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¿Qué deseas, Harry?

Summary:

A Draco se le da la misión de erradicar la maldición de una manta familiar... Lastimosamente, la aparición de su querido Harry lo obligará a llevar otro enfoque a su método de investigación.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:


«Querido Draco;

            Tu padre y yo extrañamos tus cartas, aunque no tanto como tu compañía. Vivir encerrados en esta vieja mansión es tan monótono que tan solo nos queda hablar del pasado por horas y horas... El recuerdo de tu primer Lumos ha surgido tantas veces que ya parecería refrán.

He intentado convencer a tu padre de hacerles una visita, pero ya lo conoces… Se rehúsa por completo de ir a la vivienda del “San Salvador Potter” (lo ha comenzado a llamar así, ¿sabes?, con un tanto escarnio que no puedo evitar reír cuando lo oigo), estoy segura de que preferiría estar otros tres años encerrado en Azkaban antes que verle el rostro al pobre crío. Quien, por cierto, espero que le mandes mis más cordiales saludos y gratitudes. Supongo que cuidar de ti, mi hermoso niño mimado, debe ser abrumador.

            Ahora, como ya habrás podido observar, junto a esta carta hay un pequeño paquete que espero no hayas abierto (y si ya lo has abierto…. ¡Suerte!). Dentro guarda una vieja manta que hallé mientras buscaba un vestido de gala. Para suerte mía pude detectar de inmediato el encantamiento que se cierne sobre esta y no la manipulé con mis manos desprotegidas, sino que utilicé unos guantes de piel de Dragón Hocicorto Sueco (supongo que cualquier otro tipo de piel de bestia mágica serviría a la perfección).

Luego de varias horas intentando retirarle el embrujo a esta hermosa pieza, no logramos conseguir resultado alguno. Como sabemos que te encanta resolver acertijos, tanto como complicarte la vida, decidimos confiar en tus habilidades para descifrar el maleficio.

Suerte con la manta, es una pieza muy placentera a la vista como para ser dejada acumulando polvo y hollín, debe de ser una reliquia que la familia Malfoy olvidaron entre tanto oro y plata.

            Espero noticias tuyas,

                                                                                                          Con amor, tu madre,

                                                                                                          Narcissa Malfoy.»


 

Draco dobló la carta en forma de grulla y la hizo volar hasta un cajón, en otro momento la respondería, ahora toda su atención estaba retenida en el pequeño paquete: envuelto en una fina capa de papel mágico capaz de reducir diez veces el tamaño de cualquier objeto, tenía ilustraciones de serpientes de dos cabezas cazando ratones de cola larga, y lo ataba un fino lazo de satín verde.

—Accio guantes —conjuró apuntando su varita al armario, atrayendo así los guantes guardados en el segundo cajón, el cual también salió volando de su lugar y cayó a pocos centímetros en el suelo.

Rodó los ojos y agitó sin demasiado ánimo su varita para hacer que el cajón, en conjunto con todo lo que llevaba adentro, volviera a su lugar.

Se colocó los guantes, disfrutando la textura sintética cubrir sus manos. Hace mucho que había dejado de comprar prendas de pieles reales, a pesar de sus tentadoras cualidades mágicas, podían ser reemplazadas con facilidad por un viejo paño modificado con magia. Por ejemplo, los que ahora llevaba puesto estaban hechos con la vieja corbata de Gryffindor de Harry (que para nada había robado mientras el otro dormía); el rojo con rayas doradas ahora eran escamas bordó que parecían bañadas en oro. Delicado y extravagante, digno de un Malfoy.

Orgulloso de su trabajo, Draco continuó con su labor. Desenvolvió la cinta y, con cuidado, comenzó a tirar del papel de envoltura. Si no tenía suficiente cuidado, la manta sería liberada en un fuerte impulso, culpa del hechizo de reducción.

Pero como la mala suerte lo perseguía como un Ouroboros persigue su propia cola, apenas rompió una pequeña capa del papel, se escuchó un fuerte “¡PUFF!”, y la manta salió volando directo a su rostro, teniendo tan solo una fracción de segundo para levantar su varita y congelar la manta en el aire.

Ignorando el retumbar de su corazón contra su pecho, y luego de tomarse unos segundos para recuperar la respiración, comenzó a analizar la manta. Era hasta más encantadora de lo que se había podido imaginar: hecha de una tela de color azul Alice, que imitaba un hermoso cielo diurno, con diversas nubes blancas y esponjosas bordadas por toda su longitud, estrellas doradas saltaban a la vista como pequeñas purpurinas, y en sus bordes había una escritura poco entendible…

 

Specialis Revelio —murmuró, y golpeó su varita en las letras bordadas en oro—… Nada, como siempre, ¿este hechizo realmente sirve?

Detestaba ese conjuro, hacerlo o no hacerlo era lo mismo que nada, hasta había comenzado a teorizar de que se trataba de una broma de mal gusto creado por algún mago arcaico que le gustaba tocar un poco los huevos.

Sin querer pensar en otras opciones, optó por transcribir a mano lo que lograba entender a simple vista, para luego reconstruir aquellas palabras alargadas y deformes. Toda esa actividad lo llevó a sus tiempos de Hogwarts: cuando, en las mañanas siguientes de sus clases de transfiguración, intentaba descifrar los apuntes que había escrito medio dormido.

Luego de tanta ida y vuelta, pudo traducir del latín las primeras dos oraciones, y tan solo una parte de las dos restantes, quedando tal que así:

*

Quien hurgue estas telas de percal en los brazos de Morfeo caerá.

Cubierto de manta tras manta, sus ojos cerrarán.

En la oniria…

Solo despertará…

*

Los poemas no eran lo suyo, ¿eh? Pensó Draco, imaginando un viejo de más de cien años, con la barba blanca cayendo junto a su túnica, intentando hacer que el fin de cada oración rime con la anterior.

Como siempre, la información más importante era la que se podía leer a duras penas. Un buen mago (un viejo barbudo que no sabe rimar) nunca iría directo al grano; un buen mago buscaría la forma más intrincada para hacer lo más sencillo, la forma más molesta y estúpida, y en este caso parecía ser que la solución fue… ¿Quedarse dormido en mitad de la redacción?

Draco suspiró, odiaba con toda su alma la necesidad natural de magos y brujas de complicarse las vidas. Él era un gran ejemplo, pues no iba a dejar la manta sin resolver para tomarse el resto del día libre hasta olvidarse por completo de la carta, ¡no! ¡Claro que no!, él era un Malfoy y nunca admitiría que no podía resolver algo tan sencillo como lo que parecía ser un maleficio de ensoñación.

Suspiró una vez más, necesitaba aire fresco.

Bajó al jardín y se sentó en las escaleras que daban a la entrada. La luz natural y el aire fresco eran de gran ayuda para despejar la mente, además de que la magia natural que flotaba en su jardín, provenientes de todas las plantas mágicas que él mismo cuidaba, le facilitaría la resolución del acertijo.

Estar allí era como meter la cabeza en una fuente llena de magia pura y luego intentar lanzar un simple Lumos; el hechizo se expandiría por todas partes e iluminaría cada rincón, haría amanecer hasta la noche más sombría.

Circumrota —conjuró y comenzó a guiar la manta mientras esta flotaba gracias a un Wingardium Leviosa que la elevó dos metros sobre el suelo.

Examinó en detalle cada milímetro de la tela, intentando encontrar algo que lo ayudara a avanzar en el acertijo. Analizó una y otra vez cada pequeña parte del tejido, desde los patrones de las nubes hasta el de las estrellas, sin encontrar nada que lo ayudara a avanzar.

Luego de lo que pareció una eternidad, decidió dejar de analizar cada detalle y centrarse en la manta como un todo. La colocó a contraluz y pronto se reveló un patrón de costura que mostraba una escena un tanto curiosa: la figura de un hombre sosteniendo en sus brazos a una mujer dormida.

El hombre vestía prendas que enfatizaban su alto estatus, con joyas y adornos en su cabello, en su mano sostenía una varita de la cual salían pequeños fulgores en forma de rombos, y en sus ojos se podía observar cierto desconcierto por la situación. Por otro lado, la mujer vestía un vestido sencillo que le llegaba hasta las rodillas, unas flores decoraban su cabello, una varita caía de su mano izquierda, y una pequeña sonrisa decoraba su rostro.

Finalmente, también pudo notar que la mujer sostenía una tela en su mano derecha…

Vaya, el autor del maleficio quería dejar muy en claro de qué se trataba todo. Solo faltaba una carta adjunta que diga: “¡No tocar!, ¡este objeto te hará quedar dormido!”, y al final una nota diminuta que agregue: “¡No te diré cómo resolverlo!”.

Soltó una pequeña carcajada por su propia imaginación, a veces se preguntaba qué le había picado para decidir convertirse en alquimista y experimentar con objetos malditos, en vez de ser un comediante. Si fuera por él, quemaría cada objeto que tuviera la mínima posibilidad de estar maldito o roto, y listo: caso cerrado.

Así que eso hizo.

—¡Incendio!

El fuego se extendió por toda la cobija, pero pronto las llamas anaranjadas se convirtieron en azul, luego en púrpura, seguido de un rosa chillón, para al final desvanecerse. La manta, la muy graciosa, quedó sin ningún daño visible.

—¡Aqua Eructo!

De su varita ahora salió un chorro de agua a presión, que lo único que logró fue rebotar y mojar sus zapatos.

—Valió la pena intentarlo —murmuró Draco luego de ver su fracaso—. Qué tal si… —Con un movimiento suave de su mano acercó la manta y la golpeó tres veces con la punta de su varita—¡Aparecium!

Observó con ojo de águila cada detalle de los bordados, pero lo único que pudo notar fue un pequeño brillo en las letras que ya había notado. Apretó con fuerza su varita y mordió su labio inferior, ¿así sería cómo se gastaría una tarde de julio…? Efectivamente.

