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—Naaami-swaaan, te hice un jugo de mandarina ♡ — Sanji, el cocinero del barco se acercó a Nami quien tomaba sol en el patio del Sunny Go.
—Gracias, Sanji-kun — Nami le sonrió y guiñó. A Sanji le salieron corazones de los ojos y se fue girando como remolino, Nami soltó una risita por las ridiculeces de Sanji.
Nami tomó un sorbo del delicioso jugo que Sanji le había hecho especialmente para ella, era de mandarinas, la fruta favorita de la mujer. Las mandarinas son su más grande amor. Son deliciosas y fáciles de comer. Nami las ama, pero las ama también por el hecho de que representan su infancia y vida entera.
Bellemere, su difunta madre, se dedicaba a la cosecha de mandarinas para vivir. Recuerda verla trabajando duro en su campo y Nami siempre la ayudaba. Recuerda el "Pato a la Mandarina", el platillo estrella de su mamá, el cual Nami adoraba.
Alrededor del mundo, la estación era el verano (si no contamos el Grand-Line).
En verano se cumple el aniversario de la muerte de su madre. Nami lo tenía presente todo el tiempo, era inevitable para ella. Este jugo de mandarina, a pesar de ser delicioso, le recordaba más que nunca a su mamá. Triste, Nami se levantó y cerró su reposera, ya no estaba de humor para tomar sol, o quizás, sintió que en cualquier momento se quebraria y no quería que nadie la viera de esa manera, así que simplemente decidió irse.
—¡Eu, Nami, vení con nosotros! ¡Vamos a jugar a la guerra de bombuchas de agua! — dijo Luffy con su sonrisa gigante.
—Paso, Luffy, yo… estoy algo cansada.
—¿Cansada? Pero estabas re bien hace unos minutos.
—Eh...sí , bueno, no sé — dijo y se fue lo más rápido que pudo.
Que estaba cansada era cierto pero no por las razones correctas. Nami se sentía cansada de estar tan triste cada vez que recordaba a Bellemere. Pero no podía hacer nada para evitar sentirse así. Nami cerró la puerta de su habitación, agradeciendo que Robin no estuviera ahí, y se sentó en su escritorio para continuar con sus mapas a manera de distracción. De pronto, escuchó que tocaban su puerta, dudó de abrirla pero pensó que si la llamaban era importante y no podía ignorar a sus compañeros.
—¿Luffy? ¿Qué pasa?
—Mm, nada, quería ver qué hacías…—una sonrisa grande falsa se encontraba en el rostro de Luffy mientras que una gotita de sudor resbalaba por su frente, Luffy no es bueno fingiendo—... si estabas bien…—Luffy finalmente dijo entre dientes, desviando la mirada de Nami.
Nami no sabía muy bien qué responder.
—Estoy bien, Luffy.
Luffy no le creyó pero si se negaba, no iba forzarla para que le cuente.
—Bueno ¿Y qué hacías? — Luffy sonrió y le preguntó emocionado, como si nada pasara.
—¿De verdad te interesa? — miró con duda — ¡Bueno puedo decirte! — Nami lo hizo entrar y sentarse con ella en su escritorio. Empezó a contarle lo que significaba trazar mapas. La cartografía es algo que a ella le apasiona y siempre que demuestren interés, explica todo lo que puede. Luffy la escuchaba con detenimiento y mira atentamente sus manos y como traza pequeñas islas en el mapa, él no entendía absolutamente nada de lo que ella explicaba pero le gustaba escucharla.
—¡Wow, Nami, eres genial! Es un re trabajo todo lo que hacés. ¡Me encanta que seas de mi tripulación!
—Ay, no digas eso…— dijo tímida — Bueno, reconozco que soy genial, y es mucho trabajo pero eso no es nada si con eso te conviertes en el Rey Pirata!
Luffy rio con sus ojos cerrados alegremente.
—¡Gracias, Nami!
—No es nada, capitán.
Nami continuó explicándole lo que significa la cartografía y como el estudio del clima influenciaba en esta con la misma pasión.
—¡Nami! ¡Eres muy linda!
—¿¿Qué?? —Nami se sonrojó.
—¡Que eres muy linda y me encanta verte sonreír!
Nami se puso roja de repente. Luffy se emocionó con eso y decidió darle un beso en la mejilla. Nami se terminó de poner roja y de su cara salió vapor.
—Luffy…
—¡Quiero que estés siempre a mi lado!
Nami sonrió y asintió emocionada.
—¡Por supuesto que siempre voy a estar con vos! es más, si yo no estoy con vos, te morís, si dependieras de Zoro, probablemente ya estarías en el estómago de algún rey marino.
Luffy carcajeó con el comentario de Nami.
—¡Es verdad, Zoro es muy tonto!
Luffy y Nami rieron juntos por un tiempo y cuando se calmaron con el bullying a Zoro se miraron.
—Gracias, Luffy, te amo.
—Yo también te amo, Nami y quiero que siempre seas feliz.
Nami soltó una pequeña risita, y también le besó la mejilla. Un pequeño sonrojo apareció en sus mejillas, Luffy sonrió con cariño y la abrazó con delicadeza.
Luffy la siguió abrazando y susurró:
—En verdad lo hago.
Nami ante eso se relajó en los brazos de Luffy, apoyando su cabeza en su hombro, abrazándolo de la misma forma. —Te amo igual.
Luffy rio y levantó su mano derecha para acariciar el cabello naranja de Nami.
—Nami, me gusta tu pelo.
—Bueno, trato de cuidarlo.
—Me gusta mucho el color, es muy vibrante y desde que te conozco, vos y tu pelo me recuerdan a las mandarinas, es genial que también te gusten las mandarinas.
Nami sonrió emocionada con el comentario de Luffy y en su estómago sintió mariposas.
—Gracias, Luffy, eso me hace feliz.
Y aunque no se vieron, los dos sonrieron al mismo tiempo.
—Mmm… ¿todavía sigue la oferta de jugar a las bombuchas de agua? — dijo separándose.
—¡Sí! ¡Claro! Pero pensé que estabas can-.
—Creo que tengo más energía ahora — Nami lo interrumpe emocionada con una gran sonrisa.
—¡Genial, vamos!
Luffy se levantó y extendió su mano para Nami. Nami la aceptó y Luffy la arrastró hacia afuera, Nami corrió con él mientras ambos reían y ella lo miraba desde atrás. Cuando Luffy abrió la puerta que daba al patio, se volteó a verla mientras sonreía emocionado por estar con ella. El Sol resplandecia detrás de él y su sonrisa contrastaba más que nunca. Nami en ese instante pensó en lo agradecida que estaba de tener a alguien como Luffy en su vida, aquel que siempre entiende sus sentimientos sin necesidad de decirlos. Luffy era como un Sol, que alegraba e iluminaba siempre sus días. ㅤ
Nami sin duda amaba a Luffy, Luffy era su otro gran amor.
