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Que viva la Reina

Summary:

Moonie ha perdido el sentido de su vida. Ahora que Bowser había sido capturado, ella estaba atrapada en un limbo de soledad, sin rumbo fijo, sin saber qué hacer y a dónde ir sin su Rey Koopa.

Por suerte para ella, Kamek parece tener la solución perfecta.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Moonie miró con pereza al techo de su habitación, su expresión una mezcla de preocupación, fastidio, melancolía e irritación. Pero sin dudas, también había tristeza.

3 Meses. Tres largos meses han pasado ya desde que perdió a su amado Bowser, tres meses en los que se ha sentido tan... perdida, sin un rumbo fijo. Tres meses desde que Mario y Luigi, los "Super Marios Bros.", vencieron a Bowser con el poder de la Superestrella. Tres meses desde que Peach lo encogió con un champiñón azul y lo convirtió básicamente en su mascota, o prisionero. La verdad, aún no se decidía en cuál de los dos era peor.

Moonie suspiró profundamente, cruzando los brazos sobre su pecho mientras el silencio de su habitación se hacía cada vez más pesado. Las noches eran las peores. Cada rincón del castillo parecía recordarle a Bowser: el rugido de su risa que llenaba los pasillos, el estruendo de sus pisadas que, aunque intimidante para muchos, a ella siempre le pareció reconfortante. Ahora, ese eco solo existía en su memoria, y en su lugar, todo lo que quedaba era un vacío ensordecedor.

No recordaba la última vez que había dormido plácidamente. Quizás fue incluso antes de que Bowser fuera capturado, cuando planeaba toda esa estúpida fantasía de casarse con Peach. Pasó noches llorando sabiendo que todo lo que hizo, que todos sus esfuerzos por hacer que él la notara fueron en vano. Y luego Peach lo capturó tras ser derrotado por Mario y Luigi, y sus noches en vela por llorar hasta caer dormida solo empeoraron.

Su aspecto era un asco. Su vestido morado, ese sin mangas que Bowser le había regalado, ahora quedó destrozado por culpa de la batalla que Peach desató durante la boda. Su cabello era un desastre, despeinado y tan sucio que a penas y lo tocaba. Un par de ojeras enormes y notables se marcaron bajo sus ojos a falta de sueño, y ni hablar de lo rojos e hinchados que estaban ambos por haber llorado sin consuelo durante tanto tiempo. Si aún tenía lágrimas que derramar, era un milagro.

Casi no comía tampoco, y cuando lo hacía, era porque Kamek la obligaba. Según él, lo último que Bowser necesita es ver a sus tropas, sus compañeros más fieles incluidos, decaídos o en un estado casi vegetativo. Sabía que el magikoopa solo trataba de hacerla sentir mejor, de que por lo menos se cuidara a sí misma para no acabar muerta... ¿Pero por qué molestarse? Bowser ya no estaba alrededor, de nada servía intentar cuidarse. Hacía el intento de todos modos, pero maldita sea, era muy difícil ser optimista.

A veces trataba de despejar su mente caminando por el castillo, pero al final le hacía sentir peor.

Dado a que las tropas de Bowser estaban, al menos la mayoría, heridas a causa del poder de la Superestrella que usaron Mario y Luigi, algunos habían dejado por completo sus rutinas. Después de todo, sin un líder, nadie tenía ganas de hacer nada... A menos que ese algo fuese quejarse, porque ese era el pan de cada día para Moonie cada vez que solo quería despejar su mente y no pensar en Bowser.

—¡Si el Rey Bowser se hubiese enfocado en conquistar el Reino Champiñón, nada de esto habría pasado! —protestó uno de los Koopa Troopas, una vez que pasaba junto a unos compañeros al lado de la princesa.

—¡¿Ahora que haremos?! Sin el Rey Bowser, ¡no podremos hacer nada! —exclamó otro de ellos.

—¡Eso no importa ahora! Si pudieron capturar a bowser, ¡¡los siguientes seremos nosotros!! —gritó otro koopa más.

