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Ruler of My heart

Summary:

Robby siempre ha tenido problemas con sus emociones, con la rabia contenida y la sensación de que el mundo le arrebata todo lo que ama. Pero Miguel no es algo que esté dispuesto a perder. No otra vez. No importa qué tan obsesivo se vuelva su amor.

 

Canción de Inspiración: Ruler of My heart - Alien Stage, Round 5

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter Text

Barcelona.

El sonido de la lluvia golpeando el cristal llenaba la habitación en penumbras. Robby estaba sentado en la cama, sus dedos jugando con el anillo que colgaba de su cuello, uno que alguna vez perteneció a Miguel. Había sido un descuido, algo que su Omega había dejado en su habitación una noche, y Robby lo había guardado como si fuera un amuleto. Como si con eso pudiera mantenerlo cerca.

Desde que llegaron a Barcelona, todo había cambiado. Miguel se había manifestado como Omega, y con ello, los Alfas habían empezado a rodearlo. Axel. Kwon. Cada uno peleando por un lugar en su vida, por un espacio en su cama. Robby lo soportaba porque Miguel lo quería, porque su Omega los aceptaba a los tres. Pero cada vez que lo veía con ellos, cada vez que otro Alfa tocaba su piel, una sombra oscura se apoderaba de su pecho.

Miguel era suyo.

Solo suyo.

Y, sin embargo, tenía que compartirlo.

Robby se recostó contra la almohada, sus ojos fijos en el techo. Su mente volvía una y otra vez a esa noche, la primera vez que había besado a Miguel con desesperación, con necesidad. Había sido en un rincón oscuro del dojo, después de un entrenamiento donde la tensión entre ellos había sido insoportable.

—¿Por qué me miras así? — preguntó Miguel, su voz suave, pero sus ojos oscuros, expectantes.

Robby no respondió. Solo lo tomó de la muñeca y lo empujó contra la pared, su cuerpo cubriendo el de Miguel, su aliento mezclándose con el suyo.

—Porque no soporto verte con ellos —murmuró.

Miguel no se apartó. Al contrario, su sonrisa fue un reto.

—¿Y qué vas a hacer al respecto?

Robby no pensó. Simplemente lo besó. Lo besó con todo el deseo reprimido, con la rabia, con la obsesión que lo consumía desde que se dio cuenta de que Miguel era su todo.

Su Omega.

Su amor.

El sabor de Miguel era dulce, su piel cálida bajo sus dedos. Y cuando gimió contra sus labios, Robby supo que no había marcha atrás.

Desde entonces, su amor por Miguel había sido una cadena alrededor de su corazón. Algo hermoso y doloroso a la vez.

Porque aunque Miguel le sonreía, aunque le decía que lo amaba, también lo hacía con Axel y con Kwon.

Y Robby tenía que fingir que eso no lo destruía por dentro.

Pero cada noche, cuando Miguel dormía a su lado, Robby lo abrazaba con fuerza, con miedo de que algún día lo perdiera. Porque si eso pasaba…

Con Miguel se volvía ciego y sordo. Su mundo colapsaba.

Si el se lo pidiera, se lo daría todo a su Omega.

Incluso en medio de la oscuridad, el se llevaría todo lo malo.

Si Miguel alguna vez lo dejaba…

No sabía lo que haría.

(Desde la perspectiva de Miguel)

Las noches eran cuando Miguel sentía más el peso de su decisión. Había elegido a los tres, porque los amaba a los tres. Porque cuando Axel lo protegía con esa mirada afilada, cuando Kwon lo abrazaba con ternura después de un entrenamiento difícil, y cuando Robby lo miraba con esa intensidad desesperada, Miguel no podía imaginar su vida sin ellos.

Pero su corazón…

Su corazón siempre latía un poco más rápido por Robby.

