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Misión fallida con Éxito

Summary:

Tenían una misión como pareja, por obligación de GUN gracias al estado de su agente invencible.

Era algo sencillo: ir, resolver, pasar la navidad en la cabaña que GUN les consiguió y volver a casa, todo eso asegurándose que al muy embarazado Shadow no le pasara ningún percance.

Todo saldrá bien, solo harán su parte y en un par de semanas ¡Voilá! Su bebé estará con ellos.

Es una misión sencilla, no puede fallar.

O eso espera Sonic.

Notes:

No sé qué podrían esperar de alguien a quien le encanta escribir sobre embarazos y todo lo relacionado a ellos.

Es obvio qué de eso va esto, y me pone feliz. Disfruten.

Also es mi primera publicación en AO3, ando haciendo esto en lo que espero a que mi familia venga a celebrar, si hay detalles me los hacen saber.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Sonic sopló entre sus manos, intentando mantener el calor. Afuera del concesionario donde se resguardaban la nieve caía suavemente, y el cielo poco a poco pintaba su tarde pálida de un gris enfermizo de tormenta.

Podía oír a Shadow discutiendo con el dependiente de fondo, en voces ahogadas para sus oídos distraídos. Las decoraciones navideñas llenaban la tienda y daban vida a la línea de locales que tenían en los alrededores.

Estaban en una villa en medio de Holoska, 23 de diciembre. Parecía que una tormenta se avecinaba, y la preocupación picaba un poco en las púas del erizo al ver a un par de trabajadores de la agencia de autos bajar las cortinas de metal de los enormes ventanales. 

Giró a ver al otro erizo cuando la discusión pareció bajar de tono. El reno con quien hablaba su esposo volvía los ojos a Sonic varias veces, en un pedido silencioso de ayuda del que Sonic escapaba heróicamente.

Si, lo siento, lidia con eso amigo.

Finalmente Shadow se giró y le lanzó unas llaves a Sonic para salir a paso firme del concesionario. El erizo azul hizo un ademán de despido al dependiente y siguió al otro al frío invernal. Su marido estaba furioso, y eso era poco decir. Sonic lo había notado desde hacía un par de semanas, y todo se acrecentó cuando llegaron a esta linda villa nevada (donde, de no ser por la situación, le encantaría para vacacionar).

—¿Qué ocurrió con el reno? —preguntó suavemente, buscando apaciguarle. Los ojos verdes fueron directamente a la barriga pronunciada del otro, cubierto por una chaqueta térmica negra y su bufanda roja cayendo sobre la curva redonda. 

—Los idiotas no tenían el auto listo. —dijo—Voy a matar a Towers cuando volvamos.

Sonic bufó una risa seca.

—Podría acompañarte. Esto fue una locura, incluso para él.

Sonic no era partidario de provocar heridas letales en seres que, pues, no son enemigos como tal. Por otro lado, nunca fue muy simpatizante de GUN, y que el comandante Towers los haya mandado a ambos (Shadow como agente y él en calidad de protector) a cumplir una misión que cualquier otra persona podría haber hecho, en una vieja base a 4 kilómetros de su punto actual, le hace creer que una patada es lo mínimo que merecen. En especial con la condición actual del híbrido.

Shadow estaba embarazado, y bastante. A casi 2 semanas de tener a su cachorro. Y aquí estaban, congelando sus colas solos en Holoska en vez de pasar estas últimas semanas en casa preparándose para la llegada de su bebé y celebrando la navidad con sus amigos. Podría ser peor, sin embargo, aunque sea GUN consideró su situación y les dio todo para pasar la fecha tranquilos: el auto rentado, la residencia y dinero para suministros. 

Pararon frente a una camioneta negra del año, con las ruedas aparentemente adaptadas al clima nevado de la zona, Sonic soltó un silbido mirándola.

—Al menos es bonita. —comentó, Shadow asintió suavemente, concordando. Le abrió la puerta del copiloto y esperó a que él subiera para ir al piloto y encender el motor de la camioneta, suspirando aliviado apenas prendió la calefacción del vehículo—Bueno, terminamos la parte difícil ¿Puedes ponerme la dirección de la cabaña, Shads? Y, adicional, recordarme porqué hacemos esto.

—Porque es diciembre y el trabajo siempre se acumula. Y a Towers le tiembla el culo de pensar que estaré de baja por un año por la cría. —explica, toqueteando la pantalla del tablero central.

—¿Un año? ¿No que la baja por maternidad es de 6 meses? Además, debieron habértela dado ya. Son una agencia gubernamental, ¿No tienen, como, leyes que seguir? —divaga el azul. Shadow se acomoda en el asiento nuevamente y abrocha su cinturón con lentitud.

—Primero, ve a alguna tienda para que compremos provisiones, nos quedaremos tres días. —ordena. Sonic asiente, poniendo en marcha la camioneta de una vez por todas y saliendo ágilmente en reversa del puesto—Segundo: Sí, debieron darme la baja hace dos meses-

—Y jamás pensé quejarme de algo así, pero es obligatorio, se están saltando sus propios protocolos. —interrumpe Sonic, Shadow rueda los ojos.