Esas expresiones y mil y un más escuchaba Moonie todos los días, y a este punto, ya hasta lo esperaba. Raro iba a ser el día en que no escuchase a un Goomba o a un Koopa quejarse de todo lo que podrían haber hecho diferente, de todo lo que podría haber cambiado si Bowser no se hubiese obsesionado con Peach. Kamek a veces los regañaba por hablar de más frente a ella, quizás porque sabe que a ella es a quien más le afecta la ausencia de Bowser, y aunque agradece que se preocupe por ella, no le hace sentir mejor en absoluto.

Estar tanto a solas en su habitación tampoco ayudaba mucho a su estado emocional. Ya perdió la cuenta de cuantas veces ha escrito en su diario escenarios diferentes donde las cosas terminaban diferente, donde ella y Kamek—aunque a veces era solo ella—hacían algo, literalmente cualquier cosa, para rescatar a Bowser antes de que Peach o los Mario Bros. se acercaran a él. Incluso llegó tan lejos que escribió una extraña historia donde Bowser le ocultaba la existencia de un hipotético hijo al que llamaba Bowser Jr., pero... al final todo eso eran solo fantasías que escribía para sentirse mejor, como si así por arte de magia alguna se hiciera realidad y de pronto Bowser volvía estar a su lado...

Pero al final, la realidad la golpeaba fuertemente, haciéndole despertar de sus fantasías, haciéndola sentir patética, haciéndola llorar hasta quedarse dormida contra una almohada empapada y sábanas que no ha limpiado desde que Bowser anunció que se iba a casar con Peach de todas formas.

¿Y hoy? Hoy no era diferente a ningún otro día de los últimos tres meses.

Miró de reojo la hora en el despertador al lado de su cama. Las 11:38 de la mañana. Tarde otra vez, aunque no le importaba. Ya nada le importaba. Suspiró pesadamente y decidió seguir mirando al techo de la habitación, como si así pudiese sentirse mejor por arte de magia, aunque sabía que solo la llevaría a su rutina habitual de los últimos meses: escribir más escenarios falsos en su diario, comer por obligación, caminar por el castillo, escuchar a las tropas quejarse, y llegar a su cuarto a llorar hasta quedarse dormida... otro típico día en su vida.

El sonido de un golpe seco en la puerta la sacó de su trance. Moonie frunció el ceño, sorprendida. Nadie solía molestarse en llamarla a estas horas, y mucho menos con ese tipo de insistencia.

—¿Qué? —respondió con desgana, sin siquiera levantarse de la cama.

La puerta se abrió lentamente, revelando la figura de Kamek. El magikoopa parecía más cansado de lo habitual, con las arrugas bajo sus ojos acentuadas por la presión de mantener el castillo funcionando sin su rey.

—Moonie, necesitamos hablar. —La voz de Kamek era seria, pero no carecía de esa pizca de ternura que reservaba para quienes consideraba su familia. Moonie bufó y giró la cabeza, dándole la espalda. No estaba de humor para sermones ni para falsos intentos de consuelo.

—Si vienes a decirme que "todo va a mejorar" o que "Bowser no querría verme así", ahórratelo. Ya escuché eso mil veces.

Kamek no respondió de inmediato. En lugar de eso, caminó dentro de la habitación y cerró la puerta tras de sí. Dejó caer un viejo cofre al suelo con un estruendo metálico, haciendo que Moonie finalmente se volteara con una expresión entre curiosa y molesta.

—No estoy aquí para darte discursos vacíos, Moonie. Estoy aquí porque hay algo que debes ver.

La princesa frunció el ceño, incorporándose lentamente mientras Kamek abría el cofre con un movimiento de su varita. En su interior, había una corona morada de tres puntas, la de en medio siendo la más larga, con una luna grabada en medio que emitía un leve resplandor.

—¿Qué es eso? —preguntó Moonie, con el tono más indiferente que pudo fingir, aunque el objeto en sí capturó su atención.

—Algo que Bowser me pidió guardar en caso de que... bueno, en caso de que algo le sucediera. —Kamek hizo una pausa, como si le costara pronunciar las siguientes palabras. —Él confiaba en ti más de lo que jamás imaginaste, Moonie. Me dijo que, si algún día se encontraba incapacitado, esto sería tuyo. En sus propias palabras, "De caer prisionero o, en el peor de los casos, muerto, esta corona será suya. Ella será quien tome mi lugar si todo lo que he planeado hasta ahora es en vano."

