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En un mundo interconectado por la tecnología y la comunicación, nadie imaginó que una amenaza invisible se cerniría sobre la humanidad. Todo comenzó de manera sutil, casi imperceptible. En los primeros meses del brote, diversos reportes en todo el mundo.
En Corea del Sur hablaban de una extraña enfermedad respiratoria que se propagaba rápidamente. Los médicos la describían como una gripe severa, pero las autoridades sanitarias no lograban identificar su origen. Nadie sospechaba que lo que parecía ser un virus común sería el primer indicio de una catástrofe mucho mayor.
A medida que los casos aumentaban, la enfermedad mutó, y lo que comenzó como una infección respiratoria se transformó en algo mucho más aterrador. Los infectados no solo desarrollaban fiebre y dificultad para respirar, sino que sus comportamientos se volvían cada vez más erráticos y violentos.
Los informes sobre personas atacando a otras comenzaron a surgir, pero la información era confusa y fragmentada. Nadie podía entender lo que realmente estaba sucediendo, y para cuando el virus alcanzó una escala descontrolada, ya era demasiado tarde.
El origen exacto del virus permaneció un misterio. Algunos especulaban que era producto de un laboratorio secreto, mientras que otros apuntaban a un brote aislado en una remota zona rural. Pero la verdad nunca fue revelada al público, manteniendo a más de uno en la incógnita. Lo que sí estaba claro era que la epidemia se extendió con rapidez, desbordando las capacidades del sistema de salud y dejando a la nación sumida en el pánico.
A medida que la infección se propagaba, Corea del Sur se convertía en el epicentro de una crisis global. Las autoridades intentaban contener la plaga, pero las hordas de infectados, rápidamente convertidos en zombis, se expandían a una velocidad inimaginable.
Lo que comenzó como un brote aislado en el país pronto se convirtió en una pesadilla global. A medida que los infectados cruzaban fronteras y el virus llegaba a otras naciones, el mundo entero enfrentaba la misma amenaza, un enemigo invisible y mortal que había comenzado en algún lugar desconocido, pero que había alcanzado una magnitud apocalíptica.
Por lo tanto, cada día parecía una victoria para la sobrevivencia de los más fuertes.
-Señor Hwang, por favor coma algo- pidió Seong Ga-yeong acercándose al hombre que parecía preocupado desde el puesto de vigilancia que habían armado en la estación de policía en Ssangmun-dong.
In-ho retiró la mirada sobre la calle, mientras sostenía un garrote como arma de defensa, para mirar a la niña de nueve años que se había acercado para ofrecerle un plato de comida, y una bebida en una taza de cerámica.
-Comeré cuando tu padre regrese, lo prometo- mencionó In-ho con cautela a la pequeña que bajó la mirada, claramente preocupada de la llegada de su papá Gi-hun.
-Ugh, con ése ánimo vas a desanimarme hasta a mí, Oficial Hwang- se quejó Ji-yeong arrugando su nariz mientras se acercaba -Ga-yeong, acompáñame a comer algo con Cheol, ¿si? Podemos ver un video juntos los tres mientras comemos un refrigerio.
Ga-yeong asintió lentamente ante la propuesta de su unnie, pero caminó con decisión hasta el ex-oficial de policía, Hwang In-ho, ofreciendo la bebida caliente.
In-ho sonrió un poco a pesar de tener el gesto cansado en sus ojos, para aceptar la bebida. Sin duda, la niña tenía el noble carácter y terquedad heredados por Gi-hun.
Ga-yeong se llevó el plato de comida en sus manos, acompañando a Ji-yeong, que cuidaba del hermano menor de su amiga Sae-byeok, mientras también estaba fuera con el grupo en una misión de reconocimiento y recolección de víveres.
In-ho tomó la bebida que parecía café instantáneo aunque parecía apenas se había calentado el agua. Sus ojos notaron como había un poco de café sobre la taza, seguramente la propia Ga-yeong había preparado su bebida, algo que la enterneció para beber un poco en esperanza de que sus nervios se calmaran ante la ansiedad que sentía.
-Cuando todo esto termine, por favor no olviden invitarme a la boda Hwang-Seong- bufó Sang-woo del lado contrario de la puerta donde hacían guardia.
In-ho casi escupió el trago de café que acababa de beber, para mirar con reproche ante el comentario del banquero que limpiaba sus lentes con su camisa. Y a pesar de la tensa situación en la que se encontraban, sus orejas mostraron señal de verguenza ante la insinuación de que el padre soltero y él tenían alguna clase de relación amorosa -Oi, no estés diciendo tonterías-
-Shh- lo calló Sang-woo en estado de alerta al alcanzar a ver una pequeña horda acercarse por la calle después de doblar una esquina.