—Silencio, Erizo. Debieron darme la baja hace dos meses, pero GUN tiene un par de excepciones a la ley que les permite seguir disponiendo al agente si está en buen estado a cambio de darle un sueldo mayor en la baja y más meses de reposo. Así que fueron por esa opción, aunque salgan perdiendo.

Sonic murmuró, manejando por la apaciguada villa. Había visto una tienda de conveniencia cuando llegaron que parecía vender chilidogs, así que estaba buscándola activamente.

—Okay, más dinero a cambio de exponerte al peligro más tiempo, un buen plan, ¿Verdad?

Su esposo gruñe en respuesta.

—Soy la forma de vida perfecta en todos los sentidos, mi cuerpo está perfectamente adaptado incluso para proteger a esta cría, no me pueden exponer al peligro aunque quieran. —puntúa obstinado. Ahora es turno de Sonic de rodar los ojos, aunque él tiene una sonrisa conciliadora en su hocico.  

—Shads, mi vida, sabes a qué me refiero. —responde, finalmente ve la tienda y entra al estacionamiento—Lo que no quita la razón por la que nos eligieron para venir acá.

—Soy el único disponible que conoce el funcionamiento de la computadora principal de la base de Holoska. La necesitan activa en estas fechas.

—Una ventaja de que seas viejito, eh. —bromeó. Shadow no responde, pero Sonic no necesita girar a verlo para saber que si tarda un segundo más dentro de la camioneta el erizo negro lo ahorcará sin contemplaciones. 

Sale del vehículo rápidamente, esperando a que su esposo baje (porque está seguro de que Shadow ya no está tan de humor como para que se haga el caballeroso). Él lo alcanza al momento y ambos entran a la tienda que mantiene una melodía navideña de fondo. 

Las temporadas de invierno en Holoska eran horribles. Los productos mermaban por el clima y a causa de eso, varias tiendas debían diversificarse en esas fechas para no caer en bancarrota, como ocurría con esta que, aparte de alimentos algo limitados, tenían prendas, una sección farmacéutica, higiene e incluso un pasillo para bebés.

—Entonces, GUN tiene un montón de agentes, pero específicamente eres tú quien les funcionaba. —continua Sonic, tomando un carrito. Esta conversación la habían tenido un par de veces en casa cuando discutían la posibilidad de ir a patear a Towers mientras dormía por haberles puesto este trabajo. Rouge le había advertido que, entre los varios síntomas de embarazo, Shadow se había vuelto un poco disperso, así que mantenerlo hablando y recordando un par de cosas le ayudaban a no frustrarse por sus olvidos repentinos. No necesitaban otra razón por la que el erizo veteado pudiera enojarse.

—Hasta que no logren actualizar el sistema de Holoska sin perder el resto de archivos y diskettes tendré que venir cada par de años. —concluyó Shadow mientras observaba los anaqueles, eligiendo varios productos sin importarle los costos. Total, GUN los estaba cubriendo. 

Sonic asintió y observó a su alrededor. La tienda estaba casi vacía salvo por un par de clientes más y la cajera. Algo extraño por la época, pero suponía que los habitantes de la villa ya estaban acostumbrados a cómo funcionaba su zona y preferían comprar en horario matutino para no pasar el estrés del anochecer temprano que, en cambio, ellos deberán pasar cuando suban a su cabaña. 

Sus ojos pararon un momento en el pasillo de bebés y no pudo evitar morderse el interior de la mejilla, bajó la mirada a su mano enguantada, sintiendo la presión fantasmal de su anillo de bodas bajo la tela. Era una banda dorada y ligera, sin mayor detalle fuera de una pequeña dedicatoria tallada en el interior. 

Si alguien le dijera a su yo de 16 años que él, el espíritu libre (de todas las personas), se casaría con Shadow, el erizo con el que tenía una rivalidad jurada, de todas las personas, se burlaría por el mal chiste, y seguramente huiría de esa persona cuando agregara de remate que estaban esperando un bebé. Él no quería tener hijos; según su yo joven era suficiente con cuidar a Tails y Cream, era mejor ser el niñero y hermano divertido que el padre responsable. Pero cuando Shadow sacó el tema a colación, hace dos años, Sonic lo sintió como algo natural y no rehuyó de la idea. Tal vez maduró, quién sabe.

Giró a ver a su marido, al obvio bulto bajo su chaqueta. El embarazo no había tratado de las mil maravillas a Shadow, pero lo había llevado mucho mejor de lo que esperaba. Aparte de lo disperso que se puso en los últimos meses, sufrió de náuseas y malestares, debido a eso se volvió más enojón (bastante obvio en su interacción con el reno). En el lado positivo, ahora estaba más dispuesto a compartir sus sentires (con reclamos dirigidos a él, su embarazador como le decía a veces, el resentido).

Sonic sonrió dulcemente cuando Shadow puso una mano sobre su vientre en una caricia silenciosa mientras tomaba algo del anaquel. Los ojos rojos lo observaron de vuelta, con un gesto hastiado.

—¿Qué tanto me ves?

