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Harry Potter y el extraño misterio de porque Draco Malfoy es tan lindo

Summary:

El cuarto año en Hogwarts aún no comenzaba, y Harry no esperaba que la primera cosa en su mente al ver a Malfoy durante la Copa Mundial de Quidditch fuera lo lindo que se veía.

Era ridículo. En solo un verano, Malfoy había cambiado, pero no de la manera en que uno espera que cambien los enemigos de toda la vida. Su cabello, ahora le tocaba los hombros, tenía un aire más natural, y la luz de las velas resaltaba sus facciones de una forma irritantemente favorecedora.

Notes:

Empieza el cuarto año, y estoy muy emocionada por escribir esto porque todas las ideas que tengo son simplemente wow. Espero que hayan disfrutado el año anterior. Sé que quizás faltaron más escenas entre Harry y Draco, pero es un slow burn, así que este es el ritmo más rápido al que puede avanzar.

También me gusta escribir desde la perspectiva del Niño que Vivió, pero, aun así, habrá pequeños POV de Draco en esta historia.

Primera parte de esta obra: https://archiveofourown.org/works/63161479/chapters/161757475

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Primera carta – De Harry a Draco

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Malfoy,

Supongo que sigues vivo, ¿o tu padre decidió enterrarte en los jardines de la mansión después de lo que pasó? Si es así, por favor avísame, sería una lástima que toda tu arrogancia se desperdicie bajo tierra.

Voy al Mundial de Quidditch. Imagino que tú también, seguro en un lugar lleno de lujos y todo eso.
Pero ya enserio, ¿cómo fue tu regreso a casa? ¿Estas bien? No puedo imaginar que tu padre estuviera muy feliz.

—Harry
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Potter,

Vaya, nunca pensé que recibiría una carta tuya. ¿Esto es alguna especie de plan para espiarme o simplemente me extrañas?

Y no, no estoy enterrado en los jardines (aunque si lo estuviera, probablemente tendría la tumba más impresionante que hayas visto). Mi padre no estaba exactamente encantado, pero ¿cuándo lo está? No es como si hubiera esperado una ovación. Mi madre se preocupó, digamos que no estaba exactamente encantada con mi forma de ponerme en peligro. Pero después de un par de discursos sobre mi seguridad, muchas miradas desaprobatorias por ponerme en peligro y una charla más larga de lo que me gustaría admitir con el tío sev, todo volvió a la normalidad.

Por supuesto que voy al Mundial. No sé dónde piensas que me sentaría, pero dudo que sea en el mismo lugar que tú… aunque quién sabe, la vida tiene una forma extraña de arruinarme los planes.

—Draco Lucius Malfoy
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Malfoy,

Vaya, casi suenas como una persona normal en tu carta. ¿Estás seguro de que eres tú y no algún elfo doméstico escribiendo por ti?

No sé por qué, pero me imagino a tu padre mirándote con su cara de desaprobación permanente cada vez que pasas por su lado. ¿Te ha dicho algo directamente o solo te lanza miradas fulminantes desde la distancia?

Dejando eso de lado, ¿qué tal tu verano en general? Seguramente mejor que el mío. Los Dursley están igual que siempre: ignorándome hasta que necesitan que haga algo por ellos. En fin, espero que respondas. Aunque sea para decirme que no quieres recibir más cartas.

—Harry.
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Potter,

Oh, por favor, un elfo doméstico nunca tendría una caligrafía tan extraordinaria como la mía muy contrario a la tuya que es un desastre, porfavor aprende a escribir.

Y sí, mi padre me ignora, en el sentido de “hago como si no existieras”, porque le de mucha pena mirar a los ojos a su hijo traidor a la sangre. Madre intenta hacer que todo parezca normal, pero la conozco demasiado bien. No me deja solo mucho tiempo, como si tuviera miedo de que haga algo estúpido.

Ah, y sí, mi verano sigue siendo fascinante. Hoy vi a un pavo real en el jardín. Fue lo más emocionante de la semana.

