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Hacia Fuji... por razones científicas y desesperadas

Summary:

Seis meses después de que Japón fuera sellado del mundo exterior por un brote que no deberían haber intentado contener, Gen Asagiri sobrevive como mejor sabe: mintiendo, negociando… y corriendo.

Después de perder (otra vez) a su último grupo, termina escondido en una tienda abandonada. Ahí es donde los escucha: voces humanas. Voces reales. No gruñidos. No amenazas. Solo un científico, una chica con más esperanza que sentido común y un tipo que grita demasiado fuerte para estar vivo.

Por conveniencia (o tal vez por algo más que no quiere admitir), Gen se une a este trío improbable en una carrera suicida hacia el Monte Fuji, donde —según el genio con el cabello de palmera— podría haber una base de evacuación.

¿El problema?
Nada garantiza que el milagro exista.
Y si existe… no todos llegarán a verlo.

Notes:

Hola, aquí VyrexGG, desdé hace mucho quería un fanfic SenGen con temática zombie, y no encontraba por ningún lado, todo ser Thanos y hacerlo yo
Me gustaría aclarar que este AU esta basado en el mundo de dying light ya que es mi videojuego favorito de zombies, así que la esencia del mundo está basado en ese
Sin más les dejo el primer capitulo
Espero les guste

Work Text:

No era la primera vez que huía, y definitivamente no sería la última.

Pero sí era la primera vez que le dolía dejar atrás a alguien.

No porque fueran cercanos, no... sino porque le habían creído absolutamente todo: cada palabra, cada sonrisa.

Vaya, hasta las promesas.

Qué ilusos. En este mundo actual, creer ciegamente en alguien puede llevarte a la perdición.

Gen tropezó con la losa agrietada de lo que alguna vez había sido una calle.

Ahora solo quedaban restos de cemento, escombros de edificios colapsados, autos quemados y el olor penetrante de carne.

Carne quemada.

Con un suspiro se levantó, sacudiéndose el polvo de la ropa. No es que hiciera mucha diferencia… pero lo hacía sentir menos sucio.

Al alzar la mirada, notó cómo el sol comenzaba a ocultarse entre los edificios.

Las sombras avanzaban.

Y eso solo significaba una cosa: ellos también comenzaban a moverse.

—Genial —murmuró.

Era hora de buscar un lugar donde esconderse si quería vivir un día más.

Cerró los ojos un segundo.

Los gritos todavía hacían eco en su cabeza. No los gritos de los zombis… sino los otros. Los de los humanos.

“¿Cómo pudiste? ¡Creí que eras de los nuestros!”

Mentira.

Nunca lo fue.

Nunca se quedó el tiempo suficiente para serlo. Y no pensaba hacerlo.

Con un suspiro resignado, continuó su camino. Su prioridad era encontrar un lugar donde pasar la noche.

Vio algunos autos abandonados, pero si quería dormir mínimamente tranquilo, necesitaba algo mejor.

Y rápido.

La noche se acercaba. Y él se quedaba sin opciones.

Con un vistazo rápido alrededor, divisó una tienda. Abandonada.

Se apresuró a acercarse, asegurándose de que estuviera despejada.

Para su sorpresa, no parecía tener inquilinos no deseados.

El interior revelaba lo que había sido una pequeña tienda de variedades.

Nada útil.

Todo ya había sido saqueado, como la mayoría de los lugares.

Explorando un poco más, encontró una puerta al fondo.

Bingo.

Una bodega.

El lugar perfecto para pasar la noche.

La puerta estaba entreabierta, posiblemente por quienes saquearon el lugar.

Al entrar, confirmó sus sospechas: cajas tiradas, estanterías vacías. Todo lo útil ya había desaparecido.

Pero aún podía improvisar una cama con los restos.

 

Y así lo hizo.

Entre todo el caos encontró una palanca oxidada.

Perfecto. Algo con lo que defenderse, aunque fuera solo para sentir algo de control.

Aseguró la entrada lo mejor que pudo y se recostó.

