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Lance no era muy popular.
Al menos no ahora, que se había cambiado de secundaria y de ciudad gracias al trabajo de su padre.
Lance nunca la echaria eso en cara a su papá, pero desde ese suceso, había pasado de ser una de las personas más queridas del colegio a una de las más odiadas de su clase.
Si no es que la más odiada.
Quizás por qué no era lo suficientemente gracioso o lo suficientemente bueno en las materias quien sabe por qué demonios lo trataban así, pero ocurría. Sus compañeros se comportaban como niños, a pesar de que tenían casi 18 años, le tiraban el cabello, lo insultaban, se murmuraban a sus espaldas y mil cosas más.
Lance estaba harto.
El único que parecía tratarlo bien era Keith, pero era de otra orientación, así que tenía pocas oportunidades de verlo. Así que descubrió una técnica infalible para lograr salir de ahí, una que los profesores (que no colaboraban mucho para detener el bullying tampoco) no podían ignorar.
Desde el inicio de las clases, Lance ya tenía casi 20 reportes por idas a la enfermería que había estado ocultando de sus padres falsificando sus firmas para no preocuparlos innecesariamente y el s que Lance no estaba enfermo ni lo había estado ninguna de todas esas veces, el solo estaba intentando huir de esos idiotas.
Justo como estaba ocurriendo hoy.
Lance estaba sentado tranquilamente, haciendo todo su esfuerzo para poner atención y comprender la maldita calse de física avanzada cuando sintió un tirón en la parte trasera de su cabello, trató de darse la vuelta cuando escuchó el sonido de una tijera. Movió su mano a esa zona inmediatamente y entonces notó claramente una parte de su cabello faltante, en ese momento la chica tras el comenzó a reír y a levantar un mechón de cabello obviamente suyo.
Toda la clase se carcajeo y la profesora comenzó a chistar. Lance se paró y miró a la superior.
—Profesora, ¿Puedo cambiarme de lugar? ¡Ella está cortando mi cabello!— Pidió el, aún tocando el lugar en donde habían cortado su pelo.
—¡No! Solo siéntate, Lance y dejen de molestar.
El moreno sintió sus ojos llenarse de lágrimas mientras volvía a sentarse y la clase reía a su alrededor. Entonces supo lo que tenía que hacer.
Se llevó una mano a la cabeza y comenzó a toser con fuerza, para su suerte, era bastante bueno fingiendo y la escuela tenía estrictas reglas acerca de no ignorar el malestar fisico de los estudiantes (a menos que se tratara de bullying, aparentemente).
—¿Otra vez, Lance? Es la segunda vez ésta semana.—Dijo la profesora con tono aburrido, pero el mencionado no paró su acto, siguió tosiendo y fingiendo doblarse de dolor y como la mayor no tenía manera de comprobar su mentira lo envío a la enfermería. Una vez más.
En realidad odiaba esa clase de atención, pero a veces sentía que no tenía más opción que intentar escapar, pues odiaba aún más la idea de llegar a las manos con alguien.
Lance se quedó allí toda la mañana, con quién quizás era su mejor amigo en la escuela, el enfermero Coran, que lo miró con tristeza al verlo ahí una vez más.
—¿Otra vez aquí, jovencito?—Pregunto el hombre, a lo que Lance solo respondió bajando la cabeza y sentándose en la camilla—¿Que ocurrió ahora?—El junto con Keith eran los únicos que siempre creían a Lance y nunca cuestionaban lo mal que la pasaba el joven, así que el moreno no tuvo problema en mostrarle que había pasado hoy, Coran suspiró—Lamento que no tengo nada para ayudarte con eso..
—Lo se, tranquilo, sabes que no vengo para eso.—El mayor asintió.
—¿Cuanto tiempo de clases te queda hoy?—
—Una hora, no es mucho, por suerte.
Así que allí se quedó Lance el resto de la hora, sintiéndose absolutamente patético por seguir permitiendo que esto ocurriera y no ser capaz de oponer ningún tipo de resistencia. El no entendía que estaba mal con el ¿Era alguna especie de karma? Porque si ese era el caso, Lance no entendía que era lo que había hecho tan mal.
Siempre había intentado ser amable con todo el mundo, preocuparse por ellos, hacerles reír, y en su otro colegio había funcionado, tenía amigos, Pidge, Hunk sobre todo, pero había más gente también y ahora de repente todo el mundo lo detestaba por alguna razón y el ni siquiera era lo suficientemente fuerte para enfrentarlos.
Y aunque estaba muy feliz por su padre y su nuevo trabajo, extrañaba su antigua cuidad todos los malditos días.
Más tarde ese día Lance salió del colegio y allí se encontró al grupo que llevaba meses haciéndole la vida imposible.
Sus manos temblaron.
James Griffin era la cabeza de los bullys y probablemente el peor de todos. Tronó sus nudillos en cuanto lo vió.