Tal vez lo gracioso era su desdicha, no él, pensó.

Intentó de todo. Hechizos de agua y de fuego más potentes, hechizos de hielo, un hechizo que hacía las costuras de cualquier vestimenta se deshiciera, cientos de hechizos de transformación (intentó transformarla en un ratón, botón, aguja, y hasta en un pocillo de té), invocó a una serpiente y la obligó a tocar las costuras doradas, cuando se desmayó, la electrocutó, pinchó, y utilizó docenas de hechizos de despertar sobre la pobre criatura. Al final no le quedó de otra que desvanecerla. Se preguntó qué tipo de sueños habrá tenido en los pocos segundos de existencia que le brindó.

Ya estaba anocheciendo, los últimos rayos de sol se escondían detrás de las colinas que rodeaban su casa, y a los lejos se podían observar unos cuantos magos y brujas volver del trabajo.

Draco tenía sus guantes aún puestos y la manta en sus muslos, estaba decidido en encontrar algo. Cualquier cosa. La única luz que tenía era de las velas que hizo aparecer a su alrededor, y el leve Lumos que brillaba en la punta de su varita.

Hilo por hilo, costura por costura, Draco escudriñó hasta el más mínimo milímetro, pero nada. Nada.

Cuando estuvo a punto de rendirse y dejarlo para el día siguiente, escuchó una fuerte ráfaga a lo lejos, propia de un mago volando a altas velocidades. Elevó su cabeza y vio a lo lejos un punto que se entrometía entre las enormes nubes naranjas, cruzándolas sin miedo y partiéndolas en pedazos más pequeños.

Draco alistó su varita, listo para cualquier cosa. El punto se convirtió en mancha, la mancha en un hombre en escoba, y el hombre, a pocos metros de la casa, se convirtió en Harry Potter. Draco sonrió y bajó la varita, su querido Harry Potter había vuelto de su trabajo de Auror y se acercaba a toda velocidad a él. Como siempre.

—¡Draco! —gritó a los pocos metros y saltó de su escoba, aterrizando con elegancia en el césped del jardín, dejando que su escoba se guardara por cuenta propia en el almacén del jardín.

Antes de que Draco pudiera ponerse de pie para saludarlo con un fuerte abrazo, Harry se abalanzó hacia él con los brazos abiertos y una enorme sonrisa.

—¡Tengo algo importante que…! —Sin completar la frase, cayó desmayado en el regazo del rubio.

—… ¿Harry? —Draco sacudió los hombros del mencionado, intentando despertarlo— Si tienes sueño puedes ir a…

 

La sangre se le heló por completo, su rostro palideció y sus manos comenzaron a temblar. Apartó un poco la cabeza de Harry con la punta de su varita… Había tocado con su rostro y manos la maldita manta que yacía en sus piernas.

—Mierda, mierda, ¡mierda! —comenzó a murmurar, sintiendo como los nervios se extendían hasta cada punta de su cuerpo—. ¿Harry?, ¿Harry?, ¿me escuchas…?

Claramente, nadie respondió. Sin pensarlo dos veces, lanzó un hechizo para hacerlo tan ligero como una pluma y lo alzó en sus brazos, entró a la casa y cerró la puerta de una patada, y se dirigió hasta la habitación que compartían para dejar a Harry en la cama matrimonial.

—¡Rennervate! —pronunció con determinación y una luz roja inundó la habitación, mas nada sucedió—¡Rennervate! —repitió, obteniendo el mismo resultado.

 

Frunció el ceño y tiró su varita al suelo. Intentó poner su mente en blanco para poder pensar con claridad, pero el aire poco a poco fue abandonando sus pulmones. No podía respirar. Tambaleó hasta la mesita de luz y abrió los cajones en busca de algún Filtro de Paz. Tenía almacenes de pociones energizantes, para dolores de músculos, hasta para curar la fiebre, pero ya no tenía más Filtros de Paz.

Mierda.

Mierda. Mierda.

Hechizó a Harry Potter en el único momento de su vida que no quería hacerle daño.

Tal vez lo gracioso si eran sus desgracias, y no él.

Cerró los ojos con fuerza y se dejó caer al suelo, tirando una que otra cosa del mueble, abrazó con sus piernas e intentó recuperar la compostura. En el dormitorio lo único que se podía escuchar era el constante rebotar de una pieza de metal que no quería dejarse caer, en conjunto de tics-tac de un reloj… Cuando la pieza aceptó su destino solo quedó el reloj y Draco se vio obligado a escuchar su propia respiración.

El sudor le bajaba por la espalda como un balde de agua fría, y sus manos no dejaban de temblar. No podía pedirle ayuda a nadie, la gran mayoría de sus conocidos estaban al otro lado del mundo y sus cartas no llegarían hasta por lo menos un día y medio, aún no habían instalado una chimenea en su casa para viajar por red flu, y pedirle ayuda a alguien del Ministerio no era la mejor idea; dudaba qué tan bien se vería que un antiguo mortífago llevara al Gran Salvador Harry Potter con una maldición desconocida. Un Avada Kedavra sería su castigo más leve.

Harry…” Pensó y hundió aún más su cabeza. Su querido Harry estaba durmiendo por culpa de una maldición que desconocía, todo por culpa de su inoperancia. Cuando llegó se veía tan feliz y resplandeciente que se olvidó por completo de apartar a la estúpida manta, quería recibirlo con un abrazo. Pero ahora ya no era posible. Todo por su culpa.

Que chiste.

No sabía si iba a despertar, no sabía si es que de verdad estaba durmiendo o estaba pasando algo peor, no sabía qué estaba sucediendo dentro de su cabeza, y tampoco sabía qué pasaría si Harry dormía tan solo un minuto más. No quería averiguarlo. No quería que nada malo sucediera. Pero, como siempre, eso estaba fuera de su alcance…

Como siempre…

 

Inhaló con todas sus fuerzas y retuvo el aire en sus pulmones. Tenía que hacer algo, no sabía si es que, en caso de durar demasiado tiempo con la maldición, podría llegar a tener efectos secundarios, y no quería averiguarlo. Tenía que levantarse y ayudar a su amado. Tenía que hacer todo lo que estuviera a su alcance para ayudarlo. No era un crío para sentarse a llorar frente al espejo del baño de las niñas para ser consolado por una chica fenecida.

Ya no.

Exhaló hasta vaciar sus pulmones. Seguía intranquilo, pero tenía que actuar. Se juró a sí mismo que, si no encontraba una solución en menos de media hora, llamaría a quien fuese necesario; sin importar las consecuencias.

Se levantó y buscó su varita, la empuñó con decisión y se dirigió hasta la cama. Harry dormía como si no hubiera mal en el mundo, su pecho se hundía y levantaba con lentitud, sus labios se separaban formando una pequeña “o”, y sus lentes estaban torcidos como de costumbre.

Sonrió al notarlo.

Llevó una de sus manos hasta la frente de Harry y acomodó el flequillo que tapaba la tan famosa cicatriz en forma de un rayo, la acarició por unos segundos. Sentir el calor del cuerpo de su amado en las puntas de sus dedos lo calmó de a poco, lo suficiente para que la niebla en su cabeza se despejara.

—Te despertaré, lo prometo. —Se acercó hasta los mofletes de Harry y plantó un beso casto, las cosquillas que le brindó la barba de Potter fueron un pequeño recordatorio de lo que estaba en juego.

Va a despertar” razonó y su palpitar se calmó a la vez que el pulso de su mano derecha, “pero para lograrlo, tengo que actuar”.

 

Lo primero que hizo fue ir hasta la ventana que daba al jardín, desde allí podía observar a la tan dichosa manta tirada en el césped, desde lejos parecía tan inofensiva que por un segundo se olvidó de que era la culpable de todo ese embrollo. Qué zorra.

—¡Accio manta! —Su varita se extendió por la ventana y la elevó del piso hasta subirla a donde él estaba—Tú no te vas de mi vista, ¿vale? —le dijo al objeto inanimado, como si este pudiera responder.

La escondió dentro de un cajón, donde no molestaría por un buen rato, y se dirigió hasta la mini biblioteca que tenían en la habitación. Observó de hito en hito cada sección, desde los maleficios creados por la familia Black y Malfoy, pasando por un pequeño libro de recetas de la familia Potter, hasta por fin encontrar un libro que podría ser de ayuda.

— ‘Pociones de ensueño: insomnio y letargo.’ —Abrió el libro y comenzó a leer en voz alta el índice— Pociones para dormir, pociones para no dormir, pociones para no dormir los martes, pociones para dormir los martes… —Cada título tenía menos sentido que el anterior, pero eso ya le era normal en la literatura mágica moderna.

» Pociones para maldiciones de sueño, página 159 —leyó y se dirigió rápidamente a dicha página— Poción de nivel principiante… se requieren ingredientes básicos que cualquier buen mago debe tener… Su único inconveniente es el extenso tiempo que se tiene que dejar reposar… —Se saltó toda la lista de ingredientes hasta llegar a la parte que le interesaba—Tiempo: 72 horas.

Sin pensarlo dos veces, cerró el libro y lo dejó en donde lo había encontrado. No podía esperar tanto para despertarlo.

Tenía que pensar, y rápido.

Tal vez podía seguir probando hechizos en él, tal vez podría realizar una poción sencilla de despertar, tal vez… Bueno, tal vez no tenía muchas opciones con soluciones inmediatas. Porque estaba claro que un problema de magos nunca tendría una salida sencilla.

Pensó y pensó, se sentó junto a su querido en busca de calma y claridad, nada más para seguir pensando. Mientras acariciaba su pelo indomable, murmuró unos “Rennervate” con la esperanza que estos funcionaran, valga la redundancia, por arte de magia. Claro está que no pasó nada, así que siguió pensando…

Tal vez…”, pensó, “Ninguna pócima o hechizo pueda resolver esto y tenga que solucionar todo esto desde la raíz del problema”.

