Chapter Text
¡Era un milagro!
La cálida luz del sol bañando su cuerpo. El aroma fresco a flores recién abiertas, a pasto húmedo y tierra fértil. El sonido de cientos de almas recobrándolo todo a la vez. El brillo de su mundo y su vida reiniciando de cero en la forma más mágica y plena que hubiera podido imaginar.
¿Era esto el resultado de sus sentimientos? ¿El final que se volvía inicio? ¿El corazón que le fue arrancado por la angustia, el fracaso y el vacío de una vida que solo parecía haber estado cargada de miseria hasta que abrió los ojos y la encontró ahí, preocupada, cálida y viva?
Era difícil de creer, pero todo indicaba que habían ganado.
El frío y vacío infinito que pareció consumirlo por siglos, de pronto se convirtió en nada más que un par de segundos insignificantes en medio de su corta existencia… gracias a ella, Natsuko.
–Bueno, menos mal.
Escuchó la voz que pasó de ser odiosa al más bello y anhelado sonido para el héroe legendario, llamando su atención, atrayendo su mirada y sus sentidos hacia ella en el exacto momento en que se desmayaba por el esfuerzo que debió implicarle combatirlo… a él.
Luke ni siquiera lo pensó, su cuerpo se movió por instinto y cuando fue consciente, ya la tenía entre sus brazos.
–¡Natsuko!
Su rostro se veía más pacífico que nunca. Estaba seguro de que jamás la había visto tan relajada y, si era sincero, la había observado demasiado tiempo ya, mucho más que a nadie que hubiera conocido.
Ella abrió los ojos, todavía con esa sonrisa etérea y llena de calma y de paz. Podía sentir su terca mano derecha buscando algo en esa extraña bolsa frontal de sus aún más extrañas ropas.
Lo que fuera que sacó ahí, los ojos que captaban cada línea y cada movimiento, lo grotesco y lo hermoso, estaban ahora fijos en ello.
–Tengo que irme, Luke –aseguró ella a pesar de que su voz temblaba, cómo una de sus estúpidas bromas carentes de sentido o de humor… porque no era para nada gracioso lo que estaba diciendo.
Su extraña varita, esa con la que hacía sus invocaciones estaba en su mano, brillando cómo si fuera a combatir una última vez. Cómo si fuera a desaparecer de nuevo y a llevárselo todo una vez más.
Luke estaba seguro de que escuchó algo comenzar a quebrarse, cómo un sólido muro de piedra o de mármol que se resquebraja de manera inevitable, y sus ojos se dirigieron de nuevo a ese rostro que tanto amaba, ese que había intentado mantener limpio y despejado cada vez que tenía la oportunidad.
Y ahí estaba, esa calma, esa paz… esa dulce y maldita sonrisa.
–Es que yo, todavía tengo algunas cosas que hacer en la realidad.
Y entonces lo comprendió. El reino Realidad no se encontraba en su mundo. Para poder volver, ella debía morir… otra vez.
La aferró con fuerza. Su corazón se estaba rompiendo de nuevo, sonaba igual que los muros de una ciudad derrotada, que ha caído en manos del enemigo sin importar cuánto luche o cuánto se esfuerce.
–¡Natsuko! –la llamó desesperado. No podía dejarla morir de nuevo. ¡No podía permitirle que lo abandonará otra vez!
–Hasta pronto, querido Luke –se despidió ella a pesar de que no quería escucharla despedirse.
El cuerpo de Natsuko se sentía tan frágil ahora, tan… liviano. ¿Cómo podía sentirse tan liviano? La había cargado tantas veces a lo largo del último año. ¡La había cargado sin falta cada vez que terminaba una batalla!... Y nunca se había sentido tan ligero… o tan pesado a la vez.
No iba a soportarlo. Estaba pensando que él también moriría de pena y dolor cuando ella dijo algo que llamó su atención.
–Yo siempre te querré.
No podía ser verdad.
No podía estarlo diciendo.
Tuvo que separarse de ella para mirarla a los ojos y asegurarse. Porque su corazón roto y Moribundo volvió a palpitar en ese preciso momento, angustiado y lleno de esperanza.
Ella sonreía… para él. No era que se hubiera dado por vencida, o que estuviera renunciado. No era un conformismo suicida de aquel que acepta lo inevitable, no. Ella estaba expresando lo que cargaba dentro de su propio corazón, consciente y convencida, feliz de haberlo salvado a él, feliz de saber que estaba a salvo.
–La próxima vez, yo iré al reino realidad –juró Luke de inmediato, comprendiendo de pronto la situación–. ¡Prometo que iré a verte! ¡Espérame!
