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El cumpleaños de Lucas se acercaba, Kaito lo tenía marcado en el calendario. Todavía no sabía qué podría ser un buen obsequio; conociéndolo, le diría que su compañía es suficiente y no hace falta nada material. Podría esto último ser cierto, ¿qué le haría falta a un chico de familia acaudalada como Lucas? Vestía ropa de marcas reconocidas y de las más finas telas y el teléfono que usaba no tenía nada que envidiarle al de Kaito. Incluso si necesitara algo, el precio saldría de su presupuesto así que no tenía alternativa sino apelar al lado sentimental.
Compró los ingredientes para hornear un pastel en la tienda del campus y pidió prestada la cocina. Mientras lo preparaba, tarareaba la melodía de una canción que escuchó temprano en un video de TikTok e imaginaba cuáles serían las posibles reacciones del moreno cuando recibiera el pastel. Se preguntó si Lucas era capaz de conmoverse hasta el llanto o lo aceptaría con una cálida sonrisa, de aquellas que lo hacían resemblar a un príncipe de cuento de hadas y que a Kaito le provocaba mariposas en el estómago. Había visto, también en la red social de videos cortos, que las «mariposas» no era otra cosa más que ansiedad y una señal del inconsciente advirtiéndole que estaba en peligro. Sin embargo, a pesar de las imprudencias de Lucas, él nunca se había sentido a salvo con otra persona de la manera que se sentía con su novio. No porque Lucas lo protegiera y defendiera en situaciones de vida o muerte —que a menudo ocurrían— pero en actos inocuos como tomarse de las manos, dormir abrazados o al tener sexo.
Kaito se sonrojó al recordar a Lucas encima de él, mirándolo con esos luceros de cachorro, sudando y diciéndole que todo estaría bien la primera vez que lo hicieron. Y fue así. No intentó presionarlo, nunca lo ha intentado. El pecoso creía que era afortunado.
El sonido del horno anunciando que el pastel está listo lo sacó de sus pensamientos. Se puso los guantes y después de sacarlo, colocó el pastel sobre la mesa.
Miró con detenimiento el pastel por unos segundos, meditando qué ponerle además del cliché mensaje «Feliz cumpleaños».
—Luca siempre se comporta como un perrito… Quiero decir, no lo es, tan solo que…
Y evocó imágenes de Lucas pidiéndole afecto durante los ratos que pasaban a solas. No decía nada, simplemente lo abrazaba y restregaba la mejilla contra el pecho u hombro de Kaito según estuvieran acomodados en la cama.
Tragó saliva. Tendría que sacar a relucir las pocas habilidades artísticas que tenía. Si salía mal, no se permitiría burlarse de los dibujos de Lucas otra vez.
Fue así como a la mañana siguiente se levantó temprano y en cuclillas caminó hasta la habitación del otro ghoul. Tocó la puerta apenas haciendo ruido y esperó una respuesta. Le sudaban las manos de los nervios, temía que la charola con el pastel se le resbalara de las manos y esto aumentaba su ansiedad. Lucas abrió la puerta somnoliento, previniendo cualquier tragedia y mientras espabilaba, Kaito le extendió el dulce.
—F-feliz cumpleaños, Luca. Preparé esto para ti —dijo con una torpe sonrisa.
El resultado final tenía «Feliz cumpleaños» y abajo el dibujo de un perro de raza husky que Kaito trazó con esfuerzo y cuidado, logrando un resultado decente. Lucas, recién despierto, tardó en comprender qué estaba ocurriendo. Ni bien terminó de procesar la escena frente a él, le sonrió a su novio y se hizo a un lado invitándolo a pasar.
—Ven, desayunemos juntos una rebanada y un poco de té —dijo con una ligera sonrisa en los labios—. Perdón, no te esperaba tan temprano.
—Lo siento, debí esperar a la hora del almuerzo —Se disculpó poniendo el regalo encima de una mesa elegante de madera oscura que tenía Lucas en su cuarto, junto a dos sillas revestidas de tela con patrones florales—. Sólo que… Bueno, quería ser el primero en felicitarte —murmuró desviando la mirada, a lo que Lucas rió.
—Lo lograste, eres el primero en desearme un feliz cumpleaños —Se acercó a él para envolverlo en un cálido abrazo—. Gracias, Kaito. Dijiste que tú lo preparaste, ¿no? Debe estar delicioso.
—Vamos, no es para tanto —El rubor se extendió por todo su rostro mientras Lucas lo tomaba de la mano y lo llevaba hasta una de las sillas en tanto preparaba el té.