Quien hurgue estas telas de percal en los brazos de Morfeo caerá. —Un suave murmullo salió de sus labios ante el recuerdo de la inscripción que se hallaba en la manta—Cubierto de manta tras manta, sus ojos cerrarán.… ¡Accio Manta! —Con una voz firme conjuró al objeto—, “En la oniria… Solo despertará…

Si tan solo pudiera leer lo que dice…” pensó, dándole vueltas al asunto una y otra vez… Hasta que cayó en cuenta de una obviedad tan estúpida que se preguntó, tan solo por un instante, cómo consiguió graduarse de Hogwarts. ¿Cómo es posible que siempre se olvide de los hechizos más sencillos?

—¡legibilus! —Apuntó al texto y el hechizo de inmediato hizo su función.

Las letras se comenzaron a mover, las líneas se enderezaron y fueron llevadas a sus respectivos lugares, varias deformidades fueron sacadas del bordado hasta lograr completar la última parte del encantamiento.

 

*

Quien hurgue estas telas de percal en los brazos de Morfeo caerá.

Cubierto de manta tras manta, sus ojos cerrarán.

En la oniria verá lo que más anhela, sin poder diferir la falsedad.

Solo despertará si su deseo central se vuelve realidad.

*

 

Solo despertará si su deseo central se vuelve realidad. —Draco repitió la última parte con lentitud, procesando cada palabra.

La palabra “central” quedaba muy fuera de tono con el poema, pensó por un breve instante, para luego recordar que no estaba ahí para criticar las habilidades poéticas de las personas; si no para descifrar el acertijo que tenía delante de él. Dirigió su mirada a Harry como si él pudiera responder la gran incertidumbre del momento.

—¿Qué deseas, Potter?

Nadie respondió. Quedando en las manos del pobre Malfoy responder la pregunta.

¿Qué deseaba San Potter en un mundo donde puede tener lo que quiera con tan solo pedirlo?

Quizá desearía poder tener a todos las personas que apreció de vuelta a su lado, pero nadie era capaz de cumplir tal cosa. O quizá desearía poder evitar la guerra que arruinó toda su infancia y adolescencia, pero todo mago sabe que así no funcionan los viajes en el tiempo…

¿Qué deseas que te pueda dar yo, Potter?… Quizás la posibilidad de ser un jugador de Quidditch profesional, o el puesto de Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, o ser ascendido en su puesto de trabajo como Auror, ¿querría acaso ser un Inefable?… Pero, a pesar de que Malfoy tenía los contactos suficientes para cumplir cualquiera de metas, no tenía el tiempo suficiente para lograrlo… Además de que el afectado está demasiado dormido para poder dar su consentimiento.

¿Qué deseas que te pueda dar yo en este momento, Potter?… Quizás un beso, pensó, pero no estaba en un cuento de hadas para que un hechizo fuera tan sencillo de romper.

En la oniria verá lo que más anhela, sin poder diferir la falsedad. —Las palabras de la maldición daban vueltas en su cabeza, las repetía en susurros en busca de inspiración— ¿Con qué sueñas, Harry?

Enredó un mechón del cabello de Harry en su dedo índice, pensaba en todas las cosas que podría estar fantaseando ahora mismo: desde domar dragones orientales hasta volar en una escoba de última generación. ¿Quién sabe?, tal vez esté soñando en sus años de Hogwarts.

Había demasiadas posibilidades, los Gryffindor son conocidos por ser unos soñadores natos. Solo sería capaz de saber con qué soñaba si lograba meterse a su cabeza…

Ja.

Sonrió a lo bajo, ¿por qué los magos siempre buscan complicarse tanto la vida?, ¿y por qué Draco Malfoy, un ferviente Slytherin, perdía toda su astucia cuando tenía a su amado delante de él? 

—Harry… —Draco le sacó sus lentes y los dejó en la mesita de luz— ¿Tengo tu autorización para meterme en tu cabeza y ver lo que tus ojos ven?

Harry no respondió, pero, conociéndolo a él y su sed de aventuras, seguramente hubiese respondido con un rotundo “¡Sí, por favor!”, como si hubiese esperado ese momento por toda su vida.

 

Se levantó de la cama y se dirigió a la mesita de luz donde anteriormente buscó un Filtro de Paz. En el segundo cajón, hechizado para tener una profundidad de dos metros y medio, había guardado varias cajas con diferentes pociones que había realizado como experimentos o bajo comisión. Si no recordaba mal, allí había guardado el pedido que una bruja le había encargado: la mujer sospechaba que su marido la estaba engañando con una mujer Muggle y quiso poder espiar sus sueños para verificar que no soñara con la otra o para confirmar sus sospechas.

Le había enviado una docena de pequeños frascos y había guardado la misma cantidad en su almacén, en caso de que la bruja lo volviera a contactar.

Mientras buscaba el paquete, su mente divagó hasta recordar que, de hecho, no le había llegado más correspondencia de parte de la susodicha. Podía ser tanto porque descubrió que su esposo no la estaba engañando o, como ojo de bruja no se equivoca, descubrió todo lo contrario y ahora mismo se estaba divorciando.

Sin importar cuál fuera la resolución, Draco le deseó la mejor de las suertes y le agradeció internamente cuando encontró las tan dichosas pócimas. Con cuidado sacó dos de la pequeña caja, una para él y otra para Harry.

Eran de un fuerte azul marino con pequeños brillos dorados como estrellas, las agitó un poco para qué empezarán a burbujear como si fueran nuevas y las destapó para poder olerlas y verificar que estén en condiciones óptimas. Olían a manzanilla y romero, tal como debía de ser.

Las dejó sobre la mesa y fue a buscar lo último que necesitaba para el ritual: un objeto físico que una a ambas personas en el plano terrenal. Para su suerte, entre tantas cosas que tenían guardadas por el simple hecho de acumular, encontró un ovillo de hilo rojo. Cortó un pedazo de más o menos un metro y volvió a la cama.

Movió con delicadeza la mano izquierda de Harry y ató un extremo en su meñique, el otro extremo lo ató al suyo. Alcanzó uno de los filtros y lo volcó en los labios de su querido, asegurándose de no desperdiciar ni una sola gota (y de que el pobre no se ahogara), luego buscó el filtro faltante y lo bebió de un solo sorbo.

Al finalizar lamió sus labios para rescatar una pequeña gota que se quiso escapar, su sabor era símil al de un té de especias recién hecho. Sonrió al verificar la calidad de sus propias pociones, y comenzó a recitar:

Sello ahora nuestra unión, de mi corazón al tuyo, de una punta a la otra, unidos por este hilo.

Cada pequeña llama de cada una de las velas de la habitación fue separada de su mecha y elevada a un metro de altura, luego cada chispa comenzó a circular a un leve compás alrededor de Harry y Draco.

En la oniria estaremos “tête-à-tête” y la realidad se escapará entre nuestros dedos.

Las chispas se convirtieron en estrellas brillantes de cada color del arcoíris, titilando y susurrando palabras en un idioma irreconocible.

Muéstrame ahora lo que tanto anhelas y aprecias; el núcleo de tu ser.

De las estrellas nacieron dos pares de diminutas patas y un pelaje semejante al algodón, formando así diminutas ovejas que comenzaron a correr en círculos alrededor de ambos magos. Mientras daban vueltas y vueltas, murmuraban una canción de cuna.

Simul Per Somnia.

Las ovejas balaron la última parte de la melodía, un sonido semejante a un xilofón, y entonces todas las estrellas se marchitaron; dejando así la habitación bajo un profundo velo de oscuridad.

Antes de desmayarse junto a su amado, Draco llegó a la conclusión de que era un genio en la creación de pociones y encantos. Sin saberlo, se durmió con una sonrisa propia de la vanidad de un Slytherin…

 

☾✩

 

Luego despertó y toda vanidad huyó de sus labios.

Sus párpados pesaban, sus extremidades dolían, su espalda parecía quererlo aplastar, y solamente podía pensar en acostarse a descansar… Sin embargo, no debía. Si se dormía despertaría nuevamente en el plano terrenal y tendría que esperar un día entero para poder volver a usar la pócima.

El sueño de Harry lo reconocía como un intruso, sabía que no debía de estar allí y utilizaría todos los medios posibles para arrancarlo de esta realidad. En este caso, parecía estar induciendo en él una cantidad inconmensurable de dolencias y cansancio; sentía como si el pulgar de un ogro le estuviera machacando contra el suelo…

Dejando todos sus dolores y molestias de lado, alzó la cabeza para poder examinar el lugar en detalle. Parecía estar a punto de anochecer, el cielo era de un fuerte anaranjado pintado a brochazos con nubes oscuras, debajo de esta vista se extendía un extenso campo de flores y árboles amarillentos que se veían diminutos por la distancia. Era un lugar encantador.

Cuando bajó la mirada a sus pies, notó que estaba arrodillado sobre un peldaño de adoquín, volvió a subir su mirada (ahora en dirección contraria a la última vez) y vio que estaba en el comienzo de una escalera que subía hasta la cima de una colina, terminando su camino en la entrada de una casita de campo. Como no parecía haber ningún otro lugar interesante donde ir, decidió comenzar a subir las escaleras, pisando cada escalón con cierto miedo, pues cada uno estaba más resbaladizo que el anterior.

Por culpa de lo que parecía ser una ilusión onírica, sentía que con cada paso que daba la colina se hacía cada vez más y más grande, y la escalera cada vez más y más inclinada. Sollozó del cansancio y deseó poder invocar una escoba y subir volando hasta la cima, pero fue obligado a utilizar sus pies y ganarse el pan del día.

