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«Pero una sirena no tiene lágrimas, y por eso sufre mucho más»
Hans Christian Andersen
El tritón Gi-hun había fallado en conquistar el corazón del príncipe.
Nuevamente en su vida era un fracasado.
Y lo peor es que ahora tenía consecuencias muy graves que afrontar.
Si bien Gi-hun siendo más joven ya había formado una pareja, y tenía una hija con una sirena, al final había perdido a su familia ante una pelea entre el clan al que pertenecía. Su pareja Eun-ji había tomado a su hija, para marcharse con el resto del clan, abandonando al desterrado tritón.
Gi-hun entonces había deambulado por años intentando encontrar su lugar. Había hecho amigos y conocidos a todo aquel que se cruzara, pero el tritón de cabello rojo había evitado formar un lazo permanente con alguien más, sólo para perderlo.
Fue entonces cuando había sido atraído por ruidos fuertes en la superficie.
Lo que en un inicio el tritón confundió con una fiesta entre los humanos, al asomarse con curiosidad, Gi-hun había encontrado el naufragio de un barco.
El tritón podía ignorarlo, ya que los humanos solían perecer en el mar en búsqueda de riquezas, cazaban sin discriminación a todo pez o crustaceo en búsqueda de alimento. Así que la muerte de unos cientos de humanos sería el menor de los pecados.
Sin embargo fue hasta que vio a un alto marinero de cabello negro, que en forma heroica había salvado la vida de un perro antes de caer al mar inconsciente debido a un golpe del mástil del barco.
Gi-hun dudó, pero al final nadó lo más rápido que pudo. Y lo salvó. Lo llevó a la costa más cercana, donde atendió ese golpe y extrajo el agua de los pulmones del humano.
Gi-hun se quedó a su lado toda la noche, hasta que el humano despertó y pudo ver la silueta de Gi-hun. Con sorpresa, el humano tomó un mechón del cabello rojizo de Gi-hun.
-Eres hermoso
El tritón se avergonzó ante esas palabras para escuchar pasos acercarse a ellos, y nadar huyendo de ahí.
A pesar del paso de los meses, Gi-hun no podía quitarse de la cabeza a ese humano. Fue entonces que tomó una decisión que le cambiaría la vida.
A pesar de no tener linaje real, ni algo que ofrecer, Gi-hun había dado su voz en un trato con el Hechicero del Mar, para cumplir su sueño. Y subir a la superficie a reencontrarse con el humano a quien había salvado de un naufragio.
A pesar de las diversas dificultades con sus nuevas piernas humanas,así como haber perdido el habla, Gi-hun había encontrado al joven náufrago. Y con sorpresa se dio cuenta que en realidad era el príncipe heredero de un reino que no daba al mar.
Había tardado casi un día entero de los tres que tenía en encontrar al príncipe Cho Sang-woo.
Cuando finalmente pudo estar a su lado, descubrió que era aún más apuesto de lo que recordaba. Y contrario a que hubiera mostrado una actitud cariñosa cuando Gi-hun lo había salvado, era una persona fría y calculadora. Sus comentarios hacia aquellos que mostraban mala actitud entre sus trabajadores solían ser mordaces y breves en su trato con los demás. Sin duda algún día sería un monarca que veía por su reino en forma justa, sino es que un poco ambiciosa.
También Gi-hun descubrió que así como en otras decisiones de su vida, había llegado tarde. El príncipe estaba comprometido con una joven noble de un reino costero.
El día de la boda sería el tercer y último día en su vida como humano.
Gi-hun había intentado que el príncipe lo conociera, había tenido que aprender a comunicarse con sus manos, causando una sonrisa en el príncipe, diciendo que era adorable. Pero ser adorable no alcanzaba para conquistar el corazón de su amado.
A pesar de haber salido de paseo a caballo, salir a nadar y pescar juntos, así como incluso bailar en una escapada a las fiestas del pueblo, no había funcionado.
-Sé que no tienes a nadie, y puede que sea difícil para ti encontrar trabajo. Pero me agradas, eres algo tonto pero eres mi amigo. Puedes quedarte en el palacio conmigo, como mi compañero de viajes una vez que regrese de mi luna de miel.
Y con eso, el príncipe se había despedido para arreglarse para su boda.
