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La Bufanda

Summary:

Mualani no podía alejarse de esa maldita bufanda, y necesitaba sentirse bien, gritar a los cuatro vientos la fortuna de ser la afortunada en tenerla por un tiempo. Con esa bufanda, podía tener una pequeña parte de él junto a ella, era un consuelo que la hacía sentir especial.

[One Shot de Aether x Mualani].

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

– Me tengo que ir, ya estoy muy cansado por hoy; buenas noches, Mualani –.

– ¡Descansa bien, Aether!, ¡buenas noches! –. Ella alzó la mano y la sacudió varias veces mientras lo veía alejarse rápidamente a la posada a dormir.

Luego de salir de los vestidores, Aether se fue bastante cansado esa noche y directo a la posada del Pueblo de los Manantiales. Todo parecía haber terminado normal, habían tomado un baño en las aguas termales juntos después de hacer una fiesta con sus amigos y terminar exhausto, luego de que se hiciera medianoche.

– ¿Eh? –. Ella encontró algo detrás del vestidor que usó Aether para cambiarse, justo cuando fue a abrirlo.

Al salir de nuevo al exterior, ya no se encontraba la silueta dorada sobre el Pueblo. Era una noche tranquila, fresca que la mayoría aprovechaba para salir a dar vueltas en el pequeño pueblo, ya sea para conversar, dándose baños o vendiendo en las tiendas.

– ¿Qué hago con su bufanda ahora? –.

Podía sentir la suave y a la vez, desgastada tela alargada; pequeños mechones de cabello dorado debido a algunos cortes ya antiguos. El sudor y el tacto de Aether estaban sintiéndose en las yemas de sus dedos con deslizarlos.

Luego de contenerse con los labios abiertos, exhaló una bocanada de aire mientras sujetaba en sus manos la bufanda dejada por Aether.

– Bueno...voy a cuidársela y mañana se la doy cuando despierte –.

No había nada raro en ello, solo es cuestión de que una amiga cuide de su preciada bufanda y se la devolvería al día siguiente. Mualani no sabía porque algo estaba comenzando a hacerla temblar por dentro.

Y pensándolo bien, ¿por qué la ha usado tanto tiempo?, ¿tiene algún efecto especial que ha ocultado y por eso nunca se la quitó?; al menos en Natlan siempre la está usando.
Aquí el calor, es comparado al que debe haber en el desierto de Sumeru, aún con eso Aether parecía adaptarse a cualquier clima que se cuece.

Tocarla en sus manos, resultó demasiado increíble para la chica morena. La textura de la bufanda es muy suave, como al tirarse la manta encima para dormir.
Ella tuvo un impulso, acercándola delicadamente a sus fosas nasales y también le trajo otra reacción que abrió sus ojos.

Cuando Mualani terminó de salir del vestidor, disimulaba tranquilamente que ahora estaba usando la bufanda del viajero.

"Huele a Aether..."
Pensó totalmente reflexiva en su interior.

Poco a poco, parpadeó para acoplarse al brillo del sol filtrándose sobre el espacio abierto de la ventana.
Mualani bostezó, estirándose como un cachorro y restregándose los ojos.

Al mirar hacia el cielo, soltó un gemido dramático, esta vez perpleja.

– ¡¿Por qué dormí demasiado?! –. Poniéndose las manos en las mejillas, estaba bastante atónita por haber perdido toda la mañana.

Ayer no había hecho absolutamente nada que le cansara, y aunque ella fue a acostarse después de la medianoche, podía haber despertado a la hora habitual temprana.
Se había puesto la bufanda como novedad, entonces nada la despertó a la hora, tuvo un sueño plácido y largo, como pocas veces tuvo en estos años.

Tener la bufanda puesta para dormir tampoco le dió calor. Había algo especial que la hizo conciliar el sueño con facilidad y descansar unas buenas ocho horas; sin mencionar que antes de dormirse miró la foto que tenía con Aether, tomada después de investigar aquella Isla Misteriosa.

Gracias a Aether, estaba durmiendo más tranquila y con sueños tan lindos que le costaba recordarlos todos.

Al mirarse en el espejo del baño, cuando se limpiaba el rostro, Mualani miró la bufanda sobre su cuello.

Luego de chasquear los labios, bajó la cabeza resignada.
– Supongo que debo devolvérselo... –.

Si ya era tarde, no podía tardar tanto o podría hacer que Aether viniera a buscar explicaciones en su propia casa de porque tiene la bufanda y no había salido.
Si le dijera ladrona o acosadora por cargar su bufanda, habría perdido la gran amistad que tenían desde que llegó a Natlan, sería una pesadilla.

Pero también, algo en el fondo de la chica se negaba a querer devolver la bufanda. No podía hacerle eso a Aether, ni mucho menos que desconfíe de ella con el gran cariño que tiene.

Sin embargo, para su grata sorpresa, Aether no vino a buscar la bufanda, se había ido del Pueblo cuando la propia Mualani estuvo revisando toda la zona, por lo que ahora la bufanda estaba en posesión de la chica de cabello blanco azulado.

Cuando regresó a su tienda, se puso de brazos en los costados.
"No estoy obligada a entregárselo, así como no enterarme si la necesita en caso de que no me encuentre. Jejeje". Toda la obligación que tenía hace varios minutos se fue.

Le recordó a esos tiempos cuando iba a clases, y llegaba tarde...pero el maestro del día no iba por cualquier inconveniente, haciendo que no se sintiera mal por quedarse dormida.

Ella sonrió entre dientes, mientras agarraba con mucho aprecio la suave bufanda y la miraba con ojos brillando, soltando un chillido de alegría.
Estaba lista para aprovecharla y tenerla hasta que regrese a buscarlo, Mualani lo cuidaría con su propia vida, sin perderlo de vista porque iba a llevarlo puesto.

Al final se quedó encargándose de la tienda, el Pueblo de los Manantiales se encuentra en calma luego de que por fin Natlan entrara en una etapa de tranquilidad con la victoria de Mavuika y Aether contra el Abismo.

Lo más importante para Mualani, es que nadie se percató de quien es la bufanda nueva y desconocida que lleva.

La gente simplemente le dijo:
"¡linda bufanda!", "¡¿con este calor y andas con una bufanda puesta, muchacha?!", "¿a cuánto te salió esa bufanda?, quiero una".

Todo iba viento en popa, estaba siendo un día agradable y satisfactorio. La bufanda es cómoda, agradable, suave, un olor tan acogedor que venía de Aether.

Algunas veces, bajaba la nariz y volvía a inhalar el aroma que le sacaba una sonrisa tonta, con un gemido de ternura y sonrojos en la cara. Si alguien la viera haciendo esto, no sabía que podrían pensar.

