Actions

Work Header

Volver a tí

Summary:

Leonardo de la línea temporal original es enviado al pasado, donde obtiene una vida tranquila y donde elo más raro que sucede es convivir con una versión más joven de sí mismo.

Pero a pesar de eso, cada noche es atormentando por la tristeza, el arrepentimiento y la nostalgia de aquel amor que alejó.

(Solamente un tonto One-Shot LeoSagi/Leochi con mucho angst y muchos besos!)

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Lo último que podía recordar de su mundo, fue aquel horripilante dolor en todo su cuerpo, como si cada fibra estuviera siendo quemada hasta hacerlo desaparecer, después de eso simplemente todo se volvió negro y en el momento en que despertó, estaba de vuelta en lo que alguna vez fue su hogar.

Nueva York estaba tan brillante y contaminada como sus más vagos recuerdos lo visto, el sonido de los autos, los ciudadanos y demás hacian que el aire vibrara con una extraña emoción que aún podía recordar. El aire contaminado llenando sus pulmones, diferentes aromas que si los combinaban era una total porquería pero a pesar de eso, lo había extrañado.

Había regresado, había regresado a su hogar.

Aunque la ciudad parecía estar en reconstrucción, todo parecía volver a la normalidad con rapidez, podía suponer que en ese pasado, sus viejas versiones de sí mismo y sus hermanos lograron detener al Kraang con éxito. Casey había hecho un buen trabajo, lo felicitaría una vez que lo encontraría.

¡Debía recordarlo! Su nueva meta era encontrar a su hijo y poder abrazarlo, necesitaba saber si estaba a salvo.

Con un último vistazo a la ciudad, sonriendo a sus adentros, despejando todo pensamiento en su mente. Si había fallado en volver con sus hermanos para descansar en el más allá, podía suponer que fue Donnie quien le pateó el trasero cuando estaba muriendo, tal vez diciendo algo como  “¿Que haces aquí? Lárgate, quiero disfrutar el paraíso más tiempo”  o no, ya no recordaba mucho como su gemelo parloteaba sobre sus malos chistes y su constante perturbación a la paz.

Pero estaba seguro de algo, si no había muerto y se le había brindado otra oportunidad para vivir, debía ser por un motivo en específico.

Aunque no sabía cual era.

 

Se movilizó entre los tejados de los edificios, a veces bajando hacia los callejones para pasar a otra parte y después volver a subir, era reconfortante sentir el aire golpear contra su rostro, sin tener que preocuparse si un alienígena estaba detrás de él o si debía mantenerse callado para no llamar la atención de una orda voraz. 

Aunque sus pensamientos volaron más allá de eso, sabía dónde se encontraba su familia en ese momento y sabía dónde buscar, pero no quería aparecer de la nada en la segunda guarida diciendo algo como ¡Oh, hola! Soy un Leonardo del futuro y me vengo a quedar.

Aunque era buena idea, algo le decía que era mejor no implementarlo.

Gruñó una vez que cayó en el último tejado, observando el gran puente Manhattan a lo lejos ¿O tal vez era el puente Brooklyn? ¡Carajo, era demasiado difícil recordar los nombres después de haber vivido una apocalipsis!

Una idea iluminó su mente, si había aprendido algo sobre sobrevivir a un apocalipsis de más de veinte años, era que cualquier cosa podía llamar la atención y en especial si era un desastre . Leonardo su alrededor, sabía que no podría encontrar a Casey de una manera tan fácil, registrando sus actitudes pasadas y de sus hermanos, solamente había una forma de encontrarlos.

Caos, peleas y algo que llamara mucho la atención.

"Muy bien, creo que es momento de causar unos pocos problemas."


La guarida estaba llena de ruido, risas y estruendos que fácilmente se podía identificar. Era un viernes por la noche, ya casi a punto de dar medianoche pero a pesar de eso el lugar estaba lleno de energía.

Era una simple pijamada Hamato de cada viernes, sus amigos y familia se reunieron para convivir hasta que el sueño los venciera, cantando, bailando, compitiendo en los videojuegos o haciendo estúpidos retos que un humano normal seguramente lo vería como tonto o peligroso.

¡Pero que importaba! Eran tortugas mutantes ninjas con amigos geniales, lo suficientemente fuertes para seguirles el paso sin problemas o para participar en sus locuras.

Oh sí, definitivamente era una buena noche.

Y dije era porque la alerta en el brazalete / comunicador de alta tecnología de Donnie sonó de manera fuerte y clara, captando la atención de todos.

“¡Tenemos un 10-0-10-31 en 40°42′26″N 73°59′27″O!” Giró a observar a sus hermanos, sin prestarles verdadera atención, sus tres dedos tecleando rápidamente en el brazalete.

Suspiró rendido al notar el silencio de todos ellos, "Hay problemas, alguien que no puedo identificar.. aún, ejem, está ocasionando problemas cerca del puente Manhattan" 

"¿Entonces que esperamos? Un crimen en medio de la noche es lo que nos faltaba para animar esta fiesta" Leonardo se levantó del puff en el que se encontraba, sus katanas apareciendo en sus manos con un simple movimiento.

"Leo, espera ¿Estás seguro? Aún te sigues recuperando" Raph intervino rápidamente, observándolo con preocupación.

Leo observó su propio cuerpo, tenía unas cuantas cicatrices a simple vista y una que otra venda que aún cubría las heridas no sanadas, sin contar el dispositivo auditivo en su oído, que le permitía escuchar en lo que su audición volvía a la normalidad.

Guardó un comentario desagradable para sí mismo, y solo ascendió. "Claro que sí, hermano mayor, además no puedo quedarme por siempre sin hacer nada, si algo se pone feo entonces me quedaré al margen" 

Levantó sus dos manos, como una promesa silenciosa, Rapha parecía seguir dudandolo y tardó en dar una afirmativa ante la decisión, aceptandolo después de tanta batalla mental "Está bien, entonces dinos que hacer"

"¡Muy bien, vayamos a patear traseros está noche!" April tomó su bate, sonriendo de manera maliciosa y entusiasta aunque tuvo que contenerse o seguramente golpearía a alguien de ahí.

 

"¿Cuál es el plan, líder?" Leon observó a su hermano menor, dándole dos palmadas en la cabeza antes de fijar su vista en el muelle donde se podía ver el desastre.

"Veamos cuantos tipos son, nos dividiremos por grupos y rodearemos la zona. April, Rapha y D irán por el lado de los cargamentos; Mikey, Casey y yo iremos por el lado de las bodegas. Nos veremos en el centro en diez minutos" Los demás asintieron a un conjunto, separándose rápidamente.

Mikey, Casey y Leonardo iban juntos por la derecha, movilizándose entre los costados de las bodegas del muelle.

Por otra parte, Donnie, Rapha y April iban sobre los tejados, movilizándose por el lado izquierdo buscando algún rastro de más personas, o mutantes o yokais.

Aunque no encontraron nada, solamente era el caos de cajas y más cajas completamente destruidas, rasgos de metal raspando el suelo de concreto e incluso mucha mercancía se encontraba esparcida.

“¿Esté es el gran crímen del que habló Don?”

