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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Characters:
Language:
Español
Series:
Part 8 of Romance a lo Puella✯Magic
Stats:
Published:
2025-02-06
Words:
1,842
Chapters:
1/1
Comments:
2
Kudos:
8
Hits:
122

En el lugar indicado || Homura x Madoka

Summary:

Siendo catalogada como una de las chicas más inteligentes de su facultad, impresionaba como ella, Akemi Homura, demostraba ser increíblemente lenta en otros temas que no fueran sus estudios.

Por ejemplo, era de conocimiento público que estaba perdidamente enamorada de Kaname Madoka, desde que tenía catorce años.

♡ Akemi Homura x Kaname Madoka ♡

☆ One Shot ☆

Disclaimer: Puella Magic☆Madoka Mágica no me pertenece, es propiedad de Gen Orobuchi.

Advertencias:
*Universo Alterno
*Personalidades algo Ooc
*Contenido Adulto
*Algunas partes pueden carecer de sentido ;v

Work Text:

            Siendo catalogada como una de las chicas más inteligentes de su facultad, impresionaba como ella, Akemi Homura, demostraba ser increíblemente lenta en otros temas que no fueran sus estudios. Por ejemplo, era de conocimiento público que estaba perdidamente enamorada de Kaname Madoka, desde que tenía catorce años.

Al principio, Madoka parecía no fijarse en nadie. Pero, con el tiempo, se hizo muy evidente que se sentía, cada vez más y más, atraída hacia su amiga, Homura. Luego, un día, una nueva información para todos —excepto para Homura— se dio a conocer: Madoka correspondía los sentimientos de la dark del grupo.

El problema era que, la única que no se daba cuenta de esto, era la genio —entre genios—, Akemi Homura. En su mente, Madoka, había pasado de ser una crush casi inalcanzable a un amor platónico más que imposible, en toda regla.

—¿Y se supone que ella es la genio de la carrera? —preguntó Sayaka, con una sonrisa ladeada, un día cualquiera, en la facultad—. ¡Pero si no ve lo que tiene justo frente a su nariz!

—Sayaka-chan—comenzó Mami, con una gotita resbalándole por la cien—, estoy segura de Homura-chan acabará por verlo, algún día, entonces, hará algo al respecto. —sonrió, tratando de sonar segura—. No hay que apresurar las cosas, lo que está destinado a ser, lo será, a su debido tiempo.

—Ja, eso lo veremos —insistió Sayaka, tomando una papa frita de su almuerzo para llevársela a la boca.

—No eres la más indicada para hablar, Sayaka —intervino Kyoko, que estaba sentada junto a ella—. Tú tampoco eres la más detallista del mundo, ni siquiera te dabas cuenta de tus propios sentimientos.

—¿Qué dijiste, Kyoko? —preguntó Sayaka, amenazante—. ¿Acaso quieres pelear, amorcito?

—Nah, no quiero pelear ahora —rechazó Kyoko, restándole importancia—. Podría humillarte cualquier otro día, pero no hoy, mucho menos en el campus. —Se encogió de hombros—. No me interesa escuchar tus quejas acerca de cómo eché a perder tu imagen delante de todos.

—¿Qué tú me vas a humillar, Bakakyoko?—Se burló Sayaka, altanera—.  ¿A mí? No me hagas reír.

—Chicas —intervino Mami, exhalando un suspiro—, ¿podrían, por favor, no discutir?

—¡Ella empezó! —Se defendió Sayaka, señalando a la pelirroja.

—Lo que digas —fue la sencilla respuesta de Kyoko. Estaba más pendiente de su comida, que de cualquier cosa que ocurriera a su alrededor.

Mami suspiró con cansancio, pasaran los años que pasaran, había cosas que nunca parecían estar dispuestas al cambio.

☼☼☼

Al final, lo que dijo Mami resultó ser cierto. Homura cayó en cuenta de que era correspondida un mes después, cuando, una tarde, mientras se dirigía a casa, usando como atajo un conocido parque de Mitakihara, escuchó, sin querer, una conversación que mantenían Sayaka y Madoka. El par de amigas estaban sentadas en uno de los tantos bancos del parque, muy cerca de su posición.

