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Darse Cuenta

Summary:

Entre crear historias, dibujar cómics y pequeños toques inocentes, Nathaniel se va dando cuenta de que está enamorado de Marc.

Donde todos ya sabían de sus sentimientos pero igual lo dejan ir a su ritmo.

Notes:

Es mi primer fic para este fandom. Tal vez no sea la mejor, pero estoy aprovechando esta fiebre que me dio para escribir un poco de este ship.

Quiero mucho a Nath y Marc, son mis nenes.

Chapter Text

 

Un gentil rayo de sol se hizo espacio entre las rendijas y altas cortinas del ventanal de la habitación, posándose suavemente sobre la nariz pequeña y pecosa de Nathaniel. Este, al sentir la calidez, la frunció por unos segundos, para después darse la vuelta sobre su amplia cama en un intento de seguir durmiendo y continuar aquel maravilloso sueño que estaba teniendo. 

Durante la noche, antes de quedarse dormido a las tres de la mañana, se la había pasado platicando por llamada con Marc, quien lo había llamado justo antes de que Nath se acostara a dormir, aprovechando para contarle con voz sumamente emocionada, cada una de las nuevas ideas que habían surgido en esa creativa cabecita suya, y cómo, después de pensarlo todo el día, finalmente había logrado hilar cada una de estas ideas para conseguir así una nueva y emocionante novela. 

Escuchar la suave voz de Marc leerle en voz alta las pequeñas escenas que había escrito durante el día, había resultado intensamente relajante para Nathaniel. Es más, incluso se atrevería a decir que fue gracias a las lecturas de Marc, que consiguió quedarse dormido en la madrugada. 

Desde luego, cada palabra de su amigo había quedado tatuada en su mente, y fue solo sensato que esta decidiera premiarlo mientras dormía con increíbles sueños donde ya comenzaba a proyectar imágenes mentales del aspecto de los personajes que le describió Marc tan emocionadamente. Nath no podía esperar a comenzar a dibujarlos. 

Sonrió aún con los ojos cerrados, tratando de forzarse a sí mismo a volver a dormir para seguir imaginando más ilustraciones. Aunque claro, aquello resultó ser en vano, pues su cabeza no paraba de dar vueltas sin cooperar, y pronto, su despertador comenzó a sonar a viva voz para anunciarle el inicio de su día. 

¿Alguna vez has sentido que tus ideas se te escurren por los dedos? Como si estuvieras batallando con el agua de la lluvia para acunarla entre tus manos y llevarla a guardar a una gran piscina. Pues Nath sí, de hecho, le pasa más seguido de lo que le gustaría y, como artista, es increíblemente frustrante. 

La lluvia de ideas con la que tan agradablemente le premió su mente durante la noche ya estaba escurriéndose entre sus dedos, y pronto, si no actuaba en respuesta, esta comenzaría a secarse.

Fue por eso que Nathaniel, en un impulso de esos que solo los artistas desesperados tienen de forma inesperada y a horas poco convenientes, se levantó de su cama en un segundo, corriendo con anhelo hasta su escritorio y sacando una hoja de dibujo rápidamente para comenzar a trazar sobre ella, buscando ganar la batalla contra su nublada mente, que poco a poco, comenzaba a olvidar retazos de su sueño. 

Con un crayón de dibujo un poco quebrado de la punta, comenzó a darle forma a los personajes principales, buscando plasmar con agilidad solo las características principales de las escenas, como poses o expresiones claves. Su crayón se movía a gran velocidad contra el limpio lienzo, rasgándolo un poco con trazos apresurados y levemente descuidados. 

Cuando la segunda alarma del día sonó desde su celular, Nathaniel supo que ya debía detenerse. Con un suspiro frustrado, miró las ahora cuatro hojas de dibujo repletas de nuevos bocetos, y a pesar de que aún no se sentía del todo conforme con su trabajo, no tuvo más alternativa que levantarse de su silla y correr a apagar su alarma. 

