Work Text:
La televisión ilumina la sala de estar. Los muebles hacen sombras, cubriendo los espacios a su alrededor y en el sofá del medio, Suo Hayato se encuentra sentado con un bol de palomitas sobre sus muslos y una taza de té humeante entre sus manos. La vista no se aparta del televisor, embelesado por la figura que transmite la cámara y lo proyecta a pixeles.
¿Y cómo no hacerlo? Cuándo el rostro de su novio abarca todo el marco.
Bajo la imagen del hombre llamativo, aparecen unas palabras doradas:
Sakura Haruka – Entrenador de Boxeo.
Guía del jugador Naoya Inoue.
Sakura había sido invitado a los entrenamientos por el dueño del gimnasio, donde asistía todas las tardes al terminar las clases de la universidad. No falta decir que se ganó el cariño de todos, volviéndose rápidamente el favorito del jefe y no mucho después, su relevo en las grandes ligas.
Todo ese camino fue borroso para el mismo Sakura, quién no cayó en cuenta cuán importante era su papel hasta que encontró todas las grabaciones de las peleas donde era entrenador, ocultas en la oficina de Suo.
Ese día, Suo se percató de que su novio andaba de curioso y por ende, debía tomar cartas en el asunto. Así, ambos terminaron haciendo una maratón en su sala, viendo todas las grabaciones.
La mayor parte del tiempo, Sakura se la pasó sonrojado, debido a que Suo había editado la mayoría de los video solo para que mostraran las tomas donde salía él. Ignorando toda la pelea de fondo.
– Tan guapo –susurra Suo para sí mismo. Una sonrisa coqueta aparece en sus labios al ver como la cámara vuelve a enfocar a su novio, justo en el momento en que bebe de la botella de agua. Muerde el labio inferior al notar como un pequeño chorro de agua escurre por la barbilla, ocultándose bajo la camiseta blanca. Niega–. ¿Quién te dió permiso de ser tan sexy en televisión nacional, Haruka-kun? Al llegar te espera un castigo.
Eso decía, pero la verdad lo único que haría al verlo de nuevo sería abrazarlo hasta quedarse dormido.
Sakura había salido de la ciudad al día siguiente del cumpleaños de Suo, pasando todo el fin de semana y parte del lunes en Osaka. Entrenando a su jugador estrella y asistiendo a entrevistas.
Se había vuelto famoso en el mundo del boxeo. Todo aquel que seguía el deporte, conocía el nombre “Sakura Haruka" .
Y Suo se encuentra tan orgulloso de él.
Sabía que cuándo lo conoció, sería alguien en este mundo redondo y por supuesto, no se equivocó. Nunca lo hacía, menos cuando se trata del hombre que robó su corazón a base de sonrojos y gestos amables.
Suo sale de sus pensamientos –para nada sanos sobre el cuerpo de Sakura–, justo en el momento que marcan como ganador a Naoya Inoue. Todos gritan y el chico, todo moreteado del rostro corre hacia Sakura, chocando los cinco.
Después, el televisor se vuelve negro y luego, aparecen los anuncios. Suo suspira, apaga la grabación de pantalla antes de levantarse del sofá.
Camina hacia el comedor y desconecta su celular. Sonríe al ver que falta una hora para el primero de abril, día donde nació el amor de su vida. Suo está seguro que lo es, no importa que muchos digan que eso es fantasía y no exista.
Mientras él lo crea, es suficiente. Más si Sakura le sigue el hilo de sus pensamientos.
Abre la aplicación de mensajes y entra al chat de su novio.
Chat – Gatito ❤
Hayato – (11:00 pm): Hola, mi amor. Estuviste excelente (˘◡˘) ♥
Sabe que no contestará pronto, por lo que deja el celular y camina hacia la cocina. Sakura no llegará hasta mañana temprano, así que debe dejar un buen desayuno preparado antes de dormir. No tendrá tiempo mañana, ya que trabaja.
Eso lo entristece, no estará para recibir a Sakura –quién seguramente llegará arrastrando los pies, exhausto–, sin embargo, se alegra de que al día siguiente comienzan sus vacaciones y los días libres de Sakura después de una pelea.
Tiene muchas ideas (cachondas) de como pasar todo ese tiempo con su novio. Sacará provecho de cada minuto, pegándose como garrapata al cuerpo de Sakura.
Tararea una canción, mientras parte varios huevos para hacer una tortilla. Poco después, corta el tofu en cuadritos y luego los vierte en la sopa miso que hierve en la estufa.
El pescado chisporre a un lado, la arrocera se encuentra a mitad de preparación, los panes para sándwich están calentándose en la tostadora y las verduras se cuecen en el horno.