Tenía que mantener la mirada baja y observar cada paso que daba para evitar caer de forma ridícula, así que fue una gran sorpresa cuando, de la nada, subió la mirada y se encontró cara a cara con la entrada de la tan ansiada casa: una puerta tapada por una cortina mosquitera y un tapete de bienvenida que utilizó para limpiarse los zapatos. Sin pensarlo dos veces, giró el picaporte de la puerta y se adentró a la humilde sala de estar.

Las paredes eran de una madera clara y lisa, mientras que el suelo parecía ser más robusto y oscuro, había un par de sillones individuales enfrentados entre sí (uno verde mate y otro carmín), en medio de estos se hallaba una linda mesa de té con un porta incienso del que aún se desprendía una delgada línea de humo, el resto de la decoración parecía haber sido dejada en manos de diversas librerías y retratos de lechuzas blancas que se movían con elegancia dentro de sus lienzos.

Era algo anticuado, pensó, pero no podía pedirle mucho conocimiento de decoración al subconsciente de Potter.

Ojeó un poco más la sala, acariciando los lomos de alguno de los libros que parecían interesantes, y luego siguió el aroma a café hasta llegar a la cocina-comedor. Allí se encontró con la figura de un hombre de espaldas, tarareando una canción que no creía reconocer mientras preparaba dos tazas de café.

Se acercó lentamente a él, intentando no emitir sonido.

—¿Me estás intentando asustar, Draco? — murmuró el hombre mientras batía el contenido de una de las tazas con una cuchara de té.

—... ¿No?

El hombre rio y se dio vuelta con una taza en cada mano. Era Harry, vestido con ropas Muggles holgadas, con su característico cabello incontrolable, con una enorme sonrisa de oreja a oreja, y… y, bueno, una frente limpia y sana, sin cicatrices ni nada.

Draco debió de haber reaccionado como si hubiera visto un muerto, pues la sonrisa de Potter desapareció para ser reemplazada por un semblante de preocupación.

—¿Draco?, ¿estás bien? —se plantó frente suyo, con ojos llenos de curiosidad mientras analizaba su rostro—… ¿Sucedió algo?

—¿Eh…?, no… Nada. —Apartó la mirada hasta sus manos, intentando calmarse— ¿Es café del bueno?

—De los mejores, nos lo dejó mi madre antes de irse, me dijo que sería adecuado a tu exquisito paladar —dijo y le tendió una de las tazas humeantes con la bebida.

Oh…  Draco se quedó sin palabras, solamente pudo agarrar la taza mientras intentaba analizar la situación, ¿era acaso todo esto el deseo que tenía que hacer realidad?

—¿Vamos a la sala de estar?

—... Está bien.

Ya allí se sentaron uno frente al otro a beber café. Lo único que se podía escuchar era el ruido constante del reloj (el cual no podía localizar en ningún lugar de la sala) y uno que otro ulular que salía de los cuadros…

Draco no podía ver a Harry a los ojos, se sentía tan… ¿Fuera de lugar?, ¿entrometido?, ¿desesperanzado?... Era una combinación de sentimientos amargos que le estrujaban el estómago. Saber cuál era el deseo con el que tanto soñaba Harry lo engullía por dentro. Él deseaba una vida tranquila con sus padres… ¿Qué se supone que podía hacer al respecto? Si no los podía traer a la vida, ¿qué pasaría?, ¿dormiría eternamente?, ¿viviría esta mentira por el resto de su vida…?

 

«En la oniria verá lo que más anhela, sin poder diferir la falsedad.»

 

Mientras fingía beber el café, Draco escuchaba esta frase una y otra vez repetirse en su cabeza, tan ensimismado en sí mismo que no se percató de la mirada que se cernía sobre él. Harry bebía de su taza mientras analizaba cada uno de sus movimientos, intentando descifrar su comportamiento o tal vez esperando algún comentario por parte de su pareja. Pero como ninguna de las dos posibles situaciones se dio, comenzó a hablar.

—Draco, ¿pasó algo malo…?

—¿Qué te hace pensar eso…? —dijo, saltando a la defensiva.

—No te puedes quedar quieto y en tu carita hay una mueca de serpiente imposible de ocultar. —Una sonrisa burlesca apareció en sus labios por una fracción de segundo— ¿Sucedió algo…? ¿Tu padre se ha vuelto a quejar contigo por vivir en una casa “precaria”?

—¿Qué…? ¡No!... No hemos vuelto a hablar de eso.

Lucius era una constante fastidiosa, hasta en sueños ajenos

—Sólo estaba pensando, ¿es tan anormal en mí?

—¿Sólo pensando? ¿En qué…?

En que no puedo cumplir tu deseo y que nunca más despertarás”, estuvo a punto de decir, pero, en cambio, mintió.

 —En nada muy interesante… —Quiso terminar la mentira ahí, pero la mirada y silencio de Harry le indicó que siguiera hablando— Anoche terminé de leer un libro respecto al plano onírico y sus implicaciones en la creación de hechizos, y… No me lo puedo sacar de la cabeza.

Las mejores mentiras son aquellas con cierta verdad en ellas, pensó Draco. Hace unas cuantas semanas que había finalizado la lectura de dicho libro, pero creía poder recordar con cierto detalle la mayoría de la información y conclusiones del mismo, lo suficiente para responder una que otra pregunta.

—Ah, ¿y qué otras cosas se trataban en el libro?

—Eeeh… —Recurrió a su memoria fotográfica, recordando un pequeño gráfico que hizo en la esquina de una página— Sobre cómo los antiguos magos lograron crear gran  parte de los hechizos actuales, todo gracias a su capacidad de interpretar los sueños.

—¿Qué tienen que ver los sueños con todo esto…? ¿Los hechizos simplemente se les presentaban mientras dormían?

Draco a veces se le olvidaba que, de hecho, a Harry le encantaba aprender cosas nuevas del mundo mágico y que no era un Gryffindor bravo sin más.

—Algo así… —Retorció sus dedos mientras intentaba recordar la parte teórica del libro— Si no mal recuerdo, lo que uno vive en el día a día se encuentra en el plano terrenal, y dentro de este se interpone un plano mágico donde se encuentra la estructura del universo mágico…

»Pero, como este es tan complejo y… revelador, el cerebro lo censura parcialmente para que el ojo no lo pueda ver. Si esto no se hiciera, la mayoría de los hechiceros se volverían locos en la niñez.

—¿Y por eso se vuelven locos en la vejez…? Digo, cuando el cerebro no funciona del todo.

Draco revolvió su café y pensó en la teoría expuesta por Harry, y su mente no tardo ni un milisegundo en volver en la imagen de un viejo brujo de barba larga escribiendo hechizos de pedo.

—En el libro no se exponía esa teoría… Pero tiene sentido. —Soltó una risa que dudaba que Harry entendiera su razón y continuó hablando—: Por donde iba… Esta, eh, censura implica que el contenido es procesado de forma parcial, mas no por el consciente, sino, por el inconsciente. Entonces, cuando un hechicero va a dormir, ciertos patrones se le pueden llegar a presentar dentro de este plano.

—Entiendo… Es decir, ¿todos los hechizos ya existían previos a su creación?

—Exacto, desde un simple Lumos hasta cada uno de los maleficios prohibidos.

—Wow… —Harry le dio un largo sorbo a su taza, quedando en silencio por unos cuantos segundos, tal vez pensando en la infinidad de posibilidades que todo eso implicaba— ¿Y por qué nunca dimos eso en clases? —dijo, arruinando su aura de sabiduría.

Efectivamente, su Gryffindor aún seguía siendo uno más de la manada. Se rio a lo bajo ante el comentario, sintiéndose más liviano (como si el ogro hubiera levantado su pulgar), sin preocupaciones… estar junto a Harry lo hacía sentir bien.

—Lo dimos, con Binns, ¿recuerdas?

—... Lo dudo, en la gran mayoría de sus clases terminaba roncando —dijo rascándose la cabeza, algo sonrojado.

—¡Y así te fue!

—No me fue tan mal…

—¿Un “desastroso” es un no tan mal?  

—¡Por lo menos no fue un “Troll”! —Las mejillas de Harry se tiñeron aún más de carmesí mientras lo apuntaba con un dedo acusador.

—Que baja que tienes la vara, eh…

Antes de que pudiera decir algo más, un cojín se estrelló en su rostro y seguido escuchó una risa traviesa.

—¡No puedo creer que la carita de serpiente en pena se te salga solamente cuando te burlas de mí!, ¡sin vergüenza!

Apartó el cojín y siguió riendo.

—No lo puedo evitar… Mucho menos cuando mi novio se compara con un troll.

Otro cojín en el rostro, otro estallido de risa. El rostro de Potter estaba tan rojo como el sillón en el que estaba sentado.

—¡No me estaba comparando con un troll!

—¿No? ¿Seguro? Si no mal recuerdo…

Otro cojín en su rostro, ¿siempre hubo tantos cojines en el sillón?

—Que infantil de tu parte, Potter —susurró a la vez que apartaba el cojín. 

—¿Algún problema, Malfoy? —preguntó con cierto brillo Avada Kedavra en sus ojos.

La forma que su apellido salió de los labios de Harry le hizo erizar la piel. Draco movió uno de los cojines hasta su vientre para luego levantar sus brazos en forma de derrota.

—Ninguno, ninguno…  ¿Quieres seguir hablando del libro o prefieres continuar con esta unilateral e injusta lid de almohadas?

Harry sonrió y giró los ojos, ya se había acostumbrado a lo teatral de la actitud de Draco.

—¿Qué más decía el libro, Malfoy?

¿Así que ahora volvía a ser Malfoy…?

—Pues, Potter, el libro también explicaba que, si un mago se prepara mentalmente para buscar un hechizo en específico, podría ser que la información de este ya haya sido guardada allí en el inconsciente.

