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The Loneliest

Summary:

Más de diez años han pasado de la guerra y los juicios de los mortifagos. Draina Malfoy, quien se apartó del mundo mágico, recibe una invitación que la fuerza a regresar a Londres Mágico.

Notes:

Segunda parte de Good Luck, Harriet.

Un agradecimiento a Luka porque me presento el BlaisexCharlie y no lo voy a soltar en en rato

agradecimientos a Annie, que me pasó la canción que encajo como un anillo a esta historia XD

2/3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

The Loneliest 

“You’ll be the saddest part of me

A part of me 

The Will never be mine”

 

La canción es cortada de golpe, y el silencio que deja en la oficina hace a la dueña, sentada tras su escritorio, levantar la mirada con irritación. Sus ojos grises viajan amenazantes hacia el atrevido, lista para emitir varias reprimendas al pobre diablo, nadie le corta su música mientras trabaja.

Lástima que el responsable no es alguien a quien pueda sancionar. Como socio de la empresa, Blaise Zabini tiene tanta influencia como ella, así que se limita a mirarlo con fastidio que al moreno obviamente no le importa, pues le sonríe divertido al acercarse.

 —Dijiste que no te gusto la banda, Draina. — comenta, con una sonrisa que parece iluminar su rostro mientras sus ojos parecen decir “te atrapé”.

La rubia rueda los ojos, porque entiende de dónde viene aquella satisfacción. Blaise quedó muy ofendido cuando le presento está banda Italiana , Maneskin, y a Draina no le gusto.

La canción con la que se la presento.

Draina hizo su investigación aparte por curiosidad, y si tiene canciones que le gustan, así que la banda no era mala fue Blaise quien hizo una pésima recomendación.

Eso le hizo plantearse nunca dejarlo a cargo del área de Marketing.

—Dije que eran buenos, no el renacimiento de los Beatles como quisiste venderlos. — protesta aburrida, recogiendo unos cortos mechones de cabello tras su oreja. Estaba tan concentrada en el nuevo proyecto que no se percató de su coleta floja, por lo que varios mechones se han soltado sobre sus orejas y mejillas.

Draina suspiró exasperada, levantando las manos para volver a hacer la coleta cuando la conocida y cálida sensación de magia la detiene. Siente su cabello moverse solo, ajustándose en un perfecto y elegante moño bajo. La mujer arquea una ceja hacia Blaise, quien guarda su varita con la misma rapidez con la que la sacó.

—Los años de prohibición te han atrofiado. — se burló el moreno al dejar varias carpetas sobre el escritorio, apiladas en orden de prioridad, siendo una un elegante sobre verde con bordes plateados el que reposa en la cima.— Se que entramos al mercado muggle, pero tampoco debemos hacer las cosas a su manera, Draina.

Ante las palabras de Blaise, Draina se llevó una mano al pecho. Su expresión tranquila, pero la indignación en sus ojos hizo al hombre ensanchar su sonrisa. 

La cual tuvo que borrar cuando un abrecartas, atraído por un accio silencioso de Draina, le golpeó la cabeza.

—¡Draina! — protestó indignado, sobando su nuca mientras Draina solo sonríe entre divertida y burlona, el proyectil y el sobre verde levitando a unos centímetros de su mano.

—¿Quién está oxidada?— Draina sonrió con arrogancia, levantando ligeramente el mentón en una forma de reto. Blaise, que conoce el gesto desde la infancia, retrocedió con las manos en alto en señal de rendición.

Draina sonríe satisfecha y con un movimiento de la mano encanta el abrecartas y este se dirige contra el sobre, abriéndolo con delicadeza y la carta en su interior voló directo a la mano de la mujer.

Al reconocer el sello de la familia Nott en la esquina de la carta, Draina se sintió intrigada.

Como socio de negocios, Theodore Nott es una persona práctica y con la habilidad de adaptarse con rapidez. Cuando tomó el control de la Familia Nott, Theo no se limitó al investigar y experimentar con la tecnología muggle junto a Draina. Aunque les doliera el orgullo, el concepto de celulares y llamadas internacionales eran demasiado prácticos cuando empiezas un negocio.

Así, las cartas quedaron obsoletas como método de comunicación, pero las costumbres no mueren tan fácilmente y comenzaron a utilizar las cartas para asuntos personales y formales. 

Bailes, eventos, cumpleaños y bodas.

Es por eso que antes de leer el contenido, Draina ya sabe de qué se trata.

—vaya… hasta que se animó. — murmuró con suavidad, sus ojos viajando sobre el papel con rapidez. —Todavía no entiendo cómo terminó con Lovegood…—comentó, sin malas intenciones y Blaise la entiende, porque a veces comparten neurona y piensan de forma similar.  

—Yo tampoco lo sé…¿los opuestos se atraen, tal vez? —Dijo Blaise, un tono juguetón en sus palabras. — pero deberías verlo con ella, es adorable. — se rió Blaise, no con burla, sino con una genuina felicidad por su amigo.

Draina entendía y compartía ese sentimiento. La guerra había sido horrible para todos, tantas pérdidas que simplemente no se podía hablar de ganadores, solo sobrevivientes. Los Magos de ambos lados tenían que sanar sus heridas, recuperar sus hogares, contar sus pérdidas, llorar sus muertos y encontrar fuerzas para salir adelante porque el tiempo es cruel y no respeta el sufrimiento.

