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El rugido que nadie escucho

Summary:

Entre el eco de los gritos silenciados y el peso de lo no dicho, Rin Itoshi se desangra en vida.
Bajo la mirada helada de su hermano, con el alma agrietada por la soledad y la exigencia, lucha por ser visto… por ser amado. Pero cuando su cuerpo y mente se quiebran frente a todos, ya es demasiado tarde.

Ahora, entre pasillos blancos y promesas rotas, los que quedaron atrás deben enfrentarse a la verdad: no todos los goles valen la pena si, para marcarlos, uno debe perderse a sí mismo.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter Text

En la sala de reuniones de Blue Lock, la tensión era palpable. Los jugadores que habían logrado clasificar a la nueva Sub-20 para el Mundial estaban reunidos, esperando a que Ego Jinpachi hiciera su gran anuncio. Isagi Yoichi estaba de brazos cruzados, expectante, mientras que Barou Shoei, con su característica arrogancia, solo chasqueaba la lengua, impaciente. Reo Mikage y Nagi Seishiro murmuraban entre ellos, y Rin Itoshi permanecía con los ojos cerrados, como si todo aquello le fuera irrelevante.

Ego apareció en las pantallas, con su sonrisa cínica de siempre. "Felicitaciones. Todos ustedes han sido seleccionados para representar a Japón en la Sub-20 para el Mundial. Pero no crean que han llegado a la cima aún. Esto es solo el principio. Y dado que aún necesitan ser moldeados en verdaderos jugadores de clase mundial... les he conseguido un entrenador adecuado."

En la pantalla, apareció una imagen de Itoshi Sae.

El silencio fue inmediato, seguido de una cacofonía de reacciones.

"¡¿Qué?!" exclamó Isagi, sorprendido.

"¿El tesoro de Japón entrenándonos? Eso no me lo esperaba." Reo se pasó una mano por el cabello, sin saber si sentirse emocionado o preocupado.

"Tch, qué fastidio..." Rin chasqueó la lengua y desvió la mirada, pero su cuerpo se tensó. Su mandíbula se apretó con fuerza, y sus ojos, antes cerrados, se abrieron con un brillo gélido. No podía creerlo. De todas las personas posibles, tenía que ser él. Su hermano. El mismo hermano que lo había abandonado, que lo había dejado atrás sin una explicación. Y ahora, ese mismo hermano iba a estar a cargo de su entrenamiento.

Le hervía la sangre. No quería estar bajo sus órdenes, no quería que su hermano lo viera como un jugador más al que moldear. Se cruzó de brazos y apartó la mirada, ocultando la tormenta de emociones que luchaban por salir a la superficie. No le daría el gusto de verlo reaccionar. Pero era imposible evitarlo. Porque dentro de él, un anhelo cruel se abría paso a través del resentimiento.

Durante años, Rin había soñado con este momento. Con que Sae regresara, con que volviera a reconocerlo, con que le dijera que nunca lo dejó atrás realmente. Pero esa esperanza infantil había sido pisoteada una y otra vez. Había convertido esa añoranza en rabia, en determinación. Se había convencido de que no necesitaba a su hermano, de que lo odiaba. Y sin embargo, ahora que lo tenía tan cerca, que su presencia era ineludible, esa antigua herida volvía a sangrar.

Rin sintió náuseas. No quería recordar lo que fue. No quería sentir el eco de su infancia, la sombra de los días en los que miraba a Sae con admiración. Apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos palidecieron. No. No caería en la trampa. No dejaría que el pasado lo debilitara.

"¿No es raro? O sea, es un jugador activo. ¿Por qué entrenaría en lugar de jugar?" preguntó Nagi con su típico tono perezoso.

Ego rió entre dientes. "Porque Sae Itoshi considera que no hay esperanza para el fútbol japonés si ustedes no son capaces de mejorar drásticamente en las próximas semanas. Y como él mismo lo dijo: 'Si los dejo solos, Japón perderá de manera vergonzosa'."

Barou gruñó. "Así que el idiota arrogante nos cree inferiores. Bien. Que lo intente. Voy a demostrarle que no soy alguien a quien pueda menospreciar."

"Hoh~ suena divertido." Shidou Ryusei sonrió con malicia. "Extraño jugar con él, me pregunto si me dará más pases especiales." se lamió los labios.

Isagi tragó saliva. Sae Itoshi no solo era el mejor jugador de Japón, sino alguien con una lengua afilada como cuchillas. Esto no iba a ser nada fácil.

Dos días después, en el campo de entrenamiento de la Sub-20, los jugadores de Blue Lock se encontraban reunidos. La espera era corta, pero la inquietud palpable. Todos esperaban ver cómo sería Sae como entrenador.

Cuando la puerta del vestuario se abrió, el silencio cayó sobre el grupo. Itoshi Sae caminó con pasos seguros, su expresión neutra y desinteresada, como si ya estuviera aburrido de estar ahí. Su mirada recorrió al grupo con evidente indiferencia.

"¿Estos son los mejores delanteros de Japón?" murmuró, soltando un suspiro de hastío. "Qué desperdicio de tiempo. Si dependiéramos solo de ustedes, Japón no duraría ni la fase de grupos."

Los murmullos de descontento no se hicieron esperar.

"Oye, ¿qué dijiste, maldito arrogante?" Barou avanzó con su presencia dominante, pero Sae ni siquiera parpadeó.

"Ah, sí, el 'Rey' de Blue Lock. Solo otro tipo con complejo de grandeza. ¿Tienes algo además de músculos y ego? Porque hasta ahora no he visto nada que me impresione."

Barou rechinó los dientes, pero antes de que pudiera decir algo más, Shidou se adelantó, con su sonrisa depredadora.

"Hehe~ Sae-chan, qué lengua tan afilada. Me gusta, ¿quieres pelear?"

Sae lo miró de arriba abajo y suspiró. "Ah, el demonio. Sigues siendo igual de molesto." Luego, con una pausa, añadió con tono pensativo: "Pero al menos haces goles. Tu estilo de juego es un desastre, pero por lo menos tiene algo interesante."

Shidou estalló en carcajadas, encantado. "Jajajaja, como siempre me gusta tu forma de ser"

Isagi frunció el ceño. "Entonces, ¿qué se supone que harás con nosotros?"

Sae lo miró con frialdad. "Tú eres el 'protagonista', ¿no? El que todo el mundo dice que tiene 'visión'. No está mal. Te falta velocidad, técnica y precisión, pero al menos sabes leer el campo. Eso es más de lo que puedo decir de la mayoría."

Isagi sintió un escalofrío recorrer su espalda. No sabía si sentirse halagado o insultado.

Luego, Sae giró la cabeza y su mirada cayó sobre Aiku. "Y tú... eres el capitán de la Sub-20, ¿no? Aiku Oliver. Dime, ¿cómo es posible que con una defensa tan floja como la tuya hayas logrado ese puesto?"

Aiku sonrió, tratando de no verse afectado. "¿Qué puedo decir? Me encanta jugar con delanteros talentosos."

Sae bufó. "Sí, claro. ¿Y también te encanta verlos pasar frente a ti sin que puedas hacer nada? Si tu marca es tan floja como en los videos que he visto, más te vale rezar para que los europeos no te humillen."

La sonrisa de Aiku se tensó. No estaba acostumbrado a ser tratado con tanta frialdad.

Finalmente, los ojos de Sae pasaron por Rin... y luego se movieron sin siquiera detenerse en él. Ni una palabra. Nada.

Rin sintió un ardor en el pecho, pero no reaccionó. No caería en su juego.

Pero no podía ignorar lo que estaba ocurriendo. Sae no daba halagos. Su lengua afilada destruía a cualquiera que se cruzara en su camino. Pero con él... con él no decía absolutamente nada.

Y eso era peor.

Era como si ni siquiera existiera. Como si para Sae, él no fuera ni siquiera digno de una crítica.

Ese pensamiento lo volvía loco.

 

0000

 

El silbato sonó con un estridente eco que reverberó en todo el campo de entrenamiento. Rin se irguió, observando cómo Sae, con los brazos cruzados y la expresión impasible, analizaba a cada jugador con ojos fríos y calculadores. Había una dureza en su postura, una frialdad afilada en cada palabra que salía de sus labios.

"¿Así es como esperan ganar un Mundial?" Su voz cortó el aire, tan filosa como un bisturí. "Son lentos. Son torpes. No tienen ni la mitad de la precisión que se necesita para estar en la élite."

Uno por uno, los jugadores recibieron su veredicto. Críticas despiadadas, instrucciones concisas, desprecio manifiesto. Ninguno se libraba. Incluso Isagi, con su aguda capacidad de análisis, fue diseccionado por la indiferencia gélida de Sae. Bachira, que usualmente reía ante cualquier provocación, ahora fruncía el ceño, su sonrisa desvanecida. Hiori, Kurona, Yukimiya; todos fueron sometidos a la más despiadada de las evaluaciones.

Todos, excepto él.

Rin lo notó casi de inmediato. Sae ni siquiera lo miraba directamente. A lo sumo, una indicación genérica entre los gritos dirigidos a los demás. Nada personal, ningún comentario agudo, ningún reproche. Como si ni siquiera estuviera allí.

Al principio, pensó que era coincidencia. Tal vez Sae esperaba el momento adecuado para atacarlo, para someterlo a la misma presión que al resto. Pero la sesión continuó, el entrenamiento avanzó, y Sae siguió ignorándolo. Como si él no existiera.

Apretó la mandíbula. No podía evitar sentir un ardor incómodo en el pecho. Cualquier cosa hubiera sido mejor que esto. Una crítica, un insulto, un reto... pero no, Sae simplemente lo trataba como aire. Como si no valiera la pena.

"De nuevo" ordenó Sae, sin siquiera mirarlo.

Rin obedeció, pero su mente estaba en otra parte. En la distancia que había entre él y su hermano. Una distancia que, al parecer, no podía acortar ni siquiera en el campo donde siempre se habían enfrentado.

Esa frialdad lo enfurecía más que cualquier insulto. Y lo odiaba. Lo odiaba porque, en el fondo, dolía mucho más.

Los entrenamientos comenzaron, y Rin observó con atención. Sae era despiadado. No daba halagos, solo críticas mordaces. Su lengua afilada destrozaba a todos, sin piedad. Pero lo peor era que... lo ignoraba.

Sae apenas le dirigía la palabra. Le dio un esquema de entrenamiento y lo dejó solo. No lo corregía, no lo insultaba, no lo empujaba como a los demás. Era como si no existiera.

Y eso lo hacía enloquecer.

 

0000

 

Rin estaba solo en la habitación del dormitorio asignado a los jugadores de Blue Lock. La luz tenue de la lámpara proyectaba sombras largas en las paredes, pero su mirada estaba clavada en el techo. Sus músculos dolían por el entrenamiento infernal del día, pero eso no era lo que le carcomía la mente.

Era Sae.

No su dureza ni su crueldad como entrenador, no la manera en que humillaba a todos los jugadores sin piedad. No. Era el hecho de que a él lo ignoraba.

Apenas y le había dirigido la palabra en todo el día. Mientras gritaba, corregía y menospreciaba a los demás, Rin solo recibía miradas fugaces, tal vez un asentimiento frío, alguna orden seca sin importancia.

Como si ni siquiera valiera la pena. Como si fuera invisible.

Cerró los ojos, sintiendo una punzada de rabia mezclada con algo peor, algo que no quería nombrar. Su mente lo arrastró al pasado, a los días en los que su hermano no solo lo miraba, sino que lo buscaba.

Recordó esas tardes en las que Sae regresaba de sus entrenamientos y le revolvía el cabello con una sonrisa cansada pero genuina.