»Por ejemplo: si el sujeto investiga con furor cómo crear un hechizo para teñir el cabello de un verde platinado y duerme pensando en eso, las posibilidades de que la información relacionada con eso sea liberada aumentan. Pudiéndose así hacer los sueños reales.

—... ¿En qué habrá estado pensando antes de dormir el que creó el hechizo de Atabraquium…? ¿O el hechizo Obscuro? —Parecía ser que Harry estaba en un mundo distinto, riéndose de sus propios pensamientos.

—Seguramente no lo mismo que tú, esperemos.

—¿Y qué piensas que estoy pensando…?

—En lo mismo que un niño de dieciséis pensaría la primera vez que lee sobre ambos hechizos. 

Los ojos de Harry se posaron sobre él por unos segundos, para luego apartarse rápidamente entre unas risas tontas.

—La primera vez que leí respecto Atabraquium pensé en lo bueno que sería utilizarlo en ti…

—Qué. —Draco se atragantó con su propia saliva y apretó con fuerza uno de los cojines, listo para lanzarlo.

—Déjame terminar, tonto. —Sonrió de lado y dio un largo sorbo a su taza (la cual Draco ya sospechaba que estaba vacía)— Quería utilizarlo para que me dejaras de seguir y que te quedaras quieto por una buena vez.

—... ¿Querías atarme para que te deje de seguir…?

—Y demás…    

Lo que sea que se haya imaginado Harry debió de ser la cumbre de la comedia, pues de la nada no podía dejar de reír, llegando al punto de tener que cubrir su rostro con un cojín que parecía haberse personificado de la misma nada. Draco se masajeó su entrecejo, intentando no pensar en lo que sea que Harry se estuviera imaginando… No lo logró.

Sintió como la sangre se le acumulaba en el rostro, quería decir algo, pero Harry se seguía recuperando de su ataque de carcajadas; su rostro aún estaba oculto, sus hombros se movían al mismo ritmo en el que intentaba recuperar su respiración, la taza de café había desaparecido de su mano… Pero tampoco estaba en la mesa de té.

Draco miró su regazo para notar que todos los cojines que antes Harry le había lanzado ya no estaban, entonces desvió su atención hasta su mano derecha: su taza de café estaba llena.

Draco sentía que algo estaba fuera de lugar… Sentía que…

Se estaba olvidando de algo.

También se sentía… algo adormilado. Como si algo lo estuviera envolviendo en una manta. No podía pensar con claridad, todo se difuminaba su alrededor mientras que sus parpados se caían con lentitud…

 

— … ¿Quieres probarlo?

La voz de Harry logró despertarlo de su trance y cuando dirigió su mirada hacia él, notó que ya no tenía ningún cojín ocultando su rostro ni ninguna evidencia de que hace no tanto so rostro se había teñido de rojo.

También notó que ahora su sillón era carmín y el de Harry se convirtió en un verde mate.

—¿Eh? ¿Probar qué cosa? —Draco se envaró alarmado ante la repentina interrupción.

—Si lo de los sueños sirve, yo me dormiré pensando en algo y tú te dormirás pensando en otra cosa.

— ¿Cómo en qué…?

—Eso queda a tu disposición. —Se puso de pie, rodeó la mesa de luz y lo encaró con una sonrisa reluciente— El objetivo de cada uno será un secreto, pero…

—¿Pero…?

—Pero si lo mío se vuelve realidad… —Algo tembló en sus ojos— Te darás cuenta.  

Dicho esto, recogió las dos tazas, ambas aparecieron vacías en sus manos, y se fue de la sala de estar…

¿Qué? ¿¿Qué significaba eso??

Se levantó tambaleándose y comenzó a seguir a Harry. Con cada paso que daba sentía que se avispaba más y más… La razón de por qué  estaba en ese lugar en ese preciso instante reflotó en su mente: Tenía que despertar a Harry, y por ende estaba en un sueño, lo que también implicaba que no tenía que dejar que ninguno de los dos se durmiera.

Mierda. Apresuró sus pasos hasta la cocina, donde encontró a Harry limpiando los trastes.

—¡Harry! —llamó su nombre en un tono que, admitía, fue algo demasiado exagerado.

— ¿Pasó algo? —Harry dejó todo lo que estaba haciendo, se secó las manos y enfocó toda su atención en Draco.

—Yo… eh, yo… —Draco no había pensado en que excusa decir, así que tuvo que inventar sobre la marcha— ¿Quieres salir a caminar un rato…?  

—… ¿A estas horas?

—Claro, ¿no quieres pasar tiempo conmigo?

Harry tarareó algo en un susurro, con una pequeña sonrisa en sus labios.

—Estoy pasando tiempo contigo ahora mismo, tonto.

—… Tiempo conmigo afuera… Y bueno… ¿Mirar las estrellas?, ¿juntos…?

—¿Desde cuándo tan romántico, Malfoy?

—No me hagas arrepentir… —Fingió cierta indignación en su tono y frunció sus labios.

—Está bien, no vaya a ser que se te esfume el amor. —Se mofó para luego ir a buscar su abrigo —¿Vamos?

Fueron hasta la salida y Potter abrió la puerta, esperando que el rubio salga primero.

—Accio Saco. —Su abrigo voló hasta él y se lo equipó sin problema— Vamos.

 

☾✩

 

Bajaron por las escaleras a paso lento, no parecían tan inclinadas e interminables como cuando las subió por primera vez, pero el trayecto fue largo y lleno de comentarios al azar de temas cotidianos. Cuando bajaron del último peldaño, el último rastro del sol desaparecía en el horizonte.

Se alejaron de la colina en completo silencio, el pastizal les comenzó a picar los tobillos y a mojar sus pantalones con el rocío que colgaba de sus puntas, unas mariposas nocturnas, en conjunto con una que otra luciérnaga, los guiaban hacia quién sabe dónde.

—Es una hermosa noche —murmuró Potter luego de soportar ya demasiado tiempo sin decir ni una sola palabra.

—Lo es. —Draco, por su parte, intentaba no caer dormido en mitad del camino.

Pasearon por unos pocos metros más, hasta llegar a una zona donde el pastizal era más corto y el río que rodeaba la casa era visible, Draco se sentó en la orilla del mismo y miró el cielo en busca de algo. Tal vez en alguna fuente de inspiración de cómo seguir con el plan.

—… Lo siento, Draco… Pero ¿qué hacemos aquí? —Harry se sentó a su lado, abrazando sus piernas para amortiguar el frío.

—Mira el cielo.

Ya había oscurecido por completo. Era una noche hermosa, para nada parecida al cielo de las ciudades: donde todo estaba lleno de hechizos y luces que impedían admirar las constelaciones.

Se quedaron embobados por un buen rato hasta que unas estrellas empezaron a titilar y, dando comienzo a un hermoso espectáculo, cientos de estrellas fugaces aparecieron para decorar el cielo con sus líneas de polvo radiante. Emergían y se esfumaban antes de poder terminar de cruzar el vasto cielo, dejando como despedida una última gran explosión de destellos.

Mientras se deleitaban con el paisaje, Harry giró a verle con una tierna sonrisa en sus labios y alcanzó una de las manos de Draco para sujetarla con delicadeza. A pesar de que eran pareja desde ya hace años, el pobre rubio se puso inquieto por el contacto repentino y, para salir de la situación, dijo lo primero que se le vino a la mente.

—¿Alguna vez escuchaste hablar del mito de las estrellas fugaces?

—Nunca en mi vida.

Draco aún recordaba cuando su madre le contaba historias para hacerlo dormir. Sus favoritas eran la de las estrellas fugaces y, claro está, la del Niño que Sobrevivió (a pesar de que sólo la escuchó una sola vez, gracias a Dobby).

—Se rumorea que las estrellas fugaces son el fulgor del último hechizo que conjura una varita al fallecer su amo. Las chispas se elevan hasta llegar al espacio, donde viajan por toda la eternidad… Tan solo se detienen, de vez en cuando, para visitar a la tierra y así poder cumplirle un deseo a quien las vea.

—… Qué linda historia —musitó mientras jugaba con los largos dedos de Draco.

—¿Pediste un deseo?

—Puede ser…

—¿Puedo saber qué deseaste?

—Lo mismo en lo que pensaré antes de irme a dormir.

¿Desde cuándo eres tan enigmático, Potter?

—¿Y eso es…?

—Decirlo en voz alta haría que no se haga realidad.

Draco no pudo hacer nada más que girar los ojos.

—¿Acaso los hechizos no se dicen en voz alta?

—… —Pareció haberlo dejado en jaque por lo menos por unos segundos— Tal vez, pero los hechizos silenciosos son más poderosos.

—Solo dime que deseaste… ¡No te hagas el misterioso!

—Estás haciendo un puchero, ¿te diste cuenta?

Draco se sonrojó ante el comentario, aún no podía evitar hacerlo cuando se ponía rabioso como un niño mimado

—¡No cambies de tema!

—No lo estoy cambiando, sólo…

—¿No quieres contestar mi pregunta? —Draco se acercó y se acomodó para poder quedar cara a cara— Harry, ¿qué es lo que más deseas en esta vida?

Silencio. Las hojas crujían de fondo, acompañadas por un leve hálito. Harry se quedó sin palabras mientras analizaba la expresión de Draco con atención.

—¿Lo que más deseo en esta vida…?

Parecía dudar, ¿tal vez deseaba demasiado?, ¿o tal vez no deseaba nada?

—¿Ser el mejor Auror, tal vez? —Inquirió Malfoy.

Harry soltó una enorme carcajada.

—Antes pensaba eso, pero la idea de convertirme en Auror fue siempre algo estúpida… —Harry se distrajo por un instante y comenzó a jugar con algunos mechones rebeldes del cabello de su querido, pensando en algo muy dentro suyo.