Así que cualquier momento de felicidad, gramo de esperanza o destello a un futuro brillante sería tomado por Draina sin pestañear. Compartir la felicidad de sus amigos de alguna forma también le traía paz a la rubia. 

— me alegro por él…— murmuró, leyendo los detalles de la invitación y organizándose mentalmente para acudir al evento. A Theo le gustaba hacerse el indiferente, pero Draina lo conoce bien y sabe la perra resentida y dramática que puede llegar a ser, por lo que nunca la perdonaría si faltara a su boda. 

Draina prefiere ahorrarse esos problemas, aunque deba volver a la ciudad de la que se exilió hace 6 años. No contuvo la pequeña mueca de disgusto por la idea.

¿Sus amigos no podrían ser excéntricos por una vez en su vida y casarse en algún lugar distinto a Londres?

—¿No te quieres casar en Rumania? —Cuestiono Draina al dejar la invitación a un lado, enviandole un mensaje rápido a su asistente. Necesitará despejar el día antes y después de la boda para descansar apropiadamente, tal vez aprovechar y hacer una revisión rápida del mercado de perfumes y fragancias mágicas. La idea de establecer una sucursal directa había sido debatido en varias reuniones, aunque nadie lograba convencerle todavía.

La risa de Blaise la sacó de sus pensamientos, así que Draina levantó la mirada extrañada hacia él y el moreno le devolvió una sonrisa divertida. 

—¿Eso es una propuesta de matrimonio? Lamento decirte que llegó diez años tarde y que ahora tengo un lindo novio pelirrojo. — Blaise movió las cejas insinuante y Draina soltó un suspiro, exasperada. 

—Maldita sea, todavía no entiendo como terminaste saliendo con Charlie Weasly. 

Blaise vuelve a reírse, tanto que termina recostado del espaldar del asiento. Draina lo observa en silencio, indignación en sus ojos mientras el moreno se toma su tiempo para calmarse.

—vueltas que da la vida — dijo con su característica sonrisa, esa que utiliza desde Hogwarts para conseguir lo que quiere. A veces, Draina se pregunta si utilizó esa sonrisa para conquistar al Weasley de los dragones— Y para que quede constancia, si fuera a casarme con él, la boda tendría que ser en Londres. Es más cómodo para todos. 

Para mi no. 

Quiere decir Draina, pero eso sería demostrar debilidad y Ella no hace tal cosa. Una sola vez lo hizo, y salió terriblemente mal. Todavía, si cierra los ojos y se concentra puede recordar aquella horrible noche con facilidad.

Agita una mano mental para apartar esos recuerdos, no es momento. Tiene que seguir adelante, no puede detenerse en el pasado.

No puede.

—¿Estarás bien? — 

La pregunta de Blaise la hace sobresaltar y su primer instinto es negarlo, con sus defensas al máximo la oclumancia crea un impenetrable castillo en su mente, pero al ver a Blaise instintivamente se relaja.

No hay amenaza en su rostro, no hay segundas intenciones en sus palabras, solo una genuina preocupación y entiende de dónde viene. Sus amigos saben el disgusto que ha desarrollado Draina a su ciudad natal, después de los juicios, los chismes y la libertad condicional, Londres se volvió un absoluto “NO” para ella.

Aunque nunca lo expresó con palabras, como buenos Slytherin han sido capaces de ver a través de ella, y quien tiene la historia completa ha guardado absoluto silencio, incluso cuando la vio colapsar más de una vez.

Sonreí suavemente para tranquilizar a Blaise.

—Estaré bien. — dice, regresando la mirada a su computador. — El ojo público ni me prestará atención, he estado tanto tiempo fuera que soy un muerto social…— 

Draina se encoge de hombros, trata de restarle importancia al asunto pero en la mueca de Blaise puede notar lo poco convincente de su argumento. Por supuesto, ¿cómo puede declararse un muerto social cuando es la única heredera Malfoy? Irse de Londres fue una forma de aplacar los chismes alrededor de su vida personal y profesional, pero apenas ponga un pie en Londres, estallarán como una bomba.

Blaise debe pensar igual

—10 años. — Dice, levantando un dedo. — Has dejado cosas inconclusas por 10 años y no creas que saldrás impune. Si existe un tipo de criatura con apetito insaciable y memoria perfecta, son los periodistas. —Señala Blaise con cierta obesidad y Draina contiene una sonrisa nerviosa.

El escrutinio público tras sus juicios.

La ruptura de su compromiso con Theo Nott.

Su partida de Londres le salvó de ese par de escándalos, pero en su ausencia se han creado más.

Su abrupta mudanza al mundo muggle.

Sus discretas, pero constantes aventuras.

La empresa que ha creado fuera del país.

Y ahora, regresa para la boda de su ex-prometido.

No sabe cómo está la situación en el Londres mágico, pero si no hay un chisme suficientemente sabroso para usarlo de escudo, Draina deberá andar con cuidado y no llamar la atención. Tal vez debería reducir su estancia aún más.

Sobrevivirá.

—Seré como una sombra, entraré y saldré del país sin que se den cuenta. — aseguró Draina, sonriendo con confianza. — Y si lo hacen, sabré apañármelas. Los contactos de mi familia siguen teniendo fuertes influencias, si es necesario silenciar un artículo con fuertes demandas lo haré. No te preocupes. —Draina agita una mano, restándole importancia al asunto y Blaise, quien le observa con atención, suspira con pesadez.

