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Como en un cuento de Hadas.
¿Qué tanto puedes amar a alguien que no existe?
El amor, un complejo y abstracto sentimiento. Es difícil explicar el por qué amas a alguien, pero es mucho más complicado dejar de hacerlo.
Es un veneno, podría decirse, un veneno que se filtra en tu sangre y hace que veas el mundo de otra manera. Te deja ciego, te hace vulnerable, pero no te mata en un instante.
Por eso, al igual que cualquier problema, debe cortarse de raíz.
El amor no te matará si no amas a nadie en lo absoluto.
O al menos eso decía el villano del webcómic que Roier leía todas sus tardes.
“El nacimiento de los Amarantos" es un webcómic que trata sobre dos reinos que vivían en paz y armonía durante años, hasta que de pronto el reino rojo terminó empezando una guerra sangrienta y sin piedad, matando a miles de personas en un abrir y cerrar de ojos
El reino Azul era liderado por una pareja de reyes, Vegetta y Foolish. Ese reino era considerado el más pacifico y a la vez más organizado posible, juntando la inteligencia política de Vegetta con la vena artística de Foolish, ambos hicieron de ese uno de los reinos más bonitos que alguien podría visitar.
Por otro lado, el reino Rojo era liderado por Cellbit, un hombre frío, distante, demasiado inteligente y que podría hacerte temblar con una sola mirada.
Sí, era el típico villano que podrías esperar en una novela, pero Roier lo admiraba.
El reino Rojo era conocido por ser más fiestero, más vivo, más caótico, aunque obviamente tenían sus límites, no era una zona de guerra en verdad, solo eran personas viviendo su vida con libertad.
Ambos reinos estaban en paz, pues ambos sabían que pelear era inútil, que solo los llevaría a la ruina, y que nada podrían ganar de ello.
Hasta que el reino Azul fue traicionado.
Nadie sabía la historia completa, de hecho, nadie sabía la verdad. Solo repetían lo que escuchaban por las calles, lo que las personas inventaron y, así de fácil, el reino rojo junto con su gente fueron vistos como animales.
Poco tiempo después de la guerra, el pueblo azul se organizó para cazar y matar al villano Cellbit, solo así devolviéndole la luz a su reino.
Es así como la novela termina, y por mucho que Roier odiara el final, seguía leyéndola una y otra vez por el cariño que le tomó a los personajes, específicamente al villano.
Y hablando de Roier, no hay mucho que señalar al respecto. Es un hombre sencillo, carismático y normal. Él y su mejor amiga, Jaiden, abrieron una cafetería juntos luego de terminar la universidad. El castaño no podía quejarse de su vida, estaba satisfecho con todo lo que tenía. O bueno, eso parecía hasta hace unas semanas. Luego de leer su novela por quinta vez, algo en él empezó a molestarlo, un sentimiento de ¿Soledad?
No, no podía sentirse solo, Roier nunca se sintió solo. Debía ser otra cosa, tal vez estaba enfermo, tal vez estaba estresado, ¿Cierto? ¡Debía tener una explicación lógica!
... Pero ese pequeño ardor en su pecho no se desvaneció. Empezó a sentirlo cada vez que salía a la calle y veía a las parejas tomadas de la mano, o cuando en su cafetería se sentaban a platicar por horas mientras disfrutaban sus bebidas.
¿Cuándo fue la última vez que él pensó en el amor? Probablemente desde la secundaria, pues había aceptado que nadie llamaría su atención (incluso sabiendo que no tenía altos estándares). Quizás... Quizás Roier solo estaba destinado a ser un buen amigo, y nada más.
Su tarde parecía ir cada vez más lento debido a los pocos ánimos que tenía ahora, se perdía en sus pensamientos, se quedaba mirando a la nada, era como si estuviera en automático. Y Jaiden lo notó.
Al llegar las ocho de la noche, la peliazul se acercó a Roier, interrumpiendolo mientras limpiaba las mesas.
“¡Roi! Puedes dejarlo así, hoy cerraremos temprano." Su voz amigable y esa sonrisa en su rostro eran cosas características de ella, su mejor amiga en verdad.
“¿En serio? Que bueno porque ya estaba empezando a sentir sueño.” El castaño estiró sus brazos, realmente necesitaba ir a casa y bañarse para dormir a gusto.
Roier no se dio cuenta de que Jaiden lo había dicho solo para que él fuera a casa a descansar, así que cuando salió él simplemente caminó por la misma ruta de siempre hacia su casa, sin prestar mucha atención en el camino. Estaba perdido en sus pensamientos, en las cosas que tenía que hacer cuando llegara acasa, o todo el trabajo que tenía para mañana.
También pensó en lo raro que se había sentido últimamente, en la soledad de su corazón, y cómo desearía que su vida tuviese un poco más de acción.
Fueron tantos sus pensamientos que no llegó a notar las luces deslumbrantes que brillaban cerca de él.
Y mucho menos el sonido de una bocina que se acercaba.
De un minuto a otro, todo fue oscuridad, y lo último que vio frente a sus ojos fue la parte delantera de un auto, tirándolo al suelo con un gran impacto. Todo a su alrededor se apagó, su mundo se quedó en silencio y su conciencia se desvaneció.
Eso hasta que el eco de unos susurros llegó a sus oídos. Sus brazos estaban pesados, no podía mover sus piernas y sus ojos no se abrían, parecía que había pasado una eternidad dormido y apenas despertaba. ¿Qué había pasado? ¿En dónde estaba?
Las voces se hicieron más cercanas y sus dedos empezaron a moverse con pequeños temblores. Le costó varios minutos que parecieron años, pero finalmente abrió los ojos y lo primero que notó fue una gran lámpara en su techo, decorada con estrellas de oro y diamantes.
“¿Qué chingados....?” Susurró para sí mismo, parpadeando con dificultad.
“¡Su alteza!” Varias personas exclamaron y se acercaron a la cama donde él estaba acostada.
“¿Quién...?” Roier sintió su garganta seca y una punzada de dolor en su frente.
Todos vieron la expresión de dolor en su rostro e inmediatamente escuchó:
“¡Llamen a su alteza el rey! ¡Rápido!”
