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Mami sonrió, con dulzura, mientras dejaba el pastel de cumpleaños encima de la mesa, frente a Momoe Nagisa, quien, oficialmente, era toda una adulta. Al verlo, Nagisa sonrió, emocionada, mientras repetía lo que había dicho ya, unas cuantas veces, desde que sus amigas le dieran aquella bonita fiesta sorpresa:
—¡Por fin, Nagisa es legal! —expresó la pequeña, que ya no era tan pequeña, amante del queso—. ¡Hurra! —y aplaudió, alegre, dando saltitos en su lugar de la mesa.
Cerca de ella, mirándola con ternura de vez en vez, estaban Homura y Madoka. La primera conversaba con la rubia del grupo y bebía un refresco, mientras que la segunda tomaba fotos a la cumpleañera.
Cuando terminó su labor, Madoka se acercó a Nagisa y le apretó la mejilla, con cariño.
—Te ves muy emocionada hoy, Nagisa-chan —comentó Madoka, dejando la cámara a un lado para, después, acomodarle su gorrito de fiestas, que estaba torcido—. Pero, quisiera saber, ¿qué es eso de que ahora eres legal, Nagisa-chan? Digo, sí; es cierto que ya tienes dieciocho, pero eso no solo significa que ya seas legal. —ladeó la cabeza, pensando en ello—. Sin embargo, parece que eso es muy importante para ti.
Mientras decía todo esto, Madoka, que no era la más observadora del lugar, era incapaz de notar que, ante sus palabras, Mami había empezado a sudar. Se veía preocupada e incómoda. Por su parte, Nagisa parecía estar muy tranquila, sin intenciones de aclarar las inquietudes de la mayor de los Kaname.
—Ya déjala, Madoka —intervino Homura, que había notado la incomodidad de Mami—. Es su cumpleaños, no deberías molestarla con esas preguntas.
—¡Pero, Homura-chan! —refunfuñó Madoka, haciendo un puchero—. Yo sólo estaba…
—Antes de que digas algo más —la cortó Homura, negando con la cabeza—, sé que no lo haces con esa intención, pero, ya sabes, no es correcto atosigar a la cumpleañera con esa clase de preguntas.—La tomó por los hombros y la miró, con seriedad—. Es su cumpleaños, sólo déjala estar, ¿sí?
—Entiendo —suspiró Madoka, resignada—. Supongo que insistí mucho.
Al verse salvada, Mami suspiró, aliviada, y le agradeció a Homura con un leve asentimiento. La mencionada solo hizo un ruido con la garganta y se alejó de la escena para buscar algo de beber.
—Tranquila, Madoka-san. —le dijo Nagisa, tomándola del brazo y esbozando una sonrisa con la intención de calmarla, ya que, ahora, parecía algo decaída. No quería que Madoka pasara el resto de la celebración pensando que la había incomodado—. Solo estoy feliz de ser mayor de edad. Eso es todo, o acaso, Madoka-san, ¿no estuvo feliz cuando se hizo una adulta también?
Madoka guardó silencio unos segundos para luego esbozar una pequeña sonrisa de emoción. Nagisa tenía razón, había crecido bastante.
—Es cierto, Nagisa-chan —respondió Madoka, acariciándole el cabello, con ternura, y acomodándole, una vez más, el gorro de cumpleaños—. Es bueno pasar a la edad adulta, ¿eh? Pero recuerda, ahora que eres mayor, deberás seguir esforzándote. —Le guiñó un ojo—. ¿Cuento contigo, como una compañera adulta, de ahora en adelante?
Nagisa asintió, enérgica, alegre, con ojos brillantes y las mejillas ruborizadas por la emoción.
—¡Claro que sí, Madoka-san! ¡Nagisa dará lo mejor de sí para avanzar en el mundo de los adultos! —exclamó, alzando los brazos.
—¡Esa es mi Nagisa-chan! —respondió Madoka, imitando las acciones de la más baja, con la misma emoción.
A lo lejos, sentadas una junto a la otra en uno de los amplios sofás del apartamento de Mami, observando, y escuchando, la conversación de esas dos, Kyoko y Sayaka sonreían ante la escena.
—Madoka dice ser una adulta, pero se comporta igual que siempre —dijo Sayaka, sin poder contener una risita.
—Seh, y Nagisa también dice ser adulta porque cumplió los dieciocho, pero sigue hablando en tercera persona —acotó Kyoko, divertida—. Vaya que son tal para cual. Debe ser por eso que se llevan tan bien.