—Te ves guapo. —respondió, el híbrido bufó y metió el producto al carrito, se movieron por la tienda—Así que, cada par de años habrá que volver a congelarnos acá, eh.

—Este año es especial por la cría, las otras veces he podido venir solo y terminar en dos días cuando mucho, cuando corría. 

Sonic asintió divertido. 

—O sea, cuando una esmeralda del caos no te daba náuseas. 

—A lo mejor por eso no te soporto, eres pura energía caótica.

Hablando del diablo. —bufó el azul—Sabes, dicen que si no aguantas a alguien durante un embarazo significa que el bebé será igual a esa persona. 

—Que Gaia nos proteja, tendremos otra anomalía terrestre causando desastres.

Sonic soltó una carcajada. Pese al ceño fruncido de Shadow, pudo notar una pequeña sonrisita en sus labios canela. La cola del azul se agitó suavemente con felicidad.

Este día no sería tan malo, terminarían de comprar y tendrían una cabaña para ellos dos para relajarse. Y mañana es navidad, tal vez pueda bajar a la villa corriendo para comprar un par de detallitos para su esposo, una barba falsa y fingir que es Santa Claus bajo el muérdago a ver si se gana un beso. Quiere decir, Shadow siempre se los da incluso sin pedirlos, pero es divertido seguir la tradición.

—Sonic.

El mencionado sacudió la cabeza, centrándose. Cierto, las compras.

—¿Sí?

—¿No querías un chilidog antes de irnos?

El azul parpadeó confundido. Miró el carrito, notando que ya tenían las provisiones necesarias y un par de antojos extra. Entonces le dedicó una cara falsamente soñadora al otro. 

—Ow, ¿Te diste cuenta? Qué atento eres, mi ciruelita-

—Cállate, y ve a buscar uno antes de que me arrepienta. —ordenó Shadow, Sonic pasó junto a él con el carrito, sonriéndole en una burla romántica que terminó con una queja dolorida porque su amado le había dado un codazo apenas lo tuvo cerca. Algunas cosas no cambian.

 


 

Una hora y media después  ambos se quitaron las chaquetas y bufandas, las bolsas de las compras ya descansaban sobre la mesa de madera. Sonic admiró su alrededor. La cabaña era acogedora, seguramente un trabajador debió venir a limpiar y prender la calefacción antes de ellos; un monoambiente con la sala-cocina en la entrada y la habitación al fondo, separada de la zona común por un elevado cercado, daba con un ventanal triangular enorme, correspondiente con el techo a dos aguas. 

—Se lucieron, eh. Me habría bastado con una habitación de hotel. —comentó el azul, Shadow le dedicó una mirada juzgona, obviamente en contra de su sugerencia. 

Mientras guardaban las provisiones, oyeron los vidrios retumbar suavemente. La tormenta presagiada en la agencia de autos había empezado. 

—Llegamos justo a tiempo... Shads, ¿Hay wifi aquí? Podemos hablar un rato con los chicos mientras cenamos... —Sonic cerró la puerta de la nevera con un chasquido. Su cara relajada se frunció en preocupación cuando escuchó el suspiro suave del híbrido y giró a verlo para notar cómo palmeaba su vientre con insistencia—¿Pasa algo?

—La cría no ha parado de moverse. 

Sonic se acerca y acaricia el vientre del otro, dejando la mano quieta un momento. Incluso a través de su guante puede sentir el movimiento forzoso de la bebé, inquieta. Él tararea suavemente, hacía unos días que se había puesto en posición y la curvatura puntuosa del vientre de Shadow había bajado, mostrando que estaba pronta a nacer.

—Algo inquieta la nena, ¿No?

—No para de hacer spin-dashes como si estuviera a media carrera. 

Sonic sonrió con orgullo. Esa es su estrellita. Su sonrisa cae al instante ante la mirada odiosa de su esposo.

—Ay, estrellita ¿Qué haremos contigo? —murmuró nervioso, carraspea y acaricia su barbilla pensando un poco. En momentos así, agradece bastante la insistencia de Tails en que atendieran a clases prenatales y la de Amy de ofrecerles un montón de libros sobre bebés—¿Desde cuándo está así? 

—Desde que entramos a la tienda. — Ah, eso explica porqué lo acariciaba esporádicamente mientras compraban —Ayer también se puso igual. En estas horas.

—¿Solamente eso?

Shadow asintió, seguro de su información.

Bien, Sonic evaluó el asunto. Ayer por esas horas él andaba quejándose de la computadora mientras trabajaba y hoy lo del reno. Deben ser ansias de ella, seguramente la nena está recriminando o mostrando su apoyo a su mamá- papá- a Shadow. 

—¿Quieres que prepare un baño? —pregunta suavemente, el erizo veteado parece pensarlo y asiente quedito. Entonces Sonic desaparece por una puerta al lado de la cocina. 

Cuando la tina está llena de agua tibia y Shadow adentro suspirando satisfecho, Sonic se sienta a su lado en el suelo y apoya la cabeza sobre su brazo en el borde de la tina.

—¿Mejor?

—Aceptable.

