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—Sakura-kun, te ves más molesto hoy que otros días, ¿problemas en el paraíso? —preguntó Suo.
Haruka frunció el ceño, llevando su mirada cansada a su compañero.
—¿Paraíso? ¿Dónde está eso? —gruñó por las tontas metáforas del pelirrojo.
Suo sonrió y Haruka no sabe si desconfiar de lo que está por decir. Hoy Nirei no había ido a la escuela porque sus padres lo llevaron al dentista, Suo sin Nirei solía aburrirse mucho. Y un Suo aburrido es peligroso.
—Algo te molesta, ¿es sobre Sugishita-kun?
Haruka quiere ocultarse en sus hombros pero es imposible. Sabe que su cara ya está caliente porque lo siente fuerte y claro, hace tiempo que se ha rendido a esta reacción física tan molesta y evidente.
Aún no se acostumbraba al cambio. Antes al menos podía disimular un poco —no cuando se dió cuenta de sus propios sentimientos, sino un poco antes cuando no los entendía—, ahora con sólo la mención del nombre del otro su corazón se agitaba. Apenas había transcurrido más de una semana desde que comenzó a salir con Sugishita. Salir en el sentido romántico de la palabra.
Ugh… ¡Aún era demasiado raro! ¡Demasiado todo!
—N-N-No estoy molesto con- no estoy molesto —corrigió de inmediato, pero Suo vio su vacilación. No es que no hubiera algo que lo inquietara, pero se sentía muy extraño hablar sobre eso—. Es solo que… nada ha cambiado mucho desde… eso.
—¿Desde su beso accidental o desde el beso no accidental?
—¡Déjate de eso! ¡Sabes que eso fue el mismo día! ¡No hay diferencia! —le reclamó, Suo se declara culpable—. Es solo que… no hemos vuelto a- eso que dijiste, ni nada parecido…
A Haruka le costaba mucho hablar de esto, incluso físicamente. Sus manos estaban sudando y sus hombros se sentía tensos. No quería que nadie más lo escuchara. Y aunque eran los únicos en la azotea, Haruka miró de reojo los alrededores.
El inicio de su relación no era un secreto, era solo que nadie lo había notado. Y eso era parte del problema.
—Vaya, con lo atrevidos que fueron ambos me esperaba que a este punto ya tuvieran apodos de pareja —comentó Suo, tomando su té.
—No fuimos atrevidos… —Haruka masculló entre dientes, pero algo llamó su atención—. ¿Apodos de pareja?
Suo asentó la taza de té en la mesita, ladeando la cabeza con una sonrisa.
—Sakura-kun, hay muchas cosas que hacen las parejas, ya sabes —sacudió una de sus manos—. Como esto y aquello, pero suelen empezar con este tipo de cosas. Apodos lindos, luego tomarse de la mano, abrazarse… ustedes se saltaron varios escalones para ir directo a los besos, no se esperaba menos del capitán de la Furin.
—¡Deja de mencionar eso! —Sakura lo sacudió un rato hasta que Suo cedió.
—Bien, bien, pero Sakura-kun, si quieres ir avanzando un poco con Sugishita-kun, quizá debas volver a los primeros escalones, ¿no crees?
Sakura frunció el ceño, pensando. No se le ocurría absolutamente nada, ¿Cómo demonios surgía un apodo de pareja? ¿Sugishita era de los tipos que hacían esas cosas? ¿Él mismo lo haría? No debería ser extraño si lo hacen todas las parejas, Suo debe tener más información sobre eso, es su estratega por lo que es lógico que sepa un poco de todo.
—Sakura-kun, desde aquí puedo ver cómo trabajan esos engranajes en tu cabeza, si sigues así van a echar humo —bromeó Suo—. ¿Quieres consejos sobre eso?
Sakura no quiere verse evidentemente interesado en esa oferta, pero todo lo que rodea a su nueva relación es demasiado enigmático para él. Quiere hacerlo bien. Al menos para mostrarle a Sugishita que sabe más cosas de relaciones que él.
—No es como si… —empezó pero al final solo suelta un largo suspiro—. Como sea, dime.
Suo se tomó su tiempo para tomar otro sorbo de té, Haruka notó que era ese té que compró el otro día junto a Nirei, Suo no era bueno disimulando cuando extrañaba a su compañero. Sakura miró su propia tasa que permanecía intacta, así que decidió comenzar a tomar también.