Leonardo suspiró derrotado, un poco decepcionado de que no hubiera absolutamente nada, no podía comprender como fue que Donnie pensó que eso era un problema del que tenían que ocuparse, aunque lo entendía un poco, cuando consideraron que los ladrones de papel era un delito del cual no se preocupe, en aquel entonces les pararon el trasero unas tres veces.

Tal vez algo similar había pasado, o simplemente fue una disputa entre yokais o bandalos. 

E incluso pudo ser solo un tipo raro creyéndose lo más malo del mundo, no podía saberlo.

Sus pensamientos pasaron rápidamente a un segundo plano al escuchar las suaves pisadas casi imperceptibles que se acercaban a ellos.

Tomó su espada rápidamente, mirando alrededor con atención, buscando al responsable de aquellos pasos. No podía reconocerlos, no era el caminar de ninguno de sus hermanos ni mucho menos de alguno de sus amigos, tampoco de sus enemigos. ¿Entonces era alguien nuevo?

Se puso en guardia en el momento en que escuchó a Casey jadear de la manera más dramática posible, girando hacia él, Mikey también observó su alrededor, aunque su postura rápidamente se relajó, observando impactado un punto fijo.

"¿Mikey, Casey?" Los llamados, confundidos ante la rápida petrificación de ambos, aunque la voz de su gemelo y los pasos apresurados de los demás lo distrajeron por breves segundos, pudo notarlo.

En el tejado de aquella bodega, sentado de manera despreocupada mirando a los recién llegados, estaba él. Y no lo decía para dar suspenso ¡Prácticamente se estaba viendo a si mismo ahí, sentando sobre el tejado! 

Debía admitirlo, eso se veía genial.

"Espera, Donnie, Donnie, para" Pudo escuchar a Rapha, pero el shock de verso a sí mismo fue simplemente tan- wow.

"¡Maestro! ¡Maestro Leonardo!" Casey gritó, sus pasos fueron apresurados y torpes, tirando a un lado su palo de Hockey a un costado y escalando las cajas como podía, intentando llegar hacia la figura del mayor.

"Un ninja nunca tira sus armas, Casey" Habló, su voz un poco más grave y mucho más cansada de lo que era la voz del Leonardo más joven.

De un ágil salto, bajó del tejado y abrazó al humano, estrenandolo entre sus brazos con fuerza, murmurando en voz baja, aunque podía escuchar un poco lo que decía aún no podía comprenderlo, las palabras eran coherentes pero su cerebro no procesaba nada.

Casey sollozaba de manera dolorosa, aferrándose a la alta figura de la tortuga, balbuceando cosas sin sentido. Era un reencuentro muy emotivo y tal vez hubiera llorado un poco pero no podía, nadie podía comprender exactamente lo que estaba pasando.

"¿Ese es Leonardo del que Casey habló? ¡Santa pizza suprema!" Mikey se acercó rápidamente a ellos, saltando y moviéndose alrededor del mayor con emoción, comenzando a formular preguntas y más preguntas.

"Tranquilo grandote" Lo detuvo rápidamente, aunque sus ojos reflejaban la tristeza, reconociendo rápidamente a su hermano menor, negó suavemente antes de darle dos palmadas sobre la cabeza. "Lamento haberlos hecho llegar aquí, tal vez pensaron que era un delito lo que estaba ocurriendo, pero era la única manera de poder encontrarlos"

"Eso o hubiera tenido que ir a la guarida y aparecer de la nada" Desvío la mirada, apretando los labios finciendo no haber dicho nada, aún seguía pensando que eso era una gran idea.

No recibió respuesta alguna, nadie le contestó hasta un par de minutos más tarde cuando Casey se separó un poco de él, sus mejillas brillantes pro las lágrimas, con ojos hinchados por el llanto. La primera en acercarse fue April quien siguió el ejemplo de Mikey, comenzando a preguntar sobre muchas cosas de diferentes temas que no pudo contestar.

Después fueron Donnie y Rapha, un poco más desconfiados de verlo ahí como lo más normal del mundo, rápidamente aceptandolo al notar que efectivamente, ese era su hermano, una versión más grande y vieja de la que conocían, pero era él.

"¡Un momento, un momento!" Leo finalmente salió del shock, guardando sus Ōdachis y acercándose a la bolita. "Entonces... tú eres el yo del otro futuro, el yo que cuido y entrenó a Casey ¿Verdad? Debo admitirlo, te ves genial ¡Pero eso no es relevante! La verdadera pregunta aquí es ¿Cómo fué que llegaste aquí?" 

Leo observó su versión adulta, con un ojo entrecerrado y las manos juntas, su versión adulta solo río feliz, tal vez un poco divertido.

“No puedo darte una respuesta porque tampoco lo sé, todo es demasiado confuso y solamente sé que aparecí aquí cuando, no sé ¿Estaba muriendo?" Se encogió de hombros ante lo que dijo, restándole importancia rápidamente.

"¡E-Eso significa que también te salvaste, Maestro!" Casey interrumpió rápidamente, con lágrimas en los ojos que caían sin parar por sus mejillas. "Me alegra tanto que estés aquí, pe-pense qué..."

"Sí.." Lo interrumpió rápidamente, acariciando su cabeza con cariño. "parece que todavía no me quieren con ellos" Una risa amarga se escapó de su garganta, negando suavemente ante la idea.

"¡Tengo tantas preguntas que hacerte! ¿Cómo soy yo en tu futuro? ¡Casey dijo que era taaan genial!" Mikey captó su atención y lo que fue un ambiente melancólico rápidamente cambió a uno más agradable.

"Bueno... ¿por dónde empezar?"

 

**

 

Habían pasado dos meses desde que el Leonardo del futuro había llegado y lo habían acogido en la guarida, dándole un lugar a salvo de cualquier peligro, un hogar donde podía relajarse y disfrutar de su descanso después de una larga lucha de años.

Era reconfortante eso, el volver a escuchar reír a sus hermanos y ver a su familia junta, aunque no pertenecía exactamente a esa familia, se sintió feliz de saber que ellos estarían bien, que no morirían de manera trágica ni sufrirán por eso, qué nadie tendría que cargar con las muertes de los demás.

Las cosas iban bien en su mayoría, acostumbrarse fue un reto para él, todo era tan distinto que sus instintos de supervivencia seguían tan alertas como siempre ¡Aunque estaba bien!

El proceso era lento y agotador, pero mientras que todos ellos estuvieran bien y unidos, sabía que él lo estaría.

Poco a poco iba dejando sus feas costumbres, ya no se levantaba durante la madrugada para vigilar y mucho menos se ponía a la defensiva cuando alguien se acercaba.

Otra cosa a la que tardó en acostumbrarse fue el hecho de convivir con su versión más joven de sí mismo, aunque a veces hablaban mayormente era para pedir consejos o preguntar sobre el futuro, a veces conversaciones cortas para guiarlo a ser un mejor líder, a cuidar a su familia. Fuera de eso se mantendrían alejados, por su bienestar mental y emocional.

Más allá de eso, todo estaba bien o por lo menos eso quería pensar.

