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Ocurrió durante la noche, de manera tan silenciosa que ni siquiera Cheong Myeong, el mejor espadachín del mundo, pudo darse cuenta del momento en que la fina hoja de papel de arroz fue depositada en su mesita de noche.
En algún momento de la mañana, mientras se preparaba para irse, echó un vistazo a la inusual mancha de blanco que pudo percibir por el rabillo del ojo, pescando el papel entre sus manos con una cara desconfiada.
“Pueblo Hua’Um, Casa del Ciruelo Blanco.”
¿Se suponía que era algún tipo de carta de desafío?
Cheong Myeong inspeccionó la carta, sin embargo, esta no proporcionó más detalles sobre el remitente. Al menos, no creía que fuera algo que Cheong Mun sahyeong o Cheong Jin harían, ya que eran del tipo de personas directas que simplemente expresaron su propósito.
“No está de más ir a ver”, concluyó, asintiendo para sí mismo. Colgó una botella de licor en su cintura antes de dirigirse montaña abajo con el papel arrugado en algún lugar de su manga.
El restaurante se encontraba tan concurrido como en cualquier otro momento. Los visitantes de la Secta del Monte Hua pasaron para tomar su comida, charlando durante mucho tiempo en sus respectivas mesas mientras Cheong Myeong echaba un vistazo de vez en cuando en medio de su propia comida.
Aunque se sentó, tuvo una larga comida, bebió alcohol y disfrutó de los postres plácidamente, nadie le dirigió la palabra ni intentó acercarse a él además del camarero.
¿Se trataba de un nuevo tipo de publicidad para visitar su restaurante? No, incluso si quisieran hacerlo, sería imposible para los civiles comunes colarse en su habitación. Además, tenían suficientes clientes como para sentir la necesidad de realizar una maniobra como esa.
Cheong Myeong terminó de vaciar su copa, la última del frasco, antes de retirarse con una cara insatisfecha.
Seguro había sido alguien que se había echado hacia atrás en su desafío. Bueno, eso podría ocurrir. Todavía le dió vueltas al cómo lograron entrar en su habitación sin ser detectado por sus sentidos, pero supuso que el día anterior había bebido lo suficiente como para bajar sus defensas.
Cheong Mun despidió personalmente al Líder de la secta Jongnam frente a las puertas de la secta, y casi se le sale el corazón del pecho cuando en ese momento vió a Cheong Myeong cruzarse con el anciano.
‘Por favor, no comiences una pelea ahora’.
El Líder de la secta Jongnam asintió como saludo en dirección a Cheong Myeong, y este le devolvió el saludo de manera mucho más grosera, pero aún así fue un saludo, por lo que contaba como una victoria. Cheong Mun prácticamente se abalanzó sobre Cheong Myeong para tomarlo del brazo y alejarlo del lugar lo más rápido que le fue posible.
“¿Pasó algo, Sahyeong?” Los ojos rojos reflejaron un desconcierto inocente, como si no fuera la fuente actual de sus preocupaciones.
“Nada, no pasa nada”, respondió. “No sabía que habías salido temprano. ¿Qué estabas haciendo?”
Cheong Myeong se encogió de hombros. “Alguien me citó en un restaurante en Hua’Um pero nunca apareció.”
¿Oh?
Cheong Mun se detuvo, repasando la apariencia de Cheong Myeong y su mirada contemplativa. “¿Una cita…? No, no importa, olvida eso. ¿Ibas a encontrarte con el anciano del clan Tang?”
Pero Cheong Myeong negó con la cabeza. “No sé quién era.”
A manera de explicación, sacó la nota arrugada de entre sus mangas, evitando hacer sonar el vidrio de los frascos de alcohol que ocultaba. Le extendió el papelito a su Sahyeong y observó, incrédulo, cómo este le sonreía con regocijo.
“¡Ah, una nota! ¡Nuestro Cheong Myeong ha recibido su propia nota!” Cheong Mun pasó su brazo por los hombros de Cheong Myeong, dirigiéndose hacia la habitación del Líder de la secta. “He estado esperando este día, ¡tenemos que celebrar!”
“¿Si?” Cheong Myeong se dejó arrastrar. “¿Sabes qué significa, Sahyeong?”
