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Cenizas del Poder

Summary:

En los años posteriores a la derrota de Voldemort, Harry Potter carga con el peso de las expectativas de su rol como Auror, enfrentándose a la inquietante realidad de que el cambio por el que luchó sigue siendo esquivo. Mientras tanto, Hermione Granger se encuentra en el epicentro de una tormenta inminente, sirviendo como la mano derecha del Ministro de Magia mientras los supremacistas de sangre amenazan con desmantelar la frágil paz.

Mientras navegan por las traicioneras aguas del liderazgo y su compleja relación, el vínculo entre Harry y Hermione se profundiza, impulsado por su compromiso compartido de proteger a su ahijado y forjar un mundo más seguro e inclusivo.

Cuando el audaz discurso de Harry en la gala que conmemora la caída de Voldemort enciende tanto una chispa de esperanza como una ola de resentimiento, ambos héroes deberán enfrentarse a las sombras de su pasado y a la incertidumbre de su futuro.

Las Cenizas del Poder explora el delicado equilibrio entre el amor, el deber y la lucha incansable por la justicia en una sociedad aún atormentada por su oscuro legado. ¿Estarán a la altura del desafío o serán consumidos por las mismas fuerzas que buscan desmantelar?

Notes:

  • A translation of [Restricted Work] by (Log in to access.)

¡Hola a todos! Estoy emocionada de compartir este nuevo desafío: mi nueva historia "Las Cenizas del Poder". ¡Espero de verdad que la disfruten!

Como esta es solo mi segunda historia, me encantaría conocer sus opiniones, así que por favor déjenme un comentario y díganme qué piensan. ¡Su feedback significa muchísimo para mí!

Estaré publicando la historia en español e inglés para que más personas puedan disfrutarla.

¡Feliz lectura! 😊

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: El peso de la verdad

Chapter Text

El silencio invadía todo. La humedad de la noche entraba por cada poro de su cuerpo. Los árboles se alzaban sobre él, con sus ramas curvadas como si le estuvieran señalando el camino. Un escalofrío le recorrió la espalda, la muerte lo observaba dichosa. Dio un paso adelante, cada movimiento pesado. Apretaba su varita fuertemente, una simple rama inutil contra el miedo que lo guiaba y entonces escuchó la voz. Esa voz. 

 

“Que bueno que viniste Harry.” - La voz de Voldemort se deslizó por el aire, baja y burlona. El corazón del mago latía con fuerza. Algo no estaba bien, el olor a sangre lo inundaba y entonces la vio. Hermione estaba suspendida en el aire, con heridas abiertas y el cuerpo rígido por el dolor. Tenía el rostro pálido, los ojos muy abiertos y los labios le temblaban mientras luchaba por respirar. 

 

Harry trataba de gritar su nombre, pero nada salía de su boca. Alzó su varita, pero ningún encantamiento salió de él. Estaba impotente, paralizado. Los labios de Voldemort se curvaron en una sonrisa mientras apuntaba con su varita a Hermione.  

 

“Crucio”- dijo con sus ojos rojos llenos de maldad. La maldición golpeó a la bruja como un rayo. El cuerpo se convulsionaba violentamente, su espalda se arqueó mientras un grito agonizante brotaba de su garganta. Un sonido tan crudo y lleno de dolor que atravesó el corazón de Harry. Sus ojos se encontraron con los de él, suplicantes, desesperados. 

 

"¡Detente! ¡Por favor! ¡Hermione!" Gritó Harry, finalmente encontrando su voz, pero fue inútil, no podía alcanzarla. La distancia entre ellos se extendía y no importaba lo fuerte que corriera, era como si estuviera atrapado en su lugar, observando cómo el cuerpo de Hermione se retorcía de dolor.

 

Voldemort se rió entre dientes, inclinando la cabeza como si disfrutando del sufrimiento de Harry. "Verás, Harry Potter, este es tu fracaso. No puedes salvarla. No puedes proteger a quienes amas. Nunca pudiste".

