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De repente, su Instagram le pareció aburrido; poco le importaba cómo Silva había celebrado su cumpleaños y cómo Luna había conseguido una novia. Así que salió de la aplicación, observó un momento el ícono de X con la intención de entrar, pero tenía cierta urgencia por volver a acurrucarse entre las sábanas. Puso su dedo sobre el botón de apagado de su teléfono; Sin embargo, una notificación repentina en su bandeja llamó su atención: se trataba de la transmisión en vivo de un programa de farándula en la aplicación que utilizaba para ver sus series. Pablo lo hubiera ignorado de no ser porque un nombre bastante conocido acompañaba la sugerencia de ver la transmisión.
El argentino entró en la transmisión.
Rápidamente, la imagen de un periodista apareció en la pantalla y él acomodó su teléfono horizontalmente. La mujer era alguien joven y bastante conocida en el mundo de los chismes de los famosos; incluso una vez tuvo que soportarla cuando se vio rodeada de paparazzis luego de un entrenamiento. No fue nada agradable, pero eso no era lo importante; ahora la prioridad era saber qué diablos tenía por decir con respecto del inglés que se había adueñado de sus pensamientos.
—En internet ronda un vídeo del jugador inglés, Adam Blake, aquí en Argentina.—dijo la mujer con una sonrisa a la cámara. En solo cuestión de segundos, detrás de ella, en la enorme pantalla, apareció una foto de Adam, de nuevo sus ojos deslumbrando a Pablo.—Una chica reconoció al jugador del Chelsea, ni más ni menos que en una floristería de Buenos Aires, y registró todo con su teléfono.
Cuando terminó de hablar, en la pantalla que tenía detrás se mostró el famoso video. Allí estaba Adam, vestido con una camisa negra, una sudadera holgada del mismo color y un tapabocas acompañado de una gorra gris que cubría la mayor parte de su atractivo rostro. Era increíble que lo hubieran reconocido. El castaño se encontraba de pie frente a la caja registradora, con las manos en los bolsillos, mientras que el encargado del negocio parecía cobrar su compra: un ramo enorme de rosas rojas que, a pesar de la mala grabación de la “fan”, lucían perfectas y llamativas.
Pablo frunció el ceño y rodó los ojos; Estaba a punto de decir algo cuando la periodista volvió a hablar.
—Tal como podemos apreciar en el vídeo, Adam Blake compró flores, pero aquí la pregunta es: ¿Para quién?.—La mujer habló con duda. Pablo no supo especificar si fue fingida o real.—Gracias a este video, muchos especulan que el delantero tiene un amor argentino. ¿Quién será la feliz afortunada? Estaremos investigando...—Ya no quiso escuchar más y apagó el teléfono para luego dejarlo de mala gana sobre la mesa de noche.
Cavazos se cruzó de brazos y, por primera vez, quiso dejar la comodidad de las sábanas para la mañana. Así que retiró las mismas, dispuestas a ponerse de pie; Sin embargo, una mano lo sostuvo de su muñeca a medio camino e hizo que regresara de una manera para nada gentil.
—Aún es temprano; duerme un poco más.—musitó aún medio adormilado mientras tomaba las sábanas para volver a cubrir al menor. El argentino hizo un puchero cuando su cuerpo se vio atrapado por el de Adam.
—Quiero un café.—dijo y comenzó a intentar liberarse.
—Eso puede esperar.—el inglés se aferró aún más a él y esta vez rodeó su cintura con sus brazos. La espalda del menor estaba contra su pecho y sus piernas entrelazadas con las suyas caprichosamente.
El argentino suspiro y, con algo de fuerza, se giró; su cara quedó enfrente de Adam, quien parecía haberse dormido de nuevo. Sus facciones lucían tan tranquilas y serenas, hermosas. Pablo juró haberse enamorado de nuevo ¡Pero eso no importa ahora!.