—Hay gente que le gusta decir cosas lindas como “cariño”, “amor”, “lindura”, o cosas resaltando alguna cualidad que te gusta de tu pareja —ennumeró Suo—. O quiza puedas llamarlo por su nombr- oh.
Suo tenía buenos reflejos, por lo que logró retirar su tasa para que no le salpicara cuando Haruka escupió su té. El pelirrojo le estaba dando palmadas en la espalda mientras Sakura recuperaba el aliento. Casi moría ahogado.
—¡Im- Imposible! ¡No digas tonterías! —lo señaló con el dedo, ya de pie.
—Es sólo una opción, no te preocupes si es demasiado difícil para ti –calmó Suo.
—¡No es que-! ¡No le tengo miedo!
—¿Miedo a quién?
Sakura por un segundo siente que le va a dar un ataque cardíaco, ¿Desde cuándo Sugishita se había vuelto tan sigiloso? No era su estilo. Quizá Haruka con el tiempo había bajado la guardia cuando estaba con sus amigos.
—Oh, Sugishita-kun, ¿vienes a regar el huerto? —Lo distrajo Suo.
—Lo hice en la mañana —le respondió, lo cual tenía sentido, porque a esta hora el sol estaba en su punto y el agua se encontraba un poco más caliente y podía pudrir las raíces, además la tierra se veía fresca cuando subió con Suo. Durante el verano habían llegado insectos que habían acabado casi por completo con las plantas, ambos se esforzaron mucho para ayudar a recuperarse las cosechas, a Sakura le recordó un poco todo el cuidado que tenía Umemiya con ese mismo huerto. Y aunque Sugishita no era el tipo de persona que presumiera las plantas con una sonrisa, sus ojos brillaban con alegría y orgullo.
—¿Entonces vienes a ver a Sakura-kun? —dijo Suo, sacándolo de sus pensamientos de golpe. Miró a Sugishita, el cual sólo asintió con la cabeza e hizo que a Haruka se le erizara la piel—. Bien, he acabado mi té, me iré adelantando un poco, Sakura-kun —se despidió Suo—. Espero que nuestra charla te ayude.
Lo vieron cerrar la puerta tras de sí, Sugishita se sentó a su lado.
Ninguno dijo nada por un momento, Sakura estaba digiriendo lo que Suo le había dicho, apodos de pareja… no era como si se llamaran muy frecuentemente por sus nombres. Aunque Sakura lo hacía en momentos importantes como líder, a un nivel tan personal no tenían esa costumbre, a veces se sentía un poco brusco con sólo pronunciarlo. Quizá… si usaba un tono un poco más suave… ¡pero ahora le daba mucha vergüenza!
—Sugi…
¿Y si usaba algún diminutivo? No, sentía como si estuviera imitando a Kiryu o algo por el estilo.
—¿Quieres terminar con esto?
Esta vez, la mirada de Sakura lo buscó inmediatamente. Haruka estaba acostumbrado a las peleas físicas, a los golpes duros que le han costado costillas y le sacan el aire de los pulmones. Pero esto se sintió peor que cualquiera de ellos.
Sugishita, quien estaba frunciendo el ceño, pareció darse cuenta del impacto que recibió el líder de la Furin. Sakura tomó nuevamente aire, pero no apartó la mirada.
No había enojo en la mirada de Sugishita, no, había algo más parecido a la inquietud y ansiedad.
—¿Tú quieres…?
—No quiero —algo se estrujó en su mirada, crujió un poco los dientes antes de seguir. Miró de reojo al huerto antes de volver a Sakura, encorvándose un poco más sobre sus rodillas para estar a la misma altura—. Tsubaki-san me dijo que te diera tu espacio, pero… —sus hombros estaban caídos, Sugishita abrazó un puño con el otro, estaba temblando un poco—. Has estado incómodo con esto, ¿no?
Sugishita era una persona de más acciones que palabras, Sakura lo sabía muy bien, escucharlo decir tanto y, aún más, lo que expresaba, hizo que Haruka despertara finalmente.
—No es que esté incómodo con… esto —quisiera que su cara no se sintiera tan caliente, quisiera transmitir más seguridad en sus palabras como cuando lo hacía frente a la Furin—. Es solo que es la primera vez que tengo algo como esto, no sé qué hacer.
La confesión se siente extraña. Quizá hasta fuera de lugar.
