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El último vagón

Summary:

Lizardi Garibaldi descubre que no está solo en la estación, y pronto ve toda su realidad completamente alterada por un pasajero.

(Esto empezó como una bastardización de la idea "Lizardi Garibaldi x Tu nombre", pero acabó siendo otra fantasía media soñada. TVNauta no es un personaje en la historia)

Chapter 1: Primero de tres

Chapter Text

A) El Eterno

Abre los ojos para dejar pasar la tenue luz roja de la estación. Luego de tantos años, ya no lo perturba. Bueno, no molesta los ojos, pero si la vista que a veces tiene potestad de apagar. Tuvo un sueño que hace mucho que no recordaba. Silente, se paseaba por los pasillos de una librería tan grande como antigua. Hacia arriba, y hacia los lados, había infinitas hileras de anaqueles. Deambulaba como un espectro, pero como el amo de aquel repositorio. Como un rey tímido.

¿Vió, alguna vez, una biblioteca de ese tamaño? Y si es así, ¿la biblioteca era suya? La tentación de afirmar tal cosa es una trampa. Decir que recuerda la biblioteca es clamar que tiene poder sobre los recuerdos que se deslizaron entre sus dedos, hace rato ya. Decir, sin embargo, que la biblioteca fue un sueño; implica la noción de que Lizardi Garibaldi puede soñar, imaginar, creer, esperanzarse. Él sabe bien que esas cosas no le corresponden a los seres de su naturaleza.

Esta es la vida del temido espectro de la ruta 13 del metro. Más bien, la no-vida. La muerte en vida (aún mejor). Recuerdos que se parecen a sueños, que se parecen a ilusiones. Ecos tan distantes, que bien podrían ser del porvenir. Imágenes, melodías, el ocasional olor y el inesperado dolor; todo, en un bucle obsceno dentro de la cabeza esquelética del príncipe de los trenes abandonados. La poca certeza que existe en este cosmos no está hacia dentro, en su alma, sino que hacia afuera, al vagón oscuro y lúgubre que habita cuando la lucidez lo permite. 55 de sus pies de longitud, 8 de ancho; 36 asientos en hilera, dos filas paralelas de 30 focos, 6 pares de ventanas, y seis puertas, sin contar las del fondo del andén.

Este es el mundo que Garibaldi conoce, el infierno claustrofóbico al que ha sido condenado, el limbo individual en el que está atascado, el paraíso callado y seguro del que puede gozar. Hay una sola cosa que lo distrae:

El otro.

B) El Otro.

O tal vez, "la otra"; le es difícil, al espectro, diferenciar. No es que importe mucho, de todos modos. Garibaldi nunca sabe cuándo se encontrará con El Otro. Se supone que él es el espectro, sin embargo, El Otro se aparece fantasmagóricamente en su vagón cuando menos lo espera. Generalmente, llega porque se quedó dormido en el andén. A veces, está tan absorto en sus pensamientos, que no sé da cuenta de la presencia del alto esqueleto trajeado que lo mira.

Una vez, el otro buscó a Garibaldi, y lo encontró.

De arriba a abajo, El Otro es un recordatorio de cómo se debe ver un ser humano. Su rostro es redondo, a comparación de la calavera puntiaguda de Garibaldi; sus manos son delicadas y tersas, no como los palos pálidos que brotan de los muñones del espectro; sus pestañas se mueven en un sube-y-baja hipnótico; mientras que Garibaldi, no tiene párpados. Su rostro a veces era un poco distinto, pero eso solo lo hacía más interesante para el fantasma. Poco le importaba el motivo de su presencia. En un inicio, Garibaldi especuló todo tipo de conjeturas con respecto a la vida del perfecto desconocido. Su personalidad, su historia, sus preferencias.

Tal vez los ayeres ya se le habían ido, pero quedaba un espectacular sentido de curiosidad, una perspicacia infalible y voraz. Garibaldi estaba seguro de ser un investigador nato, no había duda; y abusó ese sentido inquisidor para analizar completamente a ese Otro. Reconocer que no sabía nada de él no lo frustró, por el contrario, lo hizo construirlo como un misterio; y por alguna razón, Garibaldi estaba seguro de que los misterios alguna vez fueron su gran pasión. No sabía su nombre, ni su vida, ni su propósito. Solo infirió que estaba con él, en el vagón; yendo de un lugar para otro.

"El destino ha sido cruel", pensó el eterno. Mientras que el espectro está perpetuamente atascado entre la vida y la muerte, inmóvil; el Otro va de un lugar a otro; sobre el vagón, sobre sus pies y sobre sus ideas.

Es viajero. Y luego de un par de encuentros, así lo bautizó.