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Good Luck, Harriet

Summary:

Después de su divorcio, Harriet Potter busca la paz por la que peleo en la guerra, pero sus arrepentimientos no la dejan en paz.

Notes:

Una historia que me vino a la mente cuando escuche Good Luck, Babe.

Denle gracias a Annie, que su paciencia y animos mantuvo viva la idea de escribir esto xD

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Good Luck, Harriet…

 

Locronan es una pequeña ciudad escondida en la región de Bretaña, Francia. Con menos de mil habitantes, edificios construidos durante la  edad media bajo la fuerte influencia del arte gótico, y el equilibrio perfecto entre lo mágico y lo muggle, es un pueblo precioso, digno de foto para una postal o una película ambientada en los 1600.

Un lugar perfecto para un tiempo fuera. El paraíso de los  interesados en el folklore celta y la historia o para los que buscan unas vacaciones llenas de tranquilidad para trabajar en su salud mental. Especialmente en estos tiempos,  que  la nieve cae  sobre los techos de piedra pulida y cubre todo con una pura capa blanca y acentúa la vista mágica a la ciudad. 

Es relajante a la vista.

Harriet Potter suspira a gusto. Cuando le pidió a  Luna recomendaciones de un lugar para vacacionar, buscando alejarse de la atosigante prensa, esta ciudad le había causado desconfianza. 

Un nombre  raro que confundió varias veces, una población minúscula entre magos, muggles y criaturas mágicas, y una arquitectura congelada en el tiempo por más de 500 años no era precisamente lo que Harriet tenía en mente, mucho menos era su estilo. 

Luna dijo que era perfecto por eso mismo. 

Harriet puede que se dejara convencer solo por la mirada brillante de la pequeña Ravenclaw (que ya no era tan pequeña, pero que Harriet se negaba a reconocer su crecimiento) y la confianza ciega de que no importaba lo que pasara, Luna no delataría su ubicación. 

Ya lo había demostrado una vez, Harriet nunca pondría en duda la lealtad de la joven Lovegood. 

—Su café. — 

La voz  de la mesonera hizo a Harriet sobresaltar, sus recuerdos corriendo al ver un destello platinado.  Pero al levantar la mirada y ver un rostro desconocido y lleno de pecas calmo el torreón de emociones en su pecho y recuerdos en su mente.

Una risa fina, un cabello platinado y unos ojos grises astutos, preciosos…

La mesonera  le  observa con sus  ojos negros, esperando por si Harriet necesita algo mas y la castaña suspira pesadamente, apartando los recuerdos con un bofeton mental. 

—No, gracias… —murmuró en un francés pulido, una de las pocas palabras que le salen perfectamente. 

La mesonera asintió y se retiró a atender a las otras mesas de la cafetería. 

Hariett suspira y da un sorbo a su café, deleitándose con la sensación del líquido calentar su cuerpo desde adentro. 

Lo necesitaba. 

También necesitaba la cafeína, porque la noche anterior no pudo dormir cuando los recuerdos comenzaron a atacar. 

Ya no eran tanto recuerdos de la guerra, el miedo seguía presente con las pesadillas correctas, pero la terapia había ayudado a hacer las paces con esa etapa oscura de su vida y el estrés post-traumático. No,  eso ya parecía estar bajo control. 

Eran otro tipo de recuerdos y decisiones que decidieron arrancarle las noches de sueño.

Momentos vergonzosos de su adolescencia, las palabras incorrectas, las acciones torpes, todo lo que envolvió la poca normalidad en su vida durante ese tiempo. 

Y que todo parecía conducir a ella. 

Draina Luciel Malfoy. 

La princesa de Slytherin. 

La mujer más arrogante, vanidosa, fría, soberbia, tramposa, chismosa,  manipuladora, astuta, inteligente, elegante, leal, y sensible que ha tenido la desgracia y gracia de conocer. 

