Work Text:
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Lover Of Mine
Lover of mine, maybe we'll take some time…
Kaleidoscope mind gets in the way.
Hope and I pray
Darling, that you will stay
Butterflies lies, chase them away…
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Un viaje en taxi nunca se le había hecho tan tortuoso a Harriet Potter como éste.
Hay una tensión en el aire, tan fuerte que hasta el taxista se ve afectado y decide ignorarlas, colocando una animada canción en la radio que se escucha terrible por la mala señal a causa de la tormenta. Harriet no sabe si sentir lástima por el taxista al estar atrapado en esta situación, u odiarlo por hacerla peor.
Mordisqueando su mejilla, voltea hacia la otra pasajera. Su corazón palpita con fuerza ante la vista de su mayor anhelo, aún cuando cada palpitar duele por la culpa que la condena. Ella está sentada a menos de un metro, lo más cerca que han estado físicamente en años, pero entre ellas parece haber una distancia abismal.
Que Draina no la mire, su rostro volteado completamente hacia la ventana reafirma está sensación.
Harriet la admira en silencio, su belleza ha florecido y madurado maravillosamente estos años. Su piel sigue siendo tan pálida como en Hogwarts, su figura esbelta y elegante postura incluso al ignorar olímpicamente la existencia de alguien (La de ella, principalmente), sus manos tienen una fina manicura que le recuerda a las estatuas talladas de una diosa y su cabello…
Rubio pálido, suave y brillante, perfectamente cuidado y…
—Corto. — murmura con torpeza, sonrojándose abochornada al notar que dijo aquello en voz alta. El taxista la observa desde el retrovisor casi con lástima y Harriet carraspeó suavemente, aclarándose la garganta antes de volver a hablar. — Te cortaste el cabello. — señala.
Su sonrojo aumentó cuando Draina la voltea a ver con la mayor expresión de “¿Es enserio?” que podría ver en esta vida o la siguiente.
Y comparte su pensamiento, años queriendo hablar con ella y cuando tiene la oportunidad, dice la cosa más estúpidamente obvia que hay.
Harriet mordisqueó su labio y sonrió nerviosa.
—Te queda bien.
— Lo sé. — dice Draina indiferente, volteando el rostro y Harriet juraría que un Glacius no le habría causado tanto frío como esa mirada.
Gris frío, distante y lleno de indiferencia.
Respiró profundo, porque en el momento que decidió contactar con Draina nuevamente sabía que no sería fácil. Lo sabía incluso antes de empezar a buscar, porque el acceso a ella era inexistente después de los juicios.
Primero, Draina siendo inquieta como un colibrí, viajando constantemente en favor de su negocio
Y segundo, sus amigos Slytherin, trabajando como un escudo, no…como una pared alrededor de Draina.
Imposible de ver, difícil de alcanzar.
—Te dejaste crecer el tuyo. —
Harriet se sobresaltó, La voz de Draina no expresa nada, cansancio a lo mucho, pero escucharla es suficiente para alterar sus nervios.
Una mano viaja a su cabello, jugueteando con los rizos en las puntas. Tiene el impulso de hablar, decirle que los dejó crecer por el recuerdo de aquellas tardes en las que Draina pasaría horas jugando con sus rizos y la ayudaría a definirlos con una poción especial que hizo para ella.
Su lengua pesa, y tal vez es lo mejor.
No puede traer recuerdos de aquella época sin que se vuelvan amargos.
—Si…um… no tiene mucho que empecé a dejarlo crecer. — murmura sin saber qué más decir.
Draina no habla más y Harriet tampoco quiere forzar una conversación, suficiente fue con casi forzar su entrada en el taxi. Estaba segura que si tardaba un segundo en subirse, Draina le habría pedido al taxista que arranque y la dejara allí en la lluvia.
La mala mirada del taxista por subir empapada al vehículo no se le olvida, y debe dejarle una buena propina por las molestias.
El resto del viaje fue en total silencio hasta llegar a la ciudad, donde Draina le dio indicaciones al taxista de a donde ir.
Se sorprende al entrar en el Londres muggle.
Llegar a un hotel 5 estrellas no le sorprende tanto.
Harriet sonríe débilmente, supone que algunas cosas no cambian y saberlo le genera algo de calma.
La que desaparece cuando Draina se baja del taxi sin hablar, disparando el pulso de Harriet con pánico.
Harriet se disculpa con el conductor y tras pagar, corre por Draina en el vestíbulo del hotel. El lugar está vacío ante las altas horas, solo una recepcionista apoyada contra el escritorio y un guardia dormido en la casetera de seguridad, así que sigue los pasos en el pasillo hasta el ascensor.
Draina está allí, dentro de la maquinaria y con la mano estirada dentro del tablero de control. Cuando Harriet ingresa al ascensor, puede notar que la rubia mantuvo las puertas abiertas, esperándola.
No sabe qué sentir.
Los nervios que venía arrastrando desde que ingresó al taxi han crecido y combinado con un miedo y emoción que su estómago no agradece. Si tuviera algo que vomitar, tal vez lo habría hecho ya.
Pasar a la habitación de Draina no la hace sentir mejor.
Ni siquiera el lujo en la habitación es suficiente para tranquilizarla, la vista a la tormenta no es agradable y arrastra recuerdos oscuros.