Él bufa una risa y se queda mirando el rostro de su esposo, analizando sus rasgos. Shadow se había vuelto más vulnerable gracias a la bebé (no es que lo diga activamente), el hambre llamaba con la misma fuerza del sueño, y a veces asustaba a Sonic cuando paraba de hacer algo solo para suspirar con pesadez por la falta de aire. Las ojeras se habían marcado un poco bajo sus ojos rojizos, que en contraste brillaban más al igual que su pelaje.

Sonic no sabe si es simplemente su adoración a este erizo o si es el embarazo en sí. Pero se le hacía tan difícil no mirarlo, había algo en él que llamaba su atención apenas entrar a una habitación, incluso si no lo viese o escuchase, siempre había un algo que lo hacía buscar directamente a Shadow que sólo aumentó con su embarazo.

Escuchó un bufido de su amado que lo miraba con burla.

—Otra vez soñando despierto.

—Es que eres un sueño viviente.

Shadow rodó los ojos, un amago de sonrisa en sus labios.

—Puedes ir a hacer la cena, no tienes que quedarte aquí.

—Nah, no importa. Quiero acompañarte… A menos que tengas hambre, sino, yo-

—Está bien.

Sonic sonrió, relajándose en su posición.

—¿Te ayudo a bañarte?

Shadow no respondió, sin embargo Sonic no necesitaba respuesta. Se quitó los guantes rápidamente y tomó la botella de jabón para empezar a lavarle la espalda. El híbrido se relaja en sus manos, sus orejas cayendo hacia el frente apenas.

—¿Sigue moviéndose? —Shadow asiente ligeramente a su pregunta, algo adormilado. Sonic sonríe divertido—¿Puedo hablarle?

—Siempre que no digas nada estúpido.

—Entonces mejor le canto. —sugiere en contraste. Luego del bufido divertido del híbrido, Sonic empieza a tararear una suave tonada que, como ya es costumbre desde el segundo trimestre, ayuda a que la bebé se tranquilice luego de un rato. 

Shadow se tambalea ligeramente cuando lo ayuda a salir de la tina, con una mirada somnolienta que hace a Sonic sonreír tiernamente y besarle la punta de la nariz. Lo cubre con una toalla y le deja secarse solo, mientras sale del baño a ver qué hacer de cenar. La noche transcurre tranquila, con la tormenta golpeando suavemente las ventanas y funcionando como una especie de nana que los termina por ayudar a dormir un par de horas más tarde, acurrucados y cubiertos por un par de mantas peludas.

Sonic despierta perezoso a la mañana siguiente cuando siente a su esposo sentarse con dificultad, farfullando algunas quejas. Se sienta de golpe apenas oye un jadeo pesado, los sentidos saltando.

—¿Estás bien? ¿Pasa algo? ¿Quieres que llame a alguien? —bombardea asustado, y el híbrido recién despertado lo mira como si quisiera golpearlo hasta hacerlo dormir otra vez.

—No es nada. Solo me pateó el hígado. —responde cansino una vez Sonic se calla. Él asiente y suspira aliviado.

—Perdón, creo que el que ande tan inquieta me está alterando un poco también, je, je.

—Me es suficiente con la cría siendo molesta como para que tú también te pongas así. —regaña, aunque no hay una verdadera molestia tras su reclamo. Se sienta al borde de la cama y, luego de un par de intentos, logra pararse con dificultad para bajar los cuantos escalones y caminar al baño.

—¿Seguro que estás bien-?

—¡Sí, Sonic, lo estoy! 

La puerta del baño da un portazo y el erizo azul suspira nuevamente. Gran modo de iniciar la víspera navideña. 

Pone a hacer café (descafeinado para Shadow) en la estufa y decide escribirle a Tails. Ayer hablaron con él mientras cenaban (más Sonic que Shadow, quien estaba cabeceando mientras se tomaba su avena), y él también parecía preocupado por la revoltosa eriza no nacida. Le había advertido a Sonic que debía estar atento a Shadow por cualquier duda, que las señales del parto próximo podrían empezar a mostrarse en estos días. 

Shadow salió silencioso del baño, a paso lento como si intentase camuflarse con los muebles de la cabaña. Pero aceptó su café con gusto y se sentó al lado de Sonic, así que él lo tomó como que ya estaba relajado. 

—¿Quieres hacer algo hoy? Es veinticuatro. 

El híbrido murmuró suavemente, pensando. Tomó un sorbo de su taza y le dio un mordisco a la tostada con crema que Sonic había preparado.

—Podemos cenar algo.

—¿Y tener regalitos?

—Estoy teniendo a tu hija, es un regalo suficiente para ti.

—¡Oh, vamos! ¿Y un beso bajo el muérdago?

—Lo pensaré.

—¡Sí-!

—Pero si te vuelves molesto me encerraré en el baño. —amenazó. Sonic asintió emocionado.

Cuando marcaron las 12 del día y almorzaron sandwiches (porque Shadow no tenía casi hambre), los chicos los llamaron para ver cómo iban las cosas, lamentándose de que no pasarían ese día juntos. En casa eran las 3 de la tarde, así que avisaron que llamarían apenas diera la medianoche para desear las felices fiestas. 