Mi padre se  enterara de esto” 

Una pequeña sonrisa crece en sus labios al recordar aquella voz chillona y arrogante que solía tener la rubia en sus primeros años en Hogwarts. Aunque no era agradable, Draina era una constante para Harriet. 

Ron decía que la rubia solía orbitar alrededor de ella.

Hermione decía que era Harriet quien orbitaba alrededor de Draina. 

Harriet piensa que las dos fueron suficientemente estúpidas orbitando una alrededor de la otra en una espiral de insultos ingeniosos, sabotaje académico y una tensión física que hasta el día de hoy  a Harriet le causa escalofríos y las manos quemar ansiosas. 

Si cierra los ojos puede recordar ese día, el incidente de Buckbeak. 

Cuando Draina, en su infinita arrogancia, le pareció divertido hacer enojar al hipogrifo de Hagrid y en un parpadeo, había sangre y caos en todos lados.

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El chillido enojado de Buckbeak congeló la  sangre de Harriet mejor de lo que lo hubiera hecho un glacius. El terror es un un poderoso paralizante cuando una enojada criatura mágica se levanta en  sus dos patas traseras y gruñe irritada. 

Harriet  ve en cámara lenta el cabello platinado agitarse y los brazos levantarse de forma protectora;  siente la mano de Ron apretarse en su hombro mientras trata de hacerla retroceder, pero tiene el efecto contrario. 

En un parpadeo, su cuerpo se mueve solo y Harriet se avienta bajo la trayectoria del hipogrifo, recibiendo un zarpazo profundo en su hombro antes de que Hagrid pueda interferir para detener al enojado Buckbeak. 

Harriet y su protegida caen al suelo en un abrazo torpe y con suficiente fuerza para arrancarle el aire a la joven castaña, quien se ha llevado la peor parte de este. La persona junto a ella se mueve y cuando Harriet abre los ojos se encuentra con unos ojos grises sorprendidos y alarmados 

Draina, la culpable y el objetivo original del ataque de Buckbeak, la observa llena de asombro. Su cabello antes perfectamente peinado ahora esparcido por la tierra y sin esa expresión arrogante que siempre tiene, Harriet puede pensar que Draina es bonita. 

Muy bonita, incluso si comienza a ver doble.

—¿Potter? —le llama ahora en un tono horrorizado que Harriet no procesa bien, siente la cabeza caliente y de repente no siente nada.

Todo se vuelve negro y escucha gritos asustados.

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Harriet  desliza la mano sobre su espalda y  siente la cicatriz aun a través de la ropa.

Aquella vez, Buckbeak la hirió en una arteria y la pérdida de sangre fue masiva. Que se desmayara casi al instante parece que ayudó bastante a que no muriera.

A Harriet le dio risa como dormir le ayudó en un problema. A Ron y Hermione no les hizo gracia su chiste. 

De hecho, nadie estaba feliz por el incidente. 

Pomfrey no estaba feliz, ni Mcgonnagall, ni Dumdbledore.

Ni siquiera Lucius Malfoy estaba feliz. 

Harriet sabía que la molestia del último era porque Draina pudo haber sido la herida, la señora Narcissa lo había dejado claro cuando la visitó en la enfermería junto a Draina. 

Harriet recuerda sus defensas altas en el momento que ambas rubias entraron a la habitación,  las cuales bajaron rápidamente cuando la mayor le agradeció sinceramente, y dejó una caja de chocolates franceses para ella.

Puede o no puede que Harriet se aprendiera el nombre de la marca para comprarlo para ella misma después.

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Cuando Narcissa se va, Harriet no puede evitar cierta admiración ante el porte y la elegancia de la mujer. Es muy hermosa, educada…

—Mira, Potter. 

Lástima que su hija no se le parece en nada.

Harriet deja de observar la puerta admirada, para ahora mirar a Draina con fastidio y cansancio. Pomfrey le dio una poción para sanar su herida con rapidez, pero su cuerpo está agotado por la pérdida de sangre. Quiere descansar.