"¿Has estado practicando, Rin? Apuesto a que hoy me ganarías."

Recordó la manera en que su hermano le enseñaba a patear con precisión, la paciencia con la que corregía sus movimientos.

"Así, no te apresures. Tienes talento, Rin, solo necesitas pulirlo."

Recordó las noches en que hablaban de fútbol, de Europa, de sueños compartidos. Rin lo escuchaba con admiración, con devoción. Para él, Sae era todo.

Y ahora... ahora era como si nunca hubieran sido hermanos.

Apretó los puños, sintiendo un ardor en el pecho. ¿Qué había pasado con ese Sae? ¿Cómo había cambiado tanto?

Y lo peor... ¿por qué había dejado de importarle?

Rin se cubrió los ojos con el antebrazo, frustrado. No tenía sentido pensar en esto. No tenía sentido recordar. Sae no era ese hermano cariñoso. No lo era desde hacía mucho tiempo.

Pero entonces, ¿por qué dolía tanto?

El silencio en la habitación se sentía sofocante. Rin seguía con el antebrazo cubriéndole los ojos, pero no podía apagar las imágenes que su mente insistía en proyectar.

Sae, sonriéndole.

Sae, diciéndole que siempre estarían juntos.

Sae, extendiendo la mano para ayudarlo a levantarse después de caer.

Sae, girando la cabeza sin siquiera mirarlo, como si no existiera.

Rin sintió un nudo formarse en su garganta. Su respiración se volvió más pesada, más corta. ¿Desde cuándo su pecho se sentía tan apretado?

No podía pensar. O, mejor dicho, no podía dejar de pensar.

Su hermano estaba ahí, en Blue Lock, tan cerca, pero al mismo tiempo más lejano que nunca. No importaba cuánto se esforzara, cuánto lo mirara o cuánto lo esperara. Sae no iba a voltear. Sae no iba a decirle nada.

Los latidos de su corazón resonaban con fuerza en sus oídos. Bum. Bum. Bum. Un ritmo irregular, demasiado rápido.

Sentía calor en la piel, pero al mismo tiempo, su cuerpo estaba tenso, helado.

No. No podía ser así.

No podía permitirse sentirse así.

Se obligó a inhalar profundamente, pero el aire entró como un puñal en su pecho. Se sentó de golpe en la cama, llevándose una mano a la cara. Su piel estaba húmeda de sudor frío.

Estaba exagerando.

Estaba cansado.

Eso era todo.

Con movimientos bruscos, se puso de pie y caminó hasta la ventana. Afuera, el campo de entrenamiento estaba vacío, iluminado solo por algunas luces tenues. Inspiró de nuevo, esta vez más despacio.

No iba a pensar en esto.

No iba a pensar en él.

Porque si lo hacía... sentía que algo dentro de él terminaría por romperse.

Y no podía permitirse eso.

No ahora. No nunca

No iba a pensar en esto.

No.

Sae no importaba.

No importaba lo que hiciera, lo que dijera—o lo que no dijera—. No importaba que ignorarlo le quemara por dentro más que cualquier insulto. No importaba que, en el fondo, hubiera esperado algo.

Esperado.

Esa sola palabra lo hizo apretar la mandíbula con tanta fuerza que sus dientes crujieron. No, él no esperaba nada de Sae. No ahora. No después de todo este tiempo.

Su reflejo en la ventana lo observaba con una expresión que no le gustó. Los ojos oscuros, la piel pálida, la tensión en su cuello y en sus hombros... Parecía un animal acorralado.

No lo soportó. Se apartó de la ventana de un empujón y se puso en movimiento. Su cuerpo le pedía hacer algo, lo que fuera.

Se agachó para atarse los cordones de sus botines y, sin pensarlo dos veces, salió de la habitación.

No iba a pensar. No iba a recordar.

Correría hasta que su mente se vaciará.

Sus pies golpearon el suelo con un ritmo firme cuando salió al campo de entrenamiento. No importaba que fuera tarde, que estuviera casi a oscuras, que nadie más estuviera ahí.

Se lanzó a hacer sprints, cada zancada impulsada por algo más allá del agotamiento. Su respiración seguía pesada, pero esta vez porque él lo decidía. Cada vez que el ardor en sus pulmones aumentaba, se decía que era mejor. Mejor eso que ese peso sofocante en el pecho.

Mejor eso que la idea de que, tal vez, no importaba cuánto corriera.

Sae siempre estaría fuera de su alcance.

Pero Rin no iba a pensar en eso.

No ahora. No nunca.

 

0000

 

Los días pasaban y nada cambiaba.

Los entrenamientos seguían siendo un infierno. Sae seguía ignorándolo.

Y ahora, para empeorarlo todo, no ignoraba a los demás.

Rin lo vio con sus propios ojos. Sae todavía era un entrenador cruel, todavía humillaba y empujaba a todos al límite, pero con algunos... con algunos era diferente.

A veces, con Isagi, su tono se volvía menos cortante. No amigable, pero sí... ¿interesado? Comentarios cortos, directos. "Buen pase." "Vas entendiendo." "Hazlo otra vez."

Con Shidou, incluso lo había visto esbozar una sonrisa.

Una sonrisa.

Claro, fue en un contexto de caos, porque Shidou había marcado un gol imposible y había celebrado como un loco, pero aun así. Sae no lo apartó como si fuera una peste, como lo hacía con él.

Era un error. Tenía que serlo.

Pero no lo era.

Porque cada vez que Rin intentaba algo, cada vez que hacía algo digno de ser reconocido, Sae apenas reaccionaba. Ni una palabra, ni una corrección, nada. Solo un vistazo breve antes de pasar al siguiente jugador.

Era insoportable.

No, peor.

Era humillante.

Durante años, Rin había entrenado, mejorado, ascendido con un solo objetivo en mente: alcanzar a Sae. Pero ahora, aquí estaba, justo frente a él... y era como si nunca hubiera importado.

Como si nunca hubiera existido.

Y mientras tanto, Isagi, Shidou y otros más conseguían algo que él no podía. Una parte de Sae que ya no era para él.

Cada vez que lo veía, un ardor comenzaba en su pecho y subía hasta su garganta. Un enojo sucio, visceral. Lo odiaba.

Odiaba cada maldito momento de ello.

Pero más que nada... odiaba lo mucho que le dolía.

Y eso era algo que no podía perdonarse.

El aire en el campo de entrenamiento estaba denso con el sudor y la presión invisible que Sae imponía con cada palabra.

Cada día era una batalla. Cada entrenamiento, una guerra.

Y Rin perdía.

No porque fallara, no porque fuera superado. Sino porque no existía.

Sae no lo veía. No lo reconocía. No lo corregía.

Pero a Isagi sí. A Shidou sí.

Rin los observaba, el veneno burbujeando en su estómago, en su pecho, en su garganta. No lo soportaba. No podía soportarlo.

Así que hizo lo único que podía hacer: entrenar.

Más.

Más fuerte.

Más tiempo.

Era de noche cuando el resto de los jugadores dejaron el campo, arrastrando los pies, exhaustos. Rin no se movió.

Cuando Sae se fue sin siquiera mirarlo, sin notar que se quedó atrás, Rin apenas parpadeó.

Cuando la brisa nocturna enfrió su piel sudorosa, no le importó.

Su cuerpo dolía, pero el dolor era bueno. Era mejor que el vacío, mejor que la rabia sin salida. Así que pateó el balón de nuevo.

Correr.

Patear.

Disparar.

Correr otra vez.

Hasta que sus piernas temblaron. Hasta que su respiración se volvió errática. Hasta que la pelota empezó a parecer borrosa.

No importaba.

No iba a detenerse.

Porque si paraba, el dolor volvía de otra forma.

Si paraba, su mente recordaría la forma en que Sae sonrió con Shidou.

Si paraba, recordaría lo solo que estaba.

Así que siguió.

Una y otra vez, hasta que el mundo a su alrededor empezó a inclinarse.

Hasta que sus rodillas cedieron y cayó al suelo, con la frente contra el césped, sintiendo el pulso acelerado en su cráneo.

Pero incluso entonces, no cerró los ojos.

No se permitió descansar.

Porque descansar significaba pensar.

Y pensar significaba recordar.

Y Rin no quería recordar.

No ahora. No nunca.

 

0000

 

Rin no se detuvo.

No cuando el dolor en sus piernas se volvió constante, un ardor sordo que nunca desaparecía.

No cuando el sueño empezó a parecer un lujo innecesario.

No cuando los entrenamientos normales ya no eran suficientes y cada noche se quedaba después, solo en el campo, repitiendo cada jugada hasta la perfección.

Día tras día, su cuerpo se volvía más rápido, sus tiros más precisos, sus reflejos más agudos.

Y todos lo notaron.

"¿Desde cuándo Rin es así de monstruoso?" comentó alguien después de que él marcara un gol imposible en un partido de práctica.

"Está jugando en otra dimensión..." murmuró Karasu, observándolo con una mezcla de asombro y cautela.

Incluso Isagi, siempre analítico, no pudo ocultar la tensión en su mandíbula cuando Rin le robó el balón con una precisión quirúrgica.

"Tch..." Isagi chasqueó la lengua, frustrado. Su mirada tenía algo que Rin reconoció al instante: envidia. Ese monstruo todavía podía evolucionar más y más. 

Shidou, por otro lado, reaccionó con una carcajada salvaje.

"¡Vaya, Itoshi!" gritó con emoción pura. "Me gusta este lado tuyo. Pero si crees que puedes superarme, tendrás que esforzarte más." 

Como si Rin no lo estuviera haciendo ya.

Como si no estuviera desgarrándose desde dentro.

El murmullo sobre su evolución se esparció como pólvora. Incluso Ego hizo un comentario sobre su crecimiento.

Pero Sae...

Sae no dijo nada.

Ni un comentario, ni una crítica. Ni siquiera un vistazo prolongado.

Era como si Rin estuviera atrapado en un cristal transparente: todos lo veían, todos hablaban de él... todos menos la única persona que él quería que lo hiciera.

Y eso lo hacía apretar los dientes con tanta fuerza que dolía.

Así que siguió.

Más fuerte.

Más rápido.

Más perfecto.

Pero mientras todos hablaban de su mejora, de su crecimiento imparable, nadie veía lo que estaba pasando en su interior.

Nadie notaba que cada vez le costaba más levantarse por las mañanas, que el dolor en sus piernas ya no desaparecía ni siquiera con descanso.

Nadie veía cómo sus manos temblaban levemente cuando nadie miraba.

Cómo su visión a veces tardaba un segundo de más en enfocar.

Cómo su propio cuerpo le gritaba que se detuviera... y él se negaba a escucharlo.

Porque hasta que Sae lo viera, hasta que Sae reconociera su existencia...

Rin no iba a parar.

No importaba qué precio tuviera que pagar.

 

0000

 

El silbato sonó. Otro partido de práctica. Otra oportunidad para demostrar que su esfuerzo no era en vano.

Rin se paró en el campo, listo para devorar a cualquiera que se interpusiera en su camino. Sus músculos estaban tensos, su respiración irregular, pero no importaba. Lo único que importaba era seguir.

El balón rodó.

Rin avanzó, pero su cuerpo no respondió con la velocidad habitual. Un pase mal medido. Un corte torpe.

Falló.

No pasaba nada. Se enfocó más, forzó su mente a despejarse.

Pero luego falló otra vez.

Y otra.

Cada pase, cada disparo, cada movimiento... torpe, errático, inútil.

No. No. No.

Sus compañeros empezaron a notarlo.

"¿Qué le pasa hoy a Itoshi?"

"No está jugando como siempre..."

Isagi lo miró con confusión. Shidou con burla. Karasu con algo que parecía sospecha.