In-ho en seguida imitó el gesto de preocupación, dejando en forma suave la taza contra un mueble, tomando su arma en sus manos en forma defensiva. Sang-woo había vuelto a ponerse las gafas, a pesar de que éstas estaban rotas del vidrio izquierdo, lo que limitaba su visión.
El ex-oficial de policía estaba tenso ante la situación en la que se encontraban. En caso de que intentaran ingresar los muertos vivientes, la barricada que habían creado en la puerta podría detenerlos mientras escapaban. Sin embargo ése lugar era su refugio más seguro después de haber sobrevivido juntos los últimos seis meses.
-Váyanse- se quejó entre dientes Sang-woo preocupado por el grupo que tardaban más de lo que habían acordado que tardarían.
Si bien la horda caminaba en forma lenta, parecían casi inmóviles tratando de escuchar algo, para poder detectar una presa.
In-ho también parecía angustiado al tener en ése grupo a dos de las personas que más valoraba en el mundo. La tercera era la misma niña que instantes antes le había derretido el corazón por estar preocupada de que comiera.
La horda pasó cerca de veinte minutos caminando con desconcierto, antes de alejarse.
Fue entonces cuando ya estaban lo suficientemente cerca, escucharon pasos acercándose en la forma más sigilosa pero rápida posible.
Por un segundo Sang-woo pensó que eran más zombies, para alcanzar a distinguir el cabello rebelde de su amigo de la infancia. -Son ellos
In-ho dejó su puesto de mando para ayudar a Sang-woo a quitar la barricada que habían creado con escritorios, para abrir la puerta y que ingresaran los miembros del grupo.
Parecían agitados, y cansados.
Y notaron que aparte de sus aliados y amigos, también los acompañaban más personas que debían ser sobrevivientes.
-Gracias- susurró Gi-hun con gesto agotado para ayudar a Ali Abdul, así como Sang-woo y una mujer alta de los recién llegados, a mover los escritorios, y dejar la barricada protegida.
-¿Están bien?- preguntó In-ho acercándose a ver a su hermano menor Jun-ho que cargaba con una mochila que parecía traer comida.
-Sí, Hyung- admitió agotado Jun-ho posando su mano sobre su hombro, aliviando el preocupado corazón de In-ho -¿Él cómo está?
-La fiebre se ha detenido pero aún parece enfermo- admitió In-ho para informar a su hermano -Y el bocón no deja de hablar, estuve tentado a no detener a Ji-yeong de callarlo
Jun-ho sonrió divertido de lo indicado por su hermano mayor para suspirar y abrazarlo con alivio, In-ho se sorprendió ante la muestra de cariño de su hermano pero también lo abrazó con firmeza. Después de todo, la madre de Jun-ho había perdido la vida mientras intentaban escapar con el brote de los caminantes vivientes tres meses antes, y el menor de los Hwang aún parecía afectado.
la mirada de In-ho se desvió a ver a Gi-hun presentar a los recién llegados con Sang-woo: Geum-ja y su hijo Yong-sik, así como dos jóvenes que parecían ser apenas una estudiantes de instituto llamadas Young-mi y Jun-hee. Finalmente la mujer que estaba a lado de ellos parecía sumamente cohibida, e incómoda.
-¿Y tú?- preguntó Sang-woo desconfiando de la extraña mujer.
-Ella es nuestra unnie Hyun-ju. Por favor cuiden de todos nosotros- habló Young-mi adelantándose y haciendo una reverencia.
Gi-hun notó el gesto desconfiado en su amigo para intervenir -Sang-woo, ella es nuestra aliada ahora. De hecho era parte de las fuerzas especiales, es muy fuerte y necesitamos a alguien así en nuestro grupo
Sang-woo suspiró agotado -Tendremos que buscar un lugar más grande entonces, cada que sales encuentras más personas a pesar de que apenas podemos sobrevivir nosotros
-¿Qué quieres decir con éso?- preguntó Gi-hun a la defensiva para tomar del brazo derecho a Sang-woo para apartarlo y bajar la voz -No podemos dejar a las personas a su suerte en este mundo. Y ellos saben cuidarse. Incluso Young-mi sabe hacer vendajes, Geum-ja pelea como una leona para defender a su hijo y a las mujeres que los acompañaban.
