Chapter Text
Las luces neón parpadeaban intermitentemente en la enorme sala de la fiesta. La música tronaba fuerte, mezclándose con el ruido de risas, gritos y copas entrechocando. Nick estaba sentado en un sillón apartado, con un vaso en la mano, los ojos dorados brillando con una mezcla de resignación y tristeza.
Verónica se había ido. Otra vez.
La había visto desaparecer entre la multitud, ignorándolo como si no existiera. Como siempre, al menos así había sido desde hacía un par de meses, pese a que estaban saliendo o algo así.
Como en cada fiesta hasta ahora a la que asistían como pareja, donde él solo era una sombra a su lado. Había llegado con ella, pero no estaba seguro de si se irían juntos.
Y entonces estaba Uzi.
Apoyada contra una mesa con un vaso en la mano, observándolo desde la distancia con una expresión que oscilaba entre la rabia y la ternura. No entendía cómo él seguía esperando a alguien que nunca lo ponía primero. No entendía cómo podía seguir amando a alguien que lo dejaba atrás tan fácilmente.
Uzi no lo entendía… pero lo sentía.
Sentía la punzada en su pecho cada vez que lo veía así. Sentía el nudo en la garganta cuando Nick sonreía con tristeza y fingía que no le dolía. Sentía el fuego en sus venas cuando veía cómo V lo trataba.
Y sentía el alcohol quemándole la garganta cuando dio el último trago y cruzó la habitación.
—Vuelves a hacerlo, ¿eh? —murmuró Uzi, dejando su vaso en la mesa y plantándose frente a él. Nick levantó la vista, sorprendido por su cercanía; No era normal que Uzi su amiga se acercara tanto a él.
—¿Hacer qué…? —Su voz sonó más grave de lo normal, tal vez por la bebida, tal vez por el cansancio.
—Esperarla. Fingir que no te importa.
N soltó una risa baja, amarga.
—No la estoy esperando… solo… estoy descansando.
—Claro. Descansando con la mirada en la puerta.
Nick entonces suspiró, hundiéndose un poco más en el sillón. Sus ojos dorados se perdieron por un momento en el vacío, como si estuviera buscando algo que ya no existía. Uzi lo observaba, sus dedos jugueteando con el borde del vaso vacío que había dejado sobre la mesa. El alcohol le ardía en las venas, desdibujando los límites de su paciencia.
—No sé por qué te haces esto N —dijo Uzi, su voz baja pero cargada de una intensidad que hacía que Nick levantara la mirada hacia ella. Sus ojos violetas brillaban con una mezcla de frustración y algo más, algo que Nick no quería nombrar.
Porque sabía que si le daba nombre a aquello, no podría contenerse como hasta ahora y todo en su relación cambiaría, sería el malo, él nunca había sido malo hasta el momento siempre hacia lo correcto para sí mismo y los demás.
Pero estaba cansado.
—¿Hacerme qué? —preguntó a cambio, su voz ronca, como si las palabras le costaran más de lo que estaba dispuesto a admitir.
—Esto —repitió Uzi, haciendo un gesto vago hacia él— Esperar a alguien que te deja tirado. A alguien que ni siquiera se gira a ver si sigues ahí.
Nick apartó la mirada, pero Uzi no lo dejó escapar. Se inclinó un poco más, acortando la distancia entre ellos.
—Sigues aferrándote a algo que ya no existe, Nick —susurró, su voz temblando apenas con la intensidad de lo que decía—. Y lo peor es que lo sabes.
N apretó la mandíbula.
—No es tan simple —murmuró, con la voz tensa.
—No, no lo es —admitió Uzi—. Pero eso no lo hace menos cierto.
Nick cerró los ojos un momento, como si el peso de esas palabras lo aplastara. Y sabía que Uzi lo pudo ver. Lo vio en su postura cansada, en la forma en que su pecho subía y bajaba en un suspiro tembloroso. En sus ojos dorados, apagados, llenos de algo roto.
Entonces lo sintió.
Se inclinó aún más y lo tomó de las mejillas, con un toque suave pero firme.
Nick se quedó inmóvil, sorprendido por la caricia inesperada, pero no se apartó.
—Dices que no te pasa nada —murmuró Uzi—, pero te veo, N. Te veo realmente.
Su pulgar se deslizó con cuidado bajo sus ojos, sobre las sombras oscuras que habían crecido allí.
—Te ves enojado. Y cansado. Como si llevaras días sin dormir.
La garganta de Nick se cerró. Porque Uzi no solo lo estaba viendo. Lo estaba desnudando.
—Pero no es eso, ¿verdad? —continuó ella, con una ternura feroz—. No es el sueño. No es el cansancio. Es ella.
Nick tragó saliva.
—Uzi…
Pero ella no se apartó.
—Es el vacío que te deja cada vez que te suelta —susurró—. Y sigues esperando. Como un perrito abandonado. Como si, en algún momento, fuera a volver de verdad.
Las palabras golpearon algo en su pecho. Algo profundo, otra cosa más que había intentado ignorar.