Gi-hun poco recordaba de la ceremonia que concluyó al atardecer.
Con dolor de no poder externar su dolor miró una última vez la espalda del hombre que había amado, creyendo que él pudo haber sido el amor de su vida, antes de lanzarse al mar, con su cola verde de tritón, siendo lo último que había tocado el aire de la superficie. Y desapareció.
Ahora Gi-hun estaba de vuelta en la cueva del Hechicero del Mar, esperando ser convertido en plancton, o ser un sirviente de por vida.
El Hechicero del Mar, In-ho estaba indeciso sobre qué hacer con el tritón que había perdido su vida y su alma por el deseo más estúpido al que lo hubieran buscado otros seres del mar: convertirse en humano para enamorar a un príncipe humano.
Había escuchado historias de su padre, Il-nam, y de su hermano Jun-ho sobre cómo la bondad y carisma del tritón Gi-hun no se equipara a su mala fortuna.
Así que con curiosidad había accedido, tomando como pago su voz. In-ho sabía que debía tener un reto el que Gi-hun encontrara a su humano.
Y contrario a otros deseos, In-ho había sentido curiosidad para haberse convertido en un humano y seguir de lejos al tritón Gi-hun.
Si bien In-ho había usado una máscara durante su encuentro con Gi-hun, ahora podría aparecer frente a él, sin ser reconocido.
Lo que un inicio era una misión para obstaculizar al tritón, ahora era más observar de lejos al bobo tritón fallar en ser humano.
Había intentado varias veces en colocarse mal la ropa, incluso había comido jabón, y había cepillado su brillante cabello rojo con un tenedor.
In-ho había reído de los infortunios y curiosidades que hacía el ingenuo tritón.
En ningún momento In-ho había usado su magia para interferir, simplemente fue una sombra para Gi-hun.
Y con sólo algunos días, entendió que realmente el tritón tenía luz. A pesar de ser un huésped en el reino, Gi-hun había tomado una canasta de manzanas para salir temprano y obsequiarles a los niños en una plaza. Había tomado un par de prendas para darlas a los más desamparados. Incluso al no tener habla, había creado música con sus manos y pies, a modo de juego con la mascota del príncipe, un perro labrador llamado Bingo.
Gi-hun incluso había sido regañado cuando había querido ayudar a limpiar después de la comida. E In-ho había pensado que el ya adulto Gi-hun haciendo un puchero, era de lo más adorable que había visto en su vida.
Así que al ver el rostro descompuesto del tritón después de ser rechazado el tercer día, antes de que se casara, que In-ho había sentido ira.
Sí, tres días apenas eran un chiste para enamorar al humano, dada la naturaleza más volátil que tenían.
¿Para un tritón?
Los tritones no solían cambiar de pareja. Sin embargo, sólo tenían una pareja de por vida.
Así que ver a Gi-hun haber fallado en tener una familia, y no haber conquistado al humano Cho Sang-woo, había causado revuelo en In-ho.
Ahora Gi-hun había regresado a él, sintiendo el corazón comprimido.
-Acompáñame- dijo In-ho vistiendo aun su máscara, nadando con sus ocho brazos, para guiar al tritón dentro de la cueva, lejos de donde atendía a sus clientes.
Gi-hun nadaba en silencio con la cabeza baja, pensando que iba a morir.
-Esta es tu habitación- dijo In-ho mostrando la cámara contigua a la suya, esperando que Gi-hun estuviera cómodo.
Los ojos de Gi-hun le miraron con miedo ante la falta del habla.
In-ho suspiró para aclarar lo que el tritón temía -No voy a matarte ni voy a hacerte mi cena. El acuerdo que teníamos decía que tu me pertenecerías de por vida. Pero no pienso tenerte ahí en la tienda, mereces un espacio donde descansar
Gi-hun no se movía, pensando que era una trampa.
-Es tuyo, por favor acéptalo. Sé que no eres un tritón cualquiera, pero tampoco voy a ser descortés si antes protegiste a mi hermano Jun-ho cuando se perdió de la mano de mi padre siendo apenas un bebé
Gi-hun abrió la boca en sorpresa, sacando algunas burbujas de aire tratando de preguntar algo.