—Yo tampoco —murmuró Kyotaro. Haruka lo miró mientras se rascaba la cabeza, despeinando aquel medio moño con el que se había recogido el cabello hoy. El cual se le veía muy lindo y quiso tocar desde la mañana—. Pero, si vas a pelear quiero cubrirte la espalda, si vas a enfrentarte a otros quiero apoyarte, si vas a caer quiero sostenerte. Quiero estar contigo. No soy… bueno hablando estás cosas. Pero-
Una risa brotó desde su pecho. Sakura no pudo contener la risa que nació desde su centro, evaporando toda aquella tensión en sus hombros, conviviendo con el cosquilleo de su estomago y renovando el aire en sus pulmones.
Cuando terminó de reír, se dió cuenta que Kyotaro lo miraba atentamente, con ojos impresionables y brillantes. Le hizo picazón en el corazón.
—Dices que no sabes expresarte, pero estás haciendo un mejor trabajo que yo —se sacudió los nervios y relamió sus labios—. Otra vez eres tú quien da el primer paso. No puedo permitirme quedarme atrás —colocó una de sus manos sobre la del otro, estaba caliente—. Creo que no aclaré este punto desde el principio, fue un error. Pero yo también quiero estar contigo, no solo como compañero o amigo, sino más que eso, eres mi igual, mi rival, mi complemento. Me gustas, Sugishita.
Oh.
Haruka siente que su corazón se acelera como un loco cuando ve que el propio rostro de Kyotaro se colorea, desde sus orejas, sus pómulos y su nuca, en su bronceada piel se dibuja el rojo brillante. Incluso sus labios se abrieron por lo desencajado que se encontraba y fue Haruka quien causó esa reacción.
—P-Podemos ir lento e iniciar con… ¿Esto por ejemplo? —dijo, tomando con más seguridad la mano del más alto.
—Tsk… —Kyotaro chasqueó la lengua y gruñó. Jaló a Sakura desde esa misma unión, no tan brusco como la primera vez, pero acercó sus rostros.
Haruka cerró los ojos, esperando el beso de Sugishita.
¿Por qué tardaba tanto?
Sakura abrió uno de sus ojos para encontrarse con la mirada de Sugishita sobre él. Aún bastante cerca, Kyotaro le pellizcó los labios con su índice y pulgar.
—Haces una cara rara cuando nos vamos a besar —sonrió con esa mirada burlona suya.
—Si te parece que hago una cara rara entonces no la bes-
Pero Kyotaro ya había completado lo que se supone debió hacer desde el principio. Un poco diferente a las dos veces anteriores.
La primera vez que se besaron fue inesperado para ambos, no fue más que un choque repentino que hasta le dolió por los dientes. La segunda vez había sido un impulso, ambos sabían que ocurriría, desde que se encontraron en el jardín de Sugishita, Sakura no podía dejar de mirarle los labios y sentir el peso del choque anterior, no necesitaron muchas palabras, esa vez había sido un roce feroz, un poco más coordinado que el anterior pero aún inexperto, con un poco de duda, un poco de sorpresa al ser correspondido.
Pero este era diferente. Era esperado, suave, ansiado. Es un roce dulce sin rastro de dudas, con los sentimientos a flor de piel, con la respiración tranquila del otro haciendo cosquillas en su mejilla, con la sensación de su piel irradiando calor cerca de la suya, la sensación de que estaban unidos y la seguridad de que ambos lo querían.
Cuando se separaron, Sakura casi por impulso peinó el mechón de Sugishita atrás de su oreja. Antes de reaccionar, sonó el timbre que les anunciaba que debían regresar a su clase.
Esa vez, Sakura escuchó unos murmuros de sus compañeros cuando ambos volvieron con el rostro rojo.
Bueno, quizá ahora notarían un cambio.
(...)
Desde entonces Sakura se sintió más en confianza con su relación con Sugishita. Cada vez era un poco más fácil. Eran pareja, no debía ser raro que quisiera tomarlo de la mano o cosas como esas.
De hecho, Sakura se dio cuenta que a Sugishita le gustaba el contacto físico. Era él quien siempre buscaba besarlo de vez en cuando.
—¿Qué nos falta? —preguntó. Sugishita miró la lista que les había dado Kotoha.
—Café…
Esto no era una cita, pero es lo más cercano que habían estado en esos días a una. Le estaban haciendo un favor a Kotoha al terminar de comprar unas cosas para su negocio, pues había estado muy ocupada.
