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Te disfrazas para ser lo que yo soy

Summary:

Cada Halloween, los monstruos del Nether tienen la posibilidad de ir al Overworld.

Rich, luego de varios años sin haber estado en el Overworld, decide ir.

Ese viaje fue mucho más peculiar que los anteriores luego de juntarse con Farfadox.

Notes:

No tengo excusas de por qué escribí esto, no se lo tomen en serio, no tiene ningún objetivo o trama real.

Seguro que los acentos están algo fuera de lugar, pero prefiero mantener mi escritura un poco más neutra.

Y se repiten mucho las mismas palabras aquí, todo el rato, pero no me importa lo suficiente como para cambiarlo ✌️

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La noche de Halloween era definitivamente una de las favoritas, adorada tanto por niños como adultos que aún sabían disfrutar la vida.

O la muerte, en algunos casos.

Mientras más se acercaba esa noche exacta, la magia protectora que dividía dos mundos muy distintos se iba debilitando progresivamente, hasta que en la fecha la barrera se rompía, permitiendo que los monstruos del Nether visitaran el Overworld una sola vez en el año.

Con el pasar de las décadas, ha notado que los humanos perdieron la verdadera razón del por qué se disfrazaban al salir de sus hogares. Perdieron no fue la palabra correcta, se fue… deshilachando.

Recuerda esa primera vez, cuando alcanzó la edad suficiente para venir junto con muchos otros de su tipo. Recuerda lo nervioso que estaba por visitar otro mundo, pero también recuerda lo nerviosos que estaban los humanos de todo. La desconfianza con la que se miraban incluso entre ellos, como si no pudieran diferenciar quién venía de otro mundo y quien no.

Ahora, todos lucían mucho más despreocupados, bromeando y paseando con disfraces de mala calidad y de seres que nunca antes había visto. Era muy claro que el propósito original de camuflarse entre los monstruos para evitar ser asesinado se había perdido con el paso del tiempo.

A su opinión, el cambio era para bien. Entre los seres del nether, principalmente los ancianos, habían muchas quejas sobre lo poco que les temían ahora, pero también había que considerar la diversidad que existe actualmente en la Tierra. Ya no solo se encontraban humanos y animales estúpidos, sino también subespecies de tipos que nunca se molestó en investigar.

Justo ahora, caminando por las transitadas calles del Overworld, apreciaba que nadie lo mirara con temor, ansiedad o desconfianza. Nunca fue tan confrontativo como los demás Wither Skeleton, y su reducida estatura podría contribuir a el mejor trato que recibía.

Junto con un pequeño grupo de adolescentes humanos, se paró frente a otra puerta para gritar “¡Dulce o truco!” La amable anciana que abrió la puerta les dio un puñado de dulces y caramelos a cada uno.

Él nunca comía todo lo que juntaba durante la noche, pero aún así disfrutaba la experiencia de convivir con otras criaturas sin ningún prejuicio, simplemente pedir dulces.

En la casa siguiente, fue un hombre adulto quien abrió la puerta. El grupo de humanos con el que estaba camuflado se dispersó en el transcurso de las calles, así que estaba solo.

“¡Dulce o truco!” volvió a exclamar.

Justo antes de que el hombre le diera sus golosinas, oyó una voz masculina a su lado.

“¡Yo también! ¿Llegué tarde?”

Técnicamente no, pero igual se consideraba de mala educación aparecer así.

Cuando se giró para hablar, sus palabras no salieron de su boca. A su lado, bajo el brillo casi desagradablemente colorido de las luces artificiales, brilló una armadura característica.

Nunca, nunca, había visto a un caballero de Netherite en persona. Eran tan misteriosos y aislados que casi los consideró un mito.

Aunque no podía negar que frente a él estaba uno de esos seres, de casi su estatura, tal vez más bajo (esperaba algo más alto, pero lo mismo podría aplicarse a él mismo) y con la armadura de Netherite que era obligatoria entre ellos.

En el Nether, era tan extraño conocer a uno como encontrar una manzana dorada encantada en el vasto mundo ya explorado. Se rumoreaba que en su búsqueda por el mineral se vuelven locos y se aíslan de todo y todos.

