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Draina suspiro exasperada, mirando preocupada a su alrededor.
Si alguien la ve, está muerta.
Aunque duda que algún aliado de sus padres o miembro de las 28 familias sagradas podría estar en un parque Muggle de Londres, y si la ven, no deberían reconocerla bajo los lentes de sol, el gorro que esconde buena parte de su cabello o la bufanda que cubre la parte inferior de su rostro.
Aun así, se siente muy nerviosa. Su estómago amenaza con devolver todo, aunque Draina no ha comido nada.
Una mano en su hombro la hace sobresaltar.
Por reflejo, saca su varita y apunta a la persona que le ha tocado en la nariz, una amenaza clara en sus ojos.
Aunque se relaja al ver que se trata de Harriet, quien la mira con los ojos bien abiertos y parpadea un par de veces mientras la punta de su nariz es levantada de forma graciosa.
—¿Dra…
—No digas mi nombre. — le corta en un gruñido, guardando su varita. Observa a sus alrededores paranoica y los muggles a su alrededor las ignoran, siguiendo su camino en la feria.
Suspira suavemente, sonrojándose ante la mirada divertida de Harriet.
—Nadie va a reconocerte. — dice, a sabiendas de que eso es lo que mortifica a la chica Malfoy. — Traje unas pulseras con glamour para que nos veamos diferentes.
Explica, sacando del bolsillo de su chaqueta dos pulseras plateadas, una de estrellas y otra del sol. Admite que son bonitas y Harriet ha sido astuta al colocarles un hechizo de glamour.
—Insisto, te habría ido tan bien en Slytherin. — comenta Draina arrogante, colocando la pulsera con figuras de estrellas en su muñeca, siente un calidez recorrerla y sabe que el hechizo está activo.
Harriet hace un puchero, mientras se pone la otra pulsera.
—No debí contarte lo que me dijo el sombrero seleccionador…—refunfuño Harriet, y su apariencia no cambia ante los ojos de Draina, pero al mirarse en el reflejo de la ventana puede ver su nueva apariencia.
Su cabello ahora es negro y sus ojos azules, sus mejillas tienen pequeñas y hay un pequeño lunar debajo de su ojo derecho. Su rostro también es diferente, es un hechizo fuerte.
Debió ser costoso.
Mira a Harriet divertida, porque la chica no suele hacer compras grandes o “caras”, pero ha comprado dos glamour costosos para pasar tiempo con ella.
Harriet debe seguir su línea de pensamientos, porque farfulla un “callate” y procede a arrastrarla dentro de la multitud, sus manos enlazadas con fuerza para no separarse.
El lugar está lleno, grupos de amigos y parejas van de un puesto a otro, metidos en sus conversaciones, en su propio mundo.
Niños pasan corriendo junto a Draina, empujándola un poco del costado. La chica contiene el impulso de empujarles de vuelta cuando la golpean, en su lugar, se aferra al brazo de Harriet.
—Hay muchos muggles. —se queja,pero sus ojos no se apartan de las luces y los juegos, no entiende cómo funcionan todas esas cosas sin magia.
Tecnología había dicho Harriet, quien trata de explicarle las bases de esta, pero ella tampoco sabe mucho y por más que le pese Granger sería más útil aquí. Harriet refunfuña porque tiene razón, pero no parece querer incluir a su amiga en esta salida.
Perfecto, porque Draina tampoco quiere pasar tiempo con Granger.
Dan vueltas por la feria, un par de veces, probando los juegos con premios (especialmente los que Harriet cree tener una oportunidad de ganar, Draina solo se burla cuando falla) y cuando se acaban, llega el momento que Draina retraso lo más posible.
Subir a la maquinaria.
Le deja claro a Harriet que no subirá a ningún juego que no entienda como funciona.
Lamentablemente, son la mayoría.
Harriet trata de explicarle como funciona, pero la chica parece desconocer o son más complejos de lo que cree, así que no llegan a ningún lado.
Pasan media hora frente a un juego de tazas voladoras al que Harriet le insiste subir, pero Draina se niega firmemente.