 

Los gritos de Hermione llenaron el aire nuevamente, cada uno como una daga en el pecho de Harry. Sus manos temblaban mientras luchaba contra la fuerza invisible que lo retenía, su mente gritaba buscando una manera de liberarse. "¡Hermione!" Gritó de nuevo, con la voz quebrada. Su varita chispeó inútilmente, la magia se negó a llegar.

 

Voldemort levantó la mano y con un movimiento de muñeca, el cuerpo de Hermione se estrelló contra el suelo, inmóvil. El silencio que siguió fue más aterrador que sus gritos. Ella yacía allí, sin vida, con los ojos entreabiertos, cristalinos.

 

"Llegas demasiado tarde, Potter", susurró Voldemort, su voz era un viento frío y amargo. "Siempre llegarás demasiado tarde". Harry cayó de rodillas, el peso de su dolor lo aplastó. Hermione se había ido. Él le había fallado. Otra vez. El mundo a su alrededor se desmoronó, el suelo debajo de él se abrió y se lo tragó todo en la oscuridad. La risa de Voldemort resonó en sus oídos, un sonido inquietante que se aferró a él incluso mientras gritaba cayendo al vacío.

 

Hermione se despertó sobresaltada. Harry seguía gritando su nombre, retorciéndose en las sabanas. “Harry despierta” - dijo Hermione moviendo al pelinegro. Él seguía gritando su nombre. “Amor, despierta estoy aquí” - le insistía. Harry se despertó llorando, su cuerpo empapado de sudor. Su respiración entrecortada, la imagen del cuerpo destrozado de Hermione aún viva en su mente. Se sentó en la cama, agarrando las sábanas, el terror del sueño se negaba a desvanecerse. 

 

Hermione acercó al mago hacia ella, lo acunó mientras él seguía llorando. Harry trataba de componerse, sabía que estaba con ella, pero sus pensamientos corrían, llenos de los mismos viejos miedos, miedos que lo habían estado corroyendo desde la guerra. Se preguntaba si seguía siendo aquel niño ingenuo que no podía entender la maldad. 

 

“Shh, mi amor, todo está bien” - le susurró Hermione - “Estamos vivos” - le decía mientras lo acariciaba. La habitación se comenzaba a aclarar con los primeros indicios del amanecer, aunque la oscuridad empezaba a alejarse, la sensación de temor seguía en él. De a poco, se fue calmando y pudo volver a mirar a la bruja. Le agarró la cara y la besó efusivamente, tratando de sacar la pesadilla de su mente. Hace tiempo que Hermione había aprendido que cuando se trataba de cualquier cosa relacionada a Voldemort, Harry no necesitaba conversar. Así que, le siguió el juego, besándolo de manera desesperada, la urgencia de sentirse, hizo que él entrará fuertemente en ella, que fue respondido con un grito de sorpresa y dolor, que fue acaparado y curado, por el placer del movimiento, se conocían, se anhelaban, miel, canela, arce y pino. Sudor, ruido y un escalofrío después, ambos se miraban a los ojos mientras llegaban al climax. “Te amo” – dijo el pelinegro. 

 

Hermione desnuda debajo de él también le dijo cuánto lo amaba. Hace tres años que habían comenzado su relación, primero en secreto, después como un secreto a voces. Hermione había sido reconocida dentro del Ministerio de Magia desde el primer momento que pisó el lugar después de la guerra. Era amada y odiada por partes iguales, pero eso nunca la detuvo para hacer ruido, planear revueltas y abolir leyes obsoletas. Kingsley la consideraba su mano derecha y eso la tenía en el ojo del huracán. Por ese motivo, ella no quería formalizar la relación con Harry, sobre todo porque ambos habían tomado un rol activo en la crianza de Teddy Lupin, su ahijado y tenía miedo de que ellos se vieran perjudicados por sus ideas “extremistas” como algunos decían. Harry en cambio, creía que la castaña solo tenía miedo de arruinar su amistad. 