—Espera aquí. — dice Draina de repente, su voz haciendo eco en la habitación. Harriet se sobresalta, sus ojos clavados en la espalda de Draina. —Iré por unas toallas, no vayas a mojar el sofá.
Entonces desaparece por una puerta y Harriet queda en medio de la sala, sintiéndose perdida por un minuto antes de comenzar a pasearse incapaz de permanecer quieta por el nerviosismo.
La última vez que hablaron a solas ¿cuándo fue?
Esa última noche antes de las vacaciones de navidad en sexto año. Todo había sido tan tranquilo y fácil entre ellas, aunque Draina parecía ansiosa por un problema en casa del que no quiso hablar, Harriet prefirió ser un apoyo silencioso y dejarla ser. Draina se acurruco y dormito en su pecho toda la noche.
Pensaba animarla cuando regresaran.
Pero todo se fue cuesta abajo.
Ella misma lo arruino con ese maldito hechizo.
¿Qué tanto habría cambiado si no hubiera lanzado ese hechizo?
¿Y si se hubiera acercado con más firmeza?
¿Si esa última noche hubiera sido honesta?
¿Les podría haber dado un destino diferente?
—Potter.
Harriet se sobresalta, al estar tan metida en sus pensamientos no escucho a Draina acercarse. Trata de aparentar calma, y sonríe de forma suave mientras recibe las toallas blancas que se le extienden.
—Gracias. — dice, se siente tímida por todo y nada, aunque Draina no parece darle importancia. Se sienta en un sofá individual al otro extremo de la pequeña sala de estar y Harriet suspira con pesadez.
La distancia entre ellas se siente como un abismo, tanto físico como emocional.
El recuerdo del pasado cálido se vuelve doloroso.
Toma asiento en el sofá más cercano, incómoda y con una mano secando su cabello con la toalla entregada. El movimiento repetitivo y mecánico le ayuda a tranquilizarse un poco.
—¿Y bien? — cuestiona Draina, las manos sobre su regazo y su expresión impasible. — ¿Porqué me seguiste?
Harriet deja caer las manos sobre su regazo, respira profundo para reunir el valor y las palabras que necesitas. Lo que había planeado decir durante días desaparece de su mente y con un nudo en su garganta, apela por pequeños pasos sinceros.
Pasos de bebé.
—Quería hablar contigo. — Empieza y sin levantar la mirada, siente la ceja de Draina arquearse. Confirmarlo, la hace sentir tan nerviosa como divertida. — Hay cosas que sucedieron, tanto en la guerra como entre nosotras que no siento haberles dado el cierre correcto. —
Harriet es sincera al hablar, trata que todo su cuerpo lo demuestre y mira a Draina directo a los ojos al hacerlo. Aunque la rubia no expresa nada en su rostro, Harriet nota como aprieta las manos en su regazo y lo entiende.
Es un tema doloroso e incómodo.
Draina voltea la mirada hacia la ventana.
—Han pasado… más de diez años. —Dice con indiferencia, pero su rostro es distante y hay un aire de tristeza en este que Harriet espera no estar imaginando. — No hay necesidad de levantar tierra asentada, Potter. Todo eso está en el pasado, no importa ya.
Las palabras de Draina se sienten como un golpe frío, dispuestas a dejar el tema hasta allí. Harriet sonríe con tristeza pero no retrocede.
—Yo…nunca te di las gracias por lo que hiciste en la batalla final. — dice con suavidad, se pregunta si la sombra que aparece en los ojos de Draina ante la mención de la guerra es la misma en sus ojos cuando despierta con pesadillas.
Le habían dicho hace tanto tiempo que en las guerras nunca hay ganadores, solo sobrevivientes.
Cuanta razón.
—Eso no…
—Estabas herida. — le interrumpe y su corazón latió de forma dolorosa cuando Draina la miró sorprendida, como si no esperara que recordara tal cosa. —Estabas herida, rodeada de mortifagos y aun así… corriste a ayudarme. —
La voz de Harriet se suaviza cuando sus palabras traen los recuerdos de esa noche, ese momento en el que la voz de Draina se alzó sobre todo ruido y entregó la varita que definió el destino del mundo mágico, así lo hizo saber en su juicio.
Con maldad, una voz en su mente le recalca que esa fue la última vez que la llamó por su nombre.
—Gracias, por salvarme…y protegerme.— La palabra sale con dificultad de sus labios, el nudo en garganta dificultando hablar. — Aquella noche en la mansión Malfoy… no me delataste.
Harriet recuerda ese momento con la sangre fría y un nudo en el estómago. El hogar que Draina había descrito como brillante y elegante, era oscuro y frío . El aire pesaba al respirar, espeso por la magia negra de sus ocupantes y las sombras de hombres y criaturas merodeando en todos lados creaba figuras tenebrosas que jugaron con su psiquis todo el tiempo que estuvo allí.
Aterrada.
Hasta que Draina le dio un respiro con tres palabras .
“No es ella.”
—Fue muy peligroso… cualquiera te pudo desmentir y…entonces…
Harriet apretó los labios, incapaz de terminar aquella oración. Puede notar a Draina tensa, sus ojos cerrados con fuerza y las manos apretadas sobre su regazo. Parece sufrir recordando el pánico que sintió en aquel momento cuando la salvó, cuando mintió frente a los generales y seguidores de Voldemort por ella y la salvó.
la tortura que experimento después.