—No me gusta deberle a nadie, pero como dijo mi madre, me salvaste. Así que te debo una. — anunció con fastidio, arrancando el bombón de los dedos de Harriet. La castaña le miró indignada al verla comer su chocolate. — apresúrate y dime qué quieres para saldar este favor y seguir con nuestras vidas. — exige Draina, altiva como si hace unos momentos no hubiera estado cabizbaja y emberrinchada en la presencia de su madre.

Harriet le miró, suspiró y mejor escondió sus bombones antes de que le robaran más.

—No pensaba cobrar, no lo hice por ti sino por Hagrid. — 

Harriet hizo una mueca al hablar, sin explicarse esa necesidad de aclararle esto a Draina. Más inteligente sería callar y conservar la deuda.

Draina debe pensar lo mismo, porque le mira con una ceja arqueada.

—¿Por el jardinero?—

—Hagrid — sisea Harriet con advertencia — estaría en muchos problemas si hubieras sido tú la golpeada por Buckbeak, habrías hecho un escándalo y tu padre exigiría la cabeza de Buckbeak, de Hagrid, de Dumbledore y la de Mcgonagall solo porque sí. 

Harriet bufa irritada ante la perspectiva, pero mira a Draina con advertencia cuando la ve sonreír entre divertida y burlona. Porque tiene razón, y ambas lo saben.

—Oh, no te confundas, Potter. Mi padre si está exigiendo la cabeza de Buckbeak, y se conformará con el despido del jardinero. — anunció con suficiencia, los brazos cruzados sobre su pecho y el mentón elevado. Harriet solo la miro con molestia. — pero eso no salda mi deuda contigo, simplemente es una forma de evitar que Santa Potter no tenga más oportunidades de ser la heroína del día…una muy patética, por cierto. Te desmayaste por un rasguño.

Harriet bufó, e imitando el gesto de Draina, sonrió arrogante.

—Esta patética heroína fue la que te salvó de ser brocheta… ahora, si querías que te cargará como princesa, deberías pedirlo amablemente, su alteza. 

Harriet se regodea al ver las pálidas mejillas de Draina teñirse de rosa ante su indignación, aunque solo duró un momento pues  su expresión no tarda en volverse arrogante.

—¡Por favor! — Draina ensanchó su sonrisa, sus labios rosas curvandose en una sonrisa maliciosa. Su cabello deslizándose junto a su rostro ante el movimiento de inclinar su cabeza, como una cortina plateada. — Ni quien desee ser cargada por una heroína de segunda, menos una que no parece conocer los cepillos ni el acondicionador. — 

Rápido como una serpiente, los dedos pálidos de Draina capturaron un mechón de rizos castaños, sujetándolo suavemente antes de darle un ligero tirón. Harriet chillo, sus mejillas calientes por el insulto, y su mano viajó a la muñeca de Draina, sus ojos cargados de molestia. 

Draina le sonrió socarrona, Harriet bufó. 

—Te lo advertí ese día en el tren, tienes que tener cuidado con quien te juntas en Hogwarts. La sangre sucia de Granger no es el mejor ejemplo de estilo para peinar… o estilo en  general.

Harriet hizo una mueca ante el insulto, no protestó por lo del cabello…porque es verdad, ni Hermione o Harriet se esfuerzan en arreglarse, pero no permitiría que la rubia insulte a su amiga en sus narices. 

—No le llames así. — siseo con advertencia. 

—Es lo que es. —Draina se encogió de hombros y Harriet rodó los ojos, soltando la muñeca de Draina.

—Vete, Malfoy. Necesito descansar y contigo aquí, no podré pegar un ojo sin que trates de asesinarme con una almohada. 

—No te alabes a ti misma, no usaría un método tan mundano para matarte. —reprocho la rubia, apoyando una mano en su cadera.

