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La habitación estaba llena de sábanas y ropa tiradas por el suelo de manera desordenada. En la cama había un conjunto en específico: un saco negro. Este saco estaba arriba de un bulto, escondido debajo de todas las suaves mantas.
Kim dokja, él que estaba escondido, tenía entre las palmas de sus manos a un pequeño ser con forma de algodón de azúcar.
Los dedos acariciaban a la pequeña bebé, que lagrimeaba y hacía ruidos lastimeros.
El lector presionó al dokkaebi contra su mejilla derecha y restregó todo su aroma sobre ella. Los deditos de la bebé tocaron la nariz de Kim Dokja y trató de empujarlo, cansada del contacto excesivo.
—Biyoo, aguanta un poco más y dormiremos.
La pequeña hizo una rabieta por un rato. Fue la insistencia la que la convenció, y por lógica, la adormeció.
Las feromonas de un Omega podían servir para cualquier situación. Kim Dokja, que trataba de hacer dormir a su bebé, no le quedaba de otra que usar su “poder” en contra de ella para que se quede quieta.
Biyoo se quejó y tan pronto como lo hizo, se rindió. Escondió su cuerpo bajo la barbilla de Kim Dokja, enterrándose entre su pecho y su clavícula. Unas manos largas y finas la protegieron con una delicadeza que ya no era vista en aquel mundo en ruinas.
Al igual que las mantas que los tapaban a ambos, Kim Dokja se aseguró de que la dokkaebi se metiera debajo de su camisa para que esté cálida y segura, incluso tuvo cuidado con tocar su cuerno para que no se lastimara.
Un Omega puede tener comportamientos más singulares que ese.
La necesidad de querer proteger, a quienes sus instintos consideran cachorros, es inmensa. Llega a ser doloroso y trae grandes consecuencias.
Un Omega con instintos demasiado fuertes puede recurrir a autolesionarse si sus hijos no están bien cuidados.
Kim Dokja no solo quiere, sino que debe.
Sentir sus feromonas atrapadas en el cuerpo con forma de algodón que tiene consigo es similar a una rutina, a algo que no debe terminar ni soltar.
Estar vulnerable es una sensación horrible que es recompensada con lo placentero que es reconocer que lo está haciendo bien, que ella no va a ser capturada de nuevo.
Sin embargo, el dolor se vuelve intenso al ser invadido. Es como una lluvia que no fue pronosticada, y que para empeorar tu día, lo siguiente que pasa es que cae granizo que desfigura tu cara. En una posición donde es incapaz de defender a su linda bebé, el estrés lo convierte en un desastre que se está por desmoronar.
El relajante olor a libros y calma se desmorona en segundos y procede a ser espeso, amargo y repugnante. La bebé se mueve, molesta. Las lágrimas son más grandes que sus propios ojos. Esto mismo hace que sus ojos parezcan una joya preciosa que nunca debería ser tocada.
La glándula le quema. El fuego hace que su cuerpo arda como el calor del verano y si no fuera porque sostiene a su cachorra en sus manos, estarían llenas de sangre y costras de piel.
No sería la primera vez. Lo único que lo detenía en estos momentos era que seguía necesitando sus glándulas funcionando, aún si las mismas lo quemaban vivo. A pesar, nada calmó a sus pensamientos intrusivos.
Quería volver a sentir su piel rasgada, cubierta de moretones y de heridas que no volverán a sanar.
A sus glándulas sangrar y ser arrancadas de su propia nuca.
Quería llegar al punto de que su propio Omega interno se rompa, tembloroso y asustado, y que provocara que se desconecte de una vez por todas de sus propios instintos primarios; aunque eso apenas dure dos semanas.
Considera más simple manejar el dolor de perder una parte de si mismo, que la repetitiva y dañina secuencia que se la pasa causando un revuelto de problemas a su entorno y a las personas que lo acompañan.
La silueta que entró a la habitación se acerca a la montaña de mantas y prendas. Kim Dokja estaba tan encerrado en sí mismo y en todas las telas aterciopeladas que no distinguió la feromona.
Fue gracias a un pequeño hueco que recuperó la conciencia.
Café.
El lector ladeó su cabeza con desdén. Se suponía que Lee Hyunsung y Jung Heewon estaban haciendo guardia fuera de su habitación, es obvio que ellos no dejarían entrar a un extraño y mucho menos a un Alfa, ni aunque fuera por un motivo puro.
La única excepción la tenían sus cachorros o, en este caso, un Omega en particular.
La luz llenó la pequeña cueva en la que estaba escondido. El hombre levantó despacio el desorden que había sobre él.
—Dokja.
Biyoo, que hace tiempo se había despertado muy nerviosa por la fatídica escena, reconoció el distintivo aroma a café que se desprendió en la habitación. Agitó sus brazos hacia el hombre robusto que por casualidad no llevaba su habitual saco negro.
—Baat, baat!
Kim Dokja gruñó y sostuvo a la niña llorona con la yema de su dedo. Debido a eso, su movilidad quedó reducida.