—A quién le compraste rosas?.—preguntó sin más, inflando sus mejillas y frunciendo el ceño.
Adam abrió los ojos lentamente y observó al otro, confundido por sus palabras. Le pareció adorable la cara de enojo con la que se encontró: las pecas de Pablo resaltando gracias a sus mejillas infladas, pero también no comprendió el motivo del reclamo de su novio.
—Pue...—fue interrumpido.
—¡No me vayas a salir con mentiras, boludo!.—toda la oración fue dicha en inglés, menos la última palabra, que reconocía perfectamente como una palabra ofensiva. El mayor arqueó una ceja.
—Las rosas estan...—de nuevo su habla no continuó gracias al más joven.
—¡Ni intento negar que compraste rosas porque alguien te grabó haciendo!.—esta vez el argentino se cruzó de brazos. Aunque el hecho de haber sido filmado lo tomó por sorpresa, por el momento dejaría eso de lado.
Blake dio un suspiro.
—Me vas a dejar hablar?.—preguntó con tranquilidad; el otro ascendiendo.
—Habla.
—Dime, ¿Qué flores te traje ayer por la noche?.—Pablo pareció pensarlo un momento; ahora que lo dice, no le dio mucha importancia a eso.
—Los tulipanes de siempre.—respondió. Aquellas eran sus flores favoritas gracias a sus múltiples colores y su pareja lo sabía; por eso siempre que lo visitaba traía consigo un ramo de ellas.—Supongo.—agregó en voz baja para sí mismo, pero el otro lo escuchó.
El inglés dio un suspiro pesado, retiró una de sus manos de la cintura ajena y, con algo de diversión, talló su rostro. Notó cómo Pablo hacía una mueca molesta por sus acciones, pero él solo se rió.
—¿Qué demonios es tan divertido?.—incluso un leve gruñido se escapó de sus labios.
Adam quitó su mano de su rostro y la posó sobre la mejilla ajena. El menor giró el rostro, pero igualmente acarició las lindas pecas que decoraban su piel.
—Pablo.—llamó con voz suave.
—¿Qué?.
—Ayer en la noche te traje rosas.—dijo. El argentino lo pensó un momento ¿En serio lo había hecho? Ni siquiera se fijó en ello. Pablo recapitulo un momento; incluso su expresión pensativa se formó en su rostro, y eso lo notó el mayor.—Ves que solo piensas en coger cuando te visito.—añadió con cierto tono juguetón.
¿Rosas? Él solo recuerda que recibió un mensaje de Blake avisando que estaba en camino, motivo por el cual “pacientemente” lo esperó en la puerta del departamento. Cuando sonó el timbre, poco le importó que su novio se diera cuenta de que lo estaba esperando y abrió la puerta. Pablo se lanzó de inmediato a los brazos del inglés y besó sus labios. Él murmuró algo del ramo que tenía en sus manos, pero Pablo solo lo tomó, dijo un “gracias” que se perdió en su beso desenfrenado y dejó las flores sobre la mesa que está al lado de la entrada. Ni siquiera se fijó mucho en ellas en ese momento; solo quería disfrutar de la presencia de su novio, luego de no verse por un mes entero.
—Ven acá, pequeño caprichoso.—el inglés levantó su capricho y besó sus labios.
Un beso lento y apasionado que ambos disfrutaron cada segundo, probándose el uno al otro y reafirmando que se pertenecen. Los labios de Pablo son adictivos para el mayor; tan suaves y deliciosos cuando lo besa, puedes asegurar que con cada beso solo logra enamorarse más de ese argentino de cabello multicolor que logró terminar con su larga lista de amoríos.
—Cualquiera se puede equivocar.—susurró una vez que se separaron, haciendo un pequeño puchero con sus labios y desviando la mirada.
—Sí, claro.—pudo notar cómo el menor frunció el ceño de nuevo gracias a la ironía en sus palabras; Adam río una vez más.
Como ama a ese pequeño pecoso adorable.