Rin sintió su piel arder. Su mente gritaba, pero su cuerpo no respondía.

Su visión comenzó a parpadear en negro en los bordes. Sus oídos zumbaban.

El balón vino directo a él. Fácil. Algo que hacía miles de veces al día.

Y, aun así, cuando levantó el pie para recibirlo...

Su pierna no lo soportó.

Su rodilla se dobló. Su equilibrio se desmoronó.

Rin cayó.

El sonido del golpe resonó en su cabeza como un eco lejano. Boca contra el césped. Su respiración agitada. Su pecho subiendo y bajando de forma errática.

No podía levantarse.

No.

No podía...

"Ridículo."

La voz.

Fría. Cargada de veneno.

Rin forzó su cuerpo a moverse, al menos a girarse, al menos a levantar la vista.

Sae lo miraba desde arriba, con los brazos cruzados y la mirada afilada.

Ya no era indiferencia.

Era desprecio.

"Patético, Rin."

Silencio. Todos lo escuchaban. Nadie intervenía.

"Si vas a jugar como un cadáver, mejor no juegues." La voz de Sae no tenía piedad, no tenía paciencia. "Todo ese esfuerzo, todo ese entrenamiento... y para qué."

Rin sintió su pecho apretarse, como si Sae le hubiera clavado un cuchillo entre las costillas.

"¿Qué demonios creías que lograrías?" Sae continuó, su boca curvándose con asco. "¿Pensaste que si te destrozabas el cuerpo finalmente serías bueno? ¿Pensaste que así me impresionaría?" 

El aire se volvió insoportablemente pesado. Rin no podía respirar.

Sae chasqueó la lengua.

"Ni siquiera valía la pena ignorarte."

El mundo se desmoronó.

El aire se volvió un enemigo. Su piel ardió con la fiebre del esfuerzo extremo. Su cabeza palpitaba con un dolor monstruoso.

Pero nada dolía más que esas palabras.

Las últimas fuerzas que quedaban en su cuerpo lo abandonaron.

Su visión se volvió negra.

El mundo a su alrededor era un eco distante, un borrón de voces y murmullos.

El cuerpo de Rin temblaba. No sabía si era por el agotamiento extremo, por el dolor en sus músculos, por la fiebre que sentía bajo la piel... o por lo que acababa de escuchar.

"Ni siquiera valía la pena ignorarte."

Algo se rompió dentro de él. Algo profundo, algo que había estado resistiendo desde hace años.

Su cuerpo cayó de rodillas, pero esta vez no intentó levantarse.

No podía.

Porque en lugar de eso, una risa escapó de su garganta.

Baja al principio. Ahogada. Pero luego creció, temblorosa, extraña.

No podía parar.

"Ja... Ja, ja..."

Era una risa rota, vacía, acompañada de un ardor en sus ojos que no pudo detener.

Lágrimas cayeron.

Pero Rin no podía parar.

"¿Era esto lo que quería...?" murmuró, su voz temblando. Sus propias palabras le sonaban lejanas. Su pecho dolía de tanto reír, de tanto llorar. "¿Para esto? ¿Para esto entrené hasta matarme?"

La risa se rompió en un sollozo.

"¿Era esto lo que quería de ti?" Su mirada subió, clavándose en Sae con algo indescriptible. "¿Tu atención?"

Sae no dijo nada. Su rostro era impasible, su expresión ilegible.

Pero Rin no podía detenerse.

No ahora.

Porque si no hablaba en este momento, sentía que nunca lo haría.

"Me pasé la vida siguiéndote, tratando de alcanzarte... ¡Tratando de que me vieras!" Su voz se alzó, cruda, hiriente, desesperada. "¡Hice todo lo que pude, todo lo que tenía en mi poder! ¡Todo por ti!"

Cada palabra salía como un golpe, como un vómito de emociones retenidas por demasiado tiempo.

"¡Te fuiste y ni siquiera miraste atrás! ¡Me dejaste solo y esperabas que simplemente aceptara que nunca fui suficiente para ti!"

Algunos jugadores contuvieron la respiración. Isagi lo miraba con los ojos abiertos de par en par. Shidou observaba la escena con un brillo salvaje en sus ojos, casi divertido. Los demás no sabían qué hacer.

Pero Rin no se detuvo.

"Pero ¿sabes qué es lo peor?" su voz bajó, sus labios temblaban. "Que aun así... aun después de todo esto... todavía quiero que me mires."

Silencio.

Sae no apartó la mirada. Pero tampoco reaccionó.

Rin rió otra vez, pero ya no quedaba risa en su tono. Solo un cansancio sofocante.

Su visión empezó a tornarse borrosa, su respiración se volvió inestable.

Su cuerpo estaba al borde del colapso.

Pero su mente ya se había derrumbado hace mucho tiempo.

Y ahora, todos lo habían visto.

La caída de Itoshi Rin.

Frente a su hermano mayor.

Frente a todos

 

0000

 

Rin seguía allí, de rodillas en el suelo, con la mirada fija en su hermano, sus palabras volviendo a atormentar su mente una y otra vez. ¿Qué había hecho mal? ¿Por qué no podía conseguir lo que tanto había deseado? La risa en sus labios ya se había desvanecido, transformándose en sollozos que no podía controlar.

Pero fue entonces cuando algo más se rompió. No solo en su mente, sino en su cuerpo. Un dolor punzante se apoderó de su pecho, una presión insoportable que le nubló la vista. La respiración se volvió errática, y su corazón comenzó a golpear su pecho con fuerza, descontrolado. La ansiedad lo abrazó con una violencia absoluta.

La vena en su frente se reventó, el borde de su piel enrojeciendo por la presión interna. Rin apretó los dientes, sintiendo cómo la sangre comenzaba a gotear lentamente de su nariz.

Gota a gota, sangre comenzó a caer al pasto, de la nariz de Rin de una vena reventada en su frente. 

El dolor era insoportable, pero no podía detenerse. Su mente le gritaba que parara, que se detuviera antes de que todo se desbordara, pero su cuerpo seguía luchando, moviéndose por pura desesperación.

"¡¿Siquiera somos hermanos?!" rugió, la rabia y el dolor llenando su voz, mientras un hilo de sangre resbalaba por su nariz y caía al suelo. Su cuerpo temblaba de una manera incontrolable, como si estuviera al borde de explotar. "¡Es tan difícil, Niichan! ¡¿Por qué?!"

El aire era espeso. Cada palabra que salía de su boca parecía pesar toneladas. Pero Rin no podía detenerse. Tenía que decirlo. Tenía que gritarlo, porque si no lo hacía ahora, nunca lo haría.

"¡Solo quería que me miraras! ¡Solo quería que fueras el hermano cariñoso que eras antes!" sus ojos estaban vidriosos, su respiración acelerada. "¿Está mal? ¿Es tan malo que quiera que me quieras? ¡Te lo di todo! ¡Lo he hecho todo por ti!"

En ese momento, un gruñido bajo se escapó de su garganta, un sonido que no podía ser reprimido, un estallido de todo lo que había estado acumulando en su pecho.

"¡¿Por qué sigues apareciendo en mi vida si me odias tanto?! ¡¿Por qué?!"

Los ojos de los jugadores ya no estaban llenos de curiosidad o sorpresa. Ahora era preocupación.

Shidou, que hasta hacía unos momentos se había divertido con la situación, se detuvo, observando a Rin con una mirada que pasó de la diversión a la alarma.

"¿Qué diablos le pasa a este idiota?" su voz, normalmente llena de burla, ahora estaba teñida de seriedad, su mirada fija en Rin con una fracción de miedo en sus ojos. "Oye... Rin." Pero Rin no lo escucho, Rin no escucharía nada en este momento. 

Karasu también frunció el ceño, notando los temblores de Rin, los movimientos erráticos, las gotas de sangre cayendo al suelo.

Pero lo que más le preocupaba era el modo en que Rin seguía gritando. Cómo seguía con esa tensión, sin parar, como si cada palabra fuera una explosión en su pecho.

"¡Detente!" gritó Karasu, acercándose, pero Rin no lo escuchó. No podía escuchar a nadie.

Los ojos de Isagi también brillaron con alarma, pero ni él ni los demás jugadores se atrevían a acercarse. No sabían qué hacer.

El ataque de ansiedad se intensificó, y Rin sintió que todo su cuerpo se iba a romper. Su visión se distorsionó, las sombras comenzaron a alargarse, y la presión en su pecho era tan fuerte que pensó que su corazón iba a estallar.

Sae estaba allí. Lo miraba. Pero su rostro no cambió.

El desprecio en su mirada no se movió.

"Sae..." murmuró Rin, su voz quebrada, casi inaudible. "¿Por qué no me ves? ¿Por qué no me dices algo...?"

Sae finalmente hizo un movimiento, pero fue tan imperceptible que Rin no lo notó. En su mente solo había caos. Todo giraba, y sus pensamientos se volvían cada vez más difusos. Pero aun así, sus palabras seguían saliendo.

"¡Tú... tú no eres mi hermano!" gritó, esta vez con una furia desbordante. Su cuerpo comenzó a ceder, el temblor en sus piernas se volvió más pronunciado, pero no caía, no podía caer. Estaba demasiado atrapado en la tormenta interna que lo devoraba.

El sudor frío cubría su frente. La presión en su pecho no desaparecía.

Sae dio un paso hacia él.

Pero Rin no lo notó.

Solo había caos.

Solo había dolor.

Rin ya no pensaba. No podía.

Todo su cuerpo temblaba. Su mente ya se había convertido en un campo de caos, un enjambre de pensamientos destructivos que chocaban entre sí. El dolor en su pecho no era solo físico, era un vacío inmenso que lo devoraba por dentro, haciéndolo desear que todo terminara, que la tortura cesara.

Era una bestia herida.

"Si no soy necesario..." murmuró, sin conciencia de lo que estaba diciendo. Sus palabras salían sin filtro, sin sentido. "Si no soy lo suficientemente bueno... si ni siquiera puedo ser el hermano que necesitas..."

Todo lo que había hecho, todo lo que había sufrido, ¿para qué? Nada importaba. Si ni siquiera Sae le prestaba atención, si su esfuerzo no significaba nada... ¿Por qué seguir? ¿Por qué seguir vivo?

"No... no soy necesario..." su voz era apenas un susurro, pero lo suficiente para que los jugadores cercanos lo escucharan, y todos comprendieran que algo realmente terrible estaba ocurriendo.

Isagi dio un paso atrás, con la boca seca, sin saber qué hacer. Shidou, normalmente tan confiado, parecía desconcertado, incapaz de encontrar palabras ante la desesperación palpable en los ojos de Rin. Karasu miraba a Sae, esperando una reacción. Todos se dieron cuenta de que las palabras de Rin ya no eran solo un grito de frustración: eran la señal de que estaba al borde de algo más oscuro.

Rin no estaba pensando. Estaba consumido por el caos, por el miedo a ser insuficiente, por la rabia de su propio fracaso. Y en ese momento, una idea irracional, pero desgarradora, se abrió paso en su mente rota.

Si no podía ser lo que su hermano necesitaba, si ni siquiera merecía su atención, si su vida no tenía valor... entonces, tal vez no valía la pena continuar.

Su muñeca.

Sin pensar, Rin la llevó a su boca, sus ojos vidriosos y desorbitados, como si ya no pudiera distinguir entre la realidad y su tormento interno.

Un ruido sordo llenó el aire cuando Rin usó sus propios dientes para cortar la piel de su muñeca. La sangre brotó instantáneamente, un flujo caliente que se desbordó, pero Rin no lo notó. Su mente ya no estaba allí.

"¡RIN!" gritó Isagi, intentando correr hacia él, pero los demás estaban paralizados, demasiado atónitos para reaccionar.