Nick sintió la quemazón en sus ojos antes de poder detenerla. Y Uzi lo notó. Lo notó así como notaba todo últimamente.
Apretó un poco más sus mejillas, obligándolo a verla, obligándolo a quedarse en el presente.
El silencio entre ellos fue espeso. La música de la fiesta se hizo más fuerte.
Mientras se veían directamente el uno al otro. La atmósfera cambió.
Uzi se inclinó un poco más hacia él.
—Sabes que puedes hacer algo mejor que esto… —susurró.
Ya estaba roto así que ¿qué más daba? seguir por fin algo que anhelaba, dejar la soledad en la que estaba y tomar lo que debería ser suyo.
Uzi no respondió. Solo extendió la mano y lo tomó de la muñeca.
Lo llevó a través del pasillo, lejos del ruido de la fiesta, empujando la puerta de una habitación en penumbra. No pensó en lo que hacía, no pensó en lo que pasaría después. Solo pensó en él. En lo que quería.
Nick la siguió, simplemente dejándose llevar.
La puerta se cerró detrás de ellos.
El silencio era denso, apenas interrumpido por la música amortiguada al otro lado. La única luz era el reflejo de los neones de la fiesta filtrándose por la ventana.
Uzi lo miró, y por un momento, dudó. Pero entonces Nick levantó una mano y le rozó la mejilla con los nudillos, con una ternura que la rompió por dentro.
No le dio tiempo de pensar.
Sus labios se encontraron en un choque ardiente, desesperado.
No fue un beso suave. Fue un beso que llevaba tiempo guardado, que ardía en sus entrañas, que hablaba de todas las veces en las que ambos habían deseado algo y no lo habían obtenido.
Era desesperación.
N la sujetó por la cintura y la acercó más, devorando sus labios como si se hubiera estado muriendo de hambre. Uzi jadeó contra su boca y deslizó los dedos por su cabello, hundiéndolos entre los rizos desordenados.
Otro beso.
Y otro.
Y otro.
Nick la empujó contra la pared suavemente, atrapándola entre su cuerpo y la madera fría. Sus labios bajaron a su mandíbula, a su cuello, y Uzi inclinó la cabeza, sin poder evitarlo, sin querer evitarlo.
En la otra habitación, la fiesta seguía.
Aquí dentro, solo existían ellos dos.
Y ninguno quería que terminara.
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La luz del amanecer se filtraba por la ventana, pintando la habitación con tonos naranjas y dorados. El aire estaba cargado con el aroma del alcohol derramado, perfume y algo más íntimo, algo que aún flotaba en la piel de Uzi mientras se sentaba en el borde de la cama.
Su respiración era inestable.
El cuerpo cálido a su lado, la ropa esparcida en el suelo, la sensación aún presente en su piel… Todo le gritaba que lo que había pasado no era un sueño.
Pero ojalá lo fuera.
Se pasó una mano por el rostro, tratando de ordenar sus pensamientos, pero todo lo que logró fue recordar la noche anterior: sus labios chocando con los de N, sus manos recorriendo su cuerpo con urgencia, la manera en que la llamaba por su nombre como si ella fuera lo único en su mundo…
Pero no lo era.
N no estaba con ella. No realmente.
Uzi lo amaba. Siempre lo había hecho. Y aunque por un instante, entre esos besos y caricias, pudo fingir que él le pertenecía, la realidad estaba esperando en cuanto el sol salió.
Porque Nick no había dejado de amar a Verónica.
Porque si V le llamara en ese momento, él correría detrás de ella sin pensarlo.
Porque Uzi no quería ser solo un escape.
Sintió que el pecho le dolía cuando giró la cabeza para mirarlo.
N dormía profundamente, su expresión tranquila, su cabello revuelto sobre la almohada. Parecía tan… feliz. Como si en sus sueños, todo estuviera bien.
Uzi se mordió el labio, sintiendo las lágrimas arder en sus ojos.
Si se quedaba más tiempo, no podría irse. Si esperaba a que él despertara, si veía su sonrisa somnolienta y escuchaba su voz ronca diciéndole “buenos días”, todo se rompería dentro de ella.
Así que no lo hizo.
Se levantó con cuidado, buscando su ropa en el suelo, vistiéndose en silencio mientras su corazón latía con fuerza.
Un último vistazo.
Un último segundo en el que se permitió mirarlo, en el que imaginó lo que sería despertar con él cada mañana, lo que sería si él la eligiera…
Pero no era así.
Y probablemente nunca lo sería, habría sido mejor que todo esto con él hubiera continuado siendo una fantasía.
Así que sin hacer ruido, abrió la puerta.
La fiesta había terminado hace horas, la casa estaba en un caos silencioso. Copas vacías en las mesas, botellas rodando por el suelo, restos de una noche que se sintió infinita.
Uzi salió sin mirar atrás.
No vio cuando Nick se removió en la cama, su mano buscando instintivamente algo—alguien—a su lado.
No vio cuando su ceño se frunció al no encontrar lo que buscaba.
No vio cuando abrió los ojos con lentitud, su mente nublada por el sueño… y la ausencia de Uzi a su lado.