Aunque mientras se arreglaba, su cabeza no paró de mostrarle imágenes mentales nuevas, las cuales, ahora un poco más consciente por la ducha fría que había tomado y ya desaparecida la neblina en sus pensamientos, de camino a la escuela comenzó a trazar sobre su libreta de dibujo, solo que en esta ocasión con muchísima más calma que antes. 


~~~


Llegó al salón sintiendo su cuerpo vibrar con emoción y expectativa, mirando a su alrededor en la espera de la llegada de su mejor amigo, Marc. Abrazó su libreta contra su pecho, aferrándose a ella para tratar de calmar sus nervios, que no parecían querer dejar en paz a su corazón, el cual galopaba con fuerza en un ritmo incesante contra sus costillas. 

Marinette entró al aula, con esa torpeza tierna que siempre la había caracterizado, sonriendo apenada cuando accidentalmente se tropezó con el pie de un compañero y casi se cae de frente, pidiéndole perdón al chico, que está de más decir que ni siquiera la notó, continuando su plática con su compañera de mesa. 

Cuando ella levantó la mirada, sus ojos se cruzaron con los de Nathaniel y le sonrió con alegría, consiguiendo que este le regresara el gesto apresuradamente, aunque mucho más tenso y sencillo, siendo apenas una curvatura leve en sus labios. Marinette se acercó a él para saludarlo. 

“¡Hola, Nathaniel!” La chica meneó su mano en un saludo entusiasta. “Veo que llegaste temprano”.

Ella le miró el rostro, esperando una respuesta, aunque lo único que recibió fue un pequeño asentimiento de parte de este, quien luego desvió su mirada de nuevo a la puerta del aula, con mirada añorante. Marinette sonrió ante eso. 

“Oh, ¿estás esperando a Marc, no es así?” preguntó ella con travesura, contenta de haber acertado cuando el pelirrojo la miró con temor, solo para después asentir tímidamente al verse atrapado. “Marc no va a venir hoy, ¿no te lo dijo?” 

Al escuchar eso, el flujo de aire en sus pulmones se detuvo abruptamente, llevándolo a aflojar su agarre casi desesperado contra su libreta, dándose cuenta entonces lo tensos que estuvieron sus hombros y brazos durante todo el rato que esperó a su amigo. 

“¿Qué? ¿Por qué no?” Fue lo primero que consiguió abandonar sus labios cuando su respiración se restableció “¿Te dijo eso a tí?” 

Y oh… la voz de Nathaniel de pronto sonó amarga, entornando los ojos con sospecha al mirar a la chica. Sin embargo, Marinette asintió rápidamente, completamente inconsciente del repentino cambio de humor de su amigo, y ansiosa de poder proporcionarle información nueva. 

“Marc me lo dijo ayer. Me mandó un mensaje para que avisara a los maestros que él está enfermo y no podrá asistir hoy”. 

Eso lo cayó como balde de agua fría a Nath, quien se sintió traicionado. ¡¿Había hablado con Marc hasta altas horas de la noche y aún así él no se había atrevido a comentarle nada?! Se supone que eran mejores amigos… 

Profundamente decepcionado, suspiró con cansancio, poniendo su libreta sobre la mesa y recargando su frente contra esta en derrota. Marinette se sintió ligeramente culpable por el notorio bajón de ánimo de Nath, aunque no pudo hacer nada cuando la profesora llegó y tuvo que correr hasta su lugar, comenzando así la clase. 

 

~~~

Al salir al descanso, Nathaniel se fue a sentar a una de las bancas en el fondo de la biblioteca, buscando un lugar tranquilo para continuar con sus dibujos, aunque ciertamente con menos ganas, ya que Marc no estaba ahí para poder mostrarle sus avances. 

Abrió su libreta en una página nueva, tratando de pensar en algo para dibujar y sacarse el estrés acumulado. Algo que no fuera sobre la historia que le contó su amigo. 