Moonie sintió un nudo en la garganta. El aire de su habitación, ya cargado con su melancolía, pareció volverse aún más pesado. Bajó la mirada hacia la corona, notando cómo su tenue resplandor parecía latir al compás de su propio corazón.

—¿Mi lugar? —murmuró, confundida, sin apartar la vista del objeto. Su voz, apenas un hilo, llevaba consigo un dolor acumulado. —¿Qué se supone que significa eso? Yo no... No puedo reemplazarlo. No soy él.

Kamek suspiró, acomodándose las gafas mientras se sentaba cuidadosamente en el borde de la cama. Su rostro mostraba cansancio, pero también una determinación inquebrantable.

—No se trata de reemplazarlo, Moonie. Nadie puede ser Bowser, ni siquiera tú. Pero él sabía que el castillo, las tropas, todo lo que construyó... necesitaría una líder en su ausencia. Y no eligió a cualquiera. Te eligió a ti.

Las palabras golpearon a Moonie con la fuerza de un martillazo. Su mente luchaba por procesar lo que escuchaba, entremezclando el orgullo de saber que Bowser había confiado en ella con la duda paralizante de sentirse incapaz de estar a la altura.

—Él... —su voz se quebró, y tuvo que tragar con fuerza para no romper en llanto. —¿Por qué nunca me lo dijo?

—Porque Bowser siempre creyó que podía vencer a cualquier obstáculo. —Kamek sonrió con tristeza. —Pensaba que esta corona nunca sería necesaria. Pero también sabía que, si las cosas salían mal, tú serías la única en quien confiar. Él veía en ti más fuerza de la que tú misma eres capaz de ver ahora. Creo que, en el fondo, Bowser sabía que esta boda con Peach no funcionaría como él esperaba, por eso se preparó para... bueno, para la situación en la que nos encontramos.

Moonie desvió la mirada, las lágrimas comenzando a arder en sus ojos. No quería llorar otra vez, pero el peso de las palabras de Kamek era imposible de ignorar.

—No puedo hacer esto, Kamek. Mírame. Apenas puedo levantarme de la cama. ¿Cómo esperan que lidere algo? No soy fuerte. No soy inteligente. No soy... —Su voz se quebró, y cubrió su rostro con las manos.

El magikoopa se acercó, colocando una mano gentil sobre su hombro.

—Es cierto, ahora no te sientes lista. Y nadie espera que lo estés de inmediato. Pero Bowser te eligió porque vio más allá de tus dudas y miedos. Esto no es solo una carga, Moonie. Es una oportunidad. Una manera de honrarlo, de proteger lo que él amaba.

Ella respiró profundamente, mirando nuevamente la corona. Cada fibra de su ser quería rechazarla, dejarla ahí y encerrarse en su mundo de lamentos. Pero otra parte, una que apenas comenzaba a resurgir, se preguntaba si tal vez, solo tal vez, Kamek tenía razón.

—¿Qué se supone que haga con esto? —preguntó finalmente, su voz llena de incertidumbre.

—Primero, úsala. —La voz de Kamek era firme, aunque llena de calidez. —La corona no es solo un símbolo. Es... especial. Te ayudará a encontrar esa fuerza que crees haber perdido. Y luego... luego daremos el primer paso juntos. No tienes que hacer esto sola, Moonie.

Ella asintió lentamente, todavía insegura, pero sabiendo que no podía seguir hundiéndose en su propia miseria. Extendió la mano hacia la corona, y al tocarla, sintió un extraño calor recorrer su cuerpo. Era como si, por primera vez en meses, un pequeño destello de esperanza comenzara a encenderse en su interior.

—...Creo... que necesitaré arreglarme primero —dijo Moonie con una risa que, a su vez, reprimía un sollozo. Se limpió las lágrimas que salían, y luego miró a Kamek—. Y no hablo de un nuevo vestido, aunque no vendría mal. Hablo de... de todo. Mira mi habitación, por Dios... es un desastre desde hace 3 meses. ¡Y mírame a mí! No me he cuidado nada desde que Bowser... —Reprimió otro sollozo antes de continuar—. ¿Cómo se supone que lidere a sus tropas si no me veo presentable?