No lo decía en voz alta, porque no quería herirlos. Axel y Kwon merecían su amor tanto como Robby. Pero Robby había estado en su vida desde antes. Habían sido enemigos, rivales, hermanos de guerra. Y ahora, con su vínculo como Alfa y Omega enredándolos aún más, Miguel sabía que, si algún día daba el paso definitivo…

Sería con Robby.

Por eso, cuando despertó en medio de la noche y sintió los brazos de Robby apretándolo con una necesidad silenciosa, solo sonrió.

—No tienes que sujetarme tan fuerte —murmuró, su voz suave en la penumbra.

Robby no respondió de inmediato. Su agarre no se aflojó.

—No quiero perderte.

Miguel suspiró, dándose la vuelta para verlo a los ojos. Incluso en la oscuridad, podía notar el brillo de la obsesión en su mirada. Robby nunca había sido alguien que expresara sus miedos con palabras. Lo hacía con acciones. Con la forma en que siempre estaba cerca, con la forma en que su aroma a tormenta cubría a Miguel después de cada entrenamiento, con la forma en que sus labios temblaban cada vez que lo besaba.

Miguel levantó una mano y la apoyó en su mejilla, acariciándolo con calma.

—No me vas a perder.

Robby apretó la mandíbula, como si quisiera creerle, pero la duda aún estaba ahí, escondida detrás de sus ojos.

Miguel se inclinó y rozó su nariz contra la de él, una caricia simple, pero íntima.

—Cuando esté listo para que me marquen... —susurró— El primero serás tú.

El cuerpo de Robby se tensó contra él, su respiración temblorosa.

—¿Lo dices en serio?

Miguel asintió.

—Fuiste el primero que quise. El primero al que amé. Y siempre serás el primero en todo.

La manera en que Robby lo miró en ese momento hizo que su pecho se apretara. Era una mezcla de adoración y hambre, de desesperación y amor puro.

Robby lo besó entonces, con una ternura que contrastaba con su lado obsesivo, como si Miguel fuera algo sagrado. Y Miguel supo, con más certeza que nunca, que sin importar lo que pasara, su corazón siempre sería de Robby.

Porque Robby era el verdadero gobernante de su corazón.

La respiración de Miguel era tranquila, su cuerpo cálido encajando perfectamente contra el de Robby. Dormía, ajeno al caos que desataba en el corazón de su Alfa, sin darse cuenta de cómo sus labios entreabiertos y su aroma dulce alimentaban la obsesión de Robby cada noche.

Robby deslizó los dedos por la espalda de Miguel, aferrándolo con más fuerza, como si así pudiera evitar que alguien más lo alejara de él. Axel y Kwon lo tenían durante el día, durante las peleas y los entrenamientos, pero la noche era suya. Solo suya.

Pero… ¿hasta cuándo?

Esa pregunta lo envenenaba. Se filtraba en su mente cada vez que Axel tocaba a Miguel de más, cada vez que Kwon le susurraba algo en el oído y lograba sacarle una risa.

Robby no podía soportarlo.

No quería compartirlo.

No le importaba que Miguel hubiera dicho que los amaba a los tres, que no podía elegir. Eso solo hacía que su rabia se transformara en algo más oscuro, en algo que crecía dentro de él como una bestia hambrienta.

—Eres mío —susurró contra su cabello, su voz apenas un aliento.

Miguel se removió en sueños, su cuerpo instintivamente acercándose más a Robby, como si su propio instinto Omega lo reconociera.

Robby cerró los ojos con fuerza, conteniendo el impulso de marcarlo, de hacer que su olor quedara en su piel, para que nadie más se atreviera a tocarlo.

Pero no podía.

Miguel aún no estaba listo para eso.

Y Robby tampoco quería asustarlo.

Sin embargo, esa paciencia tenía un límite.

Si Axel o Kwon intentaban llevárselo de verdad, si Miguel alguna vez decía que ya no lo quería…

No estaba seguro de lo que haría.

Solo sabía que sin Miguel, él no sería nada.