Work Text:
1.
Es un miércoles normal . Después del tsunami, la denuncia y todo lo demás, la vida de Buck finalmente es normal . Ya volvió a trabajar normalmente . Lo que más alegra a Buck es que su relación con Eddie volvió a la normalidad . Bueno, y con Hen, Bobby y Chimney. Pero lo más importante para Buck es que, ladrillo a ladrillo, pudieron reconstruir el vínculo con Eddie.
Así que, todo está normal . No se puede quejar.
Buck está saliendo al atardecer de la estación luego de un turno de 10 horas, más corto de lo que está acostumbrado, pero puede sentir el cansancio en cada uno de sus músculos. No puede esperar a llegar a su casa y descansar.
Cuando está pensando en la lasagna que tiene para recalentar en la heladera, escucha unos pasos detrás de él.
—¡Buck! —Eddie se le acerca y le saca el bolso del hombro—. Yo pongo el lavarropas si vos hacés la cena —dice mientras camina hacia la camioneta de Buck. Éste lo sigue en silencio. Aunque se siente más liviano sin el peso sobre su hombro, la sorpresa hace que le cueste un poco seguir el ritmo de Eddie—. ¿Y? ¿Qué decís?
—Eh… Sí, está bien —contesta Buck. No es la primera vez que intercambian favores. No es ni la vigésima vez que lo hacen. Pero es la primera vez que Eddie se lo plantea tan frontalmente.
—Dale, Buck, abrí la puerta —dice Eddie cuando llegan a la camioneta, desde el lado del pasajero. Buck se queda unos minutos mirando cómo caen los últimos rayos de sol del día sobre la cara de Eddie. Sus ojos se ven como dos ámberes enormes bajo esa luz y Buck pierde la capacidad de pensar—. ¿Buck?
—¿Y tu auto? —pregunta Buck, antes de procesar el pedido de su amigo.
—En… mi… ¿casa? —responde Eddie, dudoso.
—¿Me estás preguntando?
—No, no, está en mi casa. Estoy seguro. Pensé que era obvio.
Pero para Buck no era obvio. Buck se acaba de enterar de que van a comer juntos.
—¿Cómo viniste esta mañana?
—En Uber.
—Ah, claro.
Era casi como si Eddie hubiera planeado toda su tarde juntos: iban a ir en el auto de Buck a la casa de Eddie, Eddie iba a lavar la ropa mientras Buck cocinaba y luego iban a cenar con Christopher. Pero no le había avisado a Buck.
¿Y después de la cena?
Buck no sabe si sentirse ofendido o halagado. Eddie sabe que no hace mucho durante la semana, así que probablemente supuso que no tiene ningún plan. Y la suposición es correcta. Pero, ¿y si sí tenía un plan? Buck no sabe si tiene la fuerza de voluntad para rechazar una invitación a cenar en la casa de los Diaz.
—¿Y? ¿Vas a abrir las puertas? —pregunta Eddie, sacándolo de sus pensamientos.
—Sí, perdón —Buck aprieta el botón de la llave y ambos suben.
A mitad de camino, Eddie le toca la pierna y Buck se sobresalta. Sin querer, gira un poco el volante hacia la izquierda, se le va la camioneta y tiene que maniobrar para volver a enderezarla. Eddie en ningún momento le saca la mano del muslo.
—¿Estás bien?
—Sí, sí. Perdón, me asusté.
—Está bien. Te iba a preguntar si vas a venir al torneo de ajedrez de Christopher.
Buck asiente y mira la mano de Eddie sobre su pierna. Eddie la mueve, pero Buck trata de comunicarle telepáticamente que la vuelva a poner donde estaba. Lamentablemente, la telepatía no existe y tiene que quedarse con la sensación fantasma del contacto.
Cuando Buck finalmente estaciona en frente de la casa de Eddie, Eddie baja rápidamente, agarra los dos bolsos que están en la parte de atrás del auto y trota hacia la puerta.
—¡Dejo la puerta abierta para que entres! —grita Eddie mientras pone las llaves en la cerradura y pasa a su casa.
Buck tarda un par de minutos en bajar del auto. No es una tarde diferente a otras, pero por alguna razón se siente más abrumado. Eddie parece… distinto y Buck no entiende por qué.