A lo lejos notó el murmullo cariñoso del hombre mientras dejaba algunos chuches en ambos bolsos, despidiéndose de ambos jóvenes.

Rich nunca fue alguien que dudase en actuar.

“Eres un caballero, ¿verdad, tío?”

El otro, que estaba revisando distraídamente lo que le regalaron, lo miró extrañado.

“Bueno, obvio, tengo la armadura. Solo me falta la espada, pero creo que me la robaron en el parque”

Era una imagen extraña de pensar. Alguien robando algo tan preciado de alguien probablemente desquiciado no terminaba con un final feliz, al menos de parte del ladrón.

“¿Y tú? Un esqueleto, supongo. Lindo disfraz, bastante realista” y acompañó el halago con un guiño.

Si por disfraz realista considerabas su camisa, su gabardina y sus pantalones poco destacables podía postularse en una competición del tema y ganar el primer lugar.

Espera, claro, se supone que la gente no debería distinguirlo entre más humanos. No era la actitud que esperaba de alguien que cargaba tal imagen sobre sus hombros, pero, otra vez, ¿No podría aplicarse eso para él mismo?

“Gracias. Yo… nunca había visto uno de los tuyos en persona”

“¿Posta? Yo pensé que estaban muy quemados. Hace unas cuadras vi un montón”

¿Más caballeros de Netherite? Tal vez no debería haberse tomado ese descanso de venir al Overworld años anteriores.

El otro, más atento que él, consideró que ya habían estado más tiempo frente a la puerta del que podría considerarse cortés, y fue seguido mientras salía del porche de la casa para seguir caminando.

“Oye, ¿te molesta si seguimos juntos? Perdí a mis amigos hace rato y te ves buena onda”

Murmura un acuerdo despreocupado mientras aún admira al caballero. Su nombre. ¿Y si tienen nombres en clave entre ellos?. Tenía una gema anaranjada brillante en la frente del casco que no pudo reconocer.

Sus pensamientos continuaron mientras caminaban por las aceras, que con el paso del tiempo ya no estaban tan concurridas. Los únicos que quedaban eran adolescentes con sus grupos de amigos, ya casi no quedaban padres que acompañaban a sus niños.

“Entonces, yo soy Farfadox. ¿Cómo te llamas? No voy a pasar toda la noche buscándote apodos”

Farfadox, solo tuvo que mirarlo un segundo con ese nombre en mente y se dio cuenta de que le quedaba bien.

“Me había olvidado, soy Rich”

“Voy a reconsiderar lo de los apodos, es más fácil decirte Ricardo”

No fue tan difícil llenar el silencio entre ellos con charlas ligeras y bromas que se consideraban de mal gusto, lo que solo motivó más su pensamiento de que tendría que seguir viniendo al Overworld.

“Sabes, mis padres me han dicho que los caballeros son serios y reservados, pero tú no pareces así”

Recibió una mirada extrañada, porque obviamente sería extraño pensar en un esqueleto wither conviviendo con su familia, pero luego pareció que a Farfadox se le prendió la lamparita.

Con una sonrisa que parecía burlona, habló.

“¿Sos de esos que hacen rol?”

-

“A ver, si la encontramos sola, lejos de todos y sin ninguna pista de su dueño no podemos hacer hasta lo imposible buscando a su dueño”

“... ¿No sería robar?”

Su amigo lo miró desde un costado, soltando un suspiro muy exagerado y adoptando una postura decepcionada, casi como si fuera una madre regañando a su hijo. Por robar.

“¿Me escuchaste siquiera? No es un robo, es nuestro hallazgo

Aún era una decisión moralmente cuestionable, pero tenía razón. No había nadie alrededor a quien preguntarle si la bolsa le pertenecía. Pero viéndolo desde otro punto, cualquiera podría mentir y decir que sí.

A Rich le gustaba creer que tuvo una buena crianza, que sus padres hicieron lo mejor posible y le enseñaron valores básicos que debía seguir en una sociedad. Probablemente un niño descansó por aquí y al seguir su recorrido se olvidó de su bolsa con dulces…

Aunque, de nuevo, no había nadie a quien recurrir. Era llevársela o dejarla aquí, esperando a que otra persona la encuentre. O llevarla a objetos perdidos en una estación de policía, pero eso en realidad sería una situación vergonzosa, ¿quién reporta un par de caramelos como perdidos?