Era de noche, una noche más donde el fuerte insomnio no lo dejaba dormir y su cabeza se llenaba de millas de pensamientos referentes a todo. Había intentado descansar un poco, aunque fueron unos minutos pero no pudo, las grandes tazas de té no sirvieron y mucho menos cerrar los ojos con fuerza buscando el reino de los sueños.

Estaba agotado pero si cuerpo no cooperaba en absoluto, así que solamente salió de ese vagón de tren abandonado que se convirtió en su habitación. Tomó su única Ōdachi y caminó por la base oscura, en total silencio intentando no despertar a nadie, tal vez saldría un par de horas a la superficie para aclarar su mente o tal vez solo iría al dojo a meditar un poco.

Sus piernas lo guiaron hacia el gran Dojo, desplazando la puerta corrediza y cerrándola detrás de él una vez que entró, todo estaba completamente limpio, aunque habían algunas marcas de golpes eran lo suficientemente discretas como para mostrar un ambiente pacífico, un ambiente tranquilo dónde podía. permitirse todo.

Se sentó sobre sus piernas, dejando la Ōdachi a un lado suyo, su mirada subiendo hasta toparse con el espectacular mural donde Karai estaba impresa en un increíble dibujo. Una risa amarga se escapó de su garganta, si Gram-Gram hubiera visto todo lo que hizo pensando que era lo mejor, a costa de su propia felicidad, seguramente lo hubiera golpeado.

Tal vez le hubiera dicho que ese era el deber de un Hamato, pero que había sido un idiota por haberlo hecho sabiendo que había estado sufriendo tanto por sus acciones.

Agachó la mirada al suelo una vez más, pensando en todo lo sucedido estos últimos meses, no podía comprenderlo en absoluto ¿Por qué había vuelto? ¿Por qué se le dio una segunda oportunidad? 

No había sido bueno en su vida o por lo menos no se consideraba como alguien bueno, ¡Por Dios, por su ego y estupidez condenó a todo su mundo! Claramente no era alguien bueno en absoluto, sucedieron tantas cosas por su culpa, hizo tanto daño sin quererlo que le era imposible entenderlo. Cómo fue que una persona mala obtuvo una oportunidad de vivir en un mundo tranquilo.

Tal vez para redimirse o asumir la completa culpa de lo sucedido, tal vez después de eso finalmente moriría y aunque sabía que no lo merecía, deseaba que fuera una muerte tranquila.

Apretó sus labios con fuerza, sintiendo como su pecho se ponía pesado y sus ojos comenzaban a picar, no deseaba llorar pero sentía ganas de hacerlo.

“No llores, no llores” 

Un suspiro tembloroso escapó de su boca, buscando las fuerzas para mantenerse fuerte y sereno, no era momento de llorar y mucho menos sabiendo que su llanto probablemente podría despertar a alguien.

No podía mostrarse débil, era un líder, no podía dejar que lo vieran en un estado vulnerable.

No podía, no podía, no podía, no podía.

No-

“¿Viejo?” La voz de Leo sonó detrás de él, causándole un pequeño susto, había estado tan entrado en su cabeza que no había podido escucharlo entrar ni acercarse.

Giró hacia él, la tortuga menor parecía totalmente despierta pero inquieta así que solamente le saludó como pudo. “Hola, pequeño yo”

Leo no contestó, solo se acercó a él en silencio total, sentándose a su lado de manera desordenada, observando el grafiti en la pared como si fuera lo más interesante en el momento.

Se quedaron de esa manera en un tiempo, en silencio absoluto aunque de vez en cuando el ruido que causaba la tortuga menor al moverse de manera inquieta, perturbaba el silencio.

Leonardo suspiró, cerrando los ojos y buscando las palabras adecuadas para hablar sin que su otra versión se sintiera obligada a contarle.

“Es tarde, ¿Qué haces despierto aún?” Preguntó en voz baja, girando la cabeza para observarlo. Leo solamente se movió mucho más inquieto en su lugar, abrazando sus piernas y enterrando su rostro entre sus rodillas.

"Sé que no debería preguntar porque.. bueno, has vivido cosas mucho peores que yo, pero se supone que ambos tenemos el mismo pasado ¿Verdad?" Balbuceó y aunque Leonardo quería que el chico fuera al punto, no lo dijo, solamente esperaba.

"Se los dije en un inicio, si necesitan saber algo sobre el futuro se los diré"

Leo suspiró de manera escandalosa, apretando su rostro contra sus piernas, tomando su tiempo para hablar y preguntar. Pasaron varios minutos hasta que finalmente mostró su cara, mirando al hombre mayor.

"Supongo que tú.. conoces o conociste a un conejo que llegó a esta dimensión por accidente, si umh ya sabes, samurai que es tan genial, que frunce la nariz cuando algo le molesta o golpea el suelo con el pie cuando está ansioso .." Murmuró, bajando cada vez más el tono de voz hasta volverse casi imperceptible. "¡El caso es! ¿Tú... lo conoces?"

"Sí, lo conozco" murmuró, sintiendo como su corazón se ponía pesado y el dolor se apoderaba de él. No supo de dónde sacó la fuerza para continuar, pero siguió hablando. "El guerrero interdimensional y la espada de la rebelión, lo conocí un poco después de lo sucedido con Shredder"

"Sí.. yo también" Sonrió a la nada, recordando aquel momento. "Cayó de uno de mis portales por accidente y nos quiso atacar, aunque después solamente habló con Donnie y Mikey ¡Uhg, fueron los diez minutos más largos de mi vida!" 

"Definitivamente lo fueron" contestó, una sonrisa triste apareciendo en su rostro.

El ambiente cambió nuevamente, volviéndose melancólico y triste, en ese momento lo supo, algo más había sucedido en esa línea temporal, pero no sé atrevió a preguntar.

No pude preguntar.

Leo balbuceó algo que no logró escuchar, cansando de todo eso, solamente pudo abrazar sus piernas contra su pecho, apretando su agarré contra si mismo.

"¿Usagi siguió contigo? ¿Él lucho junto a ti durante tu línea temporal?" Preguntó, esperando una respuesta que tardó en llegar.

"Estuvo conmigo en todo ese tiempo" Leonardo contestó con rapidez, dió una profunda inhalación antes de seguir. "Tenía diecisiete, casi dieciocho cuando los Kraang llegaron, en ese entonces no hubo nadie que nos advirtiera sobre lo sucedido y cuando ocurrió ya había sido demasiado tarde. Intentamos detenerlos pero nos arrebataron nuestro ninpō y solo nos quedó luchar sin lo mistico."

"Me tocó madurar por las malas en ese momento, incluso cuando las cosas estaban saliendo mal seguí cometiendo muchos errores que nos costaron muchas cosas"

La imagen y vivo recuerdo del momento en que Raphael y Cassandra murieron por su culpa pasó por su mente, recordando como ambos habían terminado sepultados entre el concreto del lugar donde los Kraang le tendieron una trampa.

April siendo casi asesinada por la raza alienígena, luchando por meses por vivir hasta que perdió la batalla, Mikey agotando cada vez su energía vital hasta destruirse frente a sus ojos, sin que pudiera hacer nada.