Shidou, había dejado se sonreír hacía tiempo, no había nada divertido en lo que estaba viendo, sus ojos rosas brillaron en algo parecido a la preocupación. "¡Maldita sea!" gruñó, dando un paso hacia adelante, pero sus piernas se sentían como si estuvieran atrapadas en cemento.

Entonces...

Sae.

Sae finalmente reaccionó.

Su rostro se endureció. En sus ojos brillaba una luz fría y feroz, un destello de algo profundamente inquietante. Pero al mismo tiempo, había algo de angustia en su expresión, una tensión en su mandíbula. No era el Sae indiferente y cruel de siempre. No. Este Sae era alguien que veía a su hermano, veía lo que estaba a punto de hacer, y la realidad le golpeó con fuerza.

"¡Rin!"gritó, con voz dura, como si pudiera detenerlo con una orden. Pero Rin ya no podía oírlo.

Rin usó todas sus fuerzas, todo lo que quedaba de él, para desgarrar la carne de su muñeca con sus propios dientes. El dolor ya no lo alcanzaba. Solo quedaba la sensación de vacío, de desesperación... y la necesidad de terminar.

La sangre goteaba de su muñeca, pero Rin no se detuvo. No quería detenerse.

Hasta que, por fin, la fuerza se le fue.

El esfuerzo de cortar su propia piel le había consumido por completo. No tenía más energía. Su cuerpo se desplomó hacia el suelo, la oscuridad se apoderó de él, y su visión se desvaneció.

Sae dio un paso hacia él, sus ojos reflejando una combinación de miedo y furia, pero ya era demasiado tarde. Rin ya había sucumbido a la oscuridad, a la misma oscuridad que había estado arrastrándolo durante tanto tiempo.

La sangre seguía fluyendo de su muñeca, pero el joven Itoshi ya no podía sentirla.

Todo se detuvo.

La sala estaba en silencio absoluto.

Sae se arrodilló junto a él, su rostro pálido, sus manos temblorosas al intentar detener la sangre, pero no había nada que pudiera hacer para detener el colapso que ya había ocurrido.

 

0000

 

Las consecuencias de lo que acaba de ocurrir en el campo de entrenamiento son profundas, no solo para Rin, sino también para el equipo, para Sae, y para todos los presentes. La atmósfera en el lugar se vuelve espesa, llena de un silencio tenso y pesado que nadie se atreve a romper, pero la realidad es que todos han sido testigos de la caída de Rin, y las repercusiones de ese colapso empiezan a manifestarse en cada uno de ellos.

El campo de entrenamiento está sumido en un silencio sepulcral. Nadie se mueve, nadie dice nada.

Todos están atrapados en el impacto de lo que acaban de presenciar.

Rin, el imparable, el orgullo del equipo, el rival feroz, el genio del fútbol... ahora yace inconsciente, con la sangre de su muñeca manchando el césped. Y lo peor es que ninguno de ellos pudo hacer nada a tiempo.

Pero entonces, una voz irrumpe en la quietud.

"Qué espectáculo tan patético."

Las enormes pantallas alrededor del campo se encienden, y la imagen de Ego Jinpachi aparece en ellas. Su rostro no muestra rastro de emoción, pero sus ojos, fríos e inquisitivos, recorren la escena con un juicio silencioso.

"Todos ustedes, incompetentes, han permitido que uno de los mejores jugadores de este programa se desplome frente a sus ojos. Han demostrado ser inútiles no solo en el fútbol, sino también como seres humanos."

Su tono es cruel, cortante, pero no exagera las palabras. Solo dice la verdad.

Nadie responde. Nadie puede.

Isagi aprieta los puños, sintiéndose cada vez más pequeño. Shidou tiene la mirada baja, con la mandíbula tensa. Karasu y los demás ni siquiera pueden mirar la pantalla.

Pero Sae... Sae sigue arrodillado junto a su hermano, con las manos manchadas de sangre, y aunque su expresión sigue siendo estoica, dentro de él todo se siente como una tormenta imparable.

Ego lo mira fijamente a través de la pantalla.

"El entrenamiento ha sido cancelado hasta nuevo aviso. No quiero verlos en este campo hasta que valga la pena entrenar a una bola de incompetentes."

Un segundo de silencio.

"Ahora, quítenlo de mi vista."

Como si su orden fuera la campanada de un reloj, las puertas del campo se abren de golpe y un equipo de médicos entra a toda prisa.

Son los únicos que se mueven.

Los únicos que saben qué hacer.

Con movimientos precisos, levantan a Rin, lo colocan en una camilla y comienzan a tratar la herida de su muñeca de inmediato. Uno de ellos inyecta algo en su brazo, probablemente un sedante para estabilizarlo. Otro revisa sus signos vitales con rapidez.

El equipo de Blue Lock solo puede mirar.

El cuerpo de Rin es llevado fuera del campo, cada segundo alejándolo más y más de ellos. De Sae.

Sae no dice nada.

No se levanta.

No se mueve.

Solo observa cómo su hermano es llevado lejos.

Y cuando la puerta se cierra tras los médicos, el campo vuelve a quedar en completo silencio.

Ego desaparece de las pantallas, dejando a los jugadores solos en la brutal realidad de lo que ha sucedido.

El entrenamiento ha terminado.

Pero el infierno para Sae apenas ha comenzado

Sae finalmente se levanta. Lo hace lento, como si su cuerpo pesara el doble. Sus piernas se sienten inestables, y por primera vez en años, se siente... vacío.

La sangre de Rin sigue en sus manos. Pequeñas gotas manchan su uniforme.

Pero no hace nada para limpiarlas.

Sus ojos, siempre fríos y analíticos, ahora están oscurecidos por pensamientos que no puede controlar.

Camina fuera del campo sin decir nada.

Nadie lo detiene. Nadie tiene el coraje de acercarse a él.

 

0000

En la enfermería

 

Sae no sabe cómo llegó allí. No recuerda haber decidido ir. Solo... está aquí.

Las puertas de la enfermería están cerradas, y él está afuera, parado, sin atreverse a entrar.

A través del vidrio de la puerta, puede ver a los médicos moverse alrededor de Rin. Están limpiando la herida, vendando su muñeca, asegurándose de que su cuerpo reciba los líquidos que necesita.

Rin sigue inconsciente.

Sae debería entrar.

Pero no lo hace.

Porque no sabe qué decir.

No sabe si siquiera tiene derecho a estar aquí.

El peso de la culpa es sofocante.

Por primera vez en su vida, Itoshi Sae no tiene una respuesta.

Isagi no sabe qué decir.

Se siente como si estuviera atrapado en un campo de fútbol donde todas las opciones de pase están bloqueadas. No hay estrategia, no hay solución, solo un muro imposible de atravesar.

Pero aun así, camina hacia él.

Sae está allí, parado frente a la enfermería, sin moverse, con la sangre de Rin aún seca en sus manos. Su postura es rígida, pero no orgullosa; parece alguien a quien le han quitado algo, pero que ni siquiera tiene el derecho de reclamarlo.

Isagi se detiene a su lado.

La puerta de la enfermería es lo único que los separa de Rin.

Por un momento, ninguno habla.

El aire es pesado.

Finalmente, Isagi rompe el silencio, aunque no está seguro de si su voz es lo suficientemente fuerte.

"Nunca pensé que esto pasaría..."

Sae no responde.

"Siempre pensé que Rin era más fuerte que esto."

Sae cierra los ojos por un momento, como si las palabras de Isagi fueran cuchillos que se clavan en su piel.

Isagi baja la mirada, incapaz de enfrentarlo.

"Pero no lo vi. No me di cuenta de que algo estaba mal. Estaba demasiado concentrado en lo de siempre: el fútbol, la competencia, mi propio progreso..."

Aprieta los puños.

"Pero tú tampoco lo viste, ¿verdad?"

Silencio.

Pero Isagi lo siente. Algo dentro de Sae se quiebra.

"Eres su hermano."

Sae finalmente se mueve. Gira la cabeza lentamente para mirarlo, y por primera vez, sus ojos no tienen la frialdad habitual. No hay arrogancia, ni superioridad, ni esa mirada calculadora que siempre lleva.

Solo hay vacío.

"¿Y tú qué eres?"

Isagi se congela.

La pregunta lo golpea como un puñetazo en el pecho.

¿Qué era él para Rin?

¿Amigo? ¿Compañero? ¿Rival? ¿Algo más?

No tiene una respuesta.

Sae lo mira por un momento más, luego vuelve a fijar su vista en la puerta cerrada de la enfermería.

"Lo mismo que yo, al final."

Fracasaste.

Esas palabras no son dichas, pero están ahí, flotando entre los dos.

Y es la verdad.

Antes de que Isagi pueda decir algo más, la puerta de la enfermería finalmente se abre.

Un médico sale con una expresión severa.

"¿Cómo está?" pregunta Sae, su voz completamente neutral, como si intentara mantener su fachada de calma.

Pero su cuerpo está tenso.

El médico suspira.

"Es un desastre."

El tiempo se detiene.

"No solo fue la herida en su muñeca. Su cuerpo está al límite. Las pruebas indican deshidratación severa, fatiga extrema, y su sistema nervioso está completamente sobrecargado."

Isagi siente un nudo en el estómago.

El médico cruza los brazos y continúa:

"El colapso emocional que tuvo no solo afectó su mente. La tensión en su cuerpo fue tan intensa que hay daño físico: una de sus venas en la frente se reventó, tiene pequeñas hemorragias internas y el exceso de entrenamiento ha causado microdesgarros en sus músculos."

Sae aprieta los dientes, pero no dice nada.

"Si no despierta pronto..."

El médico se detiene un momento, como si dudara en decirlo.

"Tendremos que trasladarlo a un hospital. No podemos arriesgarnos a que su cuerpo colapse aún más."

Las palabras caen como una sentencia.

Isagi siente que algo dentro de él se rompe.

Sae sigue sin reaccionar, pero hay un ligero temblor en sus dedos.

Rin podría no despertar aquí.

Podría no despertar en Blue Lock.

Podría no despertar en absoluto.

Y ninguno de ellos hizo nada para detenerlo antes de que llegara a este punto.

El médico los deja allí, sin más palabras.

El pasillo vuelve a quedar en silencio.

Y el peso de la culpa ahora es insoportable.

 

0000

 

Sae camina sin rumbo.

No sabe cuánto tiempo ha pasado desde que dejó la enfermería. Quizás minutos, quizás horas. No importa.

Sus pies lo llevan lejos del centro de entrenamiento, lejos de los jugadores, lejos de las voces. Solo quiere estar solo.

Y lo consigue.

Cuando se detiene, se encuentra en un pasillo vacío. No hay nadie aquí. Solo él... y el eco de sus propios pensamientos.

¿Por qué?

Esa pregunta no deja de atormentarlo.

¿Por qué ignoró a Rin?

¿Por qué lo trató con tanta crueldad?

¿Por qué, cuando vio que Rin se estaba hundiendo, no hizo nada?

Sae se recarga contra la pared y cierra los ojos. Su corazón late con fuerza, su cuerpo está tenso, su mente es un caos. No quiere recordar. Pero su memoria lo traiciona.

Porque no podía darse el lujo de ser su hermano.

Desde el momento en que dejó Japón, entendió que su relación con Rin tenía que cambiar.

El fútbol lo era todo para él. Su meta era jugar con los mejores, ser el mejor.

Y Rin...

Rin siempre fue su sombra.

Un niño que lo adoraba. Que lo miraba con ojos llenos de admiración, que corría detrás de él, que soñaba con alcanzarlo.

Al principio, a Sae no le molestaba.

Rin era solo su hermano menor.

Pero cuando regresó a Japón y vio en qué se había convertido, algo dentro de él cambió.