Si Harriet estaba muerta de miedo, no puede imaginar lo que Draina sintió todo ese tiempo. Ella estaba sola, rodeada de personas peligrosas que no habrían dudado en asesinarla por su causa, situación en la que tal vez…ni siquiera contaba con la protección de familia.
Harriet tenía a sus amigos, pero Draina estaba sola.
Sus ojos se empañaron con lágrimas.
—Por todo, unas gracias no son suficientes…pero es lo mínimo.
—No hace... —Draina le interrumpe, su voz se escucha forzada y parece tener problemas para controlarla. — No hace falta que me agradezcas, entregué a Granger ¿Recuerdas? —
Si, lo recuerda.
Harriet suspira pesadamente, los gritos de Hermione hacen eco en sus pesadillas más oscuras y en las peores noches, debe correr al baño más cercano para vomitar. Ver su cicatriz a veces dispara aquel recuerdo y es invadida con fuertes náuseas, incluso fue difícil verla a los ojos por un tiempo.
Sin embargo, y como la misma Hermione dijo, no puede dejar que su emoción ciegue su lógica. Los errores que cometió por eso le pesan todos los días.
—-Lo sé…y estuve enojada por eso mucho tiempo, Draina. — su voz es suave al decir su nombre y puede notar como contiene la respiración — pero no fue, ni es, ni será justo para ti… Te estabas jugando la vida al mentir sobre mí, proteger a Ron y Hermione sería…era demasiado…—Harriet sacude su cabeza con frustración, las palabras nunca han sido su fuerte para las cosas buenas o las malas. — Tu no podías salvarnos a los tres o habrían sospechado de ti, ahora lo entiendo y…desearía haberlo hecho antes. Lo lamento.
Harriet siente sus labios temblar y debe morder su mejilla, recuperando un poco de control a través del dolor físico. Tiene la necesidad de tomar la mano de Draina, apretarla entre las suyas y demostrar que está allí, que es real y sincera.
Pero se controla porque no sabe si Draina quiera tal cosa.
Perdió el privilegio de tomar su mano hace mucho.
—De Acuerdo — suspiro Draina con pesadez, hay un cansancio en su voz que pincha de forma dolorosa. No es un cansancio de “son las tres de la mañana y quiero dormir” sino de “Esta conversación es terriblemente incómoda, quiero que se acabe”. —Gracias por venir hasta aquí, yo no… no creo que hiciera falta, ayudaste demasiado a mi madre y a mí en los juicios. Para mí, estábamos a mano con eso.
Draina sonríe, es una pequeña y tensa sonrisa de lado que refleja todo y nada de lo que siente. Hay una pequeña súplica en sus ojos para terminar esta conversación y el nudo en el estómago de Harriet se hace más fuerte, porque no ha terminado.
Respira profundo, preparándose para la parte más difícil.
—Hay otra cosa…por la que he venido. — dice y Draina, como la chica inteligente que siempre ha sido, debe saber de que se trata porque sus mejillas se tornan pálidas, casi azules.
—No es necesario.
—Lo es. —reafirma Harriet y cuando Draina se levanta, la imita.
—No, no lo es. Ya es pasado, déjalo ser. Yo lo superé, ya déjalo atrás y…
Draina retrocede, las palabras salieron atropelladas de sus labios mientras baja la manga de su vestido, más a su muñeca como si temiera mostrar demasiada piel o algo incorrecto en esta.
Harriet sabe que quiere ocultar, y duele, terriblemente.
Sin pensarlo, su mano sujeta la muñeca de Draina con firmeza y suavidad. No quiere que huya, pero tampoco quiere herirla y que le tema.
—Draina. —le llama con suavidad, aunque su interior se rompe al ver ese triste gris en los ojos de la rubia. Por un segundo, puede ver a la niña altiva y arrogante que entró a la enfermería esa tarde en tercer año y la voz le traiciona. —Lo lamento…lo lamento tanto, lo siento. —solloza y las primeras lágrimas caen por sus mejillas.
Recuerdos inundan su mente. Muchos felices, otros no tanto, pero en todos está esa hermosa niña rubia que era tan despiadada como sensible, tan egoísta como considerada, tan inteligente como despistada y duele.
Recuerda la primera vez que rieron juntas.
Recuerda la primera vez que lloraron con la otra.
Cuando Harriet habló de la vida con su familia, cuando Draina le hablo de su terrible miedo de decepcionar a su familia.
Ese primer beso.
Esa primera pelea.
La primera noche.
La última.
El maldito baño de niñas.
Harriet solloza, un sonido lastimero escapando de sus labios cuando recuerda el horror y arrepentimiento instantáneo que sintió tras lanzar el Sectumsempra.
“¡Draina!”
El grito que rebotó en sus oídos, un sonido que quedó grabado en su mente junto a la imagen de la rubia herida sobre el suelo, sangrando profundamente. Sus manos manchadas de sangre mientras sostiene a la chica contra su pecho, murmurando incontrolable cuanto hechizo de sanación pudiera recordar.
El caos que causó su magia descontrolada no sería algo de lo que se percatarse hasta el siguiente día.