No pasa mucho, cuándo ya tiene más de diez topper tapados y apilados dentro del refrigerador. Un par son de él, mientras que el resto para su hambriento novio.
Trató de hacer un poco de todo, para que Sakura no tenga que salir ni pedir comida a domicilio. El tiempo que llevan juntos, Suo ha sido muy estricto con consentir a su novio en los cumpleaños y fechas especiales.
Claramente Sakura se negaba a ser tratado como “bebé”, pero llegaron a un acuerdo y es que Suo también se dejara consentir.
Es así, como ambos preparan el alimento del otro en sus cumpleaños y en las fechas especiales, como aniversarios o San Valentín. Los dos se organizan para salir a cenar. Así ninguno se pelea por quién cocina y lava los platos.
Suo se encuentra lavando sus dientes, cuándo escucha el sonido de una notificación proveniente de su celular.
Chat – Gatito ❤
Gatito ❤ – (11:52 pm): ¡Yo no estaba en el ring!
Gatito ❤ – (11:52 pm): Deja de decir eso siempre.
Gatito ❤ – (11:54 pm): Hey… ¿Ya te dormiste?
Suo sonríe, había tardado en llegar a su celular, limpiando su rostro y removiendo sus pendientes. Camina hacia la cama, donde toma asiento.
Hayato – (11:55 pm): ¿Cómo podría? Aún no es primero de abril.
Hayato – (11:55 pm): ¿Puedo llamarte? Extraño tu voz ( ◡́.◡̀)
Gatito ❤ – (11:57 pm): Voy subiendo al avión.
Gatito ❤ – (11:57 pm): La azafata ya dió el aviso de apagar el celular, lo siento.
Una mueca triste surca los labios de Suo, formando un leve puchero. Comienza a escribir que no es su culpa, cuándo aparece otro mensaje en el chat.
Y como si las pilas de un juguete fueran suplantadas por unas nuevas, Suo sonríe feliz al ver que el mensaje se trata de una nota de voz. Son solo tres segundos, pero eso es suficiente para su corazón sediento de Sakura Haruka.
Rápido lo reproduce.
– Nos vemos pronto –murmura, la voz sale baja y ronca por tanto gritar en la pelea de hace rato, pero Suo puede notar el nerviosismo. Lo conoce tan bien–. Buenas noches, Hayato... yo también te extraño.
Chat – Gatito ❤
Hayato – (11:59 pm): ¡Haruka~!
Hayato – (11:59 pm): ¡Casi me provocas un paro cardiaco,
eres tan dulce mi flor de cerezo!
Hayato – (12:00 am): Te amo, feliz cumpleaños (っ◕‿◕)っ ♥
La sonrisa de Suo fácil llega a sus ojos y se extiende cada vez más al volver a reproducir el audio. Sakura no es de los que manda notas de voz, apenas que esté realmente ocupado o tenga mucho que decir y la otra persona no se encuentre cerca.
Está por bloquear el celular, pensando que Sakura ya no va a contestar y apagará el celular, pero se sorprende al ver llegar otra nota de voz. Esta solo dura un segundo.
– Gracias, Hayato –susurra, la voz del capitán del avión se escucha atrás, avisando que están por despegar. Se aclara la garganta–. Te amo.
Hayato – (12:02 am): Haruka, provocarás que no vaya a trabajar mañana.
Hayato – (12:02 am): Es en serio. Lo estoy pensando.
Extraño tanto a mi novio~ ( つ﹏╰)
Sigue enviando mensajes, aun cuando sólo marcan una palomita. Señal de que Sakura ha apagado su celular, pero no le importa. Siente su corazón lleno al escuchar la voz de su novio, después de días donde pasó ocupado entrenando al ahora campeón de japón y esta es la forma más cercana que puede expresarse abiertamente.
Esa noche, Suo se queda dormido escuchando los audios de Sakura, repitiendo las palabras que fueron dichas con tanto cariño y veracidad.
♡
Los pasos se arrastran por el camino de piedra frente a la casa. Sakura piensa que si cae sobre el césped no le importaría quedarse dormido ahí mismo.
Se encuentra muy cansado. Tantos días entrenando al boxeador Inoue lo había agotado. Sumándole las horas de vuelo y las comidas que apenas ingería a momentos del día. Su cuerpo ya no estaba acostumbrado a ese ritmo.
La rutina que había adquirido con Suo a lo largo de sus días juntos, era rota cada que duraba días fuera de la ciudad, donde no estaba su novio para balancear sus comidas y recordarle las horas donde debía ingerir sus meriendas.