 

Seguían en la cama, tocándose y disfrutando de los últimos momentos libres de la mañana. “Hoy se cumplen cinco años” - dijo Harry rompiendo el silencio. 

 

“Cinco años desde que eres el Maestro de la Muerte” - respondió Hermione con una sonrisa burlona. Ambos rieron. 

 

“Hoy es la gala en el Ministerio” - dijo el pelinegro desganado. 

 

“Necesitamos conmemorar que ganamos” - dijo Hermione - La gala estaba destinada a celebrar la resiliencia del mundo mágico y a recordar a todos los magos y brujas que perdieron sus vidas en la Batalla de Hogwarts. 

 

“¿De verdad ganamos?” - dijo Harry

 

“No empieces con eso. Si ganamos, tú enfrentaste a Voldemort y el Ministerio ha cambiado” - dijo Hermione

 

“Pero tú aún andas asustada, porque aunque te respeten, los grupos más extremistas aún te odian, a ti y a todos los mestizos. Gente que obviamente contribuyó con Voldemort, como Lucius Malfoy solo le dieron 5 años en Azkaban que de hecho, se cumplen en dos meses. - dijo exasperado y antes que la castaña pudiera interrumpir siguió - “Sin olvidar que la última vez que quisiste presentar una ley que le entregaba derechos civiles a criaturas como los hombres lobo casi te matan y no me dejes seguir con el tema de los Elfos Domésticos” - dijo Harry enojado. 

 

“Harry, los grupos que apoyaban a Voldemort ya no lideran el Wizenmont, eso es una victoria. Cada vez tenemos menos personas en el Ministerio que apoyan la supremacía de sangre, eso es otra victoria.  Estamos legislando para transformar, los cambios así toman tiempo mi amor.” - dijo Hermione.

 

Exasperado Harry se levantó de la cama, las ideas políticas de Hermione cada vez le parecían más correctas y menos revolucionarias, aunque la castaña afirmaba que aún era una revolucionaria infiltrada en el gobierno. “No lo sé Hermione” - dijo mientras se vestía con su traje rojo de Auror - “Creo que aún hay mucha injusticia y tu te niegas a ver la realidad”. 

 

“Tienes que cambiarte, hoy no trabajas, recuerda el discurso” - respondió la bruja cambiando de tema. 

 

“Claro, como tu Ministro prefiere que el Héroe del Mundo Mágico hable en una Gala antes de” - empezó por decir cuando lo interrumpieron. 

 

“¿Antes de que Harry?  realmente te pones demasiado ácido en esta fecha.  No insultes mi trabajo, ni tampoco el de los demás magos y brujas que lo estamos intentando, mientras tu te estas quejando. Tal vez te equivocaste en escoger ser Auror, pero sabes muy bien que el hecho de que seas el Héroe del Mundo Mágico te podría servir para que comiences a mover tu trasero y ser ese gran cambio del que siempre hablas. Ahora, no quiero que llegues tarde y espero que tu discurso sea bueno porque hasta donde yo sé no tienes nada preparado” - dijo Hermione. 

 

Harry desapareció sin despedirse. Hermione tenía razón, como Auror se sentía atrapado en un sistema que parecía más una jaula dorada que un lugar de justicia. Su misión de mantener a salvo al mundo mágico se sentía vacía al mirar las injusticias que seguían prosperando. 

“¿Estás listo para esta noche?” - la voz de Susan Bones interrumpió sus pensamientos mientras entraba a la oficina. 

“Por supuesto, soy el gran Harry Potter, siempre estoy listo” - dijo con burla. 

“No seas idiota, sabes a que me refiero” - dijo Susan con voz suave, algo muy inusual para ella. 