Donnie muriendo del cansancio y agotamiento, totalmente solo en su laboratorio, Usagi perdiendo una de sus piernas y casi la vida por su propia incompetencia al no poder ayudarlo.

"Pero a pesar de eso, Usagi se mantuvo a mi lado en todo momento, él era la voz de la razón para mí, siempre preocupándose por todos y haciéndome entrar en razón cuando era necesario, aunque muchas veces terminamos discutiendo" Una risa suave salió de su garganta, una risa débil y nostálgica ante los recuerdos.

"Usagi Yuichi era la espada de la rebelión, el guerrero interdimensional que se quedó a ayudar a todo aquel que lo necesitaría. Incluso cuando las cosas iban de mal a peor él nunca retrocedió, siempre se mantuvo firme para todos, incluso para mí, siempre podía contar con él sin importar la circunstancia... Mis hermanos cubrían mi espalda siempre, eran mi apoyo pero Usagi era mi fuerza, era mi escudo y mi espada, quien me protegería si caía y me esperaría hasta que me levantará.

Sus ojos picaron y su corazón se estrujó, esos momentos eran los que más presentes tenía en su memoria. A pesar de que eran viejos podía sentirlos como si hubieran pasado hace unos minutos, tan vivaces y frescos.

"Entonces es otra cosa que cambié, eh.." Pudo escuchar a Leo, girando a observarlo en silencio y con duda a la cual el menor solo pudo suspirar. "Durante el ataque Kraang, cuando capturaron a Rapha por mi culpa, yo quise volver a buscarlo lo antes posible, yo- estaba tan enojado y frustrado en ese momento que no escuché a nadie, ¡Quería recuperar a mi hermano mayor! Y- y .dije cosas que no quería decir"

Restregó sus manos contra su rostro con frustración, sintiéndose tan enojado con tan solo recordarlo y Leonardo al verlo en ese estado solo pudo sentir pena, pudo sentir empatía y pudo sentir culpa.

"Sagi intentó hacerme entender que lo que hacía era una locura, que debíamos tener un plan o podríamos perder a alguien más, yo no lo escuché. Pensé que no quería que recuperaramos a Rapha, ni siquiera sé por qué lo pensé ¿Sabes? ? Solamente fue lo que creí en el momento.." Jadeó con fuerza, intentando no ahogarse con su propio llanto, con su propio dolor y furia.

"Le dije que se largara, que no necesitábamos a un cobarde que no serviría de nada, un tipo que se hacía llamar samurai y que solamente se preocupaba por si mismo. ¡Él solo trataba de ayudarme y yo dije cosas que nunca pensé, pero que lo dije Yo - yo lo dije, incluso cuando solo se estaba preocupando por nosotros, cuando solamente estaba buscando la mejor opción para todos yo no lo escuché, solo lo mandé a la mierda" 

Jaló las tiras de su máscara, cómo un reproche hacia sí mismo por haber hecho algo de lo que ahora se arrepiente.

Leonardo no pudo observarlo más, no podía observarlo, le recordaba tanto a su mismo en aquel momento.

"Quería que Sagi me mandara a la mierda también, quería que discutiera conmigo ¿Tal vez eso hubiera hecho una diferencia? No lo sé, pero él- él me dijo que si eso era lo que quería, entonces lo haría, pero incluso cuando él ya se iba.. me pidió que me cuidara.. Él estaba tan enojado pero a pesar de eso siguió preocupándose por mí, no pude detenerlo, yo no pude detenerlo.." 

Leo siguió sollozando, la imagen del rostro herido de Usagi, observándolo con esos ojos tan rojos que tanto le gustaba ver.. no lo notó en el momento, pero se veía tan herido y tan triste, no pudo detenerse a pensar ni un segundo, no pudo darse cuenta de su error hasta que habló con Casey.

Había alejado a su fuerza, a su propia espada y escudo.

Lo había alejado y se odiaba tanto por eso.

Su llanto paró un poco cuando escuchó el ruido de la espada moviéndose en el suelo, giró suavemente a observar a su versión adulta quien se veía muy concentrado quitando con delicadeza un listón de color azul, malgastado y sucio pero que envolvía bien la empuñadura de la Ōdachi.

Leonardo estiró el listón hacia el menor, tomándolo entre sus manos con una gran delicadeza como si se fuera a romper ya a pesar de que se veía viejo, pudo reconocerlo.

"Hace doce años, la invasión estaba en un punto crítico para la rebelión, en ese entonces los ataques eran más comunes y más mortales. Los primeros tres años ya habíamos perdido a Rapha, a Casandra quienes eran los más fuertes en ese entonces, pero en ese momento perdimos a Donnie también, ya no habían más bases, ya no había más tecnología de alta gama y ya no teníamos más protección. En ese año cambiamos de base tantas veces que ya no lo puedo recordar, pero perdimos a demasiada gente.

"Humanos, Yokais, mutantes... perdimos tantos de ellos que estábamos cada vez más desesperados, habían tantas personas a las cuales proteger que era demasiado agotador y encontrar una manera de hacerlo sin sufrir pérdidas era una completa locura."

Leonardo miró de reojo la cinta, preparándose para seguir a pesar de que un nudo se había formado en su garganta, siendo tan doloroso seguir hablando.

"Usagi y yo nos la pasábamos despiertos por días, planeando cuando movilizarnos y como salir a conseguir alimento para todos, aunque siempre terminabamos discutiendo por cada idea que dábamos. Él quería encargarse de las misiones fuera de la base, quería ser quien diera tiempo por si teníamos que huir y yo no quería eso, era una completa misión suicida el hacerlo, en ese momento niño yo tampoco estaba pensando bien, mis hermanos estaban muriendo, April estaba luchando entre la vida y la muerte, tenía a un a quien cuidar.. todo había sido demasiado para mí en ese momento"

Apretó su única mano contra su pantalón, la rabia y rencor hacia si mismo apoderándose de su mente. En aquel entonces sus discusiones fueron tantas que muchas veces Mikey tenía que separarlos e incluso algunos Yokais se terminaron metiendo para evitar que sucediera algo que rompiera su lazo.

"Fue poco después del cumpleaños número cinco de Casey, Usagi había salido a escondidas a buscar algo para regalarle y casi había terminado en desgracia. Aunque no lo supe en el instante pero cuando lo supe ambos discutimos una vez más, nos gritamos tanto que era imposible que no hubieran escuchado, pero nadie intervino, el caso es que yo ya no podía más con eso y que Usagi se hubiera arriesgado de esa manera me hizo temer tanto perderlo"

"Estaba preparado para que alguien más muriera, pero yo no iba a poder soportar que él muriera y mucho menos sabiendo que no lo podía proteger, así que hice lo que era la mejor opción, lo mandé devuelta a su hogar. Sabía que estaría a salvo en su dimensión y que nada le pasaría, que podría vivir la vida tranquila que se merece, tal vez podría casarse y tener hijos"

El solo pensamiento me provocó un dolor insoportable, imaginando a su Usagi estando casado, viviendo junto a su esposa y con un par de hijos adorables.. era lo que merecía, pero era tan egoísta que no quería que eso pasara, no quería que Usagi estuviera con alguien más que no fuera él.

