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Figura Materna

Summary:

Moonie no sabía con quién estuvo Bowser antes ni por qué tuvo un hijo con ese alguien. Sin embargo, Bowser Jr. es demasiado adorable como para poder odiarlo solo por existir.

Notes:

Esta historia es una secuela de "En las llamas del amor" (https://archiveofourown.org/works/60329077).

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Moonie sonrió con ternura y calidez mientras observaba a Bowser Jr. jugar con sus bloques y muñecos miniatura a ser el defensor del reino, mismo que un día sería suyo.

Meses han pasado ya desde que el plan de Bowser de casarse con Peach falló por culpa de Mario y Luigi, y desde que Moonie salvó a Bowser de ve a saber tú lo que Peach fuese a hacerle si ella y Kamek no se lo hubiesen llevado. Desde entonces, su intimidad con el rey de los koopas ha evolucionado.

Y por evolucionar, quiero decir que al fin tiene a Bowser solo para ella.

Bowser resultó ser incluso mejor pareja de lo que Moonie jamás había soñado. Desde ser detallista con ella como regalarle flores y vestidos de diferentes tipos y colores, hasta consolarla de vuelta cuando era ella quien necesitaba ser escuchada. Tras haber pasado meses siendo ella ese hombro sobre el que apoyarse para Bowser, ahora él le devolvía cientos de favores pendientes simplemente por haber estado allí cuando nadie más lo estuvo.

Moonie vivía el sueño, y uno muy bonito... Solo que no esperaba que Bowser ya tuviese un hijo.

En su momento, cuando Bowser estaba por contárselo, ella notó de inmediato lo nervioso y ansioso que se veía. No lo había visto así desde que quería pedirle matrimonio a Peach, y claro, ella de inmediato se ilusionó con la idea de que Bowser quería proponerle matrimonio. Sin embargo, eso se derrumbó en cuanto Bowser comenzó a hablar de una vez que estuvo tan decaído, años antes de conocerla a ella, en la que decidió ahogar sus penas de un modo que no era digno de un rey.

Se fue de fiesta a algún lado, bebió como un desquiciado y al parecer se acostó con alguien. Ni siquiera recuerda quién es, pero sabe que sucedió porque, 9 meses después de aquello, en la puerta de su fortaleza apareció una canasta y una nota. En un principio, pensó que alguien dejó a un niño cualquiera a su cuidado, y Bowser se sintió frustrado por ello. Pero al ver dentro de la canasta y descubrir que el infante era idéntico a él de niño, cualquier idea de dejarlo en otro sitio o incluso tirarlo a la lava fue descartada de inmediato. Cuando Kamek hizo una prueba de ADN, y salió positiva, no quedaban dudas ya de que este ser de luz era su hijo.

Sin embargo, era demasiado pequeño todavía para adiestrarlo en su mismo camino, por lo que cada 6 meses manda a Bowser Jr., como decidió nombrarlo al final, a una especie de escuela hecha por Kamek para poco a poco educarlo hasta que pueda ocupar el trono de su padre y continuar con su legado.

Moonie, al enterarse de todo esto, no supo bien como reaccionar. Por un lado, ahora entendía por qué Kamek desaparecía cada cierto tiempo por varios meses, y por qué tartamudeaba la excusarse diciendo que "siempre estaba alrededor, simplemente no se topaban entonces", o por qué ella tenía prohibido acceder a un cuarto en específico, el cual ahora sabe que es el de Bowser Jr. Por otro lado, sin embargo, no sabía bien cómo tomarse el hecho de que Bowser le haya ocultado por más de 1 año la existencia de su hijo, ni que ni siquiera el propio rey koopa sepa quién es la madre biológica del niño.

El hecho de que por años le haya mentido a Bowser Jr. diciendo que su mamá es Peach no ayudaba mucho, en especial considerando lo que pasó hace solo unos meses.