Homura, que, por unos instantes, se había paralizado al escuchar decir a Madoka que estaba enamorada de ella, tomó una rápida decisión. Esbozando una sonrisa, que tenía de todo, menos buenas intenciones, decidió que ya era tiempo de confesarse. Pero, no en ese momento, ni por la noche, ni al día siguiente. No, claro que no.

Todo debía darse bajo circunstancias específicas, unas en las que pudiera atacar, sin tener ningún factor externo que la detuviera. Debía buscar esa oportunidad para ir con todo desde el principio. Tal vez exageraba, tal vez no debía pensar de esa forma. Pero, como Homura lo veía, se había aguantado, y controlado, por mucho tiempo, como para no hacer nada al respecto. Después de todo, fueron cuatro años en los que no sabía si era correspondida; cuatro años en los que había perdido una buena parte de la esperanza, cuatro años en los que había fantaseado con ella, en los que había tenido que conformarse con fotografías, y otras cosas, de Madoka. No podía fallar, no estaba permitido error alguno. Tenía que encontrar el momento justo y, entonces, atacar, dejando salir todo lo que tenía reprimido en su interior.

Con esto en mente, y una determinada, además de perversa, expresión en el rostro, Homura siguió su camino. Todo lo que tenía que hacer estaba ya en su mente, debidamente orquestado. Sólo debía buscar el momento apropiado para llevarlo a cabo. Luego, haría su movimiento final.

☼☼☼

Las condiciones se dieron una semana después, cuando Madoka, que estaba en la misma universidad que ella, pero estudiaba una carrera diferente, le pidió ayuda para entender una materia que ambas carreras compartían. Podría haberle preguntado a Sayaka, pero, por más que la mencionada fuera su mejor amiga, ella estaba consciente de que no era una buena idea preguntarle al respecto. Homura no tuvo problema. Acordaron llevar a cabo la sesión en su residencia, dos días después.

Homura supo, de inmediato, que el día pautado para estudiar sería justamente el día.

Mientras preparaba todo en su casa —colocó un enorme, y oscuro, sofá en la sala donde se llevaría a cabo la sesión de estudio—, Homura pensó que la situación no podía ser más cliché. ¿Una confesión durante una sesión de estudio? Una en la que se encontraría, convenientemente, ¿sola con su crush? ¿Y en su propia casa?

No podía ser mejor. El único detalle era que, en caso de intentar algo más profundo, solo podría llegar hasta donde Madoka se lo permitiera. En ese caso, respetaría su decisión, listo. Estaba demás decir que rezó para que no tuviera problemas cuando el día llegara, y eso que no era de las más creyentes.

Ahora solo debía llevar a cabo todo como lo había planeado.

☼☼☼

Estaban en la sala del hogar de Homura. Habían estudiado alrededor de una hora, cuando decidieron tomar un descanso. Tras beber un poco de té, la anfitriona supo que había llegado el momento. Por otro lado, incluso, sin saber lo que su amiga tenía en mente, Madoka sintió que algo ocurriría.

Cuando Homura le comunicó que tenía algo que decirle, la ansiedad hizo acto de presencia y Madoka sintió como se le hacía un nudo en la garganta. Era el momento de la verdad, y ella, por algún motivo, estaba consciente de ello.

—Madoka —comenzó Homura, mirándola a los ojos—, me has gustado desde siempre. —hizo una pausa, con expresión cavilosa—. Desde hace cuatro años, para ser exactas.

La pelinegra, aprovechando la cercanía, tomó las manos de Madoka entre las suyas, estaban frías y sudadas. Homura la sintió nerviosa, temblorosa, y contenía la respiración. Parecía estar al borde del colapso.

—Quisiera saber —prosiguió Homura, sin dejar de mirar a su interlocutora, que apenas y podía sostenerle la mirada—, si puedes aceptar estos sentimientos que tengo hacia ti. —suspiró, acariciando las manos ajenas—. No soy muy buena con las palabras, pero, quiero que sepas que, de aceptarme, me harías la mujer más feliz del mundo.

Madoka, sintiendo como los ojos se le llenaban de lágrimas, con cuidado, sacó una de sus manos del agarre de la pelinegra —aunque le habría gustado quedarse así, por otro rato. Pero, tenía que hacerlo— y se limpió una lágrima que ya empezaba a descender por una de sus mejillas.

—Sí, Homura-chan —respondió, a duras penas—. Acepto tus sentimientos —tragó seco y dijo, con un hilo de voz—: También me gustas.

