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¡Sorpresa!

Summary:

Dónde Sakura se frustra por que regalarle a su novio Suo en su cumpleaños. Pide ayuda a internet, pero solo acaba por arrojarle porno y él, por muy extraño que sea; termina teniendo una idea gracias a eso.

O/

Suo llega del trabajo temprano y encuentra una escena muy... excitante que lo hace querer comerse a Sakura más allá de la mirada.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

 

[¿Cómo sorprender a tú novio por su cumpleaños?]

 

Buscar.

 

En segundos la pantalla de la computadora se llena de páginas e imágenes que hacen sonrojar furiosamente el rostro de Sakura Haruka. Suelta un grito para nada varonil al ver los desnudos y cierra con fuerza la laptop, poco después la lanza al sofá de al lado. 

 

No comprueba si se quebró o sufrió algún daño, simplemente se levanta y camina hacia la cocina, donde se sirve un vaso grande de agua fría. 

 

Mientras bebe, como si hubiera pasado horas corriendo; echa una mirada desde su posición en la barra y clava la vista dispar en el aparato plano que ocasionó casi una taquicardia por sugerirle porno.

 

Bueno, mujeres vestidas provocativamente es porno ¿no?

 

Para Sakura, al menos, sí lo es y era una falta de respeto que el internet de su casa, pagado con su dinero, recomendará esas cosas. ¡Cuánto descaro! 

 

Termina de beber toda el agua y se dirige al fregadero, donde dura por lo menos, cinco minutos enjuagando el vaso. No quiere volver a la sala de estar. Las imágenes de esas mujeres chichonas aún queman su sistema y en lugar de bajar el sonrojo, eventualmente va en aumento. 

 

– Todo es culpa de Hayato –gruñe, aun restregando la esponja con jabón contra el cristal transparente. Mira un poco sobre su hombro antes de volver su vista hacia la pared de azulejos blancos sobre el fregadero. Aprieta con fuerza el vaso–. ¡¿A quién se le ocurrió la brillante idea de dar regalos el día en que naciste?! ¡Puras estupideces! 

 

En unos días es el cumpleaños de su novio, y si era sincero con él mismo; solo tenía planeado darle una caja de tés como el año pasado. Sabe que Suo no es materialista y que si lo acompaña en su hora de té estaría feliz durante semanas, más si compra esos pasteles pequeños y bien decorados de la pastelería de al lado. 

 

¡Pero todo se arruinó por el mismo Suo Hayato! 

 

Sin darse cuenta, aprieta con más fuerza la esponja, sacando tanta espuma que su mano se pierde. 

 

Ayer, mientras hacía limpieza en la casa que comparte con su novio –habían estado viviendo juntos desde hace tres meses, contando que después de la universidad se volvieron más cercanos, tanto que Suo lo beso una noche y desde entonces Sakura no se lo pudo sacar de encima. No cuándo le devolvió el beso, más urgido de lo que le gusta recordar–. 

 

¡El punto es! 

 

Mientras aprovechaba su día libre lavando y sacudiendo polvo inexistente, porque Suo tiene todo muy acomodado, mientras colgaba las camisetas estilo chinas en el closet; encontró una caja mediana arriba, entre las maletas con ropa de invierno.

 

Preso de la curiosidad, abrió la tapa y el contenido lo hizo sonreír. Dentro había un peluche de omurice, unos boletos para el cine y al menos una docena de cupones para tenis de alta tecnología que siempre batalla en conseguir.

 

Sin embargo, esa sonrisa tierna en los labios de Sakura se esfumó cuándo en el fondo de la caja encontró una nota escrita con la inconfundible bonita letra de Suo.

 

La cuál decía: 

 

“Feliz cumpleaños, amor mío, Sakura Haruka. 

 

Sigue floreciendo como las flores de cerezo, mientras más paso a tu lado mi vida se vuelve más colorida. Eres un amanecer que tengo la dicha de ver todas las mañanas al abrir mis ojos, aun cuándo el sol no ha salido a la deriva. 

 

Mis mayores deseos para el hombre de mi sueños. Te amo, 

 

De tú hermoso Leonardo DiCaprio, Suo Hayato” .

 

Y es aquí donde Sakura se pregunta… ¡¿Cómo va a rivalizar eso con una caja –posiblemente– caducada de té verde que compró en una tienda de descuento antes de su cierre?!