“Mira la verdad, no sé como todos quieren celebrar que Voldemort fue derrotado cuando el mismo sistema que permitió los tiempos oscuros sigue intacto” - dijo Harry sirviendo un vaso de Whiskey de fuego. Susan lo acompaño con otro vaso, después de la guerra y la muerte de su tía ella quería ser un cambio en el Ministerio y por eso entró a trabajar al departamento de Aurores, ya que creía que iba a poder cambiar el sistema judicial desde adentro, pero se dio cuenta que la academia de aurores funcionada de una manera absolutamente jerarquizada y que los cambios eran lentos. Por lo que, compartía plenamente la frustración de Harry. 

“No pelees con Hermione, ustedes luchan por lo mismo, que eso no se te olvide” - dijo Susan - “Además, hoy es un día particularmente difícil para todos”.

Susan tenía razón, Hermione estaba en la mira desde que comenzó su carrera pero después de su intento por cambiar la regulación de los Hombres Lobos, las amenazas hacia su persona se volvieron algo cotidiano y la campaña de desprestigio coordinada en su contra, se hizo más fuerte. 

Horas después se encontraba listo para subir a la gala, con un traje negro sobrio que combinaria a la perfeccion con el vestido de Hermione, se tomo su ultimo vaso de whiskey de fuego y subio en los ascensores. “Es hora de comenzar la fachada” se dijo y puso su mejor sonrisa, camino saludando a todos como viejos conocidos y agradeciendo las palabras de todo el que quisiera decirle “eres un Héroe Potter”. Mientras caminaba sentía las efusivas palmadas en la espalda de aquellos ex compañeros de lucha, quienes se regocijaban de haber estado aquel día en Hogwarts y enfrentarse ante los Mortifagos. Antes que siquiera pudiese llegar a donde estaban sus amigos, escucho como Kingsley pedía la atención de todos los invitados.

“Primero que todo, quiero agradecerles a todos por estar aquí hoy, en especial a los primeros ministros extranjeros que nos acompañan en este día tan especial, donde conmemoramos la victoria ante Lord Voldemort y la promesa de que nunca más se volverá a permitir la impunidad ante la discriminación y los crimines de sangre. Especialmente quiero agradecer a Ron Weasley, Hermione Granger y Harry Potter quienes siendo tan solo unos adolescentes lucharon con valentía y astucia y son la razón por la cual todos estamos hoy vivos” - todos comenzaron a aplaudir y luces se enfocaron en cada uno de ellos, mientras lentamente caminaban al encuentro para quedar los tres juntos y entregar la imagen del trío dorado - “además, quiero invitar al escenario a nuestro héroe principal, el niño que vivió, Harry Potter acércate por favor” - Con templanza Harry subió al escenario sonriendo, manteniendo la imagen del héroe perfecto, saludó efusivamente al Ministro de Magia y dio las gracias. 

“Como todos los años - comenzó diciendo - hoy es un día especial. Hoy no solo conmemoramos la victoria ante el señor tenebroso, sino que conmemoramos la vida de todos aquellos que murieron en la batalla, personalmente recuerdo a mi amigo y hermano Fred Weasley y a los padres de mi amado ahijado Remus Lupin y Nymphadora Tonks, espero que sus almas descansen en la eternidad. Hace cinco años, camine hacia la muerte con la esperanza de que al derrotar a Voldemort vendría una nueva era, una era de unidad y de cambio. Sin embargo, mientras estoy aquí parado, no puedo evitar sentir desazón por los años que han pasado. La lucha no fue solamente contra la oscuridad que traía Tom Riddle y cada uno de sus seguidores, sino que los que luchamos lo hicimos contra los prejuicios y la marginación que existe en nuestro mundo. Creímos que al derrotar a Voldemort se desmantelaría aquel sistema racista que permitió que el odio floreciera. Pero aquí estamos, cinco años después, y debo preguntar: ¿hemos realmente logrado ese sueño?. 