—Draco Lucius Malfoy
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Malfoy,

No sé qué me sorprende más: que hayas gastado tinta en criticar mi caligrafía o que hayas escrito tu nombre completo como si fueras de la realeza.

Lo de tu padre suena… bueno, peor de lo que imaginaba. No sé cómo debe ser que tu propio padre te ignore, pero si quieres que me burle de él para animarte, dime y lo haré con mucho gusto. También puedo mandarte una foto de los Weasley en Egipto para que le dé algo cuando la vea.

Por cierto, un pavo real, ¿eh? Suena absolutamente fascinante. ¿Se te acercó? ¿Te miró con su aire de superioridad? Si es así, seguro se sintió identificado contigo.

—Harry.
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Potter,

Agradezco tu observación sobre mi caligrafía, aunque es un detalle tan irrelevante que casi me hace pensar que en el fondo te preocupas por esos pequeños detalles.

No todos tienen la suerte de heredar un nombre tan digno. Pero, claro, un nombre como el tuyo debe tener sus ventajas, como que no se olvida fácilmente.

La foto de los Weasley me encantaría la voy a colgar en mi puerta para que mi padre la vea todos los días seguro mejora su humor

Y sobre el pavo real, sí, efectivamente, se mostró muy orgulloso de sí mismo. Se paseó con todo el aire de “soy mejor que tú”, y, para ser sincero, me recordó a alguien. No diré nombres, pero ya sabes a quién me refiero. Si alguna vez necesitas un espejo, ese pavo real sería ideal.

—Draco Lucius Malfoy
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Harry se echó a reír cuando terminó de leer la última carta que le había mandado Malfoy. No sabía cómo había llegado al punto de intercambiar correspondencia con Draco Malfoy, pero no le importaba; era muy divertido. Así que, con una sonrisa en el rostro, agarró papel y pergamino para responderle a Malfoy.

Malfoy,

¿Qué se siente tener que soportar a tu padre sin opción a escapar?…..

Potter,

¿Qué se siente no tener sirvientes en Privet Drive?…..

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El día de su cumpleaños, Harry recibió felicitaciones de Ron y Hermione como siempre, pero no se esperaba recibir nada de parte de Malfoy. Cuando llegó esa lechuza que ya conocía perfectamente, acompañada de un paquete y una carta, no pudo evitar recibirla con una sonrisa.

Potter,

Feliz cumpleaños, scarhead. Espero que aprecies el buen gusto de mi madre por los macarons; ella los eligió para ti después de todo, te manda buenos deseos.

Estoy en Francia, por cierto. Madre y yo nos dimos una escapada a nuestra villa, y sí, respondiendo a la pregunta que te planteas, ha sido maravilloso escapar de padre por un rato.

El otro regalo lo escogí yo, para que practiques desde ahora, porque te voy a vencer en el siguiente partido que tengamos.

Harry miró la caja de macarons que parecía muy cara, comió uno que sabía a cielo y los escondió, ya que los Dursley nunca le permitirían tener algo tan bueno. Luego abrió el segundo paquete, y una snitch salió volando, revoloteando alrededor de él. Cuando intentó atraparla, se hizo más rápida. Después de un rato de persecución, logró atraparla.

Pd: Espero que esa snitch sea tan molesta como tú.

—Draco Lucius Malfoy
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Harry se encontraba acostado, jadeando como si hubiera estado corriendo. La cicatriz en su frente ardía intensamente. Se incorporó en la cama y se tocó la cicatriz, sintiendo el dolor punzante. Buscó sus gafas en la mesita de noche y, al ponérselas, el dormitorio se volvió un poco más nítido, iluminado por una luz anaranjada filtrada desde la farola de la calle.

Aún tocándose la cicatriz, intentó recordar el sueño que acababa de tener. Había sido tan real… Una estancia oscura, una serpiente, Colagusano, y la voz fría de Voldemort. La sensación de hielo en su estómago lo hizo estremecer. Trató de recordar qué aspecto tenía Voldemort, pero no pudo. Solo recordaba un hombre mayor cayendo al suelo y una conversación sobre alguien a quien habían matado y un nuevo asesinato planeado: el suyo.