 

¡Se siente el peor novio del mundo! 

 

De nuevo:

 

– ¡Todo es culpa de Hayato y su estúpido lado detallista! –exclama, malhumorado. Sin encontrar más jabón en la esponja, deja el vaso brillante en el lavavajillas. Farfullando, vuelve a mirar hacia la sala. Frunce la nariz al ver la computadora donde mismo, decepcionado de que no le hayan salido patas y saltara por la ventana, huyendo de él. Suelta un suspiro, ahora decaído–. ¿Qué hago ahora? El regalo me gustó… quiero que Hayato sienta la misma alegría que yo.

 

Con un puchero sobresaliente de sus labios, camina arrastrando sus pasos de nuevo hacia la sala de estar. Sin ganas, deja caer su trasero envuelto en pijama con caritas de gatitos enojados –regalo de Suo por San Valentin el año pasado– y con una mueca de asco, toma el computador para abrir la pantalla. 

 

Sin detenerse a darle otro vistazo a las imágenes cuestionables y para nada agradables, cierra la pestaña, abriendo otra al instante. 

 

Las siguientes horas se la pasa bloqueando páginas “pornos” y sitios web que le arrojan videos  cachondos. 

 

No es hasta que su espalda cruje de dolor que se da cuenta de la hora. Mira el reloj sobre el televisor y gime internamente. Suo no tarda en llegar y él todavía está hundido en su miseria, buscando un buen regalo de cumpleaños.   

 

¿Por qué es tan difícil encontrar algo para su novio? 

 

La respuesta es más fácil de lo que cree y es que Suo ya tiene todo. También puede conseguir cualquier cosa, con solo sacar su tarjeta de crédito negra o…

 

Con solo mirar a Sakura con esa mirada de adoración. 

 

Nunca se le olvidará como lo engatusó para que se pusiera un collar rojo como la sangre con una campanita en el centro y… saltar sobre cierta parte de su novio, haciéndola sonar tan fuerte, que al día de hoy, se sonroja cada que ve a gatos usandola en las calles. 

 

– Hayato y sus fetiches raros –susurra, sintiendo como humo sale de sus oídos.

 

Mueve las manos sobre el teclado, intentando buscar la misma frase que antes con otras palabras, pero se detiene al momento y un foquito imaginario brilla sobre su cabeza. 

 

<<¡Espera, eso puede ser mejor que un té rancio y pasteles frios>> 

 

Sin darle tanta vuelta al asunto, y mucho menos pensarlo demasiado; entra rápido a una tienda en línea. 

 

[Disfraces para hombres]

 

Buscar.

 

Un suspiro de alivio sale de lo más profundo de su pecho al ver a todos los modelos cubiertos con tela. Algunos disfraces dejan ver el pecho, pero no es él de Suo, así que puede manejar la vergüenza interna.

 

Desliza el dedo sobre el panel táctil de la computadora, descartando botargas grandes que son demasiado voluminosas para su gusto. Al igual, trajes de halloween que no son necesarios, aunque se detiene unos segundos de más sobre uno de vampiro, pero termina negando y volviendo a bajar.

 

Está por darse por vencido, dejando la búsqueda por ahora y reanudarla mañana en el trabajo en su hora de almuerzo, cuándo lo ve.

 

Sus mejillas se sonrojan, única señal asertiva que toma en cuenta antes de anotar su tarjeta de crédito, dirección y nombre del remitente.

 

Rápido, el ticket de compra con la fecha y hora de entrega es enviado a su correo electrónico. 

 

En ese momento, unas llaves se escuchan detrás de la puerta de entrada. Sakura gira su cuello con velocidad, tanta que lo escucha crujir.

 

Como puede, cierra todas las pestañas y avienta –nuevamente– la computadora en el sofá de al lado. 

 

– Estoy en casa~ –saluda con voz cantaría Suo.

 

Sakura escucha como se detiene en el recibidor para cambiar de zapatos a la par que el ruido de la tela removerse llega fácil a sus oídos y pronto, Suo esta caminado por el pasillo hasta detenerse al final. 

 

Una sonrisa calidad surca sus labios cuándo ve a Sakura parado –nervioso, muy fácil de notarlo, pero detiene sus preguntas y opta para esperar a que su novio se acerque cuándo necesite hablar–. 