—Si esa cosa se cae y nos morimos, te arrastraré al rincón más oscuro y húmedo del tártaro, Potter. —sentencia y Harriet suspira derrotada.
La ve pasar una mano por su cabello, revolverlo un poco y dejarla caer cuando algo parece llamar su atención.
—Entonces… ¿Qué te parece si subimos al túnel del amor? — sugiere y toma su mano, guiándola hacia la mencionada atracción.
Draina arruga la nariz, la apariencia en forma de corazón le da desconfianza ante lo poco práctico que se ve.
¿Qué clase de muggle constructor diseño está cosa?
Harriet le explica que solo es decorativo en la entrada, del juego, Draina todavía no está convencida pero al entender que funciona como un tren se rinde ante el puchero de Harriet y sube al “carrito” rosa.
Tiene su varita en mano por si algo sale mal y tengan la oportunidad de huir.
Nada pasa, nada peligroso.
Lámparas y luces suaves se encienden a su paso, muñecos bailan suavemente a su alrededor, representando históricos de amor que a Draina le cuesta reconocer al ser de la cultura muggle.
Sabe que son de amor al ver a Penelope y Odiseos, y a Dionicio y Ariadna.
Le parece ver una figura de Apolo y un girasol.
—Hubiera sido mejor que pusieran a Jacinto — mencionó al pasar junto a las figuras. — Creo que es de sus pocos amores correspondidos.
Harriet suspira pesadamente y se deja caer sobre el hombro de Draina, acurrucados contra su costado. Cuando toma su mano, Draina no duda en entrelazar sus dedos.
—A los muggles… les parecen incorrectas las relaciones entre personas del mismo sexo, los llaman “antinaturales” — explica Harriet, su rostro retorcido como si hubiera comido un limón amargo.
Draina la mira incrédula, pero cuando Harriet no se corrige o vuelve a hablar, suelta una risa burlona.
—El descaro… no hay nada más antinatural que su ausencia de magia ¿y se atreven a llamar a la relación de dos personas antinatural? — cuestiona, siente algo de irritación crecer en su pecho sin saber la causa realmente.
Si, los Muggles son unos simios retrasados y es estupido ese estigma hacia las relaciones
Pero ¿Qué le importa a ella?
No es como si le afectara directamente.
La risa suave de Harries la saca de sus pensamientos, y cuando voltea los brillantes y bonitos ojos verdes de Harriet están sobre ella. Su mirada es tan suave y cálida, como si Draina fuera algo precioso que adorar y por más vanidosa que sea, Draina se siente abochornada.
Quiere fundirse entre las manos de Harriet cuando la toma de las mejillas, su cara arde ante el roce de su aliento y cuando sus labios se unes Draina siente algo explotar en su pecho y un cosquilleo intenso en su estomago la hace aferrarse a las manos de Harriet.
No es la primera vez que se besan, pero la intensidad del cosquilleo no parece bajar. Draina se pregunta si alguna vez desaparecerá, si el día que lo haga todo acabará entre ellas.
No debería pensar en eso.
Disfruta los labios de Harriet todo lo que dura el beso, su suavidad, el sabor a vainilla del helado que comió hace poco y la ternura en estos al tocar los suyos.
Cuando se separan, parece que falta poco para el final del paseo.
Se acomodan en sus asientos, Draina sonríe divertida.
—Entonces ese era tu plan…— dice suficientemente alto para que Harriet la escuche sobre el bullicio de la feria, la castaña le miró confundida y Draina ensancha su sonrisa. —Traerme a un túnel oscuro y aprovecharte de mi. —Bromea y contiene una carcajada cuando el rostro de Harriet pasa por distintos tonos de rojo entre la indignación y la vergüenza de sus palabras.
Tal vez hay algo cierto en ellas.
—No- yo-...eso no. —Harriet tartamudea sin terminar la frase o la idea.
El chico de seguridad está por llegar a ellas para ayudarlas a bajar, Draina suelta otra frase juguetona.
—Eres una pervertida, Potter.