Luego de sobreanalizar en el auto, entra a la casa y ve que Christopher está sentado en el sillón.
—¡Buck! ¡No sabía que ibas a venir! —dice Christopher, emocionado. Buck tampoco sabía que iba a ir.
—¡Christopher! ¿Cómo estás?
—Bien. ¿Querés venir a jugar? —pregunta Christopher con un joystick en la mano.
—Uy, me encantaría, pero tengo que empezar a hacer la cena —contesta Buck, mientras se dirige a la cocina, sin antes darle una pequeña palmada a Christopher en la cabeza. El niño mira hacia arriba y le dedica una sonrisa.
Cuando Buck abre la heladera, encuentra todos los ingredientes para hacer spaghetti con salsa bolognesa, la comida favorita de Christopher. No hay nada que le haga más feliz que preparar comida que sabe que van a disfrutar, así que pone manos a la obra. Empieza a picar las cebollas, las zanahorias, los apios y el ajo, mientras tararea por lo bajo la canción que tuvo pegada toda la semana.
Una vez que ya tiene los vegetales, la carne y el caldo en la olla y la salsa se está cocinando, siente la presencia de Eddie detrás suyo.
—¿Puedo probarla? —pregunta desde la puerta.
Buck asiente y agarra una cuchara limpia del cajón. En cinco segundos, ya tiene a Eddie al lado suyo. Buck sumerge la cuchara en la salsa burbujeante. Cuando la saca, pone la mano debajo y la mueve hacia Eddie, que ahora está al lado de él. Eddie pone la mano encima de la mano de Buck que está agarrando el mango de la cuchara, pero no se la saca de la mano, sino que guía la mano de Buck hacia su boca. Buck está mirando la parte cóncava de la cuchara, pero cuando se encuentra demasiado cerca de los labios de Eddie tiene que mirar para otro lado. Mientras mira el agua casi hirviendo para los fideos, siente los dedos de Eddie sobre los suyos y escucha el sonido de aprobación que sale de la garganta de su amigo.
—Está riquísima, como siempre, pero le falta un poco de sal.
Sin decir nada, Buck mueve rápidamente la mano con la que sostiene la cuchara y ésta termina cayendo al piso.
—La puta madre, perdón —Buck se queda quieto en el lugar. No cree poder moverse.
—No pasa nada, Buck —dice Eddie, mientras se agacha. Buck teme de que si mira a Eddie mientras hace eso no pueda quitarse la imagen de la cabeza nunca, así que se mueve rápidamente para ponerle sal a la salsa y revolverla.
Cuando Buck llega a su casa, tira el bolso en el piso y lo abre lo más rápido que puede. Adentro está su uniforme limpio. Agarra la camisa, se la lleva a la nariz y la huele.
No quiere usarla nunca más en su vida. Huele a limpio y a Eddie y no quiere que ese olor se vaya.
No se da cuenta de que le falta una media hasta un par de días después. Y cuando se da cuenta, no le importa mucho. Después de todo, es solo una media.
2.
Buck está perdido. Busca, busca, busca y no lo encuentra.
Buck está perdido en el supermercado y no encuentra por ningún lado a Eddie.
Se separó dos minutos de Eddie para buscar el yogurt que sabe que le gusta a Christopher y ahora no lo encuentra por ningún lado. No está en el pasillo de las galletitas, ni en el de las bebidas, ni en el de los productos de limpieza. Así que ahora está dando vueltas con diez potes de yogurt en los brazos, porque Eddie estaba manejando el carrito, y no sabe cuántas vueltas más puede dar sin que se les caigan.
Este supermercado siempre le pareció laberíntico, pero Eddie siempre insiste en ir ahí. Aunque hoy Buck está especialmente desconcertante y realmente no puede encontrar el camino hacia Eddie.
Cuando finalmente lo encuentra, está hablando con una mujer. Una mujer que le está tocando el antebrazo mientras se ríe. Buck siente algo en la panza, no sabe muy bien qué es, pero es como si sus entrañas quisieran salir de su cuerpo. No le gusta nada la sensación.