— De acuerdo. —Dice casi con cansancio — Iré a hablar con tu asistente, debemos cuadrar agendas y asegurarnos de no dejar nada pendiente ¿A quien dejaremos a cargo de la producción de pociones? 

Draina dejo de teclear, repasa de forma mental los nombre de sus empleados en el área de mezclas y pociones y un rostro salta en su mente.

—Dejasela a Goldstein. —Dice, volviendo a revisar sus documentos. — Hizo una solicitud de aumento salarial y creo que podríamos subirlo de puesto si es suficientemente competente. 

—Es un Ravenclaw, no dudó que lo sea. 

Draina bufa divertida ante las palabras de su amigo y socio, pero asiente a su favor. Al verla sonreír, Blaise se siente más tranquilo, por lo que se retira de la oficina.

Apenas se cierra la puerta la pequeña sonrisa de Draina desaparece y su mirada se vuelve turbulenta, como si una tormenta se escondiera tras sus ojos grises. Vuelve a tomar la invitación en sus manos y a medida que lee, hace una ligera mueca.

La boda es en un mes. En un hotel que nunca ha visitado, apartado de la ciudad y con el salón y varias áreas reservadas solo para esto. Es perfecto para mantener a la prensa afuera, inclusive a chismosos del hotel, el evento sería completamente privado y sin indeseables. Así que no debería haber problema, no debería sentirse tan ansiosa por volver a Londres por un par de días.

Sin embargo, lo hace. Su pecho duele, una opresión conocida y molesta que con los años ha bajado de intensidad, aunque siempre vuelva con ciertos temas de su pasado.

Tal vez no tan pasado si todavía le afectan así, diría Theo.

—Volver a Londres…—murmura con la mirada ida antes de cerrar los ojos y dejarse caer en su silla en una manera muy poco elegante de sentarse, pero en la privacidad de su oficina nadie la molestará.

Se asegura de eso al pasar el seguro de la puerta con magia.

Quiere estar sola, necesita un momento para recuperarse. Su mano libre se frota contra su pecho, masajeando como si pudiera liberar la presión que comienza a molestar para respirar.

—¿Realmente debería ir…?— se pregunta, porque la simple idea le molesta tanto y por un momento duda de que pueda mantener la compostura en aquel lugar.

Solo un momento.

Igualmente lo descarta, ya que si pudo mantenerse erguida hace 6 años, puede hacerlo ahora. Esta vez va a celebrar la boda de un amigo, beberá, charlará y se divertirá en el evento.

No será igual que aquella boda.

Esa que en su infinita estupidez, decidió presenciar como el último clavo a su ataúd.

El evento que alborotó a todo el mundo mágico, que los llenó de esperanzas y sueños por un futuro brillante, y que a su vez, terminó de romper el corazón de Draina.

Y curiosamente, también fue una boda

.

.

.

Los gritos y vitoreos vuelan por el aire, ensordecedores para los que se encuentran muy cercanos al evento, pero quienes parecen los receptores de esta emoción caminan del brazo entre las personas con una sonrisa brillante.

Se ven felices, recibiendo más bendiciones y felicitaciones de sus amigos y familiares, mientras que un auto los espera al final del camino, seguro para llevarlos a su recepción.

Es la vista de un cuento de hadas con final feliz.

Todo es perfecto y brillante.

Aunque no para ella.

Escondida tras uno de los árboles del parque cercano, Draina observa a la feliz pareja con un nudo en la garganta.

—¡Felicidades, Harry querida!— escucha las felicitaciones de la señora Weasley, quien sostiene las manos de la novia entre las suyas. —¡bienvenida a la familia!—

Harry sonríe, sus mejillas coloradas y el delicado velo alrededor de su rostro le dan una imagen de inocencia y ternura que derrite y estruja el corazón de Draina.

Harriet parece un ángel.

Se ve tan feliz y radiante, su corazón late con fuerza con una emoción que la torturó con recuerdos más felices.

Esos que se volvieron amargos, cuando la vio salir del brazo de su esposo.

Con labios temblorosos, Draina esboza una sonrisa débil.

—Si tú estás feliz…—murmura, la voz no le sale ante el nudo en su garganta y sus ojos pican con lágrimas que se rehúsa a dejar caer. Aquí no.

Aquí, donde presencia la muerte de la pequeña esperanza en su pecho.

Aquí, donde ve a la mujer que ama casarse con el hombre que ella ama.

Aquí, se rehúsa a llorar.

—Solo puedo desearte suerte. —

Draina se recuesta del árbol, buscando apoyo y un escondite cuando una rebelde lágrima se desliza por su mejilla. Aparta la mirada cuando el impulso de acercarse e interrumpir aquel evento con un escándalo pasa por su mente.

La idea de tener la mirada de Harriet sobre ella una vez más es tentadora, demasiado.

Así que se apresura en salir de allí, sin que nadie la note y sin mirar atrás.

Una pena, porque de haberlo hecho, habría visto unos ojos verdes observar el lugar donde se escondía con confusión y esperanza.

Una que murió ante la vista del árbol vacío.

.

.

.

Con el reporte de ventas mensual, Draina sonríe con satisfacción. Incluso sin una tienda directa en Londres, las ventas son elevadas y mantienen una buena ganancia después de los costos de importación e impuestos. 