Sonic se encargó de todo, diciéndole a su esposo que se recostase a ver la televisión y descansase mientras él cocinaba. Shadow obedeció sin mayor queja, aunque Sonic no podía evitar girar a verlo cada tanto a lo largo del día, sintiendo una piquiña nerviosa acariciar sus púas azules. Cada que le miraba, Shadow estaba haciendo algo diferente: o estaba sentado en la cama meciéndose ligeramente (una costumbre que agarró desde el sexto mes para calmar a la bebé), o estaba caminando lentamente por la habitación como un pingüino sosteniendo su vientre por abajo, o yendo al baño.

No era un comportamiento fuera de lo normal. Esta última semana había estado en esa pequeña rutina típica prenatal, pero hoy en particular estaba siendo más constante de lo esperado. 

¿Debería preocuparse? Shadow se enojaría si le insistía en que algo estaba mal, pero en verdad sentía que algo estaba fuera de lugar.

Cuando dieron las 7 de la noche, el híbrido soltó un jadeo dolorido que alertó a Sonic. Shadow estaba apoyado en la mesa de madera mientras suspiraba y bailaba sus caderas suavemente, como si el suave bamboleo le ayudase a calmar algún dolor. 

Por Gaia, esto no puede ser posible.

—Shadow, ¿Estás-

El otro lo miró, los ojos rojos iluminados con un miedo silencioso.

—Aún no es tiempo. 

—¿Se ha estado moviendo desde la mañana realmente? —dejó de lado el pequeño postre que estaba haciendo para ir a su lado y poner la mano en su vientre, intentando sentir el movimiento de la bebé. En cambio, sintió como los músculos se tensaron de pronto, dolorosamente, en una constancia que notó hizo a Shadow flaquear un poco. Sonic sudó frío y preguntó suavemente:—¿Desde cuándo empezaron las contracciones, Shads?

El híbrido suspiró cuando el dolor bajó de intensidad y se mordió el labio, preocupado.

—Desde la mañana… Creí que era ella moviéndose otra vez o las falsas, nunca he sentido nada similar a esto. —explicó, aplanando sus orejas contra el cráneo con culpa, y a Sonic se le partió un poco el corazón ¿Cómo iba a saber su esposo, la forma de vida perfecta que jamás se ha enfermado ni sentido nada intrusivo hasta su embarazo, que esto era su pequeña estrellita avisando de su llegada prematura? Sonic se había maravillado tanto con las reacciones de genuina curiosidad primeriza de Shadow hacia las capacidades de su cuerpo y lo que podía lograr la pequeña en su vientre, que había olvidado este momento crucial que ahora les estaba jugando en contra. Una voz en el fondo de su mente le advirtió que debió esperarlo, de algún modo, pero decidió ignorarla. 

—Está bien, Shadow, tranquilo. Todo estará bien. —calmó él, sonriéndole dulce y guiándolo hacia la habitación nuevamente, siendo su apoyo para subir los pocos escalones a la misma, porque al híbrido ya se le dificultaba hacerlo.

La mente del erizo azul iba a mil por hora, recordaba las clases prenatales, cómo las explicaciones no habían llegado tan lejos para indicar el momento del parto más allá de decir que “el cuerpo avisa cuando llega el momento”, los libros que leyó eran más explícitos, así que empezó a enumerar las señales que sabía. Como el vientre había bajado de posición hacía poco, como la bebé se movía más por la incomodidad y el ansia. Los calambres falsos, y las contracciones reales desde la mañana.

—¿Notaste algo antes de que las contracciones empezaran? 

Shadow se sentó, arrugando el rostro.

—La patada al hígado.

—¿Algo más? ¿Un líquido, tal vez?

—¿Te refieres a la fuente? Aún no ha roto. —explicó, haciendo memoria, algo pareció brillar en su mente—Pero el tapón salió esta mañana, creo… Sí, lo hizo.

Sonic asintió, recordando: el tapón mucoso solo salía cuando se empezaba a dilatar, podían ser días antes o incluso el mismo día del parto. Esas eran las señales. Así que, si su bebé ya quería llegar no la retrasaría más. Se puso manos a la obra con la velocidad que lo caracteriza. Buscó toallas, hilo, tijeras, puso una olla a calentar agua y acomodó todas las cosas en la habitación salvo por el agua que aún seguía en la estufa.

—¿Estás listo?

—¿Qué-? No- Sonic, aun no es el momento.

—Shads, mi vida, sé que es algo pronto, nuestro doctor dijo que sería en dos semanas pero estas cosas pasan, estarás bien. Tendremos a la estrellita y-

—¡Que aun no es momento, idiota! ¡No quiero pujar! 

Sonic giró a verlo confundido, pero si tenía todo… Sin embargo, Shadow se veía más calmado de lo esperado, nervioso, claramente, pero no tan alterado ni adolorido como debería si su hija ya estaba naciendo. Yacía medio sentado en la cama, mirándolo como si estuviera loco.

—¿Estás seguro?