Harriet no respondió, agitando una mano para restarle importancia a sus palabras, se recostó en la camilla y se acomodó para dormir. A pesar de lo dicho, se durmió con bastante rapidez sin confirmar realmente si Malfoy dejó la enfermería o no. 

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Ese fue su primer acercamiento, piensa Harriet con diversión. 

A partir de allí, al director le pareció buena idea castigarlas juntas cada que una disputa entre ambas se saliera de control. 

Harriet y Draina pasaron muchas horas en detención, una convivencia forzada que le permitió conocer un poco más a la arrogante hija de los Malfoy.

Draina era todo lo que mostraba a primera instancia, una chica mimada, arrogante y vanidosa. No lo escondía, no se sentía avergonzada de aquello y Harriet le dará un punto por eso. Saber quien eres, sentirte orgullosa de aquello, sea bueno o malo no es algo que todo el mundo pueda hacer, mucho menos a su edad. 

Aprender eso de Draina, hizo que Harriet la respetará un poco.

Observar de cerca lo inteligente que es, también fue llamativo para Harriet. Draina era inteligente, no del tipo de Hermione que parecía un libro andante, era una inteligencia más práctica y fina, un pensamiento veloz y una lengua aguda que al no estar dirigida hacia Harriet o sus amigos, era entretenido verla utilizar para destrozar a alguien con palabras.

Lo que también le permitió a Harriet percatarse del sentido del humor tan parecido que tenían. Podían disfrutar un chiste negro o la desgracia de algún estudiante que a ambas les cayera mal.

Era…liberador.

Aunque había ciertas pautas silenciosas en estas charlas secretas para mantener la paz.

Draina no mencionaba a los amigos de Harriet.

Harriet no mencionaba a la familia de Draina.

Porque sí podría describir a la rubia con otra palabra, era Leal. Draina era completamente leal a su familia y los defendería a uñas y dientes aunque sus acciones fueran erróneas.

Harriet la entendía y respetaba su límite.

Pero en lo que respecta al resto, se llevaban bien.

Harriet se sentía a gusto con sus charlas secretas, y sin darse cuenta, quería más de estas, más tiempo con la rubia, más noches de conversaciones entretenidas, de escuchar sus insultos mordaces o de las anécdotas de sus viajes.

En algún momento, Harriet se volvió codiciosa de todo lo relacionado a Draina.

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La risa de Draina inunda el salón vacío, mientras Harriet refunfuña sentada a su lado. 

—Bueno…tu suerte…oh Merlin. — jadeo la rubia, apoyando la frente en el hombro de Harriet. — De verdad… ¿Quién pondría tu nombre en la copa de los magos?

—Alguien que me odie y quiera verme sufrir como una paria… Estoy segura que fue el profesor Snape.— Gruño Harriet, sus dedos jugando de forma distraída en el cabello de Draina. 

La rubia soltó un bufido, divertida ante su situación, y tomó asiento sobre la mesa. Harriet entrecierra los ojos, indignada ante su sonrisa divertida y lo atractiva que se ve.

—Oh, por favor. Mi padrino tiene mejores cosas que hacer…

—¿Qué buscar una manera de hacer mis días miserables?No creo. 

—Aunque no lo creas, es cierto. —Dice Draina, aun relajada pero con un tono de mayor firmeza que Harriet entendió. Está cruzando una línea y no debe seguir con el tema. 

Snape es familia para Draina. Su familia no se toca. Ellos están por encima de todo.

Aquel pensamiento hizo desaparecer su coraje, sintiéndose algo decaída se dejó caer sobre la mesa. Su rostro contra la cadera de Draina, escondida en su falda con aires de derrota. Lo relaciono al asunto de la copa de los tres…cuatro magos.

