Work Text:
A pesar de que siempre está atento a los posibles pretendientes que su hermana pueda tener, siente que ha estado más alerta en estas últimas semanas. Se está volviendo insoportable, sobre todo por la persona que se niega a añadir a la lista.
Por su edad, ya no está del todo cerrado a la idea de que Nemu consiga un novio, siempre y cuando el muchacho en cuestión cumpla con sus estándares. Samatoki sabe bien que muchos no son más que insectos asquerosos, así que solo estaría tranquilo después de determinar que quien sea que atrape el corazón de su hermanita sea un tipo decente que la protegería tan bien como él, no menos que eso.
Hasta ahora, no ha espantado a más que al ocasional sinvergüenza mirón callejero y otras basuras similares. Por lo que le cuenta de sus compañeros de clase, ninguno levanta sospechas; los pocos que no le agradan ni siquiera son sus amigos. Ella tampoco parece estar especialmente interesada en alguien, pero hay una persona recurrente a la que Samatoki observa cada vez más de cerca. Pasar buena parte de sus días con él solo lo complica. Que muchas veces paren en su apartamento lo empeora.
Lo primero que Samatoki nota hoy al abrir la puerta es que los zapatos de Nemu están en el genkan, y que les responda el saludo desde la cocina confirma su presencia. No huele a que esté preparando la cena, mas sí escucha que cierra alguna gaveta antes de caminar hacia ellos. Se percata de inmediato de que no lo mira a él, sin embargo.
—Qué bueno que viniste, Sasara-san.
—¿Hm? —Inclina la cabeza a un costado con una sonrisilla confundida. Samatoki también lo está, pero intenta no fruncir mucho el ceño.
—¿Sabes cocinar?
—Depende de qué.
—Es que tenemos que preparar algún plato al estilo de otra ciudad para la próxima clase de Economía Doméstica y se me ocurrió hacer algo de Osaka, ya que puedo preguntarte a ti directamente.
—Eso —chasquea y deja la mano señalándola. La sonrisa confiada con la que habla le irrita— es justo mi especialidad, Nemu-chan. Muy inteligente de ti dejárselo a Sasara-san. —Pasa a apuntarse a sí mismo con el pulgar—. ¿Algo en mente?
—Pensaba en takoyaki u okonomiyaki.
—¡Ah, de solo oírlo me da hambre! —Se lleva la zurda al estómago con dramatismo—. El okonomiyaki es mi comida favorita, así que eso será. Te haré una lista de los ingredientes para saber cuáles tienes y comprar ya mismo los que falten.
—No hace falta tanta prisa, la clase es la próxima semana.
—Oh, de todos modos haré la lista ahora mismo. ¿Me das con qué escribir, Samatoki?
Hasta que por fin se acuerdan de que también está justo ahí.
—Solo mándame un mensaje con los ingredientes.
—Una nota que puedan poner en la nevera con un imán es mejor, vamos.
—También prefiero la nota —apoya Nemu.
Sasara lo mira con una sonrisa entre victoriosa y burlona, su hermana le dirige una ceja muy ligeramente alzada. Resopla.
—Ya te traigo una hoja y un lápiz.
Cocinar es algo de lo que él mismo se ha encargado desde que solo son ellos dos. Recientemente, Nemu también ha tomado interés en aprender a hacerlo por su cuenta. Siempre han disfrutado preparar algún plato juntos, así que Samatoki le ha enseñado varios y, con las habilidades que ha ido ganando, a veces lo sorprende con una receta que probó de algún libro, programa o página web. Puede decir con orgullo que su hermanita tiene muy buena mano.
Quizás solo sea su lado de hermano mayor experimentando un sentimiento agridulce al ver cómo ahora pide la ayuda de alguien más para algo que siempre ha sido solo entre ellos —o su docente de Economía Doméstica—, pero le está molestando más de lo que esperaría. No le encaja que sea solo por eso, pero en cuanto se le cruza el otro posible motivo por la cabeza, el rechazo es instantáneo. Así ha sido por tal vez las últimas dos semanas. El arrebato de hoy lo paga la hoja que se rasga por un costado al arrancarla de una libreta para que Sasara la use.