Un gruñido frustrado salió de la garganta del otro, en advertencia. El azul levantó las manos en son de paz, y retrocedió un poco.

—Yo… Déjame ver algo- Vuelvo en un segundo. —dicho y hecho, volvió al mismo punto ahora con su teléfono en mano y marcó a la única persona que se le ocurría podría ayudar—Hey, Tails… 

—¡Sonic! ¿Cómo van ustedes? Estábamos a punto de servir la cena… — habló alegre, una leve música sonando de ambiente.

—¿Oh? ¿Sonic está llamando? ¿Cómo está Shadow? — preguntó una voz femenina tras Tails. Parecía ser Rouge. Sonic entró en pánico.

— Tails esto es una emergencia y-

—No es una emergencia Sonic, no exageres. —regañó Shadow, menos nervioso que él.

—Necesitamos información. —terminó él, rendido. Tails hizo silencio por un segundo en la línea antes de reaccionar. Apaciguó a Rouge con que no era nada, que sirvieran y él los alcanzaba luego. Y se oyó como caminaba lejos de la escena festiva, entrando en su laboratorio.

—¿Qué ocurre? —finalmente dijo una vez el crujido de su silla resonó en la línea.

—Shadow entró en labor. —puntuó, Tails tragó ruidosamente, sorprendido—Dice que aun no va a nacer pero tiene todas las señales y… No sé qué hacer. —admitió, algo culpable. Miró a su esposo y Shadow relajó su ceño fruncido para darle unos ojos compasivos. Le llamó con un movimiento de cabeza y Sonic terminó sentándose a su lado, dejando al híbrido apoyarse en su costado.

—¿Puedes pasarme a Shadow?

—Estás en altavoz ahora. —avisó, sosteniendo el teléfono en medio de ambos.

—Shadow ¿Cómo estás? —empezó suave, amistoso.

—Podría estar mejor. Ve al punto, zorro.

Tails suspiró en la línea, tecleando algo.

—Bien, imagino que tienes contracciones ¿Sabes cada cuánto son?

Justo en ese momento, Shadow se tensó en los brazos de su esposo por unos segundos, suspirando poco después.

—¿Una? —preguntó Sonic apenas, el erizo veteado asintió, bajando sus orejas un poco.

—Cada quince minutos, tal vez. No he roto fuentes, pero perdí el tapón.

 Tails murmuró en la línea, terminando de teclear. Se quedó en silencio un par de segundos y luego habló:

—¿No pueden ir al ambulatorio de la villa? —consultó, ambos erizos miraron al enorme ventanal de su habitación, donde la tormenta nevada no parecía hacer más que crecer.

—Estamos atrapados hasta nuevo aviso. —aseguró Sonic. El clima no era el ideal para que él saliera corriendo con Shadow a cuestas, la nieve recién caída aún no se asentaba bien, por lo que podrían hundirse con facilidad. Pero entonces, Sonic recordó algo—Quédate con Shadow un segundo.

—¿A dónde vas? —preguntó el parturiento, su voz grave vibrando con un miedo apenas notable.

—A ver la camioneta. —explicó, se levantó dándole una sonrisita suave y corrió al garaje, la otra puerta al lado de la del baño.

El garaje estaba más helado que el resto de la cabaña y la camioneta negra yacía brillante en el medio del mismo. Sonic se asomó a la ventana del portón corredizo de la habitación, sus orejas bajaron decepcionadas al ver como la nieve se había amontonado afuera. Fue adentro del vehículo y lo encendió para ver la información que daba la pantalla central. Pero era inutil. El mismo sistema de GPS advertía que no podían salir con el clima así.

Sonic bufó desganado y apagó la camioneta. Volvió adentro, apagó la estufa que hervía a su lado para dejarla quieta y fue a sentarse de nuevo junto a Shadow, rodeándolo con un brazo protector.

—¿Atrapados? —preguntó el híbrido y Sonic soltó un “sí” fastidiado, aun así le sonrió a su amado para tranquilizarlo. Shadow asintió comprendiendo—Si tienes sugerencias, somos todo oídos, Tails.

—Primeramente, sepan que no soy doctor. —advirtió en la línea— Pero conseguí algo que les podrá ayudar. Sonic, tienes que encargarte.

—¡Sí! 

—Shadow, no necesitarás trabajar en esto hasta que sientas que es el momento. Tu cuerpo avisará. Pero por seguridad, Sonic necesita ver cuán, eh… Preparado estás. —su explicación confianzuda flaquea al final, seguro cayendo en cuenta de lo que estaba indicando

—Mente enfocada, Tails. Nos estás ayudando mucho. —animó el erizo azul, moviéndose y recostando con cuidado a su esposo.

—Cierto… Bien. Mira, esto es más sensorial que visual, con los guantes limpios, debes revisar que…

Sonic hizo todo lo indicado por el zorro adolescente, con una actitud tan segura que logró relajar a Shadow en sus manos con facilidad. Internamente, el híbrido agradeció a Gaia que la intervención de Tails fuera una llamada simplemente, si el zorro estuviera viendo una pizca de lo que ocurría, Shadow se lanzaría al lago más cercano para congelarse por otros 50 años como mínimo. Luego de unos 5 minutos, el erizo azul se enderezó de entre las piernas negras, asintiendo y quitándose los guantes.