—Te lo he dicho desde hace meses, debemos expandirnos y Londres es un buen lugar para inaugurar una nueva planta de producción. — Theo, sentado junto a Draina en la pequeña oficina de facturación y despachos en Londres, señala los gráficos sobre la mesa. — de esta forma, reduciremos los costos de exportación. Hasta podría ser el encargado de la distribución en el continente europeo, aprovechando los bajos impuestos por producto nacional. — dice Theo con seguridad y sonríe cuando Draina asiente con expresión pensativa.

Es un buen plan.

Con pocas probabilidades de fallo,altas probabilidades de éxito y ganancias seguras.

Y el único motivo por el que lo ha retrasado por años parece una excusa banal y tonta junto a los beneficios que trae.

La rubia debe contener un suspiro de resignación.

—Es muy buen plan, Pansy y la señora Zabini pueden idear un plan de publicidad para empezar el próximo otoño. — Murmura Draina con rapidez. — La inauguración debe ser acompañada con algo ¿Tal vez un perfume exclusivo para la ocasión?—

—Sería muy llamativo, pondrías ansiosa a la clientela por la nueva fragancia y las filas serían enormes. — dice una voz suave y amable que hace a ambos ejecutivos levantar la mirada, amenazantes hacia el que se atrevió a interrumpir su reunión.

Pero al reconocer la sonrisa afable de Luna, ambos se relajan.

—Luna…¿Qué haces acá? — preguntó Theo su voz suavizando al dirigirse a su prometida, aquello hizo a Draina sonreír divertida. Theo suele actuar como el perfecto heredero porque las viejas costumbres no mueren, pero es tan diferente con Luna que se pregunta si tiene doble personalidad.

El amor no podría cambiarlo así ¿no?

Apoyando una mano en su mejilla, observa a la parejita con diversión. Theo no dudó un segundo en acercarse a Luna, su mano viajando directo a la cintura de la rubia. Luna le corresponde con una sonrisa suave y apoyando las manos sobre su traje.

—Vine a saludar a Draina, no pude irla a recibir al ministerio. — responde Luna, tras dejar un beso en la mejilla de su prometido.

Al ser mencionada, Draina se levantó. Su intención era un saludo formal de manos, respetando el espacio de Luna al tener muy presente los días que la niña sufrió en la mansión Malfoy, aunque ella nunca mostró resentimiento y siempre se ha mostrado abierta en sus interacciones, Draina prefiere no incomodar a la prometida de su socio.

Sin embargo, Luna la sorprende al dar la vuelta a su escritorio y abrazarla cálidamente. 

Draina se congela, sorprendida por la súbita acción y su mirada se dirige hacia Theo, quien no parece sorprendido por la acción de la señorita Lovegood. De hecho,parece que la esperaba.

—Bienvenida de regreso, Draina. — dice Luna, con el mentón apoyado en el hombro de Draina, quien pestañea incrédula antes de devolver el abrazo suavemente. Es raro, pero agradable y cálido. 

Algo muy Luna supone. 

—Gracias ¿Cómo van los preparativos para la boda? — pregunta al romper el abrazo, aunque Luna mantuvo el contacto físico al sostener sus manos.

—Maravilloso, estaba esperando que tu me ayudaras a elegir el perfume. —Sonrió Luna emocionada. —He pedido recomendaciones, porque no puedo elegir un favorito ¡Pero todos me sugieren uno diferente! Y no quiero hacer sentir a nadie mal por dejar su recomendación de lado…—Se quejó, observando a su prometido con reproche. Theo, entendiendo la mirada de Luna, suspiró pesadamente.

—Y ya te dije que no puedes usarlos todos a la vez, intoxicaras a alguien…probablemente a mi.—dijo y Luna refunfuño-

—¿Cómo puedes trabajar con perfumes y no soportar su aroma? 

—Trabajo en el área de ventas, y no los huelo todos al mismo tiempo. — refutó Theo, siguiendo la infantil discusión para total diversión de Draina.

Adorables.

Y que soltera le hacen sentir. 

—Bueno…tenemos poco más de 24 horas para elegir tu perfume, pero ¿Qué te parece si trabajo en uno especial para ti? — sugirió Draina, rodeando su brazo con el de Luna. —Para que no tengas que elegir, te regalaré un perfume que opacara todas las recomendaciones que te dieron. —Ofrece, como un ser benevolente que hace un simple favor.

Luna parpadea, y luego sonríe cálidamente.

—Un regalo hecho a mano…Son mis favoritos, Draina. Los siento tan especiales porque se les pone mucho esfuerzo y amor, muchas gracias. —

Las palabras de Luna son suaves, sinceras y muy agradables. Cualquiera estaría feliz de escucharlas, pero Draina siente su estómago retorcer con incomodidad. Una lluvia rápida de recuerdos horribles, culpandola por cosas que estaban fuera de su control, pero que no hizo nada por cambiar le hacen sonreír de forma tensa. 

Hay cosas que no merece, la amabilidad de Luna se siente como una.

—No es la gran cosa. — Le resta importancia al asunto y antes de que insistan, sugiere ir a almorzar. 

Theo y Luna aceptan, siendo un dueto interesante para mantener la conversación activa. Ambos saben como hacerla sentir incluida, aunque la mente de Draina se desvíe bastante del presente. Al tratar de evitar los recuerdos de la guerra, termina pensando en sus desventuras de la infancia, de la adolescencia…

Sin querer, termina recordando la primera fragancia que creó. 

.

.

.

Los pasos acelerados de Draina rebotaron por los pasillos vacíos. 

La heredera Malfoy que suele caminar en perfecta gracia y calma, prácticamente corre hacia su destino con una mirada brillante de emoción y un pequeño frasco con un líquido color miel en sus manos.