—Toma —dice cuando se la deja junto a un lápiz. Sabe que lo hizo con brusquedad por el respingo que da Sasara y por lo que intuye que es una mirada por el rabillo del ojo, a juzgar por el leve movimiento de su cuello en su dirección al sentarse a su lado; es difícil asegurarlo con él.
—¿Algún problema, Samatoki? —pregunta muy casual mientras se acomoda para escribir.
—No. —Esta vez, no tiene dudas de que lo mira si ha volteado por completo hacia él. Agh, ¿cómo va a creerle que no pasa nada si lo escupe así? Nota que incluso ha cruzado los brazos, mas no le ve sentido a hacer algo al respecto si ya lo descubrió.
—Ah, claro —alarga la última vocal—, ¿molesto porque Nemu-chan le pidió ayuda a alguien aparte de ti?
—Conozco la gastronomía de varias ciudades, ¿por qué no simplemente me pidió que le enseñara el más sencillo de preparar en clase? Lo habría hecho.
—Diría que quiere un sabor auténtico. —Se encoge de hombros—. O eres de Osaka o saca las maletas.
Silencio. Por supuesto que se da cuenta de qué ha sido eso. Se merece la patada a la pierna que acaba de darle.
—Vamos, ese fue bueno —protesta mientras se soba el área afectada, pero claudica ante su cara de disgusto—. El punto es que, si conoce a un foráneo, ¿por qué no intentarlo?
—No sabe cómo cocinas. Joder, ¡ni yo sé cómo cocinas! ¿Cómo me aseguras que no harás basura?
—Los llevaré hoy mismo a comer okonomiyaki de cena a un restaurante donde puedas prepararlo a tu gusto para probarlo si es necesario. —Samatoki abre la boca para contestar, pero Sasara alza una mano con el índice levantado; dirá algo más—. De hecho, no es mala idea. Nemu-chan necesita conocer el sabor primero.
—¿Crees que nunca lo hemos probado?
—Seguramente al estilo de Hiroshima o, lo que sería peor, lo que comieron fue monjayaki —masculla hacia el final.
—¿Algún problema con eso?
—¡Es una ofensa al okonomiyaki! Es popular en Tokio, así que no me voy a confiar. —Remarca sacudiendo la cabeza—. ¡Hoy invito la cena! Conozco un buen lugar en la zona, el mejor que he encontrado por aquí.
—Realmente debes odiar el monjayaki.
—Bleh. —Saca la lengua en total desagrado.
Eso de que la gente de Osaka es orgullosa de su tierra parece ser cierto.
Se conocieron bajo raras circunstancias y, a pesar de que a veces lo mete en situaciones absurdas, Sasara es un buen tipo. Confiable a su manera. Testarudo cuando quiere. Ingenioso. Así como lo irrita, es capaz de apaciguarlo sin mucho esfuerzo. Se invitó solo a su vida, aun con sus riesgos, y de alguna forma ha conseguido convertirse en su mano derecha. No recuerda haber sido tan cercano a ninguno de sus compañeros antes. Claro, Samatoki nunca admitiría nada de esto frente a él porque eso sería subirle los humos.
Sasara cumple con su palabra y los lleva a ambos a un restaurante. Cuando les entregan los ingredientes, explica el procedimiento mientras ejemplifica cada paso. La plancha es lo suficientemente grande para que prepare los tres a la vez, así que eso hace. No les permite intentarlo, no por hoy. Ya listos, le sirve el que luce mejor a Nemu; los otros dos los reparte por proximidad al plato de cada uno.
A ojos de cualquiera, está siendo responsable al tomarse tan en serio el favor que le han pedido, pero Samatoki quiere volver a patearlo por debajo de la mesa.
Empiezan a comer al mismo tiempo. No ignora lo fija que está la mirada de Sasara en Nemu durante el primer bocado. La voz racional que le dice que solo está a la expectativa de que le guste es opacada por la más impulsiva que lo acusa de lo que se niega a imaginar. No haría eso.