Sí, ha habido reformas, leyes que se han promulgado, políticas que se han implementado, pero no nos engañemos pensando que estos cambios son suficientes. La verdad es que los supremacistas de sangre que una vez nos aterraron no han desaparecido; se han retirado a las sombras, esperando el momento adecuado para atacar de nuevo. Todavía están acechando, aún susurrando sus ideologías venenosas, aún tratando de dividirnos. Estoy aquí esta noche no para celebrar nuestras victorias pasadas, sino para recordarles el trabajo que aún queda por delante. No podemos permitirnos ser complacientes ni aceptar un status quo que aún perpetúa la desigualdad. La lucha por la verdadera igualdad y justicia no se gana solo con legislación. Requiere acción, acción colectiva. 

Si realmente queremos honrar los sacrificios realizados durante la guerra, debemos dirigir nuestra atención a aquellos que aún sufren bajo el peso de la discriminación. Enfrentemos nuestros prejuicios, cuestionemos nuestras creencias y tendamos nuestras manos a aquellos que han sido dejados atrás. Juntos, podemos crear un futuro donde nadie sea juzgado por su linaje, donde cada bruja y mago pueda estar orgulloso, donde todos, independientemente de su origen, puedan tener un lugar en nuestro mundo. La batalla puede haberse ganado, pero la guerra por la igualdad apenas comienza. Así que les insto a todos esta noche: no recordemos simplemente el pasado; forjemos juntos un futuro más brillante y más inclusivo. Gracias.” - 

El silencio se apoderó del salón. Las últimas palabras de Harry aún resonaban en el aire, suspendidas como si no pudieran escapar de la tensión palpable que había dejado tras de sí. Nadie se movía, como si cualquier gesto rompiera el hechizo que acababa de conjurar con su discurso. Los aplausos que normalmente seguirían a una intervención en eventos como este se quedaron atrapados en las manos de los asistentes, a medio camino entre las palmas, sin encontrar un ritmo.

Hermione, a un costado del escenario, observaba a Harry con el corazón en la garganta. Sabía que sus palabras causarían un impacto, pero no había anticipado el nivel de franqueza y cruda verdad que él había desatado. A su alrededor, la élite del mundo mágico parecía congelada en sus asientos, con los rostros pálidos de incertidumbre. Muchos miraban a los demás en busca de una señal, un indicio de qué hacer o cómo reaccionar.

El Ministro de Magia, Kingsley Shacklebolt, fue uno de los primeros en parpadear, pero incluso él parecía incómodo, con la mandíbula tensa mientras trataba de procesar las palabras que Harry acababa de pronunciar. No era el discurso que esperaban; no era una celebración del triunfo, sino un desafío, un recordatorio de que la verdadera lucha aún no había terminado. Algunos en la audiencia intercambiaron miradas, inseguras si lo que sentían era aprobación, indignación o una mezcla de ambas.

Ron, de pie junto a Hermione, también permanecía inmóvil. Conocía a Harry lo suficiente como para prever que no haría lo que todos esperaban, pero incluso para él, había sido un golpe directo. Los murmullos comenzaron a surgir desde el fondo de la sala, un rumor de incertidumbre que se extendía lentamente.

Finalmente, alguien aplaudió, tímidamente, como probando el aire. La mayoría miró en dirección al sonido, pero pocos se atrevieron a unirse. Aquellos que lo hicieron, lo hicieron con vacilación, golpeando sus manos juntas con una falta de convicción palpable. Los aplausos se escucharon de manera desigual, a destiempo, como si no pudieran encontrar la energía para coordinarse. De a poco, la euforia de quienes más se sintieron identificados explotó y los vítores de celebración y aprobación crecían. Kingsley sonrió y de pie celebró el discurso aunque por dentro había una desazón que lo estaba carcomiendo. 

Hermione, desde su lugar en la mesa principal, observaba la escena con una mezcla de orgullo y preocupación. Sabía que el discurso de Harry no dejaría a nadie indiferente, pero la respuesta del público había sido incluso más tensa de lo que esperaba. Los rostros de algunos asistentes estaban congelados entre la duda y la sorpresa, como si intentara procesar lo que acababan de escuchar.