«¡Lo logré, lo logré, lo logré!»

La joven Malfoy suelta una risilla suave, deslizándose dentro de un pasadizo a oscuras hasta encontrar la puerta escondida. Se detiene frente a la madera, respira profundo un par de veces y relaja la expresión de su rostro antes de pasar.

Tuvo que dar todo de sí para que la sonrisa no volviera a aparecer en su rostro al ver a Harriet, subida a una escalera para abrir las pequeñas ventanas superiores de la habitación.

Harriet volteo al escuchar la puerta abrirse y en cuanto sus ojos chocaron con los de Draina, la rubia sintió algo inquieto en su vientre. 

Lo descarto como la emoción de su logro.

—¡Potter, ven! — Exigió, acercándose al pequeño y viejo sofá que encontraron en este abandonado espacio, el cual teorizaron como un salón de estudios ante la cantidad de estantes y libros en él.

Aunque ahora, con todas las telas y pequeñas decoraciones que Harriet y ella han traído, parece más una habitación de descanso. Draina nunca admitirá lo cómoda que se siente entre estas paredes, libre de un peso constante al estar en ojo público.

La compañía de Harriet solo era un plus.

Draina observó a la pelinegra descender las escaleras, pero al llegar al piso no se acercó. Harriet se mantuvo a los pies de la escalera, los brazos cruzados sobre su pecho y una expresión de enojo juguetón que Draina puede identificar como un puchero.

—Creí que ya habíamos pasado la etapa de usar nuestros apellidos. — se quejó, como niña pequeña para diversión de Draina, quien rodó los ojos por lo exigente que puede ser la elegida.

Luego le dice que ella es la berrinchuda.

— Es la costumbre, vengo del pasillo. — se explicó divertida y dio unas palmadas sobre sus muslos. —Ahora ven, Harriet. — Volvió a llamar, ahora colocando la botella en el sofá junto a ella.

La pelinegra parpadeo, la pequeña botella capta su atención así que se acerca curiosa pero antes de que pudiera sentarse, Draina la sujetó del brazo e hizo que se sentara frente a ella, en el suelo.

Harriet levantó la mirada, indignada y con el trasero adolorido por la brusca caída.

—¿Draina, qué te pasa? — se quejó Harriet, pero calló al sentir los dedos de Draina deslizarse en su cabello tan de repente que se estremeció.

—Estaba trabajando en una poción para el cabello, y finalmente la terminé. — Dijo con una sonrisa victoriosa, separando el cabello de Harriet con cuidado. — y tú serás mi conejillo de indias. — anunció, vertiendo parte del líquido miel en su mano.

 Harriet desde el suelo, ensancho los ojos horrorizada y trato de levantarse, pero Draina a sabiendas de que trataría de huir uso la mano en su cabello para detenerla. 

—No huyas, no va a hacerte ningún daño. —aseguró, insultada por la desconfianza. 

—Me vas a teñir el cabello…de nuevo. —Se quejó la joven Potter con un marcado puchero, pero resignada a su destino se mantuvo quieta. Draina sonrió divertida al recordar la última vez que hizo una poción para el cabello y Harriet terminó con el cabello verde por una semana.

La pelinegra le reclamó mucho tiempo por aquello.

—Fue un error de cálculo en los ingredientes, esta está perfecta. —dijo con convicción, pues la ha probado en sí misma antes de traer el producto final frente a Harriet.

El rizo perfecto escondido entre el lacio mar rubio era prueba de aquello. 

Harriet mantiene su puchero, sin confiar por completo en las palabras de Draina, pero a medida que la chica enrolla pequeños mechones de su cabello en su dedo y luego los deja caer en un movimiento suave y repetitivo se relaja y sin darse cuenta comienza a suspirar. Harriet cerró los ojos, concentrándose en las placenteras atenciones, sin percatarse del momento en que estas terminaron. Adormilada, dio un ligero brinco cuando Draina palmeó sus hombros. 

—Termine. — susurró con suavidad en su oído, la calidez de su aliento haciendo la piel de Harriet erizarse. Si fue con intención o no, nunca lo confesará — mirate en el espejo ¿qué te parece? — preguntó, un destello de emoción que no pudo ocultar y que hasta Harriet debió notar por el color rojo en sus orejas, pero no pudo evitarlo.

Quiere escuchar de sus labios como se siente, que tal le sienta…y que le parece la poción en la que tanto trabajo Draina para ella.

Harriet se levantó con suavidad, con pasos lentos y tortuosos se acercó al espejo en la habitación. El mismo espejo que había traído para Draina después de que se quejara por la ausencia de uno, aquel recuerdo hizo aumentar el sonrojo de sus mejillas.

—oh…vaya…— Harriet jadeó suavemente, su cabello usualmente enmarañado ahora en un perfecto conjunto de rizos suaves que la hacía ver más estilizada, resaltando las facciones de su rostro.—¿Esa soy yo?— se rió con suavidad, entre nerviosa y feliz.

Draina fue hasta ella y la abrazo por la espalda, apoyando el mentón en su hombro se miraron a través del espejo. La rubia sonrió satisfecha al ver la suave y tímida expresión de Harriet, quien se acurruca sonrojada contra ella.

Su corazón revoloteo emocionado ante esto, le gusta pensar que solo con ella Harriet se muestra tan femenina y tímida cuando en público siempre parece tener la guardia en alto.