—¡Es delicioso! —Nemu exclama luego de tragar.
—¡Por supuesto que lo es! Vamos, Samatoki, ¿no vas a probar mi cocina?
Algo en esa elección de palabras le hace saltarse un latido. Parpadea, confundido, hasta percatarse de que se detuvo a medio picar su primer bocado.
—Me preparaba mentalmente.
—¿Y dejar que Nemu-chan lo probara primero? Muy mal de tu parte si creías que estaba malo, onii-chan.
Ya le habría lanzado algo si no estuvieran frente a Nemu. Se limita a dirigirle una mirada filosa en lo que mastica. Mala idea, porque no puede mantenerla si degusta algo bien hecho.
—¿Memorizaste la preparación, Nemu? —Desvía el tema. Otra vez, no desea aumentarle el ego.
—Me faltan las medidas exactas y preferiría que viera mi técnica también.
—Me seguirás viendo en casa estos días, Samatoki, aunque no es como si esa fuera una novedad. —Le resta importancia con un gesto de los hombros y continúa comiendo.
No miente, solo que sus visitas no suelen ser cuando Nemu también está allá. En general, Samatoki intenta que ninguno de sus hombres se acerque mucho —cuestiones de precaución ante traiciones—; Sasara es una excepción. Si ese voto de confianza se resquebrajara por cosas como la que ha estado pensando...
Ugh, será mejor dejarlo para cuando no tenga un apetito que perder.
Sale al balcón a fumar mientras Nemu sigue las indicaciones de Sasara en la cocina. Más que por tabaco, sus ansias son por meterse en el medio, ser él quien le explique la receta o halar a su compañero del brazo y llevárselo de ahí a ningún lugar en específico, apartado de su hermana; pero incluso él sabe que actuar por impulso esta vez solo los confundiría a todos. Ni él mismo termina de entender de dónde viene esta urgencia.
No, en el fondo lo sabe, solo que se le retuercen las tripas con la idea. Es el primer hombre con el que la ve ser tan cotidiana, estar cómoda. En lugar de interpretarlo como una simple buena socialización, su cabeza debió archivar eso en la parte donde toma nota de los posibles pretendientes y... ugh.
Lo peor es que, si soporta la furia que eso le provoca y lo piensa a fondo, su rechazo no tiene tantos fundamentos. Le tiene la confianza suficiente para dejarle pasar el tiempo en su casa, incluso con Nemu, sin mencionar que varias veces lo ha sacado de aprietos. Puede no ser tan físicamente fuerte como el resto de sus hombres, pero es capaz de cuidarle la espalda. Si es por los requisitos mínimos que pide, cumple la mayoría, excepto el no ser de su mismo mundo.
Lo más preocupante y, tal vez, lo que de verdad le genera tanto disgusto sea la diferencia de edad. Imaginar a su hermana con alguien incluso mayor que él le resulta extraño. Quizás, el que el pretendiente fuera contemporáneo a Nemu sea una condición más de la que no era consciente hasta justo ahora. Además, para empezar, duda que Sasara caiga en esa bajeza de ir por las menores. No suena nada a él.
Eso es. Tiene que considerar su personalidad. Aunque no esté seguro de cómo sea el tipo de ninguno de los dos, puede hacerse ciertas ideas. Tratar de imaginar el de Nemu hace que casi aplaste el cigarrillo entre sus dedos, así que pasa al de Sasara. Debe ser alguien que le genere esa curiosidad por la que es capaz de cambiar su estilo de vida con tal de conocerle, justo como ha hecho con él; no se quedaría con una persona que no lo entretenga ni le dé nuevas experiencias de una manera u otra. Físicamente...
Arruga el rostro. No solo se queda en blanco ante ese punto, sino que surge esa misma rabia que le aprieta los puños de cuando piensa en Nemu con un cualquiera. ¿Qué significa esto? ¿Está celoso de Sasara? ¿Por qué?
Exhala el humo restante en sus pulmones y da media vuelta para volver dentro. Apenas puede, porque casi choca con ellos al segundo paso. Sasara retrocede uno con un chillido de sorpresa y tal vez sobreactuación, mas no ignora que venían uno al lado del otro.