—No tengo…no debería estar ante ti…—solloza Harriet, sus rodillas contra el suelo ante el peso de sus pecados. Incapaz de levantar el rostro, deja que las lágrimas se deslicen por su nariz hasta el suelo.— lo que hice fue horrible, no tiene perdón…no lo merecías, eras…Merlin, eras una niña.
—Era un enemigo, Potter.
La castaña sacude la cabeza ante las palabras de Draina.
—Debí detenerme, debí hablar contigo… yo no debí, no tenía por que…
—Te habría hechizado. —le interrumpe Draina nuevamente, su tono más firme aunque la voz se le quebró. Harriet no puede saber si de miedo o dolor por los recuerdos.
—¡Me lo habría merecido! —sollozo, llevando las manos hasta su rostro trata de limpiar las lágrimas que salen sin control. —casi te mato, si no hubiera sido por Snape tu…tu…—
No puede decirlo.
La palabra muere en su garganta antes de siquiera salir, aunque se convierte en un nudo que cierra el pase de aire. Harriet jadea y se golpea el pecho, no es la primera vez que tiene un ataque de pánico, pero cuando usualmente encuentra la frialdad para tranquilizarse y evitar que empeore, ahora mismo no puede pensar en nada apaciguador.
El recuerdo de Draina herida quema en sus recuerdos.
Su pecho se contrae dolorosamente.
Su garganta se cierra.
Puntos negros comienzan a aparecer en su visión.
—¡Harriet! —
La castaña se sobresalta cuando un agarre firme y el movimiento brusco de su cuerpo la hacen reaccionar, dos manos pálidas le toman de las mejillas, apretando y haciéndola levantar la mirada.
El rostro de Draina, a centímetros del suyo la hace tragar con dificultad.
No es la niña arrogante o la joven herida de sus recuerdos, es una Draina adulta, segura y tranquila con autoridad en su mirada, diferente a la exigencia de sus berrinches, esta demanda obediencia y respeto.
—Respira. —ordena con un tono firme, pero su voz es sorprendentemente suave. —lento…—vuelve a indicar y Draina respira de forma lenta y profunda, guiandola.
Harriet la imita, esta vez el aire entra con mayor facilidad, pero Draina no deja de repetir el ejercicio y Harriet la sigue sin siquiera pensarlo.
¿Dónde habrá aprendido esto? ¿Para qué lo necesitaría? ¿Ella misma habrá…?
Harriet sonríe sin ánimos, una sonrisa vacía que demuestra la profunda decepción que siente hacia sí misma mientras sus dedos se entrelazan con los de Draina. A pesar de los ejercicios de respiración, Harriet no puede liberarse de la opresión en su pecho.
Es terrible.
Es egoísta.
Harriet es egoísta.
Porque vino a ofrecer paz a una persona que no la necesita, alguien que ha sanado, hecho la paz con el pasado y seguido adelante, que de no ser por ella este asunto no pasaría por su mente.
Algo en lo profundo de su mente, se retuerce con oscura diversión por su estupidez y egoísmo.
“No todos necesitan ser salvados por ti, algunas personas se salvan solas”
Harriet aprieta los labios, un intenso sentimiento de derrota y vergüenza le revuelven el estómago, pero no se mueve ni suelta las manos de Draina.
Se concentra en su tacto, su piel es suave y la palma acuna sus mejillas con una delicadeza que contrasta con el toque frío de sus dedos, las puntas podrían causarle escalofríos si la tocan desprevenida.
No quiere dejar de sentirlos.
—Tienes los dedos fríos…—menciona con la voz débil y Draina arquea una perfecta ceja rubia, algo en sus ojos parece brillar por segundos y reconoce esa mirada, la está analizando.
Eso no debería emocionarle, pero la hace sentir tan familiar que hasta la permite relajarse un poco.
—Disociaste. —señala la rubia en un tono indiferente. — Estabas por tener un ataque de pánico y te fuiste por varios minutos… ¿Te pasa seguido?
Está desviando el tema, lo sabe y le sigue el juego porque Harriet no quiere acabar esta conversación.
No tan pronto.
Quiere extenderla…un poco más.
Porque no sabe si será la última.
Sacude la cabeza para responder a la pregunta.
—No, solo… solo cuando tengo pesadillas… los ataques de pánico tampoco son comunes ya, pero…bueno, todo lo que respecta a la guerra puede ser disparador de uno. — murmura, sin mirarle a los ojos de la vergüenza que esto le causa, porque debería estar tranquila, feliz y haber seguido con su vida.
La guerra se acabó.
Voldemort no volverá.
Ya no tiene que luchar más.
Y aún así…
—Eres una masoquista. —dice Draina con seriedad. —Aun sabiendo eso, ¿Vienes a hablar de ese preciso tema ?— hay reproche en la voz de Draina y Harriet no puede evitar una sonrisa apenada.
Si, tiene razón.
Draina trata de mover su mano, de apartarse pero Harriet la retiene al apretar el agarre en sus manos. No quiere que se vaya, su tacto es como un ancla a la realidad y teme lo que podría pasar sin este.
Ella frunce el ceño, su mirada es seria pero debe ver algo en los ojos de Harriet que la hace suspirar con pesadez, pero permanece junto a ella.
Harriet toma aire y cada gramo de valor en su cuerpo.