"Esa noche llegamos a los golpes o bueno, él me golpeó y yo dejé que lo hiciera. Fue la primera vez que lo ví llorar durante toda la invasión, incluso cuando había cambiado su forma actitud para proteger a los demás, muy en el fondo Seguía siendo ese tonto y adorable conejo con un corazón gigante"

 

── No puedes hacerme esto, no puedes obligarme a dejarte.. no me obligas, por favor ¡no lo hagas! ── 

 

"No supe cómo hice para lograr que se fuera, pero sé que en ese momento fue la última vez que pude usar mi Ninpō. Y siendo sincero, en ese momento pensé en mandar a Casey con él para que tuviera una vida normal, aunque la situación me hizo olvidar por completo lo que tenía planeado" Rascó su nuca, sintiéndose culpable de haber separado a Usagi de Casey, de no poder darle una vida normal a su hijo.

Se tragó un suspiro, y sin mirarlo colocado su mano sobre la cabeza de la tortuga menor.

"Han pasado doce años desde aquel entonces y nunca lo pude buscar, incluso aunque quiera buscarlo ahora estoy seguro de que no podré, estoy en el pasado y Usagi.. en el futuro. Lo extraño cada día de mi vida como no tienes idea, es mi todo y no sabes lo que daría por verlo una vez más" Lo observaría de reojo, brindándole una sonrisa reconfortante. "La situación te permite buscarlo y si tanto lo amas, entonces lucha por él, no cometas el mismo error que yo o creeme que dolerá por demasiado tiempo".

 

── Te extrañaré por siempre, Yui. ──

 

Sí, lo extrañaría por siempre.

 

**

 

Se removió inquieto sobre su cama, escuchando la lejana voz de Mikey intentando despertarlo con demasiadas ganas, moviendolo de un lado a otro hasta lograr que abrir los ojos.

Suspiré irritado, había logrado dormir hace menos de dos horas y ahora el menor de los Hamato estaba ahí ¿Que hora era? ¿Las diez, las nueve de la mañana? No importaba que hora fuera, era demasiado temprano para su gusto.

"Mikey..." murmuró, su voz saliendo más ronca y rasposa que de costumbre.

"¡Vamos, arriba, arriba! ¡Levantanteee!" Le dijo, subiendo sobre su pecho, su caparazón chocando contra el peto y dejando que la gravedad hiciera lo suyo hasta que cayera al suelo nuevamente. Levantándose de un rápido brinco para moverlo con más fuerza.

"Es demasiado temprano ¿Es necesario levantarme?" 

"¡Sí! ¡Ahora arriba antes de que el Doctor toque delicado te levanté!" Y con eso logró tomarlo de su único brazo, ayudándolo a levantarse. "Te tenemos una gran sorpresa que seguramente te encantará ¡Así que vamos, Big Leo!"

"Voy, voy" murmuró, dejando que Mikey lo guiará fuera del vagón hasta lo que era la sala. Observando a todos con el sueño aún en su cuerpo y conciencia.

¿Por qué todos estaban ahí? ¿Era su cumpleaños o algo así?

"Hum.. que interesante reunión tan matutina" murmuró, dejando una suave palmada sobre la cabeza de Casey cuando se acercó a abrazarlo.

"Perdonanos por despertarte tan temprano, pero te tenemos una sorpresa que seguramente te encantará" La emoción en su voz era más que obvia, Leonardo pudo reconocerla rápidamente a pesar de que tenía mucho tiempo que no lo escuchaba así.

"¡Esperen! ¿Realmente piensan mandarlo así?" April intervino, señalando de manera obvia su cuerpo.

Aunque no pudo entenderlo, se observó a si mismo intentando encontrar lo malo en su físico o apariencia ¿Que tenía de malo? No lo sabía.

"Tienes razón" Mikey asintió, señalando el baño "¡vayan a darle una ducha, rápido, rápido!" Ordenó y tanto Casey como Rapha lo comenzaron a guiar hacia el baño de la guarida.

Leonardo no podía comprender que estaba ocurriendo, solo se dejó guiar y dejó que los otros dos tipos hicieran magia después de una ducha.

Estaba completamente vestido, ¡Incluso lo habían perfumado y lavado su antifaz! Lo cual ya se le estaba haciendo mucho más raro, las alarmas sonando en su cabeza de manera estruendosa.

"¿Iremos a un festival japonés o algo así?" Preguntó, sonriendo tenso, Casey todavía jalandolo de un lado a otro como si lo estuviera preparando.

Aunque en realidad estaba nervioso, pero no diría nada.

Parpadeó confundido, hasta ahora podía notar como todos estaban vestidos con atuendos dolorosamente familiares, tan arreglados como si estuvieran a punto de visitar a alguien muy importante.

Giró a observar a su hijo, vestía un bonito kimono de color blanco con franjas azules, un haori rodeando su cintura de color azul con formas florales.

No pudo evitar sonreír con ternura, la última vez que había visto al chico vestir con algo así fue cuando Usagi le terminó creando una yukata con uno de sus kimonos más antiguos, cuando Casey tenía aproximadamente tres años.

Usagi..

Leonardo gira rápidamente a observarlos con miedo, las alarmas sonando en su cabeza de manera insoportable y su corazón palpitando con velocidad y fuerza. ¿No podía ser posible, cierto? ¿ Cierto ?

Mikey hizo un par de maniobras con sus manos, el característico color naranja y las chispas apareciendo en la pared. Aunque por un momento quiso intervenir, notar como los tres hermanos se acercaban al menos de ellos, compartiendo la energía y que Michelangelo no se dañará le hizo tranquilizarse.

La tortuga de caja estaría bien, eso era lo que importaba.

O bueno, eso era lo que importaba hasta que notó un bosque que conocía demasiado bien para su gusto.

"¡Tada!" Mikey giró, mirándolo tan emocionado y feliz que parecía irradiar luz, aunque lamentablemente no pudo compartir el mismo sentimiento.

"¡Vamos, maestro, vamos!" Lo tomó del brazo bueno, pero Leonardo no pudo moverse en absoluto.

"Acaso- ¿Acaso irás a ver al Usagi de esta dimensión?" Sonrió, nervioso y temeroso de la respuesta que su versión más joven pudiera darle.

Leo solo río de manera muy exagerada, negando muchas veces y con eso lo supo todo. Está vez miró a los demás, siendo Rapha quien le terminaría contestando a su incógnita.

"Escuchamos por accidente tu conversación con Leo hace unas semanas.. ¡Realmente fué por accidente! Pero Mikey quiso darte un obsequio, así que estuvo practicando todo este tiempo para que pudieras volver a ver al Usagi que tú conoces" 

Leonardo no supo que contestar, no supo ni cómo actuar en ese momento, era muy impactante que le estarían dando la oportunidad de ver una última vez al Usagi que él conoció, a  su  Usagi.

Queria negarse, las dudas y las inseguridades carcomiendolo por dentro ¿Que se supone que haría? Tal vez Yuichi lo terminaría echando a patadas, tal vez pelearán o tal vez..

¡No lo sabía, pero tenía miedo!