Un puchero se forma en los labios de Sakura al entrar y no escuchar la melodiosa voz de Suo, recibiéndolo con alegría.
Otra cosa de la cuál se había acostumbrado. Ya sea él o Suo, pero la mayoría de los días estaba uno de los dos en casa. Ahora, solo era él y su culo adolorido. Los asientos del avión no eran cómodos, sobre todo si pasabas horas sentado ahí.
Sin ganas, camina hacia la habitación, pero detiene sus pasos al toparse con un posting verde limón pegado en la madera lisa.
“Bienvenido a casa, bebé ( ˘ ³˘)♥
No olvides alimentarte. ¡Lo digo en serio!
No entres hasta que tu panza esté de cinco meses.”
Sakura rueda los ojos. Últimamente Suo hace chistes de embarazos cada que come y se le inflama el estomago… Es raro, más cuándo se sienta detrás de él y acaricia la panza, mientras le habla a un ser ficticio.
Niega la cabeza, borrando esos recuerdos y pensando en hacer una cita con el doctor de la mente donde va Endo, para que también le revisen el cerebro a su novio. Tal vez tanto trabajo de oficina le está afectando.
Deja caer su maleta de bolso a un lado de la puerta y se da media vuelta, caminando hacia la cocina. Una sonrisa cansada, pero feliz se muestra en sus labios al encontrar otra nota en el refrigerador.
“¡Itadakimasu!
Enfócate en comer todo lo que quieras. No te preocupes por
los platos, yo me encargo, cumpleañero ~(^з^)-♡
El estómago de Sakura gruñe al abrir el refrigerador y ver más de una docena de bentos alineados por todo el departamento inferior. Puede notar el contenido gracias a las tapaderas transparentes.
Con los ánimos repuestos, toma todos y los lleva a la barra del desayunador. Abre cada uno, separando los que se necesitan calentar y los que se pueden devorar fríos.
Mientras mete un par al microondas, lleva un onigiri a la boca y muerde con hambre. Un gemido de satisfacción sale de su boca aún llena, y vuelve a probar otro bocado. Extrañaba tanto el sazón de Suo.
Tarda treinta minutos en comerlo todo. No deja ni un grano de arroz. Todas las bandejas las acomoda en el lavadero, abre un poco el grifo para que se remojen y no le causen tanto trabajo a Suo cuándo llegue.
Le gustaría lavarlos, pero sabe que su novio se enojará con él y… ¿la verdad? espera un masaje de pies por su cumpleaños, así que tratará de portarse bien.
Un poco más activo, vuelve sobre sus pasos y toma de nuevo la maleta. Al entrar a la habitación, nota como las cortinas están aun lado, dejando que el sol de la mañana se filtre.
No camina mucho, cuándo nota una caja mediana en el centro de la cama. La luz hace resaltar el papel verde con el cual está envuelta y también, el gran moño rojo en la parte superior.
Es la misma caja que encontró hace un par de semanas mientras limpiaba el closet. Lo que quiere decir: ya sabe su contenido.
La culpa inunda su pecho, porque no importa que hayan pasado días… había arruinado la sorpresa de su novio.
Con los hombros caídos, tira la maleta de nuevo al suelo y se acerca a la cama. Ahí, sobre la caja, hay una nota.
“De: El amor de tú vida.
Para: El amor de mi vida.
¡Feliz cumpleaños, Haruka!
Pd: Por favor, disfruta del regalo. Se que lo abriste hace mucho y no me molesta.
Pd2: Prepárate para cuando llegue. Te haré el amor como nunca te lo he hecho (人^з^)-♡
Por inercia, Sakura se lleva una mano a su trasero. Los recuerdos del 28 de marzo llegan a su memoria y con ellos, el dolor al día siguiente. Es poco decir que sufrió sentado en el avión al momento de marcharse horas después.
Sin embargo, Suo estaba contento con su regalo y eso era lo que importaba. También… Él lo disfrutó, así que valió completamente la pena. Era lo importante.
Parecía que hoy correría con la misma suerte. No sabía si estaba contento al sentir la boca de Suo en otro lugar que no fuera en la suya o enojarse, porque en verdad está cansado y la nota fue clara. Debía prepararse.
Aunque sabía el significado detrás de esa palabra… no le prestó tanta atención. Abrió la caja y sacó el peluche de omurice. Rápido se quitó toda su ropa, hasta quedar en boxer y camiseta de resaque. No tardó en turbarse en la cama.
– Hoy es mi cumpleaños –dice, ya sintiendo sus párpados pesados. Toma la sábana que cubre el edredón y se tapa con ella. Suspira gustoso. Aprieta más el peluche contra su pecho–. Hayato debe encargarse.