-Anda, puedes personalizarlo. Esto incluso era tuyo, lo dejaste caer cuando pasó todo esto- In-ho le entregó a Gi-hun un coral que tenía la forma de una sombrilla.
Gi-hun sintió un nudo en la garganta al tomarlo, pensando en su hija Ga-yeong.
Con paso lento, Gi-hun entró en su nueva recámara, admirando como era linda y espaciosa, incluso mejor que muchos de los lugares donde había pasado esos años deambulando por el mar.
In-ho sintió al menos alivio de que el tritón estuviera en su hogar, y no en peligro de ser atacado o herido.
Después de haber recolectado sus ingredientes para sus pociones, In-ho había regresado a casa, sin tener intención de atender a algún pedido ese día a pesar de haberse ausentado por tres días durante su seguimiento del tritón en su aventura.
Si bien la pócima que él había usado como humano no tenía el precio de perder su voz, era agotador usar sus piernas, se sentía deshidratado luego de estar lejos del agua.
Así que por la noche, In-ho preparó la cena, para asomarse a buscar a Gi-hun, de quien no había escuchado un sólo movimiento.
Y lo encontró dormido sobre su cama. Casi parecía que había estado tan agotado desde que In-ho lo había dejado más temprano en su nueva habitación. Incluso aun tenía en su mano derecha el coral con forma de sombrilla.
In-ho pensó que si él estaba cansado, Gi-hun debió haberse agotado mucho.
Con la mayor agilidad posible, In-ho nadó dentro de la habitación, dejando un poco de la cena junto a la cama del tritón.
Y con vergüenza miró de reojo como uno de sus tentáculos se había acercado había acariciado el cabello de Gi-hun en forma suave por encima de la cabeza.
-Basta, déjalo en paz- gruñó In-ho en reproche para salir de ahí, ignorando como Gi-hun había despertado, y alcanzado a presenciar todo desde la presencia de In-ho en su habitación.
Luego de pasar por la cocina, y que Gi-hun hubiera devuelto el plato de comida de la cena, tomado una fruta como desayuno; Gi-hun se asomó por la tienda temprano en la mañana en forma tímida, mientras In-ho preparaba todo para volver a estar disponible en caso de algún alma perdida que quisiera negociar con el Diablo, como solían llamarlo.
-Necesito hacer algo porque casi no te escucho si no haces nada de ruido- se rió In-ho entre dientes hacia Gi-hun.
El tritón se quedó inmóvil para mirar a todos lados, simulando que barría con la escoba.
-¿Necesitas algo?- preguntó In-ho confundido, pero Gi-hun negó con la cabeza, para acercarse a un anaquel y simular que pasaba la mano por las pócimas -No toques nada o voy a morderte un dedo, Gi-hun
En gesto de pánico, Gi-hun se llevó las manos al pecho para apartarse de los anaqueles. In-ho sonrió divertido bajo su máscara ante lo curioso que era el tritón.
-¿Quieres ayudar en la tienda? No hice un trato para tener un esclavo, pero creo que podrías ayudarme a cosechar en el jardín, sígueme.
A pesar de que Gi-hun aún tenía el rostro triste, y los ojos hundidos, había puesto atención en la labor que debía hacer, para asentir y ponerse a trabajar.
In-ho había contemplado como Gi-hun parecía más animado que el día anterior, antes de nadar de regreso a la tienda, dispuesto a hacer algunos tratos con almas que valían menos de una escama del valor que tenía Gi-hun.
Más tarde, Gi-hun había regresado cansado y con el sol del mar quemando sus hombros y sus mejillas, pero con una pequeña sonrisa de haber ayudado a recolectar y clasificar algas marinas.
In-ho contempló las pecas que se habían sobresalido en el rostro de Gi-hun, para buscar algo entre su escritorio, sacando un enorme gorro de color gris, que colocó él mismo sobre la cabeza de Gi-hun.
-A este paso terminarás como filete cocinado al sol, Gi-hun. Si tenías calor pudiste regresar antes, no tienes que desgastarte trabajando tanto
Gi-hun se sonrojó de sus mejillas ante ese comentario, pensando que sólo había querido terminar su trabajo.