—Ah, en la tienda del señor Matsuda está la marca que le gusta, el otro día…
—¿Kyo-chan?
Sugishita se detuvo de inmediato, Haruka volteó hacia donde se encontraba la voz. Era una mujer mayor con una mirada amable.
—Abue…
¿Abuela? Sakura sabía que Sugishita vivía con sus abuelos, lo había mencionado de pasada una vez pero nada muy específico, no hablaba mucho de su familia o de sí mismo y Sakura, sabiendo que a veces era un tema poco grato, no había preguntado más al respecto.
—Vaya, Kyo-chan, ¿es un amigo tuyo? Me alegra que estés saliendo con tus compañeros de clase —sonrió ella, claramente complacida.
—Es…
—Sakura Haruka —se presentó rápidamente. Se sentía nervioso, nunca se había sentido tan nervioso de presentarse ante otra persona—. Un gusto —se tardó unos segundos en completar y se reprendió internamente por eso.
—¿Sakura… Haruka-kun? Oh, ya veo —la anciana pareció reconocer su nombre, lo cual sorprendió a Sakura—. Eres el chico que llegó de fuera en su primer año, ¿verdad? Kyo-chan y Hajime-kun me han hablado mucho de ti.
Sakura trató de no sonrojarse ni mirar a Sugishita a su lado.
—Eso es…
—Muchas gracias por ser amigo de mi Kyo-chan —le dijo ella, tomando su mano libre con delicadeza—. Sé que es un poco callado pero es un buen chico, tiene un gran corazón, cuida de él, ¿sí?
Sakura asintió con nerviosismo, pero antes de poder responder, Kyotaro los interrumpió.
—No es mi amigo —dijo Sugishita, dejando a Sakura sin palabras por un momento, no le iba a… —Es mi novio.
Silencio.
La mujer miró a su nieto y Sakura ni siquiera podía voltear a mirar al otro porque se encontraba petrificado. No sabía cómo reaccionaría, no quería ser despreciado por la familia de Sugishita.
—¡Vaya! Crecen tan rápido, cómo no me di cuenta antes —se rio, tomando está vez la mano de Sakura con ambas manos—. Sakura-kun, ¿Por qué no vienes el próximo sábado a almorzar con nosotros? Dime qué te gustaría comer, te aseguro que soy muy buena en la cocina, Kyo-chan igual está aprendiendo, le voy a heredar mi sazón para que sea un buen esposo, no te preocupes.
—¡Ugh! —ambos casi se ahogan con esa declaración. La mujer solo se ríe con alegría.
—Que tímidos son los jóvenes —comentó ella—. La oferta sigue en pie, nuestra casa está abierta para ti cuando quieras, Sakura-kun.
Y tan fugaz como había aparecido, se despidió de ambos.
Poco después terminaron el favor para Kotoha, aprovecharon a comprar unas cuantas cosas para la despensa de Sakura y Sugishita lo acompañó hasta su apartamento.
Había sido una tarde muy extraña. Desde que llegó a esta ciudad, a Sakura le sorprendió lo amable que es la gente ahí, las sonrisas sinceras que le dan, la calidez que transmiten. Siempre le sorprende cuando alguien nuevo lo acepta así como así. Debería estar acostumbrado a este punto, pero en realidad siempre es una sorpresa tras otra.
—No tienes que ir si no quieres… al almuerzo —las palabras de Kyotaro lo detienen en medio de las escaleras.
Otra vez Sugishita había leído su cara, aunque lo mezcló con su propia preocupación de qué pensaría Sakura del encuentro con su abuela. Sin embargo, si estaba un poco nervioso por eso, no era la razón principal.
—En realidad, no me molestaría ir, nunca he visto donde vives —se volteó para verlo, desde esta altura podía verlo a la cara con facilidad, le dio confianza para algo que había estado pensando desde hace unas horas—. Quiero saber más de ti, Kyo-chan , quizá me muestren fotos vergonzosas de cuan-
Las bolsas calleron suavemente sobre las escaleras, las manos de Sugishita ahora estaban sobre sus mejillas, reteniendolo en un beso largo y caluroso. Haruka no sabía dónde colocar sus manos, por lo que le tomó de las muñecas, disfrutando únicamente del momento.
Suo tenía razón, los apodos de pareja eran un buen paso, aunque tampoco le molestaba saltarse unos escalones a los besos.