En medio de sus momentos tan apegada a la bufanda de Aether, no notó al tío Aau apoyado sobre la tabla de la tienda, observador por las actitudes de Mualani. Cuando su sobrina movió el rostro alrededor para saber si no estaban viéndola, se llevó una sorpresa de que estuviera allí parado.

Ella se quitó las manos de la bufanda y las puso detrás de la espalda.
– ¡¿Ah?!, ¡h-hola tío Aau!, no avisaste que vendrías –. Habló en tono nervioso, riendo ligeramente y volteando el rostro.

– ¿Tienes tanto dinero como para ponerte a comprarte ropa?, ¿o estás buscando impresionar a alguien? –. Las preguntas caían como témpanos pesados sobre ella, quien necesitaba pensar en una respuesta que no lo haga dudar ante la expresión de sospecha y pícara de su tío.

Si le decía que esto es de Aether, argumentando no haberlo devuelto porque se fue, probablemente le obligaría a que se mueva para llevárselo. Por eso, Mualani pensó en una respuesta diferente que creía que era inteligente.

– ¡M-Me lo obsequió Aether...como recuerdo! –.
Declaró con orgullo, dejando un momento de silencio mientras su tío se quedaba mirándola en busca de alguna falencia en su máscara.

Luego de una sospecha de miradas, el hombre se relajó.
– Vaya, ustedes dos realmente se llevan tan bien para que te haya dado un bonito regalo –.

– ¡N-No malinterpretes su gesto! –. Ella escondió las mejillas sobre la bufanda que sentía el calor, mirando a Aau entrecerrando los ojos.
– ¡No tiene nada de raro que un chico me regale algo!, tú has visto a varios niños en el pueblo dándome cosas que encuentran y Kachina también me regala piedras –.

– Si es el primer chico que te regala algo como una bufanda, es porque tal vez eres especial para él –.

Mualani parpadeó varias veces, poniéndose a dejar entrar la idea que le había dado. Las palabras de Aau estaban relacionadas con su respuesta falsa, pero la imaginación de Mualani se fue pensando en esa posibilidad de que alguna vez...el viajero le regalara un obsequio especial a ella.

Definitivamente Aau malinterpretó todo su testimonio, pero pensar en la posibilidad de que Aether fuese tan gentil de darle algo importante y considerarla especial, haría volar por las nubes a Mualani.

Ella se calló y reflexionó, cargaba una sonrisa enamorada mirando a la nada, su tío se fue lentamente para no molestarla. Nunca la había visto con ese extra de ánimo, felicidad y energía hasta que el viajero llegó al Pueblo de los Manantiales.

Para reponer piezas y repuestos que necesite para la tienda, Mualani siempre acudía a los Retoños Arbóreos.

La bufanda no le dió calor, incluso si le hiciera sentir más acalorada no se lo iba a quitar, para ella servía como una muestra de su posición con Aether ante los demás.

La mentira ya estaba estirándose un poco, pero mientras no pasara nada...no tenía porqué decir la verdad. Así que quería seguir agarrando la idea, de que el viajero le dió esta bufanda, mientras la llevaba puesta.

Una mezcla de orgullo, emoción y algo de vergüenza la enrollaba por dentro. Con más razón, quería alardear de tenerla puesta.

Visualmente no se percibía demasiado mientras avanzaba por la tribu, pero al observarla fijamente con detalle si se apreciaba la prenda que cargaba.
Kinich fue quien lo notó, mientras ella se acercaba a saludarlo, Ahau también estaba vagando libremente y se giró al notar que su compañero miraba a la chica un poco extraño.

– ¿Cómo están las cosas? –.

– Bien, todos estamos trabajando como un reino de hormiguitas. Lento y sin prisa; parecen disfrutar y saborear la victoria contra el Abismo, incluso con todas las bajas –.
El pelinegro no le prestó atención, fijándose en los detalles que decoraban la bufanda de Mualani.

– Si ustedes necesitan una mano, avísenos para ir a ayudar en cualquier cosa –. Él solo hizo un movimiento con los ojos para contestarle a la cara, antes de seguir fijándose en la bufanda descaradamente.

– ¡No te preocupes Kinich!, ya todas las tribus están bien después de la invasión!; ahora las cosas para Natlan solo pueden ir a mejor después de conseguir la victoria en la guerra, juntos. La gente que dió su vida por esto seguro es lo que querría –.

Mientras Kinich ponía la mano en la barbilla, la miró directamente a los ojos después de darle un vistazo más preciso a su cuello y tener una idea de donde había visto la bufanda.

– ¿Estás bien?, me parece raro que estés cargando una bufanda con este sol –. Kinich estaba más confundido que preocupado, sacando la primera pregunta.

Rápidamente se le puso una sonrisa entre risas a Mualani, quien cruzó los brazos para poder explicar porque lleva una bufanda encima.

– ¡Estoy perfectamente bien!, ¡de hecho, diría que me siento aún mejor de lo normal con este regalo! –. Habló bastante alto, mirando al cielo colorido.

Kinich se calló, pero Ahau si replicó metiéndose en la conversación.

– ¡Uy si!, ¡a mí me daban mejores regalos cuando no estaba con este niño Ben 10!, esa cosa parece algo que solo te regalaría un chico –. Saliendo de egocéntrico, el pequeño dragón lanzó sus palabras que Mualani respondería hinchando el pecho.

– Porque Aether no le regalaría algo a cualquiera, ¡hmm! –. Mualani bajó la cabeza para apegarse más a su bufanda, sonriendo orgullosamente sonrojada.

– Es verdad...esa es la bufanda de Aether –. Habló en voz pensativa Kinich. ¿Se trataba de la misma bufanda o Aether le dió otra?, porque la que tenía parecía estar usada.

– Si ese es el caso...ustedes dos realmente lo han pasado muy bien para que tengas que ocultar sus marcas en tu cuello, ¿no es así?...jejeje –. Ahau sonrió burlonamente señalando a la chica, para Mualani resultaron en palabras inesperadas.

Ella abrió los ojos al entender su mensaje y se sobresaltó, sonrojándose inmediatamente.

– ¡¿QUÉ?! –.

Esta idea de Ahau, realmente podía malinterpretar porque usaba la bufanda encima en un día caluroso. Así como el tío pensó que realmente le había regalado la bufanda, ahora el dragón de Kinich insinuaba que habían ido a una situación íntima mucho más allá. Pensarlo solo dejaba colorada a Mualani.

– ¡OHOHO!, ¡¿acaso lo adiviné?! –. Ahau no dejó de burlarse de ella frente a su rostro, debido a los nervios que tenía Mualani de pensar en el escenario y obligarla a retroceder temblorosamente.