Pero no podía negarse, Mikey había estado todo ese tiempo practicando y probablemente arriesgándose a lastimarse con una técnica tan peligrosa como esa.

No podía negarse.

Su cuerpo se movió por si solo, acercándose al portal y entrando por él. El aire fresco llegó a sus pulmones, el pasto bajo sus pies se sintió agradable e incluso el viento cálido golpeando su cuerpo era tal y como lo recordaba.

Observó a su alrededor, su familia estaba detrás de él, esperando a que hiciera algo pero Leonardo solo podía mirar todo. Eran iguales pero tan diferentes a lo que alguna vez vió, tenían más árboles que antes e incluso la vegetación parecía más viva que nunca, el camino de tierra tenía más rocas.

El aire escapó por sus pulmones una vez que visualizó la granja, su color rojizo había desaparecido y ahora estaba pintada de blanco con detalles cafés, el huerto estaba mucho más grande que antes e incluso juraba que había una extensión al lugar.

Caminó hacia la granja en completo silencio, ignorando la plática de los demás de sobre manera, hipnotizado por aquella granja donde muchas veces había ido a visitar a Yuichi antes de que todo saliera mal.

Estuvo a punto de abrir la puerta hasta que reaccionó, eso estaba mal de muchas maneras y lo sabía, lo sabía perfectamente.

En primera, no se suponía que tendría que estar ahí, en segunda no se suponía que tendría que estar a la casa sin permiso y en tercera, no se suponía que tendría que ver a Usagi.

Retrocedió un par de pasos, negando ante el deseo de buscarlo y hablar con él, no podía hacerlo. 

"¿Sensei?" Miró de reojo a su hijo y estudiante, parecía preocupado pero igual de nervioso que él.

Claro, lo había olvidado. 

Caseh seguramente también estaba ansioso por ver a Usagi, por ver al que fue su figura paterna también, su cómplice de travesuras y su protector.

Le dió una palmada en su cabeza, observando de reojo a los demás quienes parecían emocionados por lo que pasaría. Estaba bien, si no podía hacerlo por él entonces lo haría por los demás.

Lo haría para que el Leo del pasado tuviera valor de hacer lo mismo, lo haría para que Casey viera una vez más a Usagi, se lo merecía después de todo.

Golpeó la puerta suavemente, internamente rogando para que nadie abriera o que Usagi no estuviera. Los suaves y casi imperceptibles pasos se escucharon por la casa, hasta que finalmente la puerta corrediza se abrió.

"¿Hana?" Jadeó sorprendido, observando frente a él la pequeña gatita (que ya no era tan pequeña), la autoproclamada hermana menor de Usagi.

"¡Por la piedra Ki! ¡Hermano Leonardo!

La ahora señorita, sonriendo a lo grande, tirándose contra él para abrazarlo con fuerza y ​​​​entusiasmo. Leonardo solo pudo reír, devolviéndole el abrazo, habían pasado doce años desde la última vez que la vio pero le parecía sorprendente lo mucho que había crecido.

Su cabello era mucho más largo, tenía cicatrices casi imperceptibles y por la bolsa ninja sobre su cadera, podía suponer que era porque seguía el ejemplo de su hermano o de su salvadora.

Hana se separó abruptamente de él, dando saltitos y balbuceando un par de cosas hasta que paró, observando nuevamente a la tortuga mayor.

"¡Espera a que le diga a Usagi! ¡Estará tan feliz!"

"Hana-"

"¡Le iré a decir, tengo que decirle!"

-Espera, Hana... 

"¡Esta es una gran noticia!"

"¡Hana, espera un momento!" Río intentando disimular sus nervios, tomando de los hombros a la gata para que no se fuera corriendo aún. "Tengo algunos... invitados"

Ella lo miró confundida, inclinando su cuerpo hacia un costado para observar detrás de él, notando a los demás que habían seguido a Leonardo durante todo ese tiempo. Quiso golpearse por no haber puesto la suficiente atención y no haberlos notado, pero no lo hizo.

Con una reverencia hacia ellos, los saludó "Lamento no haber puesto la suficiente atención para notarlo, soy Yuichi Hana, hermana menor de Yuichi Usagi y próxima guerrilla del clan" 

Sus orejas se inclinaron suavemente hacia un costado, entrecerrando los ojos para analizarlos, eran extrañamente familiares.

"Son del.. ¿Pasado? Supongo, ellos me ayudaron a venir" Leonardo se apresuró a explicarle antes que ella preguntara. "Y él, es mi hijo y aprendiz, Casey".

"Entiendo, entonces es un placer volver a recibirlos aquí" Hana les sonrió amablemente, emocionada de verlos después de mucho tiempo. "¡Por favor, pasen! La tía seguramente se enojaría si los dejara más tiempo aquí fuera"

Entró a la casa, dejando que los demás lo siguieran y por más extraño que fuera, los demás guardaron completo silencio como si minutos atrás no hubieran estado hablando en voz alta, riendo y bromeando.

"¿Gustan Té?" Hana giró hacia ellos, dispuesta a ir hacia la cocina.

"Será un gusto" Splinter habló primero, interrumpiendo a Leonardo que estaba a punto de negarse.

"¡Por favor!" Mikey le escuchó, Hana solo se acercó y fue rápidamente a la cocina.

"Oye, grante, relájate" April golpeó su costado con su codo, llamando su atención.

"Estoy relajado" Mintió descaradamente, aunque tuvo que retractarse al notar la mirada reprochante de su amiga. "Está bien, no puedo relajarme, estoy demasiado.."

"Está bien, lo entiendo. Tal vez podamos esperar un poco más antes de que Hana le diga a Usagi" Le sonó de manera comprensiva, lo cuál le dió un poco más de confianza en si mismo.

Sí, eso sonaba como una buena idea.

Hana volvió a los minutos con una bonita tetera de cerámica y varias tazas pequeñas en las cuales sirvieron el té para todos, le habían dicho sobre el esperar hasta que Leonardo se tranquilizara un poco y ella había accedido rápidamente, hablando de otros temas hasta que el té se terminó.

Había sido una charla agradable, cada quien contando anécdotas y haciendo preguntas antes de decir algo como "Genial".

Pero a pesar de eso los nervios de Leonardo no disminuyeron, solo aumentaron cada vez más.

"Iré a buscar a mi hermano, estaba entrenando cerca del arrollo y-" 

" Estoy de vuelta " la voz de Usagi se escuchó y después la puerta corrediza del patio trasero se abrió, anunciando su llegada.

Y bueno, solo puedo decir que Leonardo se congeló por completo y estuvo a punto de huir.

"¡He-hermano Usagi! ¡Bienvenido!" Hana se apresuró a distraerlo, corriendo por el largo pasillo hasta llegar junto a él, sin permitirle pasar.

Usagi solo la miró confusa, notando la tensión en el cuerpo de la chica.

"¿Pasó algo, Hana? ¿Otra vez vino ese tipo?" Preguntó, un pequeño dije de molestia en su voz.

"¡No, no! Para nada, hoy a estado muy.. tranquilo, sí" Río nerviosamente, y aunque Usagi quiso insistir no lo hizo, sabiendo que Hana le diría si algo malo estuviera ocurriendo.