La mujer es baja, con el pelo rubio y largo. Tiene la cara fina y con los pómulos bien marcados. Cree que es un poco más grande que Eddie, no tiene idea de dónde la puede conocer. A lo lejos, la mujer parece tener ojos claros, de esos que cuando te miran te perforan. La mujer es… linda. Lamentablemente. (Agh, Buck no sabe de dónde está sacando esos pensamientos).
Pero entonces Eddie se da vuelta, lo ve y mueve rápidamente el brazo. La sonrisa le cambia de cordial a honesta. Y Buck sabe que con él la sonrisa de Eddie es siempre honesta, nunca solamente cordial.
—Ah, ahí estás, Buck —dice Eddie.
Buck marcha hasta él y deja los potes de yogurt en el carrito.
—Esta es Jessica, es la mamá de Ben —Buck no recuerda a ningún Ben. ¿Está hablando de alguien de una llamada? Lo mira desconcertado. Eddie se da cuenta de que necesita más información—. El amigo de Christopher… Que vino el otro día a casa. ¿Te acordás?
Ah, ahora sí. Hace dos semanas, Christopher le había pedido a Buck que cocine para él y su amigo y, obviamente, Buck obedeció. Luego, jugaron videojuegos todos juntos toda la tarde.
Le presta más atención a Jessica y puede ver la similitud entre madre e hijo. Mismo color de pelo y misma nariz. También puede ver las diferencias. Ben tiene los ojos marrones, pero de cerca, puede corroborar que Jessica tiene los ojos tan claros que parecen transparentes.
—Hola, soy Buck —dice y extiende la mano para que se la estreche, pero ella se acerca más y le da un beso en la mejilla. Buck está un poco incómodo,
—¡Qué bueno al fin conocerte, Buck! Con todo lo que escuché sobre vos. Ben no dejó de hablar de vos desde que fue a su casa.
No es mi casa , piensa Buck, pero no la corrige.
—Eh… Igualmente —Buck le sonríe falsamente. Hasta recién, no sabía de su existencia.
Buck no sabe dónde poner las manos, así que apoya su mano izquierda en la manija del changuito y Eddie pone la suya arriba, la aprieta suavemente y no la corre. Buck teme a lo que se pueda encontrar si mira a Eddie.
Así que, en vez de hacerlo mira a Jessica. Ella está mirando sus manos con ternura. A Buck le empieza a transpirar la mano y la guarda en el bolsillo.
—Estábamos hablando de ir a comer a su casa la semana que viene —le dice Eddie. ¿Se refiere a una cita? ¿Por qué le está hablando de una cita? ¿De qué le sirve saber que tiene una cita? ¿Querrá que lo cuide a Christopher?— ¿Te parece bien el jueves? Tenemos cuarenta y ocho horas libres.
—Eh… okay… —Buck se siente completamente fuera de la conversación.
—Ben no para de hablar de tu brownie, por ahí lo podés traer el jueves.
Bueno, definitivamente la cena lo incluye.
—Sí, no hay problema —Buck ya está haciendo la lista mental de lo que necesitan comprar.
—Perfecto, entonces nos vemos el jueves.
Cuando están por seguir con su compra, Jessica vuelve a hablar.
—Tenía una pregunta, ¿Buck de qué es?
—Buckley.
—Ah… Buckley Diaz.
Buckley-Diaz. Buckley-Diaz. Buckley-Diaz. Buckley-Diaz.
—No, Buckley es mi apellido.
—Ah, pensé que… Bueno, no importa —Jessica agarra su carrito—. Chau, nos vemos —y se va del pasillo en el que están.
Eddie también empieza a irse, pero Buck se queda parado.
Buck sabe que se refería a que su nombre es Buckley y su apellido Díaz, pero son dos apellidos y la combinación de ambos le produce algo en la panza.
Buckley-Diaz. Buckley-Diaz. Buckley-Diaz. Buckley-Diaz.
—¿Buck? Vamos, dale —dice Eddie desde la punta de la góndola.
—Ah, sí —Buck trota hasta Eddie.
—Necesito agarrar cereal.
Buck sigue a su amigo por todo el lugar, aunque se encuentra perdido en sus pensamientos. No puede sacarse de la cabeza la conversación que acaban de tener.
