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Giuliano no era del tipo que escribía cartas de amor, pero esta vez era distinto. La necesidad de decirle a Julián lo que sentía lo consumía con la intensidad del brillo de mil soles.
No es que no pudiera decírselo en persona, pero era un cagón, y la idea de ver la cara de Julián mientras se confesaba lo aterraba. Así que optó por la opción segura: pasarle una notita en clase.
El problema era que Julián estaba sentado varias bancas más lejos y, si quería que la nota le llegara, al menos cuatro de sus compañeros tendrían que hacerle el favor de pasar el papelito.
Ya se veía robándole a su papá la lista de calificaciones para alterar las de Rodri, porque esa era la única moneda de cambio valiosa que tenía.
Trató de hacer la caligrafía más pulcra posible y dobló la nota con cuidado, asegurándose de que el contenido de su confesión no se viera por ningún lado.
Después, con muchísimo cuidado y discreción, tocó el hombro de Rodri, que se estaba pintando las uñas por debajo de la banca mientras fingía prestar atención a lo que Scaloni explicaba.
— Ro, pasala hasta Juli. — Le susurró, estirando el brazo hacia él.
De Paul lo miró con una ceja alzada, gesto que Giuliano no tardó en interpretar.
— Sí, yo te ayudo, ¡pero hace que la nota le llegue!
— Tenés suerte de que me importa más terminar de pintarme esto, porque si no la supervisaría antes de dársela. — De Paul tomó la nota con mucho cuidado para no ensuciarla con barniz y, usando su lápiz, tocó el hombro de Nahuel.
— Moli, pasasela al Cuti, porfi. Decile que se la dé a Enzo, es para Ju.
Molina rodó los ojos, ya acostumbrado al intercambio de notas entre Juli y Ro durante las clases. No se negó tampoco, se había fijado ya en los barnices de Ro y como quería pintárse las uñas de azul y blanco, le cobraría el favor en el próximo receso.
Tomó la nota y luego le lanzó al Cuti una bola de papel.
Cristian abrió la boca para gritarle, pero se contuvo porque estaban en medio de la clase y Scaloni ya los tenía a todos amenazados con ponerles mil actas y reportes si le volvían a causar el más mínimo inconveniente.
— Te voy a cagar a patadas, hijo de puta. — Lo amenazó Cristian en voz baja.
— Te cuento un secreto de Licha si le pasas esto a Enzo. Decile que es para Juli.
Cristian cambió su expresión de inmediato y accedió sin dudar, tomando la nota de las manos de Moli. Necesitaba saber de qué secreto hablaba Nahuel. No podía ser nada que él no supiera, porque él conocía todos los secretos de Licha. Pero si lo que Nahuel sabía era algo que él no, entonces necesitaba saberlo.
Siendo el tipo grande que era, al Cuti le bastó con estirar la pierna un poco para darle a Enzo una patada en la espinilla.
Enzo se mordió el labio para contener el gemido de dolor. El hijo de puta del Cuti le había dado justo en el hueso. Le sacó el dedo del medio, pero no le pasó desapercibida la nota que Cristian extendía. Como el chusma que era, no dudó en tomarla.
— Dásela a Juli. — Pidió Cristian.
Enzo pensó en revisarla, pero seguramente era algo entre Juli y Ro (porque Ro era la única persona que le mandaba notas a Juli durante las clases) y él no quería que Juli se enojara con él después por estar de metido.
Se estiró para poder tocarle el hombro a Juli, que estaba sentado en la banca a su lado izquierdo.
Ambos habían sido enviados hasta el frente del salón luego de que Scaloni decidiera que no merecían la privacidad del fondo, pero también se diera cuenta de que no podía separarlos porque si no ninguno de los dos funcionaba correctamente.
Julián, concentrado en copiar del pizarrón, le hizo señas de que esperara. Enzo se quedó con la mano extendida, sosteniendo la nota.
Gravísimo error.
— Fernández.
El salón entero se quedó en silencio. Desde la amenaza de la semana pasada, la voz del profesor Scaloni tenía ese efecto en la clase. Todos miraban a Enzo con preocupación.
Giuliano, que había seguido con atención toda la secuencia de la entrega de su nota, sintió cómo se le helaba la sangre.
“Enzo, por favor, por favor, hace lo que haces siempre y mandá a Scaloni a la mierda. Enzo, por favor…”
—¡Daaah, profe, es una nota nomás!
Para la mala suerte de Giuliano y de Enzo, Scaloni no cedió. De hecho, se molestó más al escuchar el tono descarado de su alumno.
— ¡Enzo Jeremías Fernández! — Gritó, causando un escalofrío en el mencionado. — ¡Venís al frente en este instante y lees esa nota en voz alta! ¡Vamos a ver si es más importante que mi clase!
Dios, no. Marta lo iba a cagar a piñas cuando llegara a casa con otro reporte para firmar.
—La puta madre. — Susurró mientras se levantaba.
Desdobló la nota y reconoció de inmediato la letra de mierda de Simeone. ¿Qué carajo tenía que estarle pasando notas el pelotudo de Giuliano a Julián? Encima en medio de la clase, ¿a caso no le importaba distraerlo? ¡Hasta podía meterlo en problemas!
Se aclaró la garganta antes de empezar a leer con bronca.
— Querido Julián…
Ah, bueeeno. El hijo de puta planeaba confesarse. Todos en el salón empezaron a vitorear, mientras Julián lo miraba con los ojos muy abiertos.
— Fernández. No tenemos todo el día. Leé la nota ya.
No, no, no. El gesto de horror en la cara de Enzo causó nuevas expresiones y gritos en sus compañeros.
— T-tenés un orto re lindo.