Eventualmente se dio cuenta de que estaba enojada, pero no porque Bowser tuviera un hijo, sino por qué se negó a hablarle de él durante más de un año y medio desde que se conocen. Cuando este le pidió ser paciente y conocerle, ella solo aceptó por cortesía y por no querer dar la idea equivocada a Bowser Jr. de ella. Quería mostrarse dura y fría solo para castigar a Bowser, aún cuando sabe que Jr. no hizo nada malo, pero esa fachada se derrumbó en cuanto conoció al príncipe de los koopas.

Desde el primer momento en que vio a Bowser Jr., Moonie no pudo evitar sentir una conexión especial con el pequeño. Su entusiasmo desbordante, su risa contagiosa y esa chispa de curiosidad en sus ojos hicieron que todas las ideas de mantener distancia se desmoronaran. Bowser Jr., ajeno a la tensión que había entre su padre y Moonie, la recibió con los brazos abiertos y una sonrisa tan grande como su corazón.

—¡Eres Moonie! —dijo con emoción, aferrándose a su vestido nada más entrar al cuarto donde Kamek había organizado su pequeña reunión familiar—. ¡Papá dice que eres su reina!

Moonie tragó saliva. Las palabras del pequeño la tomaron por sorpresa, pero no tuvo tiempo de procesarlas del todo antes de que Jr. la jalara hacia un rincón donde había construido una fortaleza con sus bloques de juguete.

—Ven, ven. ¡Quiero mostrarte algo!

Bowser, observando desde la entrada, esbozó una sonrisa algo nerviosa, como si no supiera si el gesto de su hijo ayudaría o empeoraría las cosas. Moonie, sin embargo, se dejó llevar. Cuando Jr. comenzó a explicarle cómo defendía su "reino" de ataques imaginarios, ella lo escuchó con una atención que desconcertó incluso a Kamek. No fue forzado. Fue natural.

Conforme pasaron las semanas, Moonie se encontró disfrutando de la compañía de Bowser Jr. más de lo que esperaba. Era un niño encantador, lleno de energía y creatividad. Le recordaba a una versión más joven y pura de Bowser, sin el peso de las responsabilidades ni los errores del pasado. Poco a poco, comenzó a involucrarse en su rutina: ayudándolo con sus tareas, escuchando sus historias y hasta enseñándole algunas cosas nuevas que Moonie consideraba importantes para un futuro rey.

Bowser, por su parte, observaba desde las sombras con un alivio creciente. Aunque sabía que Moonie seguía molesta con él, no podía ignorar la felicidad que irradiaba cuando estaba con Jr. Se prometió a sí mismo arreglar las cosas con ella, pero también darle el tiempo que necesitaba.

Una noche, mientras Bowser Jr. usaba una especie de pincel tan grande como una escoba para dibujar algo en un lienzo, con Moonie acompañándole como ya era costumbre, no pude evitar hacerle esa pregunta que tanto ha temido hacer desde que supo siquiera de su existencia...

—Junior... ¿no quisieras saber quién es tu mamá? —preguntó ella, mostrándose tranquila por fuera, mas esperando por dentro que no estuviese diciendo algo fuera de lugar.

La respuesta que obtuvo, sin embargo, no se la esperaba, menos en tan poco tiempo.

—Pues tú, ¿no es así? —dijo él, con tanta calma y naturalidad que hasta parecía que él veía la pregunta como algo tonto.

Moonie sintió que el aire se detenía en la habitación. La tranquilidad con la que Bowser Jr. había dicho esas palabras la dejó atónita. Su mente comenzó a girar en mil direcciones, intentando procesar el peso de lo que acababa de escuchar.

—¿Yo...? —su voz sonó más suave de lo que pretendía. Jr., completamente ajeno a la sorpresa de Moonie, seguía pintando como si nada hubiese pasado.

—Claro, papá siempre dice que eres su reina —repitió, esta vez sin levantar la vista del lienzo—. Y Kamek dice que los reyes y las reinas son los papás de los príncipes. Entonces, eso te hace mi mamá, ¿no?