—Y nadie me cree, solo tu y Hermione… hasta Ron cree que me inscribí en esa absurda competencia. — refunfuño, sus brazos deslizándose por la cintura de Draina en busca de consuelo o retenerla de forma inconsciente, temiendo que se aleje.

Draina no lo haría, pero Harriet puede ser un poco… celosa con la rubia. 

—Si lo dices así, es realmente triste que solo uno de tus amigos te crea…— Menciona Draina con un tono burlón, aunque su expresión es más relajada. Harriet se estremece cuando Draina comienza a acariciar sus rizos, definiendolos y jugando con estos.

Harriet suspira y se derrite en sus manos un poco, como cada vez que Draina le ayuda con su cabello, antes de tomar una postura más defensiva. 

—¿cómo que solo uno? Tú me crees. — refunfuña Harriet al incorporarse de forma desganada, pero sin apartar sus manos de la cintura de la rubia. Draina la observa con una expresión tranquila, tal vez algo divertida.

—No somos amigas, Potter. 

—¡Si lo somos!

—Las amigas no se comen la boca.

Cierto.

Harriet mordisqueó el interior de su mejilla, Draina tiene un punto. La castaña no se imagina besandose, acariciandose o siendo tan físicamente íntima con Hermione o Ron como lo es con Draina, de solo imaginarlo se le eriza la piel y no de forma grata: Eso es un tremendo “NO” para Harriet. 

Pero con Draina es diferente.

Todo. 

Su amistad, sus chistes internos, la forma en que se relacionan e interactúan. Todo.

No se cansa de su tacto, no se aturde de su voz, y su aroma la tranquiliza de una forma en que ni todas las palabras consoladoras de Hermione lo logran. Siempre quiere sentirla, escucharla, tenerla cerca como si le fuera imposible tener suficiente de Draina.

Mirándola a los ojos, Harriet se pregunta si Draina debe haberle dado amortentia para que la hiciera sentir así. 

—Contigo es diferente. — Murmura Harriet con suavidad y algo debe haber en su mirada, que Draina levanta una mano y le sostiene el rostro, una caricia agradable aunque su tacto es frío, porque Draina siempre parece tener la piel fría, pero es suave y Harriet se acurruca deleitada.  

—¿Así?—

La voz de Draina dulce, como un susurro y Harriet sonríe cuando siente sus labios rosarse.

—Si. — dice, antes de presionar sus labios en un beso suave y lento. Suspira, porque vuelve a llenarse de esa sensación de gusto divino, se deleita en ésta.

Cuando Draina desliza las manos por su rostro, aferrándose a Harriet y atrapando la contra si, la morena se regodea de esta parte tan caprichosa de Draina. No es la única que quiere más, no es la única hambrienta de la otra

Saberse correspondida hace arder su pecho.

La mano en la cadera de Draina se desliza suavemente dentro de su uniforme y la rubia se estremece, jadeando débilmente.

—llegaremos tarde a clase…

Harriet sonríe pícaramente y deja besos suaves en las mejillas de Draina, bajando hacia su cuello.

— O podemos no llegar en lo absoluto.

Sugiere y la forma en que Draina ríe, hace a Harriet ensanchar su sonrisa.

Si.

No tiene suficiente de esto.

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.

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Harriet suspira pesadamente y con mucha fuerza de voluntad aparta aquellos recuerdos de su mente, aunque igual que las últimas noches, estos flotan de regreso una y otra vez.

Se pasa una mano por el cabello desesperada, y toma su celular para distraerse. Todas las redes sociales desactivadas, solo revisa sus mensajes de forma distraída.

Luna, Hermione, Neville son amables al preguntar cómo está, cómo va su viaje.

Increíblemente Ron también le ha escrito, incluso con lo tensa que se encuentra su relación, le conmueve que el pelirrojo se preocupe por ella.

Va a contestar cuando un nuevo mensaje entra en bandeja. El contacto la deja fría.

Gilbert.

Gibby para sus amigos y familia. Harriet se pregunta si debería seguir llamándolo así.