—Tú sabes que amo tus dulces —Le recordó vertiendo agua en la tetera—. ¿Puedo preguntar de qué es?
—Está relleno de crema y fresas, el pan es de vainilla y la cubierta es la que cualquier otro pastel tendría —explicó—. Las letras y el dibujo tienen un poco de chocolate.
—¡Ah! No había notado el perrito, ¿se supone que soy yo? No sabía que dibujaras tan bien, Kaito.
—Supongo que algo me ha dejado dibujar en clase y no tomar notas —dijo restándole importancia.
En la mesa, Lucas posó dos pequeñas tazas de porcelana, los terrones de azúcar y la tetera con el té ya listo para servirse.
—¿Sabes? Tenía tiempo sin despertar con alguien deseándome feliz cumpleaños o con un pastel —mencionó. Un atisbo de nostalgia pudo percibir Kaito en su expresión—. Ah, se supone que debería estar riendo, ¿no? —Bajo la mirada un poco avergonzado.
—No te preocupes —Kaito extendió su mano para tomar la de Lucas—. Es por tu familia, en especial tu gemelo, ¿cierto? Debieron celebrar muchos cumpleaños juntos.
—A veces me siento culpable por ser el único que celebre este día —confesó mordiéndose el labio inferior—. Mientras que él… Él no puede hacerlo tal vez.
—Algún día podrán celebrarlo juntos de nuevo, Luca —Intentó darle ánimos aun cuando se le estrujaba el corazón verlo triste.
—Lo sé —Aspiró hondo y recuperó la calma. Liberó la mano de Kaito y al servir el té arqueó una ceja—. ¿No me cantarás la canción del cumpleaños?
—¿Cantar?
—Me haría feliz escucharte.
De no ser por la escena de un minuto atrás, Kaito se habría negado. No obstante, por esa ocasión decidió ceder y tras aclararse la garganta comenzó a aplaudir y entonar.
—Feliz cumpleaños a ti, que la pases feliz. Feliz cumpleaños querido Luca, feliz cumpleaños a ti ~
Junto a él, Lucas aplaudió al tiempo que una sonrisa se ensanchaba en su rostro. Por otro lado, Kaito estaba muriéndose de la vergüenza por dentro sin tener donde esconderse.
—¡Qué adorable!
—Sí, sí, como sea, ¿partirás el pastel o no? Tengo hambre.
—Ya, a eso voy —Junto al pastel, Kaito llevó un cuchillo y platos—. Es gigante, creo que le llevaré una rebanada a la estudiante de honor… También al capitán y vice capitán —dijo sirviéndose un pedazo a Kaito y luego a sí mismo.
—Tú decides qué hacer con él. Es tu obsequio después de todo —aseguró el nipón, desinteresado en el destino del resto del postre. Había cumplido su propósito.
El cumpleañero dio la primera mordida. En silencio y con calma lo degustó, la crema y las fresas frescas creaban un exquisito sabor dentro de su boca. Kaito todavía no tomaba ni el tenedor en espera del veredicto de Lucas.
—¿T-te gustó? —No aguantó más la intriga por el inquietante silencio que se formó.
—No —dijo Lucas con total seriedad para poco después sonreír—. Me encantó. Es tan delicioso como creía.
—¡Idiota, no bromees así!
—Ja, ja, ja… Es solo que tus expresiones son divertidas —dijo entre risas—. Gracias, Kaito. Me has dado uno de los mejores cumpleaños de mi vida.
—Luca…
—Te quiero —Lo interrumpió—. Te quiero, Kaito. Gracias.
Esa estúpida sonrisita otra vez. No podía decirle que no cuando lo miraba con tanto cariño e inocencia.
—Yo también te quiero, Luca —dijo y dudó unos segundos en cuanto a si hacer o no el próximo movimiento. Al final se levantó de la silla y besó la mejilla del otro chico.
Estaba por volver a sentarse cuando Lucas lo detuvo al tomarlo por la nuca y robarle un beso en los labios.
—Hoy no tenemos nada que hacer —susurró a milímetros de sus labios—. ¿Quieres celebrar conmigo de otra forma, Kaito?
—Luca, es temprano…
—Precisamente porque es temprano los demás están durmiendo —dijo acariciando la barbilla del japonés—. ¿Entonces?
—Solo porque es tu cumpleaños —accedió.
Las pupilas de Lucas brillaron y volvió a acortar la distancia entre ambos. Al final del día, fue un feliz cumpleaños.