 

– Bienvenido de nuevo…

 

Apenas la frase sale de su boca, ya tiene a Suo estrechandolo como a un oso de felpa. 

 

Si esto hubiera sucedido en preparatoria, estaría gritando y moviendo su cuerpo como gusano en sal, tratando de alejarse de las garras de Suo, pero ya no es ese adolecente tímido y avergonzado.

 

Bueno, cree que ya no es así, pero aún se sigue avergonzando con las muestra de afecto en público y las frases demasiado cariñosas que Suo suelta de vez en cuando.

 

¡Pero está tratando de mejorar!

 

Sabe que ha logrado dar varios pasos de bebé, cuándo devuelve el abrazo y hunde su rostro entre el cuello y hombro de Suo. Inhala el aroma del té de valeriana. 

 

Suo siempre lo bebe cuándo tiene un día estresante. Sakura, en el tiempo que llevan juntos, ha descifrado los estados de ánimo de su novio por medio de los olores del té que toma.

 

– Lo siento, me toca preparar la cena, pero no hice nada –dice en voz baja, hundiéndose en el ambiente cálido que lo envuelve junto al calor corporal de Suo–. Toma un baño mientras cocino algo rápido. 

 

La cabeza castaña de Suo se mueve, negando la petición de Sakura. Deposita un suave beso en medio de la linea que separa ambos colores, negro y blanco, antes de alejarse. Sonríe, mirándolo fruncir el rostro al momento que lo separa de su cuello.

 

– No hace falta, compre comida tailandesa –avisa, sonriendo aún más cuándo los ojos bicolores, gris y dorado, brillan ante sus palabras. Últimamente ha sido la comida para llevar favorita de Sakura desde que abrió el restaurante dos calles abajo. Toca con ternura la nariz respingada–. ¿Cenamos primero o nos damos un baño?

 

Las cejas blancas y negras se arrugan. 

 

– ¿Juntos?

 

Suo asiente, provocando que los pendientes se muevan, señal de la emoción para nada cubierta que se nota en el rostro liso. 

 

Sakura niega, ya imaginando las puercadas que su novio está pensando justo ahora, mientras lo ve con ese ojo solitario, como si fuera un perro abandonado bajo la lluvia y buscará que lo metiera entre sus sábanas.

 

Literal.

 

– No –vuelve a negar–. Tengo hambre y lave el baño a fondo hoy. ¡No quiero arruinarlo tan pronto! 

 

La risa de Suo no se hace esperar, encantado ante la actitud defensora de su novio ante su arduo trabajo. No tarda en sentir pequeños golpes a sus costados, pero los ignora para acercarse y robarle un corto beso a los labios regordetes.

 

Sakura, por su parte, lo recibe gustoso. Todo el día estuvo esperando para sentir de nuevo los labios delgados y jugosos de Suo. Desde el primer momento en que lo beso aquel día, Sakura sabía que serían su perdición. 

 

Y no estaba tan lejos con esos pensamientos, porque cada vez que Suo lo besaba, transmitía todo el cariño y amor que le tenía. Eso, al principio lo aterro. 

 

¿Cómo alguien puede sentir tanto con solo besarlo? Sin embargo, comprendió con el tiempo que esos sentimiento que Suo le dirigía, solo iban en aumento cada día.

 

Tal como los suyos. 

 

Suo, un día le dijo que amaba besarlo, podía hacerlo todo el tiempo si le era posible y Sakura… él está de acuerdo, porque justo eso pasa por su cabeza cada que es besado por esos suaves labios.

 

– Creo que tu hambre es de otra cosa, Haruka-kun –señala Suo, suelta una risa pequeña al ver como su novio persigue sus labios, atrapandolos un momento más antes de alejarse a regañadientes. Alza la ceja sobre el parche–. ¿Satisfecho? 

 

Sakura no contesta, porque sabe que Suo conoce la respuesta.

 

Por supuesto que no está satisfecho, quiere más besos y mimos, pero no solo porque su corazón se lo pide, sino porque necesita despistar a su novio. Lo conoce, sabe que notó su nerviosismo cuando llegó.

 

¡No puede descubrir la sorpresa!

 

Aunque él ya encontró su regalo…¡Sigue sin ser el punto! 

 

Con esos pensamientos, Sakura lo vuelve a besar, esta vez no porque quiere cubrir sus compras de internet, sino solo porque…quiere y puede. 