Y así como despertó, volvió a caer dormido, pero esta vez no se sentía tan profundo su sueño. Las horas pasaron y volvió a abrir los ojos, esta vez con los rayos de luna atravesando una enorme ventana a la derecha de la habitación.
“Gracias al cielo despertaste, hijo mío.” El castaño se sobresaltó al escuchar una voz masculina a su izquierda.
Había dos hombres sentados al costado de su cama, con los rostros cansados y una media sonrisa dirigida hacia él. Era demasiado evidente que Roier no sabía qué estaba pasando en ese instante.
“¿Qué...? ¿Qué estoy haciendo aquí?” Su corazón se aceleró, su respiración se agitó. No estaba en su casa, no estaba en su cama, y las personas a su lado NO eran sus padres, entonces ¿A qué se referían con "hijo mío"?
“Roier, relájate, respira ¿Okay? Todo está bien.” Respondió uno de los hombres a su lado. Era pelinegro y tenía los ojos morados, un morado tan brillante que él nunca había imaginado ver. “Aquí estamos... Todo está bien, estás bien.”
El rubio a su lado se levantó y fue hasta una mesa cerca, tomando una jarra y llenando un vaso con agua.
Sólo entonces pudo darse cuenta de la clase de habitación en la que estaba. Era un lugar enorme, mucho más grande que la mitad de su departamento; había cuadros enormes en las paredes, decoraciones de oro y muebles de una madera blanca muy bien pulida. Parecía la habitación de un príncipe.
Entonces miró de nuevo a las personas cerca de él, tomándose el tiempo de enfocar muy bien sus rostros. Ellos eran familiares, por supuesto ¿Cómo no se dio cuenta de eso antes?
“Foolish... Vegetta...” Susurró el castaño para sí mismo, totalmente perplejo.
“¿Dijiste algo?” El pelinegro, Vegetta, lo miró con preocupación.
Todo a su alrededor pareció detenerse. Esas personas, esa habitación... Ya sabía dónde estaba ¿Pero cómo? ¿Acaso estaba soñando? ¿Estaba alucinando? ¿Perdió la cabeza por tanto estrés?
¿Por qué demonios estaba en la habitación con los dos reyes del webcómic que leyó? ¿Y por qué lo llamaron hijo?
Foolish se acercó a él, pasándole un vaso de agua para que lo tomara y aclarara su garganta (Roier lo aceptó sólo para saber si estaba soñando, pero no, parecía todo tan... Real). Los tres se quedaron en silencio unos segundos, Roier no sabía cómo expresar en palabras toda su confusión, el miedo... Justo cuando quería hablar, fue rodeado por los brazos de ambos hombres.
“¡Lo sentimos tanto, hijo!” Vegetta empezó a sollozar “Lamentamos tanto haber puesto una gran responsabilidad en tus hombros, aún eres joven y es normal que te hayas asustado demasiado.”
Roier no sabía nada de lo que estaba diciendo, o mejor dicho, no entendía a qué se refería exactamente con 'Responsabilidad'
“Es cierto, perdona nuestro error, hijo, sabes que te queremos demasiado y eres lo más importante para nosotros.” Agregó Foolish, abrazando con un poco más de fuerza a Roier y a Vegetta.
Lo admitía, se sentía bien ser abrazado, era un sentimiento cálido y amoroso, podía sentirlo a través de sus palabras, no parecían estar actuando o mintiendo. Pero Roier seguía confundido, así que no podía hacer más que sonreír incómodamente y darles unas palmadas en la espalda.
“Todo bien... Ni siquiera recuerdo lo que pasó, heh...” Susurró el castaño.
Después de decir eso, los hombres se separaron para verlo a los ojos. Viendo un poco más de cerca, Roier se dio cuenta de lo inesperadamente guapos que eran, lo mínimo que podía esperar de la realeza (después de eso se preguntó cómo se veía ahora mismo, esperaba que al menos no tuviera ojeras como en la vida real). El joven se regañó a sí mismo por pensar en eso en vez de preocuparse por lo que estaba pasando.
“No tienes que asistir al baile de mañana si no quieres, lo entendemos, Foolish y yo nos encargaremos de todo.” El hombre pelinegro habló con seriedad, limpiándose las pocas lágrimas que quedaban en sus pestañas.
¿Un baile? Roier parpadeó repetidamente. Okay, si ahora mismo estaba 'soñando' con el webcomic que había leído, probablemente el baile al que se refería era al primer intento de hacer un acuerdo entre ambos reinos, poco antes de que empezara la guerra. Si no mal recordaba, el Reino Azul organizó todo un baile y una cena especial para encontrarse con el Rey Cellbit y así conversar sobre política y evitar una posible guerra. En la historia Cellbit parecía estar muy distante, muchísimo más de lo que recordaban, era extraño, no tenían idea de qué había pasado para que adoptara esa actitud.
Pero Roier sabía todo.
“¡No!” Roier los interrumpió “No se preocupen por mí, estoy bien, quiero asistir al baile. Quiero ayudarlos, sé que puedo hacerlo ¿Por favor?”
Había un gran rastro de determinación en su rostro, algo que nunca habían visto en él. Roier estaba muy emocionado en el interior, se sentía demasiado poderoso por saber lo que pasaba en el futuro, quizás incluso podría cambiar toda la historia ¡Podía salvar a todos! ¿No era eso emocionante? No importa que todo eso sea un sueño muy vívido, debía aprovechar cada segundo antes de despertar y encontrarse con su tan aburrida rutina.
“¿Estás seguro, hijo?” Preguntó Foolish.
“Absolutamente.”
Su respuesta casi inmediata sorprendió a ambos. Se miraron entre ellos, hablando con sus miradas, después de unos segundos, Vegetta suspiró y sonrió dulcemente.
“Ese es mi hijo.” Le acarició la cabeza tiernamente antes de levantarse y estirar sus brazos “Pero antes de eso debemos asegurarnos de que estés bien, no quiero que vuelvas a desmayarte en medio de la fiesta.”