-Descansa un poco, y come algo si tienes hambre, normalmente no cocino más que para mí así que como lo mismo durante un día- explicó In-ho encogiéndose de hombros antes de ver nadar con rapidez a Gi-hun en la cocina. -Bien, supongo que tenías hambre
Como respuesta, Gi-hun había regresado cinco minutos después, con una sándwich preparado con algas lo que había encontrado en la cocina del temible Hechicero del Mar.
-Gracias- susurró In-ho sorprendido del detalle de tener compañía, y que Gi-hun cuidara de él a pesar de ser su prisionero.
Contrario a recibir una sonrisa, Gi-hun le miró con reproche, haciendo gestos con las manos, señalando el sandwich, y rodar los ojos en impaciencia.
-¿Qué? ¿Puedo comerlo o no?- preguntó in-ho para que Gi-hun asintiera, pero señaló los anaqueles que tenían todo tipo de ingredientes, y hacer un signo negativo hacia la cocina -Oh, dices que no tengo comida. Gi-hun, vivo solo, y como poco, no voy a tener toda la alacena llena pensando que iba a adoptar un bonito tritón para que viviera conmigo
Gi-hun dejó escapar un chillido en sorpresa ante esas palabras provenientes del temible Hechicero del Mar.
In-ho ignoró como había llamado a Gi-hun para asentir -Mañana compraré comida, puedes anotar lo que necesitas. No soy el mejor cocinero, así que no te quejes de mi sazón
Gi-hun asintió para nadar y regresar a la cocina, a comer su almuerzo, dispuesto a hacer la lista de víveres pensando que el Diablo comía sumamente mal para ser la mente malvada detrás del engaño de muchos seres del mal.
Con sorpresa admiró como in-ho se había levantado la máscara para comer, dándole la espalda, así que Gi-hun sólo había podido distinguir el perfil de In-ho, sonrojándose al contemplar como debajo de esa máscara podía esconderse alguien apuesto.
Jun-ho había enviado una carta emocionado al saber que Gi-hun estaba en casa de su hermano, diciendo que podría llegar en unos días si nadaba sin parar.
In-ho regañó a su hermano por ser idiota, pidiéndole a su pareja Yoo, que era otro tritón que tenía la cola parecida a la de un tiburón, que lo cuidara mejor. Con molestia incluso le recordó a Jun-ho que tenía dos niños pequeños que cuidar ahora, así que si venían a verlo, podían tomarse el tiempo que necesitaran.
Incluso su padre, Il-nam, que había sido el verdadero Hechicero del Mar antes de heredarlo tres años atrás, se mostraba contento.
Y claro, el viejo había incluido en su carta el comentario de que Gi-hun le había gustado para él. Así que más le valía cuidarlo como un tesoro.
Después de responder las cartas de su familia, In-ho había nadado a avisar a Gi-hun que iba a conseguir la comida, para ver la habitación vacía.
La incredulidad pasó a ser enojo en In-ho, pensando que Gi-hun lo había abandonado.
Con ira pensó en encerrar al tritón apenas lo trajera de vuelta, saliendo por la entrada secundaria que daba a su hogar y no la tienda, encontrando a Gi-hun que regresaba nadando con flores del mar en su regazo.
Al verlo, contrario a su expresión de ira debido a la máscara, Gi-hun soltó un chillido de sorpresa, para nadar hacia él, mostrándole algunas flores y corales que había recolectado cerca.
In-ho sintió pena de pensar lo peor de Gi-hun para acariciar la cabeza con suavidad del ingenuo tritón que le miró confundido.
-Dame tu mano- le pidió In-ho, a lo que Gi-hun le ofreció su mano derecha, confiando en el Hechicero del Mar completamente. Si In-ho quisiera hacerle daño, ya lo habría hecho en el segundo que había regresado de estar en la superficie.
In-ho simuló un anillo con su dedo índice y pulgar, para pasarlo por el dedo anular de la mano derecha de Gi-hun, haciendo aparecer un anillo de piedra tornasol que parecía brillar en colores diferentes.