—Yo quería hacerlo. — insiste. — quería hablar contigo y cerrar el capítulo…estuve pensándolo por meses, pensé que estaba lista…
—Han pasado años, Harriet. Si no has podido superarlo en años ¿Qué esperas lograr en unos pocos meses? Es estupido. Eres estupida. — dice con acidez, pero la castaña no se ofende.
Ciertamente, se pasó de estupida.
Y peor aún, las palabras de Draina en vez de ofenderla la hacen sentir nostálgica y feliz.
No lo dice.
Solo le sonríe con cansancio y Draina la observa pensativa por unos segundos, puede ver su mente maquinando a través de sus ojos y se prepara para la ráfaga de insultos mordaces de la rubia.
Está no llega.
En cambio, una pregunta sale de sus labios.
—¿Recuerdas lo que te dije cuando me contaste sobre lo que pasó en la cámara de los secretos?— dice Draina suave, las manos masajeando sus mejillas y por un momento, Harriet puede revivir aquella conversación vividamente.
Fue a inicios de cuarto año, cuando se estaban acercando y Harriet le contó sobre su lucha con El basilisco y el encuentro con el recuerdo de Tom Riddle.Draina había pasado de fascinada a horrorizada con rapidez, comenzando a reprocharla por su actuar imprudente y recalcando cada fallo.
Aunque al principio le molestó profundamente como señalaba cada acción “estúpidamente suicida”, tenía una razón muy válida y cierta tras sus reproches.
Confiada.
Lenta.
Ingenua.
“Si vas a entrar a una pelea, vas lista para todo. Tu no enemigo no dudara, tu tampoco deberías hacerlo”
Las palabras de Draina se deslizan en su oído, casi puede evocar su sonrisa ladina y expresión arrogante de aquella vez.
Su lengua cosquillea al repetirlas.
—me dijiste que no dudara…al atacar a mi enemigo…—murmura con voz temblorosa y los labios de Draina se curvan en una sonrisa sin humor, una sombra en sus ojos que no sabe identificar si es tristeza o resignación.
—Exactamente. — susurro— Era tu enemiga, estábamos en bandos diferentes… si tu no me atacabas, yo lo habría hecho. Eso no está a discusión.
—Me excedí, un petrificus habría bastado o un glacis pero…mierda ¡Draina, me excedí! ¡Te pude haber matado! — jadea Harriet con desesperación, no sabe si enojarse o llorar por la forma que Draina sigue minimizando lo sucedido.
¿De verdad no importa o es que no lo entiende?
Harriet lleva una década arrastrando la culpa, la sangre le pesa en sus manos, pero aquí está Draina pensando en la situación tan fríamente que no puede comprenderlo.
¿De verdad solo ella le encuentro peso a lo que hizo?
—Eras una niña. —dice Draina con tono pesado y firme, Harriet va a protestar pero ella no lo permite. — Eras una niña cargando con una profecía de muerte, una guerra a la vuelta de la esquina, llevabas 6 años sobreviviendo a un intento de homicidio anual y a un psicótico que trataba de controlar tu mente…
Harriet jadea, sus ojos clavados en los de Draina mientras la mujer le habla con seriedad.
—Yo me uní a un grupo de sociópatas, tenía la misión de asesinar a otro hombre, case, capture y torture hijos de muggles, fui testigo y cómplice de homicidio…merlin sabrá si mate a alguien con mis hechizos en la batalla de hogwarts. —Draina sonríe de forma suave y triste, sus dedos se deslizan bajo los ojos de Harriet y la castaña se percata de las lágrimas en estos. — Tengo las manos sucias, Harriet Potter…más de lo que crees y aún así… no me percibes como un monstruo ¿Porque yo haría eso contigo?
—solo intentabas sobrevivir…
—Igual que tú. —Draina le vuelve a cortar. — Eramos niñas en una guerra, haciendo lo que podíamos con las herramientas que teníamos para sobrevivir. —Draina suspira pesadamente, con cansancio. — No podemos cambiar el pasado, ni sentirnos orgullosas de este…pero podemos sanar y seguir adelante. Tienes que sanar, Potter… yo ya lo hice. —sugiere con voz suave y Harriet,cargada de emociones contradictorias pero con una extraña y potente sensación de alivio suelta una risa entrecortada.
—¿Cuando te volviste tan sabia? —cuestiona entre risas.
—Asiste a terapia y notaras la diferencia, el estrés postraumático es una mierda y tu tienes bastante de eso. —señala en un tono más juguetón que no coincide con sus ojos.
Brillantes, tristes y muy solos.
pero en los que Harriet encuentra un refugio, donde algo se retira de sus hombros y le permite sentirse ligera y fresca por segundos antes de que el resto de sus emociones la abrumen y empiece a reír.
Luego a llorar.
Jadeos entrecortados primero y cuando siente los brazos de Draina alrededor de sus hombros, Harriet se rompe.
Un llanto fuerte y desgarrador sale de su garganta, hace eco en la habitación y se extiende por el lugar como las lágrimas por su cara, Sus manos se aferran a la espalda de Draina, arrugando su ropa pero la rubia no protesta ni la aparta.
Se queda allí, junto a ella y la abraza hasta que todo se vuelve negro.
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La noche es fría, son finales de otoño y el clima parece apaciguar los ánimos en Hogwarts, preparando a los ocupantes del castillo para el fuerte invierno.
Pero Harriet no siente frío.