—Entonces… —prosiguió Homura, imperturbable en apariencia, pero hecha un desastre por dentro—. ¿Quieres ser mi novia? —Madoka asintió, y otras lágrimas comenzaron a escapar—. Muchas gracias, Madoka. No sabes lo feliz que me hace el hecho de que me aceptes —dijo, tal como lo había ensayado.

Acto seguido, Homura se inclinó hacia ella, sacó un pañuelo púrpura y limpió sus lágrimas, consiguiendo una expresión agradecida por parte de su, ahora, novia. Tras calmarse, Madoka pudo respirar más tranquila. Vaya que ese tipo de situaciones conseguían hacerla llorar con mucha facilidad.

—A mí también me hace muy feliz ser tu novia, Homura-chan. —Bajó la mirada, con un agresivo rubor  cubriendo sus, todavía húmedas, mejillas—. Soñé muchas veces con este momento, desde que supe que me gustabas. No sabes lo feliz que me hizo tu propuesta, Homura-chan.

Cada palabra que decía, cada gesto que le daba, conseguían que el corazón de la más alta latiera más, y más, aprisa. Sin embargo, no debía perder la compostura, tenía que continuar. No podría llegar a la meta si no se apegaba a lo ensayado.

Sin decir nada, Homura se acercó a ella y la abrazó. Madoka correspondió el gesto, gustosa, mientras caía en cuenta de que ese era el primer abrazo oficial que tenían como novias. Sonrió al pensar que debía guardar, para ella, de ahora en adelante, todos esos bonitos momentos.

—Madoka —llamó Homura, interrumpiendo el hilo de sus pensamientos.

—¿Sí?

—¿Te… —Homura titubeó un momento, pero continuó, sin detenerse—. ¿T-te puedo besar?

La inesperada pregunta la tomó por sorpresa, pero esta no duró mucho, pues, ¿a quién engañaría? Madoka, también, tenía tiempo con ganas de probar los labios de su amiga.

—Sí, Homura-chan.

Y, entonces, Homura, rompiendo el abrazo, separándose un poco de ella, acarició la mejilla de su amada, retiró un escurridizo mechón rosa de su frente y, cerrando los ojos en el proceso, hizo desaparecer la distancia entre sus labios, besándola, por fin.

El beso, al principio, fue lento, delicado y cargado de sentimientos. Tras unos poco segundos, las chicas se separaron. Sin embargo, no tuvo que pasar mucho para que Homura volviera a la carga. Acunó el rostro de Madoka entre sus manos y tomó posesión, nuevamente, de los labios ajenos. Esta vez, el beso era más demandante, intranquilo.

Madoka correspondió como pudo. Su forma de besar era torpe, pero se esforzaba por dar lo mejor de sí. Sus manos —a diferencia de las de Homura, que habían comenzado a recorrer sus curvas—, fueron a parar a los antebrazos de la pelinegra y se quedaron apoyados, ahí, sin moverse.

Cuando tuvieron que separarse, una vez más, y sin perder mucho tiempo, Homura besó sus mejillas, aferró su cintura con ambas manos y se apropió, una vez más, de los enrojecidos labios de Madoka. Acto seguido, se fue apoyando en ella, con suavidad, hasta quedar encima de la pelirrosa. Cómodamente recostada en aquel sofá, Madoka pensó, durante unos escasos segundos, en lo conveniente que resultaba la amplitud, y comodidad, de ese mueble. Su cuerpo cabía en él a la perfección.

Las manos, inquietas, de la más alta, continuaron recorriendo todo lo que podían de aquella menuda figura, toqueteándola sin tapujos. Las coló por debajo de la blusa rosa pastel, con estampado de fresas, que portaba Madoka, quien se estremeció al sentir las caricias encima de la piel de su estómago y espalda.

Con manos temblorosas, Madoka, que no quería quedarse atrás, le quitó a Homura el suéter lila que llevaba puesto. La prenda fue a parar encima de un sillón pequeño, situado a menos de un metro del sofá donde se encontraban. Acto seguido, acarició, con ademán vacilante, el sujetador negro de la pelinegra, debatiéndose entre la idea de quitárselo o no.

Ambas deseaban aquello con todo su ser y harían todo lo posible por terminar lo que habían empezado.

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