-Eres libre de nadar por donde quieras mientras estés cerca de mí, pero si estás en peligro, esto te protegerá, úsalo todo el tiempo- pidió In-ho pensando que otra ventaja era que podría sentir la presencia de Gi-hun en donde estuviera. -Voy a salir por comida, quédate en casa y no abras a nadie. No tardaré
In-ho le dio la espalda ignorando el sentimiento de consuelo de que ahora tenía a alguien que lo recibiera en casa. Por otro lado, Gi-hun se había quedado con el rostro tan rojo como su cabello, admirando el anillo que parecía de bodas.
Con el paso de los días, en algún momento tenía que pasar.
Un cliente había visto al colorido tritón asomarse por la tienda justo cuando In-ho estaba haciendo un trato con algún pobre diablo.
Por desgracia, esa vez había sido un viejo amigo de Gi-hun.
-¿Gi-hun?- preguntó Jung-bae reconociendo al tritón que había pasado por la tienda para llevar el almuerzo a In-ho.
Gi-hun se había girado en seguida al oír a su amigo, antes de que Jung-bae interrumpiera la firma de su contrato, para abrazar a Gi-hun. -¿Dónde habías estado? ¡Tengo meses sin saber de ti!
Gi-hun sonrió calmando a su amigo, notando el aura de enojo de In-ho ante el humo gris y negro que envolvía al tritón con las piernas de un calamar de piel opaca, simulando un tono gris y negro, para negar con la cabeza a Jung-bae y ponerse en frente de su amigo.
-Gi-hun- le advirtió In-ho al reconocer el gesto de proteger a alguien.
-¿Qué haces? ¿También hiciste un trato con él?- preguntó asustado Jung-bae.
Gi-hun sin embargo miraba con determinación al Hechicero del Mar que parecía dispuesto a cerrar el trato que tenía con su amigo.
-Gi-hun, yo no busco tontos tritones que quieren dinero para perderlo más rápido de lo que un tiburón detecta la sangre en el agua.
-¡Oye!- se quejó Jung- bae en reproche por ser llamado tonto.
-Él me buscó. Así que le doy lo que quiera- se quejó In-ho ante el trato que estaba por hacer.
Gi-hun se cruzó de brazos en forma terca, pensando que debía rebajar lo que In-ho ganaría a cambio de ayudar a su amigo.
-Bien, le rebajaré el interés de lo que te preste- gruñó In-ho chasqueando los dedos, y el contrato en el pergamino había cambiado.
Jung-bae estaba sorprendido para releer las condiciones, firmando gustoso. -Bien, con el plazo que el Diablo me ha prestado podré retomar mi negocio y podré pagar sin pagar con mi alma o algo.
Gi-hun pensó que tal vez habría negociado mejor su trato, para suspirar y volver a su labor de dejar el almuerzo de In-ho, escondido de la vista de los clientes.
Jung-bae miró a su amigo confirmando que estuviera bien, incluso al usar el gorro que era más opaco del gusto de su amigo, se veía más contento que nunca.
Con actitud de camaradería se acercó en forma sospechosa a In-ho -Mi amigo Gi-hun es huérfano y aunque ya no es virgen, espero que cuides muy bien de él, o voy a regresar por él apenas lo vea mal
-¿Qué?- preguntó In-ho, buscando el dinero para prestar al idiota del amigo de Gi-hun -¿De que demonios estás hablando, tonto?
Jung-bae rodó los ojos para simular que con su mano izquierda que se ponía un anillo en la mano derecha -¿Le has dado un anillo de compromiso, no? En tradición que nosotros usemos un anillo ya sea de una alga, o coral desde nuestro compromiso. Aunque creo que te saltaste el regalarle una joya, como petición de una relación amorosa, pero en fin. Gi-hun incluso te ha preparado el almuerzo como si fuera una buena esposa. Así que supongo que les deseo mucha felicidad, y por favor, invítenme a la boda, y al nacimiento de su primer hijo. Sé que Gi-hun hubiera querido más niños aparte de Ga-yeong.
In-ho estaba descompuesto ante tanta información de Gi-hun que no sabía qué preguntar primero, para tomar aire y alzar la voz y preguntar lo primero que pensó -¿Quién demonios es Ga-yeong?
Jung-bae arqueó una ceja confundido -¿No te lo ha dicho? Uh, es su hija. Gi-hun la dio a luz hace unos diez años, pero él aún la extraña mucho. Estoy convencido de que lo expulsaron del clan al que pertenecía con su esposa porque ella lo engañó. Gi-hun y ella nunca se formalizaron, pero ahora ella ya tiene un esposo y otro hijo.
