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Tomó un borde de la bufanda y tiró lo suficiente para poder ver su cuello en el espejo. La imagen lo puso un poco nervioso y acomodó la prenda con cuidado, ajustando el broche de tal manera que la tela no quedara demasiado holgada.
La bufanda escarlata era un símbolo, su título como Campeón de los Hijos de Calidón, por eso siempre la llevaba puesta alrededor de su cuello, llamativa, aún cuando el calor en la periferia se volvía insoportable a veces. No había momento en que Lighter no vistiera tan preciada prenda, excepto cuando tenía que llevarla a la tintorería o cuando estaba en su habitación, un lugar donde nadie podría verle...
De repente escuchó a César en la habitación, llamando por él, y se apresuró en terminar de acomodar la bufanda.
—Ah, aquí estás —dijo la fémina cuando finalmente le vio.
—César, ¿qué ocurre? —preguntó tras ponerse sus gafas oscuras.
—Big Daddy te está buscando.
Ambos salieron de la habitación pero César tomó otro rumbo para encontrarse con las chicas en la barra.
Más allá vió al semihumano, cerca del elevador. Le dedicó un saludo con una de sus manos antes de saludarle verbalmente.
—¿Hay trabajo esta noche? —buscó su mirada detrás de los lentes oscuros.
—Así es, pero esta vez te acompañaré —dio un paso dándole a entender que era tiempo de partir.
Esa era una ocasión extraordinaria. El jabalí no le había acompañado en sus trabajos nocturnos desde la primera semana en que asumió su papel de Campeón. Siguió de cerca la motocicleta del mayor, observando su amplia espalda, perdiéndose en sus recuerdos, consciente de que se estaba distrayendo del objetivo principal apretó la marcha y se colocó al lado derecho del jabalí.
Aunque Big Daddy le acompañó, todo el trabajo lo hizo él, recargado sobre su motocicleta el más alto le observó. Por un instante se sintió de nuevo en el cuadrilátero, derrotando a cada uno de sus contrincantes, manteniéndose invicto, esperando los vítores del público.
—Sigues tan vistoso como antes —escuchó de repente cuando cayó el último de sus oponentes.
Lighter no pudo responder por la reciente agitación, estaba sudoroso y acalorado, así que comenzó a quitarse la chaqueta de cuero, dejando la bufanda en su lugar. Sin darse cuenta el jabalí se acercó a él por la espalda y dio un respingo cuando sintió el tacto ajeno en su nuca.
—¿No te la quitas? —agarró la bufanda por el borde.
Lo miró de reojo —¿En serio lo preguntas?
Detrás de las gafas no podía ver sus ojos, pero por su lenguaje corporal debió haber parpadeado confundido. Suspiró y comenzó a desabrochar la bufanda mientras sentía el calor subir hacia su rostro, pintando la punta de sus orejas. Cuando finalmente quitó la prenda mantuvo la cabeza baja, mostrando más la piel descubierta de su cuello.
Escuchó un quedo 'Oh' en el rumor de la respiración ajena y se sintió más avergonzado.
El cuello de Lighter estaba cubierto con marcas de besos y colmillos, nubes rojas y púrpuras que resaltaban en su clara tez. Hasta ese momento no estaba seguro si el mayor hacía las marcas a consciencia, dado que siempre vestía la bufanda escarlata, tenía que admitir que era una sorpresa saber que simplemente fue una extraña coincidencia.
Big Daddy dio un paso más, acortando la distancia entre ellos y percibió su amplia figura inclinarse sobre él, tembló cuando el aliento ajeno chocó contra su piel descubierta y sufrió un espasmo que le hizo encogerse de hombros. El jabalí aspiró el aroma de su piel caliente y dio un lametazo sobre una de las marcas que había dejado un par de noches atrás, por un momento percibió el filo de sus dientes y Lighter ahogó un gemido. Una de las manos ásperas del mayor rodeó su cuello, dibujando cada marca y las piernas del menor perdieron fuerza.
El semihumano suido lo alcanzó a sostener antes de que cayera por completo.
—¿Deberíamos irnos?
Lighter asintió con la cabeza mientras el jabalí volvía a poner la bufanda en su cuello, la cual ya no era sólo un símbolo, sino también un inesperado confidente.