Kamek sonrió, con una mezcla de alivio y ternura. Aquella chispa en la voz de Moonie, aunque tímida y frágil, era el primer paso que tanto había esperado.

—Es un comienzo, joven Moonie. Y tienes toda la razón. El exterior refleja lo que llevamos dentro, pero también puede ayudar a construirlo. Ordenemos este caos juntos, ¿de acuerdo?

Moonie se quedó mirando el desorden que la rodeaba: ropa tirada por todos lados, pergaminos arrugados, muebles fuera de lugar. Todo hablaba de la desesperanza que había sentido. Pero, por primera vez, no lo vio solo como un recordatorio de su dolor, sino como algo que podía cambiar.

—De acuerdo —dijo con un suspiro, poniéndose de pie lentamente, como si ese simple acto fuera un desafío monumental. Luego miró a Kamek—. ¿Por dónde empezamos?

El magikoopa agitó su varita, y de inmediato varias escobas encantadas y trapos flotantes comenzaron a movilizarse por la habitación, recogiendo y limpiando.

—Empezamos con el espacio a tu alrededor, claro está. Y luego, bueno... tal vez debas darte un baño... Sin ofender.

Moonie soltó una carcajada suave, la primera en mucho tiempo, aunque sus ojos seguían húmedos por las lágrimas.

—Tienes toda la razón. Supongo que no he sido la mejor compañía para mi propio reflejo últimamente. —Pasó una mano por su cabello desordenado, sintiendo los nudos y la falta de cuidado que había dejado acumularse.

Kamek, aliviado de verla responder con un poco de humor, se puso de pie y comenzó a supervisar las tareas de limpieza mágica.

—No te preocupes, joven Moonie. Nadie espera que todo vuelva a la normalidad de inmediato. Pero este es el primer paso para demostrarte a ti misma lo que Bowser ya sabía: que eres más fuerte de lo que crees.

Moonie observó cómo las escobas y trapos trabajaban a su alrededor, moviéndose con eficiencia para devolver a su habitación un orden que casi había olvidado que existía. Al mismo tiempo, se acercó al espejo, analizando su estado actual. Sip, se veía terrible, pero a su vez, sabía que no podía quedarse así para siempre, que tenía que comenzar a hacer un cambio.

Miró la corona en sus manos, luego su reflejo nuevamente y, respirando hondo, Moonie se colocó la corona. No se sentía muy diferente que si no la tuviera, claro está, pero aún así... Ver su reflejo, ahora con la corona, le hacía pensar que tal vez, y solo tal vez, Bowser hizo bien en confiarle sus tropas y reino a ella, al menos de momento.

Moonie giró lentamente frente al espejo, observando cómo la corona brillaba bajo la tenue luz de la habitación. Era un contraste extraño: su aspecto descuidado, los ojos enrojecidos, el cabello enmarañado... y aquel símbolo de poder y responsabilidad descansando sobre su cabeza. Por primera vez, sintió que el peso de la corona no era solo físico, sino emocional, una carga que debía aprender a llevar.

Kamek, al verla, asintió con aprobación, su mirada cálida pero firme.

—Así está mejor —dijo, cruzándose de brazos. —No importa lo que sientas ahora, Moonie. Lo que importa es lo que decides hacer con ello. Cada gran líder comenzó dudando de sí mismo. Incluso Bowser tuvo sus momentos de incertidumbre, aunque jamás lo admitiera en voz alta.

—Conmigo sí que lo admitió —dijo Moonie con una pequeña sonrisa, aunque no podía evitar sentir que algo hacía falta.

Definitivamente no era su vestido, el cual iba a necesitar unos cuantos arreglos; tampoco era su peinado, el cual comenzaría a cuidar un poco más en los próximos días. No, lo que hacía falta era... un símbolo. Algo que no solo la demarcara como nueva gobernante, al menos temporal, de los koopas. Algo que dejase en claro que con ella no debían meterse, algo que gritase "no te metas en mi camino"... algo que la demarcara como parte de la vida y ejército de Bowser, algo que dijese que ella era de Bowser.