Ahora que lo tenía cara a cara, Draco, notó que la cicatriz de Harry había vuelto a habitar su frente, como si nunca se hubiera ido.

— Cuando me uní a los Aurores creí poder solucionar todos los problemas del mundo.

—¿Pero…?

Pero… ¿Por qué tengo que siquiera intentarlo?, desde que nací fui el salvador, el elegido… —Las últimas palabras las pronunció con cierto recelo, como si quemaran su garganta— Creí que si intentaba arreglar el sistema estando adentro podría llegar a algo… —Dejó que su cabeza descansara en el hombro de Draco, mientras aún jugaba con los dedos de este.

»Pero, a pesar de que Voldemort ha muerto, la gente que piensa igual que él sigue ahí; dentro de cada casa o en el mismísimo ministerio. A veces creo que piensan que estoy loco por la forma que me ven cada vez que propongo algo, —Dejó salir una risa gutural antes de continuar— Hermione es más capaz que yo en esos asuntos de política.

»Así que estoy atrapado aún ahí, con un malestar constante… —Harry apretó aún más su cabeza en el cuello de Drago— Sigo dejando mis deseos de lado a beneficio de los demás, ¿sabes?

Saber eso no era nueva para Draco, lo que sí era nuevo fue que Harry lo reconociera.

—La mancha que ha dejado el innombrable tardará tiempo en desaparecer… —Por un segundo, la imagen de su padre apareció en su cabeza— Y es casi imposible conseguir que los brujos más radicales cambien de opinión… Sólo falta un mago oscuro, algo poderoso, con el que puedan compartir opinión para qué se vuelven a levantar.

—... Si vuelve a aparecer, —El tono de su voz se pudrió en su garganta, lleno de rencor— lo volveré a asesinar.

—Sé que lo harías, ¿pero sabes que no estás obligado a ser quien tome ese papel…? La gente desearía eso, claro, ¿pero y tú…?, ¿Qué desearías?

—No lo sé… ¿Qué no suceda y ya?  —Sus labios rozaron el cuello de Draco al momento de pronunciar dichas palabras. 

—Es un buen deseo.

—Un deseo complicado. 

—Un deseo inocente, que lo hace complicado de cumplir… pero no imposible, he estado leyendo las reformas que ha estado aplicando Gran… Hermione, y veo un futuro brillante. 

Sintió como Harry sonreía en su cuello y al instante se separó para apoyar su cabeza entre sus muslos, dejando que su cuerpo descansara por completo.

—La llamaste por su nombre, que avance.

—Creo merecer una recompensa.

—Tal vez, tal vez… ¿Qué quieres?

—Responde a mi anterior pregunta. —Acarició su mentón a la vez que intentaba no poder de vista ninguna expresión de su rostro.

—¿Cuál…? —Hubo una pequeña mueca de confusión en sus ojos.

—¿Qué es lo que más deseas en esta vida?

—... ¿Antes puedo saber por qué tantas preguntas? —Los ojos Avada Kedavra lo observaban con curiosidad.

—Solo responde, Potter.

Harry giró los ojos.

—Está bien, pero…

—¿Pero?

—Por cada pregunta que yo responda, tú tendrás que responder otra, ¿Vale?

—… Vale. —Giró los ojos al ver la sonrisa tonta de Harry — Ahora responde, ¿Qué deseas, Potter?

—¿Qué deseo…? —Harry pensó por unos segundos su respuesta, en un momento pareció llegar a una conclusión, abrió su boca, pero de sus labios no salió ni una sola palabra.

Terminó por hablar luego de otro pequeño instante, con una respuesta que, tal vez, no era su idea original.

—Creo que sería muy brusco salir de los aurores, así que estuve pensando en pedir más misiones para explorar el mundo y así ver diferentes criaturas mágicas...

Tampoco puedo darle eso en la vida real, no ahora que voy en contratiempo…” pensó Draco.

—¿No deseas algo menos suicida…?

—¡Chitón! —Llevó su dedo índice a los labios de Draco, haciéndolo callar— ¡Es mi turno de preguntar!... Draco… Mm…

—¿Hiciste el trato sin tener ninguna pregunta en mente?

—¡Calla! ¡Estoy pensando! —Apretó con más fuerza su dedo índice en los labios del otro— Eh… ¡Ya sé!, Draco… ¿Cuándo te diste cuenta de que gustabas de mí? 

Sintió entonces como la sangre subía hasta sus mejillas, parecía ser que a Harry le gustaba molestarlo hasta en sus sueños.

—… Ya sabes la respuesta —balbuceó y apartó la mirada.

—Pero quiero escucharla de tu boca. —En su tono de voz se podía sentir la sonrisa de sus labios, descarada y enorme, disfrutando del momento.

Mientras más rápido responda, más rápido lo podré despertar” pensó, y se armó de valor para responderle.

—… Me di cuenta en cuarto año, al verte completamente mojado luego del reto de las sirenas.

Harry estalló en risas y se levantó de su lugar para poder burlarse con más comodidad.

—¿¡Por eso estabas tan obsesionado conmigo ese año!? ¡Ahora todo tiene más sentido!

—Espera… ¿¡No lo sabías!? —Draco se estaba muriendo de vergüenza, no podía creer lo mal que le estaba saliendo el plan.

—¡Pensé que la respuesta era “desde siempre”! —soltó e intentó calmarse un poco, únicamente para poder soltar un remate con el que acabar con Draco—, al fin y al cabo siempre me seguías como un perrito faldero, tan necesitado de atención.

 

Malfoy quería que la tierra lo tragara y terminar de una buena vez todo, no podía creer que confesó el secreto que había jurado llevar a la tumba, y peor aún, Harry onírico había logrado sacarle la verdad.

 

Harry seguía riéndose, agitando su torso de adelante hacia atrás mientras sostenía su estómago. Malfoy podía jurar que no había sido tan divertido, pero antes de que pudiera hacer algo, sintió que algo había cambiado o mejor dicho: algo estaba cambiando.

Alzó la mirada y ya no era de noche.

—¿Pero qué…? —se quejó Draco para levantarse del lugar y empuñar su varita en busca de algún peligro.

Sin embargo, Harry seguía riendo. Toda la llanura de su alrededor estaba transmutando en diferentes flores, hongos, rocas y pequeños árboles recién nacidos. Y para cuando su risa se calmó, los pastizales se habían convertido en una extensa selva tropical.

—… ¿Dónde estamos?

—En América del Sur. —Comenzó a caminar, como si conociera este lugar de pies a cabeza— Ahora es mi turno de preguntar.

—Eso no cuenta como pregunta… —Draco se quejó, pero sus palabras nunca llegaron a oídos del otro.

—¿Alguna vez escuchaste hablar de los “pom-pom”? —preguntó y acercó una de sus manos hasta el tronco de un árbol, buscando algo en uno de sus huecos.

—… No, nunca en mi vida.

—¡Ajá! —Había sacado algo del tronco para luego ocultarlo entre sus dedos— Mira, esto es un pom-pom.

Abrió las palmas de sus manos y de allí salió un pequeño ser verde, gelatinoso, con un par de canicas como ojos, una boca enorme sin dientes, y un par de patitas que sobresalían a duras penas. La pobre criatura pestañeaba de manera lenta, como si lo hubieran despertado de una larga y profunda siesta.

—Son seres que viven en las cortezas de los árboles y se alimentan de su savia, los descubrí en mi último viaje como Auror; unos Mortífagos los estaban vendiendo al mercado negro y casi los llevan a su extinción. —Explicaba la historia mientras acariciaba la panza del pom-pom, quien no parecía disgustarle ni en lo más mínimo.

—¿Qué tienen de especial estas… cosas?

—Al alimentarse de savia de los árboles absorben su magia y —jugueteó un rato más con la criatura —…  Y no me acuerdo, a decir verdad, Hermione dijo muchas palabras y Ron insistía jugar con los pom-pom.

Antes de que Draco pudiera objetar, del viejo tronco salió una enorme masa heterogénea de otros pom-pom; todos de diferentes colores y tamaños, preparados para escalar el cuerpo de Harry para poder unirse a su compañero secuestrado.

—Hacen esto porque creen que están en peligro, —Señaló a uno de los pom-pom intentaba morderle el brazo, sin obtener ningún resultado— pero como no tienen la necesidad de alimentarse de comida dura, no tienen dientes.

—Con razón están en peligro de extinción.

Harry se rio, ya sea por la broma o porque todos los pom-pom seguían intentando morderlo.

—¿Sabes cuál es su último recurso para poder sobrevivir? —preguntó entre risas.

—Obviamente no.

—Hacen… esto. —Sin previo aviso, aplaudió una sola vez, pero tan fuerte que el ruido se extendió por todo el bosque.

De la nada, todos los pom-pom se inflaron como globos y comenzaron a flotar sin rumbo, se chocaban con las ramas de los árboles y rebotaban entre ellos, reían (o por lo menos eso parecían risas) y se alejaban para decorar el cielo diurno. La luz atravesaba sus cuerpos semitransparentes, parecía que, por lo menos en ese momento, se convertían en pequeñas estrellas diurnas.

Para cuando todos desaparecieron de sus vistas, Draco se sentía más cansado que nunca. El sueño lo estaba invadiendo de nuevo, y no había avanzado en lo absoluto en todo su “plan”. Ahora Harry tenía su cicatriz, ¿eso significaba que su deseo cambio?, ¿o qué ahora estaba viendo un deseo diferente?

Sin importar cuál fuese la respuesta correcta, tenía que seguir adelante.

 

—Es mi turno de preguntar, ¿qué deseas, Potter?

—¿De vuelta la misma pregunta?

—¿Responderás? —extendió uno de sus brazos para agarrar la mano izquierda de Harry, quería acaparar toda su atención.