Su súplica la alcanzó justo a tiempo, llenándola de felicidad, obsequiandolo a él con una sonrisa feliz, la más hermosa que hubiera visto nunca… y luego, sus brazos quedaron vacíos.
–¡Natsuko!
Natsuko había vuelto a su mundo, dejándolo atrás.
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El primer año sin ella fue abrumador.
Si, habían salvado al mundo, reiniciándolo, trayendo incluso a los muertos de vuelta a la vida. Los guerreros de Nine Soldiers estaban intactos y juntos una vez más. Fue un año ocupado también.
Al no existir los vacíos, los guerreros se dedicaron a reconstruir la última ciudad y cada uno de los reinos caídos, regresando cada cual a su lugar de origen conforme el tiempo pasaba. Durante su tiempo reunidos, Luke y sus amigos intercambiaron historias, poniendo a sus viejos camaradas al día. Si al menos no tuviera el recordatorio constante de que ella ya no estaba ahí…
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El segundo año estuvo lleno de sorpresas. Destiny no solo rompió su compromiso y retomó su trabajo cómo dirigente del orfanato, en el cual ya solo quedaban los huérfanos que habían perdido a sus padres antes de la llegada de los vacíos, sino que convenció a Justice de mantenerse a su lado, primero cómo maestro, luego cómo algo más.
Fue una boda hermosa, el motivo perfecto para reunir a los Nine Soldiers tras una separación de medio año, esta vez para celebrar la paz. Luke estaba seguro de que Natsuko habría disfrutado mucho con la celebración, se habría embriagado con cerveza de leche y vino de amapola cómo si no hubiera un mañana… quizás… quizás la habría convencido de seguir el ejemplo de sus amigos, quizás habrían acudido con un niño en camino… quizás él debería seguir conformándose con hablar con su recuerdo en lugar de imaginar imposibles.
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Para el tercer año de la nueva era, Luke y Unio eran ya viajeros errantes.
Los poblados fueron todos reconstruidos, las ciudades, seguían en constante reconstrucción. Los campos estaban ahora llenos de vida y el comercio se había re establecido.
Unio seguía siendo el mismo unicornio despreocupado y coqueto de siempre, en tanto Luke se entretenía ayudando a los demás con lo que pudiera. Desde preparar comida para dar las gracias por ser acogidos en alguna casa hasta arar los campos o combatir ladrones.
Todavía no sabía cómo haría para seguir a Natsuko hasta el Reino Realidad. No quería creer que morir fuera el único camino. No podía. Si se convencía de ello…
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Memmeln tenía que ser una verdadera santa.
Si, su habitación en el reino de los elfos estaba decorado con los dibujos ya enmarcados que Natsuko había creado para ella sobre Existencia. Quizás por eso no le sorprendió enterarse de que su amiga había estado buscando y anotando cada leyenda, hechizo y ritual que los ancianos de su reino aún recordaran… porque con el reinicio del mundo, todos los escritos habían dejado de existir. De Natsuko solo quedaban algunos dibujos por ahí, dibujos que habían estado bien protegidos entre las ropas de la gente cómo lo estuvieron los dibujos sobre Existencia al interior de la armadura de Memmeln.
La esperanza floreció en el pecho del héroe. Tal vez lo lograría. Podría visitarla y ambos volverían a encontrarse una vez más… y está vez no la dejaría ir, no con la certeza de que ella también lo amaba.
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Era su cumpleaños número veintisiete cuando su amiga elfa se presentó con un libro cómo obsequio.
Estaban en el asentamiento que se alzaba dónde alguna vez estuvo la Última Ciudad… el último lugar donde la tuvo entre sus brazos. Justice llevaba a su segundo hijo en brazos en tanto Destiny guiaba al coro escolar.
El orfanato se había convertido en escuela y solo quedaban unos pocos huérfanos viviendo en ella. Era agradable ver todos estos cambios, sabiendo que todos esos pequeños que alguna vez fueron parias ahora eran ciudadanos decentes iniciando sus propias familias.
–Y dime, héroe, ¿sigues persiguiendo a nuestra inusual invocadora?
Le mostró una sonrisa triste a su amigo dragón antes de pasar a la determinación, sosteniendo con cuidado el libro en sus manos.
–Puedes apostarlo. Memmeln cree que podríamos investigar en otros reinos. Empezará a viajar con Unio para recopilar información, y un día, iré por Natsuko.
–Al Reino Realidad. No necesitas aferrarte a tu primer amor, ¿sabes?
–¡Se lo prometí, Justice!
–Es cierto, pero ¿qué pasa si logras alcanzarla en cincuenta años? ¿qué tal qué debes morir de verdad para llegar a ella? ¿Qué crees que dirá cuando un viejo decrépito asegure ser el héroe que la amó y que nunca volvió a amar a nadie más?