Fue así como comenzó a trazar vagamente con diversos lápices de colores. Primero utilizó café para el boceto, y aunque aún no tenía muy definido el rumbo del dibujo, se descubrió iniciando con una cabeza de tipo triangular con líneas entrecortadas. Luego, continuó con el torso, dejando volar a su imaginación y lápiz libremente sobre el papel cuando fue turno de dibujar la ropa.

De repente, su teléfono vibró en su bolsillo, haciéndolo estremecer y romper la punta fina del lápiz rojo que empuñaba entre sus dedos. Soltando un gruñido, sacó el dispositivo de su pantalón y lo miró, con intención de silenciar las notificaciones. 

Se quedó quieto por un par de segundos cuando vio al responsable de la notificación salir en la pantalla. Y esto en más de un sentido, puesto que su fondo de pantalla era una foto de Marc y él juntos, sonriendo hacia la cámara mientras posaban bajo la torre Eiffel. 

Finalmente, si desviabas ligeramente la mirada, en la parte inferior estaba la bandeja de notificaciones, donde se marcaban los cinco mensajes enviados por Marc tan solo un minuto atrás. 

Nathaniel no perdió el tiempo y los abrió, sintiéndose absurdamente ansioso.

Marc:Nath…”

Marc: “Perdón por no avisarte que iba a faltar a clases :( ”.

Nathaniel los leyó al menos tres veces, frunciendo el ceño sin saber cómo responder, porque se suponía que la situación no era para tanto, pero de igual forma no podía evitar sentirse un poco triste de no haber sido informado. 

Nath: “Déjalo, no pasa nada”.

Iba a apagar su teléfono, pero la vibración de una nueva respuesta atrajo su atención. 

Marc: “Sí pasa, ayer dijimos que íbamos a hablar de la historia hoy”.

Nath: “¿Por qué le dijiste a Marinette y a mí no?”

Eso, extrañamente, era lo que más le había disgustado, aunque no sabía el por qué. 

Marc: “Le dije mucho más temprano, pero cuando hablé contigo comencé a sentirme mejor. Pensé entonces que no era necesario decirlo y que podría ir al colegio sin problemas, pero me equivoqué”. 

Marc: “Perdóname”. 

Algo en el estómago de Nathaniel aleteó incómodamente al leer a su amigo, no logrando retener la sonrisa un tanto triste que se plasmó en su rostro. 

Nath: “Está bien”

Nath: “¿Cómo te sientes ahora?” 

Marc: “Mal :(“ 

Eso lo hizo apretar la mandíbula, sintiéndose frustrado y enojado de que su amigo la estuviera pasando mal y él no pudiera hacer nada al respecto.

Nath: “Deberías tomar algo para mejorarte”.

Marc: “Mmmm” 

Marc: “Deberías venir a verme al salir del colegio”. 

Nath: “¿Por qué?” 

Después de su pregunta, existió una pequeña pausa en el chat, tal vez uno o dos minutos en los que Nathaniel se mantuvo expectante a la barrita de mensajes de su amigo. La respuesta llegó finalmente corta y sincera. 

Marc: “Me sentiré mejor si estás aquí”.