Harry se levantó y observó a su alrededor: su dormitorio, lleno de objetos de magia, como su caldero y escoba, y el libro de Quidditch sobre su mesa. Cerró el libro de golpe y, preocupado, miró por la ventana hacia Privet Drive. La calle estaba desierta, como siempre a esas horas.

De vuelta en la cama, Harry se tocó la cicatriz otra vez. No era el dolor lo que le inquietaba, sino el hecho de que la última vez que le dolió fue cuando Voldemort estaba cerca. Pero no podía ser… Voldemort no podía estar allí, en Privet Drive.

Se reprimió mentalmente al escuchar el ronquido de Dudley. Se estaba comportando como un estúpido. Los Dursley dormían tranquilamente, como siempre. Pero cuando pensaba en su cicatriz, no podía evitar preguntarse si Voldemort estaba cerca.

Abatido, volvió a repasar con la vista los objetos del dormitorio, y sus ojos se detuvieron en las tarjetas de felicitación que sus amigos le habían enviado a finales de julio, por su cumpleaños. ¿Qué le contestarían ellos si les escribía y les explicaba lo del dolor de la cicatriz?

Harry se rió solo en la oscuridad. Luego, pensó en lo que haría si les escribiera sobre su dolor de cicatriz. Se imaginó la reacción de Hermione: ”¿Que te duele la cicatriz? ¡Harry, eso es gravísimo! Tienes que escribir a Dumbledore ya mismo. Mientras tanto, yo buscaré en el libro de Enfermedades Mágicas…”

Harry rodó los ojos, sonriendo ante la imagen de Hermione preocupada.

En cuanto a Ron, seguramente diría: ”¿Que te duele la cicatriz? Pero no puede ser que Quien-tú-sabes esté cerca, ¿verdad? Quiero decir, ¿no habrías notado algo? Seguramente intentaría matarte, ¿no?” Se imaginó a Ron rascándose la cabeza, buscando alguna explicación lógica mientras intentaba calmarse.

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Malfoy,

¿Cómo sigue Francia? ¿Sigues rodeado de lujos en tu gran mansión? Quería saludarte y también mandarle saludos a tu madre de nuevo.

Aquí todo sigue como siempre. La dieta de Dudley no va demasiado bien y es un fastidio. Mi tía lo descubrió ayer escondiendo unas rosquillas en su habitación. Le dijeron que tendrían que rebajarle la paga si seguía haciéndolo, y él se puso como loco y tiró la videoconsola por la ventana. Es una especie de ordenador en el que se puede jugar. La verdad es que es un idiota, realmente un gran idiota, porque ahora ni siquiera puede evadirse con su Mega-Mutilation, tercera generación.

Yo estoy bien, pero esta mañana me ha pasado algo raro. Mi cicatriz me ha vuelto a doler. La última vez que ocurrió fue porque Voldemort estaba en Hogwarts, en la cabeza de Quirrell. Pero supongo que es imposible que él ronde por aquí ahora, ¿verdad? ¿Sabes si es normal que las cicatrices producidas por maldiciones duelan años después?

Pd: estaré en casa de Ron ahí pasaré el resto del verano

—Harry
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Sí —pensó Harry—, no está mal así. No había por qué explicar lo del sueño, pues no quería dar la impresión de que estaba muy preocupado. Plegó el pergamino y lo ato a la pata de Hedwig y la vio volar por la ventana. Luego se puso de pie, se desperezó y abrió de nuevo el armario. Sin mirar al espejo, empezó a vestirse para bajar a desayunar.

Harry llegó a la cocina y encontró a los Dursley en la mesa, ignorándolo como de costumbre. Dudley estaba de mal humor desde que su informe escolar había llegado y, como consecuencia, toda la familia seguía una dieta estricta que parecía más un castigo que una solución. Harry recibió su ración—un mísero trozo de pomelo—pero no se quejó, sabiendo que tenía un buen alijo de comida escondido en su habitación, cortesía de sus amigos.