Sakura aprendió a dejar que otros hagan cosas por él. Incluso si esa persona es Suo, entendió de él muchas cosas que ahora aplica. Entre ellas, ser egoísta con lo suyo y valerse como persona.
Sabe que Suo no podrá quejarse ni argumentar cuando llegue y lo vea dormido. Mucho menos lo acusará. Todo lo contrario, conoce a su novio y está seguro que lo despertara a besos. Tal vez por eso ignora sus instrucciones.
Extraña los labios de Hayato.
Dicho eso, sus ojos se cierran por completo y la habitación se llena de suaves ronquidos.
♡
Sakura se despierta después del mediodía, pasando las siguientes horas tirado en su cama, respondiendo todos los mensajes de felicitaciones que sus amigos y excompañeros le mandaron en el transcurso del día.
El tiempo pasa, hasta que escucha la puerta de la habitación abrirse. No voltea a ver quién es, tampoco dice algo. No hace falta, porque en segundos siente el colchón hundirse y poco después unos fuertes brazos rodear su torso.
– Feliz cumpleaños en persona, Haruka-kun –susurra Suo en su oído, justo antes de hundir su rostro entre el cuello y el hombro de Sakura. Inhala, terminando con su nariz fruncida. Deja un beso antes de retirarse–. Necesitas un baño, tesoro.
– Tengo flojera –confiesa, deja el celular a un lado y gira su cuerpo entre los brazos de Suo. Toma las mejillas contrarias, acercandolo y deposita un beso somnoliento en los labios. Siente el sonrojo recorrer su piel, sonríe–. Gracias por la comida y el regalo, me encantaron.
Suo corresponde a la sonrisa, acerca nuevamente su rostro y esta vez sacude la nariz con la de Sakura. Le encanta darle besos de mariposa, porque siempre termina deleitando sus oídos con la risa encantadora.
– Me alegra escuchar eso, gatito –murmura, besa ambas mejillas antes de alejarse. suspira al ver el rostro sonrojado. Su mirada rojiza brilla en deleite–. ¿Seguro que no quieres tomar una ducha? Puedo ayudar –inclina la cabeza hacia un lado, divertido ante el gesto disgustado de Sakura ante su insinuación. Sonríe, divertido–. Lo digo en serio, ese es mi tercer regalo –besa rápido los labios agrietados–. ¿Vamos? Te hago masajes.
Los ojos dispares de Sakura brillan ante la última palabra. Rápidamente asiente, saliendo de los brazos de Suo. Salta de la cama y comienza a correr rumbo a la puerta del baño dentro de la habitación.
Al entrar, suelta una exclamación de sorpresa.
– ¿Por qué el baño se parece al jardín de Umemiya? –pregunta, sale y ve a su novio, aun recostado sobre la cama. Sakura señala sobre su hombro–. ¡Hay pétalos de rosas por todos lados!
Suo sonríe, encantado por adivinar que su novio no entraría al baño en todo el día y se la pasaría acostado, descansando.
Despacio, baja de la cama y con pasos seguros se acerca a Sakura. Toma una de sus manos y se la lleva a la boca, deposita un beso sin separar la mira de los ojos hermosos de su novio.
– ¿Lo olvidaste? –cuestiona, deposita otro beso, luego otro y así, hasta hacer un camino en todo el brazo desnudo, deteniéndose en el hombro. Con delicadez, desliza el tirante de la camiseta de resaque y muerde. El quejido de Sakura no se hace esperar, luego lame la marca de sus dientes. Separa su cuerpo, solo lo necesario para que las miradas se vuelvan a encontrar. Sonríe con lujuria–. Te haré el amor como nunca te lo he hecho.
Sakura traga, pero asiente. Acepta la propuesta.
Al verlo, Suo desnuda el cuerpo contrario. Empieza removiendo la camiseta delgada, dejándola caer en el suelo cubierto de madera negra. Sigue con los pantalones cortos y al final, quita con toda delicadeza la ropa interior.
La piel completamente desnuda de Sakura queda a la vista. Hace tiempo había dejado de sentir vergüenza por su desnudez, Suo fue una pieza clave para eso. Siempre elogiando y besando cada parte de su cuerpo, pero ahora… quiere ocultarse bajo las sábanas.
La mirada de Suo es como la de un depredador, hambriento de días, quién al fin ha encontrado una presa que devorar.
Ese era Sakura.
Observa como Suo se hinca sobre sus rodillas. Se pregunta qué hará ahora, pero no tarda mucho en entenderlo, cuándo siente los labios cálidos besar su pantorrilla, subiendo por las rodillas hasta llegar a sus muslos, donde muerde cada uno.
