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— Tsubaki… — Sakura jadeó profundamente en el momento en que el rey celestial penetró su coño con mucha más fuerza que antes.
— Lo siento, ¿te lastimé? — preguntó el Alpha, preocupado por si le había hecho daño a su pequeño kohai debido a su fuerza bruta.
— No… — respondió Sakura entre dientes.
No sabía si era la adrenalina o la excitación, pero no sentía dolor alguno por el momento, a pesar del constante maltrato que estaba recibiendo su cuerpo.
— Pero qué Omega tan fuerte y valiente eres. — dijo Tsubaki, con una bonita y resplandeciente sonrisa apareciendo en su rostro.
No tardó mucho tiempo en empezar a mover de nuevo sus caderas, provocando que Sakura se tapara instintivamente la boca, tratando de no emitir ningún sonido que considerara vergonzoso.
— Vamos, no hay necesidad de que hagas eso. — el mayor se inclinó un poco hacia adelante, retirando con cuidado las manos del bicolor, quien jadeaba y se estremecía cada vez que no podía gestionar todo lo que estaba sintiendo a la vez. — Eres demasiado hermoso para avergonzarte por gemir. Aunque… no cualquiera debería de escucharte. — declara, y Sakura puede ver un brillo posesivo en su mirada. — Me preguntó... — dice sin dejar de moverse, pero no tarda en llevar una de sus manos hacia el vientre del más bajo, quien lo observa detenidamente en todo lo que hace. — ¿Cómo será un hijo tuyo? ¿Acaso tendrá tu misma apariencia? ¿Será tan hermoso como lo eres tú?
Todas aquellas preguntas marean a Sakura, quien quiere expresar su desacuerdo con los pensamientos del Alpha, porque lo último que desea es que alguien como él tenga que pasar por el mismo infierno que se había visto obligado a recorrer mientras crecía.
Las miradas de odio, el desprecio, el aislamiento y el maltrato constante marcaron de manera significativa su vida, provocando heridas en su corazón que hasta el día de hoy siguen sanando.
Pero ahora… Todo era tan diferente gracias a que, por fin, encontró el lugar al cual pertenecer, que la posibilidad que alguna vez tanto rechazó con todas sus fuerzas podría hacerse realidad con un simple “sí” de su parte.
— Apuesto a que muchos quisieran tener el privilegio de poder engendrar un cachorro contigo. — continúa Tsubaki, cambiando un poco la posición en la que se encuentran.
Ahora, las piernas de Sakura están sobre sus hombros, lo que le permite estar más profundo dentro del delicado y hermoso cuerpo del Omega, quien pierde la capacidad de respirar por unos instantes ante la sorpresa.
— Con Ume tendrías cachorros que serían tan altos y lindos como él. — comenta ella de lo más casual, como si no estuvieran teniendo sexo. — Si los tuvieras con Suo, sería interesante ver una combinación de su cabello rojizo con el color de tus ojos. — continúa, escuchando cómo el Omega empieza a sollozar ante lo sobreestimulado que se siente, pero no deja de rogar desesperadamente por más. — Con Togame, estoy seguro de que sus hijos podrían tener el color jade de sus ojos y tu cabello desigual. ¿Te los imaginas? — le pregunta, pero Sakura ya es incapaz de pensar coherentemente.
Todas sus neuronas han decidido concentrarse únicamente en cómo el Alpha se lo está follando; su Omega interior no deja de aullar de felicidad ante el hecho de estar siendo complacido, a pesar de no encontrarse en celo.
Ahora, lo único que desea es que su superior termine en su interior y lo anude para poder tener un cachorro juntos.
— ¿Y conmigo? — pregunta él, respirando pesadamente al ver cómo el rostro sonrojado del Omega se convierte en un hermoso espectáculo.
La cara de Sakura se encuentra tan roja que fácilmente podría compararse con el tono de sus uñas; sus pupilas están dilatadas, tiene la boca entreabierta y le cuesta respirar con normalidad.
— Sakura, ¿cómo crees que serían nuestros cachorros? — la pregunta toma por sorpresa al menor, quien intenta gesticular una respuesta, pero lo único que sale de su boca son gemidos y jadeos. — ¿Te gustaría que lo averiguáramos? — le dice, moviéndose lentamente para provocar una respuesta inmediata en el otro.