Harry permanecía en el podio con su mirada fija en el público. Kingsley, todavía de pie recibió a Harry cuando se bajó del podio y  dejó que una carcajada ligera, forzada, escapara de sus labios. "Bien dicho, Harry," murmuró, lo suficientemente alto como para que algunos cercanos a él lo escucharan, pero la tensión en sus hombros era evidente. Su mirada buscó a Hermione, y cuando la encontró, compartieron un breve, pero significativo, intercambio de pensamientos. Sabían que el discurso de Harry no solo remecería las conciencias de los que escuchaban, sino que podría agitar aún más las aguas políticas.

En una esquina de la sala, varios de los viejos miembros del Wizengamot cuchicheaban entre ellos, lanzando miradas furtivas hacia Harry y Hermione. Sus expresiones eran severas, casi indignadas, como si la mera insinuación de que no habían hecho lo suficiente fuera un insulto personal. Hermione lo notó, apretando los puños bajo la mesa, sabiendo que las cosas se complicarían en los días por venir. Harry se acercó a Hermione, aunque las ovaciones seguían creciendo, había algo innegablemente incompleto en la respuesta de la multitud. Una división silenciosa comenzaba a formar grietas en la celebración. Mientras se sentaba, Hermione le dedicó una mirada comprensiva.

“Sabías que no sería fácil,” - murmuró ella en voz baja. Harry se limitó a asentir, sin apartar la vista del público. "No, no lo es... pero es la verdad” - dijo y los dos compartieron un silencio pesado - “Tenemos que estar más unidos que nunca” - dijo Hermione mientras le tomaba las manos tanto a Ron como a Harry. Ellos serían nuevamente la cara de la revolución. - “Esperemos que ahora no seamos marcados como indeseables número 1, 2 y 3”- dijo Ron. 

“Idiota” - susurro Harry y en medio de toda la tensión, los tres se carcajearon. Mientras el público comenzaba a dispersarse, un grupo se movía más rápido, como si tuvieran una urgencia diferente. Las miradas esquivas y los murmullos apenas disimulados de algunos de los presentes no pasaron desapercibidos para Hermione, especialmente cuando reconoció a Nott, Goyle y otros que habían tenido lazos con los antiguos regímenes de sangre pura. Se movieron como una sombra coordinada, deslizándose hacia una salida lateral, evadiendo cualquier interacción directa.

"Ellos no van a quedarse de brazos cruzados," dijo Hermione en voz baja, su mirada afilada siguiendo el movimiento de los supremacistas. Sabía lo que estaba por venir.

"No, no lo harán," murmuró Harry, finalmente apartando la vista del público y mirando directamente a ella. "Pero tampoco lo haremos nosotros."

Ambos sabían que su discurso no había sido solo una llamada de atención para el mundo mágico, sino una chispa que podría incendiar viejos conflictos. Las palabras que Harry había pronunciado esa noche resonaban más allá de las paredes del salón; ahora se cernían como una amenaza sobre aquellos que se aferraban a un pasado que se desmoronaba.

Al otro lado de la ciudad, en una sala privada, ese mismo grupo de supremacistas ya se estaba reuniendo, planificando su próxima jugada. Las paredes de madera oscura y los retratos antiguos de magos de linajes puros parecían absorber cada palabra, cargadas de desprecio. El sonido de las copas de whisky chocando levemente sobre la mesa, junto con el crepitar del fuego, eran las únicas fuentes de ruido que interrumpían el pesado silencio que había dominado desde que terminó el discurso de Harry Potter

"¿Lo escuchaste? ¿Lo viste? Ese traidor... ese miserable traidor está diciendo todo lo que pensamos que nunca tendría el valor de decir," murmuró Goyle, su voz entre dientes. Golpeó su copa contra la mesa, derramando un poco del líquido ámbar. "Nos está señalando a todos. Dice que somos la raíz de los problemas, que nosotros, los de sangre pura, somos los culpables."