Una variedad de marcas son dejadas atrás, antes de reanudar los besos en los muslos interiores. Ignora el pene medio erecto de Sakura, sacandole la vuelta y continuando las caricias con sus labios por las caderas.
Suo se detiene bajo el ombligo, mira hacia arriba al escuchar la respiración de Sakura comenzar a agitarse. Sonríe con la boca abierta y con su lengua, sube sobre su estómago.
Un camino de saliva recorre el torso de Sakura, hasta detenerse en sus pezones. Ahí, Suo lame cada bolita de carne y vuelve a su tarea de recorrer con su lengua la piel blanca de Sakura, quién cierra los ojos, sintiendo como su cuerpo reacciona ante la boca sucia de su novio.
– Date la vuelta –indica Suo, llegando al cuello.
Mordisquea sobre la yugular mientras la mente brumosa de Sakura procesa el mensaje. Al girarse, siente las piernas temblorosas.
Suo inclina el cuello, viendo la blanca piel sentir escalofríos. Pasa su lengua por el labio inferior, antes de ponerse nuevamente de cuclillas y repetir la misma acción, pero ahora por la parte trasera.
Al terminar de recorrer con su boca gran parte del cuerpo de Sakura; susurra en el oído contrario:
– Vamos a limpiarte, cariño –susurra con voz tranquila, pero atrevida. Deposita un beso en el lóbulo–. Una sorpresa te espera dentro.
El asentimiento de Sakura es su llave. Posa cada mano en las caderas de Sakura y entran al baño. Ahí, la luz del atardecer entra por una ventana al costado de la bañera, que se encuentra llena de agua con pétalos de rosas rojas.
Suo deja a Sakura frente a la tina blanca, solo para alejarse y prender las velas que rodean todo el lugar, volviéndolo cálido.
– ¿Como estabas tan seguro que no iba a entrar? –pregunta Sakura, viéndolo prender el calentador eléctrico a un lado de la tina. Frunce el entrecejo–. Pude arruinar otra de tus sorpresas.
La risa divertida de Suo hace que los labios de Sakura se vuelvan puchero.
– ¿Importa? –dice en su lugar, vierte un par de sales en la bañera antes de girarse para ver a Sakura. Sonríe con cariño–. Me gusta que seas un gato curioso, ¿por qué no vienes y descubres si el agua ya está tibia?
– Tonto –regaña Sakura, pero de todas formas mete un pie a la tina, tanteando la temperatura. Asiente unos segundos después, metiéndo todo el piel y poco después hunde su cuerpo hasta los hombros. Suelta un suspiro aliviado, cuando siente que las manos largas de Suo se posan sobre sus hombros–. Mierda, esto se siente muy bien.
Suo ríe.
– ¿No habías dicho que te daba flojera tomar un baño? –cuestiona divertido, ganándose unos cuantos pétalos dirigidos a su rostro. Los evade rápido, sin detener sus risas. Aprieta los hombros, provocando que Sakura saque un lamento satisfactorio–. Estás tenso, amor.
– El entrenamiento fue intenso –revela, cierra los ojos. Hace una mueca al sentir ambos pulgares de Suo hundirse en el hueco de sus clavículas–. Sobre todo la rueda de prensa… todos tenían preguntas y se acercaban muchos con sus micrófonos.
– Me imagino –asiente Suo, consciente. Sabe que a Sakura no le gusta ser el centro de atención. Lo mira con tristeza, hubiera querido estar ahí a su lado, acompañándolo–. Debió ser abrumador, pero ya estás aquí. Puedes relajarte, gatito.
Tuvieron que pasar diez minutos de masajes y palabras cargadas de amor por parte de Suo, para que Sakura apenas comience a relajarse.
No detiene sus manos, recorriendo cada zona dura que encuentra, sin embargo el tiempo pasa y no hay cambio. Suo puede ver todavía algunos músculos tensos cuando pasaba sus dedos sobre ellos, aun cuándo ya lavo el cabello y enjuagar el cuerpo de Sakura.
Al ver que nada surte efecto, apaga el calentador y acerca un banquito de madera. Lo acomoda detrás de Sakura y despacio, desliza sus brazos a cada lado del cuerpo. Baja por el torso hasta detenerse sobre el vientre contrario.
Con las yemas de sus dedos, Suo da pequeñas caricias. Toques que apenas se sienten debido al agua.
Sakura frunció el entrecejo, mira las manos jugar con su piel y luego sobre su hombro, encontrando la sonrisa ladeada, pero picara de Suo.
– Pensé que habíamos terminado.