– No le hagas caso, Mualani –. Kinich miró al dragón riéndose por su broma, sin mostrar expresión alguna, más que indiferencia.

– ¡¿Y por qué mejor no nos explicas cuál es la razón de que te lo diera?!, acaso...¿están saliendo? –. Ahau seguía metiéndole ideas en la cabeza, causándole latidos acelerados ante sus acusaciones que volaban sobre los pensamientos de Mualani.

– ¡CALLATE, AHAU!, ¡NO TE INCUMBE! –.

– ¡NO!, ¡¿POR QUE DEBERIA HACERLO?!, ¡¿QUIERES DECIRLE TÚ MISMA A NATLAN QUE ERES PROPIEDAD DE AETHER Y POR ESO USAS ESA BUFANDA?! ¡JAJAJAJA! –.

Mualani tuvo que salir corriendo cuando el dragón se puso a gritar ante toda la tribu que ella está enamorada de Aether, en complicidad de Kinich que no lo detuvo y simplemente se quedó observando.

Para poder olvidarse de ese momento humillante y vergonzoso que no quería recordar ni en su muerte, fue a buscar a su pequeña amiga de los Vástagos.

Kachina se mostró impactada y abrió los ojos cuando vió aquella prenda sobre el cuello de la morena. M

Incluso, sabía a quien le pertenece porque la ha visto encima de otra persona. Le pareció extraño, por lo que le señaló la bufanda mientras hablaba.

– ¡Mualani!, ¿dónde sacaste eso? –.

Al notar su atención a la bufanda, rápidamente Mualani se recompuso luego de un poco de nervios, aclarándose la garganta antes de soltar una respuesta orgullosa.

– Fufufu, ¡si te cuento la verdad te pondrías celosa! –. Exhalaba llena de soberbia, dándole más intriga a Kachina quien se acercó hasta quedarse alzando la cabeza muy curiosa.

– Bueno, Aether me pidió que cuidara su bufanda. Así que me la prestó antes de ir a Inazuma. No te sientas mal, pero soy la persona de Natlan en quien mas confía Aether en este momento –.

– ¡¿Eh?!, ¡¿en serio?!; jooo, que suerte. Espero llegar a superarte y demostrar que puede confiar en mi, si alguna vez necesita que cuide de algo –. Los celos sanos y adorables de Kachina, hicieron reír a Mualani.

– Vas a tener que esforzarte mucho y crecer para quitarme ese puesto de privilegio –. Soltó una última carcajada adorable, dándole palmadas en la cabeza sin quitarle la ilusión a la pequeña Kachina.

Mualani no pensó que regar y presumir de cargar la bufanda de Aether, sería contraproducente más adelante, ella no veía ningún problema, incluso se sentía bien hacerles saber a todos que es un confidente único y especial del viajero. Aunque realmente solo está con la bufanda porque él se la dejó en el Pueblo.

Este alarde ya le ha costado muchos malentendidos, pero le da absolutamente igual.

Así puede seguir argumentando su atención hacia el viajero, evitando tener que enfrentar en el sentimiento de Aether a otras chicas peligrosas. Cómo Xilonen, Chasca o Citlali. Sin olvidar a la Arconte Pyro.

Justamente, una de sus potenciales rivales que es habitante de los Vástagos había llegado luego de estar fuera. Mualani tuvo una idea, dejando a Kachina para tener una pequeña conversación con Xilonen.

– ¡Hola, hola! –. Dijo bastante animada, escondiendo sus malvadas intenciones detrás.

– Ah, hola Mualani. Si viniste para aceptar colaborar con nosotros para capturar las flogistabejas de Ororon, pero ya casi terminamos el trabajo. Aether fue muy amable de ayudarme estas horas a buscarlas por las tribus –.

Sin querer, Xilonen le dió un golpe crítico a Mualani quien no tuvo tiempo de enseñarle la bufanda y palideció congelada con la boca abierta. Xilonen no tenía idea de que la consideraba un peligro capaz de robarse al viajero, hablando sinceramente; para ojos de la guía, significaba una amenaza ahora con estas declaraciones alardeando de haber estado con él.

Sonrió forzadamente para no romper su movimiento, con un tic nervioso mientras cerraba los ojos.

– Que bueno...jeje. Es demasiado amable para detenerlo –. Habló con resentimiento, mientras los celos sobresalían encima de su cabeza.

– ¿Quieres forjar algo?, ¿qué necesitas? –.

Ella se sacudió la cabeza, retornando a la normalidad mientras intentaba ignorar sus celos respecto a Xilonen.

Finalmente, antes de revelarlo por su propia cuenta, la mujer de cabello rubio se adelantó.

– Oye Mualani, ¿dónde conseguiste la bufanda?, se ve muy linda –. Mostró un interés propio por conseguir una del mismo estilo, aunque en el fondo resulte extraño ver a la chica del Pueblo de los Manantiales, usando una bufanda en Natlan.

– Bueno, Aether me la regaló, fufu –. Sonrió con un sonrojo de emoción, mientras la sostenía entre sus manos.

Xilonen se veía sorprendida al abrir un poco los ojos, asintiendo lentamente mientras muchas preguntas corrían en su cabeza. Cuando tenga tiempo después de la cacería de los flogistabejas, iba a contarle sus dudas al mismo viajero.

A ella no le importa, más bien parecía que Mualani estaba más alegre y enérgica de lo usual. Esas sospechas sobre lo que pudiera sentir, no las revelaría para evitar problemas, pero si que le daría un toque de atención a Aether.

– Me alegro por tí. En Natlan nadie tiene una así, y estoy segura que es única en Teyvat –. Xilonen al contrario de lo que pudiera pensar Mualani, la apoyó totalmente.

Para la chica de cabello pálido y azulado, es suficiente el mostrarle a todos que tenía la bufanda de Aether. Como la reacción de Xilonen no fue una de agresividad, enseñando algún celo, no quiso lanzar más picante a la sartén.

La guía parecía estar en las nubes desde que cargaba la bufanda. Ella sonreía, de orgullo, pero con una emoción en su interior que calentaba su corazón, abrazando la bufanda como si estuviera abrazando al propio Aether.

Esa misma tarde, la forjadora más reconocida de Natlan, después de cumplir con la cacería del día y resolver el asunto de las flogistoabejas de Ororon con la ayuda de Aether, aprovechó para comentarle el asunto antes de que se le olvidara.

– Te quería preguntar, si no es mucha molestia...¿crees que también puedas regalarme una bufanda como la tuya? –.