—Apenas seis centímetros. —informó, le dedicó una mirada de circunstancias a Shadow que lo hizo bufar frustrado, interrumpiendo su queja con un quejido por los condenados calambres que tenía desde la mañana.

—Bueno, aún no nacerá, con suerte. Cuando llegue a diez será el momento. A lo mejor podrán bajar a la villa para ese entonces. —animó el zorro, pero Shadow chasqueó la lengua, negando:

—Lo dudo, duramos más de una hora en llegar acá. 

—Y pareciese que el cielo se quisiera tragar la tierra ahora mismo. —agregó Sonic, sus orejas se aplanaron ante la vista lúgubre del exterior, los ventanales resonaron por las ráfagas de viento. Sonic suspiró y ayudó a su esposo a sentarse—Creo que tendremos que hacerlo todo por nuestra cuenta ¿No?

—No es que sea novedad tampoco. —agregó Shadow desganado. El erizo azul rió suavemente y acarició la cabeza del otro, mimándolo un poco.

Tails volvió a hablar, pero la línea soltó cortada.

—¿Tails? ¿Todo bien hermanito? 

—S-Sonic, la línea- no consigo- —sonó una interferencia dolorosa, la pareja se abrazó ligeramente— Debe- tormenta-… artículos- Sonic-

Y la llamada se cayó. Ambos erizos se miraron un segundo antes de que Sonic intentara llamar nuevamente. Pero nada, por más que marcaba, no llegaba al zorro.

—Maldita sea.

Ahora están incomunicados. Sonic revisó su celular y notó que en el chat de su hermano había un par de mensajes sin revisar. Un documento. 

Lo abrió y suspiró aliviado al leer el título “Recibamos a la estrellita”. Tails debió armarlo apenas se sentó en su computadora. Una suerte.

Shadow lo observó con ojos inquisitivos. Empezaba a nerviarse ¿Está haciendo más calor aquí? Su esposo terminó de leer algo y asintió. 

—Okay, esto dice que deberías moverte un poco. Caminar y bailar ayuda a dilatar ¿Quieres pararte, Shads? —preguntó suavemente, el híbrido asintió. Se ayudó del otro para levantarse y caminaron juntos por la pequeña cabaña.

Shadow estaba frustrado con todo. Odiaba la sensación, el desasosiego de estar encerrados en esa cabaña hasta nuevo aviso. Odiaba que GUN los hubiera metido en esto y no le diera su permiso a tiempo, deseaba tanto tener una esmeralda en manos para ir a golpear a Towers hasta que dejara de respirar. 

Empezaba a tener calor, temblaba un poco al dar cada paso y debía detenerse cada tanto cuando la presión en su bajo vientre aumentaba de golpe, como si una gran amalgama de púas lo pinchara internamente y fuera tan fuerte que el único consuelo lo conseguía jadeando pesadamente o gimiendo. Sabía que no era su cría, las púas se erigen a partir del año de nacidos, todo esto era su propio cuerpo preparándose para lo inevitable. Y era extraño, porque su mente estaba nerviosa, pero su cuerpo no percibía ese momento como algo peligroso sino que lo alentaba a seguir; una mezcla de emociones que solo lo hacían sentir enfermo.

Una nueva contracción de varias que había tenido mientras caminaba con Sonic le hizo frenar de golpe. Una sensación escalofriante naciendo en él, inmediata.

Sonic acariciaba su espalda baja en un abrazo protector, intentando calmarlo y siendo una roca resistente en todo este proceso.

—¿Qué pasa, Shads? —susurró en su oreja, no sabían cuántas horas habían pasado, pero parecían miles. El híbrido se removió en sus brazos y levantó la cabeza para mirar los ojos verdes ajenos.

—Creo que ya es hora.

Sonic lo encaminó a la cama nuevamente, y Shadow batalló otra vez para subir los escalones, cuando en el proceso otra contracción que se presentó le hizo gruñir. Llegaron a la cama y Sonic revisó a su esposo nuevamente. La respiración de Shadow se volvía más superficial a medida que los segundos pasaban, la emoción bullendo.

—Sonic.

—Tienes diez. —aseguró, le sonrió a su esposo desde su posición y corrió a buscar el agua que había calentado y yacía tibia en una cubeta, las otras herramientas fueron puestas en posición y Sonic suspiró arrodillándose en el piso—El documento dice que es mejor si lo haces sentado. 

Shadow se acomodó como le indicaba el otro, soltando un jadeo doloroso cuando otra contracción se presentó.

—Aún no rompo fuente, ¿No es-?

—No es obligatorio, seguro se rompe ahorita, Shads. —dijo, dio un par de palmadas a las rodillas negras y le sonrió con cariño al otro—Nuestra niña es revoltosa, estoy seguro de que esto será rápido. 

Shadow negó, incapaz de darle una respuesta a su esposo. Estaba harto, quería que la niña saliera y esta tortura terminase. 