–No lo entiendes –dijo molesto, dando un sorbo a su cerveza aguada sin dejar de mirar a los niños correteando a su alrededor.
–De hecho, lo entiendo bien. Dime, ¿qué tal qué fuera al revés? ¿qué tal que ella volviera arrugada y canosa a confesarte que dejó de vivir y se dedicó sólo a sobrevivir porque tú no estabas? ¿No te molestarías con ella?
–¿Claro que me molestaría, pero…?
–¿Entonces por qué planeas hacerle justo eso? ¿Dejarla que se culpe porque te negaste a vivir tu vida sin ella?
El comentario no fue de su agrado, por supuesto, a pesar de todo no huyó. Le preguntó al dragón por su propia historia, su propio entendimiento del amor antes y después de Destiny.
Esa noche y algunas más durante el resto del mes, Luke reflexionó sobre su vida.
Quería vivirla al lado de Natsuko, pero no quería encontrarla y saber que ella no había vivido nada por esperarlo.
Quería estar con ella, pero el recuerdo de esa sonrisa apacible y tranquila que le dedicó no era porque él hubiera sobrevivido, sino porque tenía la oportunidad de empezar de nuevo y disfrutar.
Su actitud cambió un poco.
Siguió siendo el héroe dispuesto a ayudar a todos, pero también comenzó a divertirse en sus viajes.
Por fortuna o por desgracia, nunca pudo volverse a enamorar. Hirose Natsuko le rompió y reconstruyó el corazón, solo para romperlo de nuevo y volverlo a llenar, haciendo imposible para Luke amar a nadie más.
Tenía casi ochenta cuando Memmeln, por quien el tiempo no pasaba nunca, lo convenció de participar en un ritual de lo más curioso.
Unio los siguió, por supuesto. El cabrón equino había dejado a sus vástagos regados por el mundo y, en realidad, estaba buscando una excusa para alejarse de sus nietos más jóvenes en ese momento. ¿Qué mejor excusa que una aventura nueva con sus viejos compañeros?
El ritual, sin embargo, no era lo que había esperado.
–¡Memmeln! ¿Qué significa esto?
La elfa les hizo a los tres un corte con una daga extraña y negra sobre el corazón, nada letal, aunque sí muy doloroso. Se parecía mucho a los caracteres que solía garabatear Natsuko en sus dibujos cuando no estaban peleando.
–¡Estás muriendo, Luke! No eres el primer héroe que conozco, tampoco el primer humano. Lo mismo va para Unio, y yo… necesito más tiempo. Necesito investigar más, estoy tan cerca, Luke, ¡tan cerca! Medio siglo quizás… pero ustedes dos no tienen ese tiempo. Van a morir juntos, así de fuerte es su lazo.
Podía notar su propia angustia reflejada en la mirada de Memmeln… igual que su determinación, estaban ahí junto a una esperanza avasalladora.
–¿Cómo que…? ¿En qué demonios me metieron ustedes dos? –se quejó Unio de inmediato, tratando de borrar la marca negra con sus pezuñas.
–El Reino Realidad, Unio. Los llevaré allá a ambos, y esta vez no tendré que enterrar a todos mis seres queridos. Las marcas son para asegurarme. Sus almas se quedarán aquí, conmigo, hasta que pueda llevarnos allá a salvo.
Y por alguna razón, una sensación de paz y de confianza absoluta se adueñó de Luke en ese momento.
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Luke y Unio murieron un par de años después durante una noche de verano.
Hubo una ceremonia en su honor. Gente de todos los reinos asistió para despedirse de aquel par de héroes y sus historias fueron contadas en los años venideros.
Memmeln sonrió al escucharlos a todos.
Su amigo no solo sobrevivió, se forjó una vida que disfrutó a su antojo a pesar de no formar una familia, ni dejar hijos regados por ahí. Disfrutó de su existencia. Ayudó a otros. Instruyó a otros también. Contribuyó, incluso a recobrar el conocimiento previo al reinicio y dejó su marca en la historia y en varios libros a lo largo de los nueve reinos. Sus historias, su leyenda, sobrevivirían hasta el próximo caos.
Y Memmeln sonrió al pensarlo muchos, muchos años después, sosteniendo en sus manos los últimos ingredientes, parada en el centro del círculo mágico que tanto trabajo le costó crear, con el caparazón y las plumas del ave de mal agüero que tanto hizo dudar a la heroína Natsuko en las últimas batallas.
El último ingrediente, la sangre de un habitante del Reino Realidad, emitía un brillo siniestro y esperanzador, dando vida al círculo mágico en tanto Memmeln se llevaba la mano a la marca grabada en su pecho con parte de los dibujos de Natsuko, consciente de que pronto, todos se volverían a encontrar en Reino Realidad.