– ¿A-Ah? –. Un poco sonrojado e incrédulo, Aether volteó hacia ella de golpe.

Que esta mujer le hiciera una propuesta ahora, resultó inesperado y lo dejaba sin palabras. ¿Por qué está preguntando eso?, solo había una bufanda sin más. No había nada especial detrás, ni tampoco las produce en masa para estar regalando, estaba muy confundido por el comentario de Xilonen.

_ ¿Por qué crees que regalo bufandas? –. Aether ladeó la cabeza, pareciendo un tepletisaurio confundido.

– Mmm, Mualani me dijo que le regalaste una bufanda. A menos que le dieras la tuya –.

El rubio parpadeó unas veces, atónito. Se pasó las manos, sintiendo que faltaba algo en su cuello y notaba un poco de calor que antes no había en su piel.
Xilonen también se había dado cuenta antes, pero pensó que este se la quitó por el calor.

– Espera...¿no tengo mi bufanda puesta? –. Luego de que Xilonen negara, al no sentirla encima suyo, este comenzó a ponerse molesto.

– ¡PAIMON!, ¡¿NO SE SUPONE QUE RECOGISTE MI BUFANDA ANTES DE SALIR DEL PUEBLO DE LOS MANANTIALES?! –.

Paimon apareció abriendo los ojos como huevos, incapaz de excusarse ante el viajero con llamas en sus iris dorados.

– Jeje, bueno...mira el lado positivo, volverás a ver a Mualani, ¡jaja! –. No le hizo ninguna gracia a Aether, al ver la expresión incómoda de su compañera golpeándose los dedos.

Xilonen entendió por fin lo que había pasado.

– Aether, cálmate. La bufanda está en buenas manos...o en un buen cuello, para ser exactos –. Ella quería contarle que no se preocupara en correr por la bufanda, dándole una palmada sobre el hombro.

– Mualani la está cuidando y puedo decirte, que se encuentra en el estado que la dejaste –.

– ¿De verdad?, es un alivio –. Él sonrió, suspirando ligeramente.

– Pensé que le habías regalado la bufanda genuinamente como ella me dijo. No la había visto así de alegre antes cuando me lo dijo con tanta emoción, como si hubiera ansiado decírmelo –.

Aether arqueó una ceja, luciendo sorprendido.

– Y...¿ella te dijo algo más de por qué se la di? –.

– Escuché que le dijo a Kachina que es porque eres en quien mas confía en Natlan. Estaba con una cara orgullosa, muy feliz y iluminada. Pero estaba muy precavida, sabiendo que llevaba tu bufanda –.

Él escuchó en silencio, riéndose un poco atónito y sonriendo ligeramente atontado al final. Tenía curiosidad por ver las formas de actuar de la chica del Pueblo de los Manantiales en este momento.

Mualani todavía no estaba satisfecha de enseñar la bufanda de Aether y cargarla delante de toda la población femenina de Natlan.
El mayor enemigo que tenía, no eran Mavuika, Chasca o Xilonen.

Ella pasó por delante de las dos primeras que salían de la Cámara Asamblearia, sin hacer ninguna insinuación como con Xilonen. Solo les saludó con una sonrisa entre dientes burlona, y siguió de largo fuera de la Cámara Asamblearia.

Mavuika volteó totalmente confusa, mientras Chasca arqueó una ceja. Las dos se quedaron en silencio, inclinaron los hombros y terminaron de hablar de asuntos sobre la tribu Plumaflora.

Faltaba la abuela Citlali, la única que todavía se ha librado de su visita. Ella realmente está persiguiendo al viajero como un perro.

¿Quien no sabía a día de hoy que estaba enamorada de Aether?, solo ella sigue tratando de disimular que no había nada raro, es increíble que considerara a los demás unos brutos solo porque no les interesa lo que hace o no hace.

Los más conscientes eran las mismas chicas, la Arconte, Chasca, Xilonen y la misma Mualani. Cuando se reunieron en la Arena, para entregarle la Crónica del Peregrinaje a Aether con las opiniones de cada uno de sus amigos.

Mualani estuvo ahí, presente para decir la verdad de sus pensamientos sobre Aether, y escuchando todos los sentimientos que derramó Citlali. Igual que las demás, siendo más discretas y comedidas a diferencia de todo lo que dijo Citlali ese día sin la presencia de Aether cerca.

La alegría y satisfacción de reírse de la abuela delante de sus ojos, es algo que Mualani necesitaba experimentar para terminar de imponer su territorio con Aether.

Ya solo había un último lugar donde podía estar, el más probable y seguro donde la encontraría. La noche de baja temperatura, entre las estrellas, sería un espectador de lujo mientras llegaba a la Arena Sacrofuego.

Por el camino, saludó llena de entusiasmo y energía a todos, lentamente estaba sintiéndose más segura de que estaría allí aplastada en una mesa con una jarra en mano.

Si le enseñaba la bufanda, el enemigo más fuerte en su guerra por Aether se habría retirado seguramente si la hundía en el corazón.

No tenía nada en contra de Citlali, tampoco lo hace por maldad, sino por asegurarse la ventaja en cercanía con el chico de cabello dorado.

Con toda la emoción por dentro, abrió las puertas de la taberna de un portazo con sus manos.
Nadie se alteró por ello, solo hubo algunas miradas y después le quitaron el ojo cuando reconocieron a la chica del Pueblo de los Manantiales.

Alguien se encontraba sentado en una de las mesas, tomándose su sexta ronda sin ninguna perturbación de sus movimientos. Ante el sonido estruendoso desde la entrada, bajó la jarra de madera sin hacer ruido y de una forma limpia pero silenciosa.

Chasqueó los labios mientras saboreaba el sabor de su cerveza.

Los pasos que vinieron se trataban de la chica que golpeó la puerta. El sentido auditivo de la mujer de cabello rosa reconocía las zuelas que se acercaron hacia su posición, debido a los años y la sensibilidad adquirida.
Hasta podía leer intenciones detrás de cada paso de Mualani, causándole precaución y fastidio.

Cuando ya la morena de cabello blanco estaba parada al lado, Citlali volvió a pegar los labios en su jarra, con ojos cerrados.q

– ¡Buenas noches!, ¿hay espacio para alguien más aquí?; con amigos en la misma mesa, se hace más agradable el beber –. Mualani tenía un tono bastante animado, reprimiendo con sus fuerzas el deseo de burlarse de Citlali y esa emoción de enseñarle la bufanda.

"Tienes mesas de sobra para sentarte, ¿y lo mejor que se te ocurrió fue buscar el mejor asiento para tratar de molestarme?". Las venas se marcaron en el rostro de Citlali. Hasta apretó la jarra que podía romperla, viéndose como le temblaba en su mano.