Y con eso ambos hombres salieron de la habitación, dejando a Roier solo en medio de la cama, solo. Obviamente él no se quedó quieto esperando, tan pronto la puerta se cerró él saltó de la cama y revisó toda la habitación, todos los armarios y muebles.
Había ropa elegante, trajes hermosos con detalles maravillosos de encaje. Habían fotos, fotos de sus padres, de paisajes hermosos y... Sorprendentemente, fotos de él. Fotos de él con muchos juguetes, peluches, era su infancia. Claro, no era exactamente SU infancia, porque él no recordaba haber vivido nada de eso, solo recordaba leerlo mientras iba en el bus todos los días.
Era extraño, ver cosas de él mismo sin sentir que era la misma persona.
“Este sueño es demasiado raro... ¿Acaso estoy alucinando?” Susurró para sí mismo, dejando el álbum en su estantería.
Pensándolo mejor, todo eso era triste ¿Qué tan miserable era su vida como para soñar algo así? ¿Por qué no podía despertar? ¿Por qué no recordaba lo último que estaba haciendo antes de despertar en esta ilusión?
Un suspiro salió de sus labios.
No quería llorar, no quería asustarse ¡Era Roier! Él nunca se preocupaba, él sólo vivía su vida normal... Pero ahora, Dios, era como si todos los sentimientos que guardaba finalmente se hubieran desbordado. Una lágrima empezó a formarse en la esquina de sus ojos, pero inmediatamente se limpió y sonrió.
“No es momento de estar lloriqueando, debo prepararme para el baile de mañana, al menos podré salvar a todos.”
'Al menos podré ser útil' pensó Roier, y fue así que su día pasó rápidamente, preparando su vestuario, preparando todo lo que debía decir una vez que se encontrara a Cellbit, pero más que eso... Debía aprender a bailar un vals para no pasar vergüenza en la cena.
[...]
La mañana llegó y Roier difícilmente pudo levantarse, le pesaban los ojos por haberse dormido tan tarde. Al mirar el techo de la habitación el castaño casi se cae de la cama, por un segundo había olvidado dónde se encontraba. Era extraño, no esperaba seguir ahí, pero realmente estaba pasando... Eso hizo que Roier realmente pensara que ahora mismo estaba inconsciente en la vida real.
“Ay, no podré avisarle a Jaiden para decirle que no iré a trabajar, chingada madre...” Susurró él.
Era una tontería preocuparse por eso ahora, pero después de todo aún tenía responsabilidades en su vida normal y aburrida. Independientemente de eso, no tardó mucho en la cama esa vez pues rápidamente llegaron varios empleados para ayudarlo a vestirse e ir a desayunar.
La comida fue tranquila, y aprovechó la oportunidad para poder explorar un poco el gran castillo. Todo era como lo recordaba en la historia así que tampoco necesitó un guía o algo parecido, era como si conociera ese lugar como la palma de su mano.
“Gracias Roier del pasado por leer cómics, eres un chingón.” Se alentó a sí mismo mientras admiraba unas pequeñas estatuas en el salón principal.
Sus padres se encargaron de que el salón estuviera maravilloso, deslumbrante como en un cuento de hadas (que no estaba muy lejos de la realidad). Foolish principalmente se emocionó con la decoración, quería que fuera lindo y así tal vez generar un ambiente positivo cuando conversaran con Cellbit, pero ahora esa era su misión.
Este era el plan de Roier:
Primero, presentarse a Cellbit y causar una buena impresión, la mejor de todas.
Segundo, pedirle que baile con él, eso definitivamente hará que rompan el hielo y así podrán hablar con más tranquilidad después.
Tercero, convencer a Cellbit de que la guerra solo les traerá tristeza y que lo llevará a su muerte (algo que él ya sabía de antemano).
Cuarto, salvar a todos.
Un plan sencillo, rápido y definitivamente bien pensado... A la manera de Roier. No podía esperar, había estado practicando casi toda la noche para ese momento, no podía fallar ¡No podía perder su oportunidad!
El castaño estaba tan perdido en sus pensamientos que no escuchó cuando alguien más entró al salón, llamando su nombre. Fue hasta que sintió una mano en su hombro que finalmente se dio cuenta de que no estaba solo.
“¡AY, MIERDA!" Gritó asustado, dándose la vuelta para mirar a quien lo había tocado. Era Foolish, con una sonrisa burlona “Oh, hola papá.”
“Te llamé varias veces ¿Qué tanto estás pensando que te tiene distraído?”
Ambos empezaron a caminar hacia sus respectivos asientos, reservados únicamente para ellos tres y Cellbit. El joven suspiró, dejando caer su cara sobre la mesa.
“Lo siento... Estoy un poco nervioso nada más, no soy tan bueno bailando, y hablar con la gente es complicado, me da miedo decir algo y que todo se vaya al carajo.”
“Recuerda que a tu padre no le gusta que hables así.” Foolish lo miró con una sonrisa.
“¡Ay! Es verdad, disculpa.” Claro, había olvidado que la realeza no dice groserías (o al menos no las que normalmente él usa).
Foolish soltó una risa tranquila antes de acercar su mano hacia su cabeza y acariciar el cabello del castaño.
“Mira, no tienes que estar preocupado por esas cosas, estaremos ahí todo el tiempo y estoy seguro de que todos te adoran. Siempre y cuando no te emborraches demasiado y empieces a lanzar comida por los aires, todo estará bien.”
Roier desvió la mirada, definitivamente no estaba en sus planes el tomar alcohol así que eso era lo último que imaginaba que pasaría. Su corazón latía con fuerza, pero escuchar esas palabras hizo que se tranquilizara un poco, definitivamente se podía sentir seguro estando al lado de esas dos personas, incluso si él realmente no podía verlos como sus padres todavía, incluso si todo eso era mentira...
“Roi, todo estará bien.” Susurró una vez más Foolish, antes de darle un pequeño jalón en su oreja, haciendo que Roier se quejara por el dolor “Ahora ve a cambiarte, tenemos que estar listos con anticipación.”
“Ay, ay... Está bien, me voy.” Roier se levantó, pero antes de caminar hacia la salida rodeó a Foolish con sus brazos “Gracias... Ahora me siento mejor.”