 

Está en su derecho. No lo vió en todo el día, por supuesto que su cuerpo está sediento de los toques de su novio.

 

Se besan unos minutos más, antes de que se separen por el repentino gruñido de tripas proveniente de la panza hambrienta de Sakura.

 

Después de todo, sí tiene hambre de comida.



 

 

 

Los días pasan y Suo nota cómo Sakura se pone cada vez más nervioso cuándo llega a casa. 

 

No es tonto, sabe que su novio planea algo para su cumpleaños. 

 

Por supuesto que no le molesta ese hecho, todo lo contrario, le encanta como el chico va escalando cada vez más alto en su relación. Ya no pide, ahora exige y toma lo que quiere sin pregunta antes.

 

¿Qué piensa Suo sobre eso? Bueno, siempre termina excitado al verlo tomar la delantera, aun cuándo solo es un simple beso o abrazo. 

 

Verlo ahora saltar cada vez que escucha sus pasos o su voz… Hace que Suo piense de qué se trata esa sorpresa que lo tiene tan nervioso. 

 

La curiosidad carcome su paciencia, pero no presiona ni mucho menos busca alguna pista. Sakura no es de las personas que hacen todo un drama para dar algo, él solo entrega todo sin darle tanta vuelta al asunto, aun cuándo su rostro está a nada de explotar en diferentes tonos de rojo.

 

Es por eso –y por qué lo ama, claro– qué se mantiene sereno, tratando de que sus sospechas no se noten tanto. 

 

Y se encuentra así, esperando con ansias su cumpleaños. Nunca esperó tanto un 28 de marzo como ahora.

 

<<En serio, Haruka es único>> piensa un día antes de la fecha, notando como su novio mira cada cuánto al armario de la sala, donde se supone hay simples artículos de limpieza entre cajas de navidad y otras festividades.

 

Pero de nuevo, no señala los crujidos del apetecible cuello de su novio, tampoco el rico sonrojo en las mejillas ya no tan redondas como antes, cuándo eran jóvenes y se burlaba de él en los salones de FURIN para hacerse notar frente al chico que le gusta. 

 

Todo eso queda atrás como un hermoso recuerdo, haciéndolo sonreír cada que llegan a su memoria. 

 

Sale de sus pensamientos cuándo siente un peso sobre sus muslos. Deja la taza de té a un lado, y toma las caderas de Sakura, apretandolas con fuerza, ganándose un pequeño lamento. 

 

Y luego, los labios mojados de Sakura, con sabor a limonada, lo están besando. Fuerte y crudo.

 

Esa es otra cosa que ha notado. Sakura se lanza sobre él cada que presiente sobre que Suo sospecha algo. 

 

¿Sinceramente? A Suo le encanta ese filtro. Tal vez si se hubiera percatado unos días antes, ahora tuviera a su novio todo marcado con sus mordidas y él, con varias tiritas en su espalda cubriendo los rasguños intensos de Sakura.

 

Pero está bien, hay algo, una corazonada que lo hace pensar en que será recompensando por su arduo trabajo en mantener alejadas sus fantasías del cuerpo de su novio. 

 

– ¿Quieres jugar, gatito? –pregunta en susurro, lleva una mano a la espalda baja de Sakura y mete con delicadeza dos dedos al pantalón corto de pijama, sonríe de lado al escucharlo gemir bajito. Besa la comisura–. Aún queda de ese lubricante sabor cereza que tanto me gusta probar. Tu sabor se mezcla tan bien con el –saca la lengua y recorre con ella la quijada de Sakura, hasta llegar al lóbulo de la oreja. Muerde sacándole un lamento húmedo. Suelta–. Es adictivo. 

 

Sakura niega, reclamando de nuevo los labios de Suo después de que se alejara para hablar. 

 

– Solo… besame, por favor –pide entre besos desastrosos–. No te detengas. 

 

¿Y quién es Suo para negar el pedido exigente de su novio? 

 

Ese día no hicieron nada aparte de solo besarse, como Sakura se lo había pedido. Al día siguiente, cuándo Suo se despertó para ir  a trabajar; Sakura yacía todavía dormido a su lado, dejando salir pequeños ronquidos.

 

Con una sonrisa tranquila, Suo se inclina y besa la mejilla.

