Work Text:
Cuando Viktor decidió trabajar junto a Jayce, sabía que lo respetaba.
Ese era su sentimiento hacia él en ese momento. Respeto.
Era un idealista. Un hombre que poseía la inteligencia y disciplina de un estudiante brillante de la Academia, que atendería con orgullo sus clases y seguiría fielmente las enseñanzas de sus maestros; y la visión y talento para ver más allá de lo que otros ven, aún si luego eso lo hiciera perder su lugar en la Academia, su reputación, y sus ganas de vivir.
Sabía que sería un excelente compañero. Iban a complementarse bien y hacer un muy buen equipo.
Y si la convivencia lograba darse con facilidad, bueno, eso lo haría más productivo, aunque tampoco era indispensable que su contacto fuera más que algo profesional.
Jayce tenía bastantes particularidades a los ojos de Viktor, a fin de cuentas.
Como que era bastante emocional, dependiente de la aprobación de otros, a veces ligeramente egócentrico, y tenía el extraño hábito de poner sus manos sobre Viktor cuando estaba especialmente emocionado al hablarle de algo; pero esos ya eran más pequeños detalles que ponían nervioso a Viktor más que cosas que hicieran insoportable trabajar con él, así que estaba bien.
Eso era lo que pensaba al inicio. Fue cuando empezó a tratar más con él, a abrirse más, a volverse realmente compañeros, que empezó a cuestionarse.
Cuando se quedaban juntos en el laboratorio trabajando durante días, durmiendo apenas unas cuantas horas, al punto en que Jayce pudo permitirse preguntarle acerca de "si Viktor se bañaba con el bastón, o se apoyaba en las paredes de la regadera", y él pudo justificarlo con que "bueno, es la falta de sueño, eso puede poner rara a la gente", y contestarle con total naturalidad a semejante pregunta tan indiscreta que ellos raramente se bañaban en los últimos días de cualquier forma.
Ahí fue cuando sintió que su rectitud empezaba a desmorornarse.
Y cuando, después de haber tomado confianza de golpe, pudieron finalmente abrirse a un nivel más personal.
Cuando Jayce le contó acerca del incidente en el que se quedó atrapado junto a su madre, el cuál desembocó en el evento que lo haría interesarse en investigar la magia para salvar las vidas de la gente, como había salvado sus vidas en esa ocasión. Cuando Viktor habló de su vida en Zaun, de cómo fue díficil para él conectar con otras personas durante su infancia debido a su enfermedad, y cómo fue su lucha para ascender a Piltover y llegar a la Academia.
Se descuidó sólo un segundo, y Jayce ya se había vuelto alguien tremendamente sustancial para Viktor.
Él genuinamente estaba en todas partes. Era tan extraño. Viktor nunca se había sentido así. No lograba explicarlo. La palabra "respeto" empezaba a quedarle muy corto a lo que sentía por Jayce.
No fue hasta tiempo después, mucho tiempo después, que logró ponerle un nombre adecuado a su situación.
Jayce era el amor de su vida.
El estaba en sus ojos constantemente. Jayce tenía el hábito de buscar estar cara a cara con Viktor cuando se emocionaba al hablarle de algo, por lo que Viktor tenía que dejar cualquier cosa importante en la que estuviera trabajando para voltearse a verlo, o él iba a estar buscando sus ojos insistentemente.
El estaba en sus oídos a cada rato, porque no importaba lo muy ocupados que estuvieran, a Jayce le encantaba hablar en todo momento. No podía callarse, incluso cuando no hablaba en sí, siempre estaba tarareando, murmullando para sí mismo, o haciendo cualquier sonido innecesario. Era ruidoso. Muy ruidoso. Incluso, mientras estuvo hibernando en su capullo de Hexcore, tuvo la extraña sensación de escuchar lejanamente la voz de Jayce. Aún en su estado de coma arcano mágico extraño, no podía callarlo.
Pensar en esas pequeñas peculiaridades de Jayce, en esos pequeños rasgos de su personalidad que se colaban en su vida y sus pensamientos, aún cuando no quería, pero que seguían empañando sus sentidos como una molesta neblina que se negaba a disiparse, ahora hacían a Viktor sentir una agridulce sensación de nostalgia.
Le hubiera gustado que todo pudiera simplificarse a sólo eso. Las eternas divagaciones de Jayce acerca de cualquier cosa, que de vez en cuando requerían obligatoriamente el contacto visual. Discusiones serias acerca de la Hextech, o conversaciones relajada acerca de cómo era la comida de Piltover a comparación de la de Zaun, o simplemente estar los dos trabajando en silencio, concentrados en sus propios asuntos, pero en el laboratorio, juntos. Como compañeros. Como amigos. Como el amor de la vida del otro.
Viktor debía estar hecho de acero. Es decir, literalmente lo estaba, pero no se refería a eso.
Acababa de tirar por la borda al amor de sus sueños.
Iba a convertirse en el heraldo de la máquina, el nuevo guía de la humanidad hacia la gloriosa evolución. Había visto el tejido del universo, había residido en él. Con su nueva forma, había logrado hacer por mucha gente lo que nunca nadie pudo hacer. Los sanó, les dió la paz y la seguridad que necesitaban y contruyó una comunidad destinada únicamente a ayudar a las personas.
Estaba tan alto que no había nadie encima de él, y estaba tan abajo que no había nadie debajo de él. Debía de ser todas estas cosas. Un ente de una naturaleza incomprensible. Un ser despojado completamente de cualquier humanidad. Alguien que alguna vez logró formar un vínculo real y profundo con otra persona, a pesar de todas sus imperfecciones, de todas sus carencias, de su debilidad; pero que se había deshecho de todo eso con una facilidad y una frialdad autómatica.
¿No era humano todavía en ese momento? Todavía no había ingresado en los Hexgates ni se había transformado en el heraldo, cuando había decidido que sus emociones no eran tan importantes como llevar a la humanidad a la perfección. Que podía prescindir de su amor por Jayce en favor de un bien mayor.
Tal vez debió hacer un mayor intento de persuación para que se uniera a él.
Finalmente iba a poder disipar la neblina que era Jayce. Él dejaría de estar presente en todo. Sus destinos dejarían de estar tan forzosamente entrelazados.
El ya no estaría en sus ojos, ni en sus oídos, ni en su sangre, ni en sus lágrimas.
Dejaría de verlo todos los días. Porque tiraría a la borda al amor de sus sueños.