—No esperaba que voltearas sin apagar el cigarrillo primero —dice, todavía con las palmas expuestas a la altura del pecho.
—Iba a hacerlo en el cenicero. ¿Por qué me buscaban?
—Solo veníamos a avisarte que vayas a probar mi primer okonomiyaki —Nemu debería verse más contenta al anunciar un logro de esa forma tan indirecta—, pero ¿por qué pareces contrariado?
Por supuesto que su hermanita se daría cuenta.
—Nada. ¿Ya lo probó Sasara?
—No. —Él mismo sacude la cabeza.
—Quiero que lo pruebes tú primero —agrega ella.
Ah, eso lo ablanda. Lleva la mano libre a la cabeza de Nemu y le revuelve el cabello con una expresión suave en el rostro.
—Claro.
Después de todo, llega a la conclusión de que su problema con la dupla de Sasara y Nemu es una mezcla de su protección de hermano mayor con celos, aun si no le ve mucho fundamento a lo segundo. Es sorpresivo, más bien. ¿En qué momento surgieron esos sentimientos por su compañero?
En estos días, se ha atrapado queriendo que Sasara le ofrezca encender su cigarrillo con el fuego del propio, quizás por ser la mejor excusa que tiene para acercar sus caras. ¿Acaso le ha gustado desde el inicio y por eso es que hacen aquello con tanta naturalidad? Pero eso implicaría que es correspondido y de eso no está tan seguro.
Haber descifrado sus sentimientos es un dolor en el trasero. Le sienta terrible que Nemu, con su tarea de Economía Doméstica, acabe siendo quien le provoque esos disgustos irracionales, porque no hay forma de que alguno de los dos esté interesado en el otro, ¿no? Necesita resolver esto rápido porque odia la idea de ver a su propia hermana como competencia.
Por lo menos, ya falta poco para esa clase y Nemu ya tiene dominada la técnica, por lo que esa noche de sábado sale con sus amigas al cine mientras ellos se quedan en el apartamento. Sasara va sacando latas de cerveza del refrigerador bajo la excusa de celebrar el éxito que será el okonomiyaki el lunes. Aprecia que quiera brindar por ella, pero es tan evidente que solo ha buscado un motivo para beber.
—¿Crees que a Nemu le guste alguien? —Es posible que, pasado un rato, el alcohol sea el culpable de que le parezca buena idea preguntarle eso.
—¿Qué? —Solo se percata de lo tonta que ha sido su decisión cuando identifica una diversión confundida en el tono ajeno—. ¿Cómo habría yo de saberlo?
Ahora no le queda opción más que improvisar.
—Compartieron mucho esta semana, ¿no te contó de alguien?
—Solo cuando le pregunté si sabía qué cocinarían los demás y me dijo lo que harían sus amigos. No creo que haya resaltado alguno, ¿por qué?
—No tiene que ser alguien de la escuela necesariamente. —Ignora la pregunta e insiste.
—¿Qué otras personas conoce lo suficiente como para que...? —A pesar de sus tontos chistes, Sasara es un tipo bastante listo. No es de extrañar que se detenga al dar con lo que está tratando de averiguar. Aunque exhala con un toque risueño, sabe que es más bien incredulidad—. ¿En serio?
—¿Lo crees?
—Para nada, ¡pero no me digas que por eso es que te he visto raro estos días!
—Aún creo que pudo pedírmelo a mí.
—¿Y por pedírmelo crees que le gusto? Solo usó la ventaja de conocer a alguien de la cocina del país, vamos.
—Es una tapadera perfecta.
—En todo caso, ¿por qué no quieres que le guste? —Cruza los brazos, pero no luce molesto, sino a punto de lanzar alguna cosa absurda para la que no podría prepararse, aun si la ve venir—. ¿No me confiarías a Nemu-chan?
Ahí está. Posa su lata con más fuerza de la necesaria sobre la mesa, mas el traqueteo de todo lo que tiembla alrededor por tal impacto a la superficie no afecta a Sasara.