Y con eso ambos sonrieron. Mientras más se acercaba la hora de la cena, más animado se sentía el castillo. Roier ya estaba listo, llevaba un traje rojo brillante, con bordados de oro y una gran araña en su espalda, una característica suya que parecía tener en toda la ropa de su clóset. Mientras él esperaba, no dejaba de repetir en voz baja toda la presentación que había planeado.
“Buenas noches, su majestad Cellbit... ¿Su majestad? ¿Eso suena bien?” Murmuraba mientras caminaba de un lado al otro en su habitación “Me presento, soy el príncipe Roier... Es un gran honor tenerlo aquí esta noche.”
Cualquier otra persona se habría mareado por la cantidad de vueltas que dio mientras susurraba cosas que solo él entendía.
No sabe cuántos minutos pasaron, ni siquiera sabía en qué momento cambió todo su discurso por milésima vez, lo único que sabía es que la hora ya había llegado ¿Por qué? Pues porque escuchó el sonar de una campana y varias voces afuera.
Roier se miró al espejo por última vez, analizando su apariencia. Todo estaba bien, era él, parecía que llevaba un disfraz pero definitivamente era él.
Respiró profundamente, sosteniendo con fuerza una rosa contra su pecho.
“Tú puedes hacerlo, Roier... Salva a todos.” Fue lo último que dijo antes de dejar la flor en su tocador y salir de su habitación.
Oficialmente la noche había comenzado.
Lo primero que hizo antes de presentarse al público fue encontrarse con sus padres, quienes lo estaban esperando para finalmente darle inicio a la cena. Vegetta estaba terminando de acomodar la corbata de Foolish antes de voltearse a verlo.
“¿Listo? ¿Estás bien?”
“¡Perfectamente!” Roier sonrió tan brillantemente como siempre.
Los tres se detuvieron frente a la puerta, dando una profunda respiración para calmar los nervios que cada uno sentía. Sí, Foolish y Vegetta llevaban siendo reyes por más de una década, pero eso no quitaba que sintieran ansiedad cuando de estas cosas se trataban, al final toda la responsabilidad estaba en sus hombros y miles de personas dependían de ellos.
Las puertas principales se abrieron, gran parte de los invitados estaba llegando y se empezaba a escuchar el eco de las risas y conversaciones por toda la sala. Cuando los tres entraron, todos guardaron silencio y llevaron sus miradas hacia ellos.
Vegetta fue el primero en dar un paso y saludar:
“¡Bienvenidos sean todos! Nos sentimos muy agradecidos de tenerlos aquí en una cálida noche como la de hoy, por favor, disfruten el banquete, la música y los postres. Esta noche no piensen en nada más que en la bendición que es que todos estemos aquí en esta época del año.”
Foolish se acercó a su lado, sosteniendo su cintura con cariño.
“Mi lindo esposo tiene razón, por favor, disfruten esta noche y diviertanse.” Una ola de aplausos inundó la sala, como era de esperarse.
Y Roier sintió un poco de pena al verlos actuar de esa forma.
No le parecía tonto, al contrario, es realmente lindo y romantico, pero era la típica reacción que tenían todos al estar cerca de una pareja demasiado cariñosa, solo quería voltear hacia el lado contrario para no verlos.
Él no dijo nada, tampoco le exigieron que lo hiciera, solo tenía que quedarse al lado de sus padres mientras saludaba a todos los invitados.
Sí, a absolutamente todos.
Eran como 10 familias reunidas en un mismo lugar, Roier podía sentir sus mejillas doler por estar sonriendo tanto tiempo y juraba que su mano se había adormecido por tantos apretones de mano que tuvo que dar. Sabía que ser un príncipe era complicado, pero no esperaba que lo fuera tanto.
Y todavía era afortunado por no tener que aprenderse el nombre e historial político de cada una de esas personas.
Justo cuando el castaño se escapó un momento para buscar algo para beber fue que escuchó unos susurros.
“¿Lo oíste? Acaba de llegar…”
“¿Crees que venga a causar problemas? Según los rumores, en su reino siempre hacen fiestas salvajes…”
Tuvo dificultad para escuchar la continuación de la conversación, pero no fue necesario porque tan pronto terminó de darle un sorbo a su copa, las trompetas sonaron.
Todos en el salón guardaron silencio, los murmullos se detuvieron y nadie se movió, incluso podía jurar que muchos dejaron de respirar por un segundo.
¿Y cómo hacerlo? Si por la puerta empezaron a entrar varias personas con trajes negros y capas rojas, parecían soldados incluso cuando era ropa claramente más elegante que cualquier uniforme. Quizás solo era su estética, una que solo podía pertenecer al:
Reino Rojo.
Roier casi se atraganta con su bebida. No estaba muy cerca de la entrada así que apenas podía ver de lejos y, oh Dios. En su vida diaria Roier ya estaba completamente encantado con el personaje que era Cellbit, su diseño era precioso y leer todo lo que estaba relacionado con él era satisfactorio, su pasado, sus miedos, su carisma, era un personaje tan profundo que vivió un pasado tan trágico pero que merecía tanto amor.
Y era increíblemente hermoso, por si quedaba alguna duda.
Pero verlo definitivamente lo llenó de tanta ansiedad, pues era hora de empezar a poner en marcha su plan, no podía ser tan difícil ¿Cierto?
Roier tragó saliva y rápidamente empezó a caminar a través de todas las personas. Vio que sus padres ya estaban juntos en medio del salón para darle la bienvenida al invitado especial así que él tenía que estar a su lado.
Después de dejarle su copa a un mesero rápidamente sacudió sus manos sobre sus pantalones para limpiarse el sudor (algo que Vegetta en más de una ocasión le dijo que no hiciera).
Los tres miraban al frente, con una sonrisa leve. Y por fin Roier pudo verlo con claridad.
Un hombre alto, con una postura despreocupada, caminaba como si ese fuera el jardín de su casa. Miraba al frente con un rostro serio, transmitía seguridad, indiferencia y una mezcla de frialdad, todos parecían congelados mientras escuchaban el sonido de sus pasos.