Ya no son nada.

Firmó el divorcio después de que ella subiera al avión hacia Francia, hace más de un mes.

No habían tenido contacto desde entonces, así que este mensaje la sorprende.

“Hola, Harry…

Es raro escribirte esto, pero es algo que necesito sacar de mi sistema.

No me ha gustado la manera en que todo ha terminado, no entiendo porque lo ha hecho de esta forma.

Me has jurado que no hay otra persona, y realmente no creo que el asunto de los hijos nos llevará hasta este extremo de separar nuestros caminos.

No soy ingenuo, pero sí muy terco.

Por qué te he dejado ir, pero lo nuestro no puedo soltarlo realmente ¿Que hice mal? ¿Dónde fallé? ¿Realmente te fue tan terrible la idea de formar una familia conmigo?

Necesito saber el porqué, Harriet.

Solo dimelo para seguir adelante ”

Su pecho pincha lleno de culpa, porque al leer solo puede pensar en el rostro adolorido de Gilbert cada vez que discutieron en los últimos meses. A veces le sorprende lo rápido que su matrimonio decayó, como un castillo de cartas, lo que habían tenido por años desapareció con las palabras incorrectas nuevamente.

El hogar que no se construye en cimientos fuertes, se cae ante la menor brisa”  

La advertencia que recibió el día de su boda volvió a su mente aquella noche en la que alcanzó su punto de no retorno. Al principio fue tan insultante que Nott se atreviera a decirle tal cosa en su boda, pero en retrospectiva, Harriet no negaría que Nott tenía toda la razón. 

Su matrimonio no era sólido cuando Harriet y Gilbert tenían otras expectativas de vida.

 Harriet quería dedicarse a su carrera de Auror, asegurarse de que Londres fuera lo más seguro posible, eliminar de raíz cualquier indicio de otra guerra mágica. Gilbert era jugador de quidditch, satisfecho con su profesión, quería formar una familia y tener hijos.

Lastimosamente, Harriet nunca terminó de convencerse con la idea de ser madre, pero se sentía mal al negarle su deseo de ser padre. Llegaron a un acuerdo, esperar un poco en lo que las cosas mejoraban y que Harriet asimilaba la idea de maternidad.

Spoiler alert, eso nunca sucedió.

Aunque Harriet lo intentó por Gilbert, para hacerlo feliz, quiso darle un hijo. Le dio la noticia y dejó de cuidarse,manteniendo un ojo en su ciclo menstrual para saber cuando eran los días de mayor oportunidad de concebir. 

No era lo que ella quería, se sentía fatal. En pocas semanas la tensión que sentía comenzó a afectar su rutina, su relación y su trabajo. Estando tensa, desanimada e irascible de una manera que le recordó a sus días en cuarto año, cuando debía lidiar con voldemort en su cabeza. 

Todo era simplemente…demasiado. 

Ella quería seguir su carrera de Aurora,  trabajar  duro para que  ningún otro niño tuviera que pasar lo que ella, trabajar con Hermione para arreglar el jodido sistema mágico que había quedado tras la guerra (aunque que este tampoco era muy bueno antes de la guerra, debe quejarse) y sentía que ser madre la detendría. 

Cuando piensa en una madre, no hay muchos buenos ejemplos en su mente. 

A su propia madre no la conoció, aunque nunca negara su amor inmenso que la salvó de una maldición prohibida, siempre se sintió el vacío de su ausencia

Petunia…mejor ni mencionarla.

Molly era una madre amorosa, con sus altas y bajas, no era la madre perfecta y el tiempo le hizo verlo con mayor facilidad (la forma en que sutilmente presionaba por nietos, tampoco ayudaba).

Narcissa amaba profundamente a su hija, pero el camino que tomó y por el que guió a su familia le hace dudar de su juicio.

Harriet no tenía una buena relación con el concepto de maternidad. 