Moonie tragó saliva. De repente, el silencio se volvió casi ensordecedor, salvo por el sonido rítmico del pincel de Jr. contra el lienzo. No era una respuesta inocente ni superficial. Era una lógica infantil, sí, pero también una declaración cargada de una necesidad emocional que Moonie no podía ignorar.

Antes de que pudiera responder, Jr. continuó con una risa ligera.

—Además, Peach nunca quiso ser mi mamá. Siempre me decía cosas feas o me empujaba lejos. Pero tú... tú eres diferente. Me gustas. ¿Puedo llamarte mamá?

Moonie abrió la boca para responder, pero ninguna palabra salía. Sentía un nudo en la garganta, una mezcla de alegría, confusión y miedo. No sabía si debía corregirlo o aceptarlo, pero lo que sabía con certeza era que no quería romperle el corazón. Justo en ese momento, escuchó la inconfundible tos de Kamek desde la entrada.

—Señorita Moonie —interrumpió el viejo mago con cuidado, como si supiera que su intervención era tan necesaria como delicada—. Quizá sea mejor dejar este tema para cuando... ejem, el joven maestro Bowser esté descansando.

Bowser Jr. frunció el ceño al escuchar eso.

—Pero no estoy cansado. ¡Solo quiero que mamá vea mi dibujo terminado!

Moonie soltó una pequeña risa, incapaz de ocultar el calor que comenzaba a crecer en su pecho. Se arrodilló junto a Jr., acariciándole suavemente la cabeza.

—Claro que quiero ver tu dibujo, pequeño artista. Pero... hablemos de lo demás después, ¿te parece? —le dijo con ternura.

El niño la miró por un momento, y luego asintió con una sonrisa amplia. Al parecer, para él, el tema ya estaba resuelto. Moonie, por otro lado, sabía que las cosas eran mucho más complicadas. Pero por ahora, decidió dejar que ese momento fuera solo para ellos.

Bowser Jr. rápidamente se metió en su cama, dejando el lienzo y su pincel tirados, aunque a este punto ya era costumbre. Moonie decidió acercarse y acurrucar a Jr. con las mantas mientras tarareaba una melodía, la misma que solía cantar en sus guardias nocturnas cuando paseaba por su reino antes de conocer a Bowser. El pequeño príncipe bostezó agotado casi de inmediato, y antes de caer dormido por completo, soltó una última frase.

—Buenas noches, mamá...

Moonie sintió cómo su corazón se aceleraba al escuchar esas palabras, tan simples y tan devastadoramente dulces. Observó el rostro sereno de Bowser Jr. mientras caía en un sueño profundo, su pequeña mano aún aferrada a la esquina de la manta. Se quedó a su lado unos instantes más, contemplándolo como si tratara de grabar ese momento en su memoria.

Cuando finalmente se levantó, lo hizo con cuidado, asegurándose de no despertarlo. Caminó hacia la puerta, donde Kamek seguía esperando, con una mezcla de incomodidad y curiosidad en su rostro.

—¿Y ahora qué? —susurró Moonie, cruzando los brazos mientras cerraba la puerta del cuarto de Jr. detrás de ella.

Kamek ajustó sus gafas, un gesto que Moonie había llegado a interpretar como su forma de ganar tiempo para pensar.

—Bueno, señorita Moonie, creo que es evidente que el joven maestro Bowser... ejem, la ha aceptado completamente en su vida. —Su tono era cuidadoso, como si estuviera probando terreno.

—¿Eso es todo lo que tienes que decir? —Moonie lo miró, incrédula—. ¡Kamek, esto no es un juego! Jr. piensa que soy su madre, y aunque aprecio su confianza, no puedo simplemente asumir ese papel de la noche a la mañana.

Kamek suspiró, mirando hacia el pasillo vacío como si estuviera reuniendo las palabras correctas.