“Claro que sí”, Cheong Mun sonrió. “Es el lugar en el que te encontrarás con tu alma gemela.”
Después de eso, le siguió una larga conferencia sobre las almas gemelas.
En resumen: las almas gemelas aparentemente existían. Una de las partes recibiría un papel indicando el lugar en que se encontrarán, para la otra sería la fecha en que sucedería. Una vez que se vieran, debían de mostrar sus papeles como confirmación ya que habían sido cortados del mismo papel y estos encajarían.
Por lo tanto, cada vez que Cheong Myeong bajó a Hua’Um, se aseguró de llevar en su bolsillo el pequeño papelito que había sido arrugado y después planchado con cuidado. Su Sahyeong había estado más que feliz de darle un poco de dinero de bolsillo extra si anunciaba que iría a comer en Hua’Um, acompañado de algunas palabras de apoyo como ‘tráeme una nuera’ y ‘quiero ver a nietos’.
‘Pero Sahyeong, ¿no eres mi padre?’
Cheong Myeong se alegró en secreto por los amorosos comentarios del Líder de la secta, lo que llevó al incremento en la tasa de visitas a Hua’Um, y de igual manera a la cantidad de turistas de otras sectas que llegaban para desafiarlo a un duelo.
“A los dos deberían darnos el lugar y la fecha, ¿qué sentido tiene esperar tanto por una sola reunión?” Se lamentó Cheong Myeong después de cinco años de visitas infructuosas. “Está bien, si se supone que está destinado, en algún momento ocurrirá.”
Conforme los años pasaron, Cheong Myeong fue espaciando sus visitas a Hua’Um cada vez más, incluso si no pudo evitar ir a comer ahí de vez en cuando. En parte por curiosidad, y en gran medida por la insistencia de su Sahyeong.
Sin embargo, todo llega a su fin.
En este caso, llegó con la muerte de Cheong Myeong.
Cheong Myeong apenas había tenido tiempo para sí mismo, ¡era la primera vez que comía y bebía bien en mucho tiempo! Se lo merecía después de tan buen avance con las habilidades de los discípulos de tercera clase, por eso se aseguró de pedir sus platillos favoritos y una botella de alcohol más de lo usual.
“Sin embargo, nunca apareció”, murmuró Cheong Myeong para sí mismo, recordando al Líder de la secta sonriente que había insistido en que fuera a buscar a su alma gemela. “¿No me digas que todo fue una broma elaborada? No, Sahyeong no haría algo así. Era un hombre demasiado honesto para eso…”
En ese momento, como si Cheong Mun lo hubiera orquestado en el más allá sólo para hacerle saber que tenía razón, Cheong Myeong vió entrar a un contingente de discípulos de la Secta del Monte Hua que usaban el uniforme de discípulos de segunda clase. Entre ellos, el joven que los lideraba era realmente guapo.
Y cinco minutos después se encontró con el jóven presentándose frente a él mientras le mostraba un papelito con la fecha y hora actuales, el borde en el que había sido arrancado coincidía con el que Cheong Myeong había tenido.
Había .
Porque después de todos estos años, el papelito había desaparecido hace mucho tiempo.
‘¿Cómo debería explicar esto…?’
Cheong Myeong huyó mientras se quejaba en voz alta hacia su Sahyeong.
“¡Ves! ¡Por eso debería de haberlo guardado en algún lugar y no llevarlo conmigo todo el tiempo!” Señaló al cielo. “Además, ¡por qué no ponen fecha si es en más de cien años! ¿Se supone que una hoja de papel de arroz dura tanto tiempo íntegra?”
El monólogo no cesó hasta que llegó a la secta.
Baek Cheon extendió la mano, intentando atrapar a la persona que se había ido por la puerta del restaurante.
Era una coincidencia extraordinaria, pero aún podía ser sólo eso, una coincidencia. Así que se acercó a las personas alrededor del restaurante, especialmente a aquellos que no reconocía, saludando y preguntando, aunque desafortunadamente parecía que su alma gemela no estaba ahí.
Muchísimos años después, Baek Cheon observó la pequeña espalda de Cheong Myeong guiarlo en el camino por delante, y pensó:
“No importa si él es o no mi alma gemela,
lo seguiré por el camino que transite,
de ahora en adelante, por el resto de mi vida.”