"Confío en que así fue, ahora ¿Puedes darme pasar? Quiero ir a la cocina y-"

"¡No, no puedes ir!" Hana se interpuso con rapidez, su pelaje erizandose de la tensión.

"Hana-"

"¡Tengo una sorpresa para tí, no puedes ir!" Siguió insistiendo en que no pasara, y aunque Usagi se interesó en la palabra 'sorpresa', todavía estaba muy confundida.

Así que solo pudo reír, asintiendo un par de veces como si le estuviera creyendo por completo.

"Está bien, no iré a la cocina" rodó los ojos, divertido ante las actitudes de su hermana menor.

"Ahora, emh" peinó su pelaje un par de veces, retomando una actitud más serena. "Te llevaré a tu habitación y esperarás ahí, nada de escuchar o algo así ¿Promesa?"

"Promesa" Aceptó rápidamente, aunque sabía que no podría hacerlo o por lo menos no por completo, digo, era un conejo samurái que siempre tenía que estar pendiente de su entorno.

"Ahora cierra tus ojos y nos los abras, sin trampas o no haré Gyudon para cenar" Usagi mirando, cerrando los ojos e impidiendo abrirlos, aunque una de sus orejas se terminó levantando, compensando su falta de visita con una audición más aguda.

"Pensé que me tocaba hacer la cena a mi hoy" murmuró, dejando que Hana lo guiará hasta la segunda planta donde se encontraban las nuevas habitaciones.

Mientras los dos Yuichi se alejaban de la cocina y puerta principal, tanto April como Mikey y Rapha intentaban que Leonardo se dejara de aferrar a uno de los cómodos sillones altos.

No fue una tarea fácil, de hecho fue muy difícil y más teniendo en cuenta que tenían que guardar el mayor silencio posible para evitar que Usagi los oyera.

"Hombre, realmente pareces más un gato que una tortuga así" Murmuró por lo bajo Leo, bebiendo lo que quedaba de su taza de té. Le escena frente a él era divertida, lo cuál aligeraba sus propios nervios.

Pasos apresurados se escucharon bajar por las escaleras, Hana apareciendo rápidamente. "¡Todo listo, ahora vayamos-! ¿Hermano Leonardo?" 

"¿Eh? Sí- lo siento, yo no sé si puedo hacerlo" murmuró por lo bajo, soltando finalmente el sofá. "¿Estás seguro de que querrás recibirme?"

Hana ascendió, brindándole una sonrisa llena de apoyo y emoción.

"Ya lo sabe, te está esperando" y con esas simples palabras, supo que había llegado el momento, que ya no había vuelta atrás.

Miró a su familia, dando todos la señal de apoyo que tanto necesitaba en ese momento, inhaló profundamente y dejó que sus pasos lo guiarán hasta la planta alta, Hana guiandolo hasta la habitación de fondo donde Usagi lo estaba esperando.

Suspiré, observando su propio aspecto esperando a que todo estuviera en orden, demasiado nervioso como para darse cuenta de que estaba bien. Mordió su lengua con fuerza y ​​​​golpeó la puerta un par de veces, sin decir nada la deslizó lentamente hasta que la luz natural lo cegó.

El aire dejó de entrar a sus pulmones, frente a la gran ventana abierta estaba una figura que nunca pensó volver a ver, aquel pelaje blanco, las orejas atadas a lo alto y con aquel atuendo tan similar al que había visto por última vez.

"Usagi.." 

El hablar le dolió, pero las emociones y los sentimientos que se remolinaban en su interior eran tan intensas que no lo pudo notar.

Yuichi lo observó, impactado y confundido de verlo ahí, con pasos lentos se acercó un poco, negando suavemente.

"¿Eres tú, Leonardo? ¿Realmente eres tú?" Preguntó, su voz saliendo temblorosa, tan temeroso de que fuera un sueño. "¿Mis plegarias funcionaron, en verdad?"

Usagi se detuvo, parpadeando un par de veces antes de recobrar la compostura. "Luces... diferente" murmuró, analizando su aspecto de pies a cabeza. Luces... diferente, luces mucho más cansado que la última vez, pero.." murmuró, analizando su aspecto de pies a cabeza, podía notar como su apariencia era mayor gracias a los años, que a pesar de que se veía menos delgado , lucía agotada.

Leonardo lo sabía, sabía que se veía mucho más diferente a lo que alguna vez Usagi había visto, habían pasado doce años desde la última vez que se vieron ya a pesar de eso, sintió que el conejo frente a él seguía viéndose tan glorioso como la última. vez.

"¿Realmente eres tú, Lee?" Pudo reconocer rápidamente el apodo, sus ojos brillando ante la nostalgia y el reconocimiento de aquel sobrenombre que Usagi le había colocado tantos años atrás.

Desvío la mirada rápidamente, sin poder seguir viendo a aquel hombre que había alejado, tomó el suficiente aire, buscando la fuerza para poder confrontarlo.

"Yo.. ya no soy el Leonardo que conociste, no soy tu compañero ni mucho menos soy el hombre que alguna vez quisiste" su voz salió con molestia, su mente llenándose de ideas erróneas pero eso rápidamente se desvaneció en el aire. 

Lo vi una vez más, notando la confusión en el rostro del que era su compañero. "Hay muchas cosas que no puedo cambiar, ¿Pero podrías seguir queriéndome a pesar de que ya no soy el mismo?"

Preguntó con ilusión, sin desear obligar a Usagi a seguir queriendolo después de lo que hizo, después de haberlo dejado doce años completamente solo, sin buscarlo hasta el momento. Se acercó a él con timidez, tomando su mano con delicadeza, sintiendo el suave pelaje sobre su mano.

"Estuviste esperando tanto este tiempo.." Dejó una suave caricia sobre el dorso, pero sin en cambio Usagi solo se alejó.

Pareció dudar a lo que diría, y con temor en su voz le habló: "¿A qué te refieres?"

Se sintió herido, debía admitirlo, ver y escuchar el temor, la confusión viniendo de Usagi solo lo hizo pensar que él no lo aceptaría, no lo aceptaría una vez más.

"Le resistencia falló, yo fallé, mi mundo está completamente perdido y no hay ninguna manera para salvarlo" apretó los puños sintiendo la furia apoderarse de su cuerpo, una furia dirigida hacia sí mismo, recordando la destrucción de su línea temporal. "Arriesgué a Casey a volver al pasado, sacrificando a Mikey en el proceso"

"Yo solo sobreviví por un milagro, dejé mi mundo para volver al pasado y solo por ellos es que pude volver aquí, que pude volver a tí" 

Intentó acercarse una vez más a él, intentando tomar su mano o tener un tipo de contacto para hacerle entender el porqué volvió hacia él.

"Sabiendo todo eso ¿Tú podrías amarme de nuevo? Podrías quererme sabiendo que ya no soy ni la mitad del Leonardo que conociste?" Preguntó temeroso una vez más, pero no recibió respuesta alguna.

Sin en cambio, Usagi solo le dió la espalda, su postura que demostraba vulnerabilidad desapareció, está vez mostrando una faceta que solo podía ver a la hora de planear y pelear.