Su cabello largo era de un rubio oscuro, pero tenía varios mechones blancos que caían sobre sus hombros. Sus ojos de un color azul profundo le recordaban al mar, pues parecía que podía perderse en ellos mientras más tiempo lo veía.
El joven castaño sintió un revoloteo en su estómago mientras veía la escena frente a él, y podía jurar que por un momento el tiempo se detuvo. Sin darse cuenta, el agraciado hombre ya estaba frente a ellos, con una sonrisa leve, casi imperceptible.
“Buenas noches.” Su voz era como el cantar de las aves.
“Buenas noches, su majestad, Cellbit.” Vegetta fue el primero en saludar, entregando su mano para que ambos se saludaran.
Después Foolish. Y Roier estaba tan perdido que no se dio cuenta que ahora lo estaba mirando fijamente a él, con su mano extendida.
“Su alteza, príncipe Roier.” Esa frase lo sacó de sus pensamientos y de forma inquieta respondió el saludo.
Podía sentir que su mano estaba siendo totalmente envuelta por la de él, como si fuera tan fácil sostenerlo. Un escalofrío recorrió su espalda, el contacto era tan… Real.
“Buenas noches…” Respondió Roier. Por alguna razón su voz ahora se escuchaba más baja que antes.
Podía sentir todas las miradas en ellos, pero probablemente nadie lo estaba viendo a él ¿Cómo hacerlo cuándo era Cellbit quien estaba presente? Pero sorprendentemente el rubio ya estaba acostumbrado a eso, tanto que sus ojos estaban fijos en Roier y en nada más, al menos por unos simples segundos.
Después de saludar, Foolish le hizo una pequeña señal a un sirviente para que los siguiera.
“Permita que lo llevemos a nuestra mesa, la comida ya está lista.” Cellbit comería junto con ellos mientras que sus súbditos se iban a otra mesa para que también pudieran disfrutar de la comida.
“Los sigo.” Fue así que pudo escuchar como todos en el salón suspiraron de alivio, pues parecía que Cellbit estaba más tranquilo de lo que decían los rumores.
Cuando todos se sentaron en la mesa Roier podía escuchar su corazón latir con fuerza, estaba a pocos metros de distancia de él, era real, podía sentirlo, podía escucharlo… Parecía una exageración, pero se trataba de el personaje favorito de Roier.
El personaje por el que estuvo (estaba) obsesionado por semanas. El personaje por el que había desarrollado sentimientos reales.
Pensándolo bien, era demasiado patético eso, pero ahora no podía prestar atención en las voces de su cabeza que lo insultaban, todo su interés estaba puesto en el hombre que tenía al lado.
Roier nunca fue malo interactuando con las personas, de hecho era fácil para él mantener una conversación aunque no tuviera ganas de hablar. Aunque, claro, en ninguna de esas ocasiones estaba conversando con alguien por el que se sintiera atraído, entonces eso explicaba todo.
“Entonces, su majestad ¿Cómo estuvo el camino?” Preguntó Foolish con una dulce sonrisa.
“Estuvo bien, muy tranquilo.” Cellbit parecía tener poca reacción y simplemente empezó a comer sin problema, bebiendo el vino rojo que les habían servido (Roier estaba bebiendo un jugo de frutas, no es que fuera un niño, simplemente tenía poca tolerancia al alcohol).
Roier no recuerda el rumbo que tomó la conversación, estaba tan nervioso pensando en su plan que se distrajo completamente,
Ya se había presentado a él, entonces el primer paso estaba listo, pero ahora ¿Cómo iba a pedirle bailar?
¿Qué haría si le dice que no? ¡No, no! Eso no puede pasar, tiene que convencerlo y lograr que pase un buen rato para finalmente llegar al paso tres.
“¿Todo está bien, su alteza?” Cellbit rompió el corto silencio que se había formado entre ellos.
“¿Eh?” Roier alzó la mirada, perdido “¿Yo? Oh, claro, todo está bien, su majestad.”
Quería enterrar su cabeza bajo la tierra. Podía sentir su sangre arder y llegar a su rostro, dejándolo completamente rojo por la vergüenza. Se sentía tan idiota, un completo y maldito idiota.
La cena continuó y afortunadamente nada más pasó, gracias a que Cellbit tampoco parecía ser de muchas palabras. Solo cuando terminaron sus platillos fue que Roier se dio cuenta de que en ningún momento hablaron sobre política, pero probablemente era porque querían hacerlo en privado después del baile, así que esa era su oportunidad.
La gente ya empezaba a levantarse y la música estaba por empezar, podía ver a todos los hombres atravesando casi todo el salón para ir hacia la persona a la que le pedirán un baile.
Bien, era hora.
Pudo ver como Cellbit se encontraba conversando con algunas personas, eran los mismo con quienes había llegado pues sus vestimentas eran parecidas, probablemente sus amigos.
Y pudo confirmarlo cuando vio a un hombre rubio y de ojos verdes tranquilamente riendo con él. Si no estaba equivocado, ese era Philza, su mano derecha, aunque aparecía muy poco en la historia, estaba más preocupado con sus propios asuntos y solo quería una vida tranquila.
Le costó mucho tomar valor, ni siquiera sabía que podía tener tanto, pero finalmente consiguió acercarse a él y hacer una pequeña reverencia.
“Su majestad Cellbit….” Su voz tembló al llamarlo, nuevamente tuvo que aclarar su garganta para alzar un poco más la voz y ser oído claramente “¿Podría darme el honor de bailar conmigo?”
Tanto Cellbit como sus amigos se quedaron en completo silencio, ninguno parecía esperar algo como eso, en realidad, parecía que estaban dispuestos a pasar toda la noche hablando entre ellos sin interactuar con los demás (lo que era algo triste).
Cellbit se quedó perplejo, viendo en silencio, solo fue hasta que Philza le dio una palmada en la espalda que finalmente respondió.
“Sería un placer, por supuesto.”
Y antes de darse cuenta ambos ya estaban caminando hasta el centro del salón.