Sang-woo cerró los ojos en cansancio -No me refiero a dejarlos a su suerte, pero cada vez vas más lejos, y… ¿qué voy a decirle a Ga-yeong si no regresas?- preguntó su amigo con dolor al pensar que su madre había sacrificado su vida por salvar a Sae-byeok y Cheol del ataque de unos carroñeros que querían lastimar a los hermanos Kang. Sang-woo no culpaba a ninguno de las decisiones de su madre, pero la relación entre Sae-byeok y él no era la mejor en el grupo.
Gi-hun se quedó ensombrecido ante esa idea -Si algo me pasa, aun te tendrá a ti, y a Jung-bae.
Sang-woo bufó en burla ante esa idea -¿Jung-bae cuidando de tu hija? Creo que es al revés desde que tengo memoria una vez que le pediste alimentarla, y perdió la pañalera en el tren
Gi-hun sonrió levemente al pensar en ésa memoria como padre soltero que había criado a su hija en todos esos años.
-¡Volviste!- dijo emocionada Ji-yeong al ingresar en el vestíbulo acompañada de Cheol y Ga-yeong.
-Ugh, ¿sigues aquí?- preguntó Sae-byeok que también estaba revisando una de las mochilas de víveres que habían cargado el equipo de Gi-hun.
-Me mata tu frialdad, unnie- se quejó Ji-yeong en un puchero para ver a Cheol correr y abrazar a su hermana mayor, que también lo abrazó, y besó la coronilla de su cabeza, emocionados del reencuentro entre ambos.
-Apa- susurró Ga-yeong hacia Gi-hun que se giró a mirar a su hija que parecía querer abrazarlo, pero se contuvo.
Gi-hun se acercó a su hija para palmear su cabeza con suavidad. -Estoy bien, Ga-yeong
La niña de nueve años asintió para buscar con la mirada In-ho, sonriendo levemente antes de pedirle a su padre que se agachara. Ga-yeong susurró algo en el oído de su padre que hizo un exagerado gesto de sorpresa.
-Oficial Hwang, ¿puede acompañarme por favor?- preguntó Gi-hun fingiendo un gesto serio, a pesar de que sus expresivos ojos mostraban diversión ante lo comentado por su hija. -Sang-woo, ¿pueden encargarse tú y Jung-bae de instalar a nuestros aliados?
Como si lo hubieran invocado, Jung-bae hizo acto de presencia, sonriendo en forma amistosa, portando un delantal rosa con olanes, mientras se acercaba a saludar. ¡Oh, caritas nuevas! Hola soy Jung-bae, el mejor oppa de éste lugar luego del Oficial Hwang mayor
Jun-hee soltó una risita ante el pintoresco grupo con el que se habían cruzado, y unido desde la mañana, luego de encontrarse al asalto en un supermercado.
-Ve, hyung. Creo que te has metido en problemas con tu esposa- se burló Jun-ho en un susurro hacia su hermano.
In-ho rodeó los ojos ante la ocurrencia de su hermano menor.
Además, si alguien tenía toda la información para burlarse de él, sería Jun-ho. Sólo su medio hermano era consciente de cuán importante era Gi-hun para él.
Contrario a lo podían subestimar a Jun-ho como alguien joven e ingenuo, quien fuera también un oficial de policía, Jun-ho poseía una mente ágil. Su hermano menor pensaba rápido en toda solución ante el problema que pudiera enfrentar.
-¿Y tú con el mercenario Kim? Ve a atenderlo de su resfriado, y por favor haz que ése tonto del vendedor se calle- pidió In-ho molestando a su hermano que parecía tener un par de admiradores entre los sobrevivientes de su grupo.
Jun-ho se puso sumamente rojo para taparse el rostro con sus manos en reproche -¡Hyung!
In-ho siguió a Ga-yeong y a Gi-hun escaleras arriba, hasta el comedor donde podían ingerir sus alimentos.
-Vamos a comer, muero de hambre. Ga-yeong, a lavarse las manos- decidió Gi-hun en gesto aliviado, sujetando su cabello en una coleta baja.
-Tú también lava tus manos, apá. Estuviste afuera- se quejó la niña para ser obediente en cuidar su higiene.
-Me dijo que no comiste nada desde que me fui, ¿acaso tengo que obligarte a comer bien si no estoy?- preguntó Gi-hun con preocupación.
In-ho contempló la figura del hombre más alto y dos años mayor a él, para permitirse dar otro paso, acortando la distancia entre ambos, su mano izquierda se movió en forma autónoma atrapando la muñeca derecha de Gi-hun en un gesto de reafirmación.
-¿Qué harías si dijera que así fue? Mi tonto hermano y tú estaban allá afuera, no tengo cabeza para comer si algo les pasara- admitió In-ho en un susurro vulnerable.