Y tal vez en el fondo, temía a esta como un grillete en su pie. La sensación de sentirse aprisionada se hizo tan intensa en su interior a medida que pasaban los meses que estar en casa la estaba enloqueciendo, pensar en que los próximos años los vivió encerrada en su casa casi desata un ataque de pánico en más de una ocasión. 

Sus pesadillas con el armario se hicieron frecuentes, y trajeron consigo recuerdos no gratos. El consumo de pociones para dormir aumentó y volver con su terapeuta se sintió como la derrota más grande de su vida.

Pero es que para ella, todo se sentía mal. Algo en sus entrañas se retorcía, rugiendo lleno de indisposición hasta que lo entendió.  

El problema no era Gilbert ni la vida  hogareña que le ofrecía. 

Era Harriet que no era eso lo que quería. Ella nunca estaría satisfecha con esa vida porque su corazón anhelaba otra cosa.

Aferrado al pasado, anhelaba otra vida.

Otro amor.

Otra persona.

Aunque esto fuera imposible, Harriet deseaba cambiar su historia. Las palabras, acciones y sentimientos que la habían traído hasta el presente estaban llenas de arrepentimiento. 

.

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Harriet se sentía inquieta, desde el regreso de las vacaciones Draina se comportaba de forma extraña. En vez de acercarse en público para molestarla junto a sus amigos o buscarla en privado para sus largas escapadas nocturnas, la estaba evitando por completo.

Harriet se llegó a cuestionar si atrapó la peste y no se dio cuenta, porque no le hallaba explicación a la actitud de Draina y le dolía profundamente 

También le hizo sentir molesta,y muy insegura. 

La idea de que Draina estuviera saliendo con alguien más le  revolvía las entrañas, no poder hablarlo con Hermione o Ron no ayudaba a su estado mental. 

Entonces, cuando lo descubre esa noche en el baño de niñas en medio de una crisis, Harriet confirma sus terrores.

Algo anda mal, algo está mal. 

Draina está mal. 

Y Harriet también se pone mal cuando ve aquella marca en su brazo. 

La marca tenebrosa. 

—Ha…Harry…— jadeó Draina, su rostro todavía  retorcido de dolor y sus mejillas pálidas. Se ve tan rota, tan vulnerable 

Harriet se siente así con los ojos clavados en la tinta de su brazo. 

—No te acerques. —jadea la morena, su mano temblando con la varita en alto, su instinto tomando el control por una vez de forma decente.

Cualquier mortifago es un peligro para ella. 

Los mortifagos están con Voldemort, Voldemort la quiere muerta. Son sus enemigos por lógica.

Es simple.

Aunque algo en su pecho quema y duele porque es Draina. 

Su Draina.

—Harry… Harriet, déjame…déjame  explicarlo…— murmura Draina, hay un tono suave en su voz, casi suplicante y por un segundo, Harriet ve a otra Draina, una feliz y avergonzada que sonríe entre sus brazos. 

Pero es solo un segundo. 

Porque la imagen cambia a esta Draina rota, aterrada y fría frente a ella. Esta Draina que tiene la marca tenebrosa y que ha sacado su varita.

“Mi familia siempre estará primero, Potter”

Si, Harriet lo sabía. La lealtad de Draina está con los Malfoy, no con ella. Nunca con ella. 

Por eso Draina se ha unido a su enemigo. Por eso sus sentidos saltan alarmados cuando la ve moverse y antes de saberlo, el hechizo sale de sus labios con una voz dolorida y aterrorizada.

—¡Sectumsempra! —

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Harriet sonríe con tristeza, esa noche pesa en su alma como el mayor pecado de su vida. Ver su reflejo en el café le da náusea y debe apartar la vista porque su propia imagen y el recuerdo del daño que causó la mata lentamente.

Dolor, muerte y culpa.