Sayaka asintió. Luego apoyó su cabeza en el hombro de la pelirroja sin dejar de mirar la escena. Ahora, Madoka y Nagisa, discutían acerca de cuál personaje de Pretty Cure! era el más lindo y poderoso.
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Una vez que Madoka, Homura, Kyoko y Sayaka, se fueron y sólo quedó Mami, junto a Nagisa, en aquel amplio, y lindo, departamento, la rubia se dispuso a limpiar el lugar. Estaba concentrada en ello, cuando sintió que alguien la abrazaba desde atrás, sorprendiéndola.
—¿Na-Nagisa-chan? —preguntó Mami, sin moverse de su lugar. No quería demostrarlo, pero, ese simple abrazo, fue suficiente para agitarla.
—Mami-san —murmuró Nagisa, con un hilo de voz, sin poder ocultar su emoción—, ya soy legal~ —la abrazó un poco más fuerte, rodeando la cintura ajena con sus brazos.
Mami seguía sin moverse, en lo más mínimo.
—Lo sé, Nagisa-chan —dijo Mami, cautelosa—, pero… —sintió como las manos de la peliblanca, que eran un poco más pequeñas que las suyas, subieron desde su cintura hasta sus pechos y, sin vacilar un segundo, los apretó, enérgica, consiguiendo que el resto de su frase muriera en sus labios. Acto seguido, Nagisa los masajeó, de forma lenta, pero firme.
—Soy legal, Mami-san~ —repitió Nagisa, divertida—. Puedo hacerlo, ¿no? —preguntó, sin dejar de masajear los firmes, y grandes, pechos de la rubia, consiguiendo gemidos como respuesta.
—Espera…Nagi…sa-chan… sólo han pasado… —estaba tan agitada, que se le hacía casi imposible hilar alguna frase coherente—… unas horas…
—¡Eso no importa, Mami-san! —exclamó la cumpleañera, irritada—. Ahora que soy adulta, no tienes nada que temer… —emitió una suave, y algo siniestra, risita—. Y yo tampoco tengo que contenerme~.
Luego de eso, y para sorpresa de Nagisa, Mami se giró y, tomándola por los hombros, estampó sus labios contra los de ella, dando inicio a un apasionado, y algo inexperto, beso.
Al separarse, y recuperar el aliento, Nagisa, presa de una urgida necesidad, se lanzó a lamer el cuello de la más alta. Mami la abrazó para acercarla más a ella. Sin alejarse de la cumpleañera, empezó a retroceder, hasta dejarse caer en un sofá que estaba cerca. Ese mismo en el que, horas antes, Sayaka y Kyoko cuchicheaban acerca de la inmadurez que aun mostraban Madoka y la menor del grupo.
Una vez allí, Mami echó la cabeza hacia atrás, dándole a Nagisa total acceso a esa parte de su anatomía. En esas circunstancias, le habría importado muy poco que la peliblanca le hiciera algún chupetón.
Cuando se cansó de besar, lamer, y chupar, el cuello de su senpai, Nagisa se alejó un poco para apreciar a la rubia. Recostada en ese lugar, con la pálida piel de su cuello moteada de rojo, la boca entreabierta, su respiración irregular y los ojos nublados, Mami le daba a entender que no opondría resistencia alguna. Podía llegar tan lejos como quisiera.
Entonces, bajando la mirada, Nagisa determinó cuál sería su próximo objetivo. Llevó sus manos al generoso busto de su amada, manoseándolo sin reparo, deleitándose con los gemidos, y expresiones, que obtenía de Mami. Siguió con eso, hasta que la blusa que la mayor portaba se le antojó increíblemente molesta.
Con manos temblorosas, y la mirada cargada de deseo, Nagisa empezó a desabrochar, uno a uno, los botones de la ajustada blusa de la rubia. Tarea que se le estaba haciendo difícil, pues, la prenda estaba más ajustada de lo que pensaba.
Mientras Nagisa luchaba con su ropa, haciendo acopio de toda su voluntad para no arrancar esos condenados botones de su lugar y desgarrar la blusa, Mami no pudo hacer más que sonreír, complacida, al sentir como incrementaba, con cada segundo que pasaba, el deseo que la chica profesaba hacia ella.
Sí, nadie sabía cuánto habían deseado, Nagisa y ella, que ese momento llegara.