Ya no era solo su hermano.

Era un rival.

Un jugador que algún día podría interponerse en su camino.

Y si había algo que Sae no podía permitirse... era la debilidad.

Si trataba a Rin como su hermano, si le mostraba afecto, si le daba siquiera un poco de espacio en su vida... entonces todo lo que había construido podría derrumbarse.

Así que lo borró.

Lo convirtió en nada.

Si no reconocía a Rin, entonces Rin no podría afectarlo.

Si lo trataba como a cualquier otro jugador... entonces no tendría que lidiar con lo que realmente sentía.

Pero ahora...

Ahora Rin estaba en una camilla, inconsciente, al borde de ser llevado a un hospital.

Y todo porque Sae decidió que ser su hermano era una debilidad.

Porque decidió ignorarlo.

  Porque pensó que Rin lo odiaba.

No era solo su miedo al apego.

Era también lo que vio en los ojos de Rin.

Cada vez que lo trataba con indiferencia. Cada vez que lo hacía sentir insignificante. Cada vez que lo dejaba atrás.

Rin lo miraba con odio.

Y si Rin lo odiaba... entonces no había razón para tratar de arreglar nada.

Así que lo dejó pasar.

Lo dejó crecer.

Dejó que Rin se llenara de resentimiento.

Y nunca se detuvo a pensar en lo que ese odio significaba realmente.

Hasta que lo vio en el suelo, cubierto de sangre, riendo y llorando al mismo tiempo, gritando que solo quería a su "Niichan" de vuelta.

La realidad lo golpeó como un balde de agua helada.

Rin no lo odiaba.

Rin solo lo quería de vuelta.

Siempre lo había querido de vuelta.

Pero Sae nunca le dio esa oportunidad.

Porque creyó que ya no la tenía.

Porque pensó que era demasiado tarde.

Porque, en su cabeza, ya habían dejado de ser hermanos hacía mucho tiempo.

Pero Rin nunca dejó de verlo como su hermano mayor.

Rin nunca dejó de quererlo.

Rin nunca dejó de esperarlo.

Y Sae nunca llegó.

Nunca lo salvó.

Sae aprieta los dientes y golpea la pared con el puño.

El dolor en sus nudillos no es suficiente para distraerlo de la culpa.

La sangre en sus manos ya no es solo de Rin.

Ahora también es suya.

Y se la merece.

Se desliza hasta quedar sentado en el suelo.

Respira profundo.

Pero el aire no llena sus pulmones.

No sabe qué hacer.

No sabe cómo arreglar esto.

Por primera vez en su vida, Itoshi Sae no tiene el control.

Por primera vez en su vida, Itoshi Sae tiene miedo.

Miedo de que Rin nunca despierte.

Miedo de que, si despierta, lo odie realmente esta vez.

Miedo de que sea demasiado tarde para hacer algo.

Pero lo que más miedo le da...

...es que tal vez Rin estaría mejor sin él

 

0000

 

Shidou camina por los pasillos con las manos en los bolsillos.

No está seguro de qué está buscando.

O mejor dicho, sí lo sabe.

Pero no quiere admitirlo.

Desde el momento en que vio a Rin desplomarse, desde el instante en que escuchó sus palabras desesperadas y lo vio hundirse más allá de lo que creía posible, algo dentro de él se retorció.

No le gustó.

Él no suele preocuparse por cosas así. No es su problema si alguien se rompe.

El fútbol es guerra, y en la guerra los débiles caen.

Pero esto... esto no fue una caída.

Fue un derrumbe.

Fue algo tan jodidamente real que incluso él, Ryusei Shidou, no pudo reírse de ello.

Nunca pensó que Rin caería tan fuerte.

Nunca pensó que Sae lo llevaría tan lejos.

Nunca pensó que esto lo afectaría a él también.

Pero aquí está, caminando sin rumbo, con el eco de los gritos de Rin aún resonando en su cabeza.

Y cuando finalmente encuentra a Sae, no se sorprende de verlo en el suelo, con la espalda contra la pared, con los nudillos ensangrentados.

Lo que sí lo sorprende es el silencio.

Porque este no es el silencio de alguien que está pensando.

Es el silencio de alguien que se está hundiendo.

Shidou frunce el ceño y se apoya contra la pared frente a él.

"Te ves como la mierda, Itoshi."

No hay burla en su voz.

No hay esa chispa divertida con la que usualmente molesta a la gente.

Sae no responde.

Shidou lo observa.

No es la primera vez que piensa en los hermanos Itoshi.

Sae siempre lo intrigó. El Rey del Control. Alguien que podía darle la libertad absoluta en la cancha, que podía servirle los goles en bandeja de oro.

Pero Rin también lo intrigaba. El Rey del Caos. Su contraste perfecto. Su sombra. Su diversión.

Nunca pensó demasiado en qué tipo de relación tenían.

Nunca pensó que los problemas fueran tan serios.

Y definitivamente nunca pensó que Sae lo destruiría de esta manera.

"¿En qué estabas pensando?" pregunta al final, sin rodeos.

Sae cierra los ojos.

Shidou se cruza de brazos.

"No me importa tu drama de hermano menor, pero si querías destruirlo, hay formas más rápidas de hacerlo. Lo que hiciste... eso fue jodidamente cruel."

Sae se tensa.

Ah, ahí está.

"No lo entiendes."

Su voz es baja, áspera.

Shidou arquea una ceja.

"Entonces haz que lo entienda."

Silencio.

Luego, Sae habla.

Y por primera vez, Shidou lo escucha realmente.

Lo escucha hablar de cómo no podía darse el lujo de ser su hermano.

Lo escucha admitir que pensó que Rin lo odiaba.

Lo escucha decir que nunca creyó que Rin aún lo esperara.

Que nunca pensó que Rin realmente... lo necesitara.

Shidou no suele ser alguien que se detenga a analizar las emociones de la gente.

Pero algo en Sae le recuerda demasiado a Rin en este momento.

Algo en Sae le dice que, por primera vez en su vida, el Rey del Control lo ha perdido todo.

Shidou suspira y se desliza por la pared hasta quedar sentado frente a él.

"Eres un imbécil."

Sae no responde.

Shidou se pasa una mano por el cabello y gruñe.

"¿Por qué nunca hablaste con él? ¿Por qué no intentaste arreglarlo antes de que llegara a esto?"

Sae deja escapar una risa seca.

"Porque pensé que si me quedaba lejos, todo estaría bien."

"Bien mi culo."

Shidou chasquea la lengua.

"Ahora tienes a tu hermano en una camilla y ni siquiera sabes si va a despertar aquí o en un hospital."

Sae aprieta los puños.

Shidou lo observa.

Le preocupan los hermanos Itoshi.

Siempre lo hicieron, aunque nunca lo dijo en voz alta.

Porque Sae es alguien que podría liberarlo en la cancha.

Y Rin es alguien que siempre ha sido divertido de molestar.

Pero ahora... ahora las cosas están jodidas.

Y lo odia.

Odia ver a Rin así.

Odia ver a Sae así.

Odia no saber qué hacer.

Así que hace lo único que sabe.

Se inclina hacia adelante, mira a Sae directamente a los ojos y dice:

"Si realmente te importa, haz algo antes de que sea demasiado tarde."

Porque si hay algo que Shidou odia más que perder en el fútbol...

Es ver a alguien perder algo que todavía puede salvar.

Y Sae aún puede salvar a Rin.

Si tiene las agallas de hacerlo

Shidou se fue.

No hubo más palabras, no hubo despedidas.

Solo dejó esa frase en el aire, flotando como un juicio silencioso.

"Si realmente te importa, haz algo antes de que sea demasiado tarde."

Sae se quedó en el suelo, mirando sus propias manos. Sus nudillos aún sangraban. Su cuerpo estaba tenso.

Pero lo único que podía escuchar era su propia respiración y el eco de esa maldita pregunta.

¿Todavía hay tiempo?

No lo sabía.

No sabía si Rin querría verlo después de todo esto.

No sabía si aún podía hacer algo para cambiarlo.

No sabía si lo que destruyó podía reconstruirse.

¿Merecía intentarlo?

¿Merecía a Rin de regreso?

Sae aprieta los dientes.

En su cabeza, todo sigue dándole vueltas.

El Rin de su infancia.

El Rin que lo miraba con admiración.

El Rin que quería seguirlo a todas partes.

El Rin que jugaba con él y se reía cuando Sae lo llamaba "un fastidio".

El Rin que lo esperó.

El Rin que lo odió.

El Rin que colapsó, que gritó, que lloró, que se desgarró frente a todos porque lo único que quería...

Era a su "Niichan" de vuelta.

Sae cierra los ojos y deja que el peso de la realidad lo golpee de nuevo.

Rin no estaba esperando una disculpa.

No quería excusas.

Solo quería saber por qué.

Solo quería saber si todo este tiempo Sae lo había abandonado a propósito.

Y la verdad era...

Que sí lo había hecho.

Lo dejó atrás porque pensó que era lo mejor.

Lo ignoró porque creyó que era más fácil.

Lo destruyó porque no quería arriesgarse a que Rin lo destruyera a él.

Y ahora... ahora ya no tenía sentido aferrarse a esas excusas.

Porque Rin estaba al borde del abismo.

Porque Rin ya no podía sostenerse solo.

Porque Rin iba a saltar, y Sae lo había empujado.

¿Merecía una oportunidad de salvarlo?

No lo sabía.

Pero quería creerlo.

Quería creer que no todo estaba perdido.

Quería creer que aún podía extender la mano y agarrar a su hermano antes de que se cayera por completo.

Pero tenía que hacerlo ahora.

Porque si esperaba un segundo más...

Entonces sí sería demasiado tarde.

 

0000

 

El camino de regreso al vestuario es más largo de lo que debería.

O tal vez es solo su cabeza, nublada, pesada, confundida.

Isagi siente que está caminando con una carga en los hombros.

Pero no es solo el peso del cansancio, ni siquiera el peso de la culpa.

Es el peso de todo lo que acaba de presenciar.

Rin colapsando.

Rin gritando, riendo, llorando al mismo tiempo.

Rin mordiéndose a sí mismo como un animal atrapado en una jaula.

Rin hundido en un dolor que nadie vio venir.

O, mejor dicho, que todos ignoraron.

Isagi aprieta los dientes.

No puede sacarse de la cabeza el momento exacto en que Rin habló como si su vida no tuviera valor.

"Si no soy lo suficientemente bueno, entonces no soy necesario, ¿cierto?"

Su estómago se revuelve solo de recordarlo.

Rin siempre fue alguien difícil de leer.

Siempre fue un muro de arrogancia, de rabia contenida, de frialdad impenetrable.

Y, sin embargo, ahí estaba, explotando en mil pedazos frente a todos.

Isagi no supo qué hacer.

Nadie supo qué hacer.

Y ahora... ahora lo único que queda es el silencio.

Cuando finalmente llega al vestuario, siente todas las miradas sobre él.

El ambiente es pesado.

La energía que solía estar llena de competencia, de bromas, de provocaciones... ahora está muerta.

Nadie habla.

Nadie se mueve demasiado.

Es extraño.

Es incómodo.

Es un recordatorio de que todos vieron lo mismo.

Que todos saben que algo irreversible acaba de pasar.

Kunigami está sentado en una esquina, con los brazos cruzados, su expresión oculta por la sombra de su cabello. Serio. Inquieto.

Karasu está con los codos apoyados en sus rodillas, jugueteando con la cinta de sus muñecas, la mandíbula apretada. Frustrado.

Otoya, quien siempre tiene una sonrisa burlona en el rostro, está en silencio, mirando el suelo. Tenso.

Tokimitsu no para de moverse, inquieto, con los puños apretados sobre sus rodillas. Ansioso.