Gi-hun soltó un suspiro, como si hubiera estado conteniendo el aliento. In-ho sonrió con victoria ante la reacción del hombre que había cambiado su mundo para mejor luego de haberse encontrado en ésa nueva realidad que parecía el mismo infierno sobre la tierra.
-No deberías decir eso. Tienes mucho por vivir- le pidió Gi-hun mordiendo su labio inferior esquivando la intensa mirada de In-ho que contemplaba cada detalle en su ropa, su lenguaje corporal, y hasta su rostro, confirmando que estuviera bien.
-No lo tengo-
-Mi hija Ga-yeong te tiene a ti si algo me pasa- le recordó Gi-hun para conectar sus ojos con los del Ex-oficial de policía.
Esta vez fue el turno de In-ho de contener la respiración cuando Gi-hun buscó conectar sus manos, entrelazando los dedos de ambos.
-¿No les ha dicho Sang-woo que cuide de ella?
-No es él quien ella busca cuando yo no estoy. Incluso hace dos noches ella te pidió que le contaras un cuento antes de dormir porque estaba asustada- le recordó Gi-hun con una sonrisa triste -Quisiera poder hacer más por mi hija, pero al menos ella te ve como alguien confiable
In-ho enmudeció ante esa confesión.
Pero no era todo lo que Gi-hun tenía para decirle.
-El otro día cuando cocinabamos juntos la cena, te llamó papá dos veces- recordó Gi-hun cuando había estado junto a su hija, Sae-byeok y Ali preparando algo para todos.
-¿En serio?- preguntó In-ho sonriendo ante el momento de ternura que había pasado entre padre e hija mientras él había estado ayudando a hacer guardia.
-Lo peor no fue eso, sino que Sae-byeok me dijo que yo sería la madre. Y Ga-yeong estuvo de acuerdo- confesó Gi-hun con vergüenza, antes de soltar una pequeña risa que fue contagiosa para que el oficial de policía sonriera un poco.
Esa melodía al fin había traído paz al angustiado corazón de In-ho cada vez que miraba a su hermano menor o a Gi-hun cruzar por ésa puerta en búsqueda de comida, ropa, e incluso alguna actividad de entretenimiento para los más jóvenes del grupo.
-Bueno, creo que el apodo te queda. Y tal como nuestra sociedad ha caído, no creo que haya algo malo en nosotros si estoy a tu lado- confesó In-ho acariciando con suavidad los nudillos de Gi-hun a forma de reconfortarlo.
-¿Eso significa que ya están juntos como en los mangas de unnie Ji-yeong?- preguntó Ga-yeong con voz tímida al haberse acercado sin que la escucharan.
Gi-hun coloreó su rostro en un rojo brillante, antes de dar un salto hacia atrás, separándose de In-ho que también parecía un asustado adolescente sorprendido por tomarse de la mano de quien le gustaba.
-N-nosotros no estamos haciendo nada malo- se quejó Gi-hun.
In-ho tuvo una mejor idea -¿Qué clase de libros estás hablando, Ga-yeong?- preguntó con genuino interés al creer a lo que se refería.
Seong Ga-yeong se había avergonzado de sus mejillas -Voy a traer los cubiertos- admitió en forma de ayuda, y escapar del reclamo de ambos adultos por haber leído un manga japonés del romance de dos chicos que era bastante ligera, sin embargo no era material que una niña como Ga-yeong debía leer a pesar de tener pocas formas de entretenimiento.
In-ho pensó con ternura lo mucho que Ga-yeong se parecía a su padre, mientras intentaba concentrar sus pensamientos en el ahora.
Aun podía recordar la primera vez que se habían visto en dos ocasiones diferentes.
La primera, In-ho había sido asignado apenas unas semanas atrás a ser policía de tránsito luego de haberse metido en problemas por agredir a su superior luego de la pérdida de su esposa. Además, de ser acusado por intento de soborno por su lugar de trabajo, había guardado pruebas para probar su inocencia.
Ante esa precaución que había tenido, no había sido despedido, pero si transferido a otra comisaría de policía, además de ser relevado a repartir multas, actuar como semáforo humano en caso de algún semáforo descompuesto.
Eran apenas cinco minutos antes del ingreso de varias escuelas, incluyendo un jardín de infantes cuando In-ho daba el paso a varios estudiantes.
Mientras soplaba su silbato en gesto taciturno, dando el paso a un padre y su hija de preescolar, corriendo para llegar a la escuela de ella.
Luego de haber cruzado todos los peatones, y que el oficial en turno caminara para ponerse a salvo del otro lado de la calle, la niña se había detenido en forma brusca al darse cuenta de algo.