Entonces no hubo espacio para más dudas y Nathaniel decidió de inmediato que ahí estaría. 

~~~

 

Cuando llegó al apartamento de los Anciel, fue recibido por el papá de Marc, quien lo invitó a entrar a su sala, haciendo un gesto vago con la mano y sonriéndole. 

Nathaniel entró y se quedó parado a lado de un sillón, bastante incómodo y sin saber qué hacer. Obviamente conocía el hogar de Marc, ya que este lo había invitado a pasar las tardes algunos días, pero siempre que eso sucedía, el Señor Anciel no estaba. Jamás se habían conocido. 

“¿Eres Nathaniel, cierto?” habló el señor, sonriéndole cálidamente. 

“Así es, señor” contestó Nath con notoria tensión. 

“Eres…” Se aclaró la garganta, desviando la mirada del chico y sentándose en uno de los sillones. “Ven, siéntate conmigo, muchacho” dijo señalando el sillón frente al suyo.

Los ojos de Nathaniel se agrandaron en sorpresa y terror, sintiendo cómo su cuerpo se ponía rígido ante la idea de sentarse a platicar con el padre de Marc. El señor Anciel le parecía amable, desde luego, pero a la vez le resultaba incómoda y extrañamente aterradora la idea de que este le pudiera hacer preguntas extrañas —aunque Nath no estaba seguro de exactamente a qué preguntas extrañas eran a las que les temía—. 

Aún así, se sentó en el sillón frente a él, manteniendo la espalda erguida y ambas manos dobladas una sobre la otra en su regazo. El Señor Anciel lo miró un par de segundos, como si estuviera analizándolo minuciosamente, aunque sus ojos eran más que nada amables, con todas esas pequeñas arrugas alrededor de ellos. 

“Entonces tú eres el tan mencionado novio de Marc” habló con su voz y ojos brillantes de emoción. “Pensé que faltaría más para poder conocerte. Es una lástima que mi esposa esté de compras ahora mismo, porque estoy seguro que estaría igual de complacida que yo por tu visita”. 

Aquellas palabras resonaron en las duras paredes del cráneo de Nathaniel, cuando giraron y giraron en su cabeza, tratando de asentarse para que este pudiera asimilarlas, pero tardando en el proceso. Cuando finalmente las palabras fueron absorbidas y cobraron sentido, Nathaniel se sintió confundido y avergonzado a partes iguales. 

Se apresuró a negar, antes de que su falta de respuesta pudiera ser malinterpretada. 

“N-No, yo… D-Disculpe, Marc y yo no—” Tomó una inhalación fuerte para recobrar el oxígeno en sus pulmones y alentar el rápido ritmo de su corazón. “No sé por qué piensa eso, pero Marc y yo solo somos amigos”. 

Cuando concluyó, levantó la mirada y pudo notar como el señor pestañeaba desconcertado, frunciendo el ceño. Entre más tiempo pasaba, Nath se iba sintiendo más y más avergonzado de la insinuación escuchada, tratando de encontrarle sentido, mas fallando en la tarea. 

“Qué raro, me pareció escuchar que Marc—” 

“¡Nathaniel!” Marc llegó corriendo a la sala, sonriendo en grande mientras se abalanzaba a abrazar a su amigo. “¿Desde cuándo llegaste? ¿Mi papá no te dijo que subieras?” 

“No, él…” Nath desvió la mirada, de los ojos verdes de Marc y su nariz enrojecida por la gripe, hacia el rostro del Señor Anciel. De ser posible, su pena aumentó más cuando notó que este arqueaba una ceja al mirar la mano de Nath, que sin siquiera darse cuenta, este había ceñido como un reflejo para rodear la cintura de su amigo. Se separó rápidamente cuando cayó en cuenta de lo poco consecuente que resultaba su acción en relación a las palabras que dio al padre de Marc unos minutos atrás. 

“¿Qué sucede?” preguntó el chico al notar que Nathaniel se había separado abruptamente del abrazo. Después, como si un pequeño foco se encendiera en su cabeza, se giró a mirar a su padre con enorme terror adornando sus ojos, su rostro palideciendo cómicamente. “¿Te dijo algo?”

“¿Algo como qué?” Quiso preguntar Nath, pero la incomodidad que estaba comenzando a sentir lo detuvo de verbalizar su pregunta. En su lugar, negó de prisa, queriendo desvanecer el tema.