"¿Y acaso no es lo que siempre ha insinuado?" replicó Nott, sentado en una esquina, su postura relajada pero sus ojos brillando con rabia contenida. "Potter nunca ha sido uno de los nuestros. Nunca lo fue, ni siquiera cuando lo celebraban como el héroe. Es solo cuestión de tiempo antes de que su odio hacia nosotros se vuelva más... evidente."

"Más evidente que esto," añadió otra voz, más suave pero igualmente venenosa. Bellatrix Lestrange no estaba, pero su legado vivía en su descendencia, y Rodolphus, aunque envejecido, aún conservaba un aire de peligro y frialdad. "Lo que más me preocupa no es lo que ha dicho, sino cómo lo ha dicho. Ese maldito sabe manejar a la multitud. Puede que haya causado revuelo esta noche, pero el caos es solo temporal. Sus palabras resonarán, y, si no hacemos nada, en unos meses todos los que estaban allí hoy creerán cada palabra. Nos aislarán más de lo que ya lo hacen."

La sala quedó en silencio tras esa declaración. El fuego crujió más fuerte, y los rostros de los presentes, iluminados por las llamas, se oscurecieron con la sombra de la incertidumbre. No era común que los de sangre pura estuvieran de acuerdo en algo, pero todos sabían que las palabras de Potter eran un problema creciente.

"El problema es que no está solo," intervino un hombre más joven desde el fondo de la sala. Lucius Malfoy había caído en desgracia después de la guerra, pero su hijo Draco, aunque distante de su padre en muchos aspectos, aún mantenía las conexiones y el linaje. "Granger. Ella está detrás de todo esto. No es solo Potter. Ella le susurra al oído, construye sus argumentos, planta las ideas en su cabeza."

"Granger es el verdadero peligro," dijo una mujer desde el otro lado de la mesa. Era una bruja de aspecto elegante, su cabello recogido en un moño apretado, una mirada dura y fría en su rostro. "Es más peligrosa que Potter porque sabe cómo moverse entre nosotros. Conoce el sistema, sabe manipularlo. Si dejamos que siga avanzando, terminará en el cargo de Ministra. ¿Y entonces qué? ¿Vamos a quedarnos de brazos cruzados mientras una sangre sucia gobierna nuestro mundo?"

Hubo murmullos de aprobación, mezclados con indignación. Las ideas flotaban en la sala como un humo venenoso, creciendo en intensidad, alimentadas por el odio y la desesperación de mantener su estatus intacto.

"Debemos hacer algo ahora," sentenció Rodolphus, inclinándose hacia adelante. "No podemos permitir que esto continúe. Lo que Potter y Granger han hecho hoy es una declaración de guerra. No han usado esas palabras, pero lo que quieren es destruir lo que queda de nuestra sociedad. Si permitimos que sigan, todo por lo que hemos luchado será borrado."

Yaxley asintió lentamente, su semblante oscuro. "Acción directa. No hay otra opción. Tenemos que adelantarnos antes de que logren consolidar el apoyo."

"Pero no podemos actuar precipitadamente," dijo Draco, interrumpiendo. "Si nos movemos sin cuidado, solo les daremos más razones para señalarnos como el problema. Necesitamos ser sutiles, pero implacables."

Los rostros se volvieron hacia él, algunos con sorpresa, otros con respeto. Era evidente que Draco había aprendido de las caídas de su padre. No se trataba solo de rabia o poder bruta, sino de astucia.

"Primero Granger," murmuró la mujer de cabello recogido. "Potter puede ser el héroe, pero ella es la estratega. Si conseguimos eliminar su influencia, él caerá solo."

Un silencio calculado envolvió la sala mientras todos consideraban sus próximos movimientos. Sabían que lo que hacían no solo era por ellos, sino por todo lo que representaban: la preservación de un mundo que se tambaleaba ante el cambio.