In-ho se quedó anonadado ante esa información para ver por la ventana detrás suyo, a Gi-hun que estaba sembrando más algas, cuidando las que estaban decaídas. Ahora el tritón parecía gustoso de haber iniciado con la jardinería siendo una acción que In-ho había pensado rápidamente para entretener a Gi-hun.
-Cuídalo mucho, creo que muchos valoraban a Gi-hun como un buen esposo cuando fuéramos mayores. Incluso yo lo pensé luego de probar su sazón cuando era adolescente- admitió Jung-bae sin entender la gravedad de sus palabras.
-Voy a agregar una cláusula en tu contrato
-¿Qué, por qué? ¡Casi somos cuñados! Gi-hun es como mi hermano- se quejó Jung-bae suplicante, ante In-ho que había conocido un nuevo placer gracias al tritón: torturar al bocón del tritón Jung-bae.
-¡Hyung!- nadó Jun-ho agotado entrando en la tienda días después de asegurarse que no había ningún cliente que afectara la integridad del Hechicero del Mar. In-ho se giró a ver a su hermano menor que le abrazó efusivamente luego de meses sin verse.
-¿En serio nadaste desde el otro hemisferio sólo para ver a tu Salvador?- se quejó In-ho ofendido, para ver nadar con más lentitud a la pareja de su hermano: el feroz tritón Yoo -Ugh, sigues con vida
-Y usted sigue siendo tan horrible como una verruga- sonrió de forma traviesa el tritón hacia su cuñado.
Jun-ho decidió intervenir -Eh, no peleen. Por ahora debemos estar juntos- celebró antes de notar la ausencia de dos tritones que los acompañaban.
Su pregunta quedó al aire cuando se oyó algo romperse, y oírse chillidos asustados.
In-ho nadó con rapidez, hasta su estudio donde preparaba algunas pócimas, donde Gi-hun estaba en la parte superior, pegado al techo del mismo, tratando de quitarse a un tritón bebé de cabello que le había mordido de la cola y no lo soltaba -Ppalkansaek, suelta a Gi-hun
El tritón que tenía dientes afilados ante la herencia de su padre Yoo, miró a su tío In-ho negando con la cabeza.
In-ho suspiró para convocar una golosina para niños en su mano, haciendo que la mandíbula del niño soltara a Gi-hun, antes de tomar el postre y nadar lejos de la escena.
-Lo siento mucho, espera, creo que tienes otro intruso en la espera- se rió In-ho para quitar al otro niño que tenía brazos como un calamar, en forma similar a Jun-ho y él.
Gi-hun se mostró asustado y adolorido tanto en su cola como en su espalda.
-Creo que usaremos justo alguna de las medicinas que has preparado, toma asiento- le sujetó In-ho con suavidad por el brazo para sentarle en un banquito donde había estado trabajando. Y después de revisar la pócima que Gi-hun había preparado, había puesto un poco de la misma sobre la sola y la espalda. In-ho rebuscó entre los cajones del escritorio, para sacar algas y vendar con atención al tritón que parecía confundido de los recién llegados.
-¿Cuándo has visto a tu hermano curarse sin usar su magia?- preguntó el tritón Yoo en forma divertida al haber notado la atención que dedicaba el temible Hechicero del Mar en atender al tritón.
-Nunca. Te dije que Gi-hun era especial- Jun-ho admitió mirando eso con enorme alegría al pensar que su hermano mayor al fin había encontrado a alguien.
-No lo sé, tu hermano es tan bobo que necesita un estímulo para hacer algo- se quejó Yoo recibiendo en brazos a su otro hijo, Bunhongsaek que parecía apenado de haber atacado al tritón.
-Si ya dejaron de hablar, Gi-hun merece una disculpa de sus hijos- se quejó In-ho notando a Gi-hun algo pálido, así que uno de sus tentáculos lo ayudó a sostenerse a su lado.
-No- dijo Yoo negando con una sonrisa.
-¿Qué?- preguntó Jun-ho confundido mientras que In-ho se tensó enojado a lado de Gi-hun.