Estaba de más decir que casi todos, por no decir TODOS, los estaban mirando con pánico, miedo, como si algo terrible estuviera por acontecer; Roier no había pensado en cómo los verían desde otra perspectiva así que realmente lo tomó por sorpresa, tanta que se quedó inmóvil frente a Cellbit.
“Eh…” No sabía donde poner sus manos ¿Era extraño que dos hombres bailaran un vals? No se lo había preguntado antes en realidad.
“¿Arrepentido?” Preguntó Cellbit con un tono burlón, pero al mismo tiempo podía sentir una clase de resignación, como si ya estuviera acostumbrado a que esas cosas pasaran.
Eso fue lo que hizo que Roier frunciera el ceño y sonriera.
“Para nada.”
Él no había terminado su frase todavía cuando de pronto sintió la mano derecha de Cellbit acercarse tan peligrosamente hacia su cintura y atraerlo hacia él, cortando toda distancia entre ellos. Roier podía sentir la respiración suave y casi imperceptible del rubio.
No era necesario recordar que el castaño nunca antes había bailado con un hombre, de hecho, nunca antes había estado tan cerca de uno. Roier estaba tan ansioso, las miradas se sentían tan fijas en su piel como si fueran un montón de cuchillos apuntados hacia ellos dos. Incluso sabiendo que ellos no estaban haciendo nada malo.
“¿Sientes miedo?” Preguntó en un susurro, era sorprendente que su voz pudiera escucharse tan sutil.
“No… Simplemente nunca había recibido tanta atención, siento que pueden ver mi alma.” Respondió Roier con una sonrisa nerviosa.
El rubio soltó una pequeña risita. Wow, nunca imaginó que eso sería posible.
“Con el tiempo te acostumbras.” Esa respuesta sonó tan natural, tan tranquila.
Roier empezó a sentir un revoloteo en su estómago, un calor en sus mejillas. Dios mío, apenas se dio cuenta de lo cerca que estaban, de lo fácil que era ver sus lindos ojos azules. Cellbit era tan hermoso como siempre, no, era mucho más lindo de lo que alguna vez imaginó que sería. ¿Cuántas veces podrías tener esa oportunidad en la vida? Era casi imposible, de hecho ni siquiera había confirmado si todo eso era real, se sentía real, pero podía ser todo un sueño, una ilusión de su cerebro.
Pero Roier no podía estar más que agradecido por eso.
“Solo concentrate en mí.” Mientras decía eso Roier miró como entrelazaron sus dedos, sintiendo el frío de sus manos.
Todo su cuerpo transmitía frío, era un poco extraño, pero de alguna forma se sentía tranquilo, como si estuviera seguro a su lado. La música empezó a sonar y con eso todas las parejas a su alrededor comenzaron a bailar. Roier no podía apartar sus ojos de él, era como si un imán lo estuviera atrayendo.
¿Eso era el amor?
Esperaba que sí.
Su suave toque lo guiaba, girando con elegancia mientras se miraban a los ojos y se comunicaban con las miradas. No era necesario decir nada, incluso cuando Roier estaba tan extasiado por dentro; por favor, era el hombre de sus sueños, debían darle un premio por saber mantener la calma en una situación como esa.
Cellbit no mintió, mientras bailaban llegó un punto en el que dejó de sentir las miradas, se acostumbró a ellas que parecía que ni siquiera estaban.
“Eres increíble…” Dijo Roier con un tono completamente hipnotizado.
“¿Disculpa?” Cellbit fue tomado por sorpresa, pero antes de que Roier pudiera buscar una excusa, la música acabó y todo el salón se llenó de aplausos.
¿En qué momento el baile había terminado?
Roier, completamente avergonzado, se separó de Cellbit e hizo una pequeña reverencia con educación.
Y se fue corriendo. No, no es una exageración, el castaño empezó a caminar rápidamente hacia otra dirección, lejos de todos.
Llegó al patio delantero, donde había una enorme fuente y todo el suelo estaba lleno de flores coloridas y con olores magníficos. Roier corrió hacia la fuente y se sentó en la orilla, llevándose una mano al corazón.
Latía tanto, con tanta fuerza y pasión que no podía controlar. Su pecho subía y bajaba, sus mejillas le ardían tanto que quemaba por dentro, parecía como si estuviera enfermo. Enfermo de amor.
“Roier, eres un pendejo…” Se dijo a sí mismo mientras veía su reflejo en el agua.
No podemos juzgarlo, Roier no sabía mucho de romance y era un total inexperto en el amor. Esa era la primera vez en toda su vida que se había quedado tan hipnotizado viendo a alguien, deseando que el tiempo se detuviera para poder verlo aún más. Deseaba sentirlo, oler su alma, escuchar los latidos de su corazón.
Pero no podía, obviamente no podía, se trataba de nadie más que el villano, por el amor de Dios.
No podía desconcentrarse cuando su misión era salvarlos a todos.
Roier estaba tan ocupado regañando su propio reflejo que no escuchó los pasos que se acercaban a él, solo hasta que sintió una presencia a pocos centímetros de distancia. El castaño volteó y alzó la mirada, viendo a Cellbit parado frente a él.
“No me gusta que me dejen en medio de una conversación, es de mala educación.” Su voz era seria, pero no mostraba ningún signo de molestia.
Aún así, Roier se levantó con rapidez e hizo una reverencia nuevamente.
“Me disculpo, su majestad.” Roier miraba el suelo, totalmente nervioso.
Cellbit lo miró en silencio unos segundos, analizando toda su apariencia, su lenguaje corporal, su presencia, y su única respuesta fue sentarse justo a un lado donde él estaba recientemente.
Confuso, Roier volvió a sentarse, esta vez viendo el suelo mientras que Cellbit daba una pequeña vista central a todo el patio, admirando las decoraciones y las flores.
El castaño sentía sus manos temblar. Debía decir algo, debía seguir con su plan…
“Se ven muchas estrellas desde aquí.”
Roier alzó la mirada, dándose cuenta del hermoso cielo estrellado que tenían sobre ellos. En ningún momento de toda su vida había visto un cielo tan hermoso como ese.
“¡Es increíble!” Roier sonaba genuinamente sorprendido, y sus ojos se iluminaban con el brillo de la luna y las estrellas.