Suo niega.
– Tu cuerpo todavía se encuentra rígido –sopla sobre el cuello de Sakura, donde la línea separa cada tono de cabello. Observa cómo un escalofrío recorre la espalda contraria, debido al choque de temperatura de su aliento frío y la piel aún cruda del agua caliente–. Debo recurrir a otras medidas para cambiar eso.
Al terminar de decir eso, baja más una de sus manos hasta tomar el pene flácido de Sakura y con la otra, comienza a acariciar ambos testículos.
– Veo que extrañaste mis manos –dice Suo, observando la boca apretada de su novio, intentando frenar cualquier exclamación. Le gusta escucharlo gemir, por lo que aprieta un poco su mano sobre el tronco del pene e incrementa el ritmo. Pronto, la voz de Sakura inunda el baño. Suo sonríe–. Eso, muéstrame que te hago sentir bien.
Sakura no responde, concentrado en los dedos traviesos de su novio, que separan ambos testículos y aprietan ese lugar delicado. Hace mucho, Suo le había dicho que el perineo –mejor conocido como punto P– es una zona erógena y cada que estimula ese lugar, Sakura siente mucha sensibilidad, logrando correrse más rápido de lo normal.
Por inercia, sacude sus piernas al sentir la yema girar en círculos sobre esa zona. La mano de Suo se vuelve más apretada, logrando hacer un tunel con sus dedos y pronto, su pene es ordeñado.
Gotas de presemen salen de la uretra, confundiéndose con las sales que aún flotan en el agua de la bañera. Cierra sus ojos al sentir como otro dedo se une al trabajo manual, pero ahora haciendo leves embestidas en su ano.
– ¡Hayato! –gime fuerte, siente como el calor corre dentro de su cuerpo hasta concentrarse en el vientre. Una descarga eléctrica recorre su columna, provocando que se arquee, pero Suo lo mantiene en su lugar con ambos brazos. Sakura no deja de soltar maldiciones, rodeadas de gemidos que deleitan a su novio. Sacude la cabeza–. ¡Está muy apretado, joder! –exclama, entre tartamudeado sintiendo como un camino de saliva baja por su barbilla. Cierra con fuerza sus ojos, cuando el dedo de Suo logra entrar a su cuerpo–. ¡Mierda! ¡Siento que me correré en cualquier momento!
Suo mira como el cuello de Sakura se estira hasta caer sobre su hombro y observa como gotas de sudor, mezcladas con el vapor del agua; recorren la piel lisa, deslizándose sobre ella, como si se burlaran del propio Suo.
No puede creer que algo así le esté causando celos. Él también quiere fundirse de esa forma con el cuerpo de Sakura.
¿Y por qué no intentarlo?
Pasa la lengua por sus labios, inadratándolos. Inclina su cabeza y pronto hunde su boca en el cuello colorado de su novio. Besa, muerde y chupa cada gota de agua salada que hay a su alcance.
Sakura, siente su cuello ser amasado y sumándole que un segundo dedo entra en su cuerpo…
Ya no puede soportarlo más, cada pequeño músculo de su cuerpo se tensa. Abre con fuerza sus ojos y al tomar con las manos temblorosas los bordes de la mañera; se corre, manchando la mano de Suo, pero siendo limpiada rápidamente por el agua.
– Eso fue… internos –murmura sin fuerzas.
Toda esa descarga de energía momentánea que sintió hace unos segundos se esfuma, dejando su cuerpo como gelatina. El cansancio se vuelve sueño, apoderándose rápido de su cuerpo.
Luego, todo se vuelve oscuro.
Cuándo vuelve a cobrar la conciencia, lo primero que ve es la puerta del baño alejarse o bien, él siendo cargado por Suo. Al notar ese detalle, abre sorprendido los ojos y cubre con sus extremidades el cuerpo contrario, temiendo caer.
Sabe que eso no sucederá, pero es su primer instinto.
– Despertaste –señala Suo, mira hacia abajo y sonríe con los párpados cerrados–. ¿Cómo te sientes?
Sakura hace un escaneo rápido de su cuerpo. Tiene puesto un pijama de dos piezas color naranja, hay pequeños dibujos de zanahorias en su pantalón, mientras que la camiseta es lisa. Sin embargo, no es el hecho que Suo lo haya vecino y no recuerde, sino lo que descubre al girar su cuello hacia arriba para ver a su novio.
Y es que el dolor ha desaparecido. Todos los músculos de su cuerpo ya no se encuentran rígidos, mucho menos tenso. Fácilmente puede correr por toda la ciudad durante horas sin cansarse.