Aquí, en el almacén que se ha convertido en su lugar seguro, se siente completamente cálida.
Sin la toga de su uniforme, solo envuelta en una suave manta verde y una almohada roja siente suficiente calor para derretirse y fundirse con la persona en sus brazos.
Cuando esos ojos grises se posaron en ella, sonrió con suavidad.
—Buenas noches, Draina. — susurra, sus dedos se deslizan a su rostro y apartan pequeños mechones con suavidad. —Para quejarte tanto de mi idea de la colchoneta, te dormiste bastante rápido.— Menciona con diversión.
Draina la observa con algo similar a un puchero, su lengua afilada no hace aparición al estar recién despertada y puede que Harriet aproveche esto para molestarla
Solo un poco.
—Draina… ¿Me odias?— preguntó con suavidad, en un tono infantil que hizo a la rubia fruncir el ceño.
O tal vez fue lo ridículo de la pregunta, de cualquier forma, Draina parece despertar por esto.
—¿Qué tonterías dices, Harriet?— refunfuñando, Draina se acurrucó contra el pecho de Harriet. La morena se estremeció al sentir las manos frías dentro de su camisa, apoyadas suavemente en su cintura mientras Draina entierra la nariz en su camisa.
Debe tener frío, piensa. Porque Draina sufre mucho de frío y Harriet solo espera que llegué pronto su paquetería.
El collar de Lirio debió llegar a mediados de mes, con un encantamiento para el calor corporal de su portador que ayudaría a Draina en el frío de invierno, pero se ha retrasado y cada que ve a Draina temblar del frío se siente enojada.
Nunca se ha quejado, Draina siempre es la que se queja de todo, pero ahora sí pondrá una queja a la paquetería.
Sin más recursos, rodea a Draina en sus brazos y la estrecha contra sí misma. Una de sus manos se dirige al cabello de Draina, es automático, sin pensarlo comienza a jugar con los mechones que se han escapado de su elegante trenza.
—Es que nunca me llamás por mi apodo. --murmuró la morena distraída, sus labios presionados contra el cabello de la joven Malfoy. — Eres la única que usa mi nombre.
Harriet sonríe divertida al escuchar a Draina refunfuñando, aún sin verle al rostro se acomoda sobre la colchoneta y esta vez se esconde en su cuello, su cálido aliento erizando la piel de la pelinegra.
—No me gusta tu apodo, es de chico. — dice Draina somnolienta. — Tu eres mi chica, eres algo tosca y tienes poca práctica en el cuidado personal, pero mereces un apodo tan lindo como tu nombre.
Draina bosteza y vuelve a quedarse dormida con tal facilidad, que un estudiante en finales se la enviaría.
Harriet lo haría, pero no tiene cabeza para tal cosa. Las palabras de Draina se repiten, casi puede verlas flotar frente a sus ojos mientras el cosquilleo en su vientre se intensifica y teme abrir la boca, porque una mariposa podría salir volando. Su corazón late con prisas, la calidez que rodeaba su cuerpo extendida hasta su pecho, como si alguien sostuviera suavemente el corazón y lo acercara a un fuego que no lástima, solo cura.
No está acostumbrada a que alguien la relación como algo “lindo”, siempre es tratada como un adefesio en casa de sus tíos y aquí, su título de “la elegida” se siente más como un sinónimo de “Valiente” que de femenina. Incluso, a veces, siente que Sirius ve a alguien en ella.
No linda, no femenina.
No Harriet.
Solo lo que otros quieren ver en ella.
Sus ojos pican y debe cerrarlos, rehusandose a llorar. No quiere empañar este momento con lágrimas, así que mejor se acurruca con Draina y trata de dormir otro poco.
—Tú eres…—murmuró. — la única que puede decir mi nombre así.
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Draina sabe que la ha cagado cuando despierta y su cuerpo se siente adolorido, aunque cálido, su cuello quiere matarla y ya puede predecir lo duro que será su día.
dormir en el suelo no tiene manera de ser cómodo.
Se queja y retuerce, sintiendo los brazos de Harriet aferrados a su cintura y el rostro oculto en su hombro. Donde de alguna forma se quedaron dormidas después de que Harriet se quebrara y soltara todo.
Si Draina se permitiera llorar en algún momento, no lo confesaría nunca.
Observa el reloj de la pared y hace una mueca.
Tiene que arreglarse rápido y salir al ministerio, debe volver a estados unidos antes del mediodía.
Desenreda las manos de Harriet…
Potter
Retira las manos de su cuerpo y se sienta sobre la alfombra.
Su espalda truena de la base hasta la nuca cuando se estira.
Auch.
Frustrada, voltea hacia la culpable, quien parece seguir en el mundo de los sueños a pesar de la claridad de la habitación y la incomodidad de la posición.
Debería dejarla allí e irse.
Por su culpa tuvo una pésima noche de sueño.
Debería.
En cambio, toma uno de los cojines y lo acomoda bajo su cabeza como una almohada. Le retira los lentes y los acomoda sobre la mesa, donde también pone sus zapatos.
Cierra las cortinas y toma unas mantas del cuarto, cubriendola con estas.
No puede hacer más.
Solo envidiar su sueño pesado por unos minutos, Draina quisiera dormir asi de profundo pero las guerras dejan secuelas a todos sus participantes y a menos que se desmaye del cansancio, Draina se despierta al más mínimo ruido.