—Algo falta... —murmuró, aunque de todas formas Kamek alcanzó a escucharla—. No sé qué, pero... necesito más que solo un cambio de look.

Kamek se frotó el mentón al escuchar esto, pensando en algo que pudiera ayudar a Moonie. Comenzó a ver la habitación, que comenzaba a verse más ordenada gracias a las escobas, mientras frotaba su varita. Fue cuando vio el poster de un koopa vestido como una estrella de rock y sosteniendo una guitarra y con un tatuaje del rostro de bowser en su brazo que Kamek tuvo la solución.

—Señorita... Creo saber qué es lo que falta —dijo el magikoopa con una sonrisa confiada, mientras que Moonie le miró con curiosidad.


Tres semanas después, Moonie se había tomado muy en serio su repentino pero importante nuevo papel como la Reina de los Koopas. El que ahora estuviese comiendo y durmiendo con regularidad solo fue el comienzo; pro fin pudo arreglar su cabello y regresarlo a un estado similar al original; junto con Kamek se aseguró de que todas las tropas sin falta retomaran sus rutinas de entrenamiento y de vigilancia, sin peros.

A su vez, el propio Kamek y un nuevo capitán de los koopas—dado a que el último literalmente se mató a sí mismo tratando de eliminar a Mario—enseñaron a Moonie un sencillo tiro con lanza, al menos de momento, pues el plan era que pronto aprendiera a manejar el arma por completo no solo para defenderse, sino para atacar con ella. Tal vez no tuviese la fuerza de Bowser ni pudiese escupir fuego, pero sabía bien como mostrarse intimidante. Lo aprendió del propio Bowser, después de todo.

Finalmente, Moonie decidió que era hora de un cambio de aspecto. Necesitaba una imagen renovada para presentarse como la nueva líder de los koopas, una que no se alejase mucho de su aspecto actual, pero que fuese intimidante... Y al final, consiguió lo que quería. Además, gracias a la sugerencia de Kamek sobre cómo mostrarse como propiedad de Bowser, Moonie por fin sentía que su vida volvía a tener sentido... Y este era solo el comienzo.

Cuando por fin se sintió lista, hizo a Kamek reunir a todas las tropas de Bowser en su salón del trono nuevamente.

El gran salón del trono estaba lleno de koopas, goombas, shy guys, y otras criaturas del ejército de Bowser. Cada uno hablaba entre sí, con una mezcla de expectativa y curiosidad. Habían pasado meses desde la última vez que todos se reunieron en ese lugar, y la ausencia de su gran líder aún pesaba en el aire. Pero hoy, algo era diferente. Había una energía palpable, un cambio que se sentía en cada rincón del castillo.

Pronto, tras una nube morada, Kamek apareció gracias a su magia frente al trono de Bowser, usando su varita como micrófono y carraspeando.

—¡Su atención, por favor! —pidió el magikoopa, pero la multitud al parecer le ignoró—. ¡Atención! —Volvió a ser ignorado, y esta vez decidió ser más alto y directo—. ¡YA CÁLLENSE!

El estruendo de la voz amplificada de Kamek rebotó en las paredes del salón del trono, silenciando a todos los presentes de inmediato. Las tropas se enderezaron, algunos visiblemente sorprendidos por el tono inusualmente severo del magikoopa.

—Gracias —dijo Kamek, ajustándose las gafas con un gesto rápido antes de continuar con voz más calmada pero cargada de autoridad—. Hoy es un día importante para todos nosotros. Como saben, la ausencia de nuestro Rey ha dejado un vacío que ninguno de nosotros estaba preparado para afrontar. Pero también nos ha brindado la oportunidad de demostrar nuestra lealtad y fortaleza, tal como él siempre creyó que podríamos hacerlo.

Un murmullo inquieto recorrió la multitud, pero Kamek alzó su varita para reclamar su atención nuevamente.

—¡Silencio! —exclamó con firmeza. —Hoy les presento a quien liderará nuestras filas, quien honrará el legado de Bowser y, más importante aún, quien nos guiará hacia un nuevo capítulo. ¡Les presento a nuestra nueva Reina... Moonie!