Está tan asociada con esas emociones que el arrepentimiento casi pasa inadvertido, tantas cosas que podría cambiar y ahorrarle a sus cercanos tanto dolor.

Si tan solo no hubiera esperado tanto para dejar a Gilbert

Si tan solo hubiera sido honesta y no hubiera aceptado su confesión. 

Si no se hubiera cegado por la culpa y asumido tan retorcido sentido del deber con los Weasley.

Si tan solo  George no hubiera muerto protegiéndola en la guerra.

Si se hubiera acercado para hablar con Draina tras la guerra.

Si tan solo hubiera reaccionado de otra forma esa noche en el baño de hogwarts. 

¿Podría haberse ahorrado algo de dolor?

.

.

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Después de la guerra, Harriet no es ignorante a los ataques de pánico. La frecuencia con que los sufre es preocupante, por lo que debe aprender rápidamente a identificarlos, manejarlos y si está dentro de la medida detenerlos.

Se han calmado con los años, pero es aprendizaje queda.

Por eso entiende que está sensación de vacío en su pecho no se debe a un ataque, pero podría ser debido a algo más doloroso.

Siente tanto frío.

 Se pregunta si ha muerto mientras dormía.

Despertar a mitad de la noche suele ser causa de una pesadilla, pero el soñar con un momento más simple y sencillo de tu vida no debería ser considerado un mal sueño, aunque al final deje una sensación de pérdida. Como el susurro de un fantasma, la risa de Draina se escucha en sus oídos y Harriet aprieta la mano sobre su pecho.

Duele.

Observa la espalda de Gibby, su esposo, quien duerme plácidamente a su lado sin saber el torbellino en la mente de Harriet.

“¿Qué estoy haciendo?” 

La mujer levantó su mano izquierda frente a sí, el bonito anillo de oro blanco en su dedo brilló bajo la poca luz que entra por la ventana, pero ella se sintió terrible al verlo.

El nudo en su estómago casi le hace levantarse a vomitar .

“¿Esto es realmente lo que quiero?” 

Cansada, tomó asiento  en la cama, observando su regazo con la mirada apagada. Vuelve a mirar a su esposo y el nudo que le produce aquella palabra le corta la respiración .

“¿Esto es  todo lo que quiero hacer con mi vida? 

La respuesta vino antes de siquiera pensarla.

No. 

Con las piernas entumecidas, Harriet salió de la cama hasta el baño. Trata de aclarar su mente, se lava el rostro y respira profundo, pero le es imposible detenerlo. El frío le recorre el cuerpo, su mente perdida en aquel cálido sueño y los recuerdos que lo inspiraron. 

Risas juguetonas

Manos enlazadas

Manzanas verdes

Labios rosas

Ojos grises

“Harriet”

Levanta la mirada y por un segundo, no es ella parada frente él, es Draina.

Aquella Draina de piel pálida, ojerosa y apagada que la guerra y los juicios dejaron atrás, la misma Draina que vio en su última sesión de condicional antes de que obtuviera el permiso para dejar el país y a la que nunca se atrevió a hablarle ni siquiera en aquella última vez. 

Ella se fue sin arrepentimientos, Harriet se quedó atrás hundida en ellos.

No le agradeció por su silencio en la mansión malfoy o por aquel lanzamiento de varita que los salvó en la guerra.

No se disculpó por lo sucedido en el baño, por los malos entendidos, por la desconfianza, y su deshonestidad.

Cuando dicen que el mundo mágico le debe todo a Harriet, ella solo ríe porque le debe tanto a Draina. 

“Estás cegada por tu título de ´la elegida´, ese sentido del deber que tienes va a ser tu ruina. Buena suerte con eso, Harriet“

Las palabras de Draina vuelvan a su mente y 10 años después, Harriet sonríe sin ánimos. 

—Tenías razón.

Notes:

No se que es esto xD

Pero es todo para ti Annie, espero lo hayas disfrutado

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