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❝101 goles en Champions League y el único que importa es este❞
—Lewandowski se prepara para tirar el penal. Este podría ser su gol número 100 en Champions League, dándole entrada a un club prestigioso del que sólo Cristiano Ronaldo y Lionel Messi son miembros hasta el momento. Toma distancia y logra engañar al portero. Es gol, ¡GOOOL DE ROBERT LEWANDOWSKI! ¡BARCELONA UNO, BRESTOIS CERO!
Se alza frente a la afición culé, engrandeciéndose ante este nuevo logro, celebrando y celebrando. Los flashes de las cámaras parpadean como estrellas, los vítores de las personas se hacen uno solo y su mirada queda atrapada ante la única persona que le importa entre la multitud de fotógrafos. Espera que lo haya visto. Desea que lo haya visto.
Guiña un ojo en su dirección. Pensarán que está posando para las fotos, pero su persona importante sabrá a la perfección que ese gol le fue dedicado en su totalidad.
Trae su cabeza de nuevo al juego, aún queda camino por recorrer en la más prestigiosa de las competiciones europeas. Otro tanto se hace presente y se marcha de Montjuic con una victoria, dos anotaciones, un récord personal y la certeza de que habrá alguien esperándolo en el parqueo para festejar con emoción, pues se le había prometido una rica cena y un regalo más.
No podía esperar para tener a Pablo Gavira entre sus brazos.
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Pablo aguardó cerca de los periodistas y fotógrafos. Él mismo portando su carnet de empleado y su teléfono en mano, listo para grabar cualquier momento circunstancial del partido. No se intimidó por las grandes cámaras a su alrededor o las personas con años y años de experiencia, pues él mismo aspiraba a llegar hasta esa posición y muestra de ello es el punto en el que está hoy en día.
Una gran amiga que conoció en la universidad fue quien le consiguió las pasantías dentro del área de medios digitales y comunicación del F.C. Barcelona. Ella sabe cuán fan es del club y qué mejor manera de darle un impulso en su carrera que trabajando directamente con el equipo de sus amores. Sin embargo, no fue tarea fácil adaptarse al ambiente de una entidad tan demandante como lo es el conjunto catalán. Rotar entre área y área siendo el pasante de turno era extenuante, especialmente si te acostumbrabas a una de ellas finalmente y al día siguiente te transferían a una nueva.
Aunque, cuando llegó al área de filmación y producción, no pudo enamorarse más del trabajo. Le cogió gusto a grabar diferentes jugadas en los partidos, los entrenos, detrás de escena con los jugadores, porque era una forma de estar más cerca de la razón por la que ama al Barcelona. Tanto así, que decidió aprender por su cuenta más sobre la filmación para sacar las mejores tomas posibles, usando sus ratos libres para afinar su técnica. Fue la única vez que pidió que le dieran más tiempo en esa área. Y, bueno, quizás alguien más lo animó durante días para generar ese último gramo de confianza que necesitaba antes de hablar.
Oh, hay un secreto muy bien guardado en lo recóndito de su persona junto a las interrogantes de “¿escogí mi carrera bien?”. Hay otro motivo por el cual prefiere filmación y tiene nombre y apellido.
Robert Lewandowski.
El relato de cómo se conocieron se remonta a meses antes de empezar su pasantía, específicamente a septiembre del año pasado. La vida y su curiosa manera de obrar al hacerlos coincidir cuando Pablo se perdió buscando las oficinas de medios digitales y Robert estuvo en el momento y lugar indicado para ayudarlo a guiarse en medio de las desconocidas instalaciones. La química que surgió a partir de ese encuentro es algo que aún lo tiene alucinando hoy en día. Dos desconocidos en territorio apenas conocido y una promesa fluctuante que aseguraba ese solo fue el comienzo.
El resto es historia.
Con el partido terminado y su jornada laboral liquidada, el material audiovisual ya subido a la página y una grata sensación por su desempeño, caminó a paso titubeante hasta el parqueo para esperar a Robert. Toda la emoción que sintió minutos atrás se vio mermada ligeramente por el gran anuncio que traía entre manos. Se detuvo frente al auto y respiró profundo, buscando tranquilizarse.