Farfadox seguía mirándolo, tratando de lucir inocente como si no estuvieran planeando robar… hurtar una bolsa con caramelos. Hacía tiempo que no se divertía haciendo travesuras.

“Bueno, pero fíjate si no hay nadie viéndonos”

Ambos siguieron el camino comiendo muchos más dulces de los que deberían tener.

-

Ahora se encontraban mirando el porche de una casa que lucía muy particular.

Había montones de calabazas con rostros distorsionados, luces anaranjadas y negras rodeando las ventanas, carteles, dibujos y decoraciones muy clichés.

Como esqueletos, colgando del techo.

Sostenidos por el cuello con una cuerda.

Si pudiera se habría estremecido. Pero dado que no tenía piel para hacer eso, permaneció mirando a los que podrían ser sus… no hermanos, a sus primos colgando del techo y de algunos árboles, con una sensación perturbadora encima.

“No creo querer pedir dulces aquí…”

“Aw, dale, solo ignorá el cartel que dice ‘no pedir dulces’ y anda a pedirlos”

Curiosamente, en un comienzo había dicho que no quería por la extraña vibra que tenía la casa, no por el cartel (que recién notaba) que se veía demasiado agresivo incluso si era algo inanimado, con letras grandes, rojas en mayúscula.

“Ni que te fueran a correr, Rich”

Suspiró y aún mirando hacia los esqueletos que podrían ser él en un futuro cercano si algo salía mal, juntó coraje frente a la puerta y golpeó dos veces, preparándose mentalmente para agarrar dulces lo más rápido posible o para salir corriendo para salvar su vida.

El mundo no estaba de su lado, dándole una especie de indirecta de que nunca debía pisar fuera del Nether otra vez, porque tuvo que recurrir a la segunda opción.

“¿¡Acaso nadie sabe leer en este pueblucho!?”

Corrió tan rápido apenas se abrió la puerta que no distinguió nada más que un señor muy mayor y muy enojado con un arma que definitivamente no se veía como algo falso o hecha de caramelo.

No se pudo tomar tan en serio el riego cuando Farfadox corrió tan rápido como él, riendo histéricamente a su lado.

Él lo sabía, pero aún así me dijo que lo hiciera.

En el fondo sabe que fue un simple pensamiento sin ningún valor.

Confió en que iba a ser lo suficientemente rápido.

No era tan buena persona.

Rich sabía eso desde hace años, cuando era joven y tuvo que luchar para sobrevivir en el Nether.

Cuando se vio obligado a elegir entre la moral o sus necesidades. Entre matar para vivir o dejar vivir a coste de su sufrimiento.

Cuando incitó a Farfa a acercarse a una casa muy peculiar, una situación similar a la que había estado hace unas horas donde casi vislumbró la luz del otro lado.

Solo que esta vez en lugar de ser un hogar que no parecía un hogar, sino un cementerio tétrico, era una casa… Fuera de temática. En las fechas equivocadas.

“Ni que te fueran a secuestrar, Farfa”

Y definitivamente no parecía así, lo que tenían enfrente emitía las vibras opuestas a la otra casa. Como si el dueño fuera cuidador de infantes o maestro de jardín de niños.

Con nieve falsa en el borde del techo, bastones de caramelo enormes incrustados en el suelo y dibujos de galletas en las ventanas, no se le ocurría cómo alguien podía equivocarse tanto en una temática.

Y si llegase a ser a propósito, era porque estaban haciendo una broma o les estaban por hacer una broma.

Cuando le abrieron la puerta a su amigo, descartó ambas ideas al ver a la tierna anciana llevando un suéter con un diseño muy navideño que abrió la puerta. Por supuesto, estaba observando desde la seguridad que le proporcionaba estar detrás de un árbol. Solo por si acaso.