Harry dejó de ver el cielo (ahora desierto) para mirarlo a los ojos. Sus ojos verdes brillaban con tanta intensidad que parecía que de ellos saltarían centellas, parecía tener una ferviente necesidad de decir algo.

Pero no dijo nada y, de un momento a otro, una gélida lluvia empezó a caer sobre ellos. Los truenos y relámpagos no tardaron en aparecer, y la lluvia empeoraba con cada segundo que pasaba, si se quedaban unos minutos más el bosque se inundaría por completo. Sin embargo, los ojos de Harry no se separaron de los suyos; seguían brillando bajo la tormenta con una certeza deslumbrante, sentía que podía seguir esa mirada por el resto de su vida…

Harry abrió la boca para responder, pero el brillo de sus ojos vaciló y sus labios temblaron.

—Vayamos adentro.

Sin darle tiempo a Draco para reaccionar, sacó su varita del bolsillo y la apuntó a uno de los árboles de caucho. Pronunció a lo bajo unas palabras inaudibles y de la punta de su varita salió un rayo de luz dorada que, al chocar con el tronco, generó un pequeño hueco en la zona: chispas de múltiples colores saltaron por todos lados, los árboles se distorsionaron en órbita a dicho punto, el cielo y las hojas los siguieron como si se tratara de un agujero negro. Al final, cuando todo el escenario desapareció por completo, no hubo más que luz.

El brillo fue tanto que Malfoy permaneció con los ojos cerrados, cubriéndose el rostro con sus manos, solo las apartó cuando sintió un aroma un tanto familiar… Madera de abeto, especias, una fogata recién hecha, hollín y metal…

Estaban en la clase de pociones de Hogwarts.

 

—¿Cuál era la pregunta? —Harry se colocó detrás de uno de los escritorios y comenzó a buscar algunos ingredientes.

—¿Qué deseas? —Draco se frotó los ojos y se sentó al frente de él, notando como ambos estaban secos por completo.

—¿Qué deseo…? —aplastó con el filo de un cuchillo unas semillas de anís y las vertió en la caldera, removiendo solo dos veces en el sentido contrario a las agujas del reloj—, Me gustaría aplicar para ser Jugador Profesional de Quidditch… o profesor de Defensa Contras las Artes Oscuras… Preferiblemente la última.

—¿Por qué…? Las hojas del Bastón Real nunca se cortan, Harry —acotó lo último al ver como este estaba a punto de cortarlas a la mitad—, únicamente se corta la flor.

Harry giró los ojos y sonrió, siguiendo con la poción y añadiendo las flores antes de responder.

—Pero no quiero más fama.

—¿Por qué supones que serías famoso si fueras jugador de Quidditch? —Draco sonrió con picardía, inclinándose aún más a la mesa y dejando de prestarle atención a la pócima para solo ver el rostro del tan famoso Harry Potter.

—Bueno… —Por un segundo desvió su mirada de la tabla de cortar para cruzar miradas con Malfoy, resultando en una sonrisa compartida—Primero: que quede claro que hiciste tres preguntas seguidas, así que yo también lo haré…

—Pero-…

—¡Chitón! Es mi turno de hablar… Segundo: le doy diez, si no veinte , vueltas a los mejores jugadores de esta temporada… —Aún no había terminado de hablar y Draco ya podía ver hacia dónde se dirigía todo por la sonrisa irónica que decoraba su rostro— y, claro está, cincuenta vueltas a ti.

—No seas presumido, Potter.

—¡No soy presumido! Solo digo la cruda verdad… —Su sonrisa se hizo más grande y comenzó a revolver la pócima—Aunque, en tu defensa, tu mayor debilidad siempre fue que yo estuviera en el equipo contrario, ¿no es cierto?… Siempre tan enfocado en llamar mi atención y seguirme a cada lugar que me moviera.

Draco se sonrojó ante los recuerdos de los viejos tiempos, si pudiera volver al pasado se aseguraría de decirle a su versión enana de no ser tan obvio con su flechazo… Aunque, bueno, tal vez fue ese actuar que le permitió tener en ese instante un par de ojos Avada Kedavra persiguiendo cada movimiento que hacía.

—Al menos lo conseguí, ¿no es cierto?, ahora mismo tengo toda tu atención.

—No es tu turno de hacer preguntas.

—Entonces hazme una pregunta, Potter.

—¿A qué huele está poción?

—Tarta de calabaza, acebo y…

 Amortentia, ¿cómo no se dio cuenta de que estaba haciendo Amortentia?

—Bueno, huele a ti, Harry… ¿Desde cuándo te volviste tan bueno con las pociones… de vuelta?

—No lo sé, sigue siendo mi turno de preguntar… ¿Por qué tantas preguntas? —Se acomodó en su silla y enfocó toda su atención en el rubio.

—Quiero saber qué es lo que deseas, Harry, pensé que era obvio… Te falta una pregunta más, hazla.

—Hmm… ¿Por qué quieres saber qué es lo que deseo? —Acercó su mano libre para sujetar la mano derecha del contrario, acariciando las líneas de la palma con su dedo índice.

El suave contacto lo estaba incitando a dormir, no podía evitar sucumbir ante los mimos de Potter.

—Por qué quiero verte despertar… —murmuró sin pensar.

—Estoy despierto. —Apretó la mano y se la llevó a sus labios, dándole un suave beso a los nudillos de su querido y dejando su mejilla reposar en el hueco de su palma.

Una pequeña electricidad subió por su espalda, haciendo que se despertará lo suficiente para poder seguir con una conversación con coherencia.

—… Mi turno, ¿a qué huele tu Amortentia?

—Perfume caro, madera de espino y jabón de manzana —soltó una suave risa al decir el último punto—, huele a ti recién salido de un baño… Mi turno, ¿estoy soñando?

Qué astuto, Harry.

—Lo sabrás pronto. Mi turno. Entonces, ¿qué deseas… en este momento de tu vida?

—No lo sé… —Harry se entretuvo por un rato con los delgados dedos de Draco, buscando una respuesta convincente—Creo que quiero dejar todo de lado y… no sé, ¿vivir un poco?, tal vez estoy cansado de hacer demasiado.

—¿Y qué harías?

—No hagas trampa, es mi turno, —Besó los nudillos una vez más y contempló por unos largos segundos el rostro de su pareja— ¿tienes sueño?

—No lo sé, tal vez un poco… solo un poco…

Sin darse cuenta, cerró los ojos por unos breves segundos y dejó caer un poco su cabeza… Y para cuando los volvió a abrir ya no estaban en Hogwarts, sino en su habitación. Por un santiamén se asustó de haberse desmayado en el plano onírico, pero pronto notó como un Harry bien despierto lo miraba con atención.

—¿Mejor? … Podemos hablar hasta que te quedes dormido, yo aún no tengo sueño.

Draco se recostó en el pecho de Harry e inspiró profundamente su aroma. La habitación era cálida y todo parecía tan tranquilo que sentía que en cualquier momento caería dormido.

—Mi turno, supongo… —Draco soltó un gran bostezo y se acercó aún más a Harry—¿Qué tipo de vida te gustaría, Harry? ¿Una vida normal? ¿Una vida llena de aventuras? ¿Una vida… diferente?

—…  No quiero una vida normal, quiero una vida algo tranquila… Me gusta tener aventuras, explorar aún más el mundo mágico y conocer sus bestias y sus costumbres… Pero también me gustaría poder guiar a la siguiente generación de hechiceros, o vivir… —Las palabras murieron en su garganta y sintió como su pecho se calentaba— Nada más no quiero desperdiciar mi magia ni mi vida por nadie que no lo valga, mucho menos por el Ministerio de Magia.

—Es una verdadera porquería, ¿no?

—¿El Ministerio…? Está podrido desde dentro… Aun cuando Hermione hace todo lo posible para arreglarlo, la gran parte de los magos que trabajan allí son unos parásitos…

—Todo mago tiene una parte de su alma podrida, ninguno es la excepción. —Draco todavía recordaba las torturas de los Mortífagos y los juicios desproporcionados a los hijos de estos que no tenían escapatoria.

—Todos los humanos para ser más exactos, Muggles y Magos no piensan muy diferente; ambos bandos detestan a quien sea distinto a ellos y mandan a sus hijos a guerras incoherentes…

Hubo un pequeño silencio, Draco se dormía un poco más por cada segundo que pasaba y Harry parecía tener la mente sumergida en otras cosas.

—Es mi turno de preguntar, ¿no? —soltó Harry en medio del silencio.

Draco asintió contra el pecho del contrario, escuchando la calma su latir.

—… Si estoy soñando, ¿eres parte de mi sueño o eres el Draco real?

—Este yo onírico tiene parte de la esencia de mi yo terrenal, por ende, los dos somos reales.

—… Eso no responde mi pregunta.

—Una verdadera pena, mi turno de preguntar: ¿todos estos escenarios que vimos son parte de tu deseo?

—… Puede ser, quizá son fragmentos de todos mis deseos, pero no son mis deseos en su totalidad.

—¿Puedo saber por qué…?

—Hmm… Por ejemplo, el primer sueño, el de mis padres… —Harry murmuró la última parte, sosteniendo aún más fuerte la cintura de Draco—Siento que parte de mí desea estar con ellos, como un deseo infantil, pero si continuara pensando en eso seguiría siendo aquel niño que miraba con anhelo el espejo de Erised…

—¿Y los demás sueños…?

—No hagas trampa, es mi turno… ¿Qué deseas tú, Draco?

Draco no pensó que en algún momento le devolvería la pregunta, resultando en un largo silencio de su parte. “¿Qué deseo yo?”, pensó sin encontrar respuesta.

—… ¿Ahora mismo?

—Responde lo primero que se te venga a la mente.

—… Deseo que te despiertes.

—¿Por qué?

—… Por qué quiero que estés despierto.

—¿Por qué?