Silencio.
Scaloni abrió la boca por la sorpresa, y Enzo interpretó el silencio general como una orden de que continuara. Paso saliva y siguió.
— Podría dormir noche tras noche sobre él, déjame decirte.
Estúpido Giuliano. No solo había escrito esa pelotudez, le venía fichando el orto a Ju hacía quién sabe cuánto tiempo.
— Quiero vivir contigo y tener tu orto de sombrero toda la eternidad.
Alzó la mirada un instante solo para conectarla con la de Giuliano, que parecía aterrorizado de que Enzo leyera quien había enviado la nota.
Pero Enzo no haría eso. Prefería asumir la culpa y morir y recibir mil castigos a permitir que Julián supiera quien se le había declarado porque hacía un tiempito que Juli venía jodiendo con que le gustaría tener un novio que lo amara mucho y él no podía permitir que ese novio fuera el pelotudo de Giuliano.
Igual y Enzo no entendía porque Julian necesitaba un novio si lo tenía a él que lo amaba con su vida.
Volvió a doblar la nota y volteó a ver a Scaloni, que estaba completamente incrédulo. Fernández se superaba día a día con sus pelotudeces y en esta ocasión le había hecho incluso reconsiderar porque había elegido ser docente.
Rodrigo fue el primero en romper el silencio, riéndose a carcajadas. Los que habían participado en la misión de pasar la nota lo miraban confundidos, mientras el resto se unía a las burlas hacía Enzo.
— ¡Basta! ¡Todos se callan ya mismo! Fernández, nos vamos a la oficina del director.
Scaloni salió de inmediato del salón, caminando apurado y siendo seguido por Enzo, que iba a un ritmo más lento.
Sentía un nudo en la garganta, ganas de que lo tragara la tierra y un ferviente deseo de meter a Juli en una cajita de cristal, alejarlo de todos y donde solo él pudiera verlo.
Poquito antes de llegar a la oficina del director, Scaloni le ordenó a Enzo que esperara afuera un momento porque tenía que ir a hacer algo importante.
Si es que algo importante era ir a ver qué hacían el profe Aimar y el profe Riquelme en la sala de maestros.
Enzo se balanceó sobre sus pies, mordiéndose el interior de la mejilla. Se imaginaba la cagada a pedos que le daría su mamá más tarde y seguro Seba se burlaría de él el resto de su vida cuando supiera por qué le mandaron otra acta.
Lo que no se esperaba era que Julián apareciera de la nada. Llegó corriendo hacia él con una sonrisa que a Enzo le hizo sentir mariposas en el estómago.
— No puedo creer que no me dijiste nada antes. — Reclamó, dándole un golpe en el hombro.
—¿Eh? — Porque no tenía más palabras en ese momento.
— ¿Posta decís lo de toda la eternidad? — Preguntó Juli, con sus bonitos ojos de ciervo contemplando a Enzo con mucha atención.
Enzo podría haberle dicho que no, que había sido todo un malentendido. Pero es que aunque eso no lo hubiera escrito él, no era ninguna mentira.
— Obvio que sí, Ju.
Julián suspiró, feliz.
— Yo sabía que habías entendido mis indirectas.
Y antes de que Enzo pudiera preguntar a qué se refería, el más bajo lo tomó de la cara y se puso de puntitas para besarlo.
Bonus 1
—¿Sabés dónde está Juli? — Le preguntó Giuliano a Ro.
Este lo miró con infinita lástima. Julián ya le había mandado por WhatsApp una foto de su mano y la de Enzo agarradas.
“Novios ❤️ ” había puesto el enano suertudo.
—Dejá, Giu, ni una chance tenés ya.
Bonus 2.
Ambos aprovechaban para pasar un ratito juntos detrás de su árbol secreto en el parque. Después de la suspensión que le habían dado a Enzo, seguro no se verían en días, así que disfrutaban sus últimos momentos juntos, abrazaditos y sintiendo el calor del otro. Eso ya era costumbre, pero ahora podían añadir a su rutina los besos y caricias propios de la edad.
— Julián. — Le habló Enzo cuando estuvieron tranquilos por un momento. Porque a su Juli él no podía ocultarle nada por mucho tiempo.
El mencionado frunció el ceño al escucharlo. Enzo nunca lo llamaba por su nombre a menos que fuese a decirle algo muy serio.
— Mira te lo digo de una porque no me gusta ocultarte cosas y, además, ya somos novios, así que no tengo que preocuparme más. — Razonó Enzo, hablando rápido porque estaba nervioso.
— ¿Qué cosa?
— La nota la escribió Giuliano. Quería que te la pasara, pero Scaloni me vio y entonces ya no te la pase.
Julián alzó las cejas y pasó saliva, incómodo con la idea de que alguien que no fuese Enzo le hubiese puesto tanta atención a su culo.
Pero igual tenía sentido.
— Por ahí pensé que era medio raro que nomás escribieras de mi orto, pero estaba feliz, así que ni me importó.
Claro que Enzo no habría escrito solo sobre el orto de Julián. Su Juli tenía también una carita hermosa, una cintura que le daban ganas de no soltar nunca y unas gomas que a Enzo le hacían suspirar.
Además Juli también era inteligente, fuerte, amable, atento... Enzo podría pensar un millón de adjetivos y ni así serían suficientes para poder escribir algo a la altura de Julián.
Pero igual y no hacía falta ninguna carta cuando podía demostrarle su completa devoción ahí mismo. Tomó a Juli de la nuca y lo jaló hacia él para darle un beso tan intenso que lo dejó con las piernas temblando.
— Con lo hermoso que sos, escribir solo sobre tu orto es una falta de respeto, Ju.
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