—Jessica piensa que estamos… juntos, ¿no? —le pregunta Buck cuando están parados frente a la góndola de cereales.
—¿Juntos? ¿Cómo?
—No sé, juntos, Eddie. Juntos significa juntos —contesta Buck exasperado.
—No sé, Buck. No sé lo que piensa —responde Eddie, poniendo una caja en el changuito.
Buck revolea los ojos. Si Eddie se quiere hacer el boludo, que lo haga.
Luego, Eddie pone dos cajas más y agarra el carrito. Cuando Eddie dobla a la derecha, Buck hace lo mismo, pero cuando gira no ve más a Eddie. No puede ser, Buck volvió a perder a Eddie. Suspira. Va a ser un día largo. En vez de buscar a Eddie, va a agarrar todos los ingredientes que necesita para hacer el brownie.
3.
—Eddie, ¿viste el encendedor? —murmura Buck, poniendo las velitas arriba de la torta de cumpleaños con el cuerpo hacia delante. No tiene a Eddie a la vista, pero puede escuchar su respiración a su lado.
Cuando mira de reojo, Eddie niega con la cabeza. Buck jura que lo dejó arriba de la mesa cuando trajo la torta, pero ahora no lo ve por ningún lado. No puede creer que le esté pasando esto ahora después de todo lo que trabajaron. Aunque sabe que no es algo que va a arruinar el festejo.
Buck estuvo dos semanas ayudando a Eddie a organizar la fiesta de cumpleaños de Christopher. Está siendo un año duro para todos y Eddie quiere que sea la fiesta perfecta. Buck sabe que Eddie se está poniendo demasiada presión a sí mismo (y por consecuencia a Buck) y que Christopher con una torta de cumpleaños y su papá ya iba a estar contento, pero igual hace todo lo que Eddie le dice. Va a comprar la decoración, a buscar la torta e infla todos los globos hasta que Eddie le dice que son suficientes (a Buck le parecieron que eran demasiados, pero no le dijo nada al respecto).
Cuando Buck termina de poner las velitas y endereza el cuerpo, Eddie está caminando hacia él con una caja de fósforos en la mano.
—Gracias —susurra Buck mientras agarra la caja.
—¡Acérquense todos que vamos a soplar las velitas! —grita Eddie.
Buck raspa un fósforo contra la caja y prende las nueve velas. Mira a Christopher y le sonríe, Christopher le devuelve la sonrisa.
Cuando todos están rodeando la mesa, cantan el feliz cumpleaños. Christopher no para de reír en toda la canción.
Cuando sopla las velitas y todos aplauden, Buck se da cuenta que hace meses no ve tan feliz a Christopher. Mira para el costado, para decirle eso a Eddie y también lo ve con la sonrisa más grande que tuvo en el último tiempo.
—¡Eddie! ¡Acercate a Christopher que les saco una foto! —dice Chimney con el celular preparado.
—Vamos, Buck —dice Eddie, agarrando el brazo de Buck y llevándolo hasta donde está su hijo.
—¿No querés una foto de los dos solos? —pregunta Buck, aunque no se resiste ante la fuerza de Eddie. No tiene problema en sacarse una foto con ellos, pero le parece raro que Eddie no quiera una foto solo con Christopher.
Luego de que se hayan sacado un par de fotos… ¿familiares? No, no son su familia. Luego de que se hayan sacado un par de fotos… ¿de una familia con un amigo? No, muy largo. Bueno, luego de que se hayan sacado un par de fotos y punto, Buck dice:
—Chimney, sacales una foto juntos a Eddie y Chris.
Pero antes de que Chimney lo pueda hacer, Eddie ya está cortando la torta y repartiendo las porciones.
Buck lo deja pasar, pero no entiende por qué Eddie querría solo las fotos con Buck. Él no es parte de la familia. A veces cree que no va a ser parte de ninguna familia. Pero por ahora tiene a Eddie y Christopher y eso le alcanza.
La fiesta terminó hace una hora. Buck se quedó un rato para ayudar a Eddie a acomodar todo. Están uno enfrente del otro en la vereda, al lado de la camioneta de Buck. Para sorpresa de Buck, Eddie lo abraza del cuello. Buck rodea su cintura con sus brazos.