Justo cuando tío Vernon resoplaba molesto ante su desayuno insatisfactorio, llamaron a la puerta. Se levantó refunfuñando, y Harry escuchó un intercambio breve en la entrada antes de que su tío regresara con el rostro lívido y una carta en la mano.

—¡Tú! —bramó, arrastrándolo a la sala.

Harry apenas tuvo tiempo de preguntarse qué había hecho ahora antes de que su tío agitara el sobre frente a él.

—Una carta sobre ti —gruñó.

Harry leyó la firma de inmediato: Molly Weasley. Se contuvo para no sonreír mientras Vernon leía en voz alta la invitación a la Copa Mundial de Quidditch. Intentó mantenerse neutral, pero cuando su tío terminó, decidió ir al grano.

—¿Entonces, puedo ir?

El rostro de Vernon se contrajo en una mueca. Harry podía ver la lucha interna: permitirlo significaba dejarlo disfrutar, pero también deshacerse de él antes de tiempo. Para ganar tiempo, su tío inspeccionó la carta, gruñendo sobre “esos pelirrojos” y poniendo cara de disgusto al leer la palabra “quidditch”.

—¿Qué es eso?

Harry apenas pudo ocultar su irritación.

—Un deporte.

—¡Vale, vale! —cortó tío Vernon, aterrorizado de que mencionara escobas voladoras.

Pero Harry ya había decidido no dejar que esto se alargara.

—Si no puedo ir, supongo que tendré que decírselo a mi padrino… Sirius.

El color desapareció instantáneamente del rostro de Vernon. Harry observó, divertido, cómo su tío procesaba lo que eso significaba. Si no lo dejaba ir, Sirius pensaría que lo estaban maltratando. Si no lo dejaba escribirle, pensaría lo mismo. La conclusión era inevitable.

—Bien, de acuerdo —gruñó finalmente—. Pero que vengan a recogerte.

Harry asintió con total normalidad, pero apenas salió al recibidor, no pudo evitar sonreír. Dudley lo observaba con anticipación, esperando verlo castigado.

—¡Qué buen desayuno!, ¿verdad? Estoy llenísimo —dijo Harry, disfrutando la confusión de su primo antes de subir corriendo las escaleras.

¡Lo había conseguido! Iba a la Copa Mundial de Quidditch.

Subió corriendo a su habitación y lo primero que vio fue que Hedwig ya había regresado. Estaba en la jaula, mirando a Harry con sus enormes ojos ambarinos y chasqueando el pico como hacía siempre que estaba molesta. Harry no tardó en ver qué era lo que le molestaba en aquella ocasión.
—¡Ay! —gritó.
Acababa de pegarle en un lado de la cabeza lo que parecía ser una pelota de tenis pequeña, gris y cubierta de plumas. Harry se frotó con fuerza la zona dolorida al tiempo que intentaba descubrir qué era lo que lo había golpeado, y vio un búho diminuto, lo bastante pequeño para ocultarlo en la mano, que, como si fuera un cohete buscapiés, zumbaba sin parar por toda la habitación. Harry se dio cuenta entonces de que el búho había dejado caer a sus pies una carta. Se inclinó para recogerla, reconoció la letra de Ron y abrió el sobre. Dentro había una nota escrita apresuradamente:

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Harry: ¡MI PADRE HA CONSEGUIDO LAS ENTRADAS! Irlanda contra Bulgaria, el lunes por la noche. Mi madre les ha escrito a los muggles para pedirles que te dejen venir y quedarte. A lo mejor ya han recibido la carta, no sé cuánto tarda el correo mug​gle. De todas maneras, he querido enviarte esta nota por medio de Pig.
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Harry reparó en el nombre «Pig», y luego observó al diminuto búho que zumbaba dando vueltas alrededor de la lámpara del techo. Nunca había visto nada que se pareciera menos a un cerdo. Quizá no había entendido bien la letra de Ron. Siguió leyendo:

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Vamos a ir a buscarte tanto si quieren los muggles como si no, porque no te puedes perder los Mundiales. Lo que pasa es que mis padres pensaban que era mejor pedirles su consentimiento. Si dicen que te dejan, envía a Pig inmediatamente con la respuesta, e iremos a recogerte el domingo a las cinco en punto. Si no te dejan, envía también a Pig e iremos a recogerte de todas maneras el domingo a las cinco.
Hermione llega esta tarde. Percy ha comenzado a trabajar: en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional. No menciones nada sobre el extranjero mientras estés aquí a menos que quieras que te mate de aburrimiento.
Hasta pronto,
Ron
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—¡Cálmate! —dijo Harry al pequeño búho, que revoloteaba por encima de su cabeza gorjeando como loco (Harry supuso que era a causa del orgullo de haber llevado la carta a la persona correcta)—. ¡Ven aquí! Tienes que llevar la contestación.
El búho revoloteó hasta posarse sobre la jaula de Hedwig, que le echó una mirada fría, como desafiándolo a que se acercara más. Harry volvió a coger su pluma de águila y un trozo de pergamino, y escribió:

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Todo perfecto, Ron: los muggles me dejan ir. Hasta mañana a las cinco. ¡Me muero de impaciencia!
Harry

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Plegó la nota hasta hacerla muy pequeña y, con inmensa dificultad, la ató a la diminuta pata del búho, que aguardaba muy excitado. En cuanto la nota estuvo asegurada, el búho se marchó: salió por la ventana zumbando y se perdió de vista.
Harry se volvió hacia Hedwig.
—¿Estás lista para un viaje largo? —le preguntó.
Hedwig ululó henchida de dignidad.
—¿Puedes hacerme el favor de llevar esto a Sirius? —le pidió, cogiendo la carta—.

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Querido Sirius:
Gracias por tu última carta. Vaya pájaro más grande: casi no podía entrar
por la ventana.
Aquí todo sigue como siempre. La dieta de Dud​ley no va demasiado
bien. Mi tía lo descubrió ayer escondiendo en su habitación unas rosquillas que había traído de la calle. Le dijeron que tendrían que rebajarle la paga si seguía haciéndolo, y él se puso como loco y tiró la videoconsola por la ventana. Es una especie de ordenador en el que se puede jugar. Fue algo bastante tonto, realmente, porque ahora ni siquiera puede evadirse con su Mega-Mutilation, tercera generación.
Yo estoy bien, sobre todo gracias a que tienen muchísimo miedo de que aparezcas de pronto y los conviertas en murciélagos.

¿como está el profesor lupin por cierto?

Si quieres ponerte en contacto conmigo, estaré en casa de mi amigo Ron hasta el final del verano. ¡Su padre nos ha conseguido entradas para los Mundiales de quidditch!
Una vez concluida la carta, la ató a una pata de Hedwig, que permanecía más quieta que nunca, como si quisiera mostrar el modo en que debía comportarse un búho mensajero.
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—Estaré en casa de Ron cuando vuelvas, ¿de acuerdo? —le dijo Harry.
Ella le pellizcó cariñosamente el dedo con el pico y, a continuación, con un zumbido, extendió sus grandes alas y salió volando por la ventana.
Harry la observó mientras desaparecía. Luego se metió debajo de la cama, tiró de la tabla suelta y sacó sus caja de macarrones. Se los comió sentado en el suelo, disfrutando de la felicidad que lo embargaba: tenía caros macarrones franceses, mientras que Dudley sólo tenía pomelo; era un radiante día de verano; se iría de casa de los Dursley al día siguiente, la cicatriz ya había dejado de dolerle e iba a presenciar los Mundiales de quidditch. Era difícil, precisamente en aquel momento, preocuparse por algo. Ni siquiera por lord Voldemort.