– Mejor –confirma, mueve su cuello a todos lados y ningún crujido sale. Sonríe satisfecho–. Incluso mucho mejor que las terapias gratuitas del gimnasio.
Los pasos de Suo se detienen frente a la cama. Las cejas castañas, casi rojas se fruncen y mira a Sakura con indignación.
– ¿Te tocaron?
Sakura rueda los ojos, y le da un manotazo en el pecho sin mucha fuerza. Se encuentra muy relajado, todavía somnoliento como para usar su energía en esto.
– Deja de beber vinagre –regaña, remueve su cuerpo entre los brazos de Suo–. Si vas a empezar con tus dramas, bájame, quiero ir a la cama.
– Está bien, me detendré –dice, pensando: <<Por ahora>> y reanuda los pasos hasta que sus rodillas golpean el colchón. Besa la sien de Sakura antes de bajarlo con cuidado y acomodarlo en medio de la cama. Toma el mentón y lo gira hacia él. Sonríe ante el pequeño puchero–. ¿Me perdonas?
Sakura arruga la nariz, haciendo como si pensará su respuesta. Después de medio minuto asiente.
– Sí –confirma, toma la mejilla de Suo y acerca sus rostros hasta que las narices se tocan. Sacude, formando un beso de mariposa. Enfoca ambos ojos en la mirada rojiza–. Pero me darás un masaje de pies, ¿de acuerdo?
– Trato –responde, roba un casto beso de los labios de su novio. Al separarse, mira sobre los hombros de Sakura y sonríe–. Pero antes, ¿no te gustaría cenar?
– ¿Eh?
Sakura, confundido, voltea hacia atrás y sus ojos se abren de sorpresa al encontrar una pequeña mesa de madera sobre la cama. En cima, una charola de plata brilla por la luz encendida del techo y sobre ella, hay un plato de cerámica blanca con un omurice en el centro. No hay verduras ni frutas. Solo el plato y un vaso desechable de frapuccino.
Tarda un minuto completo admirando la comida. Al salir de su estupor, gira hacia Suo, quién le sonríe mostrando la dentadura blanca. Vuelve a mirar la charola.
– ¿Es… para mí?
Suo asiente y recuesta la cabeza sobre el hombro de Sakura.
– Por favor, come.
Al decir eso, rodea con un brazo el torso de Sakura y sube una pierna sobre las contrarias. Cierra los ojos y siente cómo su chico acerca la mesa hasta acomodarla en su otro costado. Las manos rasposas de Sakura por tanto entrenar, llegan fácil a su su cabellera y comienza a dar leves piojitos.
Si Suo fuer aun gato, estuviera ronroneando.
Sakura suelta un suspiro al verlo pegarse más a su cuerpo, como si de una garrapata se tratase. No puede detener la sonrisa tierna que se dibuja en sus labios.
Mira de nuevo el omurice y sin esperar un segundo más, toma la cuchara.
– Hace rato –comienza a decir, seguro de que Suo lo escucha. Las caricias de los dedos contrarios sobre su abdomen cubierto lo delatan. Parte un trozo de la tortilla con arroz frito–. En verdad pensé que me ibas a romper el culo.
Las palabras provocan que las mejillas de Sakura se cubran de una fina capa de rosa, pero no le dan importancia y se enfoca mejor en el cuerpo tembloroso a su costado. Se trata de Suo, quién suelta una carcajada y oculta más su rostro en el cuello.
– En serio, ¿desde cuándo desaprovechas una oportunidad? —pregunta Sakura, mira cómo continúa riendo. La risa es contagiosa, porque pronto se encuentra acompañándolo. Toma un par de mechones castaños con su mano y jala, sacándolo de su escondite. Pone la palma sobre la frente, tanteando la temperatura. Lo mira divertido—. ¿Estás enfermo o algo?
Suo niega. Hay una capa de carmín sobre el rostro, ya sea debido a la risa o al estar metido en el cuello contrario. Cual sea la razón a Sakura le encanta.
– No siempre el amor se trata de tener sexo, Haruka-kun —comenta, y su sonrisa de suaviza al ver el entemiento cubrir la mirada heterocromatica. Besa el hombro cubierto antes de acercarse hasta que su boca está a escasos centímetros de la comisura de Sakura. Sonríe de lado–. Pero podemos hacerlo si tanto me quieres dentro de ti.
Antes, cuándo apenas empezaba su relación. Sakura se hubiera sonrojado hasta las uñas de los pies y empezaría a gritar sobre lo descarado de sus palabras, pero ahora… Sakura simplemente se encoge de hombros.