Dormir tranquilo… ya era un lujo.

Uno que no muchos podían darse desde que todo comenzó.

Cerró los ojos, pero su mente lo arrastró hacia atrás.

Hace solo seis meses, todo parecía ir bien.

El mundo tenía sentido.

O al menos… fingía tenerlo.

 

Asagiri Gen. Ilusionista. Embaucador. Celebridad en ascenso.

Sus únicas preocupaciones eran los seguidores en redes sociales y que su próximo show fuera un éxito.

¿Un virus? ¿Una pandemia? Eso era cosa de otros países.

Harran, o algo así. Nunca fue bueno con los nombres.

 

“Una gripe más”, decían.

“Está controlada”, decían.

Spoiler: No lo estaba.

 

Japón se ofreció a colaborar en la búsqueda de una cura.

Lo que siguió fue una cadena de errores.

Como una función de magia donde todos los trucos fallan…

Y en vez de aplausos, te lanzan piedras.

Fronteras cerradas.

Ciudades apagadas una por una.

Y ellos… los “infectados”, dejaron de ser titulares amarillistas para convertirse en compañeros de callejón.

La gente empezó a llamarlos zombis.

Porque, bueno… ¿qué otra palabra podías usar para describir eso?

 

Gen recordaba muy bien el primer grito que escuchó.

No en una pantalla.

No en un video de Twitter.

Sino en la vida real. En vivo. A todo color.

 

Un grito humano… seguido de algo que ya no lo era.

Se quedó paralizado. No supo qué hacer.

Y cuando su mirada se cruzó con la de la criatura…

Corrió.

No se quedó a ayudar.

Simplemente huyó.

Escapó sin mirar atrás.

Justo como ahora.

 

La única diferencia era que, en ese entonces, todavía llevaba perfume y ropa decente.

 

Perdido en sus pensamientos, con el cuerpo cediendo al sueño, un golpe seco lo sacudió.

Se incorporó de golpe, los sentidos afilados por el instinto, y tomó la palanca con manos temblorosas.

No era gran cosa… pero al menos parecía protección.

A veces, la ilusión bastaba.

Entonces lo escuchó.

Voces.

No gruñidos.

No golpes desesperados contra paredes oxidadas.

Voces humanas.

Su respiración se detuvo.

¿Saqueadores? ¿Otro grupo hostil? ¿Peor aún… ellos?

 

Se arrastró hasta la puerta metálica y apoyó la oreja con cuidado, intentando no hacer ruido.

 

—Eso estuvo cerca —dijo una voz femenina, joven.

 

—Estamos bien… solo fue un pequeño error de cálculo —agregó un chico. Sonaba cansado. ¿Acababan de huir?

 

—¡Yuzuriha! ¡Senku! ¡Están bien! —gritó una tercera voz, fuerte, masculina.

 

Gen se estremeció.

¿Por qué rayos tenía que gritar?

 

—¡Cállate, grandulón! Apenas si los perdimos. No queremos que nos atrapen aquí —replicó la primera voz.

 

—Ah… lo siento. No era mi intención.

 

Y ahí estaban.

Un trío de extraños en medio del infierno.

Parecían jóvenes... demasiado para seguir vivos.

O eran demasiado inteligentes.

O demasiado tontos.

Gen los escuchó. Evaluó sus voces, sus palabras.

¿Confiar o mantenerse oculto?

¿Y si tenían comida?

¿Y si eran amables… y querían ayudar?

Mientras contemplaba sus opciones, al moverse un poco pateó lo que sonó como una lata de metal.

 

Mierda.

 

Silencio.

 

Una linterna se encendió al otro lado, su haz de luz barriendo el suelo, hasta detenerse justo en la rendija inferior de la puerta.

 

—¿Quién está ahí?

 

Gen tenía dos opciones: correr o hablar.

Y decidió, como siempre, hablar.

Después de todo, es lo que mejor hace.

 

—Tranquilos... solo soy un civil en busca de un milagro.

O, tal vez, un poco de pan.

 

Era hora del show.