Sí, definitivamente sería un anuncio que les cambiaría la vida a ambos. Tuvo días para reflexionar sobre el asunto. Muchas cosas se pondrían en juego a partir de que lo hiciera oficial, pero, sorprendentemente, no temía al porvenir. Claro, aún estaba un poco asustado, no solo por la reacción de su pareja, sino por lo que pasaría en los meses posteriores.
No obstante, no iba a mentir diciendo que no había fantaseado con ese escenario. Quizás creerían que por su edad no contemplaba dicho objetivo en un futuro cercano y, aunque al principio no lo hizo, ahora se encontraba más que entusiasmado, rebosante de esperanza ante la idea de formar su propia familia. Habría cambios en su vida, de eso está consciente, unos más bruscos que otros. Sin embargo, nada ni nadie puede arrebatarle este pedazo de felicidad. Lo defenderá con uñas y dientes.
Está preparado para lo que se viene. Él cree.
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Ambos se subieron al automóvil de Robert a la espera de arribar lo antes posible a la residencia Lewandowski. El polaco golpeaba ligeramente sus dedos contra el volante, ansioso por la sorpresa que Pablo le prometió. Se han dado sorpresas en el pasado como recompensa por alcanzar un hito importante, no es algo nuevo en su relación. Pero, si la mirada del menor que jugaba a ver a cualquier parte del auto, menos a su persona, le transmitiera algo, sería absoluta incertidumbre.
Gavi suele moverse de un lado a otro, la energía rezumando de él. Sin embargo, entró a la casa sin más ceremonia, dirigiéndose directo a la cocina para calentar la cena que preparó previo a irse al partido. Robert cerró la puerta principal con algo más que curiosidad. Algo no se sentía del todo bien, pero, ¿cómo podría demostrar su corazonada?
Luego de ordenar y llevar la comida a la mesa, se sentaron a comer en silencio. Silencio que no duró ni medio minuto antes que Pablo lo asaltara con preguntas y felicitaciones por el récord que alcanzó. El polaco suspiró con alivio, ahí está su Gavi de siempre. Respondió cada una de ellas con sumo detalle, queriéndole dedicar toda su atención a su pareja. Así mismo, él también le preguntó acerca de su trabajo obteniendo material audiovisual para la página y, con el pecho inflado de orgullo, contestó que capturó las mejores tomas de la velada, sobre todo las que fueron protagonizadas por el delantero con el número “9” en su espalda.
Terminaron de comer y el menor retiró los platos. Regresó con una bandeja llena de donas que lucían sospechosamente familiares.
Llevaban meses saliendo, las cosas se volvían cada vez más formales y Robert invitaba a su novio a pasar el día en su casa cada vez más seguido. Gavi tuvo esa época en la que quiso experimentar con la gastronomía polaca, empedernido en dominar el área y sorprender al mayor con sus creaciones.
Cabe aclarar que las cosas no terminaron tan bien al comienzo.
Sin embargo, Robert no pudo evitar que su corazón latiera desenfrenado, ahogado en amor por las molestias que Pablo se tomaba para complacerlo. Fue mejorando en cada receta, esforzándose por traer un pedazo de Polonia a la mesa de su hogar. Su favorita fue la de las donas al estilo polaco. Las preparaba sin falta cuando había algo por celebrar o cuando está de buen humor. Le tiene cierto cariño al postre porque fue el primero que pudo preparar sin ayuda y el primero que no quemó o dejó medio crudo en su primer intento.
Lewandowski se enternece cada que recuerda el dato.
—Sé que dices que mis ponchuk son los mejores, así que los creí pertinentes para la ocasión.
—Pączki, amor. Y sí, nunca me cansaré de alabarlos por lo buenos que te salen.— saboreaba el relleno de zarzamora con total deleite, mientras Pablo pellizcaba la almendra crocante de la cubierta, pensativo.
—Lo siento, tengo que practicar mi polaco. Creo que nos será necesario para el siguiente año.
Le pareció interesante la declaración. Quiso ahondar en su trasfondo.
—¿Por qué sería necesario para el siguiente año?
El español guardó silencio, prefiriendo comerse otros dos pączki de tres bocados cada uno y levantarse para ir a buscar algo a la cocina, nuevamente. Eso lo desconcertó.