“¿Subimos?” sonrió tensamente, tomando con naturalidad la mano enguantada de Marc. Este asintió con mayor calma, sonriéndole genuino y girándose para dirigir a Nathaniel a su habitación. 

“Lamento que te lo hayas encontrado. Es buen padre, pero a veces puede ser ligeramente entrometido” se rio melodiosamente, apretando los ojos con dulzura en un gesto que Nath no podría haber definido con una palabra de valor inferior a “bonito”. Después, Marc comenzó a toser con fuerza, cubriéndose la boca con el puño y frunciendo el rostro. Nath corrió hacia él, preocupado. 

“¿Tomaste algún medicamento o solo me ignoraste igual que siempre?” Cuestionó con reproche, consiguiendo una sonrisa que gritaba culpable de parte de Marc. “¿Cómo puedes ser tan despreocupado?” Con el dorso de la mano, se apresuró a tocar la frente de su amigo, consiguiendo que este soltara un pequeño suspiro y la recargara con ternura contra su mano. “Estás caliente” Sus cejas se inclinaron hacia arriba con preocupación, mirando el rostro de Marc. 

“Solo quédate un rato más y mejoraré. Ya te lo dije”. Tomó a Nath de la muñeca y bajó su mano para que la posara contra su mejilla, comenzando a frotarse con suavidad ahí, haciendo temblar levemente al pelirrojo.

“¿Q-Qué—? ¿Qué haces?” 

“Tu palma es suave” dijo Marc, y en respuesta, el color subió a las mejillas de Nathaniel, poniéndolas casi tan calientes como las de su amigo enfermo. 

“Tienes fiebre, mejor ve a recostarte” Le sugirió, bajando finalmente su mano de la mejilla de Marc y empujándolo un poco por el pecho para dirigirlo a su cama. Al llegar, Marc hizo caso y se recostó, no sin antes refunfuñar. “Por cierto, traje algunos bocetos de la historia que me contaste anoche. ¿Quisieras revisarlos?” preguntó, sentándose justo frente a él, dándole una mirada tímida bajo sus pestañas, mientras aferraba sus dedos a la libreta de dibujo que mantenía en su regazo. 

El brillo usual en los ojos de Marc, que parecía un poco apagado por causa de la enfermedad y la reciente pérdida de contacto físico con su amigo, se encendió con fuerza y emoción, llevándolo a sentarse en un respingo y asentir con entusiasmo. Nath no perdió el tiempo y le pasó su libreta, con el corazón latiéndolo nervioso en el pecho y no pudiendo despegar la mirada del rostro de Marc, quien empezó a revisar las hojas rápidamente, como si los dibujos fueran a desaparecer en cualquier momento. 

“¡Son increíbles!” exclamó, acercándose más la libreta al rostro para apreciar los detalles. “No puedo creer que hayas hecho todo esto tan rápido, ¿no dormiste o qué?” 

Nath sonrió, aliviado por la aprobación de su amigo. Acto seguido, se deslizó sobre la cama, sentándose más cerca de él y chocando sus hombros amistosamente, solo para después encorvarse un poco y poder posar su barbilla sobre el hombro del contrario y así mirar los dibujos juntos. 

Marc se tensó por un instante apenas perceptible, aunque luego suspiró cálidamente y recargó su cabeza sobre la de Nath, juntándose todavía más al otro. Siguió pasando las páginas con tranquilidad y ambos hicieron observaciones en cada escena. 

Estaban riéndose de un dibujo deforme que vieron, cuando entonces, Marc pasó a la siguiente página con intención de ver aún más. Después, todo sucedió muy rápido: Nath chilló asustado y le arrebató la libreta de las manos, dejándolo congelado en su lugar y con el oxígeno abandonando sus pulmones.

Marc solo escuchó como Nath batallaba nerviosamente con su mochila para esconder velozmente su libreta, y al desviar la mirada levemente hacia él, notó que también jugueteaba con sus propias manos, evitando hacer contacto social con él a toda costa. 

Pero aún con el enorme esfuerzo y rapidez con la que Nath actuó para que Marc no viera su dibujo, este sí alcanzó a verlo, siendo esta la razón por la que su pobre corazón no paraba de latir emocionado contra sus costillas. 

Nath lo había dibujado. 

¡Y oh, Dios! ¡Marc creyó que ese era el mejor día de su vida!