Shidou aún no ha regresado.

Y Barou... Barou está apoyado contra los lockers, con los ojos cerrados y los brazos cruzados, pero hay algo en su postura que no es el Barou de siempre.

Isagi no dice nada.

No sabe qué decir.

No hay palabras que puedan borrar lo que ocurrió.

Pero eso no impide que alguien intente hablar.

"¿Cómo está?"

La voz de Kunigami rompe el silencio.

Isagi traga saliva.

"Los médicos dijeron que su cuerpo está hecho un desastre."

Eso hace que Tokimitsu tiemble aún más.

Karasu chasquea la lengua.

"¿Y su cabeza?"

Esa es la verdadera pregunta, ¿no?

Porque una lesión física se cura.

Pero lo que le pasó a Rin no es solo físico.

"No lo sé."

Su respuesta es honesta.

Y es una mierda.

Porque significa que nadie sabe lo que pasará después.

Silencio.

El aire es denso, sofocante.

Y entonces Barou habla, sin abrir los ojos, con voz baja pero firme:

"Esto no debió pasar."

Y lo peor de todo es que tiene razón.

Esto no debió pasar.

Pero pasó.

Y ahora tienen que lidiar con ello.

El vestuario sigue en silencio, cargado de algo que ninguno de ellos sabe manejar.

La mayoría no está acostumbrada a este tipo de situaciones. No están preparados para esto.

El fútbol es guerra, competencia, lucha. No es... esto.

Pero aquí están.

Sin palabras, sin dirección, sin saber qué hacer con el eco de los gritos de Rin aún frescos en sus mentes.

"No debió pasar," repite Barou, abriendo finalmente los ojos, su mirada fría recorriendo a todos los presentes. Pero pasó.

Y nadie responde.

Porque no hay respuesta.

Porque todos, en cierta forma, fueron cómplices de lo que pasó.

No lo vieron venir.

O no quisieron verlo.

La puerta del vestuario se abre y Bachira entra.

Se detiene en la entrada, sus ojos oscuros recorriendo el lugar, escaneando cada rostro, como si estuviera buscando algo.

Luego cierra la puerta detrás de él y avanza lentamente.

"¿Nadie va a decir nada?" pregunta con una sonrisa ladeada, pero su voz está extrañamente seria. Casi vacía.

Kunigami lo mira, ceñudo.

"¿Qué quieres que digamos?"

Bachira se encoge de hombros.

"No sé. Tal vez... que la cagamos. Todos. No solo Sae."

Las palabras caen como una piedra en el agua.

Pero no hay ondas.

Porque todos lo saben.

Bachira mete las manos en los bolsillos de su pantalón, su mirada perdiéndose en el suelo.

"Se suponía que éramos compañeros."

Nadie responde.

"Yo lo consideraba mi amigo."

Isagi siente que algo en su estómago se aprieta.

Bachira ríe.

Pero no es su risa usual.

Es algo más amargo, más vacío.

"Pero al final no fui un buen amigo, ¿no?"

Sus palabras flotan en el aire como un golpe silencioso.

Y lo peor es que nadie puede contradecirlo.

Bachira siempre ha sido alguien que sigue su instinto, que fluye como el viento, que va donde el fútbol lo llama.

Pero Rin... Rin no es alguien que muestra sus pensamientos tan fácil.

Y ellos lo dejaron estar.

Pensaron que su actitud era simplemente su personalidad, su competitividad, su orgullo.

Nunca pensaron que detrás de esa frialdad había algo pudriéndose por dentro.

Nunca pensaron que Rin podría romperse.

"Lo veíamos siempre tan fuerte, tan serio, tan... imposible de alcanzar," murmura Otoya, su voz un susurro. "Nunca pensé que..."

No termina la frase.

Porque ¿qué puedes decir después de lo que pasó?

Karasu suspira, su tono más molesto que triste.

"No es como si hubiéramos podido hacer algo."

Bachira lo mira.

"¿No?"

Karasu lo mira de vuelta, desafiante.

"¿Y qué habríamos hecho, ah? ¿Preguntarle si estaba bien? ¿Crees que nos habría respondido?"

"Tal vez no," admite Bachira. "Pero al menos lo habríamos intentado."

Karasu chasquea la lengua, desviando la mirada.

Tokimitsu se mueve nervioso en su asiento, su respiración agitada.

"¿Y ahora qué... qué va a pasar?"

Nadie tiene una respuesta.

"Esperamos," dice Isagi finalmente, sintiendo su propia voz más vacía de lo que le gustaría.

Porque en este momento, eso es todo lo que pueden hacer.

Esperar.

Esperar a que Rin despierte.

Esperar a ver si todavía hay algo que puedan hacer por él.

Esperar a saber si aún tienen una oportunidad de arreglar lo que se rompió.

Pero el problema con esperar...

Es que no hay garantía de que el tiempo juegue a su favor.

 

0000

 

No sabe cuánto tiempo estuvo inconsciente.

No sabe dónde está.

Pero sí sabe que todo duele.

Su cabeza late con una presión insoportable.

Sus músculos están rígidos, pesados, como si su cuerpo hubiera sido golpeado por una avalancha.

Su garganta está seca.

Hay un pitido en sus oídos.

Y, sobre todo, siente algo frío y apretado alrededor de su muñeca izquierda.

No necesita mirarla para saber qué es.

El recuerdo llega como una tormenta repentina.

Los gritos.

Las miradas.

Su risa mezclada con llanto.

La rabia.

La desesperación.

La sensación de sus propios dientes cortando su piel.

Su estómago se revuelve.

Quiere vomitar.

Quiere desaparecer.

Pero no lo hace.

Porque está despierto.

Sigue aquí.

Y esa simple verdad lo destroza más que cualquier herida.

Porque si está aquí, significa que alguien lo salvó.

Significa que falló incluso en eso.

Su cuerpo tiembla.

Cierra los ojos con fuerza, tratando de ignorar el ardor en su garganta, el peso en su pecho, el asco en su estómago.

Pero no puede.

Porque la realidad ya lo atrapó.

Y no hay escape.

No esta vez

El silencio en la habitación es sofocante.

Lo único que se escucha es su propia respiración.

Pesada. Irregular.

Como si su propio cuerpo no supiera si seguir funcionando o rendirse de una vez.

Sus ojos permanecen fijos en el techo, sin realmente verlo.

Descargó todo.

Cada palabra, cada pensamiento, cada grito ahogado en su pecho fue escupido sin frenos.

Dijo cosas que jamás pensó que diría en voz alta.

Derramó sentimientos que jamás quiso exponer.

Se rompió.

Y, sin embargo...

Se siente peor.

No hay alivio.

No hay esa sensación de liberación que la gente dice que viene después de soltarlo todo.

Solo queda vacío.

Solo queda el peso de la realidad aplastándolo contra la cama.

¿Era normal?

No lo sabe.

No sabe qué es normal en este punto.

Ni siquiera sabe si quiere seguir sabiendo.

Porque, al final, ¿qué cambió?

Sae sigue sin quererlo.

Sigue sin ser suficiente.

Sigue siendo una sombra en la vida de su hermano, alguien que no es digno ni de su desprecio.

Entonces, ¿por qué sigue aquí?

Sus dedos se aprietan sobre las sábanas.

Cierra los ojos, tratando de escapar de sus propios pensamientos.

Pero no puede.

No hay escape.

No esta vez.

Y lo peor de todo...

Es que sigue despierto.

Sigue vivo.

Y, por primera vez en su vida, no sabe qué hacer con eso

El sonido de la puerta deslizándose interrumpe el vacío de la habitación.

Rin no reacciona de inmediato.

No quiere mirar.

No quiere ver la expresión de lástima o la incomodidad de quien sea que haya entrado.

Pero algo está mal.

No hay un saludo.

No hay un respiro pesado.

Solo silencio.

Un silencio afilado.

Finalmente, Rin gira la cabeza lentamente.

Y sus ojos se encuentran con un azul que no esperaba ver.

Kaiser.

¿Qué demonios...?

De todas las personas que podrían haber entrado por esa puerta, Kaiser es la última en la que habría pensado.

No Isagi, no Sae, no Ego, ni siquiera alguien ruidoso como Shidou o Bachira.

Pero ahí está.

De pie.

Mirándolo.

Y lo peor de todo... sin rastro de burla en su rostro.

No hay sonrisas engreídas.

No hay ese aire de superioridad que siempre lo rodea.

Solo... Kaiser.

Callado.

Serio.

Casi vacío.

Algo en eso hace que la piel de Rin se erice.

No entiende qué demonios está pasando.

Pero entonces Kaiser se mueve.

Cierra la puerta detrás de él y se apoya contra la pared, cruzándose de brazos, como si no tuviera ninguna intención de irse.

Rin frunce el ceño.

"¿Qué haces aquí?"

Kaiser alza una ceja.

"Buena pregunta. ¿Tienes una mejor respuesta que yo?"

Rin siente un latido de molestia en su sien.

Por supuesto que este idiota vendría a decir estupideces incluso aquí.

Está a punto de decirle que se largue.

Pero algo en la expresión de Kaiser lo detiene.

Hay algo en sus ojos.

Algo que no encaja con su usual arrogancia.

Algo que Rin no sabe cómo interpretar.

Kaiser suspira.

"Vi lo que pasó."

Rin se tensa.

Sus dedos se aprietan contra la sábana, su cuerpo queriendo encogerse instintivamente.

"¿Qué?"

Kaiser ladea la cabeza.

"Noa y yo vinimos de visita. Y yo... bueno, me aburrí. Así que decidí pasear un poco."

Hace una pausa.

Sus ojos se entrecierran.

"Y entonces escuché gritos."

La garganta de Rin se seca.

"Y vi todo."

Rin quiere vomitar.

Saber que Kaiser, de todas las personas, fue testigo de su colapso lo hace querer desaparecer de nuevo.

Pero no hay burla en su voz.

No hay ese tono de superioridad condescendiente.

Hay algo más.

Kaiser baja la mirada, observando el suelo con una expresión que Rin no ha visto antes.

"Conozco esa mirada, ¿sabes?"

Rin parpadea.

"¿Qué?"

Kaiser sonríe, pero es una sonrisa vacía.

"Esa forma en la que miraste a Sae. Como si... si tan solo fueras lo suficientemente bueno, si tan solo fueras más fuerte, más rápido, más brillante, entonces finalmente te vería. Finalmente te aceptaría."

Kaiser cierra los ojos un segundo.

"Solía tener esa mirada."

Y de repente... todo cambia.

Porque Rin nunca ha pensado en el pasado de Kaiser.

Nunca le importó.

Pero ahora, no puede ignorarlo.

"No voy a decirte que sé exactamente cómo te sientes." —Kaiser murmura, sin mirarlo aún. "Pero sé lo que es crecer con alguien que nunca te verá como suficiente. Alguien que te destruye de formas en las que ni siquiera puedes explicar."

Su tono es suave.

Peligrosamente honesto.

Rin siente un peso en su pecho.

No quiere esto.

No quiere compartir nada con él.

Pero sus palabras...

Sus palabras se clavan en su piel como agujas.

Porque entiende.

Porque él también lo ha vivido.

Porque, por primera vez...

Rin no es el único atrapado en esta tormenta.

Y eso es más aterrador de lo que jamás imaginó

Rin no responde.

No porque no tenga nada que decir.

Sino porque está demasiado cansado.

No tiene fuerzas para discutir.

No tiene fuerzas para indignarse porque es Michael maldito Kaiser quien está aquí.

No tiene fuerzas para gritarle que no tiene derecho a hablar como si entendiera.

Porque, en el fondo...

Lo hace.

Y eso es lo peor de todo.