"Sí, tienes mucha razón" Usagi lo miró de reojo, su mirar ocultando su sentir. "Solo te pediré un último favor, Hamato, es lo único que necesito para poder estar en paz después de todos estos años"

Asintió lentamente, sintiendo la constante curiosidad acechandolo. Usagi se dio la vuelta, y señaló hacia una de las paredes, en ella estaba un altar algo dañado, arriba de él había una espada que pudo reconocer muy bien.

Su antifaz, el primer antifaz que tuvo y por el cual Usagi le había dado su cinta para sujetar sus orejas.

Giró hacia Usagi, esperando a que dijera lo que tuviera que hacer pero un mal presentimiento se acentuó en su pecho, su estómago poniéndose pesado al sentir que algo iba mal.

"Quiero que me tomes esa nagitana, la saques de aquí y las destruyas" Su tono era frío, tan directo y filosos como ciento de apuñaladas que le llegaron a su corazón.

"¿Qué? ¿Realmente me estás pidiendo eso?" Preguntó, incrédulo ante el pedido, pudo darse cuenta de que Usagi no bromeaba gracias a su mirada fría y determinada.

Negó un par de veces, reteniendo el aire con dolor.

"Esa Nagitana la construí para tí cuando perdiste a Endwing, la hice para tí incluso cuando no teníamos los recursos para gastar en más armas." Se acercó al altar, tomando la espada con delicadeza. "Es el símbolo de mi amor y promesas hacia tí, la hice especialmente para que tú la puedas usar.. ¡Realmente te das cuenta lo que me pides!?"

La ira se apoderó de su pecho, estirando la espada hacia él teniendo la esperanza de que la tomaría entre manos y no hablara en serio, aunque eso no pasó, el enojo creció mucho más en su pecho.

"¡La única manera de que destruya esto es usamos energía mística, y si eso quieres entonces eso haré!" Sacó la nagitara de su funda, tirando la a cualquier parte de la habitación 

Sí lo hacía significaba que Usagi ya no estaría más en su vida, ¡Pero no podía obligarlo a quedarse cuando él no deseaba eso, no podía ser egoísta!

Sus manos se iluminaron de un suave color azul y las marcas del único brazo de su propiedad empezaron a parpadear de un suave brillo amarillo, su ninpō intentando despertar a toda costa para hacer lo que Usagi le pedía, solo por eso estaba dispuesto a gastar todas. sus energías.

Las tiras de su antifaz fueron jaladas con fuerza, sacándolo de su estado de enojo con rapidez ante la sorpresa y antes de que pudiera reprochar por eso, Usagi ya estaba cerca de él, jalandolo de los dobladillos del kimono, dándole un fuerte golpe sobre el pecho, que sí no fuera por la sorpresa seguramente le hubiera dolido (en realidad si le dolio, pero no lo diría).

"¡Eso solo lo sabía mi compañero, así que ese debes de ser tu! ¡Así que suelta la maldita nagitana!" Le gritó con furia y dolor, quitándole la espada de sus manos y colocándola en su funda otra vez, colocándola sobre el soporte encima del altar.

Leo debía admitirlo, le dió miedo que Usagi la usará en su contra y por otra parte, mierda, eso era muy caliente.

"Usagi.." lo llamó, dándose cuenta de lo que estaba ocurriendo en realidad, había sido una prueba tanto para él como para demostrarle que sus ideas eran erróneas.

Su corazón se estrujó al verlo llorar, tan enojado, tan lastimado..

"Te estuve esperando durante doce años.. amándote como lo he hecho desde el inicio ¡¿Cómo puedes dudar que no te podría querer incluso después de todo!?" Leonardo retrocedió sin poder evitarlo, Usagi siguiéndolo, sus pasos eran pesados ​​y temblorosos.

"¡No me importa que tanto cambies ni lo que hagas, no sigas diciendo que no eres el mismo Leonardo que conocí! ¡Eres mi compañero y lo seguirás siendo hasta el final!" Golpeó un par de veces su pecho con su dedo, sin empujarlo pero con la suficiente fuerza para hacerle notar su enojo y frustración.

"¡Me la pasé rezando para que estuvieras bien! ¡Rogando para que volvieras conmigo por lo menos una última vez! ¡Esperando cada maldita noche por tí!" 

"¡Usagi!" Lo intenté llamar, pero a pesar de eso solo dejo que se desquitará, escuchándolo hablar sobre lo que pasó ese tiempo, esperándolo.

"¡Te extrañé cada día, estuve buscando la forma de que volvieras a mí!" 

"¡Espera, Usagi!" Intentó detenerlo en el momento en que quedó acorralado en una de las paredes, sin escapada alguna. El déjà vu de su última discusión llegó a sus recuerdos.

Sentía que lo golpearía y si ese era el caso, entonces dejaría que lo hiciera.

"¡Te estuve esperando durante doce años, Leonardo - estúpido - Hamato!" Usagi jadeó por aire, agachando la mirada y dejando que las lágrimas se deslizaran por sus mejillas, estaban tan cansados, tan exhausto de todo, tan confundido y dolido. "Y esperaría una eternidad solo por tí.."

Y finalmente pudo entenderlo por completo, Usagi nunca podría olvidarlo, nunca podría dejar de preocuparse por él a pesar de sus peleas o desacuerdos, y sin importar cuantas veces se alejaran, siempre volverían al otro.

Porqué Usagi era de Leo y Leo siempre sería de Usagi.

Después de tanto tiempo se permitió llorar, las lágrimas escapando de sus ojos con fuerza y ​​sin poder evitar que no lo hicieran. Lo abrazó con fuerza, sollozando como un niño herido que finalmente estaba en su lugar seguro.

Ambos cayeron al suelo con rudeza, incluso cuando sus piernas dolieron por el golpe, solo pudieron seguir llorando con miedo a soltarse y que todo eso fuera un sueño más donde se reunían.

Pero no lo era, era la realidad, la más hermosa de las realidades.

 

En la puerta se encontraban la mayoría, observando por un pequeño espacio, estaban felices y uno que otro estaba llorando de ver cómo finalmente dos almas se reencontraban después de doce años separados.

Leo solo pudo mantenerse alejado, y de manera inconsciente solo pudo observar su propia mano, dónde alguna vez pudo sostener una mano similar a la que ahora su versión futura sostenía.

Sonrió agradecido, alejándose por el largo pasillo para finalmente salir de ahí, ahora sabía que hacer y se había dado cuenta de las cosas.

Era momento de que tuviera su propio reencuentro con su propio Usagi y siguieran con su propia historia.

"¡Niños, no vean esto! ¡Mikey, Casey y Hana, cubranse los ojos!" 

Notes:

ME DIVERTÍ TANTO ESCRIBIENDO ESTO AHHH.
Estuve muchos días intentando tener una idea de que poner para que se notará que Usagi había estado preocupado por Leonardo y la familia Hamato.

Y realmente creo que la idea de un altar era la mejor, así que espero que todo haya quedado de la mejor manera y que lo hayan disfrutado!

Esté bonito One-Shot se ha terminado finalmente.