Cuando regresó, colocó frente a él una pequeña caja empaquetada y una carta que yacía sobre la misma. Le observó, pidiendo respuestas con su mirada, pero Gavi solo alentó con su mano para que abriera los obsequios.
Pablo no pudo evitar que el nerviosismo crepitara por su cuerpo, jugando casualmente con sus manos. De eso Robert se pudo percatar, extrañado.
Primero tomó el sobre, expectante a lo que podría hallar dentro. Él es quien suele escribirle cartas a su amado derrochando su amor y dicha por tenerlo en su vida, no al revés. Sin embargo, siempre hay una primera vez para todo y él no se opondrá a la iniciativa.
No obstante, no encontró ninguna carta de amor, solo una hoja con resultados de un examen médico. Algo relacionado al hCG dio positivo en su sangre.
—¿Estás enfermo, Pablo?— interrogó. Su entrecejo arrugándose con profunda preocupación.
—... Yo no le llamaría “estar enfermo”. Creo que deberías abrir el otro regalo para interpretarlo.
Inspeccionó reticente la caja cubierta de papel color rojo pastel. No entendía la conexión entre el presente y la posibilidad que su pareja estuviese sufriendo de algún virus en silencio. Desgarró la envoltura, cuidadoso, limitando sus movimientos por miedo a lo que pudiera encontrar.
Eran unos zapatitos de bebé. Su color era verde, similar a una de las equipaciones que usan en la temporada actual.
Su periferia entera pareció temblar, tomándose un tiempo más largo del que desearía para analizar la implicación. Deslizó solemne sus dedos por encima del empaque, aún sin creer que una de sus más grandes metas personales por fin se materializaba frente a él y ni siquiera había estado consciente de ello.
—¿Estás embarazado?— el mareo se percibía en sus palabras.
Gavi asintió efusivo, la determinación reflejada en su postura.
—¿C-Cómo?
—Oh, venga, Lewy, no tengo que explicarte cómo se hacen los bebés, ¿o sí? Ya sabes, cuando una abeja polaca decide polinizar una flor proveniente de Sevilla porque se aman mucho-
Robert hizo un ademán para que no continuara con su explicación, sumamente avergonzado. No obstante, en ese momento finalmente recordó: no utilizaron protección hace un par de meses.
Fue un día en el que el Barcelona tuvo un muy buen partido. Robert hizo un hat-trick y Pablo, por su parte, aprobó con nota satisfactoria un examen parcial de la universidad en una clase en la que no le iba tan bien. La celebración que tuvieron esa noche se resumió a un encuentro bajo las sábanas de ambos donde la premura fue mayor, siendo incapaces de quitarse las manos de encima para ir por el mísero paquete de condones que aguardaba desolado en el tocador de la habitación.
Por más que le quemara separarse, debió ser responsable e ir por el anticonceptivo. Lo peor del caso es que no hicieron el esfuerzo por conseguir una pastilla cuando despertaran, pues se olvidaron del asunto al día siguiente.
Tuvo que hacerle caso a ese comentario disfrazado de broma que fue lanzado por Pablo donde se jactaba que es extremadamente fértil. Tal parece que había más verdad de lo que ambos imaginaron. De lo que él imaginó.
Un hijo. Una familia. Un lazo. Demonios, ¿siquiera Gavi consideró pasar sus próximos años de vida a su lado? Sigue siendo joven, con muchos sueños y metas por alcanzar. Él apunta cada vez más cerca al término de su carrera, dispuesto a dedicarse a otras cosas, entre ellas a una hipotética y añorada familia. ¿Sus prioridades podrían encontrarse en la misma página si desearan tomar el mismo paso? No quiere arruinar a Pablo, jamás se lo perdonaría a sí mismo. Es lo más precioso que tiene en su vida actualmente y no quisiera ir en contra de sus objetivos con tal de realizar los suyos.
Nunca lo obligaría.
—... ¿No estás feliz con la noticia?
La voz de Pablo, similar a la del murmuro de la lluvia ligera contra el tejado, logró sacarlo de sus cavilaciones.