Kamek movió su varita nuevamente, esta vez para permitir la entrada de Moonie. Una nube de humo morado tapó el trono, pero mientras esta se disipaba poco a poco, Moonie decidió presentarse directamente. Su cambio era bastante notorio: su vestido morado, aquel que Bowser le había regalado, ahora estaba arreglado, con un par de mangas cortas que no cubrían sus hombros; la zona de su entrepierna ahora esta expuesta, mostrando a Moonie usando unos shorts cortos morados y un par de botas largas de color blanco con suela morada. Sus orejas estaban adornadas con aretes lila en forma de estrella, y la corona que Bowser dejó para ella adornaba su cabeza.

Pero lo más destacable de todo es que ahora Moonie portaba una lanza en su mano derecha, y en su hombro izquierdo, se había tatuado el rostro de Bowser, mismo que estaba plasmado en todas las banderas de su ejército, al igual que el casco del Capitán Koopa.

El salón quedó en absoluto silencio mientras Moonie avanzaba con paso firme hacia el trono, su figura imponente reflejando tanto elegancia como poder. Cada mirada estaba clavada en ella, desde los soldados rasos hasta los oficiales de mayor rango. El cambio en su apariencia no solo mostraba un nuevo estilo, sino también un mensaje claro: Moonie estaba lista para tomar el mando y honrar el legado de Bowser a su manera.

Al llegar frente al trono, Moonie hizo una pausa, alzando la mirada hacia los asistentes. Sus ojos destellaban una mezcla de determinación y emoción contenida, y al posar su lanza contra el suelo, el eco resonó en todo el salón, capturando la atención de todos los presentes.

—¡Soldados del Reino Koopa! —declaró, su voz clara y fuerte como un trueno—. Hoy me presento ante ustedes no solo como la heredera del trono, sino como su aliada, su líder, y su protectora. El Rey Bowser me confió este reino y su gente, y no pienso defraudar esa confianza.

Un rugido de aprobación comenzó a crecer entre las tropas, pero Moonie alzó la mano para silenciarlo antes de continuar.

—Sé que algunos de ustedes dudan de mi capacidad para liderar —admitió con franqueza—. No soy Bowser, ni pretendo serlo. Pero todo lo que soy, todo lo que he aprendido y todo lo que haré será para honrar su memoria y para garantizar que este reino no solo sobreviva, sino que prospere... Y que se prepare, porque cuando volvamos a levantarnos de las cenizas, terminaremos lo que Bowser debió haber terminado cuando tuvo la oportunidad: ¡destruiremos el Reino Champiñón!

Las tropas se vieron entre sí, obviamente dudosas dado a lo que le pasó al último líder que quiso eso. Moonie, por supuesto, ya se esperaba esta reacción, pero se había preparado para todo tipo de reacciones; esta incluida.

—Tienen sus motivos para dudar de que esto funcione, de que las cosas sean diferentes esta vez, y lo entiendo —declaró Moonie, su voz igual de firme que antes—. Pero sé que ustedes desean vengarse tanto como yo. Solo... piénselo un momento. Antes de que Mario y Luigi aparecieran, nuestro ejército era temido por todos lados. ¡Nos consideraban invencibles! Y de pronto, llegan dos fontaneros de la nada y cambian todo. ¿No les da rabia que esos hermanos hayan lastimado a sus amigos? ¿A sus familias? ¿A sus parejas?

Las palabras de Moonie resonaron en el salón, calando hondo en los soldados que permanecían en silencio, con expresiones mezcladas entre la duda y la furia contenida. Ella aprovechó el momento, ajustando su postura para irradiar más seguridad.

—¡Piensen en todas las veces que nos han subestimado! —continuó, señalando a los estandartes con el rostro de Bowser—. Cada derrota que sufrimos no fue solo un golpe para nuestro Rey, fue un golpe para todos nosotros. ¡Para nuestra dignidad, para nuestro orgullo como el ejército más fuerte de este mundo! Y ahora les pregunto… ¿Vamos a seguir aceptando ser una sombra de lo que fuimos? ¿Vamos a permitir que esos fontaneros sigan humillándonos?

El silencio fue roto por un murmullo que creció rápidamente, un sonido que reflejaba emociones reprimidas, años de frustración y derrota acumulada. Moonie dio un paso al frente, golpeando el suelo con su lanza para recuperar la atención.