-Hola Gi-hun, soy Yoo. Y él es mi esposo, Jun-ho. Hermano del temible Diablo. Estos son mis hijos, apenas están mudando dientes, así que muerden todo. Lamento que hayas sido la víctima de tus malos hábitos. Pero no lamento haber podido contemplar una escena tan adorable que prácticamente ya están casados, felicidades
Gi-hun se sonrojó ante esa media disculpa, para ver con gesto de sorpresa al tritón Yoo a pesar de que claramente tenía los dientes afilados de un tiburón.
-¡No estamos casados, bobo! ¿De dónde has sacado eso? ¡Y esa es la peor disculpa que he escuchado!- se quejó In-ho tratando de no usar palabras altisonantes en presencia de los menores de edad.
Jun-ho tomó a su otro hijo en brazos que parecía aún triste por haber herido a Gi-hun.
El tritón Yoo por su lado sonrió nadando un poco más cerca para señalar el anillo en la mano de Gi-hun -En nuestra comunidad este anillo significa promesa, y como Gi-hun aun lo usa, es que ha aceptado. Así que felicidades, cuñado
In-ho se sintió confundido y nervioso para ver de reojo a Gi-hun que puso los ojos en blanco antes de caer inconsciente, tomándolo con sus ocho brazos tratando de ver que tenía -¡Gi-hun!
-Creo que tiene fiebre coralina- admitió el tritón Yoo en gesto preocupado para que Jun-ho se acercara a ayudar a su hermano que parecía muy preocupado.
-Hyung, atiéndelo. Nosotros somos tus invitados, no te preocupes- dijo Jun-ho para ver que In-ho nadaba hasta su propia recámara con Gi-hun protegido por sus brazos -Ugh, creo que llegamos en mal momento.
-Todo lo contrario, cariño- admitió el tritón Yoo pensando que aunque tuvieran ese juego de odiarse, In-ho realmente merecía ser feliz y no estar solo el resto de sus vidas.
Al parecer Gi-hun había enfermado luego de contagiarse de un hongo mientras recolectaba corales más lejos de donde usualmente nadaba cada mañana.
In-ho había permanecido a lado del tritón, hasta que la fiebre bajó, y Gi-hun descansaba, aun con las vendas de las mordidas de sus sobrinos traviesos.
Cuando regresó a la sala, ambos niños tenían gesto decaído pensando que habían hecho que el bonito tritón rojo se enfermara.
-Él está bien, ya se disculparan cuando despierte- dijo In-ho hacia los dos gemelos que asintieron con gesto decaído -Sera mejor que comamos algo- expresó In-ho retirando finalmente su máscara.
-Ugh, ¿por qué no te habías quitado esa cosa, hyung?- preguntó Yoo mientras ayudaba a servir la comida para todos.
-Porque trabajo, parásito de mar- se quejó In-ho antes de ver a su hermano probar con hambre un poco de lo que iban sirviendo.
Jun-ho en seguida había hecho una expresión de júbilo apenas había probado la comida- Hyung, cásate ya con Gi-hun. O voy a quedarme con él
-¿Qué?
-¿Disculpa?- preguntó el tritón Yoo en gesto de furiosa tranquilidad.
-Oh vamos, esto es muy bueno. Gi-hun sabe cocinar muy rico, debes cuidarlo muy bien- se quejó Jun-ho sin pensar que sus consecuencias harían que durmiera en el suelo en la habitación de huéspedes de la casa de In-ho.
In-ho apenas había cenado un poco antes de regresar a su recámara donde aún dormía Gi-hun. Con sentimiento de pena, In-ho volvió a poner una compresa fría con algunas esencias relajantes sobre la cabeza del tritón.
-Si me dices que lo haga, le daré su merecido a mi cuñado- admitió In-ho en cansancio.
Gi-hun empezó a despertar con gesto agotado, para conectar la mirada con los ojos del Diablo.
In-ho sonrió con tranquilidad al ver bien al tritón que parecía volverlo loco entre sus atenciones y angustias al enfermarse. -Me has dado un susto, por eso te he mencionado que no vayas más lejos de mi territorio, Gi-hun
De pronto in-ho notó como los ojos de Gi-hun contemplaban todo su rostro, y sus ojos para detenerse en una marca en su mejilla derecha, incluso Gi-hun habpia alzado la mano para tocar la herida.