Sonic lo estabilizó en su lugar y le dijo que todo sería al ritmo de él, por lo que dejó que su cuerpo se encargara de ahora en adelante sin pensar nada más que seguir la guía a medias del erizo azul. El sudor le bajaba por la frente como nunca había hecho antes, y los espasmos golpeaban con fuerza su espina en una sensación enfermiza que le generó un frío desagradable. Sin embargo, las manos confiables de Sonic siempre se mantuvieron en él, cálidas y firmes. Animándolo con palabras dulces tan efectivas, que cuando se dio cuenta se había dejado caer en el colchón, atolondrado y respirando pesado.

Los sonidos ahogados se hicieron claros rápidamente. Un llanto, dos de hecho, pero uno solo era nuevo. 

Sonic sostenía a la criatura con tanta adoración de la que no se creía capaz, había empezado a llorar al igual que ella, emocionado. Era tan pequeña, cubierta de una capa primaria de pelaje durazno que en los extremos mostraba varios parches de pelusas lilas. 

Estaba algo pegajosa. Pero era de esperar, la fuente se reventó justo antes de coronar. 

—¿...Sonic? —llamó la voz maltratada del aliviado Shadow.

El erizo azul reaccionó y empezó a limpiar a su estrellita, lavando su pequeño cuerpo con un par de toallas húmedas y tibias. Amarró un hilo alrededor del cordón, a 10 centímetros, como indicaba el documento de Tails, y entonces se levantó y colocó a la cachorrita en los brazos de su otro padre. Shadow la abrazó al instante, dejando a la pequeña acurrucarse en su pelaje blanco, donde pronto paró de hipear ese escandaloso llanto.

Se quedaron en silencio un momento, mirando ambos a la criatura. Uno más alborotado que el otro, ambos suspiraron satisfechos cuando su bebé finalmente se quedó quieta.

—Es preciosa… —murmuró Sonic. Shadow asintió, acariciando un poco la cabeza de la niña, buscando rodearla lo mejor posible.

—¿Sigue conectada conmigo? —preguntó quedito. Sonic asintió, empezando a limpiar el pequeño desastre de agua del piso.

—Sí, la placenta saldrá sola cuando el cordón deje de latir. Entonces lo cortaremos y estará todo hecho. 

Terminó de limpiar y dio un aplauso conforme. Miró a su esposo nuevamente y se acercó para acostarse a su lado, viendo a la bebé.

—Es violeta... —murmuró Shadow. Sonic asintió divertido.

—Como mi mamá. —afirmó—O como una mezcla de nosotros, ambas son válidas.

Shadow asintió y se concentró en su niña. Sus oídos se adaptaron completamente al ambiente ahora que el estrés había pasado, y por la quietud exterior pudo notar que la tormenta había parado. Justo en este momento.

Miró hacia la ventana frustrado, listo para lanzar alguna perorata al dios de los cielos, pero su ira murió en su lengua, una pequeña sonrisa sustituyéndola.

—Sonic, mira. 

El cielo, casi negro y despejado, estaba lleno de estrellas brillantes. Un firmamento dulce y admirable los acompañaba. Sonic sonrió suavemente y volvió la mirada a su bebé, orgulloso.

—Justo a tiempo.  

Duraron un rato en esa posición, acurrucados mirando a la cachorra descansar. Pronto, Sonic pudo cortar el cordón inerte y encargarse de la placenta, para finalmente acomodar a su amado bajo las sábanas.

—¿Qué hora es? —preguntó Shadow, que ahora acomodaba a la hambrienta bebé con cuidado para ayudarla a conseguir su pecho.

Sonic sacó su teléfono y sonrió.

—La una de la mañana. —se volvió a su esposo divertido—Feliz Navidad Shadow, este es el mejor regalo que me pudiste dar. 

Shadow bufó una risa.

—También el mío. 

El erizo azul se le acercó a darle un beso tierno en los labios y se acurrucó a su lado, alegre de oír los pequeños murmullos de su bebé. Aunque, su paz duró poco.

—Creo que deberías ir a la villa.

—¿Eh? ¿Por qué? No quieres ir al hospital ahora, ¿O si?

—No. Pero no tenemos nada para Nova y debemos bajar en la mañana para que la revisen. 

—Oh… —Sonic se animó al instante de oír el nombre que eligieron. Acarició tras la orejita a su bebé con una sonrisa boba y canturreó:—Oh, Nova, Novita, mi pequeña estrellita, ¿Mañana enfrentarás a los temibles médicos? Sí, sí lo harás…

—Sonic.

—¿Sí, mi ciruelita?

—Ve a la tienda. Ahora.

Sonic suspiró, sentándose rendido, aunque sonriente como siempre.

—Como ordenes, mi vida.

Notes:

No pensaba colocar el nombre de la estrellita, pero Nova lleva siendo un fanchild querido durante tanto tiempo que se me hizo un insulto no nombrarla en su nacimiento.

Adoro hablar de bebés y embarazos en general, como en persona me intimida bastante desemboco toda emoción en la escritura. Aprovecho y practico un poco este tipo de narrativas.

¡Feliz año!

P.D.: Revisado y editado recién :)