menos.
Siempre habían sido todos tan tontos. Quizás si se hubiese avivado unos años atrás, ahora no estaría abrazando al enfermo que sonreía orgulloso, sin cargar un gramo del peso de todas las víctimas que recaía sobre su espalda. Estaba fresco, como si nunca hubiese hecho nada, como si aquello le diera vida.
" Qué pinta, estás igual a tu madre de joven. " Comentó el mayor, observando el look de su hijo.
La piel morena clara, el peinado afro que su esposa tanto utilizo durante su juventud y el cual le enseñó a su hijo. Incluso la ropa bajo la bata le recordaba a ella, usando mayormente remeras y camisas azules. Sin mencionar los aros; en un principio no estaba de acuerdo con que su hijo se perfore los lóbulos, pero le quedaban tan bien aquellos aros dorados que se abstuvo de comentar.
Además, él ya era mayor de edad y graduado como cirujano general, no tenía derecho a meterse en su vida.
Cioccolata rió, probablemente una de las últimas veces que convivió con su familia antes de ceder completamente a su locura. No pudo controlarla más, el deseo de controlar la vida lo superaba, se había vuelto una especie de adicción.
Uno de sus últimos pacientes se había vuelto cercano, un individuo roto con una mente sumamente débil. Quizás la cercanía con él fue uno de sus primeros errores, quizás no. No lo sabía, aunque apreciaba tener a alguien con quién compartir su extraña pasión y cruzar aún más fronteras morales.
Lamentablemente, todo tiene un final.
Finalmente llegó el momento que marcó su vida para siempre, la "mala praxis".
Tras un juicio jodido, fue despedido y su licencia fue revocada permanentemente. No tenía a dónde ir, no tenía qué hacer. Su propia mente lo alejó de aquellos que confiaban ciegamente en él, solo le quedaba su nuevo compañero.
Una única persona se apiadó de él, alguien que vió el potencial de aquellas mentes retorcidas. Un hombre de traje carmesí que los saco del apuro en el que estaban y les dió esperanzas en el futuro, que los protegería bajo su ala.
De un día al otro, volvió al juego. Y más activo que nunca.