-¡Mi zapato!- lloró la menor señalando un zapato blanco casi en medio de la calle, al haberlo abandonado como si fuera una adorable Cenicienta, que apenas habóia notado la perdida de su calzado.
-Oh no- se lamentó Gi-hun para ver con decisión a su hija y caminando a lado del oficial de tránsito para correr y recuperarlo.
El oficial Hwang notó eso, para tomar a Gi-hun por su brazo izquierdo -¿Adonde cree que va? Ya he dado el paso a los automóviles- reclamó In-ho molesto de la osadía del hombre por ponerse en peligro.
-Mi hija dejó su zapato. No puede llegar así a la escuela- pidió Gi-hun hacia el oficial, intentando soltarse de su agarre.
In-ho bufó en gesto molesto -¿Qué clase de padre es tan tonto para poner su vida por encima de un zapato olvidado?
Gi-hun le miró molesto para soltarse del agarre del policía, para ver a su hija que parecía aterrada de su descuido, abrazándose a sus piernas.
Gi-hun se sintió mal por darle una mala experiencia a su hija.
-Lo siento, cariño. Creo que ya no llegarás hoy a clase- admitió Gi-hun a modo de disculpa, acariciando la cabecita de su niña que sollozaba en forma silenciosa -Vamos a casa, ¿de acuerdo? Podemos comer algo rico con tu abuelita, y más tarde yo te ayudaré con tu tarea de hoy
Ga-yeong había asentido de mejor humor, mientras su padre le quitaba la mochila, para tenerla en su mano derecha. Gi-hun se agachó para cargar a su hija en forma de caballito, para evitar que ensuciara aún más su calcetín izquierdo.
In-ho sintió envidia ante el despistado hombre que casi perdía la vida por el zapato de su hija, y como él había perdido toda ilusión en su vida.
Mientras esperaban a que el oficial Hwang diera el pase nuevamente para regresar a casa, Gi-hun le ofreció al oficial Hwang una bolsita de golosinas que estaba sellada.
-No olvide comer bien, oficial. Gracias- pidió Gi-hun con una sonrisa agradecida, para que In-ho pidiera a los automóviles que se detuvieran, agachándose a tomar con su pañuelo, el zapato de la niña para ofrecérselo al padre.
-Cuide bien de su hija, y valore más su vida- pidió In-ho volviendo a poner un gesto de frialdad mientras hacía su trabajo.
Gi-hun asintió para marcharse a casa, ignorando como la vida los volvería a unir años después.
Cuando el brote había ocurrido, In-ho había pasado días tratando de localizar a su hermano menor por celular, antes de decidir viajar de Seúl a Busan, para rescatarlos a él y a su madre. Había tardado dos días en ir y regresar, y encontrar el hogar familiar como vacío.
Se había vuelto a quedar solo, creyendo que Jun-ho y su madre habrían sucumbido ante la misteriosa enfermedad que convertía en muertos vivientes a todo aquel que mordían.
O eso había pensado hasta que se había adentrado a una colonia, buscando algo que comer. Por desgracia, In-ho se había quedado encerrado en un automóvil en medio de una horda que parecían desesperados por atacarlo.
Lo que podrían haber parecido minutos para él fueron horas al estar encerrado en ése automóvil.
Lo que rompió la calma fue el sonido de una alarma de coche lejana, que hizo a los zombies llamar más su atención. En ése momento, In-ho aprovechó abrir la puerta del coche y escapar entre otros coches aparcados en una calle, hasta dar en un callejón.
Atrás de él escuchó movimiento, para girarse, tomando su arma en forma asustada, dispuesto a disparar.
El rostro de un hombre de su misma edad, con el cabello negro corto, y el rostro limpio de toda barba le miró asustado alzando sus manos en señal de ser inofensivo.
Detrás de él, se asomó Ga-yeong que se mostró decidida -No le haga nada a mi papá, Oficial. Él lo ayudó con el ruido de la bocina para salvarlo, rompiendo la ventana de un automóvil
In-ho bajó el arma lentamente apenado -Lo siento- pidió avergonzado de haber actuado por inercia.
-Vamos, oficial. Parece que no tiene donde quedarse, puede estar con nosotros, puedo prometerle un lugar seguro y comida- prometió Gi-hun con una pequeña sonrisa.
In-ho los siguió con precaución, antes de llegar a una casa que parecía intacta, y varios coches estaban aparcados como una barrera improvisada, tapando lo más que se viera la casa.