– Ya no, perdiste tu oportunidad –responde, indiferente y solamente con un leve polvo rojo sobre sus mejillas. Aparta con su hombro un poco el cuerpo de Suo –lo suficiente para que su brazo llegue de nuevo a la pequeña mesa. Siente los labios contrarios dejan un besito en su lóbulo, pero lo ignora–. Ush, ush. Ahora no enfades y deja comer.
La risa alegre de Suo pasa a ser ruido blanco. Se lleva la cuchara cargada de comedia a la boca y suelta un suspiro gustoso. El sabor conocido no tarda en hacer que sus papilas gustativas brinquen de alegría.
Sus ojos se abren de sorpresa al reconocer el sazón. Mira a Suo con las pupilas dilatadas.
– ¿Quién lo hizo?
– Ya sabes.
Sakura vuelve a mirar el plato y prueba de nuevo, solo para estar seguro. Aunque no hacía falta, porque estaba desayunando el mismo platillo durante sus días de preparatoria en FURIN.
– ¿Cómo hiciste para que Kotoha te diera comida para llevar? –cuestiona, entre sorprendido y emocionado.
No puede dejar de probar el omurice, pero también se obliga a ir despacio y partirlo en pequeños pedazos. Odiaría terminarlo demasiado rápido.
A su lado, Suo observa ese detalle y siente cómo su corazón se aprieta de tanto amor que está sintiendo ahora mismo. Adora ver a Sakura comer, es uno de sus fetiches raros. Sobre todo si es uno de esos platillos que más le encantan.
Sus vidas ya no eran como antes. Ahora son adultos, trabajan y apenas tienen tiempo para salir juntos o a veces, quedar con sus amigos más cercanos. Eso provoca que casi no visiten sus lugares favoritos.
El de Sakura es Pothos.
Cada que va ahí, Suo nota como la expresión y el aura del chico cambian. Sabe que es debido a sus recuerdos, viviendo nuevamente todo ese cambio que le tocó hacer a tan corta edad.
Es consciente de que el omurice de Kotoha fue la primera comedia completa que tuvo ese niño de 15 años cuando llegó aquel primer día a Makoshi.
Y ahora, casi doce años después; Sakura tiene comidas completas todos los días en los que se encuentra en casa. Aun así, el omurice siempre será algo especial para él.
Sobre todo si es el de Pothos.
– Tengo mis encantos –responde, perdido en las mejillas regordetas de Sakura. Acerca su manos para remover un grano de arroz. Antes de que se lo lleve a la boca, Sakura toma la muñeca de Suo y se lleva el pulgar a sus labios, remueve con la lengua la pequeña migaja. Las cejas castañas se alzan, sorprendido–. Vaya, parece como si no hubieras devorado más de quince bentos, amor.
Sakura suelta la mano y se encoge de hombros. Da un sorbo de su frapuccino –una de sus bebidas favoritas desde que lo provocó por primera vez, aquel día cuándo sus amigos lo arrastraron al centro comercia–
Ignora las burlas de su novio y vuelve a partir otro pequeño trozo de tortilla con arroz, sin embargo, detiene la cuchara antes de llegar a su boca. Frunce el entrecejo y mira a su costado, notando que Suo ya no estaba pegado a su cuerpo, sino que ahora se encuentra sentado con las pierna cruzada un poco.
– ¿Qué sucede? –pregunta Suo, ladeando un poco la cabeza. Había removido los pendientes cuándo estaba en el baño y el parche de cuero fue cambiado por uno médico. Mira la mesa plegable, buscando que pudo ser lo que detuviera la cena feliz de su novio. Frunce sus labios al no encontrar nada–. ¿Ya te llenaste, Haruka-kun?
Sakura niega.
– No es eso… –responde rápidamente, baja la cuchara hasta tocar el plato. Mira su costado y luego a Suo. No había sido en serio que se alejara. Aparte, ¿desde cuándo le hace caso? Señala su cuerpo–. ¿Por qué te fuiste?
Tanto la boca como los párpados de Suo se abren, entendiendo a lo que se refiere. No puede contener la risa que brota de su pecho, pero aun así, no tarda mucho y vuelve a su lugar anterior.
Los brazos y piernas de Suo pronto están rodeando el cuerpo de Sakura, quién suelta un suspiro satisfecho, como si hubiera probado otro bocado de omurice.
– ¿Contento?
– Mm
Dicho eso, ambos se pierden en el calor corporal que emana el cuerpo del otro. El tiempo pasa tranquilo, Sakura come y Suo lo observa.
Las piezas del rompecabezas se encuentran donde deben estar. Ambos son el pedazo del otro, un trozo que no sabían que necesitaban hasta que se juntaron.
En cuerpo y alma.
