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Bajo la tenue luz de la madrugada, dos figuras se acurrucaban en un rincón olvidado del parque, abrazándose en silencio mientras el mundo despertaba lentamente. El aire fresco contrastaba con el calor de sus cuerpos unidos, creando un refugio de calma. Sin abrir los ojos, Yunho comenzó a rascar suavemente la cabeza de su compañero, buscando despertarlo de manera gentil, sin romper del todo el hechizo del sueño.
“Despierta, princesa, ya es hora…” susurró con voz suave y llena de ternura, mientras que seguía rascando el cabello de su compañero.
“No… no quiero despertar” respondió Mingi, acomodando su rostro en el pecho del híbrido canino. El joven de cabello negro añadió “¿No puedes ir tú? A las personas les gustan más los perros que los conejos.”
El rubio le sonrió ampliamente, levantando las orejas al escuchar la queja. “Tú también eres adorable, y no dejaré que nadie diga lo contrario. Además, hoy es un nuevo día y no quiero estar solo mientras busco comida.”
Mingi se estiró perezosamente antes de abrir sus ojos oscuros. “Está bien, pero si vemos a alguien, me voy a esconder. No quiero que me atrapen de nuevo.”
Yunho asintió, moviendo la cola de un lado a otro con entusiasmo. “¡Lo prometo! Ahora vamos a ver qué podemos desayunar.”
A medida que se levantaban, el parque comenzaba a cobrar vida. El canto de los pájaros llenaba el aire, y el aroma del café recién hecho se filtraba entre los árboles.
Ambos iniciaron su búsqueda, caminando con paso ligero por el parque. Yunho, siempre alegre, olfateaba el aire, guiándose por su instinto. Por su parte, Mingi, con su cabello negro ondeando al caminar, se mantenía un poco más atrás, atento y nervioso ante posibles encuentros no deseados.
Cerca de un café que había abierto temprano, Yunho notó a una persona sentada en la terraza, disfrutando de su desayuno. Su cola se movió con entusiasmo. “¡Mira, Princesa! ¡Podríamos acercarnos! Tal vez nos dé algo para comer.”
Mingi frunció el ceño, bajando las orejas. “No sé, Yuyu. ¿Y si nos atrapa? Mejor busquemos comida en los cubos de basura.”
“Confía en mí” respondió Yunho con determinación. “Quédate aquí, mientras yo le pido un poco de comida.”
Antes de que Mingi pudiera protestar, Yunho adoptó su forma de perro y se acercó al humano con su característico entusiasmo, a pesar de cojear ligeramente. Se sentó junto a la mesa, moviendo la cola y mirando al joven con una expresión que decía: ¡Mírame! Soy adorable.
La persona de cabellera platinada comenzó a sonreírle, incluso sacando su teléfono para tomarle fotos. Yunho, encantado con la atención, empezó a hacer algunos trucos sencillos: se sentó, dio la pata y giró sobre sí mismo. Las risas y los aplausos del humano lo llenaban de felicidad.
De repente, el joven se inclinó hacia él, acariciando su cabeza. “Eres tan lindo. ¿Quieres un poco de mi croissant, perrito?” le preguntó amablemente, extendiéndole un trozo de pan. Yunho, encantado, movió la cola con más intensidad.
Desde su escondite detrás de un arbusto, Mingi observaba la escena. No podía evitar sentirse incómodo; un nudo en el estómago le recordaba que temía que su amigo pudiera ser adoptado o que alguien lo prefiriera a él, llenándolo de ansiedad.
Mientras Yunho disfrutaba de su bocado, apareció junto al joven platinado una figura más baja, con cabello castaño oscuro y ondulado. Aunque su expresión era amable, sus movimientos sugerían cierto cansancio, como si la rutina lo hubiera agotado.
“¿Qué haces, Hwa?” preguntó cruzando los brazos mientras observaba al perro rubio con una mezcla de curiosidad y preocupación.
“Solo le estoy dando algo de comer” respondió Seonghwa, con una sonrisa triste mientras acariciaba a Yunho. “Mira, Joong, se ve desnutrido y parece que cojea al caminar. No puedo simplemente ignorarlo.”