Así que solo cierra los ojos y suelta un suspiro pesado.

"No quiero hablar."

Su voz es ronca, apagada.

No es una orden.

Es una simple verdad.

Pero Kaiser no se mueve.

No dice "entonces me voy".

No dice "no me importa".

No dice nada por un momento.

Y luego...

"No necesitas hablar."

Rin abre los ojos, confundido.

Espera una burla.

Un comentario arrogante.

Algo que suene a Kaiser.

Pero no llega.

Kaiser solo lo mira.

Y en su rostro no hay superioridad.

No hay condescendencia.

Solo... algo pesado.

Algo que Rin no sabe cómo interpretar.

El alemán se mueve, se desliza hasta la silla junto a la cama y se sienta.

Tranquilo.

Sin prisa.

Sin decir nada más.

Rin frunce el ceño.

"¿Qué estás haciendo?"

Kaiser se encoge de hombros.

"Descansando."

Rin lo observa, esperando algo más.

Pero Kaiser no se burla de él.

No le dice qué hacer.

No intenta sonsacarle palabras.

Simplemente... está ahí.

Y Rin no sabe qué hacer con eso.

¿Por qué sigue aquí?

¿Por qué se quedó?

No tiene nada que ver con este desastre.

No tiene razón para involucrarse.

Pero ver a Rin tan roto, tan al borde de la nada, movió algo dentro de él.

Porque Kaiser ha estado ahí antes.

Y porque, quizás, sabe lo que es sentirse tan jodidamente solo.

Así que se queda.

Sin forzar nada.

Sin esperar nada.

Solo... se queda.

Y, por alguna razón, Rin no lo echa

El sonido del reloj en la habitación es lo único que llena el aire.

Rin lo escucha con claridad.

Cada segundo marcando su existencia.

Aún aquí.

Aún atrapado en su propio cuerpo.

Aún... vivo.

No sabe cómo sentirse al respecto.

No sabe qué hacer con eso.

Pero entonces, Kaiser habla.

"Mi padre era un hombre de mierda."

La voz del alemán es tranquila, como si estuviera comentando el clima.

Pero hay algo en su tono.

Algo denso.

Pesado.

Rin parpadea.

No responde.

Solo escucha.

Porque es más fácil escuchar a otro que enfrentar su propia mente.

Kaiser no lo mira.

Apoya los codos en sus rodillas y entrelaza las manos, observando el suelo como si pudiera ver su pasado ahí.

"Nunca fui suficiente para él. No importa cuanto intente cumplir, no importaba lo que llevara a casa lo  que fuera... nunca bastó."

Hace una pausa.

Exhala lento.

"Siempre encontraba algo que criticar. Siempre había algo más que podía haber hecho mejor. Algo que no hice a su manera. Algo que probaba que no valía lo suficiente."

Sus labios se curvan en una sonrisa amarga.

"Así que intente hacerme más fuerte,  más agresivo. Me volví más despiadado. Pensé que si llegaba a la cima, si me volvía inalcanzable, entonces él... entonces finalmente me vería."

Su sonrisa desaparece.

"Pero nunca lo hizo."

El silencio vuelve a caer sobre la habitación.

Rin lo siente asentarse en su pecho como una piedra.

Nunca había pensado en Kaiser más allá de la imagen que proyectaba.

El prodigio engreído.

El rey arrogante.

El imbécil insoportable que siempre tenía algo que decir.

Pero ahora...

Rin ve algo más.

Algo detrás de la máscara.

Y, por primera vez, su corazón late con algo que no es odio.

No es simpatía.

No es lástima.

Pero...

Lo entiende.

Y eso es aterrador.

Rin exhala despacio, dejando que su cuerpo se hunda un poco más en la cama.

No tiene fuerzas para discutir.

No tiene fuerzas para rechazarlo.

Así que solo deja escapar una risa seca, amarga.

"Suena jodidamente familiar."

Kaiser deja escapar un resoplido.

"Sí."

El silencio regresa.

Pero esta vez, no se siente tan vacío.

No se siente tan solo.

Y, por ahora, eso es suficiente.

Kaiser no deja que el silencio dure mucho.

A diferencia de Rin, no le teme a las palabras.

"Después de un tiempo, dejé de intentarlo."

Su tono es neutral, como si estuviera hablando de algo trivial.

Pero Rin sabe que no lo es.

"Si nunca iba a ser suficiente para él, entonces ¿para qué esforzarme?"

Su sonrisa es afilada, pero sin burla.

"Me volví egoísta. Jugué solo para mí. Si no podía ser amado, al menos podía ser temido."

Hace una pausa.

Su mirada azulada se desliza hacia Rin, analizándolo.

"Pero tú... tú sigues intentándolo."

Rin no responde.

No lo niega.

No puede.

Porque Kaiser tiene razón.

Siempre ha estado intentando.

Siempre ha estado luchando.

Incluso cuando Sae lo empujó lejos.

Incluso cuando la indiferencia lo asfixiaba.

Incluso cuando se rompió.

Nunca dejó de intentarlo.

Pero... ¿valió la pena?

Antes de que Rin pueda responderse, la puerta se abre de golpe.

Un médico entra con prisa, probablemente alertado por las cámaras del cuarto.

Sus ojos se abren en sorpresa al ver a Rin despierto.

"Ah, estás consciente. Excelente."

No le presta atención a Kaiser, que permanece en su silla, tranquilo.

El médico se acerca de inmediato y comienza su trabajo, sacando su linterna para revisar las pupilas de Rin.

"¿Cómo te sientes? ¿Dolor de cabeza? ¿Mareos?"

Rin parpadea ante la intensidad del médico, sintiéndose de repente demasiado expuesto.

"Estoy bien."

El médico suelta un resoplido.

"Eso está por verse."

Revisa su presión, su pulso, su temperatura.

Su expresión cambia poco a poco.

Y no para bien.

Finalmente, deja escapar un suspiro y lo mira con seriedad.

"Escucha, Rin. Llevaste tu cuerpo al límite y más allá."

Rin siente que su estómago se hunde.

El médico cruza los brazos, su expresión dura pero no cruel.

"Estás al borde de un colapso físico. Tus músculos están desgarrados, tu presión arterial está descontrolada y tus reflejos están fuera de ritmo. Si sigues así, podrías sufrir lesiones que te costarán la carrera."

La garganta de Rin se siente seca.

Lo sabía.

En el fondo, siempre supo que su cuerpo no iba a aguantar.

Pero escucharlo en voz alta...

Se siente diferente.

El médico no ha terminado.

Hace una pausa, como si eligiera sus palabras con cuidado.

"Y luego está el otro asunto."

Kaiser observa en silencio, sin moverse.

Rin tensa la mandíbula.

Sabe lo que viene.

"Tu colapso emocional y nervioso no es algo para tomar a la ligera."

El tono del médico es firme, pero sin juicio.

"Sufriste un ataque de ansiedad extremo, acompañado de una crisis nerviosa severa. No es solo estrés o agotamiento. Tu sistema entero colapsó."

Rin no responde.

No puede.

El médico suspira.

"Necesitas descanso. Mucho descanso. Pero más importante... necesitas ayuda."

El silencio pesa en la habitación.

Rin mira hacia otro lado.

Kaiser sigue sin decir nada, pero su presencia se siente más fuerte que nunca.

El médico le da un último vistazo antes de anotar algo en su tabla.

"Tu recuperación física llevará tiempo. Pero la mental... eso es otro tema."

Sus ojos se suavizan solo un poco.

"No lo hagas solo, Rin."

Y con eso, se aleja, dándole espacio.

La puerta se cierra detrás de él.

El peso de sus palabras queda flotando en el aire.

Rin no se mueve.

No dice nada.

Pero entonces, una voz tranquila rompe el silencio.

"No lo hagas solo, huh."

Kaiser lo dice sin burla.

Sin sarcasmo.

Solo repitiendo las palabras.

Pero Rin no responde.

Porque no sabe si puede hacerlo.

Porque no sabe si quiere hacerlo.

Pero, por primera vez en mucho tiempo...

Alguien más está en la habitación.

Y aún no se ha ido.

Rin se queda en silencio.

Las palabras del médico resuenan en su mente.

"No lo hagas solo."

¿Pero con quién?

Mueve los labios, como si intentara formar una respuesta, pero nada sale.

Porque no sabe a quién llamar.

No puede pensar en nadie.

Ha llegado hasta aquí solo.

Siempre ha sido así.

Siempre ha dependido de sí mismo.

Nadie lo ha ayudado nunca.

No Sae.

No sus compañeros.

No su entrenador.

Ni siquiera Isagi, que siempre ha estado allí, pero nunca lo suficientemente cerca.

Entonces...

¿Por qué esperar que alguien lo ayude ahora?

"No lo entiendo."

Su voz suena apagada.

Cansada.

Pero Kaiser la escucha.

Lo mira sin prisas.

Rin no levanta la cabeza.

Solo fija la vista en sus propias manos, sintiendo su propio cuerpo como un peso extraño.

"¿Cómo se supone que no lo haga solo?"

Sus cejas se fruncen con frustración.

"¿A quién se supone que pida ayuda?"

El silencio se expande entre ellos.

Rin ni siquiera espera una respuesta.

Porque no hay nadie.

No hay nadie que haya estado allí para él.

No hay nadie que haya extendido una mano antes de que fuera demasiado tarde.

No hay nadie.

Siempre ha sido así.

Kaiser, sin embargo, sigue sin apartar la mirada.

Finalmente, suelta un suspiro.

"Eso suena jodidamente solitario."

Rin suelta una risa seca.

"Lo es."

Pero no dice nada más.

Porque admitirlo en voz alta ya es suficiente.

Porque aceptarlo ya es demasiado.

Pero Kaiser no se burla.

No le dice que está exagerando.

No le dice que está equivocado.

Solo lo observa con esa intensidad que no sabe cómo manejar.

Y luego...

"¿Quieres una respuesta?"

Rin lo mira de reojo.

Kaiser se encoge de hombros.

"Si no tienes a nadie... entonces encuentra a alguien."

Esas palabras quedan en el aire.

Rin no sabe qué hacer con ellas.

No sabe si puede hacer algo con ellas.

Pero por primera vez...

La idea de no estar solo no suena tan absurda.

No suena tan imposible.

Su cuerpo está roto.

Su mente está en ruinas.

Pero su historia aún no ha terminado.

Y esa verdad pesa más que todo lo demás.

Rin cierra los ojos y deja escapar un suspiro.

No tiene respuestas.

No tiene certezas.

Pero tiene tiempo.

Por ahora, eso es suficiente.

Y Kaiser sigue ahí.

Sin moverse.

Sin desaparecer.

Esperando

00000

 

La puerta se abre sin ceremonia.

Kaiser levanta la vista primero.

Rin solo parpadea lentamente, demasiado agotado para reaccionar.

Entonces, la figura alta y delgada de Ego Jinpachi entra en la habitación, con su característica expresión de desdén bien puesta en el rostro.

El silencio es inmediato.

Ego observa la escena.

Rin, acostado en la cama, con la mirada apagada.

Kaiser, sentado a un lado, más relajado de lo que debería.

Su boca se tuerce en una mueca de disgusto.

"Si tuviera que adivinar quién sería el último idiota en romperse, hubiera apostado por ti, Itoshi."

Su tono es seco, carente de empatía.

Rin no responde.

Ni siquiera lo mira.

Ego suspira.

"Pero supongo que hasta los más tercos se rompen eventualmente."

Kaiser suelta una risita.

Rin solo cierra los ojos con cansancio.

No tiene ganas de discutir.

Ni siquiera con Ego.

"¿A qué vienes?" pregunta, su voz más rasposa de lo que le gustaría.

Ego se cruza de brazos.