– Solo siéntate, Mualani. Y pagas tu cerveza, porque yo no invito –. Respondió contundente, sin alargarse demasiado Citlali.

– Claro. Solo invitas a Aether, pero como no bebe alcohol, siempre terminas tomándote su parte –.
Esas palabras tenían un golpe indirecto de efecto, Mualani siguió expresándose con alegría y se sentó.

La mujer de cabello rosa estuvo callada hasta en sus pensamientos, dejando pasar la pelota que la joven lanzaba a propósito para enfadarla.

Citlali estaba consciente de que Mualani solo vino en busca de molestarla. Solo ellas dos habían mostrado interés evidente en quedarse con el mismo chico.

La mujer que le dejó unas copias de la llave de casa, y la joven que mostraba público su cariño infinito a quien declaró en la Crónica del Peregrinaje: "¡Ser su amigo me hace muy afortunada!". Sabían que ambas tenían el mismo sentimiento de anhelo por él, escondiéndolo estrepitosamente sin éxito. Solo el inocente rubio todavía no lo captaba.

Inesperadamente, un mal presentimiento comenzó a llegarle a las personas pasando la hora en la taberna. El epicentro, venía de la mesa donde Mualani y Citlali compartían asiento.

La chamán habría querido millones de veces emborracharse sola. Podía prenderse en una discusión y sacar muchos pensamientos que no revelaba en público, sobre quiénes estuvieran detrás de su interés amoroso.

Mientras evitaba mirar a la morena y ganarse un disgusto, Mualani quería tomar. Disfrutar de este momento, mientras hacía sufrir al rival más insistente en acercarse a Aether.

A su vez, estaba siendo cuidadosa. Tenía la bufanda encima, sin embargo, Citlali seguía evitando mirarla al frente para darse cuenta.

Enfatizando con enojo y precaución, levantó un dedo.
– Más vale que no escupas al hablar o dejes caer una gota de tu jarra, Citlali. Estoy siendo muy limpia mientras tomo –. Dicho esto, Mualani bebió hasta el fondo de su tercera jarra de cerveza.

Se escuchó el chasquido exasperado de la abu, quien después de ponerse la mano en el rostro un momento y dejar la jarra descansando en la mesa, giró los ojos hacia Mualani.
– ¿Me estás diciendo cochina?, ¿por qué de repente–.

La respiración se le atragantó, inhalando inconscientemente boquiabierta y con los ojos abiertos hacia donde quería que viera Mualani. Una sonrisa malvada, mostrando los dientes, determinó que todo fue parte de la trampa de la chica del Pueblo de los Manantiales.

Costó, pero por fin Citlali picó en la zanahoria.
El horror y la envidia, trajo consigo un rostro de la mujer de cabello rosa apretando los dientes como león del bosque de Sumeru.

– ¡Otra ronda por favor! –.
Después de hacer el llamado, Mualani señaló la bufanda, a sabiendas de que Citlali también querría tener cuidado de arruinar esa pobre prenda, si quería ponerle las manos encima a la morena.

Cuando volvieron a estar solas, Mualani fue sujetada con fuerza del brazo por unos ojos azules totalmente blancos capaces de aterrar a toda la tribu de los Augures Vientonocturno.

– ¿Quieres que te dé una lección, no?, ¿te crees especial por cargar la bufanda de Aether? –. Habló en un tono frío, que solo llegó hacia Mualani.
– ¿Qué harás al respecto?, jeje –. Respondió, provocando aún más a la abuela.

Las dos estaban llegando muy lejos. El alcohol también ayudó a alborotar sus sentidos. Celos, desagrado, enojo, deseos juguetones de molestar a la otra; a este punto, esto se volvió un duelo de borrachas alardeando quien es más cercana a Aether.

– ¿No te preocupa que tengan tu bufanda? –.
La compañera flotante de cabello blanco, todavía le asustaba que él siguiera molesto hasta no tener su prenda de nuevo encima.

– No voy a correr a buscarla si la tiene Mualani. Cuando la encontremos de nuevo podemos resolver eso facilito. Además aún nos queda ver una tribu de Natlan, Paimon; no tengo por qué buscarla ahora sí todavía falta medio año para ir a Snezhnaya. Allí si necesitaremos estar abrigados –.

La iracundia de Aether se disipó con el paso de las horas. El trabajo de cazar las flogistoabejas le trajo mucha hambre, así que hoy tenía una excusa para pedirse un buen banquete con Paimon en la taberna.

Tal vez allí encuentre un tema de conversación mientras pasaba la noche cenando, pensó el viajero.

– ¿Crees que aquí haya alguien capaz de comer más que la propia Mavuika? –. Sacando el tema, mientras transitaban por la Arena con calma, Aether miró de reojo a Paimon con la mano en la barbilla.
– En Natlan, Paimon no lo cree. Y en Teyvat...solo Paimon puede estar orgullosa...¡de ser capaz de igualar a una Arconte en algo! –. Ella aplaudió y alzó los brazos muy adorable.

Los dos tenían harta hambre después de fajarse unas horas dando vueltas en la nación hasta el anochecer, que se dormirían muy tarde con la comida que pensaban ordenar.

Algo muy increíble tendría que pasar, capaz de distraerlos de sus instintos primitivos de supervivencia y dejar a un lado llenar sus estómagos.

Las expresiones de relajación y ansias por sentarse a pedir, desaparecieron en cuestión de un parpadeo. Perplejidad, confusión y sorpresa aparecieron en las caras de Aether y Paimon. Habían ignorado el bullicio dentro de la taberna, llegando a considerar que es cosa de la música.

La realidad resultó más cómica y increíble. Había un círculo de gente alrededor de una mesa, mientras la gente alentaba, vitoreaba o se atemorizaba. Estaban en presencia de un duelo particular, escuchándose clamores como: "¡Bebe, bebe más!", ¡Mualani, Mualani, Mualani!", "¡Dele wela, no le puede ganar una niña!".

El viajero se acercó en medio del bullicio, hacia la barra para preguntar a la encargada de las bebidas.

– ¿Hay alguna competencia en particular? –.

– ¡Oh!, ¡e-eres tú! –. La mujer joven parpadeó cuando su voz se filtró en medio del escenario de emoción que compartían los presentes a unos metros de distancia.
– Bueno...Citlali retó a Mualani a un duelo de resistencia. Ya sabes, el que no pueda beber más, pierde –. Mientras limpiaba la barra, ella le dió una breve explicación ignorando el duelo.

Aether fue el único que tampoco le prestó atención, porque tenía hambre. Paimon si había ido a echar un ojo, y estaba perpleja pero incapaz de decir algo, divirtiéndose con la tensión del duelo de resistencia.