El Omega se queja en el momento en que el Alpha reduce la velocidad de sus movimientos. Sus caderas se mueven de forma instintiva de atrás hacia adelante, como si eso fuera suficiente para ser follado con la misma intensidad de antes.
— Me gustaría verte embarazado de un hijo mío. — continúa Tsubaki, sumido en sus fantasías, y no parece estar dispuesto a dejarlas ir a menos que tenga la seguridad de cumplirlas. — Te verías hermoso con los pechos grandes y llenos de leche, las caderas anchas y el vientre hermosamente abultado por nuestro cachorro — declara seriamente, volviendo a moverse cuando nota que el menor está a punto de perder la cabeza por la desesperación.
— Alpha… — lo llama el Omega, mirándolo fijamente a los ojos mientras el rey celestial continúa arremetiendo violentamente contra su cuerpo. — Más… Ah… Más… — súplica, y Tsubaki no necesita escuchar esas palabras dos veces más para cumplir con aquella desesperada petición.
El chirrido del piso es una extraña melodía que acompaña los sonidos que Sakura emite. El Alpha está casi seguro de que los vecinos de sus kohais ya deben haberse dado cuenta de lo que están haciendo.
Las feromonas de ambos inundan la habitación, nublandoles por completo los sentidos y la capacidad de pensar coherentemente. El aroma a cereza es demasiado intenso para Sakura, como si se tratara de algún tipo de licor que no puede dejar de beber por más mareado que este.
Aunque no se supone que una simple visita, para probar algunos artículos de belleza y cuidado personal, haya terminado con Tsubaki tomando la virginidad del Omega más codiciado de toda la preparatoria.
El rey celestial ha escuchado a varias personas de diferentes escuadrones y años escolares expresar lo mucho que desean poseer al Omega de cabello bicolor. Incluso ha oído a su amor imposible fantasear con ser la primera persona que haga sollozar y rogar por más al capitán de la clase 1-1.
Sin embargo, en ese preciso momento, todo había dado un drástico giro inesperado.
La tensión en el aire era palpable, y cada respiración que compartían parecía encender aún más la chispa entre ellos. El Omega, con sus ojos brillantes y llenos de deseo, lo miraba como si fuera la única persona en el mundo.
La intensa mirada de Sakura lo hacía sentir abrumado, aunque también podía sentir una mezcla de emoción y miedo que lo mantenía al borde, expectante a cualquier reacción por parte del Omega, ya fuera de placer o arrepentimiento por lo que estaban haciendo.
Un sonido profundo escapa de la garganta del Omega en el momento en que alcanza el orgasmo. Tsubaki puede percibir cómo el interior de Sakura se contrae ante lo sucedido, lo que le hace replantearse cuánto tiempo será capaz de resistir.
Ya llevan varios minutos en esa situación; comenzaron con besos suaves que rápidamente aumentaron en intensidad, volviéndose profundos y exigentes, hasta el punto de dejarlos sin aire.
En algún momento, la ropa empezó a estorbarles, y el rey celestial se encargó de desnudarse tanto así mismo como al Omega, quien, avergonzado, intentó cubrirse al instante, pero los halagos de Tsubaki lo ayudaron a mantener la calma y permitir que llegaran hasta este punto.
— Sakura. — la piel del bicolor se erizó en el momento en que su nombre fue pronunciado con tanto deseo y dulzura. — Por favor… — suplicó, y Sakura sabía exactamente lo que le estaba pidiendo sin necesidad de que fuera más específico.
Por la mirada de Tsubaki, le quedaba bastante claro que el de tercer año deseaba anudarlo, que estaba cerca de su propio final y que, en lugar de terminar afuera, deseaba hacerlo dentro de él.
La idea lo hizo sonrojar al instante, y su cabeza, nublada entre el placer de aceptar la propuesta y la necesidad de mantener una parte de su ser intacto, se debatía entre lo que debería escoger. No tiene mucho tiempo, no por la forma en que las embestidas de Tsubaki comienzan a intensificarse, y cada vez que está seguro de la decisión que ha tomado, la inseguridad lo invade y lo hace replantearse la idea nuevamente.