—Con que aquí estás... ¿Sabes, Lance? Estoy harto de tus huidas y enfermedades y lo que sea, porque no te pones los pantalones y nos enfrentas de una vez, ¿Eh?
En ese momento, Lance entró en pánico. Nunca había peleado con nadie en su vida, el detestaba el conflicto y las confrontaciones, por eso siempre huia, pero ahora parecía no tener ninguna opción.
Miró a su alrededor, tratando d encontrar a alguien con la vista y pedir ayuda, por mucho que quedara como un niño llorón, no le importaba honestamente, su reputación ya no podía ir peor, pero no había nadie por ningún lado. El grupo frente a el rió.
—¿A quien buscas, eh? ¿A tu noviecito Keith?— cuestionó entre risas una de las chicas, mientras a Lance se le llenaban los ojos de lágrimas una vez más.—Aww, la mariquita quiere llorar.
Lance trató de huir hacia sus costados, pero estaba absolutamente rodeado, así qué solo pudo dar pasos atrás, paso tras paso, intentando alejarse del grupo sin caso alguno, porque luego de unos cuantos, chocó de espaldas contra una pared de concreto. Comenzaba a sentirse asfixiado. Se llevó una mano al pecho y estrujó su camisa allí, el corazón le dolía.
Los jóvenes a su alrededor rieron sarcásticamente.
—Oh, vamos Lance, ¿Con que fingiendo otra vez? Aquí no hay nadie que vaya a salvarte.
Pero ésta vez no estaba pretendiendo nada. Realmente comenzaba a sentirse mal. Las risas a su alrededor lo aturdieron como nunca mientras deslizaba su espalda por el concreto de la pared, rasgando su camisa al tiempo en que se sentaba en el suelo de tierra y las lágrimas corrían por sus mejillas, estaba absolutamente aterrado y todo empeoró como nunca cuando alguien pateó su estómago, quitandole todo el aire que le quedaba y evitando que volviera a inhalar apropiadamente, estaba hiperventilando.
Su pecho ardía, su cabeza daba vueltas y todo su cuerpo temblaba, mientras los gritos agresivos crecían a su alrededor, haciéndolo sudar hasta que no pudo más, no podía respirar y finalmente cedió.
Lance no despertó en la enfermería ésta vez. Despertó en el hospital local, con Keith recostado a sus pies, los recuerdos del moreno eran borrosos, pero aparentemente él lo había encontrado desmayado en el patio con un cúmulo de adolescentes gritando a su alrededor y lo había sacado de ahí, llamando a una ambulancia cuando notó que Lance estaba hiperventilando tanto que apenas lograba respirar, tan sumido en el ataque de pánico que lo había dejado tirado en el suelo.
En cuanto Lance se removió en la cama, Keith despertó.
—¡Lance! Quiznak, ¿Estás bien? ¿Cómo te sientes?—Preguntó apresuradamente, consiguiendo una sonrisa de parte del cubano
—Estoy bien, tranquilo... Solo fué una mala situación.
Keith frunció el ceño ante esa respuesta
—¿"Una mala situación"?, Lance, esos idiotas te estaban golpeando mientras tenías un ataque de pánico, eso no fue solo una mala situación, fue bullying puro.— Espetó el japonés, tomando al moreno por ambas manos y acariciando el dorso de éstas con sus pulgares
—Si... lo se...—Murmuró con una sonrisa apenada, comenzando a notar dolor en distintas partes del cuerpo, dónde al parecer había sido golpeado.
—Al menos esos matones no van a molestarte mas—Dijo Keith ahora más calmado, provocando la que el contrario lo mirara de inmediato con los ojos brillantes
—¿Que? ¿De que hablas?— El de pelo azabache le sonrió.
—Hable con el director, sabes lo estricto que es con esos temas, el dice que esos chicos han estado molestando a los nuevos por años, pero no notó que te estaban molestando porque no recibió ningún reporte, pero ahora va a tomar estrictas medidas contra ellos.
Lance entonces volvió a llorar, pero está vez de felicidad, abrazó a Keith de inmediato y enterró su cara en el hombro ajeno, sollozando allí.
—Dios, yo ni siquiera los reporté porque estaba demasiado aterrado...—Murmuro suavemente, a lo que el de ojos amatista se encogió de hombros.—Gracias por hacerlo por mi.
—Tranquilo, se lo difícil que puede ser a veces.
Keith ya había sido molestado antes, así que sabía lo mucho que podía costar decirle a una autoridad que te estaban jodiendo, sobre todo si eras como Lance, alguien que hace lo que sea para no preocupar a las personas que lo rodean.
Desde ese momento, Lance se cambió a la clase de Keith, dónde todo el mundo fue mucho más amable y aunque no dejaron de molestarlo por completo, ahora Lance tenía el valor de decírselo a alguna autoridad a quien le importara.