– ¿Y por qué tanta atención? –.

– Ah, ya sabes. Así es la gente de Natlan. Eso...y que la recompensa de la ganadora, es devolverte la bufanda con una disculpa –.
La mujer terminó de limpiar, dejando congelado al rubio y yendo a buscar algo en la sala de atrás. Ella dejó la bufanda sobre la barra limpia, estaba en el mismo estado hasta el momento que él la tenía puesta, la última vez.

El golpe seco y los gritos de emoción alborotaron toda la taberna. Aether salió de sus pensamientos abruptamente, llevándolo a ver qué había pasado; mucha gente se encontraba divertida, hablando entre sí por cómo terminó.

Al acercarse al centro de la mesa donde se llevaba el duelo, un berrinche agudo, infantil y con una voz que resultaba familiar llegó a sus oídos.

– ¡ÑOOOOO, ÑO ESH JHUSTOOOO! –.
Tirada, incapaz de levantarse y jalando las mangas moradas de la ropa de quien la había vencido, Mualani lloraba totalmente ebria con mucha fuerza.

– ¡No me hablesh con eshe tonito de piel, jovenshita!, ¡te gané jushta y limpiamente! –.
La chamán, hundió un dedo en la frente de la morena, mientras cargaba ojos de calavera por el berrinche y la forma de Mualani en desconocer el resultado del duelo.

Primera vez que Aether veía a sus dos amigas borrachas en estado puro.

Las siguientes palabras, abrirían un nudo en la boca del estómago al viajero y lo dejarían emocionado de la ternura.

– ¡Pero yo cuidé su bufanda todo este tiempo!, ¡nunca se la robé y tampoco me importa si se la tengo que devolver! –. Mualani cerró los ojos y golpeó el suelo con fuerza, pareciendo genuinamente diciendo la verdad a pesar de estar borracha.

Y es que, a diferencia de las anteriores cosas que parloteó durante el día, esta si es totalmente cierta.

– Claaaro...¿entonces por qué no repites delante de todos, qué eres la persona en quien más confianza tiene Aether?, ¿o por qué no les dices qué él te había dado su bufanda para cuidarla? –. Citlali es inmune a la borrachera. Estaba en su territorio, Mualani había caído inocentemente por propio riesgo.

Citlali tenía un tic en uno de sus ojos, puso las manos a los costados apretando los dientes en una sonrisa forzada, mezclada de molestia y disgusto hacia la morena que estaba en el suelo, incapaz de ponerse de pie.

– Admítelo. Lo único que has hecho desde que tienes esa bufanda es pavonearte, ¡porque eres incapaz de encontrar un argumento sólido para que alguien piense que Aether confiaría tanto en tí! –.
Las palabras habían caído como si hubiese un golpe físico, haciendo estremecer y temblar la expresión de Mualani, volviéndose más roja por la vergüenza.

– Tal vez porque vives en tú mundo de optimismo, déjame decirte...¡ÉL NUNCA CONFIARÍA NI SE ENAMORARÍA DE UNA MENTIROSA COMO TÚ, MUALANI! –.
La embriaguez al que llegó, había conseguido que finalmente explotara de alguna manera.

Había descargado algo que sentía desde dentro, llegando a pegar un grito considerable sin dejar de señalarla y regañarla.

Un sentimiento opresivo cayó en el pecho de la peliblanca, girando los ojos ante las miradas que recibía de todos, incluso allí estaba Aether.

Fue precisamente aquí, cuando sintió que había llevado lejos sus fantasías.
Citlali la expuso, sin mala intención, pero el daño dentro de ella ya estaba hecho.

Antes de bajar la mirada y sentir un chispazo de sobriedad, sus ojos con forma de peces se iluminaron vidriosos. Un gemido de sollozo se escuchó en su garganta, pero ya se había puesto de pie en un salto tambaleante.

– Yo...no quería...l-lo siento... –. El tono de vergüenza y tristeza cayó, todos se dieron cuenta de lo afectada que estaba, por la presencia de Aether y las palabras de Citlali.

Corrió con dificultad a gran velocidad, saliendo de la taberna para dejar un silencio incómodo.
No fue hasta que la mujer de los Augures Vientonocturno se volteó, para ver al viajero impactado y en shock por el momento.

"Ay, creo que me dejé llevar por la bufanda". Citlali se quería matar por dentro, sintiéndose inmediatamente culpable y pálida, con sus ojos abiertos.

Mientras Citlali tragaba pesadamente, apretando los labios con los ojos hacia abajo, a sabiendas de que su "regaño" a Mualani solo la hundió, y más aún que el viajero las había encontrado peleando.

– N-No tienes que decir nada...solo quería que dejara de mentir, pero tome en exceso porque me retó –.

– Está bien, creo que tienes razón, Citlali. No estoy molesto contigo; yo no le dí la bufanda...p-pero tal vez pudiste haber evitado decirle lo demás –.

La imagen de la tímida y destrozada Mualani jamás pensó que la vería jamás. Siempre siendo una chica feliz, divertida y cariñosa.

Esto no es culpa de Citlali, ni de Mualani. Aether se preguntaba cómo la bufanda pudo haber provocado esto.

Luego de darle una palmada y tranquilizarla, se dirigió a la barra donde la bufanda estaba intacta.
La agarró con cuidado, mirándola reflexivamente.

– Paimon, si quieres ve pidiendo tu comida. Todavía necesito hacer algo urgente, seguro que puedes intuirlo –.

Probablemente la borrachera había sacado sus lados más emocionales, que siempre escondía sus tristezas.

Mualani no recordaba cuando fue la última vez que lloró.

"E-Esto es ridículo, ¿por qué no puedo parar?". Se dijo en su interior, tomándose la cabeza mientras sollozaba incapaz de calmarse.

Se puso las manos en la cabeza, bajando la mirada para dejar que sus lágrimas cayeran.

¿Le dolía que se mintiera a si misma, con tal de sentirse superior a las demás?, ¿qué Citlali le ganara el duelo de bebidas que la misma Mualani propuso?, ¿haber sido humillada delante de la gente de la taberna?

No, la realidad es que tenía miedo. Citlali dijo todo lo que ella había puesto en su boca horas antes. Ahora que Aether lo sabe, ¿qué pensará de Mualani?

Mualani no quería saberlo. Su corazón se quebraba, seguramente esto podía cambiar las cosas entre ellos de forma muy radical, por su culpa. Si Aether dejaba de venir al pueblo, perdía cualquier confianza que tuviera con Mualani, rompiera la amistad tan invaluable que ella abrazó por más insuficiente que pareciera en su interior.