— Sakura… — vuelve a pronunciar el rey celestial, quien, al no obtener una respuesta, decide empezar a retirarse. Pero Sakura se aferra a él con todas sus fuerzas, mientras le susurra que continúe.
El miembro de Tsubaki se contrae cuando se corre; un fuerte gemido sale de sus labios y su cuerpo se tensa al instante. Sakura, por su parte, siente cómo es llenado rápidamente; parte del semen de Tsubaki resbala por sus glúteos, pero está casi seguro de que la mayoría se encuentra en su interior.
Los sollozos y gemidos se incrementan, aunque ahora por ambas partes. Sakura empieza a sentirse incómodo cuando el volumen del nudo comienza a crecer más, y Tsubaki se siente tan feliz de haber conseguido este gran logro que lo único en lo que puede pensar es en tomar las veces que sean necesarias al Omega para que este le dé un hijo.
No le importa quedarse sin fuerza ni energía; lo único que quiere es que Sakura le pertenezca y que todos a su alrededor lo sepan.
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Tomar al Omega más codiciado de la escuela trajo consigo ciertas consecuencias que Tsubaki acepto sin problema alguno. Varios miembros de la clase 1-1, y de otros salones inferiores, no pueden dejar de verlo con seriedad; si las miradas pudieran matar, está casi seguro de que ya estaría tres metros bajo tierra por la forma en que sus kohais lo ven ahora.
Suo, en especial, ha sido el más intenso de todos. El orgullo del Alpha de cabello rojizo parece haber sido herido de la peor manera posible, porque ver al Omega que le interesa ser tomado por alguien más debe de ser peor que recibir una apuñalada en el corazón.
Umemiya también parece herido por lo sucedido, pero, a diferencia de Suo, hace un mayor esfuerzo por disimular lo que realmente siente, aunque Tsubaki sabe que su relación con el no volverá a ser la misma.
El rey celestial, en cambio, no puede evitar sentirse afortunado, porque, cada vez que puede, piensa en aquellos momentos tan íntimos que, hasta el día de hoy, siguen aferrados con fuerza a su mente.
Y como si algún tipo de animal salvaje hubiera quedado libre tras su primer encuentro, Tsubaki ha empezado a desear cada vez más el cuerpo de Sakura.
Ahora ya no espera a estar en el departamento del bicolor o en su casa para poder hacerlo. Ambos suelen tener intimidad con bastante regularidad en cualquier sitio que consideren adecuado. La mayoría de sus encuentros son en la escuela, los cuales suelen llevarse a cabo en un salón vacío cerca del aula de la clase 2-3.
Aunque también lo han hecho en el salón de la clase 1-1, específicamente sobre el escritorio de Sakura, cuando no hay nadie cerca.
Además, el Omega se ha vuelto tan dependiente de él que no le cuesta mucho trabajo convencerlo de aceptar las propuestas que suele hacerle, dónde la mayoría de veces termina hecho un desastre, tanto física como emocionalmente al no saber cómo procesar tanta atención y amor que ahora está recibiendo.
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— Tsubaki-san, Tsubaki-san, venga rápido, por favor.
Tsubaki no tiene tiempo para detenerse a pensar en lo que está sucediendo, no cuando Nirei entra apresuradamente al salón 2-3 para buscar al rey celestial sin siquiera saludar o presentarse adecuadamente.
— ¿Qué sucede? — pregunta Tsubaki, intentando seguirle el ritmo al Beta, quien no deja de caminar apresuradamente.
— Es Sakura-san… Parece que hay algo mal con él. — con esas simples palabras basta para que Tsubaki se preocupe y acelere el paso.
En cuestión de minutos, ambos llegan a los baños cercanos al aula 1-1. La mayoría de los estudiantes de esa clase se encuentra afuera, con expresiones claras de preocupación.
Todos se hacen a un lado al verlos llegar. Tsubaki puede sentir cómo muchos lo observan; y está casi seguro de que los oye murmurar algo, pero su mente está concentrada únicamente en su amante.
— ¿Sakura? — pronuncia al entrar, solo para escuchar cómo, desde uno de los cubículos, su pobre Omega parece vomitar sin control.