“Oh, seguro vienes por los folletos para hacer galletas navideñas, jovencito”

“Uh, ¿señora?... ¿No será por Halloween? Vine a pedir dulce o truco-”

“No seas tímido… Vamos, mis nietos estaban por hacer la masa, llegas justo a tiempo”

“No- no, es que estoy con mi amigo Rich buscando-”

Mientras comenzaba a negarse, Farfadox miró a su alrededor en busca de ayuda, en busca de su amigo Rich. No tuvo forma de negarle a esa señora entrar mientras lo empujaba por el brazo.

Rich, aún oculto detrás del árbol, recordó porqué no era tan buena persona.

-

Incluso después de tantas traiciones siguieron caminando y charlando animadamente por un parque como si la noche recién estuviera empezando.

En el segundo que se detuvieron en un banco, Farfadox suspiró con cansancio.

“Dios, no soporto más el casco este, es re pesado”

Con un movimiento fluido, se desprende de la armadura, relajando el cuerpo mientras se echa para atrás en el respaldo. No había notado que su rostro era de un negro profundo como el del vacío y ni siquiera parecía tener boca.

“Pues sí, nunca he tenido, pero la Netherite parece pesada”

La gema naranja sigue incrustada en su frente.

“¿Netherite? ¿Qué es eso?”

Qué.

“¿Qué?”

“Que no sé qué es Netherite”

“Espera, ¿no eres un caballero de Netherite, del Nether?”

“¿No? No sé qué son la mitad de las cosas que dijiste”

Ah, eso complicaba las cosas entre ellos.

No era un caballero de Netherite, no era ni siquiera un habitante del nether, por Dios.

No hizo el menor esfuerzo en ocultar la incredulidad de su rostro. Farfadox se puso visiblemente nervioso, casi podía leer sus pensamientos de ansiedad. Si estuviera en su posicion habría actuado de la misma manera, pero desde su posicion actual solo podía decir que fue estúpido.

Claro, ahora con el pequeño gran detalle que estuvo omitiendo por el fanatismo que le generaba conocer a alguien con un estatus como el de los caballeros del Nether podía darse cuenta de lo obvio que resulta.

No sólo rompía con cualquiera de las cosas que le habían contado, sino que la armadura ahora lucía como cartón plastificado y estaba demasiado abrigado debajo de la armadura como para vivir en un lugar donde la temperatura mínima es de 40 grados.

Y usaba crocs.

“... ¿Debería saber qué es eso? Mierda, perdona Rich, si es algo importante para vos o tu, uhm, cultura-”

Farfa siguió hablando y disculpándose por una razón que ni siquiera entendía, pero él se concentró en dejarlo en segundo plano y decidir qué hacer.

Le gustó pasar tiempo con él, como si tuvieran una conexión. Creyó que podría ser por sus orígenes similares, pero eso ya no podía ser una razón. Aunque Farfadox también lo trató como un amigo sin importarle que-

Él tampoco sabía que era un monstruo.

Bueno, ese era un posible lugar por el que comenzar. No tendría una amistad (extraña, solo se verían un día al año) basada en mentiras. O en cosas sin saber, más precisamente.

“Mira, Farfax… Hubo un malentendido entre nosotros. Yo no soy lo que piensas, y tú no eres lo que pensé, ¡Pero no en un mal sentido!”

Ahora entre los dos era Farfadox quien lucía incrédulo. Tal vez esa no fue la mejor manera de expresarse.

“Sos… ¿Pensaste que estábamos en una cita? ¿Sos gay?”

“¿¡Qué!? ¡No, no era eso!”

“Está bien Rich, no soy de esos que juzgan, la verdad que casi hasta me lo esperaba, tenés la cara”

“No tengo ‘la cara’. Farfadox, no tengo cara. Soy un esqueleto Wither”

“... Con razón se veía tan realista el disfraz”

Un rotundo silencio llenó el ambiente entre ambos.

“¿Entonces sí sos gay?”

No dignó a Farfadox con una respuesta.

Notes:

Rich: omg un caballero que pense que era un mito

Farfadox: wow, ¿un gay???

Tal vez escriba un segundo capítulo, para cerrar la idea y de cómo termina la noche y los que pensaron ambos o algo así.

Probablemente no.

(Si consideras que esta historia es mala, te invito a mirar cualquier fanfic de Wattpad y reconsiderar tu opinión)