—¿Y bien? —Pregunto, enterrando la nariz en el cabello negro. Harriet se sonrojo al sentirla inhalar, como si respirara el aroma de este. Es cuando se percató del suave aroma a vainilla y avellanas desprender de ella. —¿Te gusta?

—yo…si, me gusta. Me veo…bien. Muy bien…— murmuró, riendo suavemente mientras juega con unos de los mechones. Al estirarlo y que este volviera a su postura anterior, Harriet ensanchó su sonrisa. 

—Claro que te ves bien, yo hice la poción y te peine. Agradéceme, no todos tienen ese honor. —Bufo Draina, apoyando la frente en el hombro de Harriet y así ocultar su rostro sonrojado. La forma que Harriet ríe, tan libre y relajada como suele hacerlo con sus amigos Gryffindor, tal vez incluso más que con ellos hicieron latir su corazón y esa rara sensación en su vientre aparecer.

Su niña interior alza los puños victoriosa, su sueño de la infancia cumplido.

En medio de su nerviosismo y celebración interna, Draina sintió a Harriet tratar de voltear así que afloja el agarre en su cintura, solo lo suficiente para darle tal libertad antes de volver a estrecharla contra sí.

O ella contra Harriet, dependiendo de la perspectiva. 

Harriet ríe suavemente, sus manos deslizándose en el cabello de Draina mientras presiona los labios contra su corona. Ella debe saber o hacerse una idea de lo avergonzada que se encuentra Draina, porque la forma en que sus mejillas arden no es normal y su rostro seguramente está completamente rojo.

Poco sirve de consuelo lo acelerado que también se encuentra el corazón de Harriet, tal vez feliz por su nueva apariencia o por el gesto. Cualquiera que sea, ella tampoco se aparta y cuando susurra en su oído, Draina juraría que se derritió de felicidad.

—Muchas gracias, Draina… 

.

.

.

Draina deslizó una mano por su cabello, acomodando uno de los cortos mechones detrás de su oreja, aunque realmente se encuentra perfectamente peinado y parece más un tic nervioso que una verdadera necesidad.

No se le puede culpar, aunque el ambiente en la recepción de la boda es ligero, Draina se siente en la boca del enemigo cuando cada que voltea se topa con ex-gryffindors y weasley. Que Blaise viniera con su novio y los sentaran en la misma mesa, tampoco ayuda.

Ya verá ese traidor.

Draina se revisó en el espejo una vez más: su corte bob perfectamente estilizado, su vestido de noche en un elegante verde esmeralda, sus zapatos y joyas; todo en sintonía y dando una vista perfecta de sí misma. Suspiro, con la seguridad que su apariencia le daba, y salió hacia la recepción con el mentón en alto. 

Su mesa estaba vacía, sus acompañantes estaban dispersados por toda la fiesta como mariposas sociales (blaise y pansy) o bailando con sus parejas (Theo y Anthony), así que se adueñó del lugar como un trono. Sentía las miradas furtivas y poco disimuladas de otros invitados, pero decidió ignorarlas.

Hasta que un descarado se sentó junto a ella.

Al notar de reojo el cabello rojo, quiso maldecir, pero al ver realmente quien era casi se cae de su asiento. 

¿Por qué Gilbert Weasley se sentaría junto a ella? 

—Pensé que no vendrías. — murmuró el jugador de quidditch, dándole un trago a su whisky de fuego. Por el color de sus mejillas, tiene rato bebiendo.

Y por su apariencia, tiene rato en una mala racha. 

Hizo una mueca, si bien nunca fue de su interés, no era oídos sordos al atractivo del Weasley menor que le hizo ganar una buena reputación por todo Hogwarts. Se decía que era una versión miniatura de su hermano Charlie, y su popularidad se extendió con su carrera de quidditch.

El hombre frente a ella, pobremente peinado, con una barba de varios días, ojeroso y con una mirada agotada no se parecía en nada a la estrella de las portadas.

Una parte de sí misma, en el fondo de su cabeza, se preguntó si así se veía durante sus juicios, durante la guerra…tras aquella noche en el baño de chicas.

Sacudió su cabeza para alejar esos pensamientos.

—¿Por qué no lo haría? —cuestiono con indiferencia, sin verdadero interés en mantener una conversación con el Weasley borracho. Sobrio nunca le pareció alguien interesante, menos borracho. 

Por su puesto, Gilbert no captó su desinterés o tal vez sí, por la forma que rió tras sus palabras. Draina se estremeció aquella risa sin ánimos y ronca le dio un mal presentimiento. Sus ojos viajaron a la pista, buscando a un weasley o amigo del pelirrojo que lo aleje de ella. 

De preferencia Charlie, es el único que le agrada.

—¿Verdad? No es como si te hubieras auto-exiliado de Londres. — murmuró el pelirrojo, y por su bien mental, Draina decidió ignorarlo. No es bueno prestarle atención a un borracho, por más extraño que el resentimiento en su voz se le haga tan raro.

A pesar de la guerra, Draina no recuerda ninguna confrontación directa con Gilbert. La única manzana de la discordia entre ellos, Gilbert ni siquiera era consciente hasta donde sabe.

Aunque la forma en que la mira, le hace preguntar qué es lo que realmente sabe. 

—¿sabes que nada cambió porque estuvieras fuera? —cuestiono y la pesadez en su voz hizo a Draina fruncir el ceño. Hay reproche y molestia, pero también cansancio en las palabras de Gilbert como si hubiera estado en una pelea por mucho tiempo y Draina puede asumir que se debe a sus problemas personales, pero no entiende porque están dirigidos a ella.