La varicia realmente rompió el saco.

Lo amaba tanto que el juego puede acabar rompiendo cualquier posibilidad, si es que la hubiese, para dejar de considerar una fortuna su amistad y pasar a ser algo más.

Si Aether la viera así, seguramente pensará que sigue mintiendo y está tratando de hacer quedar mal a Citlali. No podía evitarlo.
Eran llantos silenciosos, lentos, pero que no paraban.

La bufanda de Aether la volvió loca. Por querer tener algo de él, se había comportado de forma ortodoxa.

– Si ahora ya no me quiere hablar...s-supongo que me lo m-merezco –.

Mualani había escalado a las plantas superiores de la Arena, por encima de la misma estructura después de salir corriendo de la taberna y llegar al exterior. La brisa congelaba sus lágrimas, haciendo que se abrazara las rodillas pegadas a su cabeza.

Por mucho que tratara de esconderse y corriera, él no iba a dejarla así.
Debió haberlo sabido. El viajero escaló sin problemas, en silencio, mirando la postura abatida que escondía la morena mientras lloraba a solas, un poco más desahogada al pensar que nadie la vería aquí arriba.

Mualani quería estar sola, no sé percató de la presencia de Aether al encontrar el lugar para llorar sin que nadie la viera. ¿Qué pensaría Natlan si vieran a la alegre y siempre relajada joven estar así, solo por unas palabras que no decían ninguna mentira?

Cuidadosamente, él se arrastró para sentarse a su lado. Aether tenía una pequeña sonrisa, también con algo de ternura, y puso su mano con suavidad en la cabeza de la chica.

Tuvo que reprimir una risa de ternura, cuando vió un ojo atónito de Mualani asomarse totalmente tembloroso y vidrioso.
Usó su mano, para acariciarle el cabello. Ambos estuvieron en silencio, Mualani congelada sin entender porque la expresión tan suave y comprensiva en los ojos dorados de Aether, sonriendo tranquilo.

– No recuerdo haberte visto antes tomar tanto. Parece que mi bufanda te puso de muy buen humor, me alegra saber eso –. Este sonrió ampliamente, sin esconder alguna reprimenda o sarcasmo detrás de su respuesta.

– P-Perdóname...de verdad, quería devolvertela cuando volvieras –. Mualani escondió el rostro llena de vergüenza, parando sus sollozos.

Ya no lo hacía para intentar buscar perdón, darle una explicación es lo mínimo que le queda.

– Yo...me la llevé cuando la dejaste anoche en la tribu. M-Me quedé dormida, y no pude dártela como pensaba hacer en la mañana, porque ya te habías ido –.
Contarle con lujo de detalles el porque se quedó dormida, no pudo salir de los labios de Mualani, pero lo pensó y eso la sonrojó furiosamente.

Sin embargo, tal vez Aether podía intuirlo muy sencillo.

– Gracias por cuidarla, junto con los demás. Es algo que me había hecho mi hermana –. Aether fue honesto, dándole unas palmadas en la cabeza.

– Es lo menos que podía hacer por tí... –.

El rubio levantó la cabeza, mirando al cielo totalmente relajado y llevando con cuidado el tema. No quería lanzar preguntas tan directas, viendo el estado vulnerable y inestable que la chica tenía, seguramente en parte por todo lo que tomó.

– No estaba apresurado en recogerla. Confío en todos aquí –. Habló en referencia a la nación, mientras estiraba la mano hacia el basto horizonte que hay delante de la Arena Sacrofuego.

Las palabras que Citlali le dijo, hicieron que un picor hiciera mover la nariz de Mualani y sus ojos temblaran.
Aether no quería seguir viéndola así, llegaba a ser algo muy doloroso en su corazón.

– Lo digo en serio –. Poniéndose lentamente más cerca de Mualani, viendo su rostro triste que solo lo presionaban a hacerlo por ella, la rodeó con un brazo sobre su espalda.
– Confío en Mavuika, en Kinich, en Citlali, en Iánsan, en Kachina, Xilonen, Chasca. Y especialmente en tí, fuiste la primera guía que nos abrió las puertas de su tribu –. Aether inclinó la cabeza en dirección a ella, dándole unas palabras llena de dulzura y con un tono feliz.

Ella no quería creerlo. Su rostro mostraba inseguridad, pero también un brillo de ingenuidad ilusionada.

– Es raro. Tú me dijiste en las Crónicas del Peregrinaje que ser tú amigo te hace muy feliz. Pero por lo que he descubierto hoy, definitivamente estabas muchísimo más feliz de pensar en mí como algo más que eso –. La sonrisa de Aether se hizo más amplia, tierna y con un ligero rubor poco visible al evitar la luz de la luna.

Primero hubo una sonrisa evidente en el rostro de Mualani, acompañado de un chillido parecido al de un saurio bebé mientras sus ojos se abrían totalmente impactados de cómo fue capaz de hilar todo. Ella no pudo evitar mirarlo, con una expresión tímida y sonrojada, llegando a sudar en la frente ante la buena percepción que tiene Aether.

– B-Bueno...eh...y-yo... –. No sabía que decir. Es normal, jamás había experimentado sentimientos tan fuertes y que todo llevara a este punto, por culpa de la bufanda del rubio.

Mualani quería esconder más su cabeza, si fuese posible bajo tierra como un tepletisaurio, pero la mano de Aether tomó con una delicadeza tan natural y especial su barbilla, que se dejó llevar.
– No necesitas que te dé una bufanda para convertirte en la persona que yo confíe más en el mundo –. Susurró con un brillo donde ella podía verse en su reflejo.

Los latidos le iban a llevar el corazón hasta la boca, Mualani había dejado totalmente que Aether hiciera lo que quisiera ahora. No le importa si es un horrible final para ellos, un momento que ella haya soñado antes con anhelo, o estuviera tratándola así por estar ebria.

De sus tres opciones, Aether acabó cumpliendo la segunda opción.
Uno de sus sueños tan recurrentes y que tanta vergüenza le daban, pero como una joven enamorada no podía dejar de pensar. Esto es mil veces, infinitas veces, mejor que solo presumir o llevar su bufanda puesta.

Él la guió como si fuera realmente la persona que más confianza le tiene, pero con mucha amabilidad y ternura que podía derretirla. Había cerrado los ojos, dejando que fuera Aether quien controlara el beso, mientras una expresión de felicidad, satisfacción e incredulidad explotaban en toda el alma de la chica del Pueblo de los Manantiales.

Un minuto fue suficiente para ambos, mirándose con ojos brillantes llenos de estrellas, esperanzas, alegrías.

