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Kaiser mira a la pequeña mata qué tiene encima sobre su cabeza, si no estaba equivocado, esa pequeña planta eran los famosos muerdago.
Kaiser desde que era un mocoso, veía esa planta con asco y un poco de enojo, las personas veían la pequeña las pequeñas cerezas y se besaban.
No importaba si eran extraño, si se habían peleado hace cinco minutos atrás, si estaban apurados y entre más cosas. No importaba si tenías que dejar de hacer lo que estabas haciendo, siempre tenias tiempo para besarte con otra pequeña si veías un muerdago.
Y ahora que Kaiser creció y podía pasar un día tranquilo en navidad, le tocaba seguir esa extraña tradición.
Aunque le pareciera una bobada.
Pero ni sabía que Isagi al ser asiático japonés, respetaría esa tradición como si fueran las palabras divina de alguna deidad.
Todo comenzó cuando el Bastard Munich visitó una panadería, todos entraron en orden y uno por uno, pero al momento de irse, todo se volvió un caos total entre personas que salían y entraban de lugar.
Kaiser al irse primero, decidió salir primero pero no sabia que Isagi había pensado lo mismo y ambos chocaron en la entrada, ambos se miraron y luego miraron hacia arriba sobre el marco de la puerta.
Alguien del equipo gritó que lo hiciera, Kaiser apostaba qué fue el chico de cabello azul, uno de los esclavo de Yoichi.
Kaiser sólo frunció el ceño al ver el pequeño brote, pero Isagi se sonrojo todo al punto de parecer tomate.
El rubio se quería ir, pero fue retenido por el pequeño japonés qué señalaba el brote encima de la puerta, aunque no lo miraba a los ojos y esperaba una repuesta.
— Sólo es una mata — dice Kaiser señalando lo obvio, pero sus compañeros no opinaban lo mismo y hubo una queja popular.
— Puede ser en la mejilla — susurra Yoichi para luego aclararse la garganta avergonzado por lo que dijo.
El alemán se sorprendió por esto, no esperaba que Yoichi le pediría seguir una tradición tan tonta. Si fuera otra persona lo hubiera dejado ahí, pero en el fondo de su ser, en ese pequeño lugar donde debía de haber un corazón todo roto, sintió algo cálido y no le pudo negarse a la petición del japonés
Kaiser suspira y le pide a su compañero de equipo que cierre los ojos, ignorando las risas de los demás y sus miradas, el rubio toma a Yoichi por ambas mejillas con sus manos y se acerca al rostro del japonés.
Le da un beso en una de las mejillas y luego en la otra, para finalizar uno en la frente. Un poco nervioso se separa del más bajo y sin decir nada, sale del lugar.
Necesitaba un respiro e ir a un médico, su pecho comenzó a dolerle y podía escuchar a su corazón latir muy rápido.
Tal vez el clima frío ya lo estaba afectando o era la época navideña que lo seguía poniendo de mal humor, pero se acercaba una nueva temporada de partido y no se podía enfermar, su carrera dependía de su buena salud.
Mientras que iba caminando por todo Berlín, dejando a sus compañeros detrás. Podía recordar el rostro sonrojado de Yoichi y lo adorable que se veía bajo las luces de navidad.
Mierda, ¿qué le estaba pasando? ¿Era normal sentir tanto?
Kaiser no tenía repuesta para eso y sólo se puso correr por las calles de Berlín, lo hacía de pequeño y no lo iba a dejar ahora, necesitaba pensar con claridad y no recordar lo hermoso que se veía Isagi esperando un beso suyo.