—Para que estés de vuelta conmigo… Necesito que estés de vuelta conmigo.

Harry sonrió y besó la frente de Draco.

—Tu turno —murmuró y llevó la mano que no estaba anclada a Draco para acariciar su rostro.

Draco bostezó y apretó su mejilla contra la mano de Harry.

—¿Qué deseas ahora mismo, Harry…?

—Un beso tuyo, tal vez

—¿Es lo que más deseas?

—Hmm… Entonces un beso tuyo y un “te amo”.

Draco se acomodó para quedar arriba de Harry, con sus rodillas a los lados de las caderas de él y sus brazos rodeando su cuello.

—¿Por qué…?

—Porque quiero escucharte decirlo, ¿acaso está mal que lo desee?

Sin pensarlo más, Draco acercó su rostro y lo besó, suave y despacio.

Esperó tanto poder besarlo en el transcurso del día, que el momento en el que apretó sus labios con los de él se sintió simplemente correcto; tanto que no le importó que fuera un sueño o que el cansancio lo comía cada vez más… Se concentró por completo en el contacto y el calor.

—Te amo —murmuró en medio del beso.

Harry lo acercó aún más, deseoso de profundizar el tacto, lamió sus labios con hambre y apretó su cintura con fuerza. Draco solo podía pensar en los labios húmedos que dominaban su boca, se estaba dejando llevar por el momento, jugando con la melena del castaño hasta que se separó abruptamente del beso.

—¿Pasó algo? —preguntó Harry y se acercó en espera de otro beso, pero Draco se alejó.

—No vamos a hacerlo en tus sueños.

—… ¿Por qué no?

—Si quieres hacerlo, lo haremos en el plano terrenal.

Harry pensó en la oferta a la vez que jugaba con el abdomen de Draco, metiendo y sacando su pulgar del ombligo, hasta que finalmente suspiró y dejó caer sus hombros.

—Está bien, me convenciste… ¿Y cómo se supone que debo despertar?

—No te preocupes por eso, sigue respondiendo mis preguntas, —Esperó a que Harry asintiera con la cabeza y siguió—: ahora quiero que pienses en el futuro cercano, en algo que puedas conseguir con cierta facilidad y que desees con todo tu ser.

—Está bien… —Harry cerró los ojos para pensar con mayor claridad.

—Okay… Ahora dime, ¿Qué deseas, Harry?

Harry pensó por un momento más y movió sus dedos para jugar con los pliegues de la camisa del rubio, abrió sus ojos y miró fijamente su rostro, observó el brillo de su cabello y lo desacomodada que tenía la ropa después de tanto revoloteo de un lugar a otro.

Abrió la boca y la cerró de inmediato.

—Solo dilo, no dudes ni un segundo.

—Está bien… D-de hecho, estuve pensando mucho en esto últimamente, hasta se lo comenté a tu madre en una carta. —Harry apartó los ojos, su rostro estaba rojo, hasta sus manos habían comenzado a temblar.

—¿Mi madre? ¿Qué tiene que ver en ella?

—Ya verás, déjame hablar, ¿vale?

—… Okay.

—Yo… —Parecía más nervioso que nunca, ya había empezado a preocupar un poco a Draco— Yo… Quería… —Apartó su rostro, intentando ocultar su sonrojo.

—¿Tú querías…? —Draco se acercó y llevó sus manos hasta el rostro de Harry, obligándolo a mirar.

Tan rojo como un tomate.

—Responde, Harry.

—Draco…

—¿Sí?

—Draco, ¿te casarías conmigo?

Silencio. Draco se atragantó con el aire. Sentía como sus mejillas se tornaban del mismo color que las de Harry.

—A-aún no conseguí un anillo… Bueno, a decir verdad, no sé si los magos tienen anillos de boda, ¿o tienen algún tipo de hechizo raro?

Silencio. Draco aún seguía procesando la información.

—¡Pero está en mis planes conseguir uno! ¡Lo juro!

Silencio. Draco pestañeó repetidas veces, sin decir nada.

—¿Draco?… Si no quieres responder yo…

—Calla, Potter… Estoy intentando buscar las palabras.

Y Potter se calló.

—Yo… yo… ¿Es ese tu deseo?

—Lo es… Draco, quiero una vida junto a ti. Eres mi mundo, mis sueños, mi deseo…

Antes de que pudiera seguir con la lista, sus labios fueron callados por otro beso, esta vez más corto, pero con la misma emoción.

—Te contestaré, pero primero me iré a dormir.

Dejando a Harry con la duda, se dejó caer en la cama y cerró los ojos, dispuesto a dormir.

—¿Draco?… ¿Draco? ¿¿Te vas a ir a dormir?? ¿¿Ahora?? —preguntó desesperado mientras lo sacudía por los hombros.

Sin importar cuánto lo intentó, no lo pudo despertar; Draco se había quedado dormido con una pequeña sonrisa en sus labios.

 

☾✩

 

Se despertó. Giró su rostro a su derecha, aún sostenía la mano de Harry con fuerza. Se sentó en la cama y observó con detalle el rostro de Harry, tan tranquilo, tan pleno y hermoso. No pudo evitar sonreír. Se acercó a su oído y murmuró:

—Harry, quiero… deseo casarme contigo.

Sin esperar un segundo más, lo besó una nueva vez. Los labios de Harry estaban abiertos y descansaban en paz, sin responder al contacto.

Draco estuvo a punto de separarse, pero unas manos lo sujetaron por la nuca para atraerlo en busca de otro beso más profundo. No pudo evitar sonreír aún más, sintiendo un par de lágrimas caer por sus mejillas, Harry despertó.

El beso fue largo y con cierta desesperación de parte de Harry, quien parecía querer retenerlo por una eternidad en sus brazos. Mordió y lamió sus labios, lo despeinó por completo y lo puso a su merced, parecía que el sueño lo había dejado necesitado.

Harry se separó para decir unas palabras.

—Necesito escucharte de vuelta. Draco, ¿te casarías conmigo?

—La respuesta siempre será que sí. —Draco no pudo aguantar ni un segundo más y volvió a besarlo.

Harry le correspondió apretando con fuerza su cintura, comenzó a levantar su camisa hasta llegar a sus pectorales, tarareando sobre los labios del rubio al escuchar sus suspiros.

—Un día de estos serás mi perdición —musitó Harry para luego llevar sus labios hasta el cuello de Draco.

Lamió, besó y mordió hasta cansarse y cambiar de posición, girando a Draco para que quedara debajo de él, buscando mayor comodidad para poder utilizar sus labios sobre el blanco lienzo de su pecho. Estuvo a punto de comenzar a chupar sus pezones hasta que, sin querer, llevó sus ojos hasta el rostro de Draco…

¿Estaba durmiendo…?

—¿Draco?

La única respuesta fue un suave ronquido.

—¿¿De vuelta??

Quiso intentar despertarlo, pero ver las ojeras por debajo de las pestañas rubias de Draco lo detuvo. Merecía por completo ese descanso.

Harry, ahora que no tenía nada más interesante que hacer, empezó a escudriñar la habitación por completo en busca de respuestas sobre toda la situación; no sabía cómo ni por qué, pero sospechaba qué había sido maldecido con algún hechizo extraño que lo puso a dormir. Al observar las pócimas tiradas en el suelo, todas las velas apagadas, el lío de carta y libros, se preguntó qué tantas cosas intentó su (ahora) prometido para despertarlo.

En medio de su investigación, notó una hermosa manta escondida entre edredón de su cama.

—¿Y esto?

La agarró para poder analizarla más de cerca, y en sus bordes pudo leer lo siguiente:

 

*

Quien hurgue estas telas de percal en los brazos de Morfeo caerá.

Cubierto de manta tras manta, sus ojos cerrará.

En la oniria verá lo que más anhela, sin poder diferir la falsedad.

Soló despertará si su deseo central se vuelve realidad.

(...)

Librado del dios de los sueños y de la calma,

Sus ojos abrirá para ver las estrellas fugaces iluminar el cielo.

Cada deseo se cumplió, solo la verdad podrá admirar.

Y junto a su amado sonreirá.

*

Supuso que había sido por culpa de esa cosa que había sido maldecido, pero sin importar cuánto lo intentara no podía ver rastro de magia en ella, parecía ser una manta normal y corriente con un glamur digno de un Malfoy.

Terminó por guardarla en el armario para luego volver a tirarse en la cama, quedándose embobado mientras miraba a Draco dormir. Estaba más despeinado que nunca, con el cuello de su camisa desacomodado, en una de sus manos llevaba puesto un guante que nunca lo había visto usar, y en su meñique había un hilo rojo…

Harry siguió el largo del hilo para ver hasta dónde llegaba, se había enredado un par de veces, pero no parecía haberse roto en ninguna parte, y finalmente encontró el final en su propio meñique.

—Draco…

No pudo evitar y ocultar su rostro en el cuello de su prometido, lo abrazó aún más fuerte e inundó de besos sus mejillas, preguntándose si es que los magos tenían alguna leyenda respecto al hilo rojo del destino.

—Te amo tanto —murmuró contra su piel y dejó un cálido beso en ella, a pesar de que su deseo era marcarla.

Se separó y lo admiró por un rato más. Solamente por un rato más. Hasta que se acostó a su lado a dormir, a pesar de haber estado soñando por horas no sentía haber descansado ni un minuto.

Cerró los ojos y deseó soñar con la futura boda con su amado.

 

 

Notes:

¡Espero que les haya gustado!
Estaré actualizando de vez en cuando este fic en busca de errores de ortografía y gramática, y puede ser que saque una segunda parte... Al fin y al cabo, ¿qué hechizo quería encontrar Potter en sus sueños? :)

Este fanfic nació de este dibujo (¡que hice yo!):
https://www.tumblr.com/m-malov/731849079013982208/john-malovs-art?source=share