– Entonces, ¿puedo tener el privilegio de ser muy feliz si aceptas ser mi novia? –.
Mualani gimió con las manos en la cara, poniendo una sonrisa cada vez más grande y linda.
– ¡¿L-Lo dices en serio?!, ¡SHIIIIIIIIII! –. Ella se tiró a sus brazos en un abrazo, volviendo a llorar pero con un ánimo radicalmente opuesto al de hace unos minutos, esta vez entre risas de felicidad.

– ¡Jajaja!, se te nota más la ebriedad cuando estás emocionada –. Aether la rodeó entre sus brazos, quedando debajo de ella, quien estaba unos metros cerca de rozar su nariz.

– ¿Te divierte verme así, eh? –. Dijo una Mualani sonriendo con puchero incluido, fingiendo molestia.

– Tus caras me hacen el día, podría verte por horas. Realmente no quiero que estés triste, nunca –. Él apoyó frente con frente, haciendo una sonrisa leve pero mostrando su cuidado hacia ella.

Mualani chilló de alegría sobre el pecho de Aether, mientras la luna y las estrellas eran los únicos espectadores con asiento de lujo, para ver el nacimiento de esta pareja.

– No tardes mucho, ¡estaré esperando en el agua con saurio galletas y leche! –.

– Tranquila, dame tres minutos –.

Mientras el viajero y Mualani cambiaban palabras, el chico le pasó algo sobre el mostrador sin necesidad de que ella lo pidiera.
Mualani salió corriendo con una sonrisa embobada y traviesa, dejando solo al rubio con Paimon.

– Oye, viajero...¿no te preocupa que Mualani active la bendición noctámbula accidentalmente cuando está inhalando tu bufanda? –.
Paimon, quien había visto que lo que él le dió, era nada más y nada menos que la misma bufanda controversial, no pudo evitar soltar la pregunta genuinamente esperando una explicación.

Escapando una risa relajada y divertida, él habló sin responder concretamente su duda.
– No sabes el miedo que tengo de que en cualquier momento se convierta en un tiburón de verdad. Siento que me va a ahogar en todos los sentidos, pero no tengo problema en compartir mi bufanda con ella –. Aether tragó saliva bastante pesada, sin poder sacarse la imagen de la chica oliendo su bufanda con una expresión atontada y algo excitada.

– La noche que te devolvieron la bufanda, Paimon te vió con la cara pegada sobre ella. Pasaste media hora oliendo la bufanda, igual que Mualani... –.

– ¡Paimon!, ¡yo tengo pensamientos más decentes que cualquier persona de Teyvat! –.
El rubio respondió ofendido.

Pero no negaría, que se sonrojaba y sonreía ante el hecho de haber capturado muchas veces a su pareja, oliendo la bufanda y con la bendición noctámbula activada, resultando algo muy increíble.

"Me pregunto si activa la bendición noctámbula por alguna agitación o ansias que sienta. ¿Será qué piensa lo mismo que yo cuando se pone a olerla?". El rubio no pudo evitar pensarlo seriamente, nervioso y algo avergonzado.

"Entonces, ¿para que serán las aguas termales que Mualani le pidió a Tubby en la Relajatetera?...¡P-Paimon ya no quiere seguir interesada en las cosas personales de estos tortolitos calenturientos!".
El hada negó varias veces, con un rostro de disgusto sacudiendo cualquier comportamiento chismoso que tratara de infiltrarse al respecto de la relación de su compañero y Mualani.

Al menos, ella podía estar feliz de que compartieran un amor genuino y muy saludable a simple vista para toda Natlan.

Notes:

Ningún personaje de Natlan es malo, de verdad, el problema es quien lo critica.

Ya hablando de esta historia, que bueno que por fin saqué este One Shot, lo tenía hace varios meses dando vueltas. Nunca lo acababa y tampoco es largo como tal, por lo menos para mis estándares.

No llega a las 10000 palabras, pero da en el palo.

La idea se me vino a la cabeza con varios fanarts de Aether x Mualani, por eso también la portada.

Es mi segundo ship favorito de la nación junto al Chasther. Los demás no me emocionan mucho (bueno...excepto uno muy curioso que tengo de Aether con un npc de Natlan, pero eso es cosa mía, jeje).

Siento que estas historias ya quedarían mejor en un libro entero de One Shots de Genshin Impact y Aether, no en publicaciones sueltas. En fin, tampoco tengo mucho que decir.

Tal vez me plantee una sección entera para tener One Shots de Genshin Impact/Aether en un solo libro.

Como dejé el juego por cuestiones de almacenamiento en mis dispositivos, igual es la oportunidad de terminar todas las ideas que he tenido de Genshin Impact. Quién sabe, puedo motivarme a prestarle atención a mis fanfics pausados.

Por supuesto, también estoy pendiente de si traigo otros fanfics que no sean solo de Genshin Impact.
Tengo borradores de historias de Villanos y de Majo no Tabitabi, incluso alguno de Konosuba por ahí (sin contar las historias de Majo y Villanos que tengo en pausa también, soy un desgraciado). Ahora, también estoy pensando en escribir algo respecto a Fire Force y Goblin Slayer.

Me siento liberado y relajado después de eliminar el Genshin de mi ps4, no tengo remordimientos como la última vez...mentira, si tengo uno. El saber que en este momento está el banner de Venti y lo pusieran justo cuando me fuí, esta me la guardaré.

Realmente no es lo que esperaba traer, pero aquí está.

Tengo una cantidad grande de borradores que quiero hacer, y también están las historias que tengo en publicación y esperan una nueva actualización de capítulos nuevos. No creo que resuelva eso en un largo tiempo.
Es más, me estoy conteniendo en no subir más fanfics que podría dejar con uno o dos capítulos, aunque ya es tarde para evitarlo, si tengo unos cuántos esperando un capítulo nuevo desde hace más de un año o varios meses.

Al final, si yo publico estas mierdas y a ustedes les gusta, pues tampoco puedo dejar de hacerlo o quejarme (aunque haga esto por gusto y nadie lo vea, seguramente lo seguiría haciendo).

También quiero decir, que tuve una idea para una historia de Varesa. Pero no conozco al personaje, explicado anteriormente. Entonces deseché eso en unos minutos. Así está mi cabeza llena de ideas desde hace varios meses.

¿Cuándo volveré a publicar una historia?, no sé.
¿Cuándo volveré a retomar un fanfic o terminarlo?, ni idea, pero ganas no me faltan. He entendido que no puedo darme mala vida con esto, solo escriba por diversión y lo publique sin prisa.

Venga, nos vemos en la siguiente publicación. Que quiero seguir leyendo la novela de Goblin Slayer.