Al voltear su rostro se encontró con el de Cellbit, quien ya estaba mirandolo desde antes. El frío viento recorrió su espalda, haciéndolo temblar.
Y justo cuando Cellbit iba a decir algo, el ruido de unos pasos llamó la atención de ambos. Vegetta estaba de pie a la distancia, viendo con una sonrisa y mirada serena.
“Su majestad, Cellbit, creo que es hora de que nosotros hablemos de algunos asuntos importantes.” La voz tranquila pero firme de su padre hizo que sus pies volvieran a tocar tierra.
Era hora de que ambos hablaran sobre política. Tenían que asegurar la paz, tenían que firmar un acuerdo y así evitar el conflicto que vendría más adelante. Tenían que hacerlo… Porque si no era así, no quería nada.
Roier se levantó rápidamente, ansioso.
“¿Puedo ir con ustedes? Quiero escuchar todo.”
“No, Roier, esto es solo entre nosotros.” Vegetta ni siquiera lo dudó.
Su corazón empezó a latir, esta vez con más fuerza. No podía gritarles, no podía explicarles que era necesario que él estuviera ahí, no podía decirles simplemente que él sabía cómo terminaría todo si es que ambos no hacen un tratado de paz. En su cabeza aún podía verlo, las imágenes de ambos reinos en completo caos, las personas gritando por sus vidas, la sangre que fue derramada…
Cellbit se levantó en silencio y se puso frente a Roier, cubriendo su visión de su padre.
Su presencia era imponente, era más alto que él. Con movimientos rápidos, el rubio se quitó su gran capa y con mucho cuidado la colocó en los hombros del castaño, cubriendo todo su cuerpo para que el frío viento no lo tocara.
Roier alzó la mirada, preocupado.
“Cellbit…” Susurró viéndolo a los ojos.
Pero no respondió. Después de unos segundos el rubio simplemente se dio la vuelta y empezó a seguir a Vegetta hacia el interior del castillo, dejando a Roier en completa soledad en medio de todas las flores.
Roier quería llorar, quería gritar. Pero se le ocurrió algo mucho mejor que eso.
El tiempo pasó, Cellbit ni siquiera sabía cuántas horas había estado encerrado en una sala con Foolish y Vegetta hablando, parecía una eternidad y la realidad es que ni siquiera quería estar ahí, hubiera dado todo por no estar ahí. Cuando todo terminó, él y sus amigos salieron del castillo, caminando hacia su carruaje.
“¿Cómo te fue, Cellbo? ¿Por qué tardaste tanto?” Preguntó una mujer con el cabello rosa como un chicle mientras estiraba sus brazos.
“Fue… Cansado, no quiero pensar en eso ahora.” Cellbit respondió con un suspiro.
“¿Dónde está tu capa?” Philza lo miró confundido.
Cellbit se detuvo abruptamente. Él siempre fue bueno escondiendo sus emociones, era fácil mantener una postura de seguridad e indiferencia frente a todos mientras encerraba en un baúl todos sus más oscuros pensamientos; pero en ese momento había algo, una cosa que lo estaba molestando.
Se dio la vuelta, mirando hacia el castillo detrás de ellos. Se fijó en las ventanas, en las sombras que hacían las personas al pasar, en las luces.
Buscaba algo… O mejor dicho, a alguien.
Después de unos segundos sin poder hacer nada, suspiró cansado y caminó rápidamente hacia su carruaje.
“Vámonos ya.” Ordenó con seriedad, y todos entendieron que era momento de dejarlo solo.
Todos sus amigos se subieron al otro carruaje de atrás, dejando a Cellbit en completa soledad delante de ellos. Sabían que su cabeza funcionaba de maneras diferentes y que necesitaba el silencio para aclarar sus ideas, así que nadie se sorprendió por esa actitud.
El rubio se sentó, con los brazos cruzados y los ojos cerrados, quería dormir un rato… Pero entonces escuchó algo. No habían pasado ni 5 minutos desde que empezaron a avanzar y escucho un movimiento debajo de su asiento.
Luego otro.
Y finalmente una voz.
“¡Ayuda! Creo que me atoré.”
Cellbit rápidamente se levantó y se arrodilló para mirar debajo de el asiento, solo para toparse con Roier completamente despeinado, escondido en la oscuridad.
“¡¿Qué rayos haces ahí?!” Cellbit estaba perplejo. Rápidamente lo ayudó a salir, ni siquiera tenía idea de cómo fue capaz de caber ahí abajo.
Al salir, Roier se tiró al asinto intentando recuperar el aliento, esconderse y mantenerse inmóvil era una tarea realmente difícil y muy complicada. Cellbit se sentó frente a él, aún incapaz de entender la situación.
“¿Qué estás haciendo? ¿Por qué te subiste aquí?” Era la primera vez que Roier lo veía hablar de forma más animada, no usaba ese tono serio que había escuchado en toda la cena.
“Su majestad, tiene que escucharme, por favor.” Roier tomó las manos de Cellbit y las juntó con las suyas, mirándolo a los ojos con desesperación.
“No puede permitir que nuestros dos reinos vayan a la guerra, no puede permitir que tanta gente muera ¡Por favor! No puedo explicar cómo sé esto pero, se lo aseguro con todo mi corazón, necesita firmar un acuerdo de paz ahora, o toda su gente morirá, no quedará nada.”
Habló tan rápido que a Cellbit le costó entender lo que decía, mucho más cuando solo podía enfocarse en la forma que le agarraba las manos.
Se sentía extraño… Volvió a sentir lo mismo que cuando bailaron, era un cosquilleo, un calor, algo especial .
“¿Me está escuchando, su majestad?” Preguntó Roier, ansioso.
El rubio salió de ese pequeño trance y rápidamente alejó sus manos, mirando a Roier con un poco más de amabilidad.
“Primero respire, su alteza, está muy alterado y apenas pude entender todo lo que dijo.” Con mucha delicadeza Cellbit volvió a acomodar la capa en los hombros de Roier.
El castaño asintió, empezando a respirar profundamente para volver a empezar a hablar, debía organizar bien sus ideas.