Por su parte, Pablo temió haber tergiversado las palabras que un día Robert le confió. Unas que exclamaron con anhelo lo mucho que ansiaba tener una familia, niños corriendo por su casa yendo a recibirlo con emoción, pequeños a quienes les podría leer un cuento para dormir y forjar nuevas memorias a su lado, prometiendo que el día que se retirara se dedicaría con devoción a su familia. Pablo compartió también ese pensamiento, cómodo con una idea que echaba raíces cada vez más profundas en su pecho, pintándose a él mismo en un sueño ajeno y deseando fervientemente ser la persona que Robert imaginaba en dichos escenarios.
Quizás, quizás-
Lewandowski se levantó de su asiento y encerró en un amoroso abrazo a Pablo, negándose a dejarlo ir de su lado. La conmoción inicial siendo reemplazada por felicidad cruda y real.
—¿Cómo no estaría feliz, moja gwiazda? Me acabas de hacer el hombre más feliz del mundo. La verdadera celebración de hoy es que seremos padres.— le susurró al oído mientras lo levantaba del suelo. Gavi por instinto enredó sus piernas en su cintura.
—¡No me dijiste palabra alguna! ¿Cómo querías que interpretara tu silencio? Por un instante pensé que no querías esto.— Robert negó horrorizado, incapaz de imaginarse rechazando a Gavi y dejándolo a su suerte en una situación así.
—Perdón, amor. A decir verdad, nunca discutimos este tipo de planes a futuro y creí tontamente que no te gustaría estar atado a mí de esa manera.— el sevillano sorbió su nariz, las emociones contenidas saliendo a flor de piel luego de sentir alivio.
Robert lo sentó sobre la mesa, inclinándose para tomar las tersas mejillas de Gavi y apartar con sus pulgares las pequeñas lágrimas que se acumulaban en su piel.
—No me gustaría ser padre con nadie más, solo contigo. Gracias por hacer mi sueño realidad, Pablo. Te amo tanto.— declaró suavemente, él mismo luchando por mantener su compostura. Su voz quebrada demostró lo contrario.
—Tonto, es mi sueño también y lo estoy esperando con las mismas ansias que tú. No dejaría que otro hombre fuera el padre de mis hijos, Robert Lewandowski.
Intentó no regodearse ante el enunciado, pero falló. ¿Cómo podrías controlarte cuando el amor de tu vida te concede tal maravilla?
Apartó el cabello de su frente para depositar un beso en la extensión de piel sedosa. Un picoteo más sobre la punta rojiza de su nariz, otro par sobre cada mejilla abultada y uno último, el más especial, sobre su boca, embriagándose con el rastro de zarzamora en sus labios. Un beso dulce, suave como el roce de una flor, tratando de encapsular su dicha por recibir esta bendición.
Su estrella, su ángel, le dio el mejor de los regalos. Ahora le corresponde cuidarlos con todo su corazón.
—¿Hace cuánto lo sabes?
—Mmm, unas dos semanas exactamente. Esperaba la ocasión perfecta para anunciártelo.
—¿Y qué hubiese pasado si no hubiera roto mi récord hoy?— Gavi soltó una risita, acercando a su amado para fundirse otra vez en un abrazo. Esa sonrisa alegre volvió a su expresión y él mismo sonrió por instinto.
—Oh, Robert. Un poco más de autoconfianza te caería bien. Sabía que lo lograrías, de eso jamás tuve duda. Por eso y más es que yo también te amo.
El polaco se sintió como el más grande ganador de todos. Tiene a un hermoso español como pareja, hábil con la cámara y con un futuro prometedor en el área del marketing. Él mismo está tomando un rol importante en su equipo, buscando lograr bastantes cosas durante su paso por la institución blaugrana. Y ahora serán padres de un precioso bebé y por fin tendrá su tan ansiada familia. Su vida no podía ser mejor.
Pronto podría ponerse a buscar un anillo que iguale la belleza de Gavi y retomar nuevamente esa idea, a la que un día creyó descabellada, de pedirle matrimonio.
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Lewandowski pronto compartiría una foto que le daría la vuelta al mundo. Su contenido sería catalogado como un secreto bien guardado, pues su vida más allá de las canchas ha sido totalmente hermética. Hasta la fecha, no se le conocía ninguna pareja sentimental desde su llegada al Barcelona.
La imagen enmarcaba su mano junto a otra de menor tamaño. Cada una sostenía una mano más pequeña. Las manitas de un par de recién nacidos.
“Bienvenidos a la familia, nuestros pequeños Lukasz y Kristofer ♥︎”