"Vine porque me informaron que todavía sigues vivo. Inconveniente, pero útil."

Kaiser lo observa con curiosidad.

Ego sigue hablando.

"No te voy a dar palabras de apoyo, porque no es mi estilo. Y tampoco voy a decirte que te tomes tu tiempo para recuperarte, porque sinceramente, no me importa lo que hagas con tu vida personal."

Sus ojos afilados se fijan en Rin con intensidad.

"Pero sí me importa lo que hagas con tu fútbol."

Rin frunce el ceño.

Ego sigue.

"Afortunadamente para ti, aún falta tiempo para el Mundial Sub-20. Eso significa que tienes tiempo para descansar, recuperarte y luego decidir qué demonios vas a hacer después."

La habitación se siente más pesada.

"Porque si crees que te voy a permitir regresar al campo en este estado deplorable, estás más loco de lo que pensé."

Kaiser silba suavemente.

Rin aprieta la mandíbula.

"¿Y si decido no volver?" murmura, casi sin pensar.

Ego no se inmuta.

"Entonces te convertirás en la mayor decepción de Blue Lock."

Sus palabras cortan como cuchillas.

Pero no suenan crueles.

No hay burla.

Solo una verdad cruda y brutal.

Rin desvía la mirada.

Ego suspira, ajustándose los lentes.

"Haz lo que quieras, Itoshi. Pero si al final decides volver, más te vale no hacerlo a medias."

Se gira para salir.

Pero antes de cruzar la puerta, lanza una última advertencia.

"Descansa, Rin. O no tendrás nada a lo que volver."

Y con eso, se va.

El silencio regresa.

Kaiser lo rompe con una risa baja.

"Qué hombre tan encantador."

Rin no responde.

No está seguro de cómo sentirse.

Pero una cosa es segura.

No puede evitar pensar en esas palabras. 

No tener nada a lo que volver ¿Es eso lo que quiere?

No lo sabe.

No todavía.

Pero tiene tiempo.

Por ahora, eso es suficiente.

 

00000

 

Sae no se había movido de donde estaba.

Sentado en un banco apartado, con la cabeza baja y los codos apoyados en las rodillas, había permanecido en el mismo lugar desde que Rin fue llevado por los médicos.

Las voces de los demás jugadores se habían desvanecido con el tiempo.

Incluso Shidou, que lo había confrontado, ya no estaba cerca.

Solo quedaba el peso de sus pensamientos.

Y la sensación de vacío en su pecho.

Entonces, una sombra se acerca.

No levanta la cabeza, pero sabe quién es antes de que siquiera hable.

"Tu hermano despertó."

Sae no responde de inmediato.

No sabe qué decir.

Ego se sienta a su lado sin invitación.

El sonido de la silla de metal crujiendo es lo único que llena el silencio.

"Los médicos ya lo examinaron."  continúa Ego, su voz fría y meticulosa como siempre. "Su cuerpo está hecho un desastre, pero no es lo peor."

Sae, finalmente, levanta la vista.

Ego se ajusta los lentes.

"Su estado nervioso es un desastre."

El corazón de Sae se salta un latido.

Ego sigue.

"No se lo dije a Rin, porque no tenía sentido preocuparlo más de lo necesario, pero a ti sí te lo diré."

Su mirada se oscurece.

Sae siente que se le enfrían las manos.

"Si Rin vuelve a colapsar de esa manera en este estado de recuperación... podría ser fatal."

Sae deja de respirar por un segundo.

El mundo parece encogerse a su alrededor.

Pero Ego no se detiene.

"Su cuerpo ya cruzó el límite una vez. No sabemos qué pasaría si lo cruza otra vez tan pronto."

Las palabras caen como piedras en su pecho.

Pesadas.

Aplastantes.

Sae no parpadea.

No reacciona.

Pero en su interior, el miedo lo devora.

Porque él provocó esto.

Él ignoró las señales.

Él fue quien lo empujó hasta este punto.

Si Rin hubiera muerto...

"Tómalo en cuenta si decides acercarte a él."

Ego se levanta.

Sae sigue sin moverse.

"Porque si lo rompes otra vez, Itoshi, no habrá vuelta atrás."

Y sin más, Ego se aleja, dejándolo solo con esas palabras.

Solo con el peso de su culpa.

Solo con la aterradora verdad de que, si se equivoca otra vez...

Podría perder a Rin para siempre

 

0000

 

Sae sigue sentado, los codos sobre las rodillas, la cabeza baja.

Las palabras de Ego siguen resonando en su mente.

"Si Rin vuelve a colapsar en este estado de recuperación... podría ser fatal."

Podría ser fatal.

Podría ser fatal.

Podría ser fatal.

Cierra los ojos con fuerza, las uñas clavándose en sus palmas.

Fue él quien ignoró a Rin.

Fue él quien lo trató con crueldad.

Fue él quien lo empujó hasta ese borde.

Rin había gritado su dolor frente a todos, había perdido el control, había dicho cosas que no debieron ser guardadas por tanto tiempo...

Y Sae no lo había detenido.

No lo había visto.

Y ahora, estaba roto.

"Quizás lo correcto sea alejarme."

El pensamiento cruza su mente.

Quizás lo mejor sea dejarlo solo.

No seguir lastimándolo.

No seguir siendo la causa de su sufrimiento.

Pero apenas la idea toma forma, la rechaza con furia.

No.

Ha huido demasiado.

Lo ha dejado solo demasiado tiempo.

Cada vez que Rin lo necesitó, él no estuvo allí.

Pero esta vez no se irá.

No de nuevo.

Sae cierra los ojos y exhala lentamente.

"No te voy a dejar solo, Rin." murmura, apenas un susurro, pero una promesa firme.

Una promesa que esta vez no romperá.

Pero no está solo.

Al fondo, apenas iluminado por la luz de los pasillos, Isagi Yoichi ha escuchado todo.

Sus manos están apretadas en puños, sus labios entreabiertos, su respiración temblorosa.

Escuchó cada palabra.

"Si Rin colapsa otra vez... podría ser fatal."

La idea le revuelve el estómago.

Porque...

Rin es importante.

No solo como rival.

No solo como compañero de equipo.

Rin es importante para él.

Muy importante.

Y la idea de perderlo...

La idea de que Rin ya no esté...

Lo aterroriza.

No se da cuenta de que su cuerpo tiembla.

No se da cuenta de que ha estado conteniendo la respiración.

Solo sabe que su pecho duele.

Y que el miedo lo consume.

No quiere perder a Rin.

No puede perder a Rin.

Y por primera vez, Isagi entiende lo que realmente significa.

 

0000

Omake: Redes sociales. 

Porque la autora necesita un alivio emocional de este capitulo. 

 

🔁 @NagiEsDios:
wtf esto ya no es fútbol, esto es un drama familiar de alto voltaje con trauma intergeneracional 💀

🔁 @Meganekun_17:
Blue Lock siempre fue intenso pero esto... esto ya parece una tragedia griega con botas de fútbol 😭

🔁 @TeamItoshi4Life:
Rin no se merece esto. Sae puede ser talentoso, PERO ESTO NO SE HACE A UN HERMANO. Estoy llorando.

🔁 @ShidouLover93:
Shidou no hizo ni una broma... saben que es grave cuando incluso él cierra la boca.

🔁 @Yoichi_Stan_:
Isagi estaba literal temblando, me dolió el alma. ¿Esas lágrimas eran reales? ¿Lo ama?
#Yoirin es real??? 👀

🔁 @SpoilersPXG:
Kaiser estaba en el hospital????
¿Cómo llegó?
¿Y por qué se quedó con Rin???
EXPLICACIONES AHORA 😭

💬 Top comment:
@FanRinForLife: Me estoy ahogando en mis propias lágrimas. ¡QUIERO JUSTICIA PARA RIN! 😭

💬 @KaiserSimp__:
¿Y ESE RUBIO ALEMÁN EN EL CUARTO DE HOSPITAL? ¡¿QUÉ HACE AHÍ?! ¿ES UNA NOVELA?

👤 SwanLake24:
"¿Por qué siento que Kaiser va a ser el tipo que no lo dice pero lo cuida a su manera? Estoy enamorándome. 🫠"

👤 BachiraMadness:
"Y pensar que Rin decía que nadie estaba de su lado... Kaiser, de todas las personas. El arco de redención que NO vimos venir."

👤 ShidouSimps:
"¿Dónde está Shidou ahora? ¿Apostando con Barou cuántos días pasará Kaiser en la habitación de Rin antes de admitir que lo quiere?"

 

🌍 Jugadores internacionales reaccionando (traducciones subtituladas):

📹 Charles (vía stream):
"Yo sabía que ese niño estaba raro... pero no que estaba roto... Rin, estúpido... ¿Por qué no dijiste nada?"
👉 Se le corta la voz. Finge una tos. "No es que me importe tanto, okay. Solo... no me gusta ver gente caer así."
🔁 Clip titulado: "Charles: El tsundere inesperado"

📹 Shidou (live interrumpido):
"No quiero hablar de eso."
Cinco segundos después
"Sí, joder, me dolió, ¿ok? No sabía que estaba tan jodido. Siempre lo jodía... pero no quería joderlo así."
📌 Comentario fijado: "¿Primera vez que Shidou usa el verbo 'sentir'?"

📹 Loki (entrevista seria):
"La salud mental es importante. Rin tiene un talento que no debe apagarse por el peso del dolor. Estoy dispuesto a apoyarlo si decide volver."
💬 Fan: Papi Loki siempre el más real.

 

🔹 @soccerlife_jpn
🚨 ¡Itoshi Rin colapsó en un entrenamiento brutal con la Sub-20! Fuentes dicen que fue hospitalizado de urgencia. ¿Qué está pasando en Blue Lock?

🔸 @bluelock_stan03
Yo solo vi el clip donde Rin se ríe y llora al mismo tiempo y se me fue el alma del cuerpo 💀 ese niño está roto.

🔹 @kaiser_simp
Qué fuerte que Kaiser haya sido el primero en estar con él después... no lo vi venir 😳

🔸 @yoichi4ever
Todos hablan de Sae pero ¿y Isagi? Se le notaba DESTROZADO. Que alguien abrace a ese pobre niño, por favor 😭

🔹 @bastardboysclub
No sé ustedes, pero yo antes pensaba que Rin era solo un tipo frío... y ahora estoy llorando por él a las 3 a.m.

🔸 @megurubachiforever
Bachira subió una historia sin decir nada, solo un dibujo de dos personas separadas por una grieta... 😢 lo siente tanto, se nota.

🔹 @bl_insider
Se rumorea que Ego fue el que canceló el entrenamiento de inmediato y movió contactos médicos. Este hombre siempre parece frío, pero algo le importa.

🔸 @itsoshibro
Sae mejor no se le ocurra aparecer sonriendo en otra entrevista por un buen tiempo. Lo siento pero lo que le hizo a Rin fue INHUMANO.

🔹 @shidouchaotic
Oigan... ¿soy el único que pensó que Shidou iba a soltar una broma? Pero se puso TAN serio. Me dio miedo, él sabe que la cagaron.

🔸 @fanficbl_writer
Ya estoy escribiendo un fix-it donde Rin se muda con Hiori, Kaiser e Isagi y lo cuidan entre los tres 🫠

🔹 @fut_nerds_club
El médico dijo que el estado de Rin es tan delicado que otro colapso podría ser FATAL. ¿Cómo permitieron que llegara tan lejos?

🔸 @bluelock_usa
Este drama familiar se volvió más real que cualquier serie de Netflix. Pero por dios, que alguien lo abrace.

🔹 @rin_it_girl
El fandom de Rin está completamente unido por primera vez: todos queremos protegerlo con mantitas, ramen y terapia 🫶