“Solo… Por favor, necesita evitar que se arme una guerra… Sé que usted se preocupa mucho por todas las personas en su reino y lo peor que podría hacer es que terminen pagando por culpa de otras personas.” Roier lo miró con determinación, no estaba en sus planes irse sin antes haberse asegurado de conseguir lo que quería.
“¿Quién mencionó lo de una guerra?” Cellbit estaba totalmente perdido, pues nunca estuvo en sus planes hacer eso.
De hecho, esa ni siquiera era la razón por la que había hablado con Vegetta y Foolish en primer lugar.
“Ni siquiera tienes idea de por qué vine aquí, ¿Cierto?” preguntó Cellbit, volviendo a cruzarse de brazos.
Roier se quedó inmóvil, intentando recordar todo lo que había pasado en las últimas horas; poniendo toda su atención en intentar entender a qué se refería exactamente con esa pregunta. ¿No era obvio? ¿No había venido solo para hablar con sus padres por algunos desacuerdos entre reinos? ¡Era eso lo que había pasado en su cómic que leyó! ¿Qué más podía ser?
“No, me temo que no…” Respondió Roier apenado.
El rubio suspiró, pero era lo que imaginaba por la forma en la que estaba actuando toda la noche con él.
“Bien… Quería que fueran tus padres los que hablaran contigo pero debido a que te metiste a mi carruaje sin permiso y empezaste a hablar de esto, tendré que decirlo yo.”
Roier lo miró en silencio, sin entender por dónde iba todo eso.
“Quiero que te cases conmigo.”
Todo a su alrededor pareció detenerse, al igual que su respiración. Por un momento llegó a pensar que había escuchado mal, pero no, porque cuando vio los ojos de Cellbit pudo ver la honestidad con la que hablaba.
Sus mejillas se enrojecieron y una sonrisa tonta se formó en su rostro.
“Jaja… ¿Qué dijiste?” Eso no parecía ser verdad, eso realmente debió ser una alucinación.
“Cásate conmigo, príncipe Roier.” Cellbit repitió.
Y su corazón se derritió. Toda su cabeza dejó de funcionar, sus manos temblaban, NUNCA imaginó que alguien le pediría matrimonio a él, de hecho, nunca imaginó que saldría con alguien, y mucho menos con Cellbit.
“¡¿Por qué?! ¿Por qué me pides esto ahora?” Roier se hizo hasta atrás en el asiento, intentando tranquilizarse.
Cellbit sabía que esa no era una pregunta que podía soltar así como así, pero sus impulsos nerviosos fueron más fuertes que él, así que solo podía esperar a recibir una respuesta positiva (deseaba tanto que sea una respuesta positiva).
“Yo…” Cellbit bajó la mirada, empezando a jugar con sus propios dedos “Tuve un sueño… No, creo que más bien fue una visión, donde veía a mi alma gemela.” Roier pudo notar como ligeramente sus mejillas se ponían rojas, era un gesto que no podrías ver a simple vista. Pero Roier no podía dejar de verlo.
“¿Alma gemela…?”
“Sé que suena tonto pero esa visión fue tan real, y pude ver a alguien, alguien con los ojos más lindos que había visto en toda mi vida…” Cellbit lo miró directamente, completamente hipnotizado, y lo único que pudo susurrar fue:
“Ese alguien eras tú..”
Roier no podía explicarlo, pero en ese momento sintió como si hubiera descubierto un secreto demasiado personal, o como si algo mágico estuviera uniendolos.
“Te veías un poco diferente, tu ropa era más sencilla… Pero eras tú, no había duda. En cuanto tuve ese sueño le mandé una carta a tus padres para hablar, quería que me dieran la oportunidad para conocerte y, bueno, casarme contigo.”
Roier no pudo evitar pensar que eso era un poco anticuado, pero tiene sentido ya que esa era una época diferente, probablemente para casarse tendrían que hacer una ceremonia enorme y con invitados que ni siquiera conocían.
Y ahí Roier se dio cuenta de que ya se estaba imaginando toda una celebración y una vida a su lado.
“¿Estarías dispuesto a pensarlo?” Cellbit preguntó, su voz dudaba un poco, parecía estar nervioso.
“Por supuesto.” Roier respondió de inmediato, sin siquiera pensarlo.
Y ambos se quedaron en silencio mirándose fijamente.
Hasta que Roier se dio cuenta de que el carruaje seguía en movimiento. Rápidamente se fue hasta la puerta y miró por la ventana.
“¡NO LE AVISÉ A MIS PAPÁS QUE ESTABA AQUÍ!”
[...]
Tres meses habían pasado desde ese acontecimiento, y desde entonces Roier y Cellbit empezaron a tener varias citas para conocerse mejor. No era necesario de todas formas, porque ambos ya estaban completamente enamorados el uno por el otro, pero el rubio quería saber absolutamente todo sobre Roier; sus gustos, sus miedos, sus deseos, todo.
Y Roier no quería pasar ni un minuto lejos de él, porque siempre lo hacía sentir seguro y amado de una forma que nunca llegó a imaginar.
Ambos estaban caminando por el jardín del castillo Rojo, hogar de Cellbit. Roier ha estado pasando mucho tiempo ahí pues quería acostumbrarse al lugar y conocer a todos los amigos de Cellbit.
Pasó horas y horas conversando con Philza y Baghera, quiénes eran sus más leales servidores. Conoció a un chico llamado Etoiles, el líder de la caballería, Roier le pidió que por favor le entrenara un poco pues no quería aburrirse cuando Cellbit tenía que irse por un par de horas.
De forma resumida, cada día era una aventura, y con cada momento que pasaba en ese mundo su corazón se llenaba de amor, amor hacia todo, hacia la vida, hacia su prometido y más importante, hacia él mismo.
Aprendió a quererse. Todo eso era inexplicable, no tenía idea de cómo o por qué despertó en ese mundo extraño que alguna vez leyó en sus tiempos libres, pero sinceramente, no podía estar más que agradecido.
Solo podía ser el destino, ellos eran almas gemelas que debían encontrarse en cualquier momento.
Era como en un cuento de hadas.