¿Y la salvadora del mundo mágico? Roncando como una bebé.
Sonreí algo divertida y con el menor ruido posible se dirigió a su habitación para cambiarse.
Cuando sale 1 hora después, Harriet sigue dormida y quiere salir de largo, irse y dejar este capítulo atrás definitivamente pero se detiene en la puerta dudosa y termina suspirando derrotada.
“Dejaré la habitación paga por otra noche, come algo y duerme.
Este es el número de un centro de ayuda mágico, pueden ponerte en contacto con un terapeuta. Lo necesitas, cara rayada.
-Draina Malfoy”
Deja la nota en un lugar visible y voltea haci ala pelinegra
tiene el impulso de ir, de descubrir su rostro y acariciar su cabello, ver si todavia tiene la necesidad de abrazar mientras duerme y quedarse junto a ella hasta que despierte.
Es solo un impulso, pequeño y que controla perfectamente porque avanza hasta la puerta sin mirar atrás.
Un cosquilleo en su espalda, la sensacion de estar huyendo nuevamente es encadenad ay encerrada en lo profundo de su mente.
Han cerrado el capitulo.
No hay necesidad de volverse a ver.
tal vez sea lo mejor.
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—Potter te estuvo buscando después del juicio.
Draina se congela tras las palabras de Theo, poco antes de que la copa toque sus labios. Su cabeza se mueve de forma robótica hacia el novio, quien observa la pista de baile con tranquilidad mientras juega con el nuevo anillo en su dedo anular.
—¿De qué hablas?
—No te hagas la estupida, sabes de qué hablo. — dice en un tono más frío, mirando a Draina de reojo. — te estuvo buscando después de tu juicio tras la guerra y durante varios meses más.
Draina aprieta los labios, su pecho se contrae ante la información y sin saber cómo procesarla tiene la urgencia de vomitar. Aun así, mantiene su máscara de indiferencia.
—¿Y eso? — desvía la mirada, moviendo su copa. — No importa ahora.
—Yo creo que sí. — insiste Theo tranquilo— a veces pienso que se casó porque no pudo encontrarte, saliste huyendo de Londres y desapareciste como si la tierra te tragara. Tendría que rehacer su vida…aunque fuera con un Weasley.
Draina bufa, porque duda tener esa clase de influencia en la salvadora del mundo mágico y esas palabras no debería causarle un cosquilleo en el pecho o dejar su boca amarga, no deberían afectarla en lo absoluto.
—Yo no huí.
—No, solo tomaste el primer red flug a estados unidos y no volviste en años. —
La voz de Theo está cargada de sarcasmo y su mirada reta a que lo contradiga, cosa imposible cuando solo dice la verdad por mucho que a Draina le pese.
Decide darle un trago a su vino, o se lo aventara en la cabeza al castaño.
—No es el tema más grato a sacar en una boda. — le reprocha y el hombre tiene el descaro de sonreír divertido.
—Tal vez para ti, pero yo quiero aprovechar la presencia de testigos para hablar contigo. —Dice para luego tomar una expresión más seria que hizo el estómago de Draina retorcerse. — No puedes huir para siempre, Draina.
La mujer abre la boca, la indignación corre en sus venas aun cuando su cuerpo se siente frío. Quiere negar ese hecho, gritar y hacer entender a todos los presentes que ella no esta huyendo, que no tiene miedo ni está sufriendo pero un show así sería contradictorio, entonces solo frunce el ceño y afila su mirada sobre Theo.
El recién casado no retrocede.Tal vez su esposa se convierta en recien-viuda
—Sabes que necesitas ese cierre…ambas lo necesitan.
Y se levanta, dejando a Draina sola con sus pensamientos.
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Tal vez Theo tenía razón, tal vez necesitaba esa conversación.
Porque la proxima vez que tiene una pesadilla con la guerra o sus cicatrices pican no siente culpa o miedo, solo respira profundo y lo deja pasar
Como una nube oscura siendo empujada lejos por la brisa.
Vuelve al trabajo, a la rutina y continua con los debates sobre abrir una nueva sucursal en Londres.
Está ocupada, hay demasiado trabajo, muchas cosas que decidir, otras que organizar, nuevas pociones que crear que Draina no se percata del tiempo que avanza realmente.
ocasionalmente, Potter llega a su mente, se pregunta qué estará haciendo, si habrá seguido su consejo y buscado ayuda, si sus ataques de pánico mejorarían o si tendría alguien a su lado para ayudarla.
Debe empujar esos pensamientos de su mente.
Pero tal vez comete un desliz cuando el impulso de enviar a través de Luna un poco de aquella poción, la que creó para sus rizos, y que nunca se atrevió a lanzar al mercado.
Demasiado personal, demasiado especial, ligada a un momento tan íntimo y feliz de ambas que podría ayudarla si tiene un mal momento, el aspecto físico influye mucho en el estado emocional de alguien.
Trata de convencerse que es por eso que la envía y seguir con su rutina, pero cuando unos días después de enviarla recibe una visita en el lobby de su empresa sabe que fue un error.
Harriet sonríe cuando la ve aparecer, levantándose con una energía que no tuvo la última vez que se vieron. Su rostro se ve más brillante, su lenguaje corporal es más relajado y cuando se acerca lo suficiente Draina se percata de lo brillante y bonito que se está empezando a poner su cabello.