Hongjoong frunció ligeramente el ceño. “¿Otra vez, Seonghwa? Ya hemos adoptado a cuatro. No podemos hacernos cargo de más.”
“Lo sé, pero… ¿y si este es diferente?” insistió, mirando a su pareja con ojos suplicantes. “Míralo, Joong. Está solo, hambriento, y quién sabe cuánto tiempo lleva vagando. Tenemos los recursos, podemos ayudarlo.”
Hongjoong sacudió la cabeza. “No es cuestión de recursos, es cuestión de tiempo, de energía… Tenemos que ser realistas. Además, ni siquiera sabemos si tiene dueño. Quizás esté perdido.”
Seonghwa bajó la vista hacia Yunho, que lo observaba con ojos brillantes, su cola agitándose lentamente. “Pero… podría ser nuestra responsabilidad. Él nos necesita.”
Hongjoong suspiró profundamente. “Entiendo lo que sientes, pero ya tenemos suficiente.”
Finalmente, Seonghwa acarició a Yunho una última vez. “Lo siento, amiguito. Supongo que no será esta vez…”
Yunho los vio alejarse, sintiendo un leve pesar. Durante un breve instante, había imaginado lo que sería tener un hogar, una familia estable que lo cuidara y le diera amor todos los días. Pero ahora, esa imagen se desvanecía como un sueño roto.
“No me malinterpretes, Mingi, estoy feliz de que sigamos juntos” dijo Yunho, forzando una sonrisa mientras movía la cola débilmente. “Pero por un momento… pensé que sería bonito tener un lugar cálido donde dormir todas las noches.”
Mingi bajó la cabeza, rascando ligeramente el suelo con una pata. Entendía los sentimientos de su amigo, pero el miedo a ser dejado atrás lo había consumido por tanto tiempo que ahora no podía evitar sentir un toque de egoísmo.
“No necesitamos a nadie” murmuró, casi para sí mismo. “Podemos arreglárnoslas. Siempre lo hemos hecho.”
Yunho se quedó en silencio, sabiendo que Mingi tenía razón. Habían sobrevivido juntos durante tanto tiempo, enfrentando el frío, el hambre y la soledad. Pero aún así, la idea de ser parte de algo más, de pertenecer a alguien que los quisiera incondicionalmente, seguía rondando en su mente.
Luego de varias horas después, el cielo comenzó a teñirse de tonos naranjas y rosados a medida que el sol se ponía, arrojando sombras largas en el parque. Ambos híbridos se levantaron, sabiendo que debían buscar un lugar para pasar la noche. Mientras caminaban, Yunho cojeaba ligeramente, la molestia en su pierna no había desaparecido por completo.
Mingi observó el dolor silencioso de su amigo. Aunque no lo mencionaba, sabía que esa cojera era un recordatorio constante de las dificultades que enfrentaban en las calles. A veces deseaba poder hacer más por él, pero las soluciones parecían siempre estar fuera de su alcance.
“¿Te duele mucho?” preguntó finalmente Mingi, su voz más suave de lo habitual.
Yunho miró hacia abajo a su pierna y luego alzó los hombros con una sonrisa cansada. “Un poco, pero ya estoy acostumbrado.”
El silencio entre ellos se extendió, hasta que Mingi, sin poder soportarlo más, finalmente habló. “Mañana podríamos volver al parque. Tal vez… Seonghwa regrese y te dé más comida. No necesitamos que nos adopten, pero al menos podría ayudarnos con eso.”
Yunho levantó las orejas, sorprendido por la propuesta. “¿Tú crees? Pensé que no te gustaba acercarte a la gente.”
Mingi desvió la mirada, incómodo. “No me gusta… pero si te ayuda, podemos intentarlo.”
La cola de Yunho se movió ligeramente, un pequeño destello de esperanza en su pecho. “Bueno, no perdemos nada por intentarlo. Tal vez no me adopten, pero siempre es bueno saber que alguien se preocupa.”
Ambos continuaron caminando en silencio hacia su refugio improvisado. Aunque Mingi seguía luchando contra sus propias inseguridades, algo en su interior empezaba a cambiar. Ver a Yunho tan necesitado de ayuda despertaba en él un deseo de protegerlo aún más, incluso si eso significaba enfrentar sus propios miedos.