—Gracias —le susurra Eddie en el oído—. Gracias, gracias, gracias.
El aliento de Eddie contra su piel está caliente y Buck no sabe cuánto tiempo más va a poder permanecer parado.
—De nada —contesta con un nudo en la garganta.
Se separan, Eddie lo mira por un par de segundos con una pequeña sonrisa y Buck tiene que correr la mirada.
—Bueno, nos vemos mañana —dice rápidamente Buck subiéndose al auto. Después arranca lo más rápido que puede.
Lo primero que hace cuando llega a su casa es mirar su celular. Chimney le envió las fotos que sacó. Buck se queda mirando una en específico. Los tres están sonriendo. Eddie está mirando al costado. Buck no puede dejar de mirar la posición de la mano derecha de Eddie, sobre su cintura. Le gustaría poder volver el tiempo atrás para prestar más atención en ese momento, porque ahora no recuerda la sensación de la mano de Eddie sobre su cuerpo. Se siente como un momento desperdiciado, pero al menos hay una prueba de que sucedió.
4.
—¿Buck? ¿Podés venir? —es lo primero que escucha Buck del altavoz del teléfono.
—Sí, dame 15 minutos —responde Buck sin dudarlo, restregándose los ojos. No sabe ni qué hora es, pero por la luz que entra de la ventana, supone que es muy temprano.
Buck no desperdicia tiempo en cambiarse, cree que está lo suficientemente vestido como para poder salir. Rápidamente, se pone las zapatillas y agarra las llaves.
Buck sabe el camino a la casa de Eddie de memoria, nunca pone el GPS. Pero por alguna razón que desconoce, esta vez, se pierde yendo. Gira a la izquierda cuando tiene que girar a la derecha. Toma una calle que no tiene que tomar.
Después de un par de errores, tiene que parar y poner el GPS. Por eso, veinte minutos después, Buck está estacionando en la calle de Eddie y éste ya está esperándolo en la puerta.
—Llegás cinco minutos tarde —dice Eddie, mirando su reloj.
—¿Perdón? —dice Buck. Eddie generalmente no es tan estricto con el horario, debe ser algo urgente—. Me perdí. ¿Qué pasó?
—Christopher no para de toser.
Buck lo mira confundido. Eddie no le pide ayuda para estas cosas, generalmente Eddie se puede hacer cargo de este tipo de cosas solo. Buck no sabe muy bien qué contestarle.
—¿Me necesitás para esto?
—Sí, no sé qué hacer.
Buck está seguro de que Eddie sabe perfectamente qué hacer. Pero igual le sigue el juego.
—Ehhh… ¿le tomaste la fiebre?
—No.
—Okay, hagamos eso primero. ¿Dónde está el termómetro?
—No me acuerdo.
Buck se pasa la mano por los ojos, un poco irritado.
—¿Cuándo fue la última vez que lo usaste?
Eddie piensa.
—No me acuerdo.
Buck revolea los ojos y suspira. Trata de pensar otra vez que lo hayan usado, pero no recuerda porque nunca lo llamó para esto.
—¿Puede ser que esté en el baño?
—Sí, puede ser.
—Bueno, vamos a buscarlo al baño entonces.
Buck abre todas las puertas y los cajones que hay, mientras que Eddie lo mira con el cuerpo apoyado en el marco de la puerta y los brazos cruzados. Buck pensó que nunca iba a poder enojarse con Eddie, pero ahora está muy cerca de hacerlo.
—¿Te vas a quedar ahí mirando? —pregunta Buck, irritado, justo antes de abrir el último cajón y encontrar el termómetro—. Acá está. La próxima, dejalo más a la mano, por favor.
Eddie no responde. Buck se para y le hace un gesto con la mano para que se mueve, Eddie le hace caso.
—Hola, Chris. ¿Cómo te sentís? —dice Buck entrando a la habitación.
—Más o menos —responde Christopher y su voz suena más grave de lo normal. Empieza a toser. Es una tos seca que suena muy fea. Tiene los ojos rojos y Buck puede ver que le está costando más respirar.
—Eddie, ¿creés que podés ir a buscar un vaso de agua?