—Lo entiendo, señorita. Pero también debe considerar que, para el joven maestro, usted ya es más madre de lo que cualquier otra persona ha sido. Y... bueno, si me permite decirlo, su reacción esta noche demuestra que quizás usted misma no está tan en contra de la idea como quiere aparentar.

Moonie parpadeó, sintiendo cómo sus mejillas se calentaban. La idea la abrumaba, pero no podía negar que había algo en la mirada de Jr., en la forma en que confiaba en ella, que le hacía querer protegerlo, cuidarlo... y quizás, incluso, querer ser ese algo más en su vida.

—Esto no cambia el hecho de que Bowser y yo necesitamos hablar seriamente de esto —dijo al final, con más firmeza en su voz.

Kamek asintió con gravedad.

—Por supuesto. El rey Bowser está en la sala del trono. Lo he enviado allí para que reflexione un poco... y para que, ejem, esté listo para hablar con usted.

Moonie suspiró. Sabía que esa conversación era inevitable, pero eso no hacía que fuera más fácil. Agradeció a Kamek con un leve movimiento de cabeza y comenzó a caminar hacia la sala del trono, sintiendo cómo su determinación crecía con cada paso.

Cuando llegó, encontró a Bowser sentado en su imponente trono, la cabeza baja y los codos apoyados en las rodillas. Parecía perdido en sus pensamientos, un contraste con su habitual actitud de arrogancia y confianza. Cuando la notó, se enderezó de inmediato, aunque el nerviosismo en su rostro era evidente.

—Moonie... —comenzó, su voz más suave de lo normal—. Escuché lo que dijo Jr.

Ella cruzó los brazos, manteniendo su postura firme mientras avanzaba unos pasos hacia él.

—¿Y qué piensas de eso, Bowser? —preguntó, sin rodeos.

Él vaciló, algo que rara vez hacía, y bajó la mirada antes de responder.

—No esperaba que... se encariñara tan rápido contigo. Pero no puedo culparlo. Yo también... —Se detuvo, como si las palabras fueran demasiado difíciles de pronunciar—. Yo también sé que eres importante para él. Y para mí.

Moonie sintió que su corazón se ablandaba, pero no dejó que eso la distrajera.

—Esto no se trata solo de Jr. o de mí, Bowser. Esto se trata de nosotros. ¿Por qué no me hablaste de él antes? —Su tono era más suave ahora, pero aún cargado de reproche.

Bowser soltó un largo suspiro, levantándose del trono para mirarla directamente.

—Porque tenía miedo, ¿de acuerdo? Miedo de que pensaras que era un desastre. Que no soy suficiente para ti. —Se rascó la nuca, evitando su mirada—. Nunca fui bueno con estas cosas... Y luego tú llegaste, y no quería arruinarlo.

Moonie permaneció en silencio por un momento, dejando que sus palabras calaran. Finalmente, dio un paso hacia él, poniendo una mano en su brazo.

—Bowser... no es Jr. lo que podría arruinar esto. Lo que lo podría arruinar es que no confíes en mí. —Su tono era firme, pero había un atisbo de calidez en su mirada.

Él la miró finalmente, sus ojos llenos de arrepentimiento y algo más profundo: gratitud.

—Lo siento, Moonie. De verdad.

Ella asintió, aceptando su disculpa.

—Está bien. Pero si vamos a hacer esto... lo hacemos juntos. ¿Entendido?

Bowser asintió, y por primera vez esa noche, una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.

—Juntos.

FIN

Notes:

¡¡¡SORPRESA, @ibowserswife!!!

Me saqué este One-Shot del nabo, y me ha encantado escribir algo hipotético como sorpresa. ¡Espero que te gustase, Moonie!

Y a los demás que han llegado, espero que les gustase la historia. Muchas gracias por leer.

P.D: Es obvio que esto va a envejecer como la leche en cuanto salga la secuela de la peli, pero eh. Detalles.

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