Tampoco quiere indagar. 

Si habla de su situación social como mortifaga o no, no le interesa.

—No sé de qué hablas. — dice con tono suave, tal vez la calma en ella contagie al hombre y pueda terminar esta conversación sin que escale a mayores. No quiere arruinar la boda de sus amigos con un alboroto.

Al levantarse, puede ver a Charlie y Blaise a lo lejos, así que mueve los brazos para captar su atención. La persona junto a ellos es quien la ve y cuando ambos voltean hacia ella, Charlie parece palidecer al ver a Gilbert junto a ella.

Perfecto. 

El Weasley mayor se hará cargo de su hermano y Draina podrá irse libremente sin lidiar con el borrach lo al que puede escucharlo reír y bastante rápido para su estato, la captura por la muñeca.

Draina lo mira con molestia, Gilbert se muestra tan serio que la rubia se pregunta por un segundo si realmente estaba ebrio o solo actuaba al sentarse junto a ella.

—No estoy enojado contigo. —dice y lo siguiente descarta cualquier duda de su ebriedad —Estoy celoso, mucho.

¿Qué? 

Draina arquea una ceja y cuando procesa las palabras de Gilbert siente un sudor frío en su nuca y su estómago revolverse. Espera que esa no sea una confesión de amor o terminará devolviendo la cena, por muy guapo que esté no es su tipo.

Pelinegras de ojos verdes. 

Mujeres.

Chicas.

¿Qué no se sabía ya?

—Yo tengo mucha culpa, no lo negaré. Me cegué, pensé que podría ocupar ese espacio en su corazón, ser el recipiente de su cariño, pero siempre supe que en los asuntos del amor nadie manda más que el corazón y me lastime por terco. —murmuró el pelirrojo con una sonrisa triste, sus ojos brillantes como si contuviera las lágrimas y Draina no podría sentirse más incómoda, mira desesperada hacia Charlie, quien tiene problemas para llegar por lo lleno que está el salón y ruega que llegué pronto.— Y cuando te fuiste, pensé que había sido mi victoria. Estaba seguro que con tu ausencia y todo lo sucedido en la guerra, sería suficiente para que ella te dejará atrás. Todo era tan fácil, ella estaba allí junto a mi y yo la conocía tan bien, siempre la había visto. Mis ojos siempre habían estado en ella, pero…ella siempre te vio a tí.

Hay dolor en las palabras de Gilbert, pero también hay resignación como si hubiera hecho la paz con eso hace mucho tiempo. Así que se muestra tranquilo, mientras que el rostro de Draina se llena de indignación y molestia.

—Suéltame, Weasley.— ordena con los dientes apretados, el agarre del pelirrojo no es doloroso pero se siente tan disgustada que quema. Gilbert habla como si hubiera sido el perdedor de una disputa en la que solo él ha sufrido y ha perdido todo, cosa que la enferma.

¿Cómo puede ser el quién perdió cuando Draina dejo sus raíces y hogar con estigma, un sin fin de pecados en su espalda y el corazón roto?

Si, su matrimonio falló. Pero eso no significa que Draina ganará en esa estúpida competencia imaginaria del pelirrojo. 

Harriet lo eligió a él, se casó con él. Gilbert ganó.

Es estúpido que la culpe a ella, una aventura de la adolescencia, por el fracaso de su matrimonio de media década.

—Dejate de estupideces, Weasley. —Sisea Draina, su voz destilando más enojo del que debería pero no puede evitarlo ¿Porqué siempre son los Weasley quienes le arruinan todo? 

Primero Ron, luego Gilbert.

Lo jura, si a Charlie se le ocurre hacerla enojar, lo dejara calvo.

Que sufran él y Blaise.

—Tu matrimonio fue un fracaso, superalo. El amor se acaba, o tal vez la convivencia lo mata, da igual la razón. Se acabó, listo. Recoge los pedazos de ti mismo y sigue con tu vida, no eres el primero ni el último al que le rompen el corazón. — dice con firmeza, justo cuando Charlie y Blaise llegan a ellos. 

La pareja los observa incrédulos un momento, escuchando las palabras de Draina perfectamente, pero Charlie rápidamente se acerca a su hermano y susurra algo a su oído que hace a Gilbert soltar a Draina.

Ella apenas sintió su muñeca un poco libre, la apartó de golpe y la llevó contra su pecho. Blaise se desliza entre ella y los Weasley, un brazo estirado frente a ella de forma protectora mientras tiene la mirada clavada en Gilbert.

—Amore… creo que es mejor llevar a tu hermano a casa, ya está muy tomado. — sugiere Blaise con seriedad y Charlie suspira pesadamente, pero no niega sus palabras.

Sujetando a Gilbert de un brazo con firmeza, Charlie lo hace caminar a la salida. Los Slytherin les observan con seriedad, ambos notando que el paso del menor no es tan torpe y es bastante equilibrado.

Draina aprieta los labios, irritada todavía por las palabras de Gilbert. Blaise le pregunta si está bien, insiste en acompañarla afuera para que se calme pero Draina lo despacha y decide salir de la fiesta. Puede sentir miradas curiosas o enojadas a su paso, y no le interesan.

Luego se disculpara con Theo y Luna por irse así, pero no puede estar

un segundo más en ese lugar.