—¡No! —gritó con una fuerza que hizo eco en las paredes—. ¡No aceptaremos más derrotas! Conmigo al mando, no solo recuperaremos nuestro lugar, sino que lo haremos mejor, más fuertes, más inteligentes. ¡Este es un nuevo comienzo para todos nosotros! ¡Y les prometo que esta vez no fallaremos! —Su declaración fue seguida por vítores por parte de las tropas, lo cual le hizo sonreír—. ¡Nos alzaremos más fuertes que nunca! Y cuando llegue el momento, ¡atacaremos el Reino Champiñón! Haremos que Peach, Mario y Luigi se arrepientan del día en que se cruzaron con nosotros, que se arrepientan de haber rebajado a Bowser a un prisionero miniatura en una jaula para mascotas. ¡Lo liberaremos y haremos que el Castillo de Peach arda en llamas!

El salón estalló en una ovación ensordecedora. Los soldados golpeaban sus lanzas contra el suelo, generando un estruendo que reverberaba por las paredes del trono como si fuera un eco de los días gloriosos de Bowser. Moonie permanecía en pie, observando a su ejército con una mezcla de orgullo y determinación.

Kamek, que se había mantenido a un lado durante la proclamación, dio un paso adelante, alzando ambas manos para calmar el entusiasmo.

—¡Silencio, silencio! —ordenó, su voz amplificada una vez más por la magia. A medida que el bullicio disminuía, Moonie asintió con gratitud hacia Kamek antes de girarse hacia los presentes nuevamente.

—Antes de lanzarnos al campo de batalla, hay trabajo que hacer —continuó Moonie, con la voz firme y llena de convicción—. Reorganizar nuestras tropas, reforzar nuestras defensas y, sobre todo, reconstruir la confianza de cada uno de ustedes en nuestra misión. Este reino será un ejemplo de unidad, y ningún enemigo, ya sea del Reino Champiñón o de más allá, será capaz de quebrantarlo.

—Uy, ¿pero y si Mario y Luigi tratan de detenernos? —preguntó un koopa.

Como casi recompensa, Moonie lanzó su lanza y pudo haberle perforado la cabeza al koopa, si este no la hubiese escondido en su caparazón a último momento, con la lanza quedando pegada sobre el muro en el que se apoyaba.

—Esos dos fontaneros no son nada sin potenciadores —dijo Moonie, sonriendo con malicia—. Y sin la Superestrella a su alcance, aniquilarlos será pan comido. Y si también les preocupa Peach, no se alarmen. Yo misma me encargaré de ella. Ahora, ¡que comience el renacer del Ejército Koopa!

La ovación fue aún más estruendosa que antes, casi ensordecedora, mientras los soldados alzaban sus armas y vitoreaban con un fervor renovado. La tensión inicial había desaparecido, sustituida por un entusiasmo feroz que llenaba el salón del trono con una energía electrizante. Moonie había logrado encender la chispa que los Koopa necesitaban: un sentido de propósito renovado, un objetivo claro y la promesa de venganza.

Kamek sonrió con satisfacción, pero detrás de sus gafas se ocultaba un brillo de preocupación. A pesar del éxito de Moonie al inspirar al ejército, sabía que las palabras no serían suficientes. La estrategia y la preparación serían clave para enfrentarse a los desafíos que se avecinaban. Sin embargo, por ahora, dejó que la recién proclamada Reina disfrutara de su triunfo.

Moonie, por su parte, permaneció de pie frente a su ejército, con los brazos cruzados y una sonrisa confiada en su rostro. Su mirada se paseó por el salón, tomando nota de las caras de sus seguidores, grabando en su memoria la lealtad que acababa de ganar. Pero también notó las expresiones de algunos que todavía guardaban dudas, aquellos cuyas miradas reflejaban más temor que convicción. Moonie sabía que tendría que ganarse completamente a esos soldados con algo más que palabras, y estaba dispuesta a hacerlo.

Continuará...

Notes:

Dos meses después, pero aquí está: ¡Un nuevo One-Shot de Moonie Princesa! Espero que te gustase, @ibowserwife.

Y a los demás que han llegado, espero que les gustase la historia. Muchas gracias por leer.

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