Se mueve sin pensarlo hacia el cubículo, donde encuentra a Suo acariciando suavemente la espalda del bicolor. Ambos Alphas se observan detenidamente por un par de segundos antes de que Suo deje escapar un bufido y se aparte, cediéndole su lugar al de grado superior, quien simplemente asiente a modo de agradecimiento.
— Sakura, ¿qué te sucede, cariño? — le pregunta, con la mente llena de posibles razones por las que su Omega está en ese estado.
— No me siento bien. — responde el capitán de primer año, quien apenas es capaz de hablar. — Desde que desperté me siento mal… Tengo náuseas y todo me da vueltas.
Tsubaki no duda en sostenerlo con firmeza pero también con un extremo cuidado, como si se tratara de una pieza delicada de vidrio lo ayuda a incorporarse. El cuerpo de Sakura tiembla, cubierto de un sudor frío que deja en evidencia su malestar.
— No creo que lo que hayas desayunado te haya caído mal. — susurra Tsubaki, al mismo tiempo que le acaricia el cabello. — Vamos a la enfermería. — declara, cargando con cierta facilidad entre sus brazos al omega sin avisarle, lo que provoca que el de primer año se queje por ello. — No puedes mantenerte de pie, y no quiero que te hagas daño si intentas caminar. — le dice, lo que parece calmar un poco al Omega, quien acepta a regañadientes.
Antes de salir por completo del baño, Tsubaki observa a Nirei, quien parece estar al borde del colapso por lo que está sucediendo. Suo, en cambio, lo mira con cierta molestia, celos… aunque también con una chispa de resignación, que parece ser un indicio de la respuesta que está buscando.
Pero él no le da demasiada importancia a esto último; simplemente carga a Sakura en brazos como si fuera lo más natural del mundo, sin importarle las miradas ni los murmullos que lo siguen por los pasillos.
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En la enfermería, la encargada los recibe con sorpresa, pero no pone objeción alguna cuando Tsubaki acomoda al Omega en la camilla más cercana. Sakura se aferra a su mano como si el simple contacto fuera lo único que lo mantuviera estable.
— Sakura, escúchame. —le dice la mujer mayor, una vez que el bicolor le ha contado cómo se siente. — ¿Esto ha pasado más de una vez?
— Sí… — responde, tras guardar silencio de forma considerable. — Desde hace unos días… pero no quería preocupar a nadie. — susurra, avergonzado por haber ocultado algo que parece ser tan grave.
Tsubaki siente que se le revuelve el estómago y su mundo se cae a pedazos al oír aquella declaración.
¿Su pareja se sentía mal desde hace días?
¿Y no le había dicho nada?
— ¿Has tenido fiebre? ¿Dolor? ¿Algo más que las náuseas? — la enfermera pregunta, mientras comienza a tomarle la temperatura.
— Solo las náuseas y… mareos. Y a veces me dan arcadas los olores fuertes…
Tanto el Alpha como la Beta presentes se quedan quietos ante la posibilidad que se les cruza como un rayo por la cabeza.
No…
Pero sí.
— Sakura… — el Alpha pregunta, su voz es más baja de lo normal. — ¿Es posible que estés…?
El Omega no responde, pero su rostro se enrojece al instante. Baja la mirada, como si quisiera desaparecer entre las sábanas de la camilla.
La enfermera los observa por unos segundos antes de asentir para sí misma y buscar algo en un gabinete.
— Será mejor que hagamos una prueba, por si acaso. — dice con voz neutra, como si estuviera acostumbrada a ese tipo de situaciones.
Tsubaki, por su parte, permanece quieto. El mundo parece haberse detenido por completo a su alrededor.
Su pecho se llena de algo nuevo, algo que le es difícil de describir.
¿Miedo?
¿Alegría?
¿Una nueva responsabilidad?
Tal vez un poco de todo.
Pero, más que nada, un amor feroz que lo hace aferrarse a la mano temblorosa de Sakura con más fuerza.
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Cuando el embarazo por fin se confirma, Tsubaki puede considerarse el ganador de una competencia que ni siquiera había empezado de manera seria.
Ahora, Sakura no solo luce un bonito vientre abultado en señal de que carga al cachorro de ambos, sino que también lleva un collar ajustado en el cuello y una marca que deja en claro la unión que ahora tiene con el Alpha de cabello largo.
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