 

– Te amo, Haruka-kun –susurra, ganándose un ronquido más fuerte. Suelta una risa baja, cargada de adoración. Sin contenerse, y sabiendo que su novio tiene el sueño pesado; lo estruja en sus brazos, repartiendo besos por toda la piel que está a su alcance–. Mi mejor regalo es despertar a tu lado. 

 

Se permite ser egoísta y olvidar su rutina matutina. Se queda cuarenta minutos, apreciando dormir a su novio, escuchándolo murmurar entre sueños y apapacharlo hasta que el sol se asoma por la ventana de su dormitorio, señal que toma para levantarse a regañadientes del lado cálido de Sakura. 

 

El día pasa igual que los anteriores, solo cambiando un poco por los obsequios de sus compañeros y amigos. No son tantos como en los años de escuela, donde las chicas se amontonaban para darle un presente.

 

Eso debido a que ha dejado muy en claro que alguien lo espera en casa, comentarios directos de su pareja cuándo alguna compañera intenta invitarlo a salir o el brillo demasiado fuerte de su celular, dejando ver la foto de bloqueo de él mismo besando a un Sakura sonrojado.

 

Las horas pasan volando, más cuándo Sakura envía un mensaje a cada momento. Cosa que normalmente no hace.

 

Chat - Haruka ♥

 

Haruka – (8:08 am): ¿Llevaste el desayuno que te deje en la nevera?

Haruka – (8:10 am): Olvide comprobarlo. 

 

Hayato – (8:11 am): ¡Por supuesto! 

Hayato – (8:11 am): Gracias, Haruka. Te amo (ɔ˘ ³(ˆ‿ˆc)

 

Haruka – (8:11 am): Visto.

 

A Suo no le molesta que Sakura no responda el mensaje de amor. Sabe que siente lo mismo, y sobre todo; que no tiene que escribirlo para hacerle entender que también lo ama.

 

Chat - Haruka ♥ 

 

Haruka – (12:21 pm): ¿Ya comiste? 

 

Hayato – (12:22 pm): Sip

Hayato – (12:23 pm): Compraron pastel (foto).

Hayato  – (12:23 pm): Es de vainilla con fresas. 

Te llevo una rebanada para que también lo pruebes, amor ٩(˘◡˘)۶

 

Haruka – (12:26 pm): ¡Es tuyo, comete ese pedazo también!

 

Hayato – (12:27 pm): Muy tarde, ya está etiquetado (foto).

 

Suo sonríe ante la fotografía que acaba de tomar y mandar. En ella sale la rebanada de pastel dentro de una cajita transparente, en el centro hay una nota pequeña con rotulador rojo que dice:

 

“Para el novio de Suo Hayato. No tocar”

 

Aunque le encanta presumir que tiene novio, también una parte es para que no se lo roben. Conoce a sus compañeros de trabajo y sabe que si hay comida sin nota en el refrigerador de la empresa; ellos se lo comen, dándose por perdida tanto la comida como el topper. 

 

Chat - Haruka ♥ 

 

Haruka – (3:45 pm): ¿Ya saliste? 

 

Hayato – (3:46 pm): ¿Desesperado por verme?

Hayato – (3:46 pm): ¡Yo también te extraño, amor! (◡‿◡)

 

Haruka – (3:48 pm): ¡Contesta! 

 

Hayato – (3:48 pm): Tan impaciente… ¡Me encanta! grrr 

 

Haruka – (3:50 pm): HAYATO (ノಠ益ಠ)ノ

 

Suo ríe ante el emoticón. Sakura nunca los manda, al menos que esté jugando con el teclado o… cabreado. Rápido responde, sin querer llegar a casa y encontrar a un gato humano echando humo por los oídos, evitando sus toques de disculpas. 

 

Le gusta a veces hacerlo enojar, porque le encanta tanto lidiar con las rabietas infantiles de Sakura. Es su gusto culposo, pero como hace días, detiene cualquier idea. Tiene una corazonada de que hoy debe portarse bien. 

 

Hayato – (3:51 pm): Lo siento bebé, solo jugaba ( つ﹏╰)

Hayato – (3:52 pm): Acabo de salir hace unos minutos. 

Hayato – (3:52 pm): Ya voy en camino rumbo a nuestro nido de amor (っ◕‿◕)っ ♥

 

Haruka – (3:54 pm): Ok.