In-ho se quedó de piedra para alejarse, volviendo a colocar su máscara.
Gi-hun le miró con reproche para abrir la boca intentando decir algo, sólo dejando salir burbujas a modo de conversación.
-No tenías que haberme visto- se lamentó In-ho con debilidad al haberse escondido delante de su máscara.
Gi-hun bufó entre dientes para levantarse completamente, y ponerse hasta estar frente al Hechicero del Mar, ‘¿Por qué no me dijiste que eras tú, Young -Il?’
In-ho suspiró recordando hace al menos veinte años cuando Gi-hun y él habían sido amigos de la infancia. A pesar de ser tritones con diferentes extremidades inferiores, Gi-hun no se apartó de él. Aun si su padre le pidió mentir su verdadero nombre para ocultar su linaje como seres de magia.
Al ser Gi-hun un explorador por naturaleza, había querido conocer un naufragio reciente, siguiéndolo el tritón Young-Il a pesar de ser tres años menor que Gi-hun.
Al inicio habían encontrado diferentes tesoros que se habían sumergido con el barco.
Hasta que habían encontrado al tiburón blanco.
Gi-hun había logrado burlarlo, para planear un escape rápido.
O eso creían, ya que el tiburón había alcanzado a atrapar a In-ho entre sus fauces en un momento que creían que estaban a salvo.
Gi-hun peleó por liberar a su amigo, hasta que logró herirlo en uno de sus ojos, huyendo ambos niños.
Gi-hun no había vuelto a ver a Young-Il al día siguiente.
‘¿Me odias?’ preguntó Gi-hun con sus manos y un gesto de completo arrepentimiento.
-No, cuando era niño fue difícil recuperarme, y las heridas no sanan del todo. Así que si estuve molesto contigo, luego con el tiburón- confesó In-ho usando un movimiento en su muñeca izquierda, mostrando sus cicatrices de los dientes sobre sus brazos de calamar. Incluyendo que en uno de ellos faltara una parte de su extremidad. La herida más significativa eran las tres líneas de los dientes haber rasgado en la mejilla izquierda.
‘Por eso pediste que me quedara contigo cuando fallé, era un castigo por lo que te hice’ expresó Gi-hun con dolor de pensar que todo había sido un plan fallido desde el inicio en intentar conquistar a Sang-woo.
-En realidad, es lo que siempre pido en todos mis contratos. Unos lo pagan con sus vidas, pero contigo… no creí que fallarías. Tenías pocas posibilidades pero pensé que el humano sería muy tonto para no enamorarse de ti- confesó In-ho con tristeza.
Gi-hun miró su anillo en la mano, pensando en voz alta ‘¿Y ahora?’
In-ho pensó que era hora de que Gi-hun hiciera sus propias decisiones en igual de condiciones, para convocar la concha de mar que contenía la voz de Gi-hun -Aun tenemos un trato. A pesar de que tu alma me pertenece, debí regresarte esto hace mucho. Hoy es muestra de que aun si una parte tuya siempre será mía, al menos puedo darte algo a cambio- explicó In-ho para liberar la voz de Gi-hun, regresando a sus cuerdas vocales con una luz dorada.
Gi-hun se llevó una mano a su garganta para mirar a In-ho -Young-Il
-Puedes llamarme In-ho. Ése siempre ha sido mi nombre. Ya has conocido incluso a mi hermano, su esposo y mis sobrinos.
Gi-hun estaba más que sorprendido ante toda la información para no aguantar más y abrazarse ante el hombre que había sido uno de sus primeros amigo de la infancia, y que a pesar de que Gi-hun había decidido cambiar su voz por dos pares de piernas humanas, In-ho no había hecho nada más para perjudicarlo. Aún tenían muchas cosas que discutir entre ambos, pero al menos ahora Gi-hun entendía quien había sido con quien había vivido los últimos meses a su lado.
In-ho tragó saliva nervioso ante ese abrazo, también abrazarse al tritón que era su perdición.
Si bien los tritones podían amar y vivir en agonía por el resto de sus vidas. Un Hechicero de Mar nunca podría enamorarse sin ser correspondido, o podría perder la vida con el paso del tiempo.
CONTINUARÁ.