.

.

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La batalla de Hogwarts es una tormenta de voces y gritos que Draina nunca recuerda claramente. Como si estuviera envuelta en la oscuridad, sus recuerdos solo se aclaran en ese momento.

Cuando Harriet Potter se levanta de entre los muertos y cumple su profecía.

Pero la idiota esta desarmada frente al señor oscuro.

Draina, agotada y herida mientras se apoya en la pierna de su padre, puede ver una varita sin dueño a unos metros de ella detrás del señor tenebroso y a la que nadie parece prestarle atención, pero ella sí.

Entonces sus piernas se mueven solas y Draina sale disparada hacia la varita, recogiendola con su brazo bueno y al lanzarla el nombre de la morena sale con naturalidad y angustia de sus labios.

—¡Harriet! —

La morena voltea, su mirada parece brillar cuando la ve y comprende lo que ha lanzado. Son solo unos segundos , pues apenas recibe la varita debe voltear y bloquear el ataque de su enemigo, pero la total confianza con que extendió la mano hicieron el aire congelar en los pulmones de Draina.

La varita cae en sus manos con un pase perfecto.

Lo siguiente que recuerda es una ola de gritos, hechizos y la mano de su madre, arrastrandola por un camino destruido hacia las afueras de Hogwarts.

No corren, no hay nadie siguiendolas.

Pero Draina siente que está huyendo 

.

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Don’t go tonight…

Stay here one more night…

remind me what it's like, oh …

and let’s fall in love again one more time…

La música del salón se escucha aún en los pasillos fuera de éste, mientras que Draina se dirige ansiosa hacia la parada de taxis. Aunque ha venido con Blaise, prefiere irse sola y no arruinar la fiesta para sus amigos.

El sonido de sus tacones se funde con la suave melodía, y Draina masajea su pecho suavemente en un intento de aliviar la fría y dolorosa sensación en él, esa presión que la hace sentir chiquita y le roba el aire disminuyendo con cada paso lejos del salón.

Algo susurra en su mente que está repitiendo sus errores, que nuevamente huye de una conversación desagradable y se siente molesta, porque no debería darle tanta importancia a las palabras de un borracho, pero las de Gilbert alcanzaron una herida que ella pensó cerrada hace tanto tiempo.

Resulta que no, porque ahora duele. No tanto como hace años, pero sigue haciéndolo y le molesta.

Su vida debía ser un chiste para algún ser divino cruel.

Se detiene bajo el umbral de la puerta, la lluvia se ha intensificado y en el interior del salón no se había percatado. El cielo negro y ocasionalmente iluminando por un rayo a la distancia le recuerda los murmullos en el salón, aunque no quisiera escucharlos la ausencia de esa persona parecía bastante llamativa.

Su presencia también sería bastante llamativa, así que no sabe cuál es peor.

«Presente o ausente eres el centro de atención¿No?» Draina sonríe con amargura aunque su pecho cosquillea con algo cercano a la diversión, levantando la mirada.

El cielo volvió a retumbar.

Lloverá toda la noche a este paso.

—¿Hacia dónde señorita?— pregunta el taxista que se acercó, con su voz indiferente aunque extiende un paraguas hacia ella, el cual no es muy eficiente ante la potencia del agua y la brisa que le acompaña.

Draina hace una mueca cuando su piel es pinchada por las frias gotas de agua, la falda de su vestido y zapatos empapados. 

No parece ser su noche.

—Tome la vía principal, le indicaré hacia donde ir. — dice Draina cuando están dentro del taxi, igual de frío que el exterior pero que parece calentarse lentamente. El taxista debe haberlo encendido apenas la vio en la puerta.

—Entendido, en un momento. — se excusa y Draina asiente, demasiado cansada para protestar. Tampoco es que tenga tanta prisa de irse, solo con estar fuera del salón se siente mucho más tranquila y el interior del taxi se hace agradable.

No toma mucho que el motor alcance la temperatura óptima y arrancar, así que Draina se acurruca en el asiento para lo que será un largo viaje de regreso a la ciudad. 

El auto solo se mueve un poco cuando algo golpea la ventana del pasajero y tanto Draina como el taxista chillán asustados. La rubia hasta salta un poco para apartarse de la puerta y al voltear, la figura oscura la mira fijamente a través del cristal.

Su piel se eriza cual gato, otro loco.

—¡Draina!

La persona al otro lado grita su nombre y va a gritarle al conductor que arranque hasta el fondo, cuando el cielo vuelve a iluminarse y la claridad le permite ver el rostro de la persona.

La piel morena, la sonrisa perezosa, el cabello enmarañado en realidad era un rizo empapado por la lluvia y los grandes ojos verdes no la ven con ganas de matarla sino con algo más tranquilo, casi suplicante.

Su corazón late de forma dolorosa y el nudo en su estómago casi la hace vomitar.

—¿Harriet?— su voz sale suave, como un hilo y llena de confusión. Draina se odia por eso y endurece el rostro rápidamente.

Harriet solo ensancha su sonrisa, aquella cálida y juvenil que solo había visto su lugar hace tantos años.

Maldita sea, el corazón de Draina no dio un brin

co al verla.

—¿Puedo entrar?

Notes:

Final abierto porque si

No me funen por lo de Ginny, no me cae mal ni la odio.

Pero había que haber un borracho despechado en está historia xD

Plot twist: el verdadero Loneliest era Ginny (Gilbert?), enamorado de un lesbiana

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