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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-01-09
Updated:
2025-03-19
Words:
13,953
Chapters:
5/?
Comments:
13
Kudos:
49
Bookmarks:
2
Hits:
944

What If…

Summary:

Un conjunto de escenas cortas, sin orden ni reglas, donde exploro momentos posibles entre Patricia y Néstor. Pequeños fragmentos de lo que podría ser si las circunstancias fueran distintas (o no). Muchos de ellos, creo y espero, podrían entrar en el canon.

No esperéis nada demasiado estructurado, solo momentos que me divierten, con la posibilidad de que cada una los completéis a vuestra manera.

Chapter 1: Still in Opposition

Chapter Text

Patricia estaba sentada en el borde del sofá, con una carpeta repleta de documentos sobre las rodillas. Llevaba el cabello recogido en un moño informal, y las gafas descansaban sobre su nariz. Había pasado horas preparando aquel discurso y ahora, con la mirada fija en los papeles, no podía evitar sentir que algo faltaba.

—¿Crees que suena demasiado técnico? —preguntó sin levantar la vista.

Néstor, apoyado en el umbral de la puerta con una taza de té en las manos, la observaba. Vestía ropa cómoda, unos vaqueros desgastados y un jersey de lana gris, pero en su porte había algo que siempre la hacía sentir pequeña, aunque no era mucho más alto que ella, como si su presencia llenara la habitación.

—«Las estrategias transversales para optimizar la gestión sanitaria en atención primaria»... —leyó Patricia en voz alta, frunciendo el ceño—. Suena horrible, ¿no? Demasiado vacío.

—Depende. ¿Estás intentando ganar un premio de gestión o que la gente entienda lo que quieres decir? —respondió, con un toque de ironía en su tono.

Ella dejó caer los papeles sobre su regazo con un suspiro.

—¿Puedes ayudarme o solo vas a estar ahí soltando comentarios sarcásticos? —lo retó, aunque su voz tenía un matiz entre frustración y súplica.

Néstor soltó un suspiro teatral mientras cruzaba el umbral y dejaba la taza sobre la mesa.

—Patricia, esto es un discurso político. Yo soy médico, no asesor de comunicación. 

Hizo una pausa antes de añadir, con una sonrisa:

—Sabes que me cuesta, ¿verdad? Es como si le pidieras a un vegetariano que pruebe tu mejor chuletón.

Se sentó frente a ella, pero su mirada ya estaba fija en los documentos que tenía en las manos, inspeccionándolos.

—Lo sé —admitió Patricia, con suavidad pero sin ceder terreno—. Pero también sé que puedo confiar en que me digas la verdad aunque detestes la propuesta.

Él negó con la cabeza, esbozando una sonrisa torcida mientras su mirada repasaba rápidamente cada una de las líneas de texto.

—Eres increíble. Me traes aquí, me obligas a prepararme yo mismo un té y acabas haciendo lo que te da la gana conmigo.

Patricia soltó una risa breve, divertida, pero su sonrisa tenía algo de triunfo.

—Dime lo que piensas, anda.

Néstor la miró un instante más antes de reclinarse en el respaldo del sofá, cruzando los brazos.

—«La implementación de un modelo de cogestión permitirá maximizar la eficiencia de los recursos sin comprometer la calidad asistencial... —hizo una pausa y frunció el ceño, con una media sonrisa cargada de ironía—. Esto no se lo cree nadie, Patricia.

—Néstor, va —le quitó el papel de la mano—. No te estoy pidiendo opinión sobre el trasfondo…

Patricia dejó caer los papeles sobre su regazo, con el ceño ligeramente fruncido. Néstor seguía sentado frente a ella, recostado contra el respaldo del sofá, con los brazos cruzados y una sonrisa que parecía debatirse entre el sarcasmo y la admiración. Ella volvió a alzar la vista hacia él, buscando algo más que una crítica. 

—Entonces, ¿qué sugieres? —preguntó, tratando de no sonar demasiado vulnerable.

Él la miró fijamente durante un segundo, y luego se inclinó hacia delante, apoyando los antebrazos sobre las rodillas. Su postura era relajada, pero había una intensidad en sus ojos que la desarmaba. 

—Habla como lo haces ahora —respondió, dejando que el peso de sus palabras se asentara en el espacio entre ellos—. Claro, directo... Como si quisieras que te escuchen, no que se rindan intentando entenderte.

Patricia sostuvo su mirada un instante, intentando decidir si esa observación la irritaba o la tranquilizaba. 

Al final, optó por lo segundo. 

—Tienes razón —dijo, su voz más suave ahora. Cogió los papeles y los dejó a un lado, apoyándose contra el respaldo del sofá mientras lo observaba con curiosidad—. Aunque sigo pensando que disfrutas demasiado llevándome la contraria.

Él soltó una risa baja, y, sin previo aviso, se puso de pie. La cercanía repentina hizo que Patricia se tensara ligeramente, aunque no apartó la mirada. Néstor se inclinó hacia ella, una mano apoyada en el reposabrazos del sofá, la otra muy cerca de donde ella estaba sentada, reduciendo la distancia entre ambos.

—¿Quieres que te diga lo que pienso? —murmuró, su voz grave vibrando en el aire.

Ella asintió, pero apenas tuvo tiempo de procesar lo que pasaba cuando él dejó caer una de sus manos sobre su rodilla. El contacto fue directo, firme, pero no invasivo, aunque sus dedos parecían querer explorar más allá. 

—Al discurso le faltas tú. La Patricia que pelea por lo que cree. Cuando hablas desde ahí —añadió, deslizando la mano con una lentitud calculada por encima de la tela del vestido—, haces que todo el mundo quiera escucharte. Incluido yo.

Patricia intentó mantenerse firme, pero el calor que la mano de Néstor dejaba a su paso empezó a dispersar sus pensamientos. Su mirada se encontró con la de él, y por un instante todo lo demás desapareció. El peso de los discursos, los números, las estrategias... nada de eso importaba.

—Néstor... —susurró, pero su voz apenas salió.

Él no se detuvo. Su mano se deslizó bajo el borde del vestido, acariciando con firmeza la piel desnuda de su muslo. La respiración de Patricia se volvió irregular, y todo su cuerpo se tensó bajo el contacto. Cuando sus dedos se adentraron un poco más, dibujando círculos suaves sobre su ropa interior, ella perdió por completo el hilo de lo que iba a decir.

—¿Decías algo? —murmuró él, con una sonrisa torcida, inclinándose un poco más cerca. 

Patricia negó con la cabeza, incapaz de responder. Su mente estaba demasiado ocupada lidiando con la intensidad del momento, con las palabras que ya no encontraba y la electricidad que parecía recorrerla entera.