-Si esas cosas no te observan, dejan de moverse. Y siguen cualquier sonido o luz que les llame la atención- explicó Gi-hun mirando su arma -Cualquier ruido fuerte es como un imán. Así que tenga cuidado con disparar su arma
In-ho se quedó sorprendido de como Gi-hun parecía un hombre común y corriente, y rápidamente se había adaptado para sobrevivir.
Como había prometido, Gi-hun le ofreció un refugio por ésa noche, incluso el drenaje y las tuberías aún servían, lo que dio a In-ho la oportunidad de ducharse, así como el poder vestir ropa limpia y en buen estado.
La cena había sido un guiso de ramyeon con pollo y verduras que aún eran frescas al haberlas encontrado en el refrigerador de la casa.
En forma aun más adorable, y curiosa, Ga-yeong los había presentado ambos ante In-ho, antes de contarle cosas de ella como su material, color y comida favoritas. En comparación, In-ho había tenido que responder en forma breve cualquier pregunta que la niña hiciera.
-No me tardo, voy al baño- le dijo Gi-hun con cautela a su hija, para besar su frente. Los ojos de Gi-hun miraron a In-ho buscando algún detalle en que pudiera ser peligroso, y lo entendía.
-No pienso atacar a tu hija. Sé que el mundo parece estar de cabeza con los… zombies, pero no podría hacerte algo luego de salvarme y ofrecerme un respiro de comodidad y alimento. puedes atarme de los tobillos si eso te hace sentir mejor.
Gi-hun tenía sus reservas.
-Ve con mi papá. Yo puedo cuidar la casa- ofreció Ga-yeong en forma madura.
Gi-hun no tuvo más opción que aceptar.
Cuando llegaron al baño, In-ho esperó afuera mientras Gi-hun dejó la puerta un poco entreabierta para poder verlo y escucharlo.
Gi-hun tardó muy poco tiempo en el baño, para salir y pedirle algo con timidez.
-¿Por favor, puedes ayudarme con algo?
In-ho notó el gesto preocupado del padre soltero, para asentir, Gi-hun entró nuevamente al baño y el menor lo siguió.
Fue entonces cuando Gi-hun se llevó una mano al costado izquierdo, antes de quitarse el suéter y la playera, e In-ho notó una herida que aún sangraba en su costado.
-¿Qué te pasó?
Gi-hun se rió con tristeza y amargura -No eres el primer sobreviviente que encontramos. A veces creo que esas cosas allá afuera son más humanas que algunos humanos que quedan entre nosotros- explicó Gi-hun para buscar en su bolsillo por gasas y vendajes, para quitarse el que tenía con dolor.
-Permíteme- pidió In-ho en forma amable, para lavarse las manos antes de agacharse a retirar el vendaje, y empezar a limpiar la herida. -¿Puedo preguntar qué pasó?
Gi-hun asintió con dolor, tratando de no quejarse en voz alta -Mi madre tiene Diabetes, así que tuve que buscar hospitales para tener insulina en esta crisis. En el segundo hospital al que ingresé fui atacado por unos caminantes. Apenas había salido con vida cuando en el callejón fui emboscado por un grupo de delincuentes que me quitaron la medicina y la comida que llevaba. Intenté defenderme lo mejor que pude, uno de ellos me hizo esta herida y algunos golpes
In-ho sintió rabia hacia los sujetos que habían asaltado a Gi-hun para curarlo.
-Ahora entiendo porque desconfiabas- admitió In-ho pensando que Gi-hun podría curarse mejor con algunas puntadas.
-Sé que eres un policía por como sostienes el arma que llevas, así que no podía dejarte solo- admitió Gi-hun apretando sus nudillos ante el dolor que sentía -He intentado curarme lo mejor que he podido pero tampoco quiero que Ga-yeong se preocupe por mí.
-¿Qué pasó con tu madre?
Gi-hun contuvo el aliento para bajar la cabeza -Mi mamá me envió al día siguiente en una búsqueda de más comida, me pidió que me llevara a mi hija conmigo. Pero me pidió ya no buscar su medicina, que ya no era necesario. Cuando regresamos ella se había ido
In-ho apretó de más la presión sobre la herida, haciendo que Gi-hun se quejara de dolor -Lo lamento, me he quedado sorprendido, es todo
-Está bien- dijo Gi-hun con poca voz ante el dolor que sentía.
Después de poner el vendaje, y aplicar un poco más de presión, Gi-hun se volvió a bajar la ropa, tapando todo rastro del secreto que llevaba consigo.
-Mi mamá no me dejó a mi suerte. Creo que escapó para morir en paz- dijo Gi-hun mientras se limpiaba las manos, e In-ho esperaba su turno para hacerlo.