—Obvio que puedo ir a buscar un vaso de agua —Eddie lo dice como si no estuviera siendo un obstáculo desde que Buck llegó. Buck lo ve revolear los ojos antes de moverse hacia la cocina. Ah, ahora sí puede hacer las cosas.
Buck le coloca el termómetro debajo de la axila a Christopher y espera hasta que suene. Cuando lo hace, ve que el aparato lee 97 grados Fahrenheit, así que no tiene fiebre. Pero entonces Christopher tose y escupe flema sobre sus manos.
—No te preocupes —Buck trata de tranquilizarlo, aunque él tampoco se encuentre muy calmado. Le limpia la flema con un pañuelo.
Entonces, Eddie vuelve con el vaso de agua y se lo da a Christopher.
—Hay que llevarlo a la clínica —Buck le dice a Eddie.
—Bueno —Eddie no se mueve de su lugar.
—Agarrá la tarjeta del seguro.
—¿La tarjeta del seguro?
—Sí, del seguro de salud, Eddie. ¿Qué te pasa hoy? —Buck está enojado. Esta situación se siente como algo que su padre haría con su madre. Llamarla ante el menor inconveniente y hacer que solucione todo ella.
—Ah, sí, sí. Ya la voy a buscar —y finalmente parece que las neuronas de Eddie empiezan a hacer sinapsis, porque sale corriendo de la habitación y menos de un minuto después vuelve con una tarjeta en la mano.
En la sala de espera, Eddie agarra la mano de Buck y la tira levemente. Buck lo mira.
—Gracias —susurra Eddie, mirándolo intensamente a los ojos. Con el pulgar acaricia a Buck y éste tiene que cerrar los ojos. No aguanta seguir mirando a Eddie. Su mano es áspera pero el movimiento es suave, una sensación que describe a Eddie a la perfección. El calor que está sintiendo Buck es comparable al de un incendio.
Por suerte son interrumpidos por un médico.
—¡Diaz!
5.
Buck está corriendo por un pasillo de arbustos que no tiene salida. Para abruptamente en la esquina y vuelve para atrás. Cuando llega a una esquina que se bifurca, gira hacia la izquierda.
—¡Eddie! ¡Eddie! —grita mientras corre.
Ah, cierto, está buscando a Eddie. Dobla a la derecha, inmediatamente dobla a la izquierda. Se cae de cara. Siente un dolor en la mejilla.
Toca la tierra del piso. Tierra . Mira a su alrededor y lo único que ve son arbustos. Arbustos. Está en un laberinto.
Se para, pero todo a su alrededor da vueltas. Camina en zigzag, golpeándose contra las paredes. Eddie siempre fue el norte, pero ahora parece que se le rompió la brújula.
Buck siente que el piso se mueve. Un terremoto.
—Buck, Buck —Eddie susurra.
Buck abre los ojos. Eddie está delante suyo. Está sentado en el sillón de Eddie, se debe haber dormido mientras miraban la película que él mismo eligió.
—¿Estás bien? No parabas de gritar mi nombre.
—Sí, sí, fue una pesadilla nada más —Buck se refriega los ojos.
—Vamos a la cama —dice Eddie, agarrándole la mano a Buck. Sin pensarlo, Buck deja que lo guíe hacia la habitación. El agarre de Eddie se sienta tan bien que no quiere que se separen nunca.
Cuando llegan al cuarto de Eddie, Buck se acuesta rápidamente en la cama de Eddie. Las sábanas de Eddie tienen el olor Eddie.
El cuarto de Eddie. La cama de Eddie. Las sábanas de Eddie. El olor de Eddie. Eddie, Eddie, Eddie.
Buck nunca durmió en la cama de su amigo y apoyar la cabeza en esa almohada es nuevo y familiar a la vez. Quiere acostumbrarse a todos los sonidos de la habitación.
Eddie, luego de dar vueltas por la habitación y hacer quién sabe qué, finalmente se acuesta en la cama y Buck siente que ya puede dormir en paz.
—Dormí, Buck —Eddie acaricia el pelo de Buck.
Están construyendo una cotidianeidad que no es de ellos. Buck sabe que se está acostumbrando a un lugar que no es suyo, pero en ese limbo entre la consciencia y los sueños, se olvida.