Haruka – (3:55 pm): Con cuidado. 

 

Hayato – (3:55 pm):

 

Suo estaría mintiendo, si dijera que no está emocionado por cual sea la sorpresa que Sakura le tiene preparada. Su corazón late un poco más fuerte por cada paso que se encuentre dando hacia la casa. 

 

Esta vez, el camino no se le hizo largo. En minutos ya se encuentra sacando la llave de su bolso, y en segundos abriendo la puerta. 

 

El pasillo está iluminado por la luz natural de afuera, dejando que cubra las paredes blancas y los cuadros con fotografías que han recaudado a lo largo de su relación. Tanto de amistad como ahora de pareja. 

 

– ¡Estoy en casa, Haruka-kun! –avisa, por cualquier cosa que su novio esté haciendo, no estropee la sorpresa. Odiaría verlo cabizbajo si eso llegara a pasar. Es por eso que adrede pisa con fuerza el tatami, para que sus pasos se hagan escuchar–. ¿Dónde estás amor? ¡El cumpleañero quiere un abrazo de su adorable novio! Vamo gatito, pspsps

 

 – ¡¿Qué te dije de hacer ese molesto sonido?! –exige gruñendo, su voz suena en el dormitorio. Los pasos calmados se aproximan–. ¡No soy ningún gato, maldición! 

 

La risa de Suo no se hace esperar. Lleva una mano a su boca, tapando la carcajada que se filtra entre sus dedos. Se gira para encarar a Sakura. 

 

– Funcionó ¿no? –dice con voz juguetona–. Apareciste en cuanto hice el sonido…

 

Las palabras se cortan al ver a su novio de pie bajo el marco de la habitación que ambos comparten y es que la belleza normal de todos los días no es lo que lo hace detenerse, viéndolo como embelesado, sino lo que lleva puesto. 

 

Traga con fuerza al recorrer con su mirada el cuerpo de Sakura. 

 

Empieza con las medias negras, las cuales cubren los pies que apenas deja ver el vestino largo color negro. Sigue más arriba, notando un mandil completo color blanco sobre la tela oscura y cuándo llegar al rostro… la respiración se corta al verlo usar una diadema de tela.

 

Sakura se había vestido de maid .

 

Para su cumpleaños.

 

Por él. 

 

Parece que su expresión fue prevista, porque Sakura apenas se sonroja cuándo se acerca hasta detenerse frente a él. Alza sus manos, dejando ver una charola –Suo no la había notado por estar distraídos con otras cosas –, encima hay una tetera de cerámica color blanca y una taza a juego con un líquido rosa dentro. 

 

– Feliz cumpleaños, Hayato. ¿Tienes sed? –pregunta, sus orejas se tiñen de un rojo furioso. La diadema tiene parte de su cabello hacia atrás, dejándolas descubiertas. Se muerde el labio inferior, apenado. Una mezcla de vergüenza y nerviosismo recorre su cuerpo al meter su mano en una de las dos bolsas del mandil. Saca una botellita roja, acomodándola al lado de la bebida. La etiqueta dice “Lubricante sabor cereza” en letras cursivas. Se aclara la garganta–. ¿O hambre? 

 

Esa última palabra hace reaccionar a Suo, quién rápido toma la charola entre sus manos, solo para dejarla con cuidado en la mesa baja de la sala y luego, acercarse con velocidad hacia Sakura –no sin antes meter la botellita de lubricante en su bolsillo–. 

 

Sin contenerse, lo estrecha en un abrazo y cubre el rostro sonrojado con besos. Ahora entiende porque tenía la tez de tomate los últimos días. Nunca imaginó que su novio se atreviera a meterse en un disfraz como este por su propia voluntad. 

 

Ese pensamiento lo hace reírse, ganándose una bofetada en su hombro izquierdo. 

 

– ¡No te burles! –gruñe, siendo aún besado en todo el rostro. Apenas puede respirar, pero por ahora lo permite–. Internet solo daba ideas de disfraces estúpidas –confiesa, había querido quejarse de eso desde entonces. Siente un peso levantarse de su ser, al fin puede escupir todo sus pensamientos sin arruinar la sorpresa. Siente el pecho de Suo vibrar por la risa, suspira, soportando las burlas solo esta vez porque es un día especial–. Era esto o policía. 