—Eres muy viejo para ella. —Eso, en cambio, sí le provoca una mueca de dolor.
—No le digas viejo a alguien que solo te lleva un año.
—También sería viejo para ella.
Conociendo la tolerancia al alcohol de ambos, lo que han bebido hasta ahora no es suficiente para embriagarlos, solo para bajar un tanto sus guardias, tal vez. Por eso están teniendo esta conversación, para empezar, y por eso supone que Sasara tarda en responder o, al menos, tiene cara de querer rematarlo.
—Ah, igual solo bromeo, no podría. —Es raro que deje de joder tan pronto. ¿Debería agradecerle a la cerveza?
—¿La rechazarías?
—Me da miedo que esa sea una pregunta trampa —Samatoki reprime una risilla. Sasara no es el único que puede hacer preguntas incómodas solo por tomar del pelo—, pero sí. No es el hermano que me gusta. —Se encoge de hombros.
—¿Qué?
—¿Qué? —repite con el doble de confusión. Se miran en silencio por varios segundos, sus cejas arqueadas o fruncidas hablan por sí solas.
—¿"El hermano que me gusta"?
La cita parece activar la sinapsis que le hacía falta a Sasara, porque inhala con un drama casi tan exagerado como la velocidad con la que se pone rojo.
—No dije eso. —Voltea al lado contrario.
—Ni lo intentes, Sasara. —Se desliza en el sofá hasta casi rozarle la pierna con la suya—. Sé lo que oí.
—No es...
—Y claro que sé lo que es. —Se inclina hacia él. Aún no llega a tocarlo, pero está a tan poco de hacerlo que la anticipación debe estar matándolo.
—Ah... —Una breve risa nerviosa escapa en lo que le da la cara. No ha mejorado ni un poco en color; no espera que lo haga, no si ya puede sentir su respiración en la piel.
Sin darle explicaciones o tiempo para buscarlas, Samatoki hace contacto con él, primero con las manos en los hombros y, enseguida, con los labios.
No había tantos detalles en sus fantasías, mas no le sorprende que el beso sepa a una mezcla de la cerveza que estaban bebiendo y de su marca de cigarrillos favorita, reconocida por las veces que le ha regalado alguno por haberse agotado los suyos. Sasara podría ser inexperto o solo lo ha tomado desprevenido, porque demora unos momentos en reaccionar. Estar en un sofá le permite recostarlo, aunque duda que le resulte cómodo por lo cerca que estaba sentado del apoyabrazos. Al separarse, además de que sigue sonrojado, ve que le ha quedado por debajo de los hombros.
—Ahora entiendo. No querías que le gustara a Nemu-chan porque tú eres el hermano al que le gusto.
—No me hagas pensar en ella cuando te beso, imbécil. —Le da sin mucha fuerza en la frente con los nudillos.
—Si lo dices así, me siento un amante...
—Lo estás arruinando.
—¡Tú no me callas!
—¡¿Y eso qué tie-...?! —De pronto, la zurda de Sasara está detrás de su cabeza y la empuja abajo para besarlo él mismo. Es breve, pero cumple con el objetivo.
—Un ejemplo, lo necesitabas.
—Ni creas que vas a ganar besos por decir estupideces.
—Tenía que intentarlo.
—Pero me gustó esa iniciativa.
Sasara sonríe y aprovecha el momento de calma para acostarse bien en el sofá.
—Entonces —juguetea con el cuello de su camisa y, sorpresivamente, entreabre un ojo—, ¿quieres probar otro platillo especial de Osaka?
—Apenas empezamos y ya estás tentando mucho a tu suerte.
Solo obtiene una carcajada como respuesta. No le molesta, no si puede callarlo con un beso justo por debajo de la oreja. Se le va un sonido divertido, luego todo es más aliento y la humedad de sus bocas que nada, solo interrumpidos por el ruido de unas llaves a pocos metros desde el exterior.
No cree que deban ocultárselo a Nemu, pero definitivamente prefiere fingir una borrachera para excusar la rojez en sus rostros y la ropa desorganizada a que los atrape en una posición comprometida.