—Joonghyuk-ah…
La ceja del protagonista se arqueó, y su cuerpo se congeló. Pero ignorando aquello, no dijo nada en absoluto. No opinó, no habló.
Ambos se miraron igual que los gatos que tanteaban territorio ajeno. Biyoo volvió a lagrimear. —Baat, baat…
Tal vez era porque los dos eran omegas, que la capacidad para entenderse sin necesidad de hacer un acuerdo verbal sea cien por ciento posible.
Yoo Joonghyuk entró y se aseguró de tomar el saco antes de meterse adentro de un mar de feromonas. La poca luz que había desapareció ahora que permanecía en el interior del extraño escondite del lector.
Los propios instintos de Yoo Joonghyuk clamaban por Biyoo. No pasó ni un minuto en lo que colocó su dedo meñique en una de las manos de la bebé. Su cuerpo fue el doble de rápido que sus propios pensamientos, ya que su otra mano fue a descansar en la nuca de Kim Dokja.
Él se estremeció y su primera reacción fue alejarse. Sus glándulas seguían irritadas gracias al grave susto que le dio.
Yoo Joonghyuk se lo prohibió con un simple movimiento.
El rostro de Yoo Joonghyuk se acercó al de Kim Dokja. Sus respiraciones iban a la par del contrario. El lector sufrió un cortocircuito hasta que el saco negro, que estuvo encima de su nido, se puso con una gran seguridad arriba de sus hombros. Biyoo paró de llorar y cerró sus ojitos.
En el segundo en que Kim Dokja abrió la boca para quejarse, fue recibido por un casto beso en los labios. Luego otro, otro y otro.
Las feromonas lo drogaron por completo. Un chillido se escapó de sus labios, rogándole a Yoo Joonghyuk que le devuelva su espacio personal.
—Te permití que entraras para que me ayudes, no para que me beses.
—Cállate.
Él tomó la cintura de Kim Dokja con sus gruesas manos y movió su cuerpo tenso en una posición donde Kim Dokja tenía acceso vip gratuito al cuello de Yoo Joonghyuk. Él se hubiera alejado. No obstante, Biyoo ya estaba dormida y feliz de que el protagonista se haya unido a ellos.
La deliciosa feromona a café derritió las pocas neuronas cerebrales de Kim Dokja. Se acurrucó entre los brazos del regresor e inhaló el aroma.
Kim Dokja era demasiado raro. De por sí era un Omega peligroso… autodestructivo. Lo cual fue una de las razones por las que sacrificarse por sus compañeros fue tarea de niños para él.
El tema era que, aunque intentó negarlo, amaba el olor y el tacto de otro Omega.
Yoo Joonghyuk era igual que él, es probable que mucho peor. Haber regresado una y otra vez habrá afectado de muchas maneras a Yoo Joonghyuk, y no quiere imaginar el daño permanente que debe soportar su Omega interno.
Por eso, estar con un Omega no es lo mismo que un Alfa. Ellos eran posesivos, impulsivos y sus feromonas eran potentes. Siempre buscan tener el control, y a Kim Dokja no le gustaba eso.
Puede ser que sea esa la razón por la que muestra comportamientos poco recurrentes de su segundo género: que cuando Yoo Joonghyuk lo acompaña, no importa cuánto diga que lo odia, le da la paz que él adora.
No necesita un Alfa. Necesita un Omega que lo entienda y que conozca sus necesidades. Yoo Joonghyuk es la perfecta excusa para decir que desea ser acompañado, incluso si su excusa sea que es para mantener en margen a sus cachorros.
Mientras estaba metido en su complejo cerebro, el protagonista plantó un beso en su frente.
—Duerme. La bebé se va a enfermar por culpa de que mantienes tus feromonas en ese estado.
—¿Estás usando psicología inversa conmigo? Te aviso que eso no funciona.
Refunfuñó Kim Dokja. Su respuesta fue agresiva. No pudo evitarlo, era imposible ser él mismo cuando su Omega tomaba el mando. De por sí, Yoo Joonghyuk estaba frotando su muñeca en su cuello, cerca de sus glándulas odoríferas.
Lo hacía para molestarlo, seguramente.
Notó que sus hombros se encogieron, conteniendo una risa.
...Mínimo si va a perfumarlo, debería hacerlo bien. ¿No?
Cerró los ojos. De mala gana, enterró su rostro en los tonificados pectorales de Yoo Joonghyuk.
La bolita debajo de su camisa se movió. Entonces, se olvidó de todo lo demás y se relajó después de que una cálida ráfaga de café lo abrazó.
…Por hoy, dejará de ser terco. Permitirse esto está bien. No debería haber problema si permite a un Omega que lo cuide. Principalmente porque estar en un nido es peligroso. Al final necesita que alguien lo vigile; así conseguirá tiempo para cuidar a la bebé dokkaebi. En cualquier caso, él sería de gran ayuda. Sabe que un Omega debe concentrarse en estas situaciones específicas.
Al final, el tema era que Biyoo también estaba feliz. Entonces Kim Dokja podía aprovechar a disfrutar de esto por una noche, ¿Verdad?