-¿Por qué dices eso?
El padre soltero se encogió de hombros -Me dejó una carta despidiéndose, que no soportaría que me matara por intentar salvarla. Que mejor cuidara de mí y de mi hija. Intenté buscarla pero no he dado con ella
El oficial de policía suspiró para confesar -Busco a mi medio hermano Jun-ho. Y a su madre, la segunda esposa de mi padre
Gi-hun asintió para mirarle con detenimiento -Puedes quedarte con nosotros un poco más, el tiempo que necesites. Ga-yeong se había vuelto más callada y contigo parece un pequeño ruiseñor, así que le agradas.
Y no se había ido.
A pesar de que no hubieran externado en palabras sus sentimientos, In-ho había permanecido a lado de los Seong, como si fueran parte de su familia.
Se había acostumbrado a la rutina que tenía Gi-hun en encontrar nuevos refugios, y proteger cada lugar al que se movían, tratando de no quedarse mucho tiempo en algún lugar. Ga-yeong era una niña responsable y dulce, aparentando más edad de la que tenía.
Cada noche habían empezado a hacer historias inventadas, o alguno de los tres narraba algo que recordara de algún libro o una serie.
Al poco tiempo, Ga-yeong había comenzado a buscar a In-ho como una figura paterna en pedirle un abrazo, o hacer guardia a su lado mientras Gi-hun iba a buscar víveres. En otras ocasiones, In-ho regresaba a la guarida, encontrando a ambos Seong que saltaban emocionados con su regreso.
A pesar de la tensa situación en la que se encontraban, In-ho agradecía las dulces palabras de ‘Bienvenido a casa’ que recibía de padre e hija.
Pocos días después, se habían quedado en un taller de automóviles que estaba abandonado, y hacía bastante frío, por lo que los tres habían estado juntos para brindarse calor uno al otro.
Además, Gi-hun y él empezaron a acercarse más en hablar en voz baja cuando Ga-yeong se quedaba dormida. En forma inconsciente, sus manos siempre buscaban la del otro, así como pequeños contactos entre ellos, como sentarse juntos, hasta que sus hombros se rozaran entre ellos. E In-ho a pesar de vivir aquella nueva realidad, se sentía seguro. Tenía algo por que luchar y proteger cada día.
Un mes después, se habían encontrado a dos amigos de Gi-hun: Sang-woo y Jung-bae, que acompañaban a Ali Abdul, Ji-yeong, Sae-byeok y Cheol.
A pesar de ser el grupo más numeroso, los seis nuevos integrantes veían a Gi-hun como un líder, así como a In-ho. Sang-woo al principio había parecido tratar con frialdad y desinterés a In-ho, notando la cercanía con su amigo de la infancia.
Al haberse ayudado el uno al otro buscando comida, toda rencilla había quedado atrás.
Además, había sido el primero, incluso que el mismo In-ho, en decir en voz alta los sentimientos que el ex-oficial de policía sentía claramente por Gi-hun.
Tres días después, In-ho y Jun-ho finalmente se habían reencontrado luego de encontrarse en un refugio a las afueras de Seúl. Encerrados y con gestos de hambre, habían encontrado a Hwang Jun-ho, el mercenario Kim, y un hombre que trataba de vestir en forma elegante, y que todo lo que parecía salir de su boca eran mentiras, insinuaciones, o ser más listo que los demás.
In-ho casi podría jurar que su nombre no podía ser ‘El Vendedor’ o ‘El Reclutador’. Finalmente ante la insistencia del hombre que alguna vez fuera un importante oficial de policía, el sonriente hombre guapo había admitido que su nombre era Kim Shin.
Y ahora con los nuevos sobrevivientes de ésa tarde, habían creado su pequeña comunidad de la que seguramente tendrían más oportunidades de sobrevivir entre todos.
In-ho sentía los ojos pesados con sueño durante la guardia nocturna, pero se negaba a quedarse dormido.
-Te traje algo- anunció Gi-hun acercándose con una bebida caliente en una taza, lo que hizo sonreír a In-ho ante el deja vu de que un Seong le hubiera estado llevando algo de comer ése día.
-¿No habías dicho que ibas al baño? ¿O por qué has cambiado la guardia con Ali por estar conmigo?- preguntó In-ho en forma divertida, Gi-hun resopló con los labios, golpeando su hombro en forma molesta.
-No quería que te quedaras dormido, es todo. Y aunque seas un patán, te traje un poco del botín de hoy- lo contradijo Gi-hun para sentarse en la silla a su lado, ofreciéndole un poco de leche con chocolate.