 

Suo se aleja, dejando un par de besos más en los labios de Sakura, antes de mirarlo con adoración y lujuria retenida. 

 

– Me hubiera encantado jugar al policía y al ladrón –comenta, sin ningún rastro de broma en sus palabras. Besa los párpados de Sakura cuando lo ve rodar los ojos–. Tal vez el próximo año…

 

– ¡Nunca dije que volvería a disfrazarme! –corta, alejándose un poco para poder respirar. Hace un puchero–. ¿Sabes lo difícil que es usar medias? ¡Siento como mis bolas son apretadas! ¡Es incómodo! 

 

– ¿En serio? –pregunta, curioso por la nueva información. Las manos que sostienen la cintura de Sakura, se mueven hacia abajo, deteniéndose sobre la curva del trasero. Aprieta ambos glúteos, haciendo que su novio salte un poco y suelte un grito de sorpresa. Inclina su cuerpo, y mira con sensualidad los labios en forma de puchero, antes de volver a esos ojos que tanto le encanta apreciar. Sonríe–. Debemos arreglar eso, cariño. ¿Qué te parece si nos movemos a nuestra habitación y te ayudo con ese problemita? 

 

Sakura, ocultado esa pequeña vergüenza y estando consciente que se vistió para ese motivo: remueve una de las manos de su trasero hasta entrelazar sus dedos. Mira sus manos unidas, como si fueran hechas para estar juntas. Sonríe con cariño. 

 

Tal vez lo están.

 

– Pero primero contestame algo –pide, mirándolo a los ojos. 

 

– Lo que quieras.

 

– ¿Te gustó tu… regalo?

 

Suo siente su corazón tartamudear al ver la mirada heterocromática llena de esperanza, como si buscara aprobación donde sabe que la tiene. Sakura hace rato dejó de hacer ese tipo de preguntas relacionadas a cualquier cosa que hiciera.

 

Sin embargo, ahora era diferente. Muy distinto, porque él ya sabe la respuesta, sin embargo necesita escucharla de los labios de Suo. 

 

– Me encantó –asegura, su expresión no deja ver ninguna mentira–. Agradezco que te tomarás la molestia para vestirte de esta forma para mí –acerca su rostro y acaricia su nariz con la contraria, dando un beso de mariposa–. ¿Son tan obvias mis torceduras? –bromea, haciéndolos reír a ambos. Suspira y deposita un pequeño beso en los labios antes de volver a los ojos de Sakura. Sonríe con cariño–. Tengo todo contigo, Haruka-kun. Te amo, mi lindo atardecer. 

 

Sakura, alza sus manos aún entrelazadas y besa cada nudillo. Se detiene en el pulgar y repite la acción dos veces más hasta que siente su corazón calmarse, listo para mirar nuevamente el color rojo de la mirada de Suo. 

 

– ¿Seguirás diciendo cursilerias o me llevarás a la cama? –cuestiona, sus mejillas se sonrojan, pero el entrecejo fruncido no tartamudea–. ¡Mis testículos están apretados y todo es tu culpa, encargate! 

 

Una carcajada cargada de humor, sale de lo más profundo del pecho de Suo. Sin embargo, no se queda más tiempo burlándose de su novio, sabe que lo dice en serio y es por eso que no pierde ni un minuto más. 

 

Se inclina hasta flexionar las rodillas, pasa un brazo por las rodillas de Sakura y lo carga. Su novio grita, sorprendido por el arrebato, pero se calma cuándo ve que se dirigen a la habitación. 

 

Sakura está eternamente agradecido. No porque harán el amor después de posponerlo tantos días para celebrar el cumpleaños de Suo de esta forma, sino porque sus bolas bicolores volverán a ser libres.

 

¡Sobre su tumba se vuelve a poner algo así! 

 

Sin embargo, nunca debe decir nunca… no cuando tiene un novio con fetiches retorcidos y muy convincente. Menos ahora, que descubrió cómo hacer para que Sakura se disfrazara.

 

No importa que suceda una vez al año. Suo es un hombre paciente.



 

Notes:

¡Feliz cumpleaños a Suo Hayato, nuestro Leonardo Dicaprio Japones!

Tarde un poco, pero creo que en esta plataforma se pueden modificar las fechas de publicación... ¿no? Investigaré eso.

Gracias por leer.
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