+1
En el pequeño momento de confusión después de despertarse, Buck se da cuenta de que no está en su departamento. Siente un brazo encima de su panza y teme con lo que se va a encontrar cuando se dé vuelta. Cuando gira, se encuentra con la cara de Eddie muy cerca de la suya. Más cerca de lo que alguna vez la tuvo. Las pestañas de Eddie caen sobre sus cachetes de una manera que hace que Buck quiera arrancarlas una por una para no tener que volver a ver esa imagen. Es lo más hermoso que vio en su vida.
Buck toma una bocanada de aire. Siente una presión en el pecho que hace que no pueda respirar bien.
—¿Buck? —Eddie sigue con los ojos cerrados.
—¿Sí?
—¿Podés llevar a Christopher a la escuela? —Eddie pregunta, sacando el brazo de encima de Buck, poniéndolo bajo su almohada y girando el cuerpo hacia el lado contrario.
No sería la primera vez que Buck lleva a Christopher a la escuela, pero esta vez el pedido de Eddie se siente distinto. Hace un par de semanas que Eddie se está comportando distinto. Como si Buck fuera su pareja. Y Buck definitivamente no es su pareja.
Buck se levanta de la cama, primero porque obviamente puede hacerle el favor a su mejor amigo de llevar a su hijo a la escuela y segundo porque quiere escapar de los sentimientos que está teniendo. Está experimentando un tornado en su pecho.
—La maestra de Christopher quiere hablar —dice Eddie, que sigue acostado. Buck no le responde nada, no entiende qué le está queriendo decir. Luego de un largo silencio, Eddie pregunta—: ¿Podrías hablar con ella?
Buck se está poniendo las zapatillas en la punta de la cama, para de hacerlo y endereza la espalda. Respira hondo y trata de entender el razonamiento detrás del pedido de Eddie. Es obvio que la directora quiere hablar con el papá de Christopher y él no lo es. Pero Eddie lleva semanas tratando como si lo fuera.
Okay , Eddie tiene que entender que Buck no es su pareja ni la mamá de Christopher ni lo que sea que estuvo pensando en el último tiempo.
—La maestra seguro quiere hablar con el padre —empieza Buck su explicación.
—¿Y?
—Yo no soy el papá de Christopher, Eddie —Eddie levanta la cabeza de la almohada y mira a Buck con el ceño fruncido—. Lo quiero con todo mi corazón, pero no es mi hijo— Eddie desvía la mirada y se muerde el labio inferior. Buck continúa—: No sé si puedo ir a hablar con la profesora, vos sos el papá, no yo.
—Pero ya fuiste otras veces.
Eddie tiene razón. Buck fue a reuniones en la escuela.
—Esta vez es diferente.
—¿Qué tiene de diferente?
—No sé, es diferente.
—Está bien si no querés.
—No es que no quiera, Eddie.
—¿Entonces?
Buck no sabe qué contestarle ya. Abre la boca varias veces, pero nunca le sale una respuesta.
—No sé —murmura Buck. El corazón se le va a salir del pecho si sigue latiendo así.
Eddie está en silencio, viendo la pared. A Buck le gustaría saber qué está pensando, pero ahora la cara de Eddie le parece indescifrable. A Buck le falta una pieza del rompecabezas y no sabe dónde buscarla.
—No es que no quiera, no me parece que yo sea la persona que tiene que ir —Buck sigue tratando de defender su punto de vista, no sabe qué es lo que va a hacer que consiga una respuesta de Eddie—. Tenés que entender que yo no soy…
—¡Ya está, Buck! ¡Ya entendí que no sos el papá de Christopher! —grita Eddie. Se levanta abruptamente de la cama y sale velozmente dando un portazo.
Buck se queda sorprendido mirando la puerta. Nunca vio a Eddie así y no sabe qué hacer. Se queda en su lugar hasta que vuelve, no sabe si pasaron diez minutos o diez horas cuando Eddie entra de nuevo a la habitación.
Buck lo sigue con la mirada. El cuerpo de Eddie solo está cubierto por una toalla atada a la cintura. Buck no sabe si le distrae más el agua que le cae por el pecho o los cachetes colorados del agua caliente que debe haber usado para bañarse.