In-ho miró la bebida caliente para soltar una pequeña risa.
-¿Por qué te ríes?- preguntó Gi-hun confundido y ofendido por la reacción del ex-oficial de policía.
-Sabes, pienso que es divertido que la pequeña Ga-yeong me ha preparado un café bien cargado como a mí me gusta hace rato. Y ahora que necesito un poco de café, me traes esto?- sonrió In-ho ante la ironía del humor de los Seong.
Gi-hun se quedó pensativo ante eso para fruncir su ceja derecha ligeramente -No puedo tomar leche entera. Y tú tampoco, ¿eso que tiene de malo?
In-ho negó ante la ingenuidad de Gi-hun, acercándose a limpiar con su pulgar, la comisura de los labios con un poco de leche chocolatada.
En un gesto hipnótico, Gi-hun contempló ese gesto con las mejillas sonrojadas. In-ho notó la cercanía entre ambos, para sujetar con suavidad la barbilla del mayor.
Y finalmente se acercó a besarlo, cerrando sus ojos, queriendo disfrutar de ése momento.
Gi-hun tardó un segundo en reaccionar antes de devolver el beso, cerrando también sus ojos.
-Wow
-¿No están muy viejos para tener un momento así de romántico?
Ambos hombres se separaron al oír la voz de alguien hablarles, notando al travieso vendedor que les miraba con una sonrisa burlona.
-Cierra la boca y lárgate. Sólo sigues aquí porque mi hermano te tolera- le corrió In-ho, tapando en forma protectora la reacción de Gi-hun. Sabía que Kim Shin tenía alguna manía por sacar de sus casillas a Gi-hun, algo que In-ho tenía poca tolerancia en cualquiera que quisiera lastimar o burlarse del padre soltero.
-Sí, ya me voy. Sólo usen condones y bajen la voz. Tenemos niños en nuestra pequeña familia- les recordó Kim Shin guiñando un ojo en forma coqueta.
-Tú eres el mocoso, idiota- se quejó In-ho queriendo ponerse de pie y ponerle el alto a ese sujeto, deteniéndolo Gi-hun al sujetarlo por el brazo.
Ambos esperaron hasta que oyeron como los pasos de Kim Shin se alejaron hasta no oírse más.
-Gracias- dijo Gi-hun para explicarse más al notar el gesto confundido de In-ho -Por el beso. Hace mucho quería hacerlo, pero no quería imponerme. Ga-yeong y todos hacen bromas de que parecemos un matrimonio y yo pensé-
In-ho se había vuelto a inclinar para besar al nervioso Gi-hun.
¿Cómo había dejado pasar tanto tiempo sin darse cuenta de lo adorable que era Gi-hun estando apenado?
Sin duda, debió besarlo al menos un mes antes.
-No tienes que agradecer nada. Si quieres algo, pídelo. Yo no quería imponerme entre Ga-yeong y tú. Tenía miedo y, no vivimos precisamente en el mundo normal desde la existencia de éstas cosas- explicó In-ho con ina inusual calidez en sus palabras y su mirada -Quiero disfrutar cada día, sin saber que nos espera en éste infierno que parece un cielo si estoy contigo
Gi-hun se sintió conmovido para asentir varias veces, agitando su rebelde cabello.
-No tienes que decir nada o decidir ahora, tampoco tenemos que confesarnos-
-Por favor sal conmigo, Hwang In-ho- lo interrumpió Gi-hun en forma decidida, y con sus ojos brillando emocionados.
In-ho se rió ante esa energía en Gi-hun -Sí, acepto- admitió aliviado, tomando la mano derecha de Gi-hun y besando el dorso de la mano de lo mejor que le había pasado en mucho tiempo.
Gi-hun le miró con anhelo para acomodarse, y apoyar su cabeza contra el hombro de In-ho, disfrutando de ése momento. Pero tampoco descuidar la labor de ambos en vigilar que alguna horda atacara la comisaría mientras los demás sobrevivientes dormían en el edificio.
Si bien el mundo parecía ser algo diferente debido a las adversidades que enfrentaban, al menos ahora, In-ho había recuperado a su hermano. Ahora incluso tenía a Ga-yeong que era alguien a quien veía como su hija.
¿Y Gi-hun?
Gi-hun era todo su universo, así que los momentos en los que podían estar juntos, eran algo por lo que continúa viviendo con emoción. Y claro, con esperanza de convertir su realidad en algo maravilloso por tener un lugar al que pertenecía con aquel valiente y empático hombre correspondiendo sus sentimientos.
FIN.