—Draina.
El aroma a vainillas y avellanas llegó a su nariz.
Su pecho se sintió cálido ante la forma que su nombre fue pronunciado.
Si, esto fue un terrible error.
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Las visitas se repitieron y transforman en salidas a almorzar, charlas casuales en una caminata después del trabajo, incluso desayunos en días libres.
Harriet no está todos los días a su lado, la mujer ha conseguido un trabajo ligero para entretenerse y visita a sus amigos en londres con regularidad, una vida que lleva a su propio ritmo que la hace sentir más libre y ligera de lo que ha estado en años según le ha dicho.
Para Draina, verla así es como ver a un pájaro volar y se siente grato.
También nostálgico.
Le recuerda cuando empezaron a acercarse, es una situación tan similar y a a la vez tan diferente. En aquellos tiempos, corrían a un lugar secreto para hablar y pasar el tiempo, liberarse de las presiones en sus hombros demasiado pesadas para unas niñas.
Ahora caminan junto a la otra sin fijarse en los demás, compartiendo sus ratos libres, sus hobbies, su tranquilidad sentadas en un parque , mientras Harriet termina un postre callejero que le dio curiosidad y Draina se vio arrastrada al experimento como su acompañante.
Es algo que hace años habría sido imposible.
Aquella comprensión la hace suspirar.
—Draina ¿En que piensas? — pregunta, sus ojos verdes y llenos de curiosidad fijos en ella, quien se eriza sin poder entender evitarlo.
—¿Por qué viniste a aquí? — Su voz es tenue al hablar, aunque la pregunta parece ser más seria de lo que quiere admitir y Harriet debe notarlo por la forma que su mirada cae un poco, aunque no se forma desanimada solo …demasiado suave.
Algo golpea con fuerza en su pecho, no quiere pensar en lo que es.
—Londres me agobia. Demasiada atención, demasiados recuerdos y de alguna forma, demasiadas expectativas. Quería liberarme — Hay sinceridad en las palabras de Harriet, pero no parece decirlo todo solo en estas. Su ojos, su rostro, su cuerpo parece decir algo más que Draina no puede procesar correctamente.
Pero la entiende, ella paso algo similar.
—Quería un lugar para ser yo misma, auto descubrirme… y con acceso a un terapeuta. — Harriet sonríe con diversión, de esa forma que la hace ver más joven y por segundos, Draina la ve así.
Una joven intrépida, valiente y traviesa.
—Y cuando recibí la poción que me enviaste… no lo sé, pensé que este sería un buen lugar. De alguna forma, tener a un conocido cerca era tranquilizante y… has sido la persona con la que he sido más sincera en mi vida.
Harriet cambia su sonrisa por una más suave y cálida, su mano toma la de Draina con suavidad como si temiera asustar a la mujer, cuando masque asustarla altera sus nervios.
—¿Querías…empezar de nuevo? —
Draina quiere golpearse contra la pared cuando su voz tiembla, pero la pregunta se deslizó de sus labios antes de poder controlarla y tema escuchar una respuesta.
No es sobre su vida, eso es claro. La pregunta es más allá, es de otra cosa y ambas lo saben.
Harriet entrelaza sus dedos, Draina no se aparta.
—Tal vez tome tiempo…puede llegar a ser un caleidoscopio de emociones, pero…—
Harriet comienza a balbucear, nerviosa y sincera. Es algo adorable, piensa Draina. Si sus propias emociones no fueran un torbellino ahora mismo podría deleitarse con la imagen.
Harriet toma una expresión más seria y el nerviosismo de Draina aumenta a su causa de forma patética.
Aunque más patético aún cuando se tranquiliza al ser tocada en el rostro.
—Cometí el error de no ser sincera contigo antes, de dejarte ir sin decirte lo que sentía o aclarar las cosas entre nosotras. —Harriet sonríe con suavidad, su pulgar haciendo pequeños círculos en la mejilla de Draina, tal vez para darle tranquilidad o consolarle.
Cualquiera de las dos opciones no importa, porque Draina se acurruca contra su mano.
No debería, piensa mientras entrelaza sus dedos.
No es inteligente. Arriesga demasiado.
Sin embargo…
Esta cansada de huir.
—Vuelves a cometer ese error, y no habrá otra oportunidad. —murmura, arrepintiéndose casi al instante de sus palabras. La urgencia de pulsar control z como en su computador y evitar decir esa frase se extiende por sus venas con un pánico momentáneo, pues desaparece al sentir los labios de Harriet sobre los suyos.
Es un simple toque, sus labios presionados no se mueve y ni siquiera parecía respirar, pero se siente tan intenso y cargado que debe ahogar un sollozo porque realmente entiente lo que la castaña quiere transmitir.
Se pregunta si ella percibe su nerviosismo, si puede notar la forma que hay un ligero cosquilleo en su vientre o como su corazón late tan fuerte que duele en su pecho pero que de alguna forma se siente bien también.
Como si volviera a respirar.
Harriet rompe el beso unos segundos después, solo para apoyar sus frentes juntas y quedarse así,con una sonrisa pequeña pero radiante en sus labios.
—No hará falta, nunca más…—susurra tan llena de convicción que Draina no puede contener una pequeña sonrisa.
—Más te vale, Potter.