Cuando Eddie empieza a sacar ropa del placard, Buck corre la mirada. Le quiere dar un poco de privacidad, pero más necesita dejar de mirarlo para pensar claramente. ¿Qué se supone que tiene que decir ahora?
Llega a la conclusión de que lo mejor es no decir nada, así que se para y camina hacia la puerta.
—Buck, ¿qué hacés?
Buck se da vuelta y se encuentra a Eddie mirándolo, inspeccionando cada parte de su cuerpo. Supone que él también está buscando una respuesta y parece encontrarla antes que Buck.
Eddie se acerca, agarra su cara con sus dos manos y lo besa. Buck se da cuenta de que esperó toda su vida ese momento. Como si estuvieran predestinados. Como si estuviera escrito en las estrellas. Ahora se da cuenta de que era inevitable que terminaran acá. Solo se tocan sus labios y es perfecto, pero cuando Buck decide que quiere más , Eddie lo interrumpe.
Se separa y da un par de pasos para atrás, su cara muestra horror. Buck odia verlo así, están sintiendo lo opuesto.
—Perdón, perdón, perdón —susurra Eddie, mientras con la mano derecha toca sus labios. Sus ojos están vidriosos y sus cachetes colorados. Buck nunca deseó tanto a alguien.
—No, no, no, no, no —Buck camina hacia Eddie rápidamente. No va a dejar que nada arruine este momento—. Vení para acá.
Agarra a Eddie de la cadera, acerca sus caras y lo besa de nuevo. Eddie deja que lo haga. Si el primer beso se sintió como una bocanada de aire fresco, el segundo se siente como darte cuenta de que estás vivo después de pensar que no vas a sobrevivir.
Buck pasa la lengua por los labios de Eddie y éste los separa más. Saca la mano derecha de la cintura de Eddie y hunde sus dedos en su cabello. Buck lamenta que tenga el pelo rapado, le gustaría poder despeinarlo apropiadamente.
Recuerda cuando lo conoció y su deseo de saber cómo se sentiría su cabello entre sus dedos. Sabía que esta atracción no era nueva, pero no se dio cuenta de que se remontaba al principio. Al origen.
Eddie empieza a reírse y es contagioso. Hace dos minutos iba a largarse a llorar y ahora se está riendo. Está totalmente loco.
Eddie lo lleva hasta el borde de la cama y lo empuja para que caiga de espalda. Se pone encima de él.
Le da un beso en el cachete, en la marca de nacimiento, en la frente, abajo de la oreja. Cuando Buck mueve la cara hacia la izquierda para darle mejor acceso al cuello, ve la media al lado de la almohada. Su media. La que perdió tantas semanas atrás. Reconocerla se siente como encontrar a Eddie nuevamente.
—¿Esa es mi media? —pregunta inocentemente. Eddie murmura algo contra su clavícula—. ¿Qué? No te escucho.
Eddie no responde. Buck estira el brazo para agarrarla y cuando la tiene entre los dedos, Eddie se la saca. Está ocultando algo.
Pelean por la media hasta que Buck logra quitársela. Se la lleva a la nariz. Está sucia, huele terriblemente mal. Mira a Eddie y luce culpable.
—No la lavaste —Buck está un poco sorprendido. Eddie mira para otro lado—. Qué asco, Eddie —larga una carcajada. No puede creer que un hombre tan prolijo, haga algo tan repugnante. Y medio que lo ama por eso. Bueno, medio no, se da cuenta que lo ama completamente.
Buck le agarra la cara y lo vuelve a besar. Eddie se sienta en su regazo. El beso es un poco caótico e involucra mucha saliva. Eddie larga sonidos que le hacen saber que está muy a gusto. Es el mejor beso de su vida.
—Ahora no parece que estés arrepentido.
—Basta, ¡no te burles! —Eddie muerde suavemente la oreja de Buck como venganza y éste gime. Luego, Eddie lo mira a los ojos y le sonríe—. Te amo.
—Yo también te amo.
Cuando están por besarse de nuevo, son interrumpidos por la alarma del celular de Eddie, que apoya su frente sobre el hombro de Buck.
—¿Vas a llevar a Christopher a la escuela?
Buck larga un quejido. Obviamente, la respuesta es sí. No hay nada